Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capitulo 3: De los dos, para ti

7 horas con 35 minutos de la mañana. Día 4 del octavo mes del año… eso significa agosto, imbéciles.

Ah, por "imbéciles" estaba aludiendo a Anderson, y a cualquier persona tan estúpida como para no saber que agosto es el octavo mes del año.

Si, Anderson es una persona con esa clase de idiotez.

Como sea.

Supongo que, incluso para mí, no es el momento de decir eso. No puedo.

Porque ese fue el día, de todos los que he vivido, más cercano. El más cercano.

Fue en ese día y fue en esa hora y fue en ese instante que sentí estar al borde de la muerte. Figurativamente hablando. Más cerca que nunca. Más cerca que cualquier otro día y cualquier otra hora de mi vida. Ahora que me doy el trabajo de pensarlo, han sido ya 22 años. O 261 meses. O 7940 días. O 192720 horas. O 11563200 minutos. O 693792000 segundos. Como lo quieran ver esta bien por mí. Han pasado tantos años, tantos días y tantas horas. Tanto tiempo ha durado mi vida, y aún así jamás había sentido la guadaña de la muerte tan cerca de mi cuello.

¿O en este caso debería decir espada?

La risiblemente larga espada de Yasuo tan cerca de mi cuello. Y seguía acercándose. Muy, muy rápido.

Aquí, recostado en este árbol estoy, y ese sujeto, de pie frente a mí, empuñando su larga cuchilla de acero está a punto de cortarme la cabeza.

Dios, Dios, Dios... hagamos abramos una digresión aquí.


Él me encontró. Seguramente siguió mis huellas en el polvoso suelo de la pista de atletismo, aunque, para ser honesto, no era algo que no me esperara. En primera medida la estrategia que urdí para engañarlo era puramente provisional. Tan solo fue un plan trazado sobre la marcha con el único objeto de conseguirme algo de tiempo para pensar en una táctica más elaborada. Sinceramente, el solo hecho que funcionara no fue más que benevolencia de la suerte.

Una esperanza a la que me aferré desesperadamente. Nunca existió ningún merito real de mi parte.

Como he dicho incontables veces, fue solo suerte.

Ah, pero como sea, diciendo "fue suerte, fue suerte" todo el tiempo no llegaré a ninguna parte. No obtendré ninguna respuesta.

A estas alturas cabe preguntarse, ¿Cómo exactamente llegué a este punto?

Lo engañe. Intenté escapar. Pero a pesar de todo, me encontró y justo ahora, mientras hablamos, está a punto de cercenar mi cuello.

¿Debería admitir que fue un error de cálculos?

Bueno, ciertamente lo haría si lo hubiese cometido, pero ese no es el caso ahora. Más allá de fallas personales, debería simplemente confesar con claridad que el oponente era demasiado fuerte para ganar. Demasiado irrazonable para dialogar. Demasiado hábil para derrotar. Demasiado rápido para escapar. Demasiado astuto para engañar, o al menos lo suficientemente astuto para encontrarme.

En cualquier caso, en cifras frías, este sujeto llamado Yasuo es absolutamente superior a mí.

Bueno, bueno, bueno, en cualquier caso este experimento me llevó a concluir que no puedo escaparme del viento, ni del maldito de Yasuo. Aunque, de cualquier forma, me había dado cuenta de eso hace ya mucho. ¿Cómo sería yo capaz de vencer a una leyenda?

Yo, una simple persona ordinaria.

Absurdo.

En cualquier caso, era mi deber intentar escapar... no, sería mejor decir que era mi deber llegar hasta aquí. Simplemente llegar a este lugar era suficiente… era todo lo que yo tenía que hacer. Todo lo que podía hacer. Sobra mencionar que aunque sabía yo de antemano que escapar de semejante monstruo no surtiría efecto, tenía que intentarlo de todas formas.

¿Por qué?

¿Por qué tenía yo que intentar escapar si de cualquier forma no lo lograría?

Como ya dije, simplemente para llegar hasta aquí. El lugar en el que estoy, este viejo y delgado árbol, en este verde y viejo jardín.

Eso es todo.

Estrictamente hablando no hay forma alguna en que yo pueda vencer.

Es como esperar que un caracol supere a un lobo de una carrera.

Oh, hablando, hablando, hablando justamente de esa clase de animales, si no falla mi memoria, hace tiempo leí una fábula sobre un lobo y un caracol. Era algo así:

Una noche, un lobo y un caracol se encontraron bajo la luz de la luna francesa. Daba la casualidad que sus destinos convergían, pues ambos se dirigían a París. El astuto caracol le propuso al cánido una carrera, y le dijo que el último en llegar le invitaría una cena al ganador. El lobo no le prestó atención y siguió adelante su camino, solo dejándolo con un: "No tengo tiempo que perder", sin darse cuenta que el caracol se había colgado de su cola. Tiempo después, cuando el veloz lobo llegó a la muralla de París, se dio vuelta y observo el camino que lo había llevado a su destino. El caracol, aprovechando la distracción del lobo, rápidamente soltó su cola y lo llamo por detrás alardeando su victoria.

