A Lily la podrán identificar con los símbolos LºIºLºY, a Teddy con T^E^D^D^Y y a Scorpius con S_C_O_R_P.

Disclaimers: Todos los personajes y lugares mencionados le pertenecen a J.K Rowling. A excepción de un par de personajes.


Capítulo 12. Te amo

LºIºLºY

Ya estaban enfrente de la puerta de la amiga de Albus, a nada de tocar cuando la puerta se abre.

—Lily, te estaba esperando.

—¿Vas a salir? —preguntó Lily, se imaginaba que lo haría por la forma tan extraña en la que abrió de repente la puerta.

—No, justamente los vi por la ventana. Adelante, pasen —se movió la pelinegra de la entrada para hacerlos pasar.

A la ojiverde le pareció curioso la ropa que lucía, una especie de pantalón-falda color negro que se partía a la mitad del muslo, era peculiar, acompañada de una camisola color caqui, haciendo la ilusión de verse corpulenta, a pesar de ser tan menuda, aunque ligeramente más alta que ella.

Esperó no mostrar su sorpresa para adentrarse a la casa, lucía tan rústica como la última vez, con paredes y piso de madera color pino, lo que le daba luminosidad y hacía hogareña. Pasaron hasta su comedor, con sillas y mesas del mismo material, por otro lado, las fundas de los asientos color rojo bermellón era lo único que hacía al comedor menos monótono.

—No sé si mi hermano te dijo… —empezó diciendo Lily, antes de proceder a sentarse—, lo que trato de explicar es delicado y no puede…

—No necesitas rebuscar —le dijo Tara con amabilidad.

—Aequus —dijo sin pensar, mordiéndose el labio inferior.

No necesitaba perder tiempo, era ahora o nunca. Ted y Scorpius la miraban fijamente sin saber lo que acababa de pronunciar, ella también desconocía el significado.

—Antes… no quisieran ¿un té, agua, café? —se levantó de su asiento dándoles la espalda con la varita en mano para hechizar una tetera con agua y hacerla hervir.

Tara fue la primera en decirle que fuera directo al punto y ahora ella era la que hacía tiempo.

—Está bien, primero que nada, tienes que saber que Aequus es un grupo que ha existido por años, mucho antes de que se llevara a cabo la Guerra de Magos Global, está conformado por generaciones de magos y hasta la fecha no han sido reconocidos por falta de pruebas —tragó saliva antes de seguir—. La leyenda cuenta que todo inició en Rusia, cuando dos amigos junto con la novia de uno de ellos descubrieron aquella llama de fuego capaz de almacenar cualquier energía —Lily frunció el ceño al escuchar lo último, ella en su vida había escuchado de algo similar—. No cualquiera puede controlarla, se dice que son pocos los que pueden controlar una energía inmensa como la que tiene la llama, no quemará si la sabes dominar.

» Por el momento, cada ministerio se ha encargado de mantenerlo en secreto para evitar la paranoia que causaría que un grupo como Aequus tenga en sus manos un arma tan letal. El lema de ellos es: "Igualdad e inexpresividad llevad a la Perdurabilidad". No se tientan el corazón en cometer atrocidades.

—¿Igualdad en qué sentido? Porque me querrían, Al mencionó que me buscaban ¿Por qué? —nada tenía sentido, o al menos ella no entendía nada— ¿Qué pasará el día en que decidan imponer poder?

Volteó a ver a Scorpius y Ted, uno tenía el gesto totalmente preocupado, mientras el otro tenía la mirada perdida. Hubo un momento de silencio en el que cada uno cavilaba en sus pensamientos.

—Ahora entiendo todo —habló Ted, se estaba tomando con la mano la frente fruncida—. Los ataques, la rapidez en la que se extinguió el fuego hasta verse envuelto en cenizas. ¿Fue esa llama de la que hablaste no? —terminó conjeturando—. Las cartas… fueron ellos, lo que le ocurrió a Albus, ellos lo hicieron.

Antes de que pudieran continuar hablando se escuchó un estruendo en las calles, un sonido tan abrumador que terminó haciendo vibrar los tímpanos de cada uno. Tara que en ningún momento se sentó corrió hacía la puerta, para ver lo que sucedía.

—Ya llegaron —susurró.

