Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.
Capitulo 1.2: Revelaciones inesperadas
Si no estoy mal, las palabras que escuché fueron "Tu eres un prisionero, Aleksai".
Honestamente, para ese momento estaba más enfocado en su esbelto, y no obstante voluptuoso cuerpo envuelto en una toalla húmeda. Su pecho era bastante grande. Solo sé que, en ese momento, el tiempo se dilato lo suficiente para que yo pudiera sentir como si hubiera visto ese perfecto y celestial cuerpo por años y hubiera envejecido hasta convertirme en un vil anciano verde y pervertido hasta la medula de sus decrépitos huesos. Incluso pude sentir mi propia muerte, y ver mi cuerpo pudrirse en medio de su degenerada perversión hasta convertirse en materia prima para futuros pervertidos como yo. Fue hermoso.
Mi legado perdurará, murmuré mientras una cálida lágrima recorría mi mejilla.
Aun así, entendía que realmente solo habían pasado unos segundos, y que todos los años que sentí en mis carnes fueron producto de mi retorcida mente.
Ella me observó con sus siempre serios ojos.
– Eres un prisionero… Aleksai–
Ella lo repitió.
Repitió lo que dijo. Como si saliera de un trance, reaccioné a sus palabras y le pregunté qué era lo que quería decir con eso.
– ¿Qué significa eso?–
– Significa lo que significa –Dijo ella en un español bastante fluido, que no me esperaba pudiera hablar– Ah, ya me adapté al dialecto local. Me disculpó si cause algún malentendido
Dijo educada y humildemente. Sin embargo, las faltas lingüísticas eran lo último que podrían importarme en esta situación.
En realidad esta persona frente a mi parecía carecer completamente de sentido común. Arrojo una pica contra mi cabeza, apareció de la pantalla de mi ordenador cubierta de sangre, salto sobre mí y me dio a probar el sabor del suelo con sus propios pies, y se disculpa simplemente por no conocer el idioma. ¿Qué clase de idiota es ella?
Eso me hubiera gustado decir, pero no tenía el valor suficiente para hacerlo.
– Tú… ¿Por qué estás aquí?– Le pregunté en su lugar
Ella me clavó sus ojos verdes. La intensidad de esos ojos tan hermosos me hacía desear apartar la mirada, como si estuviera viendo al sol directamente.
– ** ****** ** ******* **** *********–
– ¿….? –
– Discúlpame, por favor, aún no me acostumbro al dialecto local–
Una vez más, en un educado tono, ella se disculpó por algo sin importancia.
– Estoy aquí, porque quiero que participes en una guerra– Esta vez, en un nítido e inteligible español, ella me aclaró sus intenciones.
– ¿Cómo que una guerra? ¿Qué significa eso?–
– Significa lo que significa– Respondió a secas
– No, no. No te estoy entendiendo, ¿Solo llegas aquí y me dices que participe en una guerra porque eso significa lo que significa? Y en cualquier caso, ¿En esta clase de situaciones se supone que debes decir algo como: Por favor, ayúdame a traer paz a mi mundo, o algo así?–
– ¿Te sentirías mejor si utilizara esas palabras? De acuerdo, entonces por favor ayúdame a luchar por la paz, Aleksai– Me replicó sin cambiar de expresión
Esto ya es una estupidez. Esta conversación no me está llevando a ninguna parte, así que tendré que dejar las cosas en claro de una vez.
Yo me negaré a cumplir su petición, me dije.
– Lo siento, pero no pienso entrar a una guerra– Me negué, tal y como había dicho.
– No tienes la potestad ni la libertad de rechazar, Aleksai, tu eres un prisionero– Sin embargo, a esa mujer no podría importarle menos mi opinión
– ¿Prisionero? ¿De quién?–
– Bien, por el momento no hay autoridades presentes, así que supongo que tendré que tomar tu custodia en mis manos. En esta oportunidad, dadas las circunstancias, tú serás mi prisionero– Me respondió ella
– No puedes hacer eso, ¡no he hecho ningún crimen aún!– Protesté
– No eres un criminal. Eres un prisionero. En cierta medida, yo también lo soy–
Entre más discutía más me confundía, como una mosca que se enreda más en una telaraña entre más lucha por soltarse. Por algún motivo, no necesariamente legal ni moral, soy el prisionero de esta señorita.
Le pregunté por qué me quería a mí precisamente, en vista de que argumentar con ella no me conduciría a nada productivo.