Es una fábula, pero no hay moralejas. El caracol simplemente es un estafador. El lobo simplemente es un ingenuo. No hay nada útil que esta historia me pueda aportar para superar este percance.

No. Tal vez si haya algo.

Más que una moraleja, es la obvia conclusión de la historia. Incluso un caracol puede ganarle a un lobo si las cosas fluyen del modo adecuado.

Pero en esta clase de situación ¿Cómo podría ganar yo?

La respuesta, a mi parecer, sería manufacturar la situación yo mismo. Crear el escenario adecuado.

Hmmm… ¿Cómo debería explicarlo?

Lo pondré de esta manera. En el caso del lobo y el caracol, el escenario ya estaba planeado. En otras palabras, el caracol estaba destinado a ganar porque así lo había designado el escritor. Todo, desde la indiferencia del lobo hasta la astucia del caracol fue parte del siniestro plan del escritor para darle la victoria a aquel tramposo gasterópodo. De otra manera jamás podría haber ganado. Más que decir que el molusco hizo trampa, sería justo decir que el escritor hizo trampa. Quiero decir, ¿Qué pasaría si el lobo hubiera aceptado su reto? ¿Qué pasaría si el lobo no tuviera cola? Sencillamente, ¿Qué hubiera pasado si el caracol nunca se hubiera agarrado de la cola del lobo?

La respuesta es más que obvia. Hubiera perdido. No hay forma en que un caracol pueda vencer a un lobo en una carrera, es ridículo. Pero la historia termino en tan inverosímil victoria porque manos externas manipularon la situación.

Todo estaba planeado desde antes del fatal encuentro entre ambas criaturas.

Desgraciadamente yo no puedo ser ayudado por la pluma del autor, no tengo esa clase de contactos. Nadie intervendrá por mí. Pero, desde que las cosas son así, en pos de sobrevivir, yo me convertiré en el escritor. Crearé la situación, la escena y los diálogos yo mismo. Por eso mismo lo dije, mi único deber y mi única esperanza era llegar a este lugar. A este jardín, a este árbol y a este punto.

Pero no hice todo esto solo para morir aquí.

Porque en la historia que escribí, yo escapo de la muerte aquí. No en la universidad, ni en la pista de atletismo. En el jardín. Este es el lugar donde yo, el caracol, derrotará a Yasuo, el lobo.

No intenté escapar –Porque eso ya lo hice–, lo que intentaré será escribir una trama donde yo sobrevivo. Manipular la historia a la fuerza.

Una historia donde un caracol vence a un lobo.

La historia en la que Aleksai vencerá a Yasuo.


Así que, volviendo a donde estábamos después de tan larga digresión, aquí estoy sentado apoyándome contra el tronco de este árbol esperando que Yasuo terminé mi vida con esa ornamentada espada suya.

Y todo comenzará aquí.

Y todo terminará aquí.

Solo falta un pequeño empujón.

Pero, para que todo termine como lo planeé, necesito evadir este último golpe.

No he venido hasta acá solo para morir.

Así que, en un último esfuerzo, me tiré al suelo y conseguí esquivar su ataque. La espada, por otro lado, continuó su trayectoria y se estrelló contra el árbol donde previamente estaba recostado.

Es un árbol de tronco largo y delgado. Sus hojas recuerdan la forma de una estrella.

Conozco bien ese árbol que amablemente me prestó su tallo para descansar y reponerme. Ahora una espada japonesa está enterrada en la corteza de su flexible tronco, pero es el mismo árbol que cada día observo detenidamente al pasar por aquí. Es una planta tropical conocida como Carica papaya. La fruta que florece de sus ramas es en ocasiones confundida con algunas otras de aspecto similar, como el melón, usualmente por extranjeros ignorantes, pero en realidad comparte su nombre con el mismo árbol que la engendra. Por aquí la conocemos como papaya. Es una fruta dulce, de carne anaranjada y suave. Su interior está lleno de pequeñas semillas.

Y además es enorme.

Comparada con una manzana o una pera, es una fruta de gran tamaño.

Por cierto, esa gran papaya naranja de allí estaba algo floja precisamente. Solo hacía falta un pequeño empujón para que cayera al suelo.

Por ejemplo, un golpe con una espada.

Normalmente, por acción de la gravedad, la fruta terminaría en el suelo.

Pero en estas circunstancias en particular… no, en estas circunstancias que yo mismo fabriqué, la tupida cabeza de Yasuo se encontraba en el camino. Su espada enterrada en el tronco agitó violentamente el árbol, y eso bastó para que la pesada fruta perdiera el poco afiance que al vinculaba al árbol.

