Hola. No me presenté en mi primer post, pero como técnicamente aún seguimos en el primer capitulo esto debería contar como saludo. Como ya saben, es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado a Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capitulo 1 y 1/2: Expectativas irrazonables

Una figura monstruosa surgió de la pantalla de mi computador de escritorio.

En mi desesperación intente conectar con medio mundo, pero por desgracia, la telefonía móvil nunca ha sido mi aliada más confiable.

La puerta se bloqueo, los cristales se endurecieron. Sin darme cuenta quede atrapado en mi propio cuarto y sentencié mi final. Nunca imaginé que me matarían en mi propia habitación, siempre pensé que moriría atacado por una manada de hienas, o devorado por una ballena azul (Si, si, ya sé que solo comen kril, pero no confío en esos animales), pero supongo que esta muerte también está bien. Tal vez incluso se creen historias de terror en honor de mi trágica y horrorosa muerte.

O eso pensé.

Solo pasaron unos segundos (A mí personalmente se me hicieron horas), pero tras decir mi nombre esa criatura comenzó a retorcerse violentamente mientras agarraba su garganta. Desde mi perspectiva (No se que pensaran los demás) parecía estarse ahogando. Por alguna estúpida razón, me acerque al extraño fenómeno, en vista de que parecía inofensivo. Grave error. Tan pronto me puse al alcance de la criatura me atrapó entre sus brazos… extremidades… miembros… tentáculos… o lo que fueran, y me atenazó con una fuerza tremenda.

Estúpido era la única palabra que cruzaba mi mente para describirme a mí y a mis torpes decisiones en ese momento.

Pero fuera como fuera, tuve suerte, pues la fuerza abandonó su agarre, y lentamente cedió hasta que finalmente me liberé de… errr… esa cosa.

Su boca, o el lugar donde debería estar su boca, parecía estar obstruida por su propia piel, como si hubiera sido cosida. De hecho, su nariz, sus ojos, sus oídos, todo parecía estar sellado por una membrana de piel sanguinolenta que le daba un aspecto realmente desagradable. De donde no había, saque el valor para tocar su cara y hundir con fuerza varios de mis dedos en vista que sus movimientos perdían energía a un ritmo alarmante. Termine por atravesar la membrana que cubría su rostro, y lo siguiente que escuche fue una fuerte aspiración.

Esa cosa, fuera lo que fuera, estaba respirando.

Mis sospechas resultaron ser ciertas, esa criatura estaba ahogándose.

Algo suave y húmedo estaba tocando mis dedos, que asqueroso. Para empezar, ¿Dónde demonios tenía mi mano?

En algún momento la curiosidad superó al miedo, y con la otra mano, lentamente comencé a retirar el tejido rojizo que envolvía al energúmeno que uso mi monitor para entrar a mí habitación.

Cuán grande fue mi asombro al darme cuenta que lo que estaba adentro de esa desagradable tela, era una persona. Más que eso, era una mujer. Tez clara, un largo cabello oscuro, y uno labios rojos, donde estaban metidos los dedos de mi mano derecha.

Parecía bastante agotada, pero por otro lado, yo había considerado ya que había sido suficiente ayuda. Le había salvado la vida después de todo. Más sin embargo, la joven no parecía compartir dicha idea, me agarro con fuerza tan pronto recuperó el aliento. Cuanta fuerza tiene, casi me deja a mí sin aliento.

Lentamente fue recuperando la consciencia, y sus jadeos pronto comenzaron a adquirir algo de sentido. Poco a poco comenzó a abrir sus ojos, recorriendo mi habitación con la mirada. Se veía algo aturdida.

– A… A… Aleksai… Alek… Aleksai Isley… Aleksai–

Solo seguía repitiendo mi nombre aleatoriamente, hasta que recobró por completo el conocimiento.

– Alek… ¡Aleksai!–

Inmediatamente tras gritar mi nombre afianzó su agarre aún más. Sus ojos verdes ardieron como la guerra misma, y me enseñó los dientes por debajo de sus labios escarlatas.

Parecía enojada.