– ¿Por qué quieres reclutarme para esa guerra? No tengo ninguna cualidad física destacable, tampoco soy una persona importante, ni nada por el estilo– Pregunté
– No te menosprecies, si eres importante. Eres importante para ganar esta guerra–
– ¿Para qué clase de triste guerra podría ser importante yo?–
– Hmmm… tal vez me haya dado a entender mal. Permíteme explicarte la situación desde cero en ese caso, por favor –Dijo ella en un tono bastante serio– El mundo del que provengo ha sido destruido en una guerra. Es decir, la guerra ya está perdida–
Así que una guerra perdida… Hmmm, de acuerdo, admito que eso ajusta bastante bien a mis cualidades.
– Por lo tanto, los sobrevivientes escapamos a través de singularidades de Kerr a este mundo–
– ¿Singularidades? ¿Quieres decir agujeros negros? – Pregunté.
– Bueno, ¿eso creo?– Me contestó dubitativa
– Así que tu "crees". ¿Sabes siquiera que es un agujero negro? ¿Podría ser que no tienes idea de lo que hablas? –
– ¡No, no, no! ¡Claro que lo sé! –Ella negó ese comentario enérgicamente– Sucede que no entiendo muy bien la teoría de las cuerdas, es todo, es todo, es todo, ¡lo juro!–
– ¿Estas muy, muy segura que sabes lo que es?–
– Por supuesto... es un tipo de… agujero en el papel…–
En un tono serio, ella dijo lo que perfectamente pudo decir un niño de 10 años pretendiendo negar su ignorancia, sin que su rostro hiciera una sola expresión.
Me di un momento, muy personal, para reírme de su ignorancia.
– Como sea. Entonces… ¿Cómo llegaste aquí?– Continué
– Te digo que llegue atravesando una singularidad de Kerr– Me respondió en voz baja y tenue.
– Si, ya lo sabía, solo quería ver si realmente recordabas el nombre. Dime ¿Sabes que es una singularidad de Kerr? –
– ¡Ya deja de molestarme por no saberlo!– Vociferó algo ruborizada. Una insolente sonrisa se torció en mi rostro, no podía esconder el placer que me provocaba molestarla.
Disculpen, ahora en serio.
Singularidad de Kerr-Newman, o agujero negro de Kerr-Newman. Una grieta en el tiempo-espacio. Supuestamente, esa mujer había llegado aquí usando uno de esos. Había escuchado que era posible generar una versión en miniatura de estos agujeros colisionando partículas en un acelerador de hadrones gigante en Suiza pero… ¿Qué tiene eso que ver con mi ordenador? ¿Por qué habría una singularidad de Kerr-Newman dentro de la pantalla de mi computador? ¿Acaso el bajo nivel de calidad de Windows había trascendido los clásicos pantallazos azules de la muerte hasta llegar a los agujeros negros?
Que falta de respeto por el consumidor.
Bueno, como sea. Quejarme no hará que mejoren la calidad del sistema. Dejando eso a un lado, la idea de que ella venga desde otro mundo usando un agujero de gusano en realidad no parece tan descabellada, ahora que lo pienso más detenidamente… incluso es plausible. Quiero decir, originalmente yo pensé que ella era algún tipo de aparición espiritual, y que toda esta situación era obra de magia negra o brujería, probablemente provocada por Anderson. Quiero decir Andrés. De hecho estaba a punto de llamar a la policía e inculparlo por todo esto, y sugerir que lo quemaran en la hoguera.
Por suerte parece ser que ese no es el caso.
Bueno admito que aun después de todo esto tenía la intención de llevar la policía a su casa, solo para molestar, pero el saldo de mi celular se agoto, así que desistí. Además quedo enterrado en la pared.
No lo puedo sacar.
Maldita sea…
Como sea.
– He venido aquí, desde un mundo destruido. Perdimos la guerra, fallamos. Nos vencieron. Fuimos derrotados por completo. Nunca tuvimos oportunidad– Dijo, enfatizando con crudeza la parte de la derrota.
– Si la guerra está perdida, ¿Entonces por qué estás aquí?–
– Soy una sobreviviente, he venido hasta este mundo junto a los pocos restos de la academia de guerra. Estoy aquí simplemente porque conseguí escapar, nada más ni nada menos–
Ella es una sobreviviente de un mundo que ya perdió la guerra. En ese caso, ¿Qué guerra deseé ella que yo luche?
