Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a J.K. Rowling.
3. ENCUENTRO
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La junta terminó cerca de las diez de la noche. Hermione sentía que sus pies estaban a punto de reventar de lo cansada que estaba, Theo y Draco habían bajado a despedir a los búlgaros, por la hora que era de seguro no regresarian por lo que se quitó los zapatos, soltó su cabello, desató el lazo del vestido y desabrochó los primeros cuatro botones del vestido. Entró a la sala de juntas y comenzó a recoger.
Draco entró en su oficina y le extrañó ver la luz de la sala de juntas encendida. Imaginó que Hermione se había retirado detrás de ellos considerando que se tardó un poco en deshacerse de los búlgaros, sin embargo allí estaba, recogiendo papeles distraídamente. Así que se permitió observar.
Cuando la castaña hacia cosas distraída relajaba la cara y se veía más joven de lo que era. Draco notó que algunos botones de su vestido estaban desabrochados lo que le daban un aspecto relajado, el cual hacía juego con su cabello rizado suelto. Sin poder evitarlo sonrió al recargarse en la puerta. Al hacerlo Hermione volteó a mirarlo asustada.
-Lo siento, no pretendía asustarte.
-Pensé que ya se había ido, es tarde.
-Lo mismo digo, son casi las once de la noche, Granger.
-¿Lo es? -la castaña revisó su reloj de pulsera-. Cierto. Debería de irme ya -comenzó a levantar los papeles para dejarlos en su escritorio, Draco la alcanzó y tomó los papeles de sus manos-. No se preocupe.
-Te llevo a casa, es muy tarde -se ofreció Draco acompañandola a su escritorio y notando que estaba descalza.
-No se preocupe, pediré un taxi.
-Insisto, Granger, por favor. Después de todo es mi culpa que estés en la oficina a esta hora. No aceptaré un no por respuesta.
-Esta bien.
El rubio miró a Hermione ponerse sus zapatos de nuevo con una mueca de descontento por lo que asumió que después de estar todo el día en zapatillas altas sus pies le debían de doler. Llegaron al estacionamiento y Hermione miró con alivio el auto del rubio, aliviada de saber que no caminaría mucho. El rubio, caballeroso, abrió la puerta del copiloto y la castaña se subió. Los primeros minutos del viaje fueron en silencio hasta que Draco miró sus piernas y sonrió.
-Si quieres puedes quitarte los zapatos.
-Estoy bien -respondió la chica incómoda. El rubio soltó una risa grave que Hermione encontró demasiado sensual no pudo evitar recordar la imagen de la espalda y trasero desnudo de Draco y se sonrojó.
-Te ves adorable sonrojada -soltó el rubio ocasionando que se sonrojara aún más-. Perdón de nuevo por mantenerte hasta tarde en la oficina.
-No se preocupe. Mañana es sábado, así que no me importa.
-¿No tienes planes para hoy? Las demás chicas de tu edad estarían camino a algún club o bar.
-Bueno, las demás chicas de mi edad no tienen una hija de dos años a quien cuidar.
-Cierto -recordó el rubio. En los seis meses que tenía la castaña trabajando para él nunca había faltado un día, ni pedido algún tipo de permiso relacionado con su maternidad por lo que a veces el rubio olvidaba que la chica era madre-. A veces olvido que eres madre. ¿A tu esposo no le molesta que trabajes hasta tarde?
-Soy divorciada, señor Malfoy.
-Cierto -respondió el rubio apenado. Hermione se puso el cabello detrás del oído gesto que le pareció a Draco de lo más adorable-. Y ya no estamos en horas laborales, así que llámame Draco, el señor Malfoy es mi padre.
-Lo siento, la costumbre.
-Sobre lo que pasó en mi oficina en la tarde -Hermione se sonrojó de nuevo al recordar otra vez la imagen del trasero del rubio-, de verdad lo lamento mucho. Olvidé poner el pestillo a la puerta y…
-No se preocupe, yo… Yo debí tocar antes de entrar. Asumí que no se encontraba en la oficina porque suele comer fuera.
