Capítulo IV: El desenlace
Advertencia: escenas y menciones de violencia.
Viernes 10:30am
- Mierda, mierda – susurraba Gonzales, un policía en su primer día de acción apuntando su arma hacia adelante, el tembloroso, ya que había sido su primer día en la comisaría, y para gran estupor de él, esto era el primer caso que tenía, nada más que un tiroteo – tengo mucho miedo – susurró a su amigo, un poco ya veterano, quién lo miró de reojo, sin hacerle ninguna burla ni sacarle sorna al estado tembloroso de su compañero, ambos caminando por un muy silencioso pasillo de la escuela McKingley High.
- Pobre chico, su primer día, y está recorriendo el pasadizo de este colegio, esquivando cuerpos sangrientos de niños en el suelo – pensó él, ya que, para él, aún a los 16 años a menos, ellos seguían siendo unos niños.
- Debimos esperar los refuerzos – susurró Gonzales respirando agitadamente producto del miedo intenso que sentía.
- Deberíamos sí – admitió su compañero, Carpenter – pero mi hija está aquí, Gonzales, es mi bebé, no puedo dejarla, por favor – dijo él pidiéndole a su amigo seguir.
Gonzales asintió, sacando fuerzas desde dónde no tenía, pensando que, si su hija estuviera en medio de toda esta locura, él también arriesgaría todo, aún no tenía hijos, pero de tenerla, pensó que sí, él arriesgaría todo por ellos.
- Bien, bien, yo te cubro viejo – dijo intentando darse fuerza, su amigo y tutor afirmó con la cabeza mirándolo brevemente agradeciéndole.
Al Carpenter habiéndolo conocido en su fase de cadete y haber compartido varios años con él, acogiéndolo bajo su brazo protector, tal como si fuera su hijo.
Ambos policías, sin esperar refuerzos siguieron caminando por el largo pasadizo, ambos apuntando su arma hacia adelante, y guiándola bajo cualquier mínimo ruido presente, ambos con mucho cuidado, eso, hasta que escucharon un fuerte crepitar de vidrios rompiéndose seguido del inconfundible ruido producto de la caída de un cuerpo o varios, acompañado de un poderoso grito.
- A la mierda ¡ - gritó Gonzales ahora mucho más nervioso, aun así pidió – vamos capitán – comprometido en su labor de hacer todo lo posible que esté en su poder para ayudar y proteger a quién pudiera.
En cambio, a Carpenter, se le erizó la piel y le entró una sensación de profundo miedo, al pensar en lo peor.
Ambos pasaron de estar avanzando cautelosamente, a correr hacia la fuente del ruido.
- Ahhhhhhhh ¡ - gritó Gonzales, quién fue el primero en gritar, del profundo miedo y horror de la escena que estaba viendo frente a él.
- Mierda, mierda ¡ - gritó Carpenter.
Ambos acercándose cautelosamente ahora, ambos apuntando sus armas hacia "ellos" sólo por si acaso.
Frente a ellos, en el suelo yacía un lío de vidrios rotos por todo el lugar y más perturbador, el cuerpo aparentemente inerte de una chica, no mayor de 16 años, en posición fetal, bajo de ella un charco de su propia sangre, y ambos podían apostar que también partes de su propio cuerpo, pequeños pedazos de piel o amasijo de algo más, con varias fracturas evidentes si el indicio de huesos expuestos era prueba de ello, con sangre saliendo de todos los lugares imaginables.
A su lado, el cuerpo de un chico, este en igual o peor estado, quién lucía un poco consciente, él con los ojos abiertos intentando y sin lograrlo alcanzar la mano de la chica, él haciendo ruidos de gorgoteos y demás, que escarapeló hasta la médula a ambos policías.
- Ay carajo, ¿acaban de caer del cuarto piso? – preguntó sin esperar respuesta Gonzales al ver el gran ventanal roto del mismo y la pareja yacer en el piso, con Carpenter pateando un par de armas, que él juró debía pertenecer a uno de los dos, eso perturbándole en demasía - ¿acaso está sonriendo? – preguntó aterrorizado Gonzales por la chica que parecía esbozar una pequeña sonrisa en sus labios, aún en medio de toda esa tragedia, ella con los ojos cerrados.
Carpenter, no respondió, aterrado de igual manera de poder confirmar aquello, no, no podía ser ella, ella jamás estaría involucrada en el tiroteo que ocurrió ese día en este colegio.
Pero sí, sí, la chica parecía estar intentando sonreír, aún ella al estar con los ojos cerrados y con la cara tan ensangrentada y desfigurada por la propia grave contusión de su caída y talvez más.
