¡Hola! Llevaba un tiempo con la idea de hacer un songfic rondándome la cabeza, así que, ¿por qué no hacer una recopilación de todas aquellas canciones que me inspiren a escribir sobre ellos?
Un detalle que siempre me ha gustado es el de meter frases de la canción en cuestión dentro del propio fic, así que he hecho lo propio y aparecen destacadas en cursiva.
"Daylight", de Taylor Swift, es la primera con la que empecé a plantear escenarios en mi cabeza, así que no había otra forma de empezar este fic que con ella.
Espero que os guste, y cualquier review será agradecido. Sobra decir, que si alguno de los lectores que pueda llegar a tener esta historia se siente con ganas de sugerir alguna canción sobre la que escribir que le recuerde a nuestra pareja favorita, lo haga. Yo estaré encantada de ponerme a ello con las canciones que me dejéis.
Sin más, te dejo que disfrutes de la lectura.
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Título: Daylight (Taylor Swift)
Localización temporal: Guerra Mágica.
Plot: Draco Malfoy, la guerra, y el verbo ver. Y después, todo era luz.
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Sabía que nunca había sabido lo que era querer bien, que el amor que él había experimentado siempre había sido cruel, como todo lo que él conocía. Pero todo se tornó más real en el momento en que la vió.
Había reparado en ella millones de veces durante muchos años, se habían cruzado innumerables veces, le había dirigido miradas que mostraban diversas emociones negativas, sí. Pero era la primera vez que la estaba viendo, y ocurrió en el momento menos oportuno, pero quizá, a la vez, el más preciso.
Draco corría, varita en mano y cara ennegrecida por la cantidad de ceniza que inundaba el ambiente del castillo. No sabia que rumbo llevaba, solo sentía que tenia que huir. Evitaba usar la varita para algo que no fuese defenderse de hechizos desviados o intencionados. Solo podía pensar en cómo estaría su madre, en como no estaba protegiéndola, en cómo podría estar ocurriéndole cualquier atrocidad en ese instante…
Divisó a la comadreja Weasley, con ese pelo inconfundible que ni el serrín conseguía apagar lanzando hechizos a uno de los mortífagos con toda la fuerza de la que era capaz. Muy cerca de él estaba la cabellera platina de Lovegood, haciendo lo propio. Pero a ella se la encontró de sopetón.
Giró bruscamente en la esquina de uno de los pasillos del castillo. Y ahí fue. Ahí la vió. Tenía la coleta deshecha, con mechones de pelo revoltoso cayendo alrededor de su cara, acunándola ferozmente. Draco paró en su carrera unos momentos para ver el espectáculo bélico que era Hermione Granger. Y tras haberla visto, ya no quería ver nada más que no fuese ella.
En esos segundos que había pasado contemplándola, un mortífago se le acercaba por detrás a toda prisa mientras Granger estaba demasiado concentrada en desviar los hechizos que le mandaba el que la estaba manteniendo ocupada. El Bombarda que Draco lanzó fue algo espontáneo, que sobresaltó tanto a él como a la leona, quién buscó instintivamente la fuente de la explosión, encontrándole a él y provocando un cruce de miradas. Su expresión confundida apenas duró, puesto que en seguida volvió al combate.
Sin embargo, el furor de la guerra no le permitía detenerse demasiado. Se guardó el recuerdo de la Gryffindor al fondo de su cabeza, no queriendo volver a pensar en algo que no fuese ella. Por suerte, una voz en su cabeza le recordaba que aun estaba en pleno campo de batalla y necesitaba seguir adelante, no recrearse en un pensamiento, y de no ser por él, no hubiera podido poner sus piernas a funcionar.
Esquivó nuevos hechizos en su carrera de magos y brujas pertenecientes a ambos bandos, y no pudo evitar pensar que había estado hiriendo a los buenos y que había confiado en los malos. Todo ese tiempo había estado convencido de que estaba limpiando el aire, cuando solo estaba respirando el humo que él mismo había provocado. Así fue como Draco Malfoy, en medio de aquella guerra, comprendió lo que más temía y que en el fondo siempre había sabido: que había estado equivocado.
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Se había hecho de día y no había más que capas y varitas tiradas por el suelo. La guerra había terminado. Y con ella, todo tenía más luz.
El Señor Tenebroso había sido derrotado.
Draco estaba sentado sobre unos escombros, aliviado. Su madre estaba bien, y se había despedido de sus dos progenitores alegando que necesitaba pasar unos momentos observando el castillo destrozado a la luz del día antes de volver a casa. No podía evitar sentirse como si se hubiese pasado una eternidad dormido en la noche más oscura que existiese.