-Lo siento también por eso -respondió el rubio con los ojos sobre el camino. Hermione miró al rubio de reojo y no pudo evitar sonrojarse.
-En la siguiente esquina me puedo bajar, mi casa queda cerca de allí -Draco miró la esquina oscura que la castaña señaló y negó con la cabeza, de ninguna manera la dejaría bajar en ese lugar.
-Absolutamente no -respondió el rubio sobresaltando a la chica-. ¿Izquierda o derecha?
-¿Disculpe?
-No te voy a dejar en esta esquina oscura y sola -indicó el rubio-, solo un patán haría eso. Así que por favor, ¿izquierda o derecha?
-Derecha -respondió Hermione sintiéndose confundida.
No pudo evitar recordar la primera vez que Ron la llevó a su casa. Eran cerca de las once de la noche cuando salieron del pub en el centro de Londres, Harry y Ginny tomaron camino hacia la casa de Harry en Islington y ella y Ron hacia Stockwell, donde ella vivía. La mayor parte del camino Ron se quejó de lo lejos que estaba su casa y de lo mucho que le cobraría un taxi llevarlo a la suya hasta Tottenham.
-Es la casa al final de la calle -señaló Hermione una bonita casa de dos pisos. Draco se estacionó afuera y miró la silenciosa casa.
-¿Vives sola?
-No, vivo con mis padres. Mi madre me ayuda con mi hija cuando salgo tarde del trabajo.
-No siempre saldremos tarde.
-No hay problema por eso. Muchas gracias señor Malfoy -dijo la chica abriendo la puerta. Draco, sin pensarlo, puso su mano en la pierna de la chica para detenerla. Cuando la chica lo miró confundida, el rubio quitó la mano como si quemara.
-Lo siento. Que tengas un buen fin de semana.
Hermione bajó del lujoso auto y entró a su casa agitada, miró por la ventana para darse cuenta de que Draco apenas encendía el auto y se iba. El lugar donde el rubio había puesto su mano parecía quemarle y el gesto de esperar a que entrara a su casa sana y salva la había conmovido. Miró el reloj y se sorprendió al ver que era la medianoche.
Se quitó los zapatos y subió silenciosamente las escaleras en medio de la oscuridad. Entró a su habitación y se dirigió a su cama donde su hija descansaba, Rosie dormía tranquilamente con las mejillas sonrosadas y el cabello rojo esparcido por su pequeña almohada. Dejó sus zapatos con cuidado en el armario y, cansada, se desvistió pero cuando su reflejo desnudo captó su atención.
Miró con atención cada parte de su cuerpo delgado; antes de tener a Rosie sus pechos eran pequeños pero generosos y bien formados, con el embarazo habían crecido y después de la lactancia habían mantenido el mismo tamaño pero sus pezones habían oscurecido un poco; su vientre había regresado al mismo tamaño que tenía antes de embarazarse después de unos meses sin embargo, algunas estrías quedaron marcadas sobre su vientre y caderas, estrías que no habían estado allí antes pero que a ella no le molestaban.
Después sus ojos se dirigieron a la marca invisible que había dejado la mano de Draco cuando la tocó en su automóvil y la imagen de la espalda desnuda del rubio inundó su mente. Hermione sonrió al recordar la calidez del toque del rubio e imaginó cómo sería pasar una noche con él, sentir su toque, el sabor de sus besos, la calidez de su cuerpo.
Rosie suspiró y sacó a Hermione de su imaginación haciendo que la realidad le cayera a Hermione encima. Draco era un hombre casado y, por más amantes que tuviera, jamás se fijaría en una simple secretaria como ella que además era una madre soltera y vivía en casa de sus padres porque no podía pagar un lugar para ella y su hija.
Deprimida, se puso su pijama más viejo y se acostó a dormir limpiándose las lágrimas traicioneras que corrían por sus mejillas.
