Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.
Capitulo 4.1: Sal y amapolas
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…Ah… Es cierto, dialecto local… Tu solo... Despierta… mantente despierta…
¿Por qué? ¿Mantenerme despierta por qué? ¿Quién es la que habla?
¿Qué exactamente es lo que está pasando? No… ¿Qué exactamente pasó…? Me preguntó… no recuerdo nada. No sé donde estoy ahora. No sé qué está pasando. ¿Tal vez ya estoy muerta?
Dios… que he hecho… yo… yo no… Johan…
Me desvanecí.
…Alguien la dejó en la puerta…
...Perdió la consciencia… Está hecha un desastre, no creo que se pueda hacer nada… Calla.
… No despierta. No tiene pulso, la estamos perdiendo… Traigan el… 150 Joules de potencia… De nuevo… apliquen 3 cargas más.
Distantes voces distorsionadas atravesaron tímidamente los tímpanos de mis oídos. Poco a poco comencé a darle sentido a los incoherentes murmullos que golpeaban mi cabeza como un martillo.
Una desagradablemente cegadora luz empaño el azul claro de mis ojos.
Sigo sin entender lo que sucede.
Pupilas dilatadas… Las reacciones son normales ¡...Recuperamos el pulso... al parecer sigue viva…!
¡Estabilícenla…! ¡Vuelve con nosotros, linda… inyecten 200 miligramos de amoxicilina y…!
Ah… Ahora lo recuerdo.
Fui golpeada por un auto. En la noche.
Quede tendida. Sola.
Medio muerta.
Perdí la consciencia y de alguna forma terminé aquí, sea el lugar que sea.
Los recuerdos llegaron a mi mente como una serie de imágenes seleccionadas al azar. Más allá de eso, no sé absolutamente nada. No sé qué lugar es. No sé cómo llegué. Ni siquiera sé si aún estoy viva. Al final, solo quede con la desesperante incertidumbre a la que deparaba mi destino. Sin saber a dónde ir, ni tampoco a donde regresar, como un veleta perdida en medio del océano.
Sentí tal desesperación que yo simplemente deseé desaparecer.
Algo como eso fue la lucha por mi vida, en medio de la incertidumbre que mis desvaríos intentaban resolver, y de las lejanas voces que espectralmente escudriñaban mis oídos como fantasmas.
Sinceramente, una sensación desagradable.
Sin embargo, por fortuna, lentamente comencé a recuperar la consciencia. Aquellos murmullos sombríos y lejanos cobraron poco a poco algo de sentido, hasta que, finalmente, el regreso de mi cordura se materializó en forma de un agudo dolor en mi antebrazo.
Un pinchazo en el antebrazo.
– Auch…– Gruñí en voz baja a modo de reproché.
– Ah, qué bueno, ya despertó señorita… Sagir-Lazzuli, ¿Cierto?– Quién respondió a mi imperceptible quejido fue un sujeto vestido de blanco. Hablaba distraídamente mientras inyectaba algún antibiótico extraño en mi antebrazo, fuente del dolor que me saco de tan horroroso trance en el que estaba.
– Q-Quien…– Murmuré entre mi agitada respiración
– Guarde energías, señorita Sagir-Lazzuli, su condición aún es demasiado reservada para tomar esos riesgos, ¿no le parece a usted?–
Sin entender muy bien porque, le dirigí una débil mirada de agradecimiento al hombre junto a mí.
– Ah, parece que estará bien en un par de días –Continuó el hombre de blanco, a quien identifiqué como un enfermero, correspondiendo a mi silencioso gesto de gratitud–, debería estar agradecida, no muchas personas terminan ilesas después de ser golpeadas por un auto–
– ¿Ah…?– Intente hablar, pero mi rígida lengua no pudo dar forma a ninguna palabra. Estaba muy confundida, tal vez por la anestesia.
El enfermero me dedicó una sonrisa tan distraída como sus palabras, y sin más salió de la sala llamando en voz alta a un doctor que ostentaba un extraño y, aún así, aristocrático nombre, que yo supuse sería su superior, dejándome sumergida entre una marea de dudas que me estaba sofocando.
