Capítulo XII: Ya decidí

- Eh Quinn, tranquila, tranquila – el pidió él parándose y poniéndole una mano en la mejilla, lo que asustó más a su hija.

Ambos esperaron un poco más, en otro silencio de lo más incómodo si es posible.

Ambos esperaron hasta que Quinn se calmó.

- Lo sé hace mucho, y aunque no lo creas, no lo condeno del todo – acotó sorprendiéndola, ya que era lo mejor que podría obtener de su padre, desde siempre.

- Woahhh, yo, me he quedado sin palabras – soltó suavemente.

- Lo supuse – le replicó sentándose otra vez, soltando la mano de su niña.

Ambos no estaban acostumbrados al contacto físico.

Incómodo.

- ¿Quieres que te cuente, cómo lo sé? – le preguntó y ella asintió diciendo – sorpréndeme – causando una sonrisa en Russell, ya que esa era su frase favorita.

- Bueno, empecemos – soltó él - ¿recuerdas el esposo de tu hermana? – le preguntó mirándola y ella asintió – viajé a verla en otoño, fui a su casa, quería sorprenderla, de camino a ella, se me hizo de noche, por lo que me hospedé en un hotel, uno lujoso.

- Así tenía que ser – pensó Quinn en el caso de su padre.

- Él estaba entrando al hotel con otra chica que no era tu hermana… - siguió él

- Mierda – soltó Quinn

- Mierda en serio – replicó él – por lo que lo esperé a que saliera del mismo, lo sorprendí en la calle, y lo convencí que viniera junto a mí, al callejón adjunto, dónde le rompí ambas piernas con una barra de acero.

Quinn abrió los ojos muy grandes.

- Estaba engañando a tu hermana, Quinn – se justificó él – y lo iba a matar – siguió y Quinn asintió pensando que su padre era muy capaz de todo – o a dejarlo paralizado mínimo – soltó como si fuera nada, cómo decir "quiero comer una galleta de coco" – me preguntó ¿por qué? Y yo respondí "por qué estás engañando a mi preciosa hija" y ahí el me soltó la verdad de todo.

- ¿Cuál era? – preguntó Quinn, ya sin preguntar si su supuesto yerno le había demandado y en fin, ella sabía que no, que el chico de repente debía estar aterrorizado de Russell, escondiéndose en un bunker o algo similar.

- Él dijo que tuvo un accidente de auto y así quedó – le dijo antes cómo leyendo la mente de su hija – él me dijo que mi "hija perfecta" – él copió las comillas – estaba casada con una modelo y que él era su tapadera, su mejor amigo, nunca se casó con él, sólo lo escenificó.

- No lo vi venir – soltó Quinn sorprendida.

- Yeahhh, yo tampoco, cómo comprenderás destrocé todo el cuarto de hotel – siguió y Quinn asintió – me obligué a calmarme y a no buscarla, ya que hubiera sido un enorme error – y sí, podría habido ponerse muy violento físicamente con ella, aunque fuera la primera vez – contraté un investigador privado y ahí conocí a la esposa de tu hermana.

Una mujer elegante, decidida, caritativa, muy hermosa – Quinn asintió, eso era importante para su padre, que la pareja sea ideal, para así que sus nietos salieran lindos, ese era un parámetro muy importante para Russell, por más de la situación recontra obvia – y una mujer que sonreía en todas las fotos a tu hermana, de una manera tan especial que sólo vi una vez, y esa vez, fue la de tu madre hacía mí y viceversa.

Ahí me di cuenta que, Frannie seguía mintiendo para hacerme feliz, pero no se mentía así misma para ser feliz, o talvez sí, ya que se alejó y mucho, pudiendo trabajar en la misma firma que yo – ahí Russell mostró un poco de pena, al tener a su niña lejos de él, todo por su pensamiento retrógrada.

- Cuando la llamo aún me sigue mintiendo – soltó levantando ambos hombros.