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Draco conducía en silencio por las calles de Londres furioso consigo mismo. Desde el primer instante en que Hermione se presentó en su oficina vestida con el vestido que de seguro Theo le había escogido, sintió un nudo en la garganta y supo que la castaña le traería problemas. La chica tenía una belleza clásica y exquisita que con la ropa que Theo la había llevado a comprar resaltaba.
Desde el día uno luchó contra sus instintos de llevarla a la cama debido a la eficiencia que la chica demostró. A pesar de que los estudios de Hermione estaban inconclusos, la castaña era muy inteligente y Draco se dio cuenta de eso en la primer junta que tuvieron. Y entonces un día, llegó a la oficina y se encontró con un pequeño plato de porcelana con galletas sobre su escritorio a un lado de su taza de café.
Draco apretó el volante con fuerza al recordar como, instintivamente, puso su mano sobre el muslo de la chica antes de que bajara del auto. La chica era demasiado buena secretaria como para perderla por un desliz por más hermosa que fuera.
Y además estaba el tema que la castaña lo había encontrado teniendo relaciones en el archivo con Pansy.
¿Se podría ser más imbécil?
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Rosie corrió hacia el playground donde jugaban los demás niños dejando atrás a su madre. Hermione miró el cabello rizado y pelirrojo de su hija saltar y sonrió. Rosie había insistido en que la llevara al parque a jugar y, Hermione culpable después de llegar tan tarde el día anterior, lo hizo con gusto.
En Estados Unidos Rose había vivido prácticamente encerrada, ocasionalmente Ginny o Harry la llevaban a algún parque cercano a jugar pero casi siempre se la pasaba en la camioneta o en el departamento que a veces habitaban ya que Ron se empeñaba en mantenerla a ella siempre ocupada por lo que a veces no le quedaba mucho tiempo para atender a Rosie.
-Mida mamá -le gritó Rosie desde el juego infantil con una enorme sonrisa, Hermione le aplaudió con una enorme sonrisa y la niña siguió jugando.
Después de un rato Hermione llamó a Rosie y, después de la insistencia de la niña, fueron a una cafetería por un pastel. Hermione miraba la carita feliz de su hija mientras la niña comía su rebanada de pastel y le platicaba sobre los niños que había conocido en el preescolar. Hermione la miraba embelesada.
-¿Hermione? -la castaña salió de su mente y volteó. Theo la miraba con una sonrisa.
-Hola Theo.
-¿Cómo estás? Perdona que ayer no me despidiera, tuve que llevarme a Igor antes de que hiciera alguna estupidez.
-Está bien, terminamos muy tarde. Amor, ¿recuerdas a Theo?
-Si, amigo Theo, ¿quiedes jugar? -preguntó Rosie con la boquita llena de chocolate tendiendole una de sus Barbies. Hermione miró a Theo y el castaño sonrió y después se puso al nivel de su hija.
-Hola Rosie, claro que sí -respondió el castaño tomando la muñeca de Rosie.
-Rosie… -reprendió Hermione pero Theo le sonrió.
-Está bien, Hermione. Estoy jugando con mi amiga Rosie.
-¿Quiedes patel? Es chocolate -preguntó la niña acercando su cuchara con pastel a Theo. El castaño sonrió.
-No Rosie, muchas gracias, ese pastel es tuyo.
-Pedo edes amigo, toma poquito -respondió la niña acercandole la cucharita a la boca. Theo sonrió y aceptó el pastel.
-Gracias Rosie. Esta muy rico.
-Es mi patel favodito. ¿Quiedes ir a fieta de pumpeaños?
-Rosie, no creo que Theo pueda ir a tu fiesta de cumpleaños, amor, Theo es un hombre muy ocupado -dijo Hermione apenada, Theo miró a la castaña con una sonrisa.
-Estaré encantado de ir, haré un espacio en mi agenda para ti, Rosie.
