Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a J.K. Rowling.


2. GALLETAS

Draco llegó a M-Corp puntual como cada día. Su nueva asistente había demostrado desde el primer día ser más competente de lo que había sido la anterior en los dos años que trabajó para él. Seis meses habían pasado desde aquel primer día y hoy podría afirmar que contratar a la chica había sido una de las mejores decisiones que había tomado en mucho tiempo. Hermione era organizada, puntual, pulcra y discreta. Y a veces parecía que le leía la mente.

Cuando llegó a su oficina, sobre su escritorio se encontraba su llameante taza de café caliente, no pasó mucho para que se diera cuenta que la chica hacía un café delicioso, y junto a este, se encontraba un pequeño plato de porcelana negra cubierto con una servilleta. Draco sonrió al saborear las galletas de anís con manzana que él sabía, estaban debajo de la servilleta.

No negaba que tuvo sus dudas respecto a la chica cuando se presentó el primer día con su traje marrón desgastado que parecía ser dos tallas más grande que la chica y su cabello arreglado como si de una señora de cincuenta años se tratase. Afortunadamente, Theo la había llevado de compras como se lo pidió y el resultado fue al día siguiente un vestido formal negro que abrazaba las curvas de la chica como si se tratara de una segunda piel. Recordó cómo tragó en seco cuando la vio con el vestido negro, tacones a juego y su cabello castaño perfectamente arreglado a corde a su edad.

Al verla así, no tardó en darse cuenta que la chica le representaría enormes problemas cuando el personal masculino de la empresa la conociera. Sin tomar en cuenta el drama que Astoria le daría cuando la conociera, cosa que, afortunadamente, aún no había pasado. Draco tomó una galleta y la mordió antes de darse cuenta que la puerta del archivo conjunto a su oficina se encontraba abierta y la luz encendida. Levantó una ceja al escuchar movimiento y sin hacer ruido se recargó en su escritorio mientras bebía tranquilamente su café.

Hermione salió del archivero y brincó al ver a Draco tirando algunos papeles que llevaba en las manos. Inmediatamente se agachó a recogerlos notando como sus mejillas comenzaban a tornarse rojas. Draco dejó su taza en el escritorio y se agachó a ayudarle.

-Lo siento, Granger, no fue mi intención asustarte.

-No se preocupe, debí de estar más alerta. No lo escuché entrar. Gracias -contestó cuando el rubio le entregó el último folder con documentos.

-Por nada -respondió levantándose y caminando de regreso a su escritorio-. El dia de hoy tendremos una junta con los inversionistas de Bulgaria a las cinco de la tarde, necesito que te quedes y que por favor consigas un par de botellas de rakia -Hermione asintió en silencio memorizando el pedido del rubio. Draco la miró de arriba a abajo-. Probablemente necesites cambiar de atuendo. Si requieres ir a tu casa puedes hacerlo antes de tu descanso.

Hermione asintió un poco ofendida. Cuando el rubio comenzó a teclear en su computadora, que ella había encendido para él como todas las mañanas, salió de la oficina en silencio roja como un tomate del coraje. ¿Qué había de malo con su ropa? Bufó dejando los papeles en su escritorio, se sentó en su silla y comenzó a trabajar.

Cerca del mediodía se levantó de su lugar y entró al pequeño baño que había en su oficina y que era de uso exclusivo para ella, se miró en el espejo de cuerpo completo que había detrás de la puerta tratando de encontrar algún fallo en su vestimenta. No lo encontró. Vestía un pantalón formal entallado de color negro, una blusa blanca de manga larga con un lazo negro anudado en el cuello y tacones negros.

Se veía elegante, discreta, formal y, lo más importante, su ropa concordaba con la de las demás asistentes de la empresa; las cuales parecían supermodelos en busca de marido. Hermione retocó su moño impecable y después de refrescarse salió del baño. Theo la esperaba sentado frente a su escritorio mordiendo una galleta de anís con manzana, Hermione le sonrió al verlo.

-Buenos días Hermione.

-Buenos días Theo.

-Por tu semblante intuyo que Draco ya te sacó de tus casillas -dijo el castaño tomando otra galleta del frasco sobre su escritorio.

-Puede ser -contestó ella sentándose en su silla-. Si sigues comiendo tantas galletas te pondrás obeso.

-No es mi culpa que hagas unas galletas tan deliciosas y que además mantengas ese maldito frasco lleno -Hermione le sonrió de nuevo al castaño antes de volver a fruncir el ceño-. ¿Ahora cuál fue el pecado?