A razón de forcejear consiguió liberar uno de sus brazos de la membrana. Luego se detuvo por un momento, como si estuviera pensando en algo, entonces, me soltó y rápidamente giro sobre sí misma y de un salto se alejó de mí, cayendo sobre sus rodillas. Con su mano libre desesperadamente intento deshacerse del pellejo en el que estaba envuelto el resto de su cuerpo, lanzándome ocasionalmente una mirada desafiante.

Como sea. Era mi oportunidad de escapar. Discretamente intente retirarme, pero la joven gruñó al verme mover, y adquirió una pose más agresiva. No dejaba de vigilarme con aire amenazante. Lentamente levante mis brazos y llevé mis manos hacia lo alto en un esfuerzo de mostrarle que no tenía nada con que lastimarla, idea que pareció funcionar, pues al parecer bajo su guardia. No obstante, cualquier intento de alejarme terminaba en otro gruñido.

– Tranquila… No tengo nada… Ahora se una buena salvaje y déjame ir lentamente– Le hablé como perfectamente le pude hablar a un perro

Arrancó un enorme trozo de esa tela de sangre, dejando desnudo su pecho. Se cubrió con una mano, mientras yo, en un admirable esfuerzo por evitar una erección, me acerqué lentamente hacia la puerta, aprovechando que aún estaba distraída en sus… bueno, en sus cosas.

Removió otro pedazo de membrana de sus piernas, y yo, por otro lado, estaba ya a punto de alcanzar la puerta.

Aparecieron sus pies tras quitar un pedazo más. Para ese momento ya había alcanzado el pomo de la puerta, que buena onda. Lentamente comencé a girarlo intentando provocar el menor ruido posible, cosa que por desgracia no sería posible, pues el candado de la puerta al desbloquearse produciría un sonido lo bastante fuerte para escucharse en toda mi alcoba.

Clank

No es que no me lo esperara de todas formas. Escuche un gruñido a mis espaldas, que pronto se convirtió en un grito de guerra, pues tan pronto abrí la puerta me levante de un brinco como un conejo asustado y empecé a correr como nunca en mi vida entera. Sin embargo falló todo intento de escapar, pues la joven se abalanzo sobre mí como un lince y de nuevo consiguió inmovilizarme. Caí de cara sobre el corredor. Había salido de mi alcoba por lo menos, es un avance.

Estaba boca abajo contra el suelo, mientras la mujer de cabello negro me tenía subyugado.

Uno de sus lindos piececitos mantenía mi cabeza bien pegada al suelo con ternura, mientras el resto de su bien formado cuerpo estaba haciendo presión sobre mi espalda.

No puedo dar más que una vaga descripción de que posición había adoptado aquella joven para someterme, pues mis ojos no podían ver más que el suelo del corredor de mi casa.

Esto no está funcionando, hora de apelar por la diplomacia. No hay problema, esto es mi especialidad.

Ahem.

– Creo que no tuvimos un buen inicio, señorita acosadora, mi nombre es… Ángelo Vencellinni, vengo de Roma, Italia, ahora dígame, ¿Quién es ese Aleksai del que me habla?– Mentí en un mal fingido acento de capo italiano

– Qui-en… Quiii… Quiii… ¿Qui-eneres…?–

Vaya, eso casi parece español, creo que estoy consiguiendo algunos resultados. Pero ¿"Quieneres"…? Tal vez quiso decir: ¿Quién eres?

Bueno, da igual.

– Angelo Vi…–

– Men… Men… Me-e-nti-i-roo– Fui interrumpido.

En un penoso castellano, como si estuviera aprendiendo a hablarlo, creo que esa persona tan rara, que estaba envuelta en sangre y que salió de la pantalla de mi ordenador acababa de decirme "mentiroso", en su extraño dialecto.

Pero a pesar de que pareciera, o intentara parecer, tan calmado, esta situación no tenía sentido matemático para mí. Estaba aterrado.

Esa mujer… ¿Quién era? ¿Por qué había salido de mi ordenador? ¿Por qué me buscaba? ¿Dónde escucho mi nombre? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Dónde habré dejado las galletas? ¿Por qué no me han baneado aún después de dejar tantas partidas? ¿Por qué me hago estas preguntas si de todas formas nadie las va a responder?