-Gacias Theo -dijo la niña sonriendo.
Hermione miraba a Theo embelesada. El castaño se había sentado en la silla contigua a Rosie y platicaban alegremente sobre dinosaurios y princesas. La chica jamás se esperó que el castaño fuera tan agradable con los niños, en especial con su hija.
Theo reconocía mucho de Hermione en la pequeña niña pelirroja. La niña ceñía el entrecejo cuando se concentraba en decir una palabra correctamente al igual que lo hacía Hermione cuando se concentraba haciendo algún reporte. El cabello de la niña era rizado al igual de que el de ella solo que era rojo en lugar de castaño como el de su mamá. Pero la sonrisa de la pequeña pelirroja era idéntica a la de su mamá.
Convivir con Rosie le dejaba un sabor agridulce a Theo. La niña tenía la misma edad que tenía su hijo Zach cuando falleció. El castaño disipó los malos recuerdos y le sonrió a la pelirroja, quién le contaba de los amiguitos que había hecho en el preescolar.
-Theo, lo siento mucho, ya te entretuvimos mucho. De seguro tienes cosas que hacer -dijo Hermione apenada, Theo le sonrió.
-En realidad no, estaba un poco aburrido en mi casa y decidí salir a dar una vuelta.
-¿Vives por aquí? -preguntó Hermione con una sonrisa.
-En Chelsea.
-¿Dode es Chesi, mami?
-Chelsea está cruzando el Támesis, amor -respondió la castaña limpiandole la mejilla a la niña.
-¿Poemos ir? ¿Tienes juguetes en tu casa, Theo? -preguntó la niña mirando a Theo, Hermione abrió los ojos como platos.
-No, nena, no. Theo, lo siento -el castaño sonrió.
-Claro Rosie, cuando quieras. Pero lamento decirte que no tengo juguetes.
-Eta bien, puelo llevar los míos, ¿veda mami?
Theo le sonrió a Rosie y la niña lo abrazó con sus pequeños bracitos, el castaño le respondió el abrazo gustoso. Hermione sintió como se le encogió el corazón al ver la escena. Le sorprendía un poco que Rosie recordara tan bien a Theo, aunque con el encanto del castaño sería raro que no lo hiciera. Theo se levantó y le sonrió de nuevo a Hermione.
-Ustedes son bienvenidas en mi casa cuando quieran, Hermione.
-Gracias -agradeció sinceramente la castaña al borde de las lágrimas.
-¿Y cuántos años vas a cumplir, Rosie?
-Cuato, mi fieta es de disfaces, ¿de qué idas disfazado, Theo?
-Rosie, los disfraces son solo para los niños, amor.
-Pedo es jalogin, todos se disfazan en jalogin mami.
-Entonces está decidido, Rosie, tu mamá y yo nos disfrazamos también -dijo Theo con una sonrisa. Rosie aplaudió alegre y Hermione no pudo negarse.
-Está bien, Rose -accedió finalmente Hermione ocasionando que Rosie se bajara de su lugar y corriera a abrazarla.
Rosie estaba emocionada por su fiesta de cumpleaños, era la primera que Hermione le organizaba. Debido a su vida nómada la niña no hizo amiguitos en Estados Unidos y Ron tampoco permitió nunca que le hiciera una, tampoco dejó que ella o Ginny la llevaran a pedir dulces en su cumpleaños, que casualmente era en Halloween.
Theo pasó la tarde con ellas, y Hermione no sabía quién había estado más encantado de su tarde juntos si la niña o el castaño. Resultó que Theo vivía en Chelsea desde su infancia y conocía el lugar a la perfección, las llevó a varios lugares y al final fueron a un parque de trampolines. Hermione al principio se preocupó, pero sus miedos se disiparon inmediatamente cuando vio como Theo se desprendió de su porte aristocrático y serio para quitarse los zapatos y ponerse a brincar con Rosie por el lugar.