Quinn tomó aire un poco, obligándose a ser valiente y preguntar - ¿Y Rachel?

- Eso es simple, tienes la misma mirada y sonrisa que Frannie hacia su esposa, todas las mujeres Fabray la tienen, Quinn – replicó él mirándole.

- Ohh – soltó Quinn

- Y está el hecho, de que pudiste escapar fácilmente y no lo hiciste, pusiste tu vida en riesgo para salvarla a ella y sólo a ella, Finn nada que ver, sé que no das un centavo por él, por lo que no necesitas mentirme – dijo y Quinn asintió, era muy difícil mentirle al rey del engaño.

Ambos asintieron y se mantuvieron en silencio por un largo rato.

Con Quinn pensando y repensando, preguntándose que conllevaba que Russell supiera que ella estaba enamorada de Rachel. ¿Qué pasaría ahora?

- Como comprenderás, sé que no eres suicida, pero dado los hechos, no pude convencer a tu madre, de que no asistieras a terapia psicológica – dijo y Quinn volvió a asentir lentamente, de eso no se salvaba.

...

Rachel venía caminando por el pasadizo, meditando si debía irse un mes de vacaciones con Finn, es decir, sonaba alucinante, pero Quinn seguía en el hospital y ella quería verla.

- ¿Un consejo? – preguntó su padre

Quinn se puso muy roja, si ya sonaba muy loco que su padre, medio aceptara a Rachel, recibir un consejo romántico de él, era totalmente loco, nunca se lo había podido imaginar.

Quinn carraspeó un poco, y su padre le alcanzó un poco de agua para que tome – hmmm – murmuró Quinn – papá tengo éxito con quién elija – se dijo ella canchera y su padre se rió junto a ella.

- Amor – soltó él, causando incomodidad con Quinn – ok, lo entiendo, aún no es momento – dijo y ella asintió – ok Quinn, las mujeres Fabray siempre han sido conquistadas, pero no saben conquistar – dijo y ella se quedó pensativa, era verdad, ella no había estado en ese lado de la ventana.

- Quinn, en nuestra sangre está el saber manipular, someter, y vulnerar la mente humana – soltó y Quinn aunque asqueada por los términos entendió que sí, eso era cierto – si lo haces bien, puedes tener a Rachel en un dedo de la mano – acotó mirándola – pero si lo haces, todo puede terminar terriblemente mal – básicamente una introducción a lo que él hacía para ganar sus casos, eso y "niega, niega, niega, hasta el final" – por lo que mi consejo es, que seas cauta, nada más, eso le gustaría a tu madre que te dijera – finalizó él sonriendo tal cual lo hacía cuando ella era una bebé, su bebé.

Quinn se quedó en silencio un rato, hasta que preguntó - ¿Entonces es cierto que sí me amas? – le preguntó con la voz entrecortada, arriesgándose a ser ridiculizada, sintiéndose muy vulnerable.

Su padre que estaba sentado, se paró y le dijo – sí mi amor, yo te amo – con la voz igual de entrecortada – cometí muchos errores, y el sólo pensar que ya no puedes estar más, fue un choque de lo más violento, bebé – acotó con mucho sentimiento, haciendo que Quinn llorara por la confesión de él.

Dándose cuenta él que, si, su hija pudo morir, y ella se hubiera ido pensando que él la odiaba, cuando lo de él era más un amor duro, ante las expectativas de perfección que tenía por ella.

Él creía que Frannie tenía la perfecta imagen de familia que él quería, pero todo estaba más alejado de la realidad, su hija le había mentido por muchos años, sólo porque temía su reacción.

Eso, fue lo más fuerte para él, al Frannie ser imagen de perfección ante sus ojos.

El sólo hecho de mentirle, porque puede que esté aterrada de él, fue un golpe demasiado fuerte, un despertar, fue lo que necesitaba para que él evaluase su vida, y vea, que sí, según lo que le dijo su esposa, él estaba muy equivocado y no podía seguir así.