- ¿Capitán, no es ella la hija de uno de sus amigos? – preguntó Gonzales, al creer haber identificado a esta chica.
- Sí, es ella, la hija de uno de los abogados de la firma esa, que está en el centro – contestó Carpenter arrodillándose frente a ella, demasiado preocupado del estado de ella.
- Cuidado capitán – pidió Gonzales al ver la acción de él, aun apuntándole a ambos a pesar de todo.
- No Gonzales, jamás con ella, no sé qué mierda está pasando o si hay algún infeliz que aún esté activo – un(a) tirador(a) pensó él aparte del que ya yacía en el piso – ella es tutora de mi hija, por ella pongo las manos al fuego, ella no pudo ser– afirmó él tomando el pulso de la chica, en medio del silencio sepulcral que estaba siendo perturbado por los intentos de este chico de querer tomar la mano de la chica en el suelo y por los pasos intensos de alguien corriendo por las escaleras de incendio.
- De todas maneras, capitán, las personas siempre nos pueden sorprender – dijo Gonzales moviendo el foco de su atención para después apuntarlo a la salida de emergencias, desde el suelo Carpenter se giró bruscamente haciendo lo mismo.
- Al piso ahora ¡ - gritó Gonzales apuntando su arma y moviéndose nerviosamente – manos a la cabeza ¡ - añadió
- Por favor, por favor – le rogó la chica entre lágrimas, con la vestimenta ensangrentada arrodillándose en el suelo colocando sus manos en la cabeza – por favor – siguió rogando, ahora llorando mirando intensamente a la primera chica en el suelo.
Segundos después, todos fueron interrumpidos por el equipo swat que entraba sigilosamente hacia todas las direcciones del colegio, muy encabronados al ver que los policías se le habían adelantado y arriesgado sus vidas de esa manera, existiendo protocolos para cuándo era posible que ocurriera este escenario, y muchos otros más.
…
Ese mismo día al inicio del horario escolar, los chicos de Glee estaban llegando a su salón del coro a una reunión que su profesor había convocado, no estaban todos todavía, los chicos todavía estaban llegando.
Por el momento estaban, Rachel, Finn, Santana, Brittany, Mike, Matt y Puck que estaba entrando por la puerta, Kurt y Blaine habían decidido no ir ese día, ambos habían salido muy temprano esa mañana a la casa de campo de Blaine dispuestos a iniciar sus vacaciones ese mismo día, y a aprovechar unas horas antes por lo menos de la piscina de la casa de Blaine ya que horas más tarde, él había planeado presentar a Kurt a su familia cómo lo que era, su novio y amor.
Artie estaba junto a Mercedes y a Tina entrando por la salida sur, eso, hasta que fueron interrumpidos por los secuaces de Sue Silvester quienes los llevaron a su oficina, muy dispuesta Sue a convencerlos de dejar Glee y unirse a el equipo de porristas cómo una apuesta a innovar en su rutina con su voz, y a joder a Shuester por otro lado también.
Ese sólo hecho ponía muy feliz a Sue, la idea de poder arruinar el club Glee, le hacía sonreír enormemente, ella jurando que este intento sí funcionaría.
Quinn estaba en el estacionamiento junto al auto de sus padres, conversando con ellos, más bien, escuchando la perorata de su padre a hacerse respetar y vengarse sobre quién hubiera sido que le tiró el slushie causándole algunas heridas y golpes al empujarla al suelo mientras llovía.
Russell renegaba poniéndose cada vez más rojo de la ira.
Judy escuchaba y asentía cada nada, dándole la razón a su marido, pidiéndole con la mirada a Quinn para que le hiciera caso a su padre o para que no dijera nada que pueda enojarlo.
La pasividad de ella, enloquecía a Quinn, ella quería a su madre, no a una fangirl de Russell.
Quinn, que vestía con una polera con capucha escuchaba a su padre fingiendo ponerle atención, para que así se fuera más pronto, a dónde sea que tuvieran que irse, vacaciones talvez, pensó, si las maletas que había visto subir a su padre, maletas de su mamá esa misma mañana al auto, eran un indicativo prácticamente exacto de eso.
Ella usando una polera negra con capucha, al tener la cara levemente roja por el golpe del hielo a su rostro, específicamente en el lado izquierdo cerca de su ojo, sin mencionar el corte pequeñito, pero aún existente que tenía debajo del parpado.
- Quinn pon atención ¡ - le susurró fuertemente su padre sentado dentro del auto golpeando con una mano el volante por la impotencia de que su hija menor no fuera la perfección que esperaba y que él observaba en Frannie.
