Bueno, finalmente el capítulo 5.
Al fin revelada la campeona de Alejandra Sagir-Lazzuli, y también su primer enfrentamiento directo contra el campeón que le provocó esas terribles alucinaciones el capítulo anterior (Cof* Shaco, Cof* Cof* spoiler). Como sea, en el capítulo 4.2 prometí arte oficial sobre los personajes, y ve vuelto para cumplirlo. Por lo pronto solo se trata de Alejandra, eventualmente, con suficiente motivación, iré subiendo bocetos de los demás personajes. En los comentarios al final de la historia podrán encontrar el link a la imagen. No esperen una obra de arte, la hice en Paint.
Como sea, como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.
Capitulo 5: Curso de cooperación para invocadores
Aquel que mata un invocador puede convertirse en un invocador. Es la única posibilidad que me viene a la mente… no puede ser más.
Joseph Wildhosen mató a uno de los invocadores seleccionados por Riot y ocupó su lugar.
Pensé.
Pensamos.
En el balcón de la habitación eso pensamos.
Llegamos a dicha conclusión.
Sin embargo.
Que ingenuos.
Los subestimamos.
A ellos.
A esos seres extraños.
¿Cómo es que no consideramos esa posibilidad?
Aunque era tan obvia, la ignoramos. Y aunque creímos encontrar la respuesta, nos equivocamos… entonces… frente a nuestras narices…
A… JA… JA… JA…
En medio de la oscuridad.
AJAJAJAJAJAJAJAJA….
Desde la derecha.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Desde la izquierda.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
En cada esquina.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
En cada rincón.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Como si no hubiera un mañana.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Un hombre riendo a carcajadas.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Desde el fin del mundo.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Y me hizo temblar.
¡…AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!
Desde la médula de mis huesos, llena de miedo, yo temblé.
¡…AJAJAJAJA…JA…JA!
Desde el interior de mi piel, los 650 músculos que movían cada centímetro cuadrado de mi cuerpo se paralizaron de terror, todos al mismo tiempo. No era para menos. Semejante espectáculo tan macabro no merecía menos que el más profundo y sincero temor.
Un chillido así de desquiciante.
Una risa que amenazaba la vida misma.
Una criatura que llamaba a la muerte con su mera presencia.
Si, él apareció. Eso se presentó.
De repente el espacio frente a nosotros estalló, y ante nuestros ojos atónitos, aquel monstruo se manifestó.
Violentamente. Muy violentamente. Comparado a su homónimo del videojuego, en la vida real la experiencia es mucho más espectacular. Una explosión se trago el espacio que momentos antes se encontraba frente a nosotros.
Ahora que lo pienso, fue una explosión de color rojo. Completamente rojo. Solo podían distinguirse trazos tenues en el pobre campo de visibilidad que ofrecía la cortina de tinieblas. Un rojizo y espeso humo engulló la habitación ocultando lo que antes fue visible. Entonces, cuando todo el humo se disipó, él apareció. Aquello que no era más que sombras y siluetas se transformó en un demonio usando la piel de un payaso. Un bufón de aspecto siniestro nos observaba desde la distancia con un par de brillantes ojos azules. Unos dientes inmensos adornaban la tiesa sonrisa de oreja a oreja que desagradablemente se quebraba en su rostro cubierto de maquillaje.
Balanceaba entre sus manos dos largas cuchillas.
Llevaba en la cabeza un disparatado sombrero.
Acuñaban sus pies un par de alocados zapatos.
Su apariencia en general era absurda.
Pero eso no lo hacía menos espeluznante.
Se acercó. Dio un paso, luego otro, luego otro, y entonces, se burló en nuestra cara. Descaradamente, a carcajadas, ese payaso se rió de nosotros.
Porque nos equivocamos.
Porque lo subestimamos.
Porque nunca nos paso por la cabeza, ese payaso estridentemente se rió.