Esas maléficas dudas me habían atormentado durante cada día de mi vida. Bueno, solo las 2 últimas, pero en cualquier caso, era una situación bastante misteriosa, y sobre todo de cuidado. Un paso en falso y una pica voladora saldría girando contra mi cabeza… otra vez.

De cualquier forma…

– Suéltame. Quien quiera que seas, si entiendes lo que te digo, entonces suéltame. SU-EL-TA-ME. Es bastante sencillo, mi querida salvaje, solo tienes que levantar tu delicado piececito de mi cabeza y quitarte de encima– Eso dije.

….

No dio resultado. Parecía bastante cómoda ahí arriba.

Tengo que admitir que, después de comprobar que era humana… o que por lo menos tenía forma humana, mi nerviosismo se redujo considerablemente. Tanto que, incluso me atreví a arrastrarme aún con ella sobre mi espalda. Curiosamente, no parecía molestarla.

Desde que mantuviera contacto conmigo, o por lo menos desde que me mantuviera controlado, no parecía importarle lo que hiciera.

Me arrastre hacía las escaleras. No sé porque se me ocurrió la tonta idea de bajar con ella aún sentada sobre mí. Tal vez pensé que ella se levantaría al verlas, pero independientemente de si lo pensé o no, esa chica no se movió un solo centímetro, y por supuesto, torpemente caímos rodando hasta llegar al primer piso.

Estaba algo mareada.

Tenía ambas manos sobre su cabeza, haciendo un gesto de dolor bastante adorable.

Viéndola así, en realidad era bastante linda, aunque su rostro estuviera cubierto con sangre, y su cabello pareciera una masa gelatinosa de fresa mal refrigerada.

Al verla tan vulnerable, pensé que no sería mala idea ofrecerle el baño de mi casa para que aseara su cuerpo. En realidad; una linda joven bañándose en mi casa mientras estamos los 2 solos… desgraciadamente no tiene nada con que vestirse más que una modesta toalla… no es un mal desarrollo…

Shejejejeje… Ah, estoy babeando, necesito una servilleta… disculpen.

~Ahem~.

La joven estaba a menos de 3 pies de distancia.

No escaparon de mi atención un par de pequeñas lágrimas que brillaban en el borde de sus ojos, mientras pasaba sus manos por su cabeza en un intento de aliviar el dolor. Que linda.

Abrió sus húmedos ojos y me busco con la mirada.

No le fue difícil encontrarme, estaba frente a ella. Sus ojos verdes se enfocaron en mi rostro.

Me permití tomar el riesgo de levantarme aun sin su consentimiento, escuchando el leve bufido que siempre profería al verme mover, y le ofrecí mi mano para levantarse. No dudo un solo instante en agarrarla y halarme hacia ella. Mi pobre equilibrio desapareció en un instante, y caí sobre su pecho por "accidente", mientras ella sujetaba mi cuello con ambas manos.

No salió como esperaba (¡Juro que no era mi intención!). Tratar de liberarme de sus brazos no era solo una mala idea, también era imposible. Era locamente fuerte, tanto que si quisiera, fácilmente podría quebrarme el cuello en esa posición. Trague saliva.

Empujé una silla cercana con el pie en medio de mi frustración.

El sonido de la silla estrellándose contra la pared la asustó, y aunque me encantaría decir que fue planeado, me soltó momentáneamente por pura casualidad. Era mi oportunidad. Me levanté de un salto, y ya de pie me reí con cinismo, entonces le ofrecí mi mano de nuevo. Una vez más, la loca mujer intentó la misma maniobra, pero retiré la mano antes de que pudiera halarme hacia ella nuevamente y la pase por mi cabello haciendo el gesto de peinarme. Oh por Dios, eso debió verse bastante ridículo.

"Tch", resopló molesta. Cínicamente reí para mis adentros.

– Levántate. A-rri-ba. Ponte de pie– le dije lentamente.

Entendió el mensaje. De mala gana estiró la mano. La tome con mi mano izquierda y la levante.

Era muy ligera.

Casi como una pluma. No me costó nada de esfuerzo levantarla.

Lentamente, la guie hacia la habitación del baño. Abrí la puerta y la insté a entrar. Apretó mi mano con fuerza y me dirigió una mirada que expresaba desconfianza.