Al final Rosie quedó tan exhausta que se quedó dormida en cuanto Theo arrancó el auto. Hermione estaba tan curiosa ante la actitud de su amigo, el serio hombre de negocios se había convertido en una persona completamente distinta al estar con Rosie, incluso se atrevía a decir que al estar con su hija el permanente velo sombrío que cubría los ojos del castaño había desaparecido y se preguntaba por qué.
Hermione decidió que no le preguntaría nada a su amigo, ya que de seguro era una cuestión demasiado personal y ella no quería ser entrometida. Si Theo quisiera contarle lo haría cuando estuviera listo.
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Draco despertó como cada mañana a las cinco en punto. El delgado cuerpo de Astoria estaba acostado a su lado de espaldas hacia él. Draco se levantó ignorando a su esposa y se dirigió al pequeño gimnasio que había instalado en una de las habitaciones de su casa en Hampstead. Al pasar por el estudio notó los vasos sucios y las botellas de Vodka sobre una de las mesitas, así como el cenicero sucio. Draco no pudo evitar suspirar frustrado.
Se ejercitó en silencio por poco más de una hora, el ejercicio le ayudaba a distraerse por unos momentos de los problemas con su esposa que parecían ser infinitos. Detuvo la caminadora y se estaba limpiando el sudor de su rostro cuando el familiar aroma a alcohol le llegó por detrás. Cerró los ojos frustrado antes de girar para encontrarse con una Astoria visiblemente alcoholizada.
-Parece que huyes de mí -dijo la rubia delgada arrastrando las palabras. Draco la miró molesto.
-Apestas a alcohol -respondió el rubio caminando de regreso a su habitación, Astoria lo siguió-, por supuesto que huyo de ti.
-De seguro estarás feliz de que la zorra de tu amante haya regresado de Italia.
-Astoria, por favor.
-¿Ya no te gusto más, Draco?
-No hagas esto.
-¿Qué no haga qué? -preguntó ella poniéndose delante de él, Draco se presionó el puente de la nariz conteniendo su furia.
-Astoria…
-¡Eres mi esposo! Tu deber es conmigo, no con las zorras de tus amantes. ¡Conmigo! -chilló la rubia. Draco, furioso, se giró hacia ella.
-Pues eso debiste de pensar tú antes de enredarte con cuanto imbecil se te puso enfrente.
Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas mezcladas con furia y, sin que Draco se lo esperara, Astoria comenzó a golpearle el pecho con sus delgados puños con fuerza. El rubio tomó las muñecas de su esposa con un poco de fuerza deteniendo el ataque.
-¡Suéltame, me lastimas!
-Detente -forcejeó con la rubia.
-¡Me lastimas!
-¡Detente! -gritó finalmente el rubio perdiendo la paciencia. Astoria se quedó inmóvil- ¡Estoy harto de ti y de tus reclamos!
-Entonces déjame y vete con esa zorra.
-Si fuera por mi, creeme que estarías fuera de mi vida desde hace mucho -siseó el rubio furioso. Soltó las muñecas de Astoria y se giró hacia el baño cerrando la puerta con fuerza.
Astoria, en una mezcla de furia y dolor, comenzó a arrojar objetos a la puerta del baño. Después, salió de la habitación y se encerró en el estudio a beber. Cuando Draco salió de la ducha, miró el desorden en la habitación con hastío. Había sido una mala desición pasar el fin de semana en su casa en Hampstead en lugar de hacerlo en su loft en Kensington, la mansión de Hampstead era lo suficientemente grande como para no tener que toparse a Astoria por un par de días pero esa era una tarea titánica teniendo en cuenta a su esposa.
Cinco años atrás Draco descubrió que Astoria le era infiel no solo con su instructor de tenis, también con el chofer, algunos pilotos y amigos. Theodore fue precisamente quien, accidentalmente, descubrió las vastas actividades sexuales de su esposa después de que ella, ebria, no lo reconociera en un vuelo a París y coqueteara descaradamente con él.