Sin soltar su mochila Ted le tomó la mano y jaló a su cuerpo, aferrándola. La miró a los ojos por un instante, hasta desviarlos a la puerta para salir. Ella no se detuvo a voltear a ver a Scorpius, sabía que estaría detrás.

—Tómense de las manos —gritó Ted, ella tomó con la otra mano a Scorpius, Tara corrió hacía ellos para formar un círculo con las manos.

Y sin más, se encontraban en un sitio lleno de piedras gigantes y vegetación, no sabía donde se encontraban, trató de rascarse la nariz sin éxito, pues ambas de sus manos estaban sujetas, al saber por quienes o más bien por quien, se sonrojó levemente, la volteo a ver y a pesar de que él se negara a soltarla hizo un esfuerzo hasta conseguirlo. Se volteo a darle la espalda.

—¿Dónde estamos? —preguntó Scorpius a su primo.

—Seguimos en Reino Unido —exhaló tocándose la parte trasera de la cabeza—. Caminemos, cerca de aquí podremos descansar.

Lily estaba preocupada, ¿qué pasaría con su familia? Su padre, su madre, sus hermanos ¿estarían bien?

—Sé lo que te preguntas, ellos estarán bien, tu padre los resguardará —le contestó seguro de sí mismo Ted.

Y por más que le afirmara aun persistía la sensación de angustia en su pecho. Llevaban diez minutos caminando hasta ver a los lejos una pequeña choza de piedra caliza, amplia y linda. Parecía estar conectada a otra. Más cerca, pudo vislumbrar que no era tan pequeña como se veía a lo lejos.

Teddy sacó las llaves, antes de que entraran mencionó un conjuro que no logró distinguir, suponía que era una palabra clave para proteger quien entraba a la "casita".

—Hay dos habitaciones y un baño dentro de una de ellas, lo mejor será que ambas chicas ocupen el cuarto de la izquierda —dijo Ted.

No discutió, a pesar de constantemente dormir con Scorpius se le hizo lógico que Tara estaría más a gusto durmiendo con ella que con Ted.

Entre todos hicieron un tour para ver lo que los rodeaba, lo primero era la sala, amueblada con unos lindos sofás azul marino y rojo crimson, en medio una linda mesa de madera color caoba, lo que hacía más sofisticado el lugar. Pasaron por un pasillo que conectaba con dos puertas, una a la izquierda y otra a la derecha. Entraron a la habitación de la izquierda, se veía una cama King size, enfrente de la cama otra puerta, debía ser la del baño.

En la de la derecha solo una cama individual, alguno tendría que dormir en el suelo. Ted regresó al cuarto de la izquierda, en la parte de la derecha estaba un closet, de ahí sacó unas cuantas sábanas y almohadas para darle a cada uno. Pensaría que la casa estaría llena de polvo o maloliente, la realidad era otra, tanto las sábanas como la almohada olía bien.

—Constantemente se limpia todo —le susurró al oído el pelinegro, Lily se avergonzó un poco, les estaba haciendo un favor y ella respondía siendo grosera.

Asentó su bolso en la cama, para proceder a acostarse, su espalda la estaba matando, era el estrés pasándole factura o tal vez estaba cercana a la fecha de su periodo. Se tapó los ojos con el antebrazo, evitando llorar.

(…)

Por su ojo se filtraba un rayo de sol, ¿qué hora era?, ¿dónde estaba? El reloj marcaba las cuatro en punto. Por su mente volvieron a pasar los recuerdos de hace dos horas. Como podían cambiar las cosas de una hora para otra, pensó.

Tomó su mochila y se levantó para ir hacía la cocina, ni siquiera sabía si habría comida, su estómago le estaba rugiendo. Encaminada hacía allá, escuchó murmullos.

—¿Qué esperas que hagamos? Nos quedamos sentados hasta que todo acabe —esa voz, era la de Scorpius, pocas veces lo había escuchado enojado, al menos a ella nunca le hablaba así.

—Baja la voz idiota, Lily te puede escuchar. Y no, nos quedaremos aquí, no arriesgaré su vida —dijo lo voz del otro chico. Arriesgar a quién, ¿a Tara? Se preguntó Lily, ella no podía ser de quien estuviera hablando, sobre todo porque él le había demostrado que ella no le importaba.

—Pareciera que tú fueras el novio, además, si algo me queda claro es que ella no es una niña. No imagino lo que sentirá cada vez que ustedes, cabezas huecas, la alejan —la voz de una mujer se escuchó, tenía que ser la pelinegra.