Mientras analizaba sus palabras, ella me sorprendió abruptamente mascullando la siguiente frase:
– Me presento, soy un ninja de la ya destruida Jonia, Akali, el puño de la sombra–
¿Qué?
No, no es ¿Qué?, es "¿Qué?". Me refiero a que no estoy preguntando: ¿Qué? anonadado ante el hecho de que esa mujer se identifico a sí misma como Akali, lo cual por supuesto despertaría en mi la más grande sorpresa y me dejaría sin más palabras en la boca que una mal pensada y mal planteada pregunta, sino que directamente estoy haciendo referencia a la palabra, en su forma interrogativa del idioma español, "¿Qué?". Si, así es. Directamente estoy mencionando la palabra como si no tuviera relación al caso, pues si de algo estoy seguro es de que esa palabra no salió de mis labios. En esta casa en la que vivo, la palabra "¿Qué?" no se escuchó esa noche.
Yo nunca, en ningún momento, pregunté torpe y aleatoriamente "¿Qué?" cuando escuche decir a esta extraña mujer que su nombre era Akali. Nunca se me cruzó por la cabeza preguntar "¿Qué?" ni por un solo segundo.
No la dije yo.
No la dijo nadie.
¿Por qué diría "¿Qué?"?
¿Por qué diría yo semejante estupidez si escuché bien lo que ella dijo?
¿Por qué las personas insisten en preguntar "¿Qué"? al escuchar una revelación impactante aunque escucharon perfectamente y sin problemas lo que se les dijo?
¿Por qué pierden el tiempo esperando obtener la misma respuesta?
Haré el ejemplo yo mismo, y usaré precisamente esta situación como muñeco de pruebas. Esto es lo que hubiera sucedido si yo hubiera preguntado "¿Qué?" en el momento en que me reveló su nombre:
– ¿Qué? –En un tono estúpido y sorprendido, yo le pregunté que había acabado de decir, aunque la había escuchado con claridad
– Te dije que mi nombre es Akali– Me respondió, aunque yo ya lo sabía.
– Ah… ¿Y cómo está el clima?–
¿Lo entienden ahora? En esta conversación hipotética se perdieron aproximadamente 3 segundos valiosos. Si por cada cosa que me sorprendiera yo preguntará "¿Qué?" aun conociendo la respuesta, entonces probablemente habría perdido ya un día de mi vida en medio de preguntas y respuestas inútiles y poco originales. El español es sorpresiva y decepcionantemente sencillo, no es ni turbio ni enigmático. Por lo tanto, preguntar "¿Qué?" con cara de idiota provocaría que ella me respondiera algo inevitablemente ambiguo como: "Dije que me llamo Akali", y eso no nos hubiera llevado a ninguna parte. Solo estaríamos dando un rodeo. En pocas palabras, hubiera sido perder el tiempo. Así que yo, quien ya sabía esta moraleja, invertí el tiempo que me hubiera tomado preguntar "¿Qué?", en correr a máxima velocidad hacia la alcoba de mi hermana, para tomar un listón azul, y después, invertí el tiempo que me hubiera tomado escuchar la muy obvia respuesta: "Dije que me llamo Akali", en volver hacía el punto de partida, donde esta mujer, Akali, quien había entrado a mi alcoba usando la pantalla de mi computador y que clamaba venir de otro mundo se encontraba.
No hay tiempo para preguntas.
No hay tiempo para preguntar "¿Qué?".
No hay tiempo para mi propio miedo.
Al parecer, ni siquiera tenía tiempo para la gravedad, pues por un momento sentí librarme de ella.
Fue porque salté.
No, en realidad me abalancé.
Me abalancé sobre ella, como un león que salta sobre su presa. Armado solo con un listón azul en mis manos, imitando la soga que un cazador usa para atar las piernas de una cierva asustadiza para que no huya.
Si, ahora ella era una cierva. Una linda e indefensa cierva. Una pequeña y asustadiza cierva sin cuernos para protegerse. Esto es demasiado fácil.
Aunque inicialmente ella me estaba cazando a mí, esta vez los papeles se invirtieron. Ahora yo era quien cazaba. Ahora era ella la presa.