Y nos habló. En un desequilibrado tono, en una desafinada voz, de una frenética manera, agarrándose el estomago, este personaje sin punto de cordura muy alto nos dijo:
– ¡Esa estuvo muy buena! ¡Pensar que llegarían a imaginar que mi estimado Joseph Wildhosen mataría al cobarde de mi invocador…!–
Entre carcajadas. Lo escuché, y entonces lo entendí. Nos equivocamos, ah, eso ya lo había dicho, ¿cierto?
– …matar a ese mocoso que no tenía ni 15 años… ¿No es gracioso?–
El payaso continuó, pero yo no necesitaba escuchar más.
Desde que le vi la cara lo comprendí.
No hacía falta indagar a mi memoria para saber con quién estábamos hablando. Tampoco creo que haga falta mencionarlo, pues estoy segura que todos deben conocerlo bien. Creo haber dado una descripción lo suficientemente detallada para deducir quien es el interlocutor en escena.
Es decir, ¿Quién podría no reconocerlo?
¿Quién…? ¿Quién sería capaz de poner en consideración al mismísimo Shaco, el Bufón siniestro estando de pie frente a él?
¿Quién podría siquiera dudar de lo que estaba a punto decirnos ese desquiciado?
– ¿No les parece risible pensar… que fui yo mismo el que lo mató? ¿A mi propio invocador?– Shaco dijo, e inmediatamente estalló de risa.
Nos equivocamos. Los subestimamos. Erróneamente supusimos que un campeón sería incapaz de ir en contra de la voluntad de su propio invocador. ¿Qué bases físicas tenía yo para suponer eso?
Son seres de otra dimensión.
Su existencia está más allá del entendimiento humano.
No sabemos nada acerca de su razonamiento.
No tenemos idea de que buscan ni de que son.
Y de todos los campeones del juego, justo teníamos que toparnos con este.
Shaco.
Shaco, el Bufón siniestro.
Fue ese maldito el que nos sumergió en esa terrible pesadilla. Claro, era bastante lógico. ¿Quién sino él usa esas endemoniadas cajas sorpresa para espantar a sus víctimas con visiones del infierno?
Aunque sobra mencionarlo, sin duda su modesta representación en la pantalla de mi computadora no se acercaba siquiera a la experiencia en carne propia… no son solo un par de segundos corriendo aleatoriamente, es algo casi eterno. El horror que es capaz de provocar… es simplemente inimaginable.
Y siendo así, ¿Quién pondría en tela de juicio semejante afirmación viniendo nada menos que del asesino más famoso de Runaterra?
¿Quién podría negarle su derecho?
¿Quién podría siquiera dudar que ese psicópata sería capaz de hacer algo como eso?
Un tipo como él que no tiene reparos en matar por simple y desfigurado placer... no se podría esperar otra cosa de ese desgraciado psicópata. Es más, fácilmente podría afirmarse que la vida es algo que por sí misma es capaz de ofenderlo, un insulto a su filosofía. Una criatura que abraza su propia existencia con el único objeto de poder seguir sembrando la muerte allí por donde pasa.
A un simple niño.
Matarlo.
No es mucho para él.
No sería un gran problema. Era una presa fácil. Tal vez ese fue el pensamiento que atravesó su mente al asesinarlo.
Que ser tan retorcido. Y ahora ese mismo engendro enfermo esta aquí, a una peligrosamente corta distancia de nosotros.
Amenazando nuestra vida.
Jugando con nosotros.
Que Dios nos ampare.
¿Qué era lo que rezaba el juego al final de su historia…?
Dando una respuesta burda, creo que era algo como: "Hagas lo que hagas, jamás digas que no entendiste el chiste".
En otras palabras, hagas lo que hagas, no te atrevas a hacerlo enfadar.
Hagas lo que hagas, no te atrevas a ofenderlo, Alejandra, me supliqué. Hagas lo que hagas no te atrevas a molestarlo, Aleksai, supliqué al muchacho. Supliqué. Dispuesta a postrarme sobre mis rodillas, con una rígida sonrisa, yo supliqué por nuestras vidas.