Así que hablaba de ella, por alguna razón su estómago revoloteaba, desconocía si por las ganas de vomitar o por el hambre que tenía.

Tratando de que se dieran cuenta de su presencia azotó la puerta del cuarto. Caminó por la sala, donde estaban todos, sin voltear a verlos, aunque la intensión era la contraria a lo que ella hacía. Y no se avergonzó, total que estaba en su camino a la cocina.

—Puedes tomar lo que quieras —le dijo Ted con algo de ironía y coquetería.

No le contestó. Tomó una barrita de granola, le daba flojera ponerse a cocinar, con todo y que podría usar la magia.

Se sentó junto a Scorpius, para sacar de su mochila la profecía.

—He estado pensando lo que esta profecía significa. «Un único secreto, directo a la perdición. Unión de un hombre y una mujer. Deberás luchar por tu querer, no cualquiera será capaz, de tus colactáneos necesitarás. Antes del día, debes de pensar, en quien fuerza te da. No serás capaz de derrotar si seguridad no demuestras. Sigue el viaje de la existencia, nada es casualidad» —terminó de recitar.

—Unión de un hombre y una mujer —repitió Tara entrecerrando los ojos.

—¿Luchar por mi querer? A lo mejor es la relación de luchar por mi familia.

—Y de tus colactáneos necesitarás… eso es obvio, como no me había dado cuenta. Colactáneo. Hermano. Necesitarás ayuda de tus hermanos —dijo Tara con alegría por su descubrimiento.

Ted y Scorpius se miraban entre ellos sin entender mucho.

—Que lista —dijo Lily con una sonrisa—. Antes del día, debes de pensar, en quien fuerza te da. Mi familia, ellos me dan fuerza —volteó a ver a Tara, quien asentía al comentario de ella— No serás capaz de derrotar si seguridad no demuestras.

—Confianza. Debes confiar en ti —dijo la pelinegra, se tomó de la barbilla con el dedo pulgar e índice para continuar—. Sigue el viaje de la existencia, nada es casualidad. Eso no me queda claro del todo. Tampoco la unión del hombre y la mujer, ¿se refiere a tus padres? ¿A ti con alguien?

T^E^D^D^Y

Septiembre, 2019

Es el día en que debiste de haber entrado a Hogwarts, yo ni siquiera fui capaz de despedirme y no sabes cómo lo lamento, porque no te veré hasta navidad y lo más posible es que ni siquiera ahí tenga el valor de hablarte.

Estaba sentado cerca del barranco, a unos diez minutos de la casa, sus piernas lo habían llevado hasta allá. Tenía mucho que procesar, afortunadamente él ya había planeado con anticipación el lugar donde huirían si algo ocurría, de no ser así no tiene idea de a donde hubiera parado. Su abuela por fortuna estaría a salvo en Brasil, justo le había metido a la cabeza la idea de vacacionar.

Sacó de su chaqueta una radio de pilas, no era muy grande, por lo mismo podía llevarla a donde fuera, ya no se vendían, eran reliquias familiares. Movió la señal hasta encontrar una estación en la cual escuchar lo que sucedía. "Informando, alce ocre. Todo apunta que han invadido Nueva York, Londres, Escocia, Bélgica, Francia, Rusia, México. No hay lugar seguro. De último momento…". Antes de que pudiera terminar de escuchar una interferencia no le permitió oír. Trata de mover la antena hasta capturar señal. "Los ministerios no dan señal alguna, todo apunta a que han sido invadidos. Las calles vacías, llenas de víctimas asesinadas. De pronto se escuchó la voz de otra persona. ¡Escuchen bien, entreguen a Lily Luna Potter! Una tercera voz exclamó ¡Señor, no puede estar aquí! Le interrumpió la segunda voz Solo así esto acabará.

—Lily —abrió los ojos.

Se paró para correr hacia la casa. A diez pasos pudo vislumbrar un cuerpo, era ella, estaba frente a él. Corrió a abrazarla, asegurándose de saber que no alucinaba. Cerró los ojos e inhalo el aroma de su cabello.

—¿Qué sucede? Me dijo Tara que habías salido, es la hora de cenar —no le importó que no la soltara por un largo tiempo, así que no la soltó hasta que se calmó—. No te veo bien, sé que no te importo, descuida, tú tampoco a mí, pero me puedes decir…

Antes de que terminara la tomó de las mejillas para acercarla a su rostro, la miró a los ojos, la luz de la luna se reflejaba en ellos, bajó lentamente la mirada para escrutar la belleza de la pelirroja. Su nariz pecosa y curva, fruncida cuando algo le disgustaba. Sus labios, rosados y pequeños, ligeramente más amplio el inferior.

Rozó su nariz con nariz, volteó a ver los ojos de ella, estaban enfocados en sus labios, no se negaba, froto de un lado a otro las narices, haciendo el gesto aún más adorable. La amaba, se amaban, para que negarlo. No quería presionarla. La pelirrojita aproximó el rostro, para finalmente unir sus labios, lenta y tortuosamente, el universo era el único testigo del amor que sentía el uno por el otro.

Era un beso anhelado, sin prisa. Estremecedor. Adictivo. Sus lenguas danzaban. Y pararía hasta que uno de los dos se quedara sin oxígeno. Teddy le soltó el rostro para tomarla de la cintura y unirla a él, Lily lo tomó por el cabello revolviéndolo, cómo llegaba hasta la altura de su cabeza era un misterio.

S_C_O_R_P

—Y Lily? —le preguntó a Tara, quien estaba acomodando los platos y vasos para comer. Se acercó a ella para ayudarla a acomodar la comida y cubiertos.

—Fue a buscar a Ted, no frunzas el ceño, yo le dije.

Se sacudió el cabello húmedo hasta dejarlo revuelto, estaba saliendo de la ducha para enterarse de que su novia no estaba.

—Voy a buscarlos.

—Déjalos, hace cinco minutos que salió la pelirroja. Lo más probable es que para cuando salgas ella ya haya llegado con él.

No era celoso, pero por alguna razón su mente no dejaba de especular a Ted y Lil juntos. Algo en su interior lo suponía. Toda la tarde Ted se la había pasado junto a ella y él no era idiota, sabía que sus intenciones eran coquetas, y a pesar de que no hizo nada más allá él no quería decir que no se moría de los celos. Además, el idiota de su primo le había prometido que no intentaría nada con ella, entonces ¿qué había cambiado?

—Ya llegarán —dijo despreocupada la ojiazul—. Esos dos se traen algo, y por mucho que te pese sienten algo el uno por el otro. A lo mejor hice mal en mandarla a buscarlo —lo miró con cara de lástima.

—No, descuida. A lo mejor es mi culpa. Yo mismo me engañaba, puede que nunca hubiera amor de romance por su parte. ¡Aagghh! Ahora me siento culpable, desconfío de ella —terminó sentándose. Tara se acercó y le tomó el hombro con la mano en señal de apoyo—. Tal vez siempre supe que era como una rutina, lo mejor será prepararme mentalmente.

—Dale su espacio, si ella regresa será un refuerzo al amor que sienten el uno por el otro —le dijo con franqueza.

Estaba decidido. Lo mejor sería terminar con ella, darse un espacio, confesarle sus miedos y si ella regresaba le haría el hombre más feliz.

LºIºLºY

Lo besó como si fuera el último, ella ya sabía lo que sentía por él.

—Te amo. No me importa nada más que tú —le dijo Ted, con su cabello azul, hace mucho que no lo tenía de ese color, corrección, que ella no lo veía así.

Con su dedo índice en la boca del chico lo calló.

¿Qué hizo? Scorpius no se lo perdonaría, era la segunda vez, la diferencia de la ocasión pasada fue que en esta ella tomó la iniciativa, pero como fuera, beso es un beso. Bajó la cabeza, no había nada que decir, ella era la culpable.

—No digas nada, por favor —se volteó, no quería reflejar lo vulnerable que estaba, y con las manos en la boca evitaba que Teddy escuchara el sollozo.

—No, Lily. Ya es hora, yo te amo, no voy a negar mis sentimientos. Sé que tu sientes lo mismo, es una conexión que nunca sentí con Victoire u otra persona.

Se negaba a escuchar lo que decía Ted, ¿Qué le diría a Scorpius?

—Lo mejor será olvidar todo —soltó, sin ponerse a pensar en lo que sentiría el ojiazul.

—Te estás escuchando —la cuestionó—. No, jamás. Ni se te ocurra volver a decir una estupidez así, ni mucho menos que fue un error.

Era verdad, por un lado, le abrió los ojos, tal vez de la única persona que se había enamorado era Ted, desde que tenía memoria. Por el otro, sería difícil para ella alejar a Scorpius, él era su confidente, sus otros ojos, lo era todo. Con todo y el alejamiento ellos hablaban prácticamente todos los días, cada cosa que sucedía, sus sentimientos, el otro lo sabía.

Le diría lo ocurrido, no podía ocultar algo así. Al menos a ella le gustaría que si hubiera sido al revés él le dijera.

—Dame tiempo, prometo responderte —le dijo Lily, mirándolo afligida, no le quedó otra más que aceptar—. Por cierto, me gusta tu cabello así —le salió una sonrisita y siguió caminando —. Regresemos.

Elevo la velocidad hasta alcanzarla en tres pasos para caminar a la par.

—Hay algo importante, ahora que estemos todos se los diré.

La pelirroja solo asintió, no era incómodo, de algún modo se sentía reconfortante.

(…)

Nadie le había dado importancia al cambio de tonalidad del peli-azul al regresar. Habían terminado de cenar, Teddy les había platicado lo sucedido. Lo que escuchó en la radio. Y si no era suficiente, eso preocupó a todos más de lo que estaban. Todos acordaron que una vez que se acabaran las provisiones tendrían que salir.

—Ahora me entró la duda, no terminaste de contestar lo que… —dijo Lily.

—Lo sé, traté de guardármelo hasta que uno fuera lo suficientemente valiente para preguntar —dijo Tara con la mirada hacia abajo—. La razón por la que el lema es igualdad es porque están buscando la forma de que no haya excepción alguna respecto a los que tienen magia. Quieren que todos o nadie tenga magia.

—¿Por qué? Yo pensaría lo contrario, que no quieran que nadie sea más poderoso que ellos —interrumpió Lily con el ceño fruncido.

—Hay una parte de la historia que no les he contado —parecía darle vergüenza lo que diría—. Recuerdan lo que les dije, ¿las personas que iniciaron todo esto? —los tres asintieron, Tara carraspeo tratando de proseguir—. Bueno uno de los amigos, el que no tenía novia, en una encrucijada perdió la capacidad de hacer magia. Todo apunta que la llama absorbió por accidente su energía y antes de que muriera la chica lo frenó dominándola. Imaginarás lo impresionados que quedaron los chicos, ella era la única hasta el momento de poder controlarlo.

—¿Y eso que tiene que ver conmigo? —su mente no dejaba de cavilar ideas, pero ninguna se imaginó lo que diría a continuación Tara.

—La mujer de la que te estoy hablando fue tu bisabuela, la madre de tu abuelo, su nombre era Cedrella Black.

—Debes estar confundida, ella fue a Hogwarts, en ningún momento estuvo en Rusia, además, se casó…

—Con Septimus Weasley, lo sé, eso fue después. Durante 1926 a 1933, conoció a Fiodor Porskoff y Boriso Pávlov en un viaje en familia, para ese entonces tu bisabuelo era un Gryffindor más en Hogwarts. Los tres pertenecieron a Slytherin. Según un registro parece ser que la llama la encontraron en 1933, en Rusia. Tu bisabuela no tenía malas intenciones, al final todo se le salió de las manos cuando Boriso perdió su magia, los abandonó. A Fiodor no le importó que su novia los abandonara, él se sentía culpable por lo que le sucedió a su amigo.

Lily no podía creer lo que había sucedido, lo sabría su madre o abuelo? Pensó que este último seguro sí.

—Lo mejor será descansar, mañana puedo seguir —no les dio tiempo para detenerla cuando vieron que se dirigió al cuarto.

Esa noche Teddy se ofreció a vigilar. Ya se había conjurado los alrededores de la casa, nadie sabría que estaban ahí.

Caminó hacia el baño, al salir se topó con Scorpius.

—Necesito hablar contigo —dijeron al mismo tiempo. Se rieron nerviosamente, mientras Scorpius se revolvía el cabello.

—Tú primero —le dijo Scorpius, dándole la palabra.

Lily inhalo hasta lograr soltar lo que había sucedido con Ted, tanto lo de hace unas horas como lo que sucedió en casa de la abuela durante noviembre.

—Perdóname, sé que estuvo mal, te engañé, besé a Ted. Debí decirlo antes…

—Lil —la interrumpió con los ojos nublados y una pequeña sonrisa. La tomó de las manos y siguió hablando—. Justo de eso quería hablar. Terminemos. Ambos necesitamos tiempo, no te quiero agobiar, es complicado decir esto, pero creo que es lo mejor, por el bienestar de ambos. En cuanto al perdón, será un poco difícil, el tiempo nos ayudará. Te quiero —terminó abrazándola, por los ojos de ella aparecían lágrimas, le dolía separarse, pero era lo más sano.

Cada uno caminó hacia su habitación, esa noche no tendrían problemas por la cama, pues Teddy estaría afuera.

Se sentó en la cama que compartiría con Tara, acercó su mochila a ella y tomó una blusa larga que tenía, era el mismo bulto que llevaba cuando su amiga y ella tenían pijamada, ahí guardaba lo necesario para cambiarse, al ser olvidadiza se aseguraba de meter varios conjuntos para no tener que estar metiendo ropa cada vez que iba con ella, por la ropa sucia no se preocupaba, pues siempre se la dejaba a Alice, quien más tarde se la devolvía limpia. La mochila perteneció a su tía, fue un regalo de cumpleaños, lo increíble de ella era que contaba con una expansión increíble.

Una vez lista para dormir, se acostó. Desconocía el paradero de Tara, ella la había visto entrar a la habitación hace un rato. Trató de dormir sin éxito alguno. Rodó por un lado de la cama, luego por el otro, nada le acomodaba, se quedó mirando el techo, por increíble que pareciera sentía una libertad que hace mucho no sentía.

Tragó saliva, su garganta estaba seca, tenía sed, no quería pararse, solo llevaba una blusa blanca, si tenía ropa interior, a pesar de que le incomodara la parte de arriba le daba más vergüenza que la vieran sin el, cinco minutos más tarde decidió salir, con una sábana delgada enrollada en el cuerpo, que transparentaba y aparentaba ser del mismo color que el de la blusa. Volteó de un lado para el otro, echando moros en la costa. Corrió hacía la cocina, agarró un vaso, sirvió agua y tomó, se secó los labios con el brazo para luego regresar al cuarto, dio un paso saliendo de la cocina cuando chocó con un pecho, firme y caliente. Sabía a quien le pertenecía.

—Lily. ¿Qué haces levantada tan tarde? —la cuestionó.

—Tenía sed, tu deberías estar vigilando —le respondió juguetona. El peli-azul enarcó una ceja junto con una sonrisa coqueta.

—Igual que tú —vio como Teddy tomaba un vaso para ponerle agua—. Le dijiste —afirmó cambiando de semblante y tono de voz.

—Era lo mejor, ¿no te parece? —lo miró a los ojos, quería ver su expresión. Aunque no estuviera sonriendo se le veía feliz.

—Sí, sin duda —se estaba sintiendo incómoda, vio como él bajó la mirada para ver lo que llevaba puesto, ella también la agachó, se reflejaba la playera blanca, que apenas cubría los muslos de la pecosa—. No veas, depravado —le dijo tratando de ocultar su sonrojo detrás de las cortinas color rojo intenso. Decidió no decir nada, dándole la razón.

Ambos se encaminaron a la entrada de la casa, acompañando el uno al otro, estaba refrescando, hace rato no estaba tan frío el tiempo. Se abrazó a sí misma, dándose calor con la frazada. Teddy vislumbró la acción de la ojiverde, se quitó la chaqueta para ponerla encima de sus hombros, le quedaba bastante grande, a comparación de él era bastante menuda. Estando detrás de ella le abrazó la cintura, casi llegando por debajo de sus senos, pues la diferencia de tamaños le hacía extender hacia abajo los brazos. Apoyó su quijada en la cabeza pelirroja, inhalando tranquilo, por la estabilidad que le causaba tener a Lily cerca. Era un gesto de confianza que se tenían ambos.

—Esta casa perteneció a… —dijo ella dejando suspendida la oración.

—Mi abuela y abuelo, se la iban a regalar a mis padres, pero fue demasiado tarde —suspiró, era difícil para él hablar de ellos.

—Lo lamento —le dijo en un susurro.

—Yo también.


Me encantaría saber si les está gustando el rumbo de la historia.

Por cierto, me entro curiosidad, ¿desde qué país me leen? Déjenlo en comentarios.