Ella apenas alcanzó a exclamar: "¡E-Espera! ¡¿Qué estás haciendo?!", antes de que mis 63 kilos de peso sometieran su delicado cuerpo y la tiraran contra el suelo. "D-Detente, por favor… ¡Por lo menos déjame ponerme de pie!", "Espera, espera, ¡Escucha lo que tengo que decirte!". Creo que también dijo algo como eso, pero no estoy seguro. No me interesaba en ese entonces, y admito que aun ahora no me interesa tampoco.
Mis manos pasaron por su cabeza, e inmediatamente envolvieron el lazo que había traído en su cabello, atándola de forma improvisada en su cabello.
Mi obra estaba lista. Me levante de un salto y toscamente la levanté del suelo como a una muñeca de trapo. La sacudida la aturdió un poco, y creo que se golpeó la cabeza contra la pared, pero no fue nada grave.
Probablemente.
Da igual.
Como buen artista que soy, di unos pasos atrás para observar el resultado de mi trabajo y dar mi veredicto final. Pase unos segundos observando todo con mi ojo de crítico profesional, y finalmente, haciendo una pose de victoria, levante mi dedo pulgar lentamente y lo deje en lo alto, para finalmente pronunciar majestuosamente, con remarcado orgullo:
– ¡MAGNIFICO, ES PERFECTA!–
Mantuve la misma posición de victoria, que involucraba pararme de puntas y levantar los brazos como una bailarina de ballet, durante unos gloriosos instantes más ante la estupefacta mirada de la persona a quien, de ahora en adelante, llamaré sin temor a equivocarme Akali, ahora con una cola de caballo como debe ser.
Akali, el puño de la sombra.
Por un momento pensé que no podría ser posible. Para mí, la única manera de comprobar que ella era esa Akali, la del juego online League of Legends, era obligarla a hacerse una cola de caballo. Por supuesto, la cola de caballo. Akali es Akali por esa cola de caballo.
No una trenza. Tampoco cabello suelto. El peinado de Akali es siempre una cola de caballo.
Y, sinceramente, le quedaba perfecto. Ahora no me cabía duda que era ella. Además que aún estaba clavada en la pared una de las kamas que ella siempre utilizaba para hacer sus pentakills, aunque en el momento que casi me corta la cabeza la haya descrito como una pica. Por otro lado, por supuesto que aún quedaban muchas más cosas en el aire para andar diciendo que ella realmente era Akali, como que ella es un personaje ficticio de un videojuego, para empezar, pero supongo que, el hecho de que esa chica haya salido envuelta en una membrana desde la pantalla de mi computador, es suficiente para restarle algo de valor a esas dudas insignificantes, y darle peso a la pretensión de que esta mujer frente a mí es la verdadera belleza del kinkou Akali.
En otras palabras, la posibilidad de que una mujer caucásica de cabello negro salga de la pantalla de un ordenador envuelta en una membrana de sangre es tan baja como que un personaje ficticio de un videojuego se materialice en el mundo real. Ambos conceptos son igual de absurdos.
Sin embargo, ella realmente salió de mi pantalla embalada en un traje de sangre, y si algo tan loco como eso sucede, no sería tan ilógico pensar que ella es un personaje ficticio volviéndose real.
– Pero… ¿Qué acaba de pasar?– La cervatilla confundida preguntó.
– Yo… recuperé tu identidad de entre las sombras, y los agujeros negros de Kerr– Respondió el valiente y apuesto león. Y vaya que lo hizo, Akali no es Akali sin una cola de caballo. En realidad, creo que acabo de salvar el mundo. No, tal vez incluso al universo.
– No… tú… acabas de romper unas 7 leyes de la física… ¡Recorriste por lo menos 50 metros planos en menos de 2 segundos! ¡Es absurdo!– Un ninja hablando de física. Lo que me faltaba por ver.
– Una cola de caballo está más allá de la física, ¡No es algo que puedas ver hoy en día!–
– ¡¿Estas diciéndome que violaste las leyes de la física por una cola de caballo, Aleksai?! –
– ¿Qué es esa triste física de la que me hablas?– Pregunté
– Así que ahora no lo sabes…–
– ¿Y Aleksai quién es?– Pregunté
– Incluso olvidaste tu propio nombre…–
Si, lo hice. Por una cola de caballo me olvide del mundo entero. Mi nombre no tenía la menor relevancia en esta situación.
¿Física?
¿Peso?
¿Gravedad?
¿Distancia?
¿Paredes?
¿Personas?
No me hagan reír.