Y así, tan fácil como lo digo, casi un kilo de fruta, agua y vitaminas cayó sobre esa espesa cabeza y lo dejó aturdido. Tal como lo imaginé. Francamente, aunque lo haya hecho sonar tan elaborado, parece más una mala broma que una estrategia. No se ve como si hubiera manipulado la historia en absoluto. Pero es todo lo que tengo. Y no pienso desaprovecharlo.

No sé cuantos segundos me habré ganado, pero como ya comprobé, escapar no tiene sentido. Necesito pelear. Enfrentarlo. Lastimarlo. Incapacitarlo si es posible. Así que, con ese objetivo en mente, saque de mi bolso de universitario una solida regla de titanio y un compás e inicié mi ataque. Mientras aún puedo. Ahora que tengo la oportunidad, atacaré.

No ha recuperado el sentido.

Al menos puedo herirlo.

Me levanté de un brinco –Ya que estamos, el dolor que me provocó hacerlo casi me hace desear desistir de mi intento de ofensiva–, y clavé con fiereza mi compás en la mano que sostenía su katana. Él es diestro por cierto. Hablando de eso, yo soy ambidiestro, tal como lo es Akali. Tal vez esa sea la razón por la que ella me eligió como prisionero. Como sea, no es el momento para pensar en eso. De cualquier forma, yo puedo usar las dos manos con la misma libertad.

Y como tal, las usé ambas para atacar.

Con mi mano libre ataqué utilizando mi firme regla de titanio con la intención de quebrar su brazo derecho. No estoy seguro de haberlo conseguido, pues una regla de titanio no es lo suficientemente pesada como para quebrar huesos, más no obstante seguro provocará algunos daños.

Algo es mejor que nada.

El samurái apretó los dientes. Parece que le dolió.

Algo confuso todavía, arrancó la espada toscamente de la madera del árbol de papaya e intento derribarme con una patada circular a la altura de la cabeza. Me protegí con los brazos aún sosteniendo mi afilado compás y mi rígida regla con ambas manos. Yasuo soltó un imperceptible gemido de dolor, pues su pie se clavó de quiebre contra la aguja del compás, y, aprovechando el calor de la batalla, rasgué la carne de su tobillo con el antedicho artefacto.

El guerrero jonio retrocedió torpemente a examinar sus heridas. En su mano derecha, un doloroso agujero hacía alarde del golpe que logré asestarle con la aguja de mi compás y, probablemente, por debajo de la chaqueta de su smoking, su piel estaba morada como una vid de uvas por el golpe que conecte con mi regla de titanio. El amargo rojo de la sangre brotaba como un retoño de cerezas desde su pie derecho, donde previamente lo apuñale con una de mis improvisadas armas.

Ahora bien, preocuparse por las heridas sufridas en combate durante una contienda no es una buena idea. No creo que necesite explicarme.

Es obvio que hacerlo implica abrir una apertura. Perder de vista al oponente. Darle un chance para atacar.

Sin embargo, frente a un enemigo como yo no hace falta ser tan cauteloso. Atacarlo de frente probablemente resultaría en mi muerte. El es absolutamente superior a mí en todo, por lo menos físicamente hablando.

Si, es cierto que fui capaz herirlo. Sin embargo no por ello puedo volverme arrogante y darle el crédito a mis pobres habilidades de combate. Simplemente capitalicé las lecciones que aprendí durante el primer encuentro y me aproveché de la pequeña ventana que abrió esa dulce papaya que cayó sobre su cabeza.

Aún así, Yasuo… estás subestimándome.

Ta vez no lo parezca, pero alguna vez fui el as del club de tiro con arco de la universidad. Tengo buena puntería.

Es hora de poner en práctica las habilidades que cultivé durante mi estancia en ese lugar. Saque una afilada pluma de oro de mi bolsillo, y se la arrojé con fuerza al corazón.

Se clavó cerca a su clavícula izquierda. Yasuo chasqueó los dientes por el dolor.

Maldita sea.

Los moretones y las heridas afectaron mi puntería.

Volvió a enfocar sus ojos negros sobre mí. Su expresión lo decía todo. Si, él. Yasuo, el imperdonable. Toda su ira. Todo su odio. Y toda su furia. Una vorágine entera de maquiavélicas emociones dirigidas contra mí.

Todo su poder enfocado en una sola persona.

Y a estas alturas ya no tengo más cartas en la manga.

Pero…

– ¡Aleksai…!–

Tengo a Akali. El puño de la sombra. Ella llegó en una mínima fracción de tiempo directo hasta mi sombra.

¿Dije que mi celular se quedo en mi casa, atravesado en la pared?

Pues es cierto. Maldita sea…

~Ahem~

Lo que sea. Eso no significa que tenga solo uno. Lo saque de mi bolsillo con una expresión triunfante, un segundo celular, algo más modesto que el que suelo usar, pero a fin de cuentas funciona bastante bien. Además no tiene ese molestoso timbre de Dora la exploradora por defecto… es perfecto.