-Quiere que me quede para la junta con los búlgaros.

-No veo cual sea el problema, eres su asistente.

-No entiendo cual sea el problema con mi atuendo, me pidió que lo cambiara.

-Oh, eso -dijo el castaño restándole importancia y tomando otra galleta-. No es por Draco, por primera vez, es cosa de los búlgaros.

-¿Disculpa? -preguntó una confusa Hermione. Theo sonrió antes de contestar.

-O sea, probablemente sea culpa de Draco, pero, la razón por la que te pidió cambio de atuendo se llama Igor Karkarov y es el presidente de Industrias Krum, nuestros socios en Bulgaria. El hombre es un tanto anticuado y no tolera ver a las mujeres en pantalón por más formal que sea -Hermione frunció el ceño al escuchar la explicación de su amigo-. También tengo que advertirte, es probable que intente invitarte a salir.

-Supongo que no es la primera vez que lo hace.

-Ha invitado a salir a todas las asistentes pasadas de Draco, y probablemente a las de Lucius también.

Hermione comenzó a morder el bolígrafo que traía en la mano. El padre de Draco, Lucius Malfoy, había sido CEO de M-Corp hasta que decidió jubilarse y dejarle el puesto a su hijo cuando este cumplió los treinta años. Se recargó en el respaldo de su silla lo menos femenina del mundo ocasionando que Theo la mirara de forma burlona.

-Vaya, que femenina.

-Oh, cállate -el teléfono privado que conectaba la oficina de Draco con la de Hermione comenzó a sonar. Hermione se enderezó y contestó-. ¿Sí?

-Hermione, ya puedes retirarte. Te necesito aquí a las cuatro para preparar la junta. Y por favor, ¿podrías traerme más galletas antes de que te retires?

-Enseguida señor -respondió ella aguantando la risa que Theo le provocaba haciendo una mímica de Draco-. Basta -le pidió después de colgar.

-Cuando Draco y yo estemos gordos y perdamos todo nuestro encanto cantarás victoria, ¿verdad? ¿Ese es tu plan?

-Oh sí -respondió ella tomando su bolso y caminando hacia la puerta-. Mi plan malévolo es que ustedes dos dejen de ser guapos.

-¿Piensas que somos guapos?

-Bye Theo.

Dijo ella saliendo antes de cerrar la puerta detrás de ella. Hermione no pudo evitar entrar en el elevador con una sonrisa. Theo se había convertido en un muy buen amigo desde que se quedó a cenar con ella y su familia después aquel penoso incidente con Ron. El castaño era de la misma edad que Draco, se conocía desde niños e incluso habían estudiado juntos en Hogwarts, pero, a diferencia del rubio, Theo era soltero.

En la cena, aquél día, Theo había sido tan encantador y tierno con Rose al punto que su hija le había pedido que la abrazara, el castaño accedió y después de un rato Rose se quedó dormida en sus brazos. Hermione nunca había visto a su hija tan cómoda cerca de un hombre que no fuera Harry, por lo que ese fue el comienzo de su amistad,

Todos los días Theo y Hermione almorzaban juntos en el pequeño jardín que estaba encima de la oficina de Draco y que Theo le había mostrado dos semanas después de su primer día. Fue la primera vez que el castaño probó sus galletas caseras de anís con manzana y quedó totalmente enamorado de ellas. Le había dado pena aceptar que en sus tiempos libres hacía esas galletas, las favoritas de su hija, y en un principio le dijo que las compraba. Después le confesó la verdad cuando le preguntó el nombre del establecimiento para comprarle unas a su madre. A partir de ese día, el ojiazul le había hecho prometerle que siempre tendría galletas a la hora del almuerzo.

Hermione sonrió de nuevo al recordar la cara de su amigo y salió del elevador directo hacia la calle. Tomó un taxi para llegar más pronto y así poder pasar un poco de tiempo con Rose antes de volver a la oficina, había decidido pronto en la mañana que si tenía que ir a su casa a cambiarse por capricho de Draco al menos pasaría un poco de tiempo extra con su hija.

Su madre se sorprendió al verla llegar, pero, después de explicarle porque estaba en casa tan pronto, le sirvió un poco de patata asada con roast beef en lo que ella le terminaba de dar de comer a Rose. El rostro de su hija se iluminó al verla tan pronto en casa y Hermione sintió un apachurro en su corazón al saber que se tendría que ir de nuevo. Sin embargo, se controló y decidió disfrutar del momento junto a su hija.