Me quede sola.
Mis globos oculares giraron sobre sí mismos indagando a nada más que sabanas blancas, cables enterrados en la piel y a vendas ocultando las heridas sobre mi paradero. La respuesta, no obstante, la trajo a mí una inconfundible fragancia… una mezcla de sal y amapolas que humedecía con modestia el aire que entraba a mis pulmones llevándome entre locas fantasías a vagos recuerdos de mi infancia, que, poco a poco, se fundían con la crudeza de la realidad que atizaba mi mente como lluvia de un cielo embravecido a tierras devastadas.
Esa fragancia insípida que se debate entre lo amargo y lo dulce. Entre la vida y la muerte.
Ese maldito aroma de hospital.
– Ah… mi cabeza– Escuché de la camilla del lado. Ahora que caigo en cuenta, mi cabeza también está hecha un desastre. La indiferente anestesia solo me obligaba a esforzarme más para poder pensar, y me hacía sentir la jaqueca con más intensidad. Agotada, lentamente incliné esa caótica cabeza mía hacia la izquierda para establecer contacto visual con la persona del lado, buscando algo de consuelo. Un par de ojos negros atravesaron como una hoja de cristal la tersa timidez del índigo que teñía la mirada adormecida de mis ojos.
– Espera yo… te conozco… –Mi caprichosa lengua se liberó de sus ataduras y pronunció bajo y cansado las palabras que, por amor a Dios, deseaba mantener por dentro de mis labios– Tu eres el joven que estrellé la mañana del 4 de agosto, ¿Cierto?–
– Ah, tú eras…– El joven respondió dubitativamente. Describió una parábola con un movimiento de sus ojos y los mantuvo fijos en el extremo opuesto de la sala, lejos de mí, como si intentara recordar a alguien que nunca ha visto en su vida.
Oh, el no me recuerda.
Me sentí estúpida. Avergonzada. Un tenue rubor que no fue capaz de disimular la anestesia dio color a mis adormecidas mejillas. Esa persona no tiene idea de quién soy, aún cuando yo lo recuerdo perfectamente, desde como vestía, hasta que idea me hice de él.
Que tonta. Tonta de mí. Tonta de mi memoria. Tonta de mi lengua. Tontas palabras mías.
Entonces.
Pero entonces.
Para mi sorpresa, el dijo.
En un tono condescendiente.
Para mi sorpresa, en un tono condescendiente, él dijo:
– De unos 22 a 24 años, cabello rubio cenizo, ojos azules como el cielo, suaves ojeras, como sombras grises bajo sus largas pestañas y labios rosados. Nariz pequeña, facciones delicadas y dientes blancos. Que probablemente ha pasado por unas 4 relaciones, todas desastrosas. Abrigo negro, camisa blanca, falda negra a 10 centímetros por encima de las rodillas y medias oscuras, que vive en torno al trabajo, hija de una familia acomodada, distanciada de sus padres, que le gustan las novelas y el helado de… si, cerezas parece adecuado, tal vez fresas, o a lo mucho frutos rojos. La chica de esa mañana que es así… esa eres, ¿Cierto?–
La misma lengua inquieta que no dejaba de parlotear y dejarme en evidencia –Y naturalmente, en vergüenza–, ahora no era capaz de enlazar algunas palabras y sacarme de este enredo.
Ahora que lo pienso, aunque no lo parezca, este hombre es bastante hablador. Ciertamente es descaradamente franco, como si no le diera importancia a lo que los demás piensen de él.
– Jajajajajaja –Con un hilo de voz, una suave risita abandonó mi garganta sin mi consentimiento. Él me respondió con una sonrisa diluida entre un amargo sarcasmo– ¿Cómo acabaste aquí?– Le pregunté finalmente.
– Ah… eso… bueno… digamos que terminé en este lugar por un error de cálculos– Respondió evasivamente.
– Oh… ¿No quieres hablar de eso?– Repliqué mordazmente.