Excepto por el fondo de pantalla, que es una ballena azul, grande, llena de aceite para hacer perfumes… y sonriente… sonríe con una maliciosa expresión en ese rostro del mal… No puedo dormir de noche con esa cosa viéndome a los ojos… Me aterra… ¡Y no sé como cambiar la puta imagen de pantalla!

~Ahem~

Timbré a mi propio número, y Akali vino en mi rescate. Lo hice apenas tuve la oportunidad, después de esconderme.

Entonces me sentí en capacidad de decirlo.

Aunque la batalla aún no estaba ganada, sentí el irresistible impulso de decir lo que no había podido en todo este tiempo:

– Yo gané… ¿huh?–

Espera… ¿Qué?

Lo dije demasiado rápido. Fue arrogante.

– ¡Aleksai!–

Estúpido de mí, me deje llevar por el momento.

– ¡Aleksai! ¡¿Estás bien?! ¡Aleksai!–

Caí al suelo como un costal.

– ¡Aleksai…! ¡Aleksai, reacciona!–

Los campeones en verdad son otra cosa. Están en un nivel por completo diferente. Para empezar, ¿Realmente son humanos?

No fui capaz de verlo.

– ¡Aleksai…! ¡Aleksai! ¡ALEKSAI!–

En un instante tan corto que no permite ni parpadear. No, incluso sin parpadear. Tan rápido que el ojo humano no sería capaz de reaccionar.

En un instante tan breve como ese, Yasuo se abalanzó contra mí y perforó mi pecho con su espada. La sensación del frío acero dentro de mi caja torácica es realmente chocante. Extraña. Un objeto extraño dentro del cuerpo.

Una espada enterrada en un lugar donde no debería estar.

Y todo antes de que pudiera pestañear.

– ¡Aleksai! ¡Aleksai, por favor respondeme! –

– A-Akali…– No me salió bien decirlo. En vez de eso, lo que me salió fue una bocanada de sangre al tratar de mascullar su nombre.

– No hables, guarda energías. Necesito buscarte ayuda…–

Ella recuperó su tono de voz tranquilo e indiferente, aunque hace solo unos instantes estaba zarandeandome desesperadamente. Pero por alguna razón sus ojos brillaban como el reflejo de una vela sobre el agua, ¿acaso estaba conteniendo el llanto?

– Vuelve a tu sombra, ninja– Dijo Yasuo.

Lo escuché, y temblé. Desde el fondo de mi alma, sentí terror.

La voz del hombre que casi me asesina. Akali resopló con asco, y lo observo casi con tanto despreció como el mismo Yasuo. Odio no alcanza para describir la intensidad en sus ojos.

Su cálida mirada se congeló. Lo observó como quien ve a una cucaracha. Tal vez incluso algo más miserable.

– Hoja sin honor, vida sin sentido. Regresa a la despreciable tormenta de la que viniste, imperdonable– Respondió Akali.

– Un ninja hablado de honor… ahora sí lo he visto todo– Replicó sarcásticamente mientras escupía sobre su espada.

– ¿Debo suponer que no te retiraras? –Suspiro Akali– No me hagas recordarte lo que sucedió en nuestro último encuentro, perro del viento–

El espadachín chasqueó la lengua por dentro de sus dientes. Las siempre gélidas palabras de Akali hirieron su orgullo.

Deslizó su mano a la empuñadura de su espada y espetó con vacilante ironía:

– Las cosas son diferentes ahora. ¿Cómo me vencerás sin un arma? –

Gire mis ojos hacía Akali quien estaba frente a mí. Sus manos estaban vacías. No hay lugar donde pudiera esconder algún objeto corto-punzante, ella vino desesperadamente sin siquiera un cuchillo de cocina para defenderse. Que fallo de juicio, pues ahora que recuerdo una de sus poco ortodoxas armas estaba enterrada a secas en mi habitación. Aún así, ella se arriesgo a venir desarmada. Salió en mi rescate sin pensar en las consecuencias.

¿Qué tiene en la cabeza?

Ella apretó sus puños hasta el punto de crujir sus dedos. Las cosas eran claras. Fue un error venir así.

– ¿Qué pasó con toda esa arrogancia, asesina? ¿Tu confianza se quedó en casa junto a tus cuchillas?– Insistió el forajido.

Espera, espera. Te estás dejando llevar por la vanidad, Yasuo.

Tengo una última cosa que decir. Aunque me cueste la vida, tengo que decirlo. No estoy seguro de poder completar la frase, tal vez solo vuelva a escupir sangre al abrir la boca, pero aún así, tengo que hacerlo.