Cuando terminaron de comer Hermione llevó a Rose a su habitación, desde que regresó a Londres vivía con sus padres en su antigua habitación, había insistido en conseguir un lugar para ella y Rose pero su padre le había pedido que se quedaran con ellos. Aparentemente el incidente con Ron había preocupado a su padre y el tenerlas en su casa era su forma de cuidarlas.

-¿Qué se supone que debo de usar para quedar bien con el horrible búlgaro, Rosie? -le preguntó a su hija quien jugaba animadamente con su jirafa de peluche.

-No de -contestó la niña sin poner atención. Hermione sonrió buscando un vestido que fuera sobrio pero a la vez elegante.

-¿Te gusta este? -le mostró un vestido color rosa pálido de manga tres cuartos, cuello cuadrado y largo hasta la pantorrilla. La niña lo vio y sacó la lengua después de un momento.

-Feo.

-¿No te gusta? -la niña negó con su cabecita y siguió jugando con su peluche, Hermione puso de nuevo el vestido rosa en el armario-. Bien, no. ¿Qué tal este otro? -le mostró uno color azul. La niña miró por un momento el vestido antes de negar con su cabecita de nuevo-. ¿Tampoco? Bien, público exigente.

-Jidafa -dijo Rose señalando su peluche. Hermione le sonrió.

-No puedo ir vestida de jirafa, amor, mami va a trabajar.

-Mami, omir -respondió la niña bostezando y extendiendo sus manitas. Hermione dejó el tercer vestido en el armario para acercarse a su hija y acunarla en sus brazos,

Cuando sintió la respiración lenta de Rose, con cuidado la dejó en la cama profundamente dormida. La pequeña pelirroja se veía tiernamente adorable abrazando su jirafa, por lo que Hermione tomó su móvil y tomó una foto preguntándose cómo era que Ron no quería ser parte del crecimiento de su hija.

Theo miró a Draco mientras almorzaban en el jardín privado del rubio en M-Corp. Su amigo comía despreocupado el rib eye con ensalada de zucchini asada que el cocinero privado de Draco les había preparado. El castaño a veces no entendía cómo su amigo podía ser un tiburón en los negocios pero un asno si en cuestión de mujeres se trataba.

Draco continuó comiendo despreocupado hasta que Theo sacó una galleta del frasco que había en el centro de la mesa. El rubio lo miró con una ceja levantada, curioso.

-Si sigues comiendo galletas te vas a poner gordo.

-Mira quien lo dice.

-¿Disculpa?

-Hermione, ¿podrías traerme más galletas antes de que te retires por favor? -le imitó el castaño. Draco miró con curiosidad burlesca a su amigo.

-¿Acaso estás celoso?

-¿Celoso yo? Pff.

-No entiendo a donde va esta conversación. Sí, me gustan las galletas que prepara Hermione, ¿hay algún problema con eso?

-Podrías ser más amable con ella.

-Soy amable con ella.

-Sí, ajá -dijo el castaño levantándose de su asiento, Draco lo miró con una ceja levantada-. Solo inténtalo, ¿quieres?

-¿Soy yo o algo está pasando entre mi asistente y mi gerente de finanzas, Theo? -El castaño miró incrédulo a su amigo.

-Estás delirando.

-Bien, porque sabes lo que opino de los romances en la oficina -respondió severo el rubio continuando con su comida. Theo sacó un cigarro y lo encendió rodando los ojos-. También sabes lo que opino de tu asqueroso hábito de fumar.

-Afortunadamente sobre eso no tienes jurisdicción.

Hermione entró el elevador privado nerviosa. Al final había escogido un vestido color lila de tela ligera que llegaba justo debajo de sus rodillas; la falda era un poco amplia y creaba ondas al final, de la cintura hasta el cuello simulaba una camisa y en el cuello tenía un lazo anudado en un moño; las mangas llegaban a medio bicep y eran un poco abultadas en los hombros pero justas al final. Lo había combinado con unos zapatos de tacón cerrados color hueso y su cabello en un moño bajo.

Entró a la oficina de Draco extrañada de que su jefe no se encontrara, por lo regular regresaba del almuerzo cerca de las tres de la tarde, pero eran tres treinta y el rubio no estaba en su lugar. Dejo unas cuantas galletas en el pequeño plato de porcelana negra y cuando estaba a punto de retirarse escuchó ruidos que provenían del archivo. Asustada, abrió la puerta lentamente y casi se fue para atrás de la impresión.