– Aiya, que perspicaz –Repuso serenamente–, pero más que no querer decirlo, es no poder decirlo–
– Aiya –Le imité con ironía–, parece algo bastante importante–
– Ahh… supongo que puedes ponerlo de esa manera, pero yo diría que es simplemente un tema… hmmm –Hizo una pausa pronunciada para tomar inspiración. El muchacho eligió sus palabras con cuidado y entonces dijo– …poco creíble–
Le dirigí una mirada escéptica, a mi no me convencen las excusas. Sin embargo, pronto decidí a olvidarme del asunto, entonces sonreí y me presenté:
– Mi nombre es Alejandra Sagir-Lazzuli, es un placer–
– Alejandra Sagir-Lazzuli… suena distinguido… Como imaginé, debes pertenecer a una familia acaudalada –Articuló el joven en voz baja– Es un gusto conocerte, Alejandra Sagir-Lazzuli, yo me llamo…–
Justo antes de pronunciar su nombre.
– ¡Aleksai! ¡Oh, Dios mío, estás vivo!–
Una mujer, tal vez un par de años mayor que yo, entro agitadamente en la habitación y se dirigió directo hacia la persona que, de ahora en adelante, llamaré Aleksai. El hombre a mi lado.
La mujer joven lo estrechó entre sus brazos.
– Ah… Elizabeth, ¿Tu aquí?–
– ¡Claro que estoy aquí, estaba preocupada! –La joven de nombre Elizabeth suspiró sacudiendo su cabeza algo decepcionada– Recibí una llamada del hospital apenas llegué, y no has contestado ninguna de mis llamadas desde ayer, ¿Qué paso con tu celular? ¿Te asaltaron? ¿Qué te hicieron?–
– El celular… bueno, digamos que ahora hace parte de la estructura de la casa. Parece que voy a necesitar uno nuevo– Contestó Aleksai cínicamente.
– Hah… Por lo menos estas bien– Suspiró la mujer joven sentándose en el borde de su camilla.
Ahora que caigo, esa mujer es muy hermosa.
Su piel es clara y su cabello es negro y largo, además sus ojos son tan azules como los míos. En cierta forma, la configuración de su rostro me recuerda a Aleksai. Vestía de forma fresca pero elegante, como si se tratara de una persona exitosa.
– Aleksai… dime, ¿Por qué terminaste aquí? ¿Qué es lo que te hicieron… y quien te lo hizo?– Indagó Elizabeth, y su rostro se oscureció.
– Fue solo un accidente, querida hermana…– Respondió el joven tajantemente restándole importancia al asunto.
– No intentes engañarme, Aleksai –Replicó la mujer de cabello azabache en un tono algo sombrío– Recibiste una puñalada en el pecho. No es algo que pasa por "accidente", querido–
Parece que a ellos dos los une un vínculo fraterno después de todo. Aleksai es muy afortunado. Esa mujer, Elizabeth, parece quererlo mucho.
Seria agradable tener a alguien como ella preocupándose por mí, porque, en mi caso, seguramente nadie está velando por mí en la sala de espera. Definitivamente no esas personas a las que llamo padres por puro formalismo. Probablemente mi hermano ni siquiera este enterado.
Mis padres nunca se lo dejarían saber. Lo que pasé conmigo… ellos nunca se lo dirán.
Los observé a ambos con algo de envidia.
Elizabeth dejó a Aleksai con una amenazante mirada que claramente expresaba de forma perturbadora: "No creas que te zafaste de esto, más tarde haré que me digas todo". El joven paso saliva nerviosamente y evadió su mirada.
Esta mujer sin duda es aterradora.
– Ah… no, yo solo soy su compañera de habitación. Compartimos la misma habitación, quiero decir– Respondí con torpeza. Algunas gotas de sudor se deslizaron por mi frente al sentir toda la intensidad de su mirada.
– Ajajajajajajajaja. Ya veo, ya veo, ya veo –Respondió ella en forma risueña y refrescante–. Bueno, no me importaría que Aleksai hiciera una linda nueva amiga, es algo solitario– Dijo ella cerrando un ojo.