No me importa si son mis últimas palabras, en nombre de la virginidad de mi hermana lo diré:

– Mírate a ti mismo antes de hablar, desertor. Apenas puedes mantenerte… –Articulé estas palabras teñidas de sangre casi tartamudeando. Un ataque de tos me privó de la facultad del habla durante unos segundos, y entonces continúe a pesar de las negativas de Akali– …Apenas… Apenas puedes mantenerte en pie. Un arma es inútil si el usuario no está capacitado… ¿Qué es lo que harás tú, hombre a la orilla del desastre, frente a una Akali en su mejor estado?–

– Tch… Que palabras tan grandes para una boca tan ensangrentada– Farfulló Yasuo irritado.

Ah, vaya. Eso sonó bastante genial. Si estas fueran mis últimas palabras supongo que podría morir sin remordimientos.

Me hecho ver como una persona heroica y genial. No podría desear nada más.

Como sea, me temó decir que esta fue mi última intervención en este acto. Bueno, digamos escena. Antes de darme cuenta, todo se torno negro, y quede atrapado en mi propia inconsciencia entre los brazos de Akali.

Me encantaría decir que, de alguna manera, desperté y entre en estado berserker o algo por el estilo, y que brutalmente me hice cargo de todos los enemigos, pero desgraciadamente yo carezco de esa clase de poder. Nadie ha sellado un demonio dentro de mi cuerpo, ni una joya de poder espiritual y aunque he entrenado toda mi vida con ese objetivo en mente, tampoco puedo transformarme en Super Saiyajin. Y mira que lo he intentado. Como sea, soy una persona ordinaria. Si me apuñalan moriré, y ese sería fin de la historia para mí. Incluso ahora mismo puede que sea mi fin.

Muerte.

Muerte, muerte, muerte para los infieles.

Muerte para los pecadores.

Muerte para los mortales.

Muerte para mí.

¿Quién lo sabe?

Puede que realmente muera. Las personas no están hechas para llevar espadas dentro del pecho. Si haces algo como eso, la probabilidad de que mueras es alta. Casi del 100%.

Pero da igual.

El tiempo no se detiene por nada ni por nadie. Ni siquiera por la muerte. El sigue corriendo segundo por segundo, día por día y año por año hasta que llegue el fin de todo. No le importa lo que le pase al mundo.

Ni tampoco lo que me pase a mí.

Siempre indiferente a todo dolor.

Todo un hijo de perra, debo decir.

Pero como sea, las cosas no terminarán aquí. Ni siquiera la muerte es excusa para la omisión. El show debe continuar, como diría el director de una obra de teatro. La historia seguirá su curso, con o sin mí.

Por suerte, hay una persona aparte de mí que puede contar la historia.

Ella también lo vivió, quiero decir. Ella tomará mi lugar.

Por ahora no me queda más que despedirme.

Adiós.


~Ahem~ ~Ahem~ ~Ahem~

Akali al habla.

A estas alturas no debería tener problemas con el idioma local. Esa pequeña falta de sintonización me provocó muchos problemas al inicio, ¿Recuerdan?

En cualquier caso, vamos al punto.

Aleksai perdió el conocimiento. La espada de ese bastardo de Yasuo atravesó sus pulmones y le produjo un neurotomax grave. Para aclarar, el aire que se supone debería estar dentro de sus pulmones ahora esta filtrándose por la herida y acumulándose entre esos mismos pulmones y su pecho. Una burbuja de aire lo está asfixiando. No durará mucho así. Pero aún puede salvarse. Aunque no lo parezca, yo hice parte de la brigada médica de Jonia y sé cómo tratar estos casos.

Pero ese sujeto no lo permitirá.

Esta aquí para matarnos a los dos.

Ya comenzó con Aleksai. Ahora quiere terminar conmigo.

Pero no lo conseguirá. Romperé esa espada suya en pedazos junto a su orgullo. Esto ya es personal.

Yo fui llamada por Aleksai hace 9 minutos aproximadamente. El llamó a su celular. En vez de llamar a su casa, llamo a su celular. Me lo explicó antes de partir, si estaba en problemas llamaría directamente a su celular, no al teléfono de la casa. No perdí un solo instante. Salté a su sombra.

No conozco esta ciudad, pero se como rastrear a una persona.

Más aún si se trata de Aleksai. El es mi prisionero. Si pude encontrarlo desde otro mundo, encontrarlo en un lugar como este no sería un problema.

Como sea.

El lastimó a Yasuo. Me sorprendió bastante, sinceramente. La hoja del imperdonable solía ser famosa incluso entre campeones e invocadores de la liga de leyendas. El es el tipo de hombre que podía incluso cruzar estocadas de igual a igual con el mismísimo Maestro Yi, aquel que ostentaba el título de ser el espadachín más poderoso en toda Jonia. Pocas personas han sido capaces de emular semejante hazaña. Admito que incluso yo evitaba, en la medida de lo posible, enfrentamientos con ese personaje.