¿Acaso pensaba que estaba guiándola a una emboscada?

Alargue mi mano hacia el lavamanos y abrí la llave. El sonido del agua pareció sorprenderla un poco, pues se estremeció levemente y dejo escapar una suave exhalación.

– Esto es un baño, un baño, ¿Entiendes?–

Acerque mi mano a su rostro y arranque un pedacito de sangre seca, y lo pasé enfrente de sus ojos.

– Aquí puedes limpiarte. Lim-pi-ar-te– Repetí haciendo fuerte énfasis en la palabra "limpiar" mientras movía mi mano derecha circularmente haciendo el ademán de la antedicha acción.

Pareció entender el concepto.

Sin soltar mi mano, se acerco a la tina y tímidamente la recorrió con su mano izquierda, que permanecía libre, alejándola al ver como los restos de membrana solidificada se resquebrajaban y caían sobre nuestra blanca bañera.

Creo que la vi sonrojarse por un momento.

Hablando de sonrojarse, si esto fuera un anime, yo estaría rojo como un tomate. Había intentado no prestar demasiada atención antes, y deliberadamente decidí no hablar sobre el tema por respeto a la audiencia ceñida a la moral pública y a esa sarta de valores éticos que pintan los comerciales cristianos sobre la relación del hombre con la mujer, el matrimonio y la circuncisión del prepucio, pero una hermosa mujer desnuda estaba de pie frente a mí, y para acabar, se negaba a soltar mi mano. ¿Acaso intentaba hacerme perder la razón? ¿Quería hacerme circuncidar?

¿Dónde quedaron los folletos de 3 centavos sobre los pecados de la carne que te venden en cada esquina los seguidores de esas nuevas religiones emergentes?

Yo mismo responderé a esa pregunta: Ni se, ni me interesa. Para empezar no abro las puertas a ningún amable creyente que se digne a pasar por este templo de lujuria a ofrecerme la salvación.

Lo diré directamente, aún cubierta de sangre y de fluidos, no hacía falta muy buena vista para darse cuenta de lo atractiva que realmente era.

Incluso me atrevería a decir que se trataba una belleza.

Mis instintos masculinos se encontraban en un estado de hipersensibilidad que jamás había experimentado antes, ni siquiera con la revista más costosa que hubiera comprado, o el video con la actriz porno más reconocida. Ah, no es como si yo pasara el día sumergido en ese tipo de entretenimiento, lo juro por la virginidad de mi hermana… la mía ya la perdí. Que desgracia… en realidad yo… Ahem~

Como sea. Me encontraba en una situación que estaba más allá de lo que mi libido podía manejar.

No, no. No es el momento de pensar en esto. Si me arrestan por violación no podré jugar por… nunca más. O al menos no hasta que mi hermana pague por un abogado. Como sea.

Abrí la llave de la tina, que pronto comenzó a llenarse con agua caliente. Recelosamente, la joven paso una a una sus bellas piernas dentro de la tina, y se ubicó dentro lentamente.

Ella se sentó en la tina dándome la espalda.

Para mi sorpresa soltó mi mano, y me dio entera libertad para marcharme.

O eso pensé.

Tan pronto me di vuelta, rápidamente paso su mano por encima de su cabeza y sujeto mi camisa, sin siquiera darse vuelta, como si fuera una especie de ninja. Cuanta fuerza… fue capaz de detener mi cuerpo entero solo con su mano izquierda. Gire mi rostro hacia ella, que aún me daba la espalda, y con la otra mano me hizo una seña indicándome darme vuelta completamente, entonces, tiro un par de veces de mi camisa, instándome a hacerlo de forma inmediata.

Me gire tal como me lo pidió.

Estaba sentada sobre el borde de la bañera, su rostro observaba a la pared. Todo lo que podía ver espalda cubierta por su cabello negro.

Con sus manos, aparto su cabellera, y la paso por encima de su hombro izquierdo, dejando al descubierto su suave y pálida espalda, salpicada trozos de sangre.

Que significa esto. ¿Quiere que limpie su espalda?

¿Qué clase de situación cliché es esta?

Me quedé pasmado por unos segundos, mientras ella pacientemente esperaba que lavara su ensangrentado cuerpo, como una princesa que nunca ha necesitado hacer nada en su vida.

