Les dejo este one shot, que esta participando del Reto: One-shots llenos de clichés de la página de Facebook "Inuyasha fanfics"
Me tocó la palabra "Celoso"
Celoso
One shot
-1363 palabras-
Inuyasha estaba sentado, como era habitual en él, cruzado de brazos y piernas, frente a su esposa. Aunque mantenía los ojos cerrados sin intención de observarla, un leve tic nervioso se notaba en el movimiento de su pierna derecha, al igual que la mano derecha que descansaba en el brazo izquierdo, donde el dedo índice parecía haber adquirido vida propia.
Kagome lo miraba sin decir nada, no lograba entender cual era el punto que tenía a su pareja de esa forma, pues en cuanto regresó a su hogar él ya estaba así. Frunció el ceño tratando de comprender que había sucedido en su ausencia, pero el dolor en su tobillo la hizo apretar los ojos y llevar la mano derecha para sobarse sobre la herida, fue ante lo que pareció ser un balbuceo que comprendió quizás a que se debía.
¿Sabría que se había lastimado? ¿Estaría enojado por eso?
—Inuyasha —dijo con algo de mesura, tratando de no ponerlo más sensible de lo que estaba. Ella sabía que el más mínimo daño que pudiera realizarse, causaba una gran molestia en el hanyou.
El mencionado no respondió, siguió en su posición malhumorada, sin mirarla ni dirigiéndole la palabra.
Kagome bajo la mirada a su tobillo que aún frotaba con algo de cuidado y decidió contarle lo que sucedió, esperando que eso aplacara la furia del ser frente a ella.
—Estuve en las tierras de Jinenji —empezó la explicación, haciendo que Inuyasha gruñera por lo bajo. Él sabía eso, podía sentir el aroma a hierbas medicinales y al del hanyou, en Kagome—. Empezaron a florecer unas hierbas muy buenas contra el veneno y la parálisis, así que he estado trabajando en como distinguirlas y tratarlas. Jinenji me explicó todo paso a paso y lo anoté en el cuaderno que Rin me regaló.
Inuyasha detuvo el tic en su dedo, parecía en conflicto de seguir moviéndolo puesto que había recordado como esa jovencita había hecho que Sesshoumaru le regalara un cuaderno, tinta y plumas a Kagome para ayudarla en su organización de hierbas.
No pudo evitar sonreír ante la realización de que el gran Sesshoumaru cumplía con los pedidos de una humana como un perrito faldero, aunque volvió a su pose de seriedad, cuando recordó que tampoco era como que él no estuviera en la misma situación.
Kagome pareció notar su monólogo interno, porque detuvo su narración, hasta que él volvió a la pose anterior, moviendo el dedo dejando en claro su molestia. Ella puso los ojos en blanco para retomar su historia.
—Mientras recolectábamos hierbas, resbalé con mis sandalias y se rompieron, causando que me lastimara el pie. —contó, volviendo a deslizar su mano por el tobillo—. Jinenji me explicó de un método que había desarrollado al sumergir las hierbas en agua caliente, así que me acompañó hasta unas termas cerca de sus tierras, colocó las hierbas en mi pie y lo sumergí en el agua caliente. Estuve con él un buen rato, me contó cosas de su infancia y yo le conté de la mía. Luego, me vendó con cuidado y fuimos a su casa una vez más, ahí su madre me tenía este kimono para cambiarme el traje de sacerdotisa porque estaba completamente embarrado.
Inuyasha detuvo su movimiento y abrió el ojo derecho para mirarla.
—No estarás celoso de Jinenji, ¿no? —preguntó de forma acusatoria, generando que Inuyasha se paralizara en su lugar. ¿Cómo iba a estar celoso de Jinenji? ¡Él lo conocía y Jinenji a él! Ese hanyou le caía bien, además era muy considerado con Kagome y sabía que lo que fuera que hiciera para que la chica estuviera segura y sana, era con absoluto respeto. Incluso era capaz de dejar a su madre sola por venir a instruir a Kagome por cualquier duda que ella pudiera tener.
Suspiró relajando sus hombros, es que la culpa era de Kagome, que va por ahí ayudando a todo el mundo, tocándolos con su calidez, que ahí estaban siempre rodeándola y protegiéndola como si fuera la persona más valiosa del mundo. Pero, ella era su mundo y le costaba aceptar que había más personas afuera de esa cabaña con la idea de cuidarla y mantenerla segura. O en este caso, ayudarla.