Él tenía que cambiar, y de golpe no iba a ser, pero tenía que iniciar el cambio, puede que haya muchas cosas que no pueda aceptar, pero por sus hijas, por su esposa, por su familia, tenía que hacer el intento.

Él quería juntar a James con su hija, y mira, lo que había hecho ese muchacho, imaginar que él lo quería para su niña, sólo por ser una copia de él a esa edad, fue demasiado fuerte, fue un error enorme, James la pudo haber matado.

Eso lo hizo despertar, eso y el hecho de que su hija menor pudiera morir, a tan tierna edad, sólo porque él tenía la cabeza en su culo.

Muy violento.

Quinn estaba llorando emocionada por la declaración de su padre.

Russell parado a su lado igual de emotivo, pero negándose a llorar dado que él pensaba que era signo de debilidad, y ¿Quién dijo que un viejo lobo no podía cambiar? Puede cambiar, pero no de golpe, no iba a cambiar en todo, por un paso habría de empezar.

Que un viejo cambiara sus hábitos, iba a tomar de demasiado de todo, voluntad, tiempo, dedicación, de todo, mucho.

Quinn estaba llorando.

Rachel entró a su cuarto y confundió la escena, y explotó.

Ella dio una diatriba apasionada y muy larga del porqué Quinn Fabray era un regalo del cielo, cómo Quinn le había llamado antes a Rachel, pero esta vez Quinn, y el por qué Russell Fabray era un cabrón dominante, homofóbico, racista, clasista, machista, retrógrado y muchos más adjetivos de pedacito de mierda.

Ella olvidó temporalmente que se trataba de un señor de edad, diciéndole de todo lo bueno, nada, porque a su juicio no lo tenía, y de lo malo, mucho, mucho, demasiado, todo lo que él era y más.

Russell se giró al oírla impresionado de su apasionamiento y del hecho que estaba defendiendo a su Quinn con todo el corazón y el alma, de él, reconociendo de que se trataba de una mujer valiente, culta y apasionada.

Insultándole sí, pero con muchos términos educados se podría decir, la mayoría, nada vulgar, aunque él se lo mereciera y así lo aceptaba y lo sabía.

Él la escuchó, respetándola talvez por primera vez en su vida, él giró su cuerpo hacia Quinn, en medio del discurso de Rachel, asintiendo a Quinn, cómo dándole el reconocimiento de "conocer a la aún no novia de su hija."

Su aprobación, podría decirse.

Eso fue talvez lo máximo que Quinn podía conseguir de su padre para con Rachel, en ese momento, dado que su hija amaba a Rachel Berry.

- …y por todo ello, usted se puede ir al mismísimo infierno, y salir de un carajo, de aquí, a la de ayer ¡ - le pidió ella estirando su mano hacia la puerta para que el viejo, se fuera y dejara a Quinn en paz.

- Bueno, bueno – dijo él divertido levantando sus manos en señal de paz – serías gran abogada si quisieras – añadió mirándola divertido, apreciando su apasionamiento – nos vemos amor – le dijo a su hija antes de salir del cuarto.

- ¿Qué le has dicho viejo de m…? – preguntó al aire con Russell pasando a su lado, ella pensando que Russell la pudiera estar insultando, para después darse cuenta de que no, él le había dicho "amor".

Eso la descolocó, la desconcertó, por lo que dejó de mirarlo y se volteó a ver a su Quinn, todavía llorando.

- ¿Amor? – le preguntó

Por lo que acudió a ella con gran rapidez – oh no, Shhh, shhh Quinn no llores – le pidió secando su carita con unas toallitas húmedas que cogió de la mesita de al lado – Shhh, shhh tranquila, shhh bebé – le dijo cariñosamente, por lo que Quinn paró, ahora su rostro muy hermoso, sus ojos color avellana resaltándose mucho más, al estar rojos por el llanto anterior, su boquita en puchero, su rostro sonrojado por el apelativo.

Ufffff

Ella estaba muy hermosa.