– Errr... Bueno, yo…–
ONE, TWO… ONE, TWO, TRHEE, FOUR…
Mi celular timbrando desde el bolsillo de mi chaqueta, que junto a todas mis cosas, estaba recostada sobre una silla cercana.
Espera… ¿Mi chaqueta? ¿Mis cosas?
Recuerdo haberlas dejado en mi apartamento… ¿Por qué están aquí?
Aunque me lo pregunté, no creo que nadie pueda darme la respuesta. Aún me queda la duda sobre que pasó esa noche fría en la que casi muero, pero este no es el momento para tratar de descifrarlo.
Me forcé a aceptar los eventos fuera de lugar que estaban ocurriendo, y simplemente dije mientras estiraba mi lastimera mano hacía la silla:
– Ah, es mi celular, discúlpeme por favor–
– Relájate linda, lo alcanzaré por ti– Me dijo ella al verme en mi podre condición intentando incorporarme.
– Gracias–
Me entregó el celular.
La bandeja de mensajes estaba saturada. No hay forma que se trate de mis padres… ¿Tal vez son de mi hermano?
No, el remitente tampoco era él. El número no estaba alojado en mi modesta lista de contactos.
No tuve tiempo de revisarlos pues el médico encargado de mi tratamiento, y al parecer también el de Aleksai, irrumpió pesadamente en la habitación, y le ordenó a Elizabeth retirarse. Ella asintió con un movimiento de su cabeza y se despidió de su hermano con un beso en la mejilla.
Tras quedar nosotros 3 a solas, el médico se dirigió a nosotros, observándonos con sus ojos chiquitos y oscuros, como los de un topo.
– Joven… Jóvenes… ¿No es así? –Dijo riendo para sí mismo– Ah, bien. Yo diría que ambos podrán ser dados de alta en un par de días–
El anciano dijo, y revisó unos documentos, para luego agregar:
– De acuerdo joven… errr… Alek… Aleksai… Que nombre tan curioso –Farfulló algo divertido– Si, curioso, casi tanto como su caso. El neurotomax que sufrió el día anterior ha evolucionado bastante bien, pero tendrá que guardar reposo por un par de meses o podría sufrir una recaída. Pero… aún no llego a comprender como fue que terminó con semejante herida en el pecho, ¿A qué se dedica muchacho, acaso es héroe por las noches?–
– Si fuera héroe durante las noches no habría recibido la puñalada durante el día, ¿no doctor?– Respondió sarcásticamente.
Evadió el tema de nuevo.
Esa persona oculta algo, pensé para mí misma. No parece estar muy a la labor de hablar acerca de lo que le ocurrió, ni siquiera con su propia hermana.
A él… ¿Qué exactamente le paso? ¿Por qué no quiere hablar de ello?
– Ah, y usted, joven Alejandra –Me llamó el viejecillo, sacándome de mis abstracciones–, se ha recuperado bastante rápido para haber sido golpeada por un auto. Cuando llegó aquí estaba al borde de la muerte, casi no puedo creer que esté hablando con la misma persona. Su pronóstico es más reservado, pero estoy seguro que en un par de días estará lista para salir, pero no se sobreexija… hmmm –Revisó nuevamente los papeles en sus manos– Su caso en particular me interesa, estaré haciendo un seguimiento a su desarrollo, así que nos veremos las caras pronto–
El anciano dijo.
– Disculpe, doctor– Musité en voz baja
– ¿Aja?–
– ¿Podría decirme que día es hoy?–
– Hoy es 7 de agosto niña, has estado dormida durante 3 días–
– 3 días… no, 5 días hasta la salida– Articulé en tono desgarrador. Es demasiado tiempo sin poder hacer nada para mi gusto.
– Ah, bien. Los dejaré solos por ahora, deberían descansar–
El doctor abandono la habitación.
Arrastré mis ojos cansados hasta el reloj en la pared que entrecortaba el silencio del lugar con su incansable tictac.