Pero Yasuo no. Él lo confrontaba de frente, uno a uno. Sin miedo.

No dudaba un segundo sin importar el enemigo.

Incluso hacía burla del estilo Wuju con descarada libertad.

Y no era para menos, ese sujeto es alucinante. Su habilidad esta incluso más alto de lo que puede llegar el viento. Sobre las nubes, en la cima, es lo mejor de lo mejor. No por nada es un campeón.

Y pensar que a ese aterrador Yasuo un simple civil ordinario, sin ninguna clase de entrenamiento militar, fuera capaz de darle tantos problemas. Yo misma, quien ya ha probado el sabor del acero del imperdonable puedo decir que semejante logro es digno de admiración. Es abrumador. Un logro abrumador. Tal y como imaginé, esta persona es la adecuada.

Si lo intenta, él incluso podría…

No.

No importa. No es momento para pensar en eso. Son resentimientos del pasado que nada tienen que ver con los problemas del ahora.

No necesito pensar en eso. Solo necesito pensar en matar y ganar.

A esta persona frente a mí. Matarla. Matar al hombre en frente para salvar al que esta atrás. El credo de los guerreros. La filosofía con la que irresponsablemente he justificado mis actos durante tanto tiempo.

¡Atacar!

Hice el primer movimiento. Me lancé en un ataque frontal, armada solo con una regla y una escuadra que encontré en la mochila de Aleksai. Yasuo contesto a mi iniciativa con un corte transversal en diagonal desde la derecha, un ataque poderoso y de gran alcance pero bastante previsible. Lo esquive sin ninguna dificultad y ataque a su flanco derecho que Aleksai muy amablemente debilitó para mí, sin embargo él se alejo de un salto rápidamente apoyándose en su pierna izquierda.

Su pie derecho está en malas condiciones, tengo que aprovechar esa ventaja.

Sin embargo, antes de que pudiera atacar nuevamente, el desertor encadenó un torbellino aún en el aire que apenas me dio tiempo de esquivarlo.

Estamos en empate.

Por lo pronto ninguno de los dos ha conseguido asestar un golpe. No será por mucho, me dije a mi misma. Deslicé mi mano hasta mi cintura e inmediatamente le arrojé un bisturí que fue bloqueado por una pared de viento. Acto seguido me escurrí entre las sombras y conecté una fuerte patada en su abdomen aprovechando la confusión. Yasuo se recompuso como pudo y dio un taje lateral, de lado a lado intentando hacer algo de distancia entre los dos, más no lo consiguió, pues me encogí para evitar el letal sablazo y lo golpeé en las piernas con una patada circular a ras del piso que lo dejó en el suelo. Inmediatamente se levantó apoyándose en las manos y se alejó de mí dando una voltereta seguida de un par de saltos cortos hacia atrás.

Sabe bien que está debilitado.

Probablemente está intentando capitalizar la superioridad y mayor rango de su espada, y desgastarme con ataques de largo alcance.

Es por eso mismo que tengo que forzar un combate cuerpo a cuerpo. Necesito aprovechar la ventaja que Aleksai me otorgó. Un oponente en su peor estado.

O eso pensé.

El se arrojó descuidadamente contra mí de frente. Apretando los dientes dio un paso adelante y aceleró contra mí a máxima velocidad. Le arrojé otro bisturí intentando desarmar su ofensiva pero el simplemente lo desvió con su espada sin siquiera detenerse e intentó apuñalarme con una estocada fría. Bloqueé su espada con mi regla de titanio, pero la diferencia entre la dureza de las armas era demasiado grande. La delgada regla graduada se partió a la mitad, y por poco ocurre lo mismo con mi delicado vientre, que se salvó por algunos milímetros de sufrir el mismo destino que el desdichado instrumento de oficina.

Él no se detuvo, continuó su feroz ataque demostrándome que no le temía a un enfrentamiento directo. Como pude me defendí con mis frágiles escuadras y compases, que no estaban diseñados para esta clase de labores.

Un taje alto, uno bajo y uno vertical. Me limité a esquivarlos todos. No podía hacer mucho más que eso. Solo cuando vi una apertura me decidí conectar un suave golpe con la palma de mi mano derecha en su férreo abdomen. Ni siquiera se inmuto, y contesto mi tenue ataque con una potente patada que me impacto en el costado y me mando a volar algunos metros. Me aparte un poco de él, y escupí sangre.

Sangre sobre el suelo.

Solo un poco.

Aleksai perdió mucha más que esta. No puedo permitirme perder, pero tampoco tengo tiempo para extender este combate innecesariamente, Aleksai agoniza detrás de mí. Acabaré con esto en el siguiente movimiento.

Soy una ninja.

Yo no prolongo los conflictos, los abrevió.

Eso es lo que haré. Todas las piezas están en su lugar. Es hora del último ataque. Del golpe definitivo.

