Descargo de responsabilidad: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: AU, OoC. Obito (16 años) Sasuke, Naruto y Sakura (5 años)

NDA: Paso a avisar que estaré ausente a partir del 12 de este mes, por lo que se me ocurrió la idea de escribir un par de drabble de temas y parejas a elección de ustedes. Estoy abierta a las sugerencias, puede elegir la temática de su pareja favorita y ya veo yo como los plasmo con mi extraña imaginación.


—¡Sasuke! ¡Abre la maldita puerta de inmediato! —regaño Obito con claras señales de una posesión demoníaca. El ruido proveniente de adentro de su habitación y la voz curiosa del segundo niño hizo exasperar aún más al Uchiha mayor—¡Naruto! ¡Como estés tocando mis cosas haré que tu madre te castigue!

La risa susurrante de adentro no se hizo esperar, con una madre como Kushina los castigos eran cosa de todos los días. Y Naruto tenía un máster en hacer estupideces.

—Naruto, bájate de ahí — esa era la voz de la de cabellos rosados.

Obito volvió a golpear la puerta. Bien, aún quedaba una pizca de mesura ahí adentro.

—Sakura, escucha, yo sé que tu si eres una buena niña, abre la puerta — suplico con desesperación, temeroso de que encontrarán sus revistas de dudoso contenido que estaban escondidos debajo de su cama.

—Mejor pásame esa caja Naruto.

—¡Sakura!

Lamentablemente para él, la niña también se había pasado al lado oscuro. Incluso Sasuke, ese que se la daba de serio, terminó siendo arrastrado por la locura del momento.

Pero bueno, que era lo que había hecho para merecer todo aquello.

Ah sí, Itachi.

Todo había empezado hace como dos horitas, cuando Itachi lo había llamado para pedirle que cuidara de Sasuke porque él debía ir al dentista con su madre, Fugaku se encontraba trabajando y no llegaría a la casa hasta más tarde. También estaba la opción de llevar a Sasuke con ellos, pero la descartaron de inmediato, ya habían aprendido con anterioridad lo salvaje que podía ser un Uchiha con miedo. Y Obito, que era un chico tan bueno y comprensivo había decidido cumplirle el favor a su amigo.

Favor que le estaba costando la vida, es decir, sus revistas. Aquellos niños endemoniados no debían ni posar sus inocentes ojitos en ese contenido. Y que, de llegar a pasar, con seguridad Itachi le haría pagar con su sangre.

Por más que también tuviera la culpa por dejarlos con él.

Ahora bien ¿Qué hacía Naruto y Sakura en su casa? Simple, Sasuke los había invitado por que sí, ni siquiera le había pedido permiso para tal invitación, total, nunca había estado en sus planes pasar tiempo con él, le parecía aburrido y además le recordaba a Naruto, y para eso mejor llamaba al rubio. Por eso al llegar los otro dos, él había asumido incluso que entre los cuatro podrían divertirse.

Craso error.

Al instante en el que los tres se miraron en silencio Obito comprendió tres cosas; la primera, aquellos tres compartían un lazo tan fuerte que el mayor podía asegurar que se comunicaban telepáticamente (en efecto, lo habían estado criticando), la segunda, las expresiones de los tres habían cambiado cuando posaron la vista en él. Y no, no iba a ser divertido.

El primero que lideró la manada de salvajes fue Naruto, que salió despotrica hacia el patio seguido muy de cerca por los otros dos. Se subió al árbol del jardín trasero con torpeza y se puso a hacer señas como un monito para que los demás subieran. Habría tenido gracia si no se hubiera subido hasta arriba, en una caída que de darse mandaría al infante a molestar a los ángeles, con grandes probabilidades de que lo mandaran de vuelta con ellos.

La expresión de Obito era la de alguien que estaba constipado.


—Creo que he visto este libro antes — señalo Naruto, tirando varios libros en el proceso.

—¡Dejen de tocar mis cosas! — grito el adulto responsable, pero nadie le hizo caso.

—A ver — el rubio le extendió el libro a la niña — Icha Icha — la escucho murmura.

¡Maldición no! La pintoresca imagen de un Itachi sonriente se manifestó en su conciencia. Obito abrió la puerta de un golpe.

—¡Dame eso Sakura! — Obito, como el chico listo que no era y nunca iba a ser, pensó que si lograba capturar a la niña los dos restantes se rendirían al instante y se entregarían al castigo. Lo que el mayor no esperaba era que Naruto lo golpeara con una almohada en toda la cara mientras Sasuke hacia lo mismo con otra almohada.

—¡No toques a Sakura!

Y encima lo golpeaban con tal violencia, que el Uchiha agradeció internamente que no fueran cosas más duras.

—¡Corre Sakura-chan, corre!

Y así lo hizo, sus cortar piernitas la llevaron a la entrada de la casa en donde un sonriente Itachi estaba ingresando. Ya por la emoción del momento Sakura se echó a sus brazos e Itachi le correspondió el abrazo antes de bajarla al suelo.

—¿Se estaban divirtiendo? — inquirió divertido, y Sakura asintió con su inocente sonrisa de niña buena. Itachi cayó redondito.

Enseguida llegaron corriendo los otros dos niños.

—Ya te estabas tardando— le regaño Sasuke con agitación, mientras volvía a portar su habitual expresión amargada. Como si no hubiera estado hace unos segundos moliendo a golpes a Obito con una sucia almohada.

—Ya es tarde Sakura-chan, vamos, te acompaño a casa — Naruto se apresuró a despedirse y se la llevó corriendo. Cabía la posibilidad de que Obito no los dejara marcharse por el desastre de antes. Aunque como lo habían dejado al borde de la muerte no estaba seguro.

— ¿Y Obito?

—Que importa. Vamos a casa Nii-san.

Itachi sonrió.

Si, todo había salido de maravilla.