Sacudió la cabeza, para mirarla nuevamente, aquel kimono en tonos rosados y rojos le quedaba de maravillas, pero había algo que lo tenía con ese enojo en todo su ser.
No espero que ella hablara, decidió preguntar directamente. ¡Ahora él era su esposo! ¡Ella era su mujer y tenía el derecho a decírselo!
—¿Estás segura que no te falta algo para terminar con esa historia? —ante la mirada acusatoria, Kagome se río con algo de nerviosismo. ¡Ahora entendía! ¡Él lo sabía! ¡Por eso estaba así! Debió suponer que no iba a pasar desapercibido el olor de Koga, a pesar de que no notaba más que el olor a las hierbas medicinales que traía con ella. Decidió terminar con esto de una vez.
—Bueno, quizás me encontré con alguien de camino a la aldea y me trajo para que no caminara y Jinenji no dejara a su madre sola en medio de la cosecha de hierbas.
—¡Lo sabía! —dijo finalmente, poniéndose de pie para señalarla con su índice derecho—. Apestas a lobo pulguiento, sarnoso y maloliente.
—Ay, por favor —le pidió—. Koga está muy feliz con Ayame, hasta me venía contando lo sorprendido que estaba de lo bien que se sentía con ella. No necesitas ponerte celoso de él, solo es un buen amigo.
Notó como todo el cuerpo de Inuyasha se contraía, había dado en el clavo, estaba completamente celoso. Pero, como era de esperarse, no tardó en recuperarse para contraatacar.
—¡Yo no estoy celoso! —protestó, apretando los puños— Pero, yo soy tu pareja, si no podías regresar, debiste mandar a alguien a avisarme y hubiera ido por ti.
—Entre que alguien viene, te avisa, y vas por mí, yo ya estoy aquí —le explicó, como si aquello fuera lo más obvio del mundo, pero el hanyou no pareció feliz con esa respuesta—. No siempre puedes ayudarme.
Aquello no lo tranquilizó, porque volvió a caer en su pose anterior, pero estaba vez, ocultando las manos en la manga de su haori. Sabía que ella tenía razón, y eso hacía que no pudiera con su genio.
Frunció el ceño completamente derrotado por ella. ¡Como le fastidiaba que eso sucediera! No podía vivir con esa sensación de impotencia recorriendo todo su ser.
—Ya, quita esa cara —Kagome se movió un poco a través del piso y extendió sus brazos hacia él—. ¡Dame un abrazo mejor!
—No —la detuvo, sorprendiéndola por la reacción— apestas a lobo —le recordó, dándole la espalda—. Deberías ir a bañarte.
Kagome se miró, miró a Inuyasha y luego, su mano sobre el vendaje.
—Está bien —le indicó, dándole la razón. Después de todo, sí le hacía falta un buen baño, tenía tierra bajo sus uñas de tantas plantas que cortó y arrancó—. Pero, vas a tener que venir a bañarte conmigo —aunque aquello fue dicho con cierta picardía por parte de la de ojos castaños, haciendo sonrojar completamente al hanyou, la verdad era que no podía moverse muy bien por su cuenta con el tobillo en ese estado.
—Kagome —pareció como si hubiera arrastrado entre sus dientes el nombre de la mujer, ella solo sonrió. Inuyasha iba a tener que tragarse sus celos y tomarla en brazos de todas formas, para ayudarla a asearse y quitarse la "pestilencia" a lobo que lleva con ella.
—¿Qué? —preguntó divertida— ¿No querías ayudarme? ¡Bueno! —indicó, señalando su tobillo—. Me dijeron que tengo que descansarlo por tres días, vas a tener que cuidarme y consentirme por ese periodo de tiempo.
Inuyasha farfulló un par de maldiciones, antes de tomarla entre sus brazos para, finalmente, ayudarla a asearse. Ella olía a hierbas, a Jinenji y a Koga, aquello le hacía hervír la sangre de demonio que corría por sus venas, pero en cuanto terminara con ella y volviera a ponerse ropa limpia, solo permanecería su esencia en ella, y su dulce y agradable aroma.
Y con eso, él sí podía vivir tranquilamente.
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¿Qué les pareció?
Aunque esté se lleva todas las estrellitas, me costó escribirlo xD Hasta que finalmente se me ocurrió que hacer, espero que les haya agradado.
Saludos~
Aquaticwhisper~
04 de Febrero 2021