Vamos a cerrar el telón.

La distancia entre los 2 era aproximadamente de unos 19 metros.

Le arrojé la última cuchilla que tenía escondida en la manga, un bisturí metálico de aspecto macizo, directo a su corazón. Yasuo bloqueó el ataqué indiferentemente con un rudimentario movimiento de su ornamentada espada e instantáneamente salto ferozmente contra mí, determinado a asesinarme en este asalto final.

Al parecer, él tampoco estaba dispuesto a dilatar esta querella.

Como sea.

Antes de poder pensar me vi a mi misma arrojándome irreflexivamente al fragor de la batalla, corriendo al tope de mi velocidad ante un adversario que no deseaba enfrentar, con la intención de dañarlo usando solo algunos instrumentos de oficina.

Un transportador de titanio, una regla y un compás en mi mano derecha. Sin contar 7 plumas, 4 lápices y 2 punzones escondidos dentro de la manga derecha de mi camisa.

Una escuadra de acero inoxidable, unas tijeras y 6 lápices en mi mano izquierda. Sin contar 3 estilógrafos, 4 bolígrafos, 2 portaminas y 9 borradores escondidos dentro de la manga izquierda de mi camisa.

Instrumentos domésticos. Herramientas de diseño. Elementos de oficina.

No fueron creados para lastimar, ni son cosas que acostumbras ver en un campo de batalla porque no fueron hechas para tal propósito.

Aún así, les estoy confiando mi vida a estos objetos ordinarios.

Así de irreflexivo fue mi ataque.

Pero da igual. La duda es la herrumbre de un arma. Lo ataqué de frente, sin vacilar. El me atacó de frente, sin vacilar.

A unos 4 metros de él, le lancé la escuadra que tenía en mi mano izquierda, seguida por un par de estilógrafos que salieron disparados desde la manga de mi camisa con la esperanza que a esa distancia no fuera capaz de interceptarlos, pero una vez más Yasuo bloqueo todos los proyectiles abanicando su espada de derecha a izquierda, como quien mueve una raqueta de tenis, y estos salieron a volando por detrás de él, justo por encima de su cabeza. Sin esfuerzo. Sin embargo, para cuando abanicó por segunda vez su larga katana de regreso esperando rebanarme, yo ya no me encontraba frente a él.

Utilicé la técnica de la danza de las sombras. Mi habilidad más poderosa. Y también… mi habilidad más detestable.

Yo puedo llegar instantáneamente a cualquier lugar donde haya sombra. Hasta la más pequeña, como por ejemplo, la sombra de la escuadra –La cual por cierto aún se encontraba en el aire– que Yasuo previamente había bloqueado. Uno de los proyectiles que había salido a volar detrás de Yasuo, justo por encima de su cabeza. Ahora yo estaba en ese mismo lugar. Salté dentro de una sombra y llegué allí.

Y no perdí un solo segundo.

Yasuo adivinó mi posición, más en vano trato de girar para defenderse, pues su lastimado pie derecho tardo demasiado en responder.

Lo castigue por ello con una potente patada que conecté con maestría en el costado derecho de su cuello, e inmediatamente después clavé despiadadamente los 6 lápices, el compás, las tijeras y la regla que tenía en mis manos dentro de su espalda. Me apoyé sobre sus propios hombros para dar una voltereta y quedar frente a él. Al verme, el terco espadachín intentó desesperadamente alcanzarme con su espada, que balanceaba de un lado a otro ya sin energías, mientras yo me limitaba a esquivar sus toscas embestidas limpiamente.

– Yasuo…– Murmuré.

Mi oponente solo seguía atacando arrebatadamente.

– Yasuo– Repetí algo más alto.

No hubo respuesta. Él solo seguía intentando alcanzarme con el filo de su navaja.

– Yasuo, detente. No estás en condiciones de seguir peleando–

Mis palabras llegaron a oídos sordos. Que hombre tan obstinado.

– Yasuo…–

Tsk.

– ¡Yasuo!–

Exasperada le grité, y usando la totalidad de mi fuerza muscular, encajé un sólido puñetazo en su estomago donde previamente había acertado un ligero golpe con la palma de mi mano. El imperdonable se detuvo en seco, el impacto lo dejó sin aliento. Quedo paralizado. No, no fue por el golpe. Aunque mi especialidad es el combate cuerpo a cuerpo, mis golpes no son tan poderosos. Fue el sello de energía que puse en él con esa sutil caricia –Que por cierto, me costó el recibir una poderosa patada en las costillas–.

Sí. El único objetivo de ese golpe tan débil fue simplemente poner un sello en su interior. Una marca de asesino. Lo activé golpeándolo por segunda vez. Aunque haya usado toda mi fuerza, fue el sello el que lo puso de rodillas.

Mi carta del triunfo en caso de que las cosas salieran mal.