Es una cola de caballo de lo que estamos hablando, no hay tiempo para trivialidades legales. Aún la inmortalidad está muy lejos de ese tipo de pureza. Es más, la sola idea de compararlas es una falta de respeto contra las colas de caballo, así que muérete Kayle. Y tú también buda.
Ah, creo que por un momento, solo por un momento perdí el rumbo de la conversación.
Entiendo que dadas las actuales circunstancias, y juzgando mi comportamiento y palabras previas, ponderando con mano fría puede que lleguen a concluir que existe la ligera posibilidad de que yo padezca alguna clase de fetiche por las colas de caballo, sin embargo, yo me niego a aceptar semejante estigma.
Definitivamente no tengo una obsesión con las sagradas colas de caballo. Las muy sagradas colas de caballo.
No hay manera que su infinita perfección y sabiduría sea la causa de mis noches en vela, y que haya dejado crecer mi cabello recientemente solo para poder hacerme una yo también. Ah, quiero que quede claro que el que mi cabello llegue hasta el borde mi cuello no tiene nada que ver con lo que acabo de decir, y el que tenga negras ojeras bajo mis ojos no significa que sufra de ningún tipo de insomnio. Las pastillas para dormir en la mesa de noche junto a mi cama son por decoración.
~Ahem~.
Como sea. Akali se puso de pie mientras pasaba sus manos por su cabeza. Me observó con una curiosa mezcla de enojo y vergüenza, recriminándome con la mirada un golpe que probablemente le provoqué al saltar sobre ella salvajemente, o tal vez al levantarla del suelo de una sacudida. En todo caso ella se sentó sobre sus rodillas y bajo la mirada al suelo.
Saque unos naipes de su embalaje, y me puse a jugar con ellos para hacer tiempo en vista que el ambiente estaba tan tenso como un arco con una flecha. Sin embargo, Akali reinició la presentación que yo interrumpí.
– Como decía… mi nombre es Akali, mi antigua afiliación solía ser el Kinkou. Me presente a la ahora extinta Liga de Leyendas a la edad de 17 años por recomendación de uno de mis compañeros de escuadra–
Ah, que tenemos, que tenemos, Akali recuperó su usual tono tranquilo y carente de emoción.
Ahora que lo pienso, ella en verdad está hablando de la liga de leyendas. Se me hace algo difícil de aceptar que esté participando en una conversación en torno a un juego en línea con tanta seriedad, como si estuviera en una corte marcial. Bueno, serán cosas mías, supongo.
– Entiendo… –Le contesté– En ese caso, me gustaría preguntar qué guerra fue la que perdieron–
– La guerra… contra el Vacío–
Así que el Vacío. Hmmm… oh, bueno.
Debo decirlo ahora: Honestamente no me extraña que Valoran fuera destruida por ellos. En realidad me lo esperaba. Se podría decir que el vacío, y todos sus representantes, son los villanos por excelencia de League of Legends. Destructivos, inconscientes, despiadados y desalmados. No pelean por ideales o por ambiciones, ni tampoco están interesados en las riquezas o en la paz interna. No protegen nada, no traen nada y no bendicen nada. No desean luchar contra el más fuerte, ni les importa la dominación mundial. No buscan la venganza ni la redención. No ha sido creado el tesoro que pueda seducirlos, ni nacido el rey que pueda dirigirlos. Ellos solo quieren ver el mundo en ruinas, y devorarlo hasta el núcleo de la tierra misma. No existe ningún villano, brujo, nigromante, heraldo, caballero, asesino, rey, tirano, bandido, embaucador o renegado en todo el juego que busque la absoluta destrucción de Runaterra. Solo ellos se comportan así.
Es su único objetivo.
– ¿Hace cuanto se perdió la guerra?–
– El último bastión de Valoran cayó 2 meses atrás, luego de la muerte del hijo del rey de Demacia, Jarvan IV Escudo de Luz–
Pues esto sí que no me lo esperaba.
Jarvan IV murió en la guerra. Uno de los personajes jugables de League of Legends, y heredero al trono de Demacia. Por algún motivo me esperaba que todos los campeones de la liga permanecieran vivos, tal como Akali. ¿Significa eso que más campeones murieron en la guerra? ¿Y, si ese fuera el caso, exactamente cuántos de ellos sobrevivieron, y cuántos de ellos se transfirieron a este mundo como ella?
La duda me intrigó.