Una mujer de unos treinta años y cabello negro la miraba con cara de superioridad, sentada sobre un archivero de tres plazas con lo que parecía ser su blusa desabrochada y las piernas abiertas. En medio de sus piernas se encontraba un semidesnudo Draco embistiendola salvajemente. Hermione salió con rapidez de la oficina colorada como un tomate y acalorada. Se metió con nerviosismo al baño e intentó calmarse.

-¿Hermione? -escuchó a Theo llamarla después de un rato. Se miró en el espejo una última vez antes de salir.

-¿Sí? -preguntó saliendo del baño. El castaño la miró de arriba a abajo y le sonrió.

-¿Estás lista? Draco nos requiere en su oficina -dijo el castaño alegre. Hermione se sintió acalorada de tan solo pensar en ver a su jefe después de lo que había presenciado hace unos minutos.

-Sí -dijo tratando de usar todo el autocontrol de lo que era capaz. Theo le ofreció su brazo y, después de tomar su libreta de apuntes y un lápiz, entraron en la oficina del rubio.

Draco estaba sentado tranquilamente detrás de su escritorio, frente a él, en la silla de cuero negra que normalmente Theo usaba, estaba sentada la mujer de cabello negro que había visto en el archivero. Al verla, Hermione se sonrojó ocasionando que la mujer le sonriera con preponderancia antes de levantarse y saludar a Theo besándolo en ambas mejillas.

-Hola Pansy -saludó alegremente el castaño a la mujer-. Veo que las vacaciones te sentaron bien.

-De maravilla, sin embargo, me urgía regresar a Londres. Italia puede ser muy abrumador esta época del año.

-Bienvenida de vuelta. ¿Cómo está Gregory? -preguntó el castaño tomando asiento en la silla contigua a la de Pansy. La pelinegra se encogió de hombros.

-Como siempre, supongo. Se quedó en Milán resolviendo unos asuntos familiares.

-Bien -interrumpió el rubio llamando la atención del castaño, Hermione procuró no verle la cara-. Pansy, ella es mi nueva asistente, Hermione Granger -la castaña le tendió una mano pero la mujer simplemente la miró.

-Un placer -respondió volteando de nuevo con Draco ignorando el saludo de Hermione-. Los dejo, tengo que ir a ver cómo está el pequeño Gary -se levantó y miró burlonamente una última vez a Hermione-, ya saben como es mi suegra. Nos vemos.

Draco miró la cara roja de Hermione y no pudo evitar sentirse culpable. Normalmente cuando Pansy lo visitaba echaba el pestillo a la puerta de su oficina para no tener ningún tipo de interrupciones, pero ese día lo había olvidado y cuando escuchó sus pisadas alejarse corriendo del archivo supo que los había visto.

La última vez que vio a Pansy fue justo el día que Hermione se presentó en su traje de sastre café dos tallas más grande porque esa misma tarde la pelinegra viajaba a Italia con su esposo y su hijo de seis años, Gary. Habían follado como conejos en su oficina aprovechando que Theo había llevado a Hermione a comprar su nuevo guardarropa.

Ahora la chica era incapaz de mirarlo a la cara, y no podía culparla. Aun seguía un poco confuso del porque se sentía culpable, no era la primera vez que alguna de sus asistentes entraba cuando estaba con Pansy, pero si era la primera vez que se sentía apenado y con una terrible necesidad de disculparse. Miró a Hermione de nuevo pero la chica seguía parada detrás de Theo, usándolo como escudo.

-Granger -la llamó.

-¿Sí señor Malfoy? -respondió con la mirada clavada en su libreta.

-Toma asiento por favor -incomoda, la castaña tomó asiento en la silla desocupada-. Bien. ¿Compraste las botellas de rakia que te solicité?

-Si, señor.

-Bien. Los búlgaros llegarán dentro de poco, por favor Hermione, necesito que anotes los puntos más importantes de la junta y me entregues una minuta al final.

-Entendido.

-Theo, por favor, necesito que lleves los reportes contables del año pasado y el antepasado.

-Vale -respondió el castaño levantándose de la silla. Hermione puso cara de espanto al ver levantar a Theo, acción que no pasó desapercibida por Draco-. Los veo en un momento.