Escuchaba a sus compañeros hablar, reír, celebrar. Otros lloraban. Habían sufrido innumerables pérdidas. Pensó en Theo, Blaise, Pansy… todos ellos habían abandonado el lugar con lo que quedaba de sus familias al momento en el que el Señor Tenebroso cayó. Pero no él. Su madre había contribuido y él, aunque en mucha menor medida, también. Se levantó y, tras un último barrido del lugar, decidió que era momento de marcharse a casa. Se hizo paso entre las personas de su alrededor, siendo consciente de que estaría recibiendo miradas de muchos tipos: rabia, pena, compasión, asco.
Sabía que debería estar sintiendo vergüenza, pero no.
Era alivio lo que sentía.
Ahora solo veía luz.
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Un año después, Draco recibió una invitación para visitar Hogwarts. El castillo había sido remodelado y estaba listo para volver a acoger al alumnado en su interior, y para celebrar los eventos acabados y la victoria conseguida.
El heredero de los Malfoy vistió una túnica negra fina acompañada de una capa del mismo color, siempre haciendo gala de su fino estilo, aunque debajo de aquella fachada de elegancia, se escondía un niño nervioso. Iba a volver a verla. Por supuesto, le había seguido la pista muy fácilmente: Hermione Granger, heroína de guerra y cerebro del Trío de Oro, era portada todas las semanas, y Draco se detenía a leer hasta el más banal de los artículos.
Se apareció en las afueras del castillo, tragando saliva y con la compostura que se esperaba de él. Se encontró en los jardines del castillo con Blaise Zabini y procedieron a entrar al imponente lugar que habían visto por última vez reducido a escombros. Y ahora estaba maravilloso.
El moreno el dio una palmada en la espalda a Draco, con la confianza entre dos amigos, gesto que él agradeció.
-No tienes de qué preocuparte.
Asintió lentamente, como toda respuesta. Tanto Theodore Nott como Blaise habían sido los únicos con los que Draco se había abierto en todo lo que le había ocurrido en su vida, así que, ¿cómo no hacerlo con el que quizá era el evento más inesperado? Al principio con cierto rechazo, pero con el tiempo los tres se habían hecho a la idea de que lo que le había pasado a Draco era algo más que una alucinación producto del frenesí de la guerra, como había supuesto Theo con su fría lógica al enterarse. Iba mucho mas allá.
La velada comenzó tranquila, cruzando miradas con gente a la que había llegado a conocer, aunque no a un vinculo más estrecho. Cosa de Slytherins, suponía, mantenerse unido solo a su propia camada de serpientes. Sin embargo, la calma acabó cuando aparecieron ellos, los héroes de guerra. Aunque el tiempo se detuvo para Draco cuando apareció ella. Todo el mundo se sumió en una oleada de aplausos, gritos y vítores, pero él solo atinó a mirar en su dirección. A verla.
Draco Malfoy siempre había pensado que el amor sería negro y blanco. Luego, pensó que el amor, en realidad, era rojo. Al fin y al cabo, ella era una leona. Pero allí, en ese mismo instante, se dio cuenta de que no. Era del color de su vestido, del color del aura que desprendía allá donde iba. Del color que tenía el cielo el día en el que la guerra se ganó.
El amor era dorado.
Y así fue como, con la garganta seca y la mirada gris más tranquila que nunca, Draco pensó que no quería que fuesen las cosas que había odiado las que le definiesen. No. Iban a ser las cosas que amaba.
Sin más, decidió esperar al momento que sabía que iba a ocurrir. Dejó que Hermione Granger riera con todo aquel que se la quiso acercar a hablar con ella, que fuese la perfecta locutora, que abrazase y besase a todo aquel que le agradecía lo que había hecho mientras ella, humildemente, se quitaba importancia. Y, después de eso, la predicción de Draco se cumplió. La leona, al fin y al cabo, no era la persona más social del mundo y necesitaba un respiro de toda la atención, así que se adentró en uno de los balcones que ahora estaban en el Gran Comedor. Draco Malfoy respiró hondo, agarró dos copas de ponche y desapareció tras la misma cortina por la que lo había hecho ella apenas tres minutos antes.
-Buenas noches, Granger.
Y con esas tres palabras, ambas miradas volvieron a cruzarse, de manera más cálida de la que lo hicieron por última vez. Hermione Granger cambió su expresión de una de falsa felicidad, esperando a alguien que quisiese recordarle que era la bruja más brillante de su generación, a una de curiosa tranquilidad al ver al rubio. Eso era todo lo que él necesitaba.
Somos de quién queremos.
Y él era de ella.