- Mierda – soltó Rachel con la boca abierta hipnotizada por ella - me haces jurar mucho – soltó divertida con una risita propia de los nervios.

- Lo siento – dijo entrecortada producto de lo rasposo de su garganta por el mismo llanto.

- A la mierda – volvió a jurar Rachel ante el ceño fruncido de Quinn, y un gesto de lo más confuso – toma un poco – le ofreció un poquito de agua - ¿bien? – le preguntó y Quinn asintió lentamente – ok – soltó Rachel para después con ambas manos coger su carita, acercarse y besarla.

Holy Fuck ¡

Awww

Un beso delicioso, suavecito al inicio, suspiros sueltos, un roce que se convirtió en mucho más, la adoración al labio superior de Quinn, y luego al inferior, el monitor de latidos como loco, el sonidito de motor tan adorable que hacía Quinn al respirar producto de su nariz rota, el tener que parar de Rachel a regañadientes para que Quinn pueda respirar, y lo delicioso que sintió al poder retomar así, en un beso mucho más largo.

Todo, ante suspiros y gemidos de ambas, sorprendiéndose Rachel cuando Quinn levantó su mano derecha para coger su mejilla muy suavemente, cómo quién acaricia algo muy pero muy delicado, como tocar una rosa, así de delicado.

Ambas se besaron con mucho sentimiento, con mucha emoción, anhelo, deseo, ya no había duda alguna de que fuera un roce, ya que no era un roce, ambas lo deseaban, ambas se necesitaban.

Quinn soltó una exhalación una vez Rachel se separó y un gemido tan pero tan sentido que Rachel pensó que se pondría a llorar de nuevo, por lo que aun cogiendo su carita con ambas manos besó sus ojitos, su nariz, sus mejillas, su boquita, varias veces, hasta que ella empezó a reír, y después su mano, dándole un beso sonoro, sólo para hacerla reír un poco más.

Awww

Quinn la miraba como una maravilla, cómo la maravilla que era.

- "Si la manipulas, si la vulneras" – repetía la voz de su padre en su mente.

Quinn no quería hacerlo, ella la quería bien.

- "Se cauta" – también había dicho su padre.

Y tampoco lo quiso hacer así, ella aún no estaba lista para gritar su amor desde la cima de una montaña, pero tampoco iba a jugar a lo tonto.

Ella iba a hablar con la verdad, con el corazón.

- Creo que me gustas – dijo con voz ronca y muy sexy.

- Woahhh – soltó Rachel al quedarse sin palabras, ella con el corazón a punto de explotar, derritiéndose después por la sonrisa de Quinn – awww – arrullándola, para quedarse sonriéndola con la gran sonrisa de ella, marca Berry.

- ¿Crees? – le preguntó divertida.

- Estoy segura – atinó a decir Quinn sonriente.

- Hmmm – murmuró Rachel con una muy linda sonrisa, una que hacía que el estómago de Quinn se sienta divertido, como si Dumbo volara dentro e hiciera acrobacias.

Hubo un silencio entre ambas uno cómplice y divino.

De eso, hasta que entró Finn mirando raro a ambas - eh, ¿qué pasa? – les preguntó.

- Que acabas de entrar – dijo Quinn señalando lo obvio.

Rachel rió por la obviedad.

- Si bueno – soltó él enmoscado – amor, ¿ya decidiste, nos vamos a New York? – le preguntó frente a Quinn, pensando que eso le quitaría la sonrisa a Quinn, pero no se la quitó.

Ella ya había decidido, y Rachel era para ella, así demore todo el tiempo que pudiese pasar. Ella había decidido que tendría a Rachel en su vida y haría todo lo posible para que ambas pudieran tocar las estrellas.

Rachel miró confundida entre ambos que parecían estar mediando una lucha sobre quién cabrea al otro más rápido.

- Eh no sé aún Finn – respondió ella.

- Creo que deberías ir – soltó Quinn.

- ¿Eh? – dijeron ambos, tanto Finn como Rachel.