- Ok – replicó ella sosteniéndole la mirada, negándose a tenerle más miedo, tal cual lo hacía cuando era pequeña y hacía todo según él decía por el terror que le tenía a sus castigos, pensando también que iba a llegar tarde a su clase.
…
Pasó un rato más, hasta que sonó la campana, iniciando ese día escolar, con muchos otros chicos entrando por las tres entradas al colegio, la sur, la norte y la central, todos ellos vestidos de maneras diversas, los nerds, los atléticos, los matones, los góticos, los que iban disfrazados vaya tú a saber por qué, talvez porque era el último día y ellos sólo querían divertirse.
Muchos de ellos también con capuchas negras y grandes bolsos, producto de que más tarde iba a haber un compartir con todos, con lo que se supone se iban a despedir de ese año escolar y del colegio hasta que empezara nuevamente tres meses más tarde.
Más, dos de ellos, no con esa idea, si no, con la de querer hacer el daño más profundo e intenso que pudieran lograr, ellos cansados de toda la mierda que nadie se atrevía a decir, pero que ocurría, ellos muy decididos a ser famosos, al menos uno de ambos, la otra persona más bien con un objetivo en mente muy preciso, conseguir a su chica finalmente y divertirse por qué no, según su muy podrida lógica al igual que la otra persona de la que iba acompañado.
…
Rachel, Finn, Santana, Brittany, Mike, Matt y Puck estaban en el salón del coro, esperando a que llegue el Sr Shuester, ya había pasado media hora, y los demás no venían, el profesor había entrado, hablado un poco y luego salido a buscar a miss Pillsbury, Emma, según él decía que ambos tenían que contarles una gran noticia.
- Apuesto a que por fin se dieron la mano sin guantes - decía Puck chocando los cinco con Matt, bromeando ellos, disfrutando de ese día y pidiendo mentalmente que se acabara para ir a dónde sea, muy lejos del colegio.
- Faltan más integrantes del club Glee, no han venido – observaba Rachel, talvez pensativa si Quinn iba a venir o no.
- Mejor – susurraba Finn enojado con la rubia, que ante la mirada de su novia se corrigió y dijo – talvez ya estén llegando amor – entrelazando su mano con la de Rachel.
- Kurt y Blaine no vienen, tienen su escapada romántica – dijo ella sonriente y muy feliz por su mejor amigo y Finn aprovechó para sentarse más cerca eh intentar abrazarla de lado
- ¿Por qué no hicimos eso? – le preguntó él.
- Porque tener la asistencia intacta, es muy importante Finn ¡ - refutó la diva, pisando energéticamente con su pie derecho, Finn volteando los ojos ante lo que hacía su novia.
Puck divertido mirando de reojo todo.
Mike extrañando a su novia y tratando de ubicarla mediante mensaje a ver dónde estaba – debí acompañarla – dijo a la nada, recordando ahora de que si estaba con Mercedes, estarían ambas entreteniéndose con vaya a saber qué – rayos, esas dos damas, se van a tardar entonces – se contestó él sólo sonriendo, imaginando a su novia muy feliz junto a Cedes.
Matt, estaba muy aburrido en su silla, preguntándose por qué había ido a clases y no se la había saltado, cómo todos sus amigos.
- Mierda hermano, qué aburrido ¡ - exclamó bostezando, Puck le dio la razón diciendo – y no ha venido todavía mi babymama – dijo por Quinn.
- ¿Eh? – preguntó Matt, cómo diciendo que "¿Qué coño?" Si ya no estaban juntos.
- Es agradable de ver – dijo él soltando un silbido indicando lo caliente que estaba Quinn, así ya no le hiciera caso, ambos volvieron a chocar puño, Rachel al oírlo entrecerró los ojos, al oír aquello.
Brittany había cogido de la mano a su novia y se le había llevado hacia un par de aulas más abajo, al armario del conserje, Santana le había seguido como el cachorrito enamorado que era, ellas a hacer algo más productivo con su tiempo, aprovechando para amarse y repartir besos muy apasionados sobre la otra.
Santana muy feliz por la decisión de su novia, ella muy enamorada.
…
Habían pasado talvez quince minutos más, ya cerca de las 9am…
- Me aburro, me voy a buscar a Sam – dijo Matt parándose de su silla y en camino hacia la puerta.
- Oye hombre, Sam, está en la enfermería, un capullo lo golpeó al entrar – soltó Puck pensando si debería buscar a ese imbécil y golpearlo o no.
- Ah sí, ese imbécil – dijo Matt, pensando en hacerlo y con eso en mente, fue a buscar a Sam, pensando que bueno, eso debía ser más interesante que estar atrapado con Schuester una vez que él regresara a la clase.