Supliqué miserablemente porque a fin de cuentas, ¿Qué podríamos hacer nosotros, dos simples seres humanos, en contra de un enemigo como ese?
Puede aparecer de repente, hipnotizar, desvanecerse y hasta multiplicarse. En realidad, desde que solo tengo referencias suyas de un juego, no sabemos si tiene más habilidades aparte de las ya mencionadas. No hay forma en que seamos capaces de derrotarlo.
Actuar imprudentemente solo acelerará nuestro final. Actuar demasiado tarde no resolverá nada.
¡Necesito pensar en una solución ahora mismo!
Pero Aleksai se me adelantó.
Con su mano en mi pecho me apartó, y dando un par de pasos hacia adelante:
– ¡…Akali…!–
Gritó el muchacho con fuerza. Sin titubear.
El llamó a su campeona a pelear. Ah, es verdad. Que tonta.
No estábamos tan indefensos.
Yo simplemente lo olvidé. Solo un campeón puede vencer a otro campeón, y a mí, la incrédula, se me olvidó.
Y entonces, en un instante, desde una sombra, de la misma forma en que surgió del suelo cuando Aleksai me la presentó, esa mujer saltó disparada como una bala contra el payaso. La frágil doncella de cabello negro encajó sus delicados pies en el perturbador rostro del siempre sonriente Shaco.
Fue un impacto devastador.
A una tremenda velocidad, con una abrumadora fuerza, ella lo pateó sin contemplaciones en la cara. Su rostro se hundió y crujió como una caja de madera aplastada por una roca. Un golpe a semejante velocidad no es nada menos que letal para una persona.
Desgraciadamente eso no fue todo. Las cosas no acabaron así.
Aunque fue un impacto letal.
Aunque Akali también es una campeona.
Aunque no había posibilidad de sobrevivir.
No pudimos derrotarlo.
Nos tendió una trampa, ese maldito payaso.
Lo que ella pateó solo era un clon.
Una copia.
Lo que en el juego sería su ultimate. La habilidad más poderosa de un campeón.
Y la utilizó contra nosotros.
No hace falta agregar que sin duda nos matará.
Su cuerpo grotesco explotó, y de su interior mil cuchillas salieron despedidas en todas direcciones. No hay a donde escapar. No hay tiempo para correr. El malnacido nos atrapó con la guardia baja.
Solo pude cerrar los ojos.
Es nuestro fin.
…
–Estoy…–
Pero me equivoqué.
– ¿Estamos vivos…?–
Afortunadamente me equivoqué.
– ¿Realmente estamos vivos…?–
Sorprendentemente, las cosas no acabaron así para nosotros tampoco. Pase mis manos por mi cuerpo intentando en vano encontrar alguna herida fatal, sin más palabras en la boca que algunas estúpidas preguntas.
Una helada corriente de viento acaricio mis pálidas mejillas.
Tímidamente gire la cabeza hacia el epicentro de aquella trampa fatal que, por cualquiera que sea el motivo, no consiguió despojarnos de nuestras vidas.
– ¡…Ahh…!– Una daga inmóvil en frente de mis ojos me arrebató un grito ahogado.
Que susto me llevé.
A menos de un centímetro de distancia, una cuchilla se sostenía congelada en el vacio apuntando hacia mi rostro. Asustada me aparte un par de pasos con la mano derecha en el corazón y la izquierda agarrando el brazo de mi compañero de habitación con toda la fuerza a disposición de estos débiles músculos míos tratando de apartarlo del peligro, como si se tratara de un niño.
Justo como lo haría con Johan.
Como si solo fuera mi hermanito, lo halé hacia mí.
Puede resultar ofensivo para Aleksai recibir esa clase de trato de mi parte, una simple muchachita de su edad, pero no puedo hacer nