Capítulo V: Big Bang
Advertencia: escenas de violencia.
- Hijo de puta – decía Quinn que venía renegando con las manos en sus bolsillos, acerca de la charla que había recibido de Russell – y ahora llego tarde, y a la mierda, que el profesor me va a retar – susurraba ella enojada, no preocupada por lo último sino por todo lo ocurrido con Russell – y para colmo, Rachel estará sentada con esa montaña andante – decía hasta que literalmente vio cómo estudiantes venían corriendo hacia ella, en dirección a la salida, misma que estaba detrás de ella, estudiantes aterrados, gritando.
Eso alarmó a Quinn que inicialmente no entendió el motivo - ¿Qué carajo? – se preguntó, de eso hasta que oyó el primer disparo y todo en su cuerpo se paralizó del terror.
Ella conocía perfectamente el sonido que producía un disparo, Russell había muchas veces intentado enseñarle a disparar, pero ella nunca quiso, Frannie sí, por lo mismo sabía cómo sonaba los disparos de las armas de diferente calibre y tipo.
Su padre, era un coleccionista de las mismas y eh de ahí, que ella sepa distinguir los diferentes sonidos.
Quinn volteó a ver hacia la puerta, ella estaba a diez metros de la misma, podía irse y salvarse, ya está, estar sana y salva en el otro lado, esperando a los resultados de la ruleta rusa de esos psicópatas.
Ella pudo irse.
Sólo le tardó un segundo en tomar su decisión.
…
- Mierda, mierda, mierda ¡ - exclamaba Tina aterrada dentro de la oficina de Sue Silvester – ¿ese vidrio y las cerraduras, resistirán? – le preguntó a Sue quién se acomodó en su sillón, mismo que daba directo a la puerta, ella negándose a ceder, Tina encorvada en el piso igual que Mercedes y Artie, tratando de no estar expuestos.
- Soportará – dijo ella firme, agarrando con ambas manos con fuerza su sillón, firme y decidida a esperar el pandemónium.
…
- No puedo comunicarme con Tina – susurró Mike muy preocupado, él sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared adyacente, lejos de la vista de la puerta, junto a Rachel, Finn y Puck.
- Maldita sea, mataron a Matt – repetía Puck debatiéndose entre aterrado, y encabronado por ese hecho.
Ellos preocupándose, queriendo estar lejos de la puerta, cuando frente a ellos había unas ventanas superiores expuestas que por estar altas, no pensaron en tapiarlas.
- No puedo localizar a nadie, no hay red – susurró Rachel, con Finn abrazándola
- Parece que ese cabrón de mierda, cortó o bloqueó la red celular de algún modo – acotó Puck mirando su propio celular.
- ¿Qué significa eso? – preguntó Finn confundido.
- Significa que llegaron a la dirección, ahí tiene un bloqueador de telefonía – replicó Rachel que ante la mirada confundida de su novio siguió añadiendo – Finn la usaron en el último exámen final para que la gente no pudiera copiar.
- Sí buena suerte con eso – dijo Puck sarcástico, ya que él había hecho mucha plata al vender las respuestas de los exámenes, mismas que había obtenido al robarlas de la oficina de Figgins el día anterior, él mismo.
- ¿Quién falta? – preguntó Rachel apoyándose en el pecho de su novio, mientras él la abrazaba.
- Falta mi babymama – dijo Puck asustado – tengo que ir a buscarla, tengo que asegurarme de que esté bien, nuestra hija Beth – añadió él preocupado.
- ¿Dónde está Quinn? – preguntó Rachel de pronto necesitándola ahí junto a ella, sólo para ver que estuviera bien.
Finn renegó un poco, él quería que Quinn estuviera bien, claro que sí, sólo que bien lejos de su novia y él, de ahí la molestia.
- ¿Kurt y Blaine? – preguntó Finn por su hermano recordándolo y olvidando temporalmente que él mismo le había dicho que pasaría ese día con su novio.
- No están – dijo Rachel – están a salvo – recordándole que ellos estaban en la casa de campo de la familia de Blaine.
- Sam está en la enfermería – soltó Finn después.
- Mercedes y Tina están juntas – dijo Mike – ella es muy lista, sé que está a salvo – añadió intentando convencerse de ser positivo – y si están juntas, Artie también, sólo lo sé, tienen que estar bien – su novia era muy amiga de Artie, por lo que él sabía que debían estar juntos.
- Sí, tienen que estar bien – repitieron el resto de los chicos, al menos agradecidos a que estuvieran juntos y no solos y perdidos.
Todos encogiéndose al escuchar el sonido de los disparos.
Muchos disparos más de por medio, gritos, risas y carcajadas macabras de estos estudiantes, quienes iban, uno al lado del otro peinando el pasadizo, entrando en zonas comunes, tal cuál fue la cafetería.
Ni bien pisaron la cafetería, vieron a varias personas intentando ocultarse y fallando - ¿me quedo o me voy? – le preguntó una chica desde el suelo con mucho miedo, a pesar de que lo conocía a ambos de toda la vida.
Ambos la miraron, y le dijeron que sí, ella se paró y cuándo les dio la espalda, uno de ellos le disparó en el cuello, con lo que la chica cayó al piso, sujetándose la herida, de la cual salía sangre a borbotones, con la cual ella se empezó a ahogar.
- Mira que sonido hermoso hace – dijo el primero mirando a la chica agonizar, ladeando la cabeza, cómo si fuera una obra de arte muy macabra.
Varios de los chicos gritaron ante ello, el segundo levantó su arma y disparó a cada uno de ellos, procurando no matarlos a la primera, si no hacerlos sufrir.
Ambos chicos, vestidos con jean, zapatillas, capucha negra, pañoletas en el rostro, de modo que sólo se veían sus ojos, ambos con bolsos medianos, dónde guardaban más armas y municiones, suficientes para hacer ese día infame, memorable, ese era su objetivo.
…
- Eso no está pasando, no está pasando – repetía tal cual mantra esta chica que estaba con Sam, ella aterrada por todo.
Sam volteó a verla, ella era muy joven, mucho más que él - ¿Cómo te llamas, y en qué grado estás? – le preguntó mirando él atento al lado del pasadizo que se podía ver, atravez de la pequeña ventana de la puerta de enfermería y por ratos a esta chica.
- Soy Daniela, estoy en primero – respondió ella susurrando, sollozando aterrada.
- Eh Dani, ¿te puedo decir Dani? – le preguntó Sam
Ella asintió.
- Dani, todo irá bien – le dijo él, ella negó con la cabeza.
- No lo sabes – replicó.
- No lo sé, tienes razón – susurró Sam, yendo a su encuentro y cogiéndole la mano, a ella que estaba sentada en la camilla – pero tengo que obligarme a creerlo, tienes que creerlo, sólo así se hará realidad – acotó, pidiéndole con la mirada que lo acompañe a refugiarse contra la pared y lejos de las ventanas y puerta.
Cosa que ambos hicieron.
Segundos más tarde, el primer pistolero arremetió contra la puerta de la enfermería, Sam tuvo que ponerle la mano en la boca a Dani y abrazarla muy fuerte, para que no grite o salga corriendo, intentando mantenerla lo más silenciosa que pudiera.
El chico del otro lado se rió intensamente al creer escuchar murmullos o jadeos.
- Abreme la puerta ¡ - gritó queriendo forzarla, pero no podía, Sam la había bloqueado hasta el tope del techo, con el escritorio, anaqueles, y todo lo que pudo conseguir - sé que estás ahí, te oigo llorar ¡ - gritó el pistolero – ábreme la puerta, maldita mierda ¡ - siguió gritando.
Dani se acurrucó lo más que pudo con Sam, ambos temblando, refugiándose detrás de una camilla tumbada, ambos pegados lo más que pudieron al suelo.
Segundos después, se escucharon más pasos y conmoción – no pierdas tiempo, avanza – le pidió el segundo tirador.
Sam que estaba dentro creyó reconocer la voz de uno de ellos, más no le encontró el sentido, entonces lo atribuyó al susto inmenso que tenía y que por el mismo podía estar equivocándose.
No podía ser él, era casi imposible, lo más factible era que fuera Jacob, no él.
…
- No nos podemos quedar aquí – susurró Santana a su novia.
- ¿De qué hablas? No podemos salir – susurró Brittany, ella acurrucada sobre su novia.
- Bebé, si el malnacido atraviesa la puerta, no tenemos oportunidad, no hay dónde escondernos – replicó Santana mirándole intensamente, rogándole moverse de ahí.
- No, es peligroso – replicó Brittany negando con la cabeza.
- Amor, de las dos, eres la más inteligente – dijo Santana besando dulcemente a su novia – y sabes que, si seguimos aquí, hay un chance enorme que nos maten.
- Lo sé – dijo finalmente Brittany cogiendo con ambas manos el rostro de su Sanny, y mirándola con mucha dulzura aún bajo la intensa oscuridad del armario.
Ambas se dieron un dulce beso, y un abrazo de oso muy fuerte, ambas cobijándose en la otra, antes de pensar en seguir y salir.
…
- Maldita sea – susurró Russell aun manejando de camino al aeropuerto, mirando por el espejo retrovisor, cuándo estaba cerca de la casa Fabray.
Ambos habiendo decidido viajar al menos el fin de semana a reconectarse cómo pareja.
- ¿Qué pasa? – preguntó Judy mirándole.
- Quinn ha olvidado su bolso, ¿cómo va a asistir a su último día de clases sin sus libros? – se preguntó
- Talvez si no hubieras sido tan duro con ella esta mañana, no lo hubiera olvidado – le replicó Judy.
- No fui duro – acotó Russell mirándole de reojo.
- Rusell – dijo firmemente – si quieres que esto funcione, no puedes volver a viejos patrones – replicó ella y él con sus directivas se acercó a la que era su anterior casa – voy a recoger algunas cosas más, aprovecha y vuelves al colegio que está cerca – apenas unos quince minutos – le devuelves su bolso y le habla cómo el padre que debes ser.
- Amor – se quejó él – si no soy duro con Quinn se perderá – se justificó él.
- Ya se ha alejado Russell, ella no es Frannie, no todos los hijos salen cómo esperas – le dijo ella – mi hija es perfecta cómo es - y tomando su mano le pidió – por favor, ella es más sensible, lo oculta, pero yo lo sé, que soy su madre.
- Beth… - intentó decir él, pero Judy le interrumpió diciendo – Beth es una bebé maravillosa, es perfecta y Shelby la va a cuidar y amar toda su vida. Ella no es un error, el error nuestro de no ayudar a Quinn a su tiempo, imagínate lo que hemos perdido, ella pudo vivir en esta casa Russell ¡ - exclamó ella imaginando la bebita correr por la casa.
- Tuvo una hija sin casarse, y a los 16 años – replicó él intentando mantener la calma y no estallar con ella. Al Quinn matar su fantasía de la imagen perfecta, con la perfecta casa blanca.
- Sí, sabes ¿a quién me recuerda eso? – preguntó Judy mirándolo con cariño.
- ¿A quién? – preguntó desafiante.
- A ti
- ¿A mí? – replicó él
- Sí, a ti, ya no quieres recordar, que me pediste matrimonio a los 16 años, amenazaste a tu padre, de dejar todo y robarme si no te ayudaban a conseguir lo tuyo ¿recuerdas? – le preguntó dándole un apretón a su mano.
Él asintió.
- Quinn se parece más a ti, de lo que quieres reconocer. No tendremos la imagen perfecta que quieres, pero soy feliz tal cual, soy muy feliz así, ahora lo veo, mi gran error, el no decírselo a Quinn cada día, el hecho de que la amo más que a mi propia vida, y que ella es perfecta tal cual, Russ no me hagas elegir, Quinn puede pensar lo contrario – dijo con pesar – pero la elegiría mil veces, a Frannie y a ella – sentenció dándole un beso en la mejilla y saliendo del carro para entrar en su casa.
Russell se quedó en el auto pensativo sólo un momento, él quería a su hija, claro que sí, a su modo retrógrado.
- "No tenemos la imagen perfecta, pero soy muy feliz" – le había dicho su aún esposa.
- Yo también soy feliz contigo – susurró él mirando a su esposa alejarse para después entrar a su casa – y con Quinn – añadió volteando los ojos – cuando respeta las normas.
Ughhh
Él era un hombre muy obtuso, machista, conservador, y bastante retrogrado, él adoraba a Frannie, ya que era tan, pero tan perfecta según su juicio, más Quinn, le provocaba mucho estrés y trabajo.
Aun así, él guardaba fotos de sus dos bebés en su billetera, las mismas que veía todos los días, antes de iniciar su día.
- ¿Acaso cometí un error contigo Beth? – se preguntó él apenas hablando, por temor que alguien lo escuchara hablar así y mirando hacia todos los lados.
Él sabía que ella era un gran error, no la bebé, sino dejarla ir, él lo sabía, pero no podía decirlo en voz alta.
Su machismo no le permitía reconocerlo.
Peor aún, su orgullo, el orgullo Fabray.
Y con eso en mente, cogió del asiento trasero el bolso de su hija para colocarlo adelante e ir con él al colegio, sin pensar que el mismo estaba abierto y de él cayeron algunas cosas.
- Carajo Quinn – susurró él haciendo una mueca, ya que tendría que recoger todo, y demoraría más, por ende – ves que me das más trabajo – añadió hablando cómo si ella estuviera ahí con él.
Russell soltando una exhalación, salió del carro, para después montarse en el asiento trasero y recoger las cosas que se habían caído del bolso de su hija, entre ellas su celular.
Russell con toda la curiosidad del mundo, empezó a revisar rápidamente todo, para después seguir con el celular detalladamente y con paciencia.
Él sacando y explotando su lado de investigador al máximo.
- Sin código de desbloqueo – susurró volteando los ojos, empezando a revisar los mensajes, las llamadas todo – hija de puta – susurró después empezando a encabronarse cada vez más con cada cosa que encontraba.
Entre ellos, muchos mensajes, y todos a Rachel Berry:
"…lo siento mucho, te extraño.
…fue un beso, Rachel, sólo un beso. No es para que me evites para siempre.
…bien, quieres ignorarme, pues a la mierda entonces…"
Literalmente un segundo después…
"…lo siento, lo siento mucho, no quise decir eso.
…te extraño.
…me sentí eterna, y tú?
…fue un accidente, un accidente que quiero repetir.
…podemos hablar hoy?
…bien, me dejas en visto, pero que sepas que igual vamos a hablar. Ahora duerme bien y te extraño"
Y muchos más mensajes y llamadas, que daban a entender que Quinn le dio un beso a Rachel, ambas estaban confundidas e ignorándose por ello, más Rachel, y que Quinn estaba buscándola.
Russell estaba rojo, de ira, de incomodidad, de todo – hija de puta ¡ - susurró con ira, por más que él adoraba a Judy – mejor que estés en público, sino voy a matarte – añadió totalmente furioso y fuera de sí.
Ese era otro problema que tenía Russell, estallaba muy rápido de ira, y aunque le duraba poco el estallido, le duraba mucho el enojo.
Russell cogió el auto e hizo un camino de 15 minutos de conducción en cinco, de lo rabioso que estaba.
Él llegó al colegio, estacionó al frente y entró rápidamente, ni bien entrando al mismo, gritando - Lucy Quinn Fabray ven aquí inmediatamente ¡ - le gritó a espaldas de ella, apenas 10m de separación entre ambos.
Quinn gritó del susto de oírlo – ahhhhhhh ¡ - y después al verlo, cuándo se giró hacia él, alertando de paso a uno de los pistoleros, mismos que se habían separado después de llegar a la enfermería, uno seguía en el primer piso y el segundo subiendo las escaleras para ir al segundo piso, teniendo el colegio cuatro pisos en el lado sur y tres en el norte.
- Quinn, es Quinn, tenemos que ir ¡ - soltó Rachel queriendo pararse a alcanzarla, más Finn le cogió el brazo pidiéndole que se siente y que siga ahí, junto a él.
…continuará…
...
Nota:
- Esta historia tendrá 14 capítulos.