Las manecillas marcaban las 7:15 de la noche. Aunque no era demasiado tarde, quizás por los medicamentos, o tal vez solo por el estrés, sentí un irresistible deseo de volver a dormir. Han pasado demasiadas cosas para un solo día.
Cerré mis ojos deseando no pensar en nada más, y me abandoné a los brazos de Morfeo.
…
El siguiente día, 8 de agosto, no es nada digno de mencionar. Desperté para encontrar el cuarto vacío, pues al parecer mi compañero de habitación estaba siendo examinado por ese viejo doctor de ojos chiquitos y negros como la tierra. Pasé todo el día en cama pasando canales hasta las 5 de la tarde, sin hacer absolutamente nada. La inmovilidad me estaba matando, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
Recibí un par de llamadas del trabajo, y tras algunas discusiones, conseguí que la dispensa médica cubriera las semanas que tomaría mi recuperación. Ninguna llamada de mis padres… aunque ellos fueron informados sobre el accidente por el hospital… pensar que no se tomarían la molestia de llamar a su hija hospitalizada.
Qué clase de personas son estos padres míos, me pregunté.
Me encantaría que fueran un poco más como esa mujer Elizabeth, la hermana de Aleksai. Ah, justo hablando de ella, recuerdo haberla visto buscándolo con una canasta llena de frutas y un celular nuevo entre sus delicadas manos blancas.
Que linda.
Solo intercambiamos algunas palabras, ella pronto se despidió dejándome con la promesa de traerme algún detalle también al día siguiente. Pronto, tal vez a las 6 de la tarde, volví a caer presa del sueño.
…
ONE, TWO… ONE, TWO, THREE, FOUR… TATATA-TATATATATA
– Ah… ya contesto…– Dije entredormida.
Toscamente tanteé la mesa de noche buscando mi teléfono, hasta que por algún azar de la mecánica mis manos se tropezaron con el susodicho aparato.
Mensajes nuevos del mismo número desconocido.
¿Más mensajes?
¿Quién está enviando esto?
Eran las 3 de la madrugada, ¿Quién o que podría ser a esta hora?
Me sentí un poco intimidada. Busqué entre la oscuridad en la camilla del lado algo de compañía para sentirme más segura, pero para mi sorpresa estaba vacía. Un escalofrío recorrió mi espalda. Nerviosamente recorrí con la mirada la habitación, pero no encontré a nadie. Pronto un casi imperceptible suspiro desde el balcón delató la posición de la persona que estaba buscando.
Allí estaba él, recostado contra la baranda con una expresión perdida bajo la luz de la luna, pintando una extraña y estrambótica escena frente al frio paisaje nocturno que se colaba entre las pálidas cortinas.
Juzgué que había recuperado fuerzas suficientes para levantarme, y luego encaminé mis pasos hacia el mismo balcón donde mi compañero de habitación observaba con nostalgia las estrellas.
– Hola…–
– Ah, hola Alejandra. ¿Vienes a ver el firmamento?– Respondió Aleksai tan suave como un murmullo de seda.
– No creo, solo estaba buscándote– Dije yo irresponsablemente
– ¿Buscándome…? ¿Pero por qué?– En medio de la confusa estela que dejó esa frase tan irresponsable, el me preguntó algo aturdido. Solté una risita maliciosa mirándolo a los ojos con aire seductor, pretendiendo estar serena aún cuando yo estaba tan confundida como él.
– Solo necesitaba algo de compañía… para aliviar un poco la soledad –Aclaré en un tono tan placido y dócil como el suspiro de un ángel– Si… creo que yo sencillamente me siento un poco sola–
Ese mismo Aleksai, siempre templado y misterioso se veía entonces tan inocente y desconcertado que no pude evitar sonreír con picardía e intentar seducirlo con indulgente dulzura.
– Oh bueno, supongo que son solo desvaríos de una mujer rota –Murmuré instantes después con arrebatada melancolía– Estoy asustada… yo…– No encontré palabras para continuar. Simplemente estoy aterrada por algunos mensajes. En realidad es algo tonto.