– Dime, Akali, puño de la sombra, de todos los campeones de la liga, ¿Cuantos sobrevivieron?–
– Desgraciadamente no estoy informada de la condición de todos los campeones de la liga, pero no sería una exageración decir que más de la mitad perecieron durante la guerra. Por mi parte, solo tengo conocimiento de 37 miembros de la liga sobrevivientes–
– Solo 37… de los más de 120 campeones del juego–
Mi pobre imaginación no podía concebir una guerra de magnitud suficiente como para que murieran cerca de 83 de los que se dicen son los guerreros y hechiceros más fuertes de toda Runaterra.
Debió ser una masacre.
Ujujujujujujujujuju… jujujuju… juju
El sonido de una risita ahogada me saco de mis cavilaciones. Era Akali, quien sonreía por primera vez desde que la había visto… este día ha estado lleno de sorpresas. Forzaba su boca a acallar cerrándola con sus manos, pero la idea era tan ineficaz como tratar de tapar una fuga de agua con las manos. Simplemente se escapa de entre sus dedos. En su rostro, entre sus ojos llorosos y sus sonrientes mejillas rojas se pintaba una obra de arte que difícilmente podría haber inmortalizado aún el artista más grande de la historia del cielo y de la tierra. Agradecí en nombre de mis ancestros caídos, quienes no tuvieron la oportunidad de disfrutar de semejante pieza maestra, y la grabé con ceniza y fuego en mi memoria, esperando poder compartir la experiencia con ellos cuando nos reuniéramos en el más allá.
Mientras yo reflexionaba acerca de la belleza y de la poesía, Akali por su parte parecía cada vez menos interesada en contener la risa, frente a la cual finalmente admitió su derrota ante mis ojos estupefactos.
– Jajajajajajajaja… Oh, en verdad lo siento, Jajajajajajaja…– Musitó casi ahogada por sus propias carcajadas
El castillo de naipes que estaba armando piso a piso según transcurría nuestra charla se desarmo en medio de mi sorpresa. Mis manos no pudieron controlar el espasmo que recorrió mi espalda en medio de mi asombro, y una vez más, torpemente mis dedos destruyeron lo que construyeron.
Akali se tiro de espaldas poseída por la risa, lanzando a volar los escombros que quedaron de mi castillo de naipes por los aires. Por un momento imagine al ver todas esas cartas volando que Twisted Fate rondaba por esta casa jugando con su baraja trucada.
– ¡Jajajajajajajajajajajajajaja! ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!–
No había nadie más en esta habitación no obstante. Solo Akali, quien no dejaba de reír sobre su espalda tirada sobre el suelo, y el estupefacto de mí, quien no podía creer lo que veía.
– Err… Señorita Akali…–
No hubo respuesta. Solo varias carcajadas.
– Discúlpeme por favor, señorita Akali… podría usted…–
Una vez más, mi cordial invitación fue ignorada.
No recuerdo haber dicho nada gracioso.
Ella solo reía como si no hubiera un mañana del que reír. O nadie con quien reír. De alguna manera, su risa parecía algo solitaria.
Kinkou… ¿Qué habrá sido de los otros dos?
– Dis… Discúlpame por favor, joven Aleksai. Yo solo… no pude… –Finalmente ella se detuvo y se disculpó mientras limpiaba las lágrimas aglomeradas en el borde de sus ojos– Kujujujujujuju… Discúlpame por favor. Estas muy bien informado, y solo confirmas los detalles importantes, como un estratega prodigio… un… un estratega… Jujujujujujujujujujuju –A media voz, ella difícilmente pudo terminar la frase.
– ¿Entonces te parezco burlesco de alguna manera?– Le pregunté
La seriedad de repente acudió a su rostro de nuevo, mas no pudo mantenerla, y sonriendo al borde de la risa me respondió:
– Por supuesto que no, es solo que, aunque te hayas negado e insistas en que no tienes ningún valor, tal y como yo pensé, eres la persona más adecuada en todo el mundo para cumplir mi deseo…–
Tras decir eso, ella se levanto y deshizo la cola en su cabello (¡NOOOOOOOOO!). Luego se acerco a mí y me tendió la mano diciéndome aún sin poder esconder su sonrisa:
–…Así que, lo siento Aleksai, pero a partir de hoy, tú serás mi prisionero–
Y así termina este tercer divertido capítulo... preguntas, propuestas, declaraciones, acosos en comentarios y... como consejo de la noche no pierdan el tiempo con preguntas tontas. Y háganse una cola de caballo de vez en cuando.