Matt salió del salón, dio dos pasos, giró su cuerpo hacia la derecha, hacia lo que sea que le llamara la atención y lo siguiente que pasó, fue devastador.
- Ahhhhhhhhh ¡ - gritó Rachel e incluso Puck que veían hacia allí, mientras el resto saltaba de sus asientos y maldecían por lo visto.
Matt recibió un balazo en medio de los dos ojos, mismo que causó su muerte inmediata, causando que su cuerpo cayera inerte al suelo formando un charco de su propia sangre.
Lo que siguió después, fueron muchos gritos, muchos más disparos, mucho estupor y reacciones diversas de todos, siendo Mike quién reaccionó más rápido en esa sala.
Él corrió hacia la puerta, intentando cerrarla, más la misma no tenía cerradura, ese salón y la de todos los grupos, no tenía cerradura, grupos tal cuál eran: teatro, pintura, todas las artes básicamente, en cambio los salones y oficinas sí las tenían.
- Mierda, mierda ¡ - gritó Mike que junto a Puck que saltó a ayudarle, empezaron a arrastrar el piano, mesa, bancas, todo lo que pudieran para bloquear la puerta, Finn ayudó después, ya que estaba abrazando a su novia en un abrazo tan fuerte, que si causó daño a ambos, ninguno lo mencionó propio del mismo susto.
- Es un tiroteo, es un tiroteo ¡ – decía desesperado Finn, ayudando a Puck y Mike a arrastrar lo que pudieran para bloquear la entrada, a la par que le pedía a Rachel que se mantuviera con la espalda pegada a la pared adjunta, muy lejos de las ventanas y puerta.
- Eso no puede pasar, eso no pasa en Lima – repetía ella asustada, desde su lugar en el piso.
Santana al escuchar el primer sonido, saltó por la intensidad del mismo, pensando primero que podía ser los mismos imbéciles que el día anterior habían traído cuetones para realizar bromas, dado que era el penúltimo día de clase.
- ¿Serán fuegos artificiales? – le preguntó a su novia, ella le iba a responder, pero lo siguiente que siguió fue una ráfaga de disparos, muchos gritos y azotones de puertas, con lo que la respuesta le llegó de manera súbita, aterrándola de a una a ambas.
Ambas se miraron temblorosas, abriendo los ojos enormemente al darse cuenta de lo que se trataba, con Brittany reaccionando mucho más rápido, intentando bloquear la cerradura por dentro, con cables y demás, todo lo que tuvieran al alcance.
- Maldita sea, eso no pasa aquí ¡ – susurró fuertemente Santana, ayudando a su novia para después acurrucarse con ella en el extremo lejano a la puerta, ambas lo más cerca del suelo posible.
Sam que estaba en la enfermería saltó al escuchar el primer disparo, él reconociendo inmediatamente de lo que trataba, al su padre practicar tiro con él, cada semana, junto a tíos y primos en la casa de campo del último.
- ¿Qué fue eso? – preguntó una muy asustada chica rubia junto a él, misma que estaba recostada en la camilla de al lado, sosteniendo una compresa de hielo sobre su ojo al estar el mismo lastimado.
Sam entonces corrió hacia la puerta, ella pensando en un primer momento que huiría, agradeciéndole después que no lo hiciera.
- Jamás te dejaría – dijo él mirándole sólo una fracción de segundo antes de pedirle que le ayude a bloquear la entrada con lo que sea.
Tina, Mercedes y Artie estaban junto a Becky y Sue en su oficina para cuando se desató todo, cada uno de ellos saltando del susto ante el primer sonido, con Sue bloqueando las puertas de su oficina con una cerradura electrónica con un botón debajo de su escritorio, una triple cerradura con barrotes de acero.
Los chicos voltearon a verla asustados intentando ocultarse, más ella se recostó en su silla y dijo – no se preocupen, son vidrios contra todo, super blindados, incluso hay un tanque si lo necesito, todos saben que Schuester iba a perder su mierda algún día – añadió al ver la expresión de los chicos, entre aterrada y asombrada, ellos no sabiendo si estaba bromeando o no, acerca de todo.
Ya que, aunque se trataba de Sue, de todas maneras, la preparación de ella contra casi todo, los sorprendió, esta vez de gran manera.
La alarma de "bloqueo total" nunca sonó, ni el enunciado del director, ni la cerradura automática de todas las aulas, ya que él fue el primero en morir, producto de la acción infame de dos estudiantes, ambos vestidos con capuchas negras que decidieron ese día, que podían hacerlo.