Ah, reaccioné tras verla temblar levemente. En realidad, a pesar de que el agua estuviera tibia, esta época del año es particularmente fría, así que sin duda comenzaría a sentir frío si se mantenía por fuera de la bañera por mucho tiempo.

Bueno, siempre quise vivir esta clase de situación de todas formas.

Di un par de pasos hacia atrás, me armé con una esponja, jabón líquido y champú, y un delantal atado en mi cintura. La muchacha solo permaneció sentada, con sus ojos cerrados, en la más absoluta calma. Empapé la esponja con el jabón, y suavemente, describiendo orbitas circulares, pasé la esponja por su delicada espalda, limpiando toda la suciedad que la contaminaba.

¿Había dicho antes que mi libido estaba al límite? Ah, pobre, pobre de mí, que tonto e inocente solía ser hace 2 minutos, pequeño virgen ingenuo, jajajaja, niños… Esto sí es llevar mi perversión al límite. No podría desear con más fuerza convertirme en mis propias manos. Es más, casi todo mi ser estaba concentrado en ellas, que tenían el privilegio de tocar semejante suave piel. Creo que el resto de mi cuerpo las envidiaba, tanto que planeaban matarlas y tomar su lugar. Mis pies maldecían tener que tocar el piso. Mis ojos maldecían solo poder ver. Mi lengua maldecía estar dentro de mi boca. Todos querían ser manos en ese momento.

Malditas manos suertudas, como desearía ser ustedes.

Ah, lamento eso.

Lo siguiente que hice, después de casi acabar mentalmente… quiero decir, después de lavar su espalda, fue cubrir su largo cabello negro con champú y lavarlo de la mejor manera que estas torpes manos mías podían.

O de la mejor forma que se me ocurrió.

Es lo mismo.

Deslicé mis dedos entre sus cabellos, suavemente masajeando cada hebra hasta dejarla reluciente. Masajeé y masajeé su cabeza. Luego tome su cabello desde las puntas, y desterré de él toda la suciedad que opacaba su belleza.

Después de 10 minutos de lavado ininterrumpido, enjuague su cuerpo entero usando un tazón con agua caliente. Un leve gemido, producto de sentir el agua caliente corriendo por su espalda, por parte de la joven, casi me hace llegar a un clímax, digamos espiritual. Qué bueno que pude contenerme.

Le acerqué una toalla, y esa fue mi cuasi-sexual experiencia en el baño con una belleza desconocida.

Demonios… que buena suerte tengo. Ah, saliva de nuevo.

Como sea.

La chica envolvió la toalla alrededor de su cuerpo, y tan pronto salió de la bañera, agarró mi mano nuevamente. Casi a rastras me saco del baño.

Pareció familiarizarse bastante bien con la arquitectura de mi hogar, pues rápidamente ubicó las escaleras y las subió junto conmigo. Eso hasta que me resbale con un vibrador y caí rodando por las escaleras. Ella bajo diligentemente y me subió de nuevo, pero para mi desconcierto, volví a resbalarme con el mismo vibrador y rodar escaleras abajo hasta quedar estampado contra la pared.

Al parecer agoté su paciencia. Bajo, se dirigió a la cocina y arrojo una docena de cuchillos al escalón del vibrador de la muerte, que quedo ensartado como una salchicha italiana, y me agarro de la mano bruscamente y terminamos al final de la escalera… de alguna manera que definitivamente no la involucraba a ella cargándome en sus brazos. Lo que sea.

Me llevo de nuevo hasta mi cuarto, lugar en el que previamente fui víctima de un susto que casi me provoca un paro cardiaco, y me dijo lo que serían probablemente sus primeras palabras inteligibles en español:

– Tú eres… un prisionero, Aleksai–


Y eso es todo por ahora. Espero que disfruten leer este relato tanto como yo disfruté escribiéndolo, y que con suerte les saque alguna risa, o el hipo por lo menos. Cualquier recomendación, crítica, queja, insulto, burla, demanda o amenaza pueden dejarlo en los comentarios, los leeré encantado.

Un saludo para todos, y como recomendación del día, limpien bien las escaleras.