En primer instancia se puso furioso; a pesar de su aventura actual con Pansy, Draco jamás le fue infiel a Astoria en los cuatro años previos de matrimonio que tenían, pero, no podía negar que al enterarse el primer pensamiento que le vino a la cabeza fue el de la venganza. Pansy era la última de una larga lista de amantes que habían pasado por la cama de Draco en los últimos cinco años y, a diferencia de otras, era con la que más tiempo había durado.
Sin embargo, Draco no le dijo inmediatamente a Astoria que la había descubierto. Espero varios años y, hace dieciocho meses, "accidentalmente" la rubia "encontró" a Draco con su secretaria en el mismo archivo donde estaba con Pansy. Decir que se puso como loca es poco, después de despotricar contra su secretaria, contra Draco, Theo y cualquier persona que se le puso enfrente, salió hecha un basilisco. El desorden que encontró en su habitación esa mañana fue poco comparado con el que encontró ese día al regresar a casa.
Astoria había arrasado con casi todo. Después de que Draco la enfrentó con las pruebas de su infidelidad, la rubia comenzó a beber desmedidamente mañana, tarde y noche. Draco pensó que era una etapa, sin embargo, no lo fue. Y desde entonces había tenido discusiones similares a las de esa mañana todos los días con Astoria.
Harto de esa situación, prácticamente se mudó a su loft. Sin embargo, para callar los rumores y los berrinches de Astoria, pasaba uno que otro fin de semana en su casa de Hampstead.
Draco entró de mal humor a su oficina vacía arrojando su portafolio a su escritorio. Se dirigió a su jardín privado furioso de no encontrar su taza de café y su plato con galletas. Antes de descargar su furia con la primer persona que se cruzara en su camino decidió bajar un poco su temperamento teniendo un tiempo a solas en su jardín. Al entrar en el jardín encontró a Theo riendo de lo lindo con SU secretaria.
-¡Oh, vaya! -dijo el rubio más enojado de lo que pretendía sobre saltando al par de castaños-. ¿Qué es tan gracioso?
-Draco.
-Señor Malfoy, muy buenos días -saludó Hermione alegre. Draco la miró con una ceja levantada.
-¿Qué diablos tienen de buenos? ¿Por qué no estás trabajando?
-Yo…
-¿Qué te pasa, Draco? -interrumpió el castaño molesto ante el tono grosero del rubio con Hermione.
-¿Qué me pasa? ¿Qué quieres que me pase si cuando llego mi secretaria está de novia con mi V.P. de finanzas en mi jardín privado en lugar de estar haciendo su trabajo?
-Yo no… -comenzó a decir Hermione pero Theo la tomó del brazo interrumpiendola.
-¿No te parece que es muy temprano para que estés de tan mal humor? -respondió el castaño evidentemente molesto, Draco miró su reloj de pulsera y se sorprendió al darse cuenta que eran las ocho y veinte de la mañana, faltaban cuarenta minutos para que la jornada laboral de Hermione y todos en la empresa comenzara.
-Lo siento -respondió el rubio apenado dándose cuenta de que había descargado su furia con su amigo y su secretaria.
-Yo iré a mi lugar -dijo Hermione cabizbaja caminando a la puerta. Cuando pasó a un lado del rubio, este la detuvo tomándola del brazo firmemente.
-No, espera. Yo te debo una disculpa.
-No se preocupe, ¿quiere que le traiga su café aquí?
-Por favor.
-Enseguida.
Draco soltó a Hermione y la chica desapareció en el umbral. Draco miró a su amigo, quien estaba evidentemente molesto mirándolo con los brazos cruzados en el pecho.
-No tengo que preguntar para saber que discutiste con Astoria esta mañana, sin embargo, esa no es excusa para hablarle de esa forma a Hermione, Draco.
-Ya le dije que lo siento.
-¿Ah sí? ¿Y crees que con un escueto lo siento le quitarás el mal rato que le hiciste pasar?