En este caso simplemente lo use para finiquitar el combate de una vez por todas.

Supongo que esto podría considerarse mi victoria.

Pero no. Sorprendentemente no. El obstinado Yasuo se negaba a darse por vencido. En una condición tan desastrosa se levantó. El solo verlo era doloroso. Su ropa estaba hecha jirones. Su piel llena de moretones. Su espalda ensartada por lápices, tijeras y reglas.

Estaba hecho pedazos, y a pesar de todo, él insistía en luchar.

Este tipo… me irrita. ¿Acaso no aprecia su propia vida?

Aunque le di una oportunidad… Él… Aquel al que llaman el imperdonable. Yasuo el imperdonable de pie frente a mí, con la intención de combatir sabiendo que perderá. Incluso aunque le di la opción de marcharse.

Me molestó. Que hombre tan irracional.

Pensar que una persona arrojé su vida por la borda así, me irritó.

Todo lo que había en mis mangas se clavó en su cuerpo. Se los lancé todos. Punzones, bolígrafos, estilógrafos, plumas y portaminas. Intentó levantar una muralla de viento, pero no lo consiguió. La mano con la que sostenía su sable de acero estaba lastimada. Gracias, Aleksai.

A este hombre tan necio… lo derrotaré. No obstante me niego a llevarme su vida, y esto lo juro, Yasuo vivirá para sufrir en vida por sus errores. Los proyectiles se clavaron superficialmente sobre su carne, pero intencionalmente evité golpear puntos vitales. Los punzones, los lápices, los estilógrafos y las plumas resplandecieron. Cada proyectil le dejo un sello de energía allí donde se clavó. Si los activo todos, Yasuo sin duda morirá, pero yo… definitivamente no lo mataré.

A este hombre tan obstinado y orgulloso, lo obligaré a vivir. Aunque no quiera, incluso si tengo que obligarlo a arrastrarse miserablemente por el suelo, yo lo forzaré a vivir.

– ¡Yasuo! –Exclamé– Me cansé de tu tonta tenacidad. Esta es tu derrota. Vete antes de que te mate–

– Pfffff. Prefiero morir antes que recibir la clemencia de escoria como tú– Resopló con arrogancia.

– ¿Por qué? ¿Por orgullo...? –Le pregunté con fría serenidad, haciendo caso omiso a sus necias provocaciones– Dime, ¿A dónde te ha llevado tu estúpida vanidad, Yasuo? ¿Qué tan lejos has viajado para limpiar ese honor del que tanto te enorgulleces? –Continué indagando, escarbando en una herida a flor de piel como un cuervo miserable y podrido– Bueno, puedes ir hasta el fin del mundo si así lo quieres, pero por favor no me malentiendas, de ninguna manera estoy siendo misericordiosa contigo. Simplemente te estoy dando otra oportunidad para matarme –Cínicamente sonreí, y entonces articulé con desdén– Yo simplemente no deseo matar a alguien tan débil–

Repugnante. Palabras repugnantes salieron de mi boca.

Tal vez incluso venenosas.

Si, palabras venenosas. Muy venenosas. Como una puñalada al corazón con una daga llena del veneno de la víbora más maldita. Lo sé y me repugna a mí misma. Pero... pero en ocasiones... para tan irritantes personas... para tratar una voluntad así de indomable... para salvar esta vida en particular, es el veneno más amargo precisamente la mejor medicina. La medicina para su estupidez, y para su orgullo. La medicina para salvar su vida.

Este obstinado vagabundo deslizó sus ojos por su cuerpo hecho añicos, y con una amarga expresión se forzó a aceptar mis palabras, mi veneno… y su vida.

– Acabas de acortar el tiempo que te queda… ninja–

El dijo.

Y sin más se fue.

Esta es mi victoria, ahora definitivamente.

No.

Pensándolo bien, no fue solo mi victoria. Fue de los dos.

Aleksai realmente me dejo un oponente en su peor estado. Él… espera… ¡Aleksai!

Corrí despavoridamente hacía el moribundo Aleksai. Un mal presentimiento recorrió mi columna vertebral como un escalofrío. Lo agarré entre mis brazos.

Su cuerpo estaba frío.

Demasiado frío para un ser vivo.

Me aterré. Debo admitir que sentí pánico, y no era para menos.

Después de todo, pronto, el corazón de Aleksai dejó de palpitar.


Bueno, este capítulo estuvo algo aletargado de mi parte. Por otro lado es bastante largo y particularmente especial desde que es narrado desde dos perspectivas distintas. Fue algo frustrante escribirlo y rescribirlo, y aunque he hecho algunas ediciones puede que no sea claro lo que expresa. En todo caso puede dejar cualquier duda en los comentarios... de lo contrario asumiré que o soy un escritor fantástico o ustedes son superdotados. Por lo demás... nada. Buen día o noche o lo que tengan.

Como consejo del día coman papaya.