– Alejandra tu… solo es una suposición, ¿Pero podría ser que no sepas como llegaste aquí?–
– Ah… Si… Un auto me atropelló. Siendo honesta, es todo lo que recuerdo. El cómo llegué aquí, quien trajo mis cosas… no sé nada de eso. Nadie… mis padres… mi familia… absolutamente nadie lo hubiera hecho… yo estoy completamente sola. Y ahora estos malditos mensajes… ¿Quién los está enviando? ¿Acaso alguien está tratando de matarme? –Murmuré al borde de las lágrimas– ¿Que exactamente es lo que pasa…?–
– ¿Tan malo es? –Se preguntó a si mismo Aleksai– ¿Qué dicen esos mensajes?–
– No he leído ninguno. Ese el auténtico motivo que me impulso a buscarte… tengo miedo de leer esta cosa yo sola–
– A ver, A ver…– Farfulló descuidadamente.
Mi celular terminó en sus manos antes de darme cuenta. Sin rechistar pase mi cabeza por encima de sus brazos, solo para leer en la pantalla del teléfono lo último que podría esperarme:
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Su excelente desempeño durante la segunda temporada del juego le ha ganado uno de los 40 tickets para el torneo mundial de League of Legends – The Wide World. Para instrucciones de uso y suscripción reconfirme al número expreso en la plantilla de presentación sus datos de usuario y código de invocador.
Se recuerda a todos los invocadores seleccionados que su participación en el torneo es de carácter OBLIGATORIO.
Todos los derechos reservados para RIOT GAMES.
– ¿Ah…? ¿Qué es…?– Balbuceé anodada.
Siguiente mensaje.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
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¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
Has ganado un cupón de descuento para un show de streap-tease en chocolate solo para mujeres – Ah, este es interesante, debería guardarlo.
~Ahem~
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
Y el siguiente.
¡Felicitaciones, invocadora Blur Alchemist, ha sido elegida!
…
Desde el 4 de agosto, toda la bandeja de entrada.
Por el mismo mensaje, del mismo número.
Completamente saturada.
Todos diciendo exactamente lo mismo.
Tal vez cientos de ellos, y no dejaban de llegar.
¿Qué significa esto?
Gire lentamente el rostro hacía Aleksai en busca de alguna pista, pero él, blanco como un tempano de hielo, no podía creer lo que leía al igual que yo. Solo podía ver sus dedos deslizándose por los infinitos mensajes que se escurrían entre la pantalla como dunas de arena en un desierto.
El silencio se volvió el idioma natal del lugar.
Ninguno de los dos pudo siquiera mascullar algún torpe intento de palabra, en ninguna lengua ni dialecto.
ONE, TWO… ONE, TWO, THREE, FOUR… TATATATA-TATATATATATA…
Aquel mismo tono irritante con el que mi celular timbra tuvo el valor de perforar la barrera de afonía que embargaba la habitación, pero no se trataba de mi teléfono.
Aleksai introdujo su mano lentamente en su bolsillo y saco un celular de aspecto similar al mío.
Parece que compartimos el mismo timbre de llamada.
En la pantalla de su celular. En grandes letras negras. Exactamente el mismo mensaje para un destinatario diferente:
¡Felicitaciones, invocador Blue Lavel'Leven, ha sido elegido!
Su excelente desempeño durante la cuarta temporada del juego le ha ganado uno de los 40 tickets para el torneo mundial de League of Legends – The Wide World. Para instrucciones de uso y suscripción reconfirme al número expreso en la plantilla de presentación sus datos de usuario y código de invocador.
Se recuerda a todos los invocadores seleccionados que su participación en el torneo es de carácter OBLIGATORIO.
Todos los derechos reservados para RIOT GAMES.
No lo entiendo.
No pude entenderlo. No fui capaz de comprender lo que estaba ocurriendo. No conseguí encontrar alguna respuesta que satisficiera mi sed de lógica.
Lo mire.
Y entonces dije:
– Aleksai… ¿Qué mierda significa esto?–
Seria. Ni siquiera un asomo de risa. Lo que yo quería era una respuesta palpable y real.
No aceptaría excusas.