-¿Cual es tu problema, Theo?
-¿Mi problema? Creo que el que tiene un problema aquí eres tú, amigo -dijo Draco sentándose en una de las sillas de la mesa del jardín-. ¿Estás seguro que no hay nada entre tú y Hermione?
Theo escudriño a su amigo en silencio por un momento sopesando las respuestas que podría o no darle. Habían pasado dos semanas desde aquél sábado que Theo, Hermione y Rose pasaron juntos y desde entonces había visto con otros ojos a la castaña desde entonces. No era solo su lado maternal el que le atraía de Hermione, también le atraía su forma de ser sencilla y alegre, sin mencionar la inteligencia que la castaña poseía y su vitalidad.
-Por el momento -respondió finalmente el castaño ocasionando que su amigo lo mirara sorprendido.
-¿Eso qué demonios quiere decir?
-¿Interrumpo? -preguntó tímidamente Hermione entrando en el jardín con una charola de plata en las manos.
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Los días pasaron sin mucha prisa desde la mañana del lunes que Draco la invitó a sentarse con él y Theo en el jardín y la interrogó sobre su estancia en la empresa. No podía negar que al principio se sintió un poco intimidada, sin embargo, Draco podía ser de lo más encantador cuando se lo proponía y Hermione no tardó en sentirse muy cómoda platicando con ellos.
Miró el reloj un poco nerviosa. Faltaban diez minutos para las nueve de la mañana y Draco aún no había llegado, justo hoy que necesitaba solicitarle un permiso porque era el cumpleaños de Rosie su jefe decidía no llegar. Sin poder evitarlo, se limpió las manos nerviosa en la falda larga asimétrica que traía puesta y después tomó una galleta del plato de porcelana sobre el escritorio de Draco.
Justo en ese momento, cuando Hermione tenía la boca llena de galleta, Draco entró en la oficina. Hermione estaba recargada sobre el escritorio y al verlo entrar se atragantó con su galleta, el rubio la miró curioso y se acercó a darle unas palmadas en la espalda al ver que la chica estaba teniendo problemas para respirar.
-Despacio, mastica.
-Gra-cias… -tosió la chica apenada.
-De nada.
-Lo estaba esperando -dijo con voz ronca la castaña. Draco levantó una ceja curioso sentándose en su silla de cuero.
-Dime.
-Necesito pedirle permiso para salir antes hoy -Draco, sorprendido, la miró con una ceja levantada.
-¿Puedo saber el motivo?
-Es el cumpleaños de mi hija y le organicé una pequeña fiesta con sus compañeritos del preescolar.
-Entiendo -respondió el rubio escudriñando con la mirada a la chica. Hermione comenzó a sentir como las palmas de sus manos comenzaron a sudar de los nervios-. ¿Cuántos años cumple la festejada?
-Cuatro.
-Rose, ¿verdad? -preguntó el rubio sorprendiendo a la castaña.
-Sí, ¿cómo…?
-Está bien, puedes tomarte el día libre si así lo deseas -respondió el rubio sorprendiendo a Hermione.
-No es necesario…
-Insisto. Puedo arreglármelas un día sin secretaria.
-Gracias -dijo Hermione con una enorme sonrisa-. De verdad muchas gracias.
Draco asintió tomando un sorbo de su café caliente viendo como Hermione salía alegre de su oficina. No solía ser permisivo con sus secretarias, pero reconocía que en días pasados se había muy mal con ella y esa era su forma de compensarla. La alegría en el rostro de la castaña le dio una extraña satisfacción que el rubio tenía mucho tiempo sin sentir.
Y sin saber realmente que lo motivaba, tomó su teléfono e hizo una llamada.
¡Hola mis amores! Les traigo un nuevo capi, espero lo disfruten. Y en cuanto tenga un poco de tiempo responderé todos sus reviews.
Gracias por leer.
Un beso, Kat!