Hermione comenzó a garabatear nerviosamente sobre su libreta sintiendo como el color regresaba de nuevo a sus mejillas. Draco se levantó de su silla y caminó hacia la credenza donde mantenía unas botellas de whisky y otros licores. Se sirvió un whisky en las rocas y le dio unos cuantos tragos antes de girarse hacia ella y suspirar. Notó como los hombros de la chica estaban tensos, así que sirvió otro whisky y caminó hacia ella. Se lo ofreció y, finalmente, la chica lo volteó a ver confundida.

-Por favor, tómalo -le pidió el rubio. Hermione tomó el vaso con mano temblorosa e inmediatamente sus mejillas se tornaron rojas-. Creo que te debo una disculpa.

-Yo… Debí tocar primero.

-Fue poco profesional de mi parte. Lo lamento mucho, de verdad estoy muy apenado.

-No se preocupe, señor.

-Llámame Draco por favor.

-No sería apropiado.

-Por favor, Granger.

La puerta de la oficina se abrió y Theo entró acompañado de dos hombres altos, uno era mucho mayor que el otro. Ambos hombres se acercaron a Draco y lo saludaron en otro idioma. Theo miró con una ceja levantada el vaso de whisky que Hermione tenía en la mano. La chica lo dejó sobre el escritorio y se levantó de la silla. Theo se acercó a ella y con una mano sobre su espalda, la condujo a la pequeña sala de juntas privada del rubio.

-Igor, Viktor. Que gusto verlos -dijo Draco entrando en la sala. Los hombres miraron a Hermione y el más joven le sonrió-. Ella es mi asistente, la señorita Hermione Granger.

-Señorrita Grranger, Viktor Krum -se presentó el hombre más joven extendiendo una mano a Hermione. La chica le respondió el saludo.

-Mucho gusto.

-Igor Karkarov -se presentó el hombre mayor desnudando a Hermione con la mirada, haciéndola sentir incómoda. Antes de que pudiera decir algo, Theo le indicó que se sentara a un lado de él alejada de Karkarov, cosa que la chica agradeció.

-Bien -dijo Draco tomando asiento, seguido de los búlgaros y Theo-. Me sorprende tu visita, Viktor, Igor no mencionó que vendrías.

-El tampoco estaba al tanto de eso.

-Cómo saben -comenzó a hablar Igor-, lamentablemente el señor Mihail Krum falleció hace unos meses; antes del terrible suceso Viktor se estuvo preparando para tomar su puesto como presidente de Industrias Krum pero no pudimos concretar el nombramiento. Lo hicimos hace unos días y estamos visitando a todos nuestros socios y empresas hermanas para hacer el nombramiento oficial.

-Felicidades Viktor -dijo Draco-, si me lo permites, celebraremos con una copa. Granger por favor, ¿podrías traernos unas copas de whisky?

-Enseguida.

Cuando Hermione se levantó de su silla para ir por la botella y los vasos, Viktor Krum la miró con una sonrisa coqueta e Igor Karkarov con una mirada que la hizo sentir incómoda. La castaña salió rápidamente de la sala y se bebió por completo la copa de whisky que Draco le había dado previamente. Desde la primer mirada incómoda del mayor de los búlgaros, Hermione supo que la junta sería larga e incómoda.

Tomó la pequeña charola de plata de la puerta izquierda de la credenza, cuatro vasos y la botella de whisky favorita de Draco. Después tomó la pequeña hielera de plata y la llenó con hielo del pequeño frigobar que había detrás de su escritorio. Antes de entrar de nuevo a la sala de juntas tomó un pequeño respiro y se armó de valor.

Cuando entró en la sala de juntas, los cuatro hombres charlaban sobre los negocios que tenían en conjunto. Theo le mostraba a Viktor los libros de contabilidad y se los explicaba mientras que Draco platicaba en búlgaro con Igor. Cuando Hermione entró en la habitación los cuatro hombres la voltearon a ver; Theo la miró con alegría y le sonrió, Viktor le sonrió de nuevo coquetamente, Igor la volvió a desnudar con la mirada y Draco… Hermione no pudo descifrar la mirada que le dio el rubio.


¡Hola! ¿Cómo están chicas y chicos de Fanfiction? Les traigo un nuevo capítulo de esta historia que encontré abandonada en mi computadora. Estoy un poco emocionada por esta historia y me tiene muy contenta la aceptación que ha tenido.

Si les gusta, no duden en dejarme un review con sus opiniones sobre la historia.

Un beso, Kat!