No de él.
Justo como yo.
– Alejandra yo nunca pensé que… estuvieras involucrada en esto. A estas alturas ya no puedo seguir ocultándote nada… ¿Parece? – Respondió.
Lo sabía… él estaba escondiendo algo. De mí, de su hermana… de todos.
Algo de lo que no puede hablar.
Un historia poco creíble.
¡AAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Una horrible carcajada atravesó el hospital entero como una bala. Lentamente, nosotros dos, desde el balcón, nos giramos hacía la puerta de la habitación, donde allí, en la tenue oscuridad del cuarto se alzaba la espeluznante cabeza de un payaso desde el interior de una caja de sorpresas.
¿Qué es esa cosa?
Y entonces sucedió.
Aterrada por la perturbadora imagen, giré mi rostro de vuelta hacia el exterior, y entonces lo vi. Y entonces sucedió. Verlo fue desagradable.
Mis piernas perdieron la fuerza para mantenerme erguida. Caí sobre mis rodillas, temblando de la cabeza hasta los pies.
Mi corazón duplicó, no, triplicó su ritmo.
El aire se hizo tan denso y pesado como la plata.
Sudor frío recorriendo la curva de mi espalda.
Qué horrorosa escena. Qué escalofriante sentimiento. Que insoportable dolor. Que quimera de emociones más espantosa fue la que nació en lo más profundo de mi corazón. Soledad y dolor pasando frente a mis ojos como la cinta de una película, igual que la última vez.
Sangre fresca escapando de la piel.
Sangre seca esparcida sobre el suelo.
No, no quiero… ¡No puedo soportarlo! ¡No quiero sentir esa agonía nuevamente! Si es así yo preferiría… ¡Si tiene que ser así, entonces preferiría morir!
Por un momento, solo por un corto instante, sentí perder el conocimiento.
– ¡Alejandra! ¡¿Alejandra que te sucede?!–
– ¿Ah…?–
¿Quién…?
Ah, es cierto, estoy con Aleksai, el misterioso compañero de habitación con el que por algún capricho del destino terminé pasando estas noches de agonía. El me despertó. No estoy sola ahora. Tendida desde el suelo y muda por el miedo, frágilmente pase mi mano por su mejilla en forma de agradecimiento.
Estar aquí es suficiente. Solo estar conmigo… solo sostener mi mano… yo estoy bien solo con eso.
– Alejandra, responde, ¿Qué es lo que te está pasando?– Me preguntó tras conseguir restaurar el contacto visual. Me sacudió un poco para obligarme a volver a mis sentidos.
Salí como de un trance.
Algo confusa, pero no desorientada.
Aleksai preguntó algo así como que sucede, ¿Cierto? Si… creo que eso fue lo que él me pregunto, así que tengo que responderle. Aunque esté completamente poseída por el miedo, tengo por lo menos que responderle.
Levanté mi mano derecha y señalé hacia la carretera.
– ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que hay allá afuera?–
– Ese es... –Respondí señalando un auto de color gris que, aún ahora, no sé como reconocí– El auto que me arrolló. La razón por la que estoy aquí… la cosa que casi se lleva mi vida…–
Ese bastardo del automóvil que me dejo hecha pedazos en medio de la calle, y que no tuvo la menor consideración por mi vida, llegó hasta aquí para restregar sal en mis heridas.
Para cortar los hilos que cosían las partes de esta mujer rota.
Bueno, bueno, bueno. Séptimo capítulo en lineas generales y 4,1 según el contexto de la historia.
Como siempre cualquier duda, felicitación, queja, amenaza, declaración o confesión respecto a mi composición seran leídas y aceptadas o incineradas en los reviews. Entre otras cosas hice una pequeña actualización al sumario para sintetizar mejor el contenido de la historia, esto desde que el anterior era un poco abierto y daba pie a la confusión... próximamente tal vez también cambie el título, porque con esta sequía de comentarios estoy pensando en nombrar la historia a "El desolado desierto de Shurima" o algo así.
Como sea, un saludo y que disfruten de la historia.
