Prólogo
Las tropas del imperio romano se habían retirado hace unas cuantas décadas atrás, dejando tras su paso desolación, angustia y catástrofe, pues ya nada más quedaba de lo que anteriormente eran y en aquel lugar sólo yacen trizas de lo que su pueblo fue, hijos arrastrándose entre la sangre de sus padres, madres y abuelos, que resistieron con valentía, pero sin ser suficiente para frenar a las bestias romanas. Con los años, cimiento a cimiento Britannia había podido recuperar sus fuerzas, poco a poco creando nuevos inicios para la gente que lo había perdido todo y para futuras generaciones, esperando que, su renacimiento fuese aun mejor de lo que habían sido jamás.
Dentro de aquel renacimiento, lleno de sed de venganza y aspiraciones a grandezas, se encontraba Shoto, uno de los pocos descendientes de la familia Todoroki, artesanos del trigo de aquel lugar y uno de los pocos con el don del maíz dulce, tan escaso, así como valioso para la burguesía y la nobleza.
El joven corría entre las calles empolvadas de aquel lugar, para llegar a tiempo con su pedido de Panellets1 con la noble familia Shigaraki, era bien sabido el caprichoso poder con el que contaba este linaje dentro de la corte, todo por la importante conexión que tenía el cabecilla Tomura con el Rey Kai Chisaki o como le gustaba que le nombraran en señal de respeto, Overhaul. Aun así, dentro de aquella familia, la que más temor enfundaba dentro de las personas del pueblo era Himiko, la consentida hija de aquella familia. Pero antes de cruzar la barrera que dividía a la poderosa familia del resto de habitantes, una mano furtiva le detuvo, arrastrándolo hacía una alta torre de paja, ensuciando sus ropajes y botando al sucio suelo sus dulces preparaciones.
—¡Oye! —exclamó el bicolor con enojo, soltándose del firme agarre del contrario, pero que fue suavizándose lentamente cuando observo al muchacho que tenía frente él. Cabello rubio revuelto, ojos carmín desorbitados, junto con heridas que recorrían su magullado rostro, eso sin contar las notorias manchas de sangre que adornaban su ropa, la cual consistía en un saco blanco y un collar en su cuello que determinaba su estatus social, aquel joven era un esclavo. Shoto retrocedió instintivamente ante la perturbadora imagen que veía, sin saber de qué forma reaccionar. Era bien sabido que los esclavos eran el último peldaño dentro de la escala social, permitiendo que se les sea tratado con repudio y un maltrato constante, pero las heridas del peliclaro eran excesivas. —Hey…—Suavizó el tono con el que se dirigió al muchacho, esperando que no corriera de aquel escondido lugar, pues, si lo encontraba otra persona, en el mejor de los casos volvería con sus dueños o… sería asesinado.
—Idiota… N-No entres ahí, la niña…—Y con esas simples palabras lo entendió todo. Aquel joven pertenecía a Himiko, su destino estaba sentenciado. Pero él no aceptaría eso por nada del mundo.
—No salgas de aquí, en unas horas te vendré a buscar. Te ayudaré. —prometió con decisión mirando los brillantes ojos contrarios y retrocedió, dispuesto a hacer lo posible para ayudarlo a escapar, para que vuelva donde pertenece y disfrutara de su libertad.
Cuando la oscuridad de la noche cayo sobre él, supo que era el momento de salir por el de ojos rubí, tomó un viejo abrigo de su padre y corrió hacia la propiedad de los Shigaraki, esperando a encontrar aun al muchacho en su lugar y rezándole a Dios, para que no haya sido visto por otros.
Y como si toda la surte se alineará, lo encontró, cubierto de hebras de paja, tiritando de frío por sus escasas ropas y a medio dormir, así que, con toda la rapidez que pudo encontrar en su musculoso cuerpo, lo tomo entre sus brazos cubriéndolo con el abrigo, escapando sigilosamente de vuelta a su hogar.
—Entonces… Bakugo. —comenzó a hablar el bicolor mientras sanaba las heridas del rubio frente a él. —Eres romano. —Y sí. Ambos comenzaron a hablar, queriendo saber más del otro, sobre todo con la curiosidad de conocer como un chico como él, que se denotaba letrado, aunque malhumorado, había terminado siendo parte de los esclavos de los Shigaraki, pero que, cuando había mencionó que era de Roma, supo que nada de lo que vendría sería fácil para ninguno.
—Si, me había encariñado con la gente de un pueblo no muy lejos de aquí, su cultura, su comida y la forma en que nos habían aceptado a mí y al estúpido de Deku en su lugar, pero… Ellos, esos malditos, nos encontraron. —Shoto inmediatamente supo que se refería a Tomura y sus vasallos. Cuando Bakugo tomo su tiempo para continuar, supo que vendría lo peor—Asesinaron a Izuku y… de alguna manera supieron que él estaba en… algo con Eijiro Kirishima. Condenaron a la hoguera a toda la familia Kirishima, Eijiro fue el último y… —Katsuki tomo inhalo aire, tratando de retener las lagrimas que adornaban sus brillantes ojos, llenos de ira y sed de vengganza, para así continuar. —Obligaron a Izuku a verlo todo.
En aquel momento Todoroki se quedó sin aire, flotando en una bruma de impresión ante el relato del peliverde, sintiendo las emociones chocar en su corazón y en su mente, junto un amargo pesar por los desafortunados amantes que cayeron en las garras de Tomura. Y entendió que tenía que proteger a Katsuki con su vida, porque nadie más que él merecía ser feliz, más aún de perder ante sus ojos la única familia que tenía, por lo que, con un lento acercamiento lo estrecho en sus brazos, prometiéndole protección y cariño, sin saber lo que el destino tenía preparados para ambos.
El tiempo paso rápido para ambos jóvenes, compartiendo su vida entre penas, consuelo y dulces momentos, en los cuales poco a poco su cercanía disminuía a la par que sus sentimientos aumentaban, demostrados en tiernos roces de manos, abrazos inocentes y charlas de horas y horas, donde inundaba en sus corazones la sensación de alegría plena y calidez que sólo un hogar y el más puro amor brinda.
Una noche su destino se entrelazó para siempre, donde un roce de labios no fue suficiente para el bicolor, muchísimo menos para Katsuki y, profesándose amor eterno, se fundieron en un torrente de pasión y cariño, que quedaría grabado en sus mentes para la eternidad.
Eternidad que no duro mucho, pues en la mañana siguiente, ambos fueron sorprendidos por golpes y arrebatos de violencia en su nido, con Bakugo siendo golpeado por las sombras de su pasado, envuelto en los familiares rostros de los demonios de Shigaraki, arrebatándole su todo, una vez más.
Cuando los rayos de sol golpearon el rostro del rubio, se vio rodeado de los gritos y quejas de las personas a su alrededor, exclamando por su castigo, por haber deshonrado aquel lugar, alejándolos del camino de Dios por su pecado con Shoto. Sus piernas no podían aguantar su peso, su alma no podía un segundo más, mucho menos cuando extendió su mirada, observando a la lejanía a aquel hombre, su amado, siendo torturado por los mismos perpetuadores de su mejor amigo y en aquel momento se derrumbo para siempre, no habría más porque luchar.
Lo último que vieron los rubí de Katsuki fue la calma en la sonrisa de Todoroki y sus heterocromos ojos llenos de cariño, de amor, antes de apagarse para siempre junto las cenizas de su antiguo hogar.
Espero les haya gustado!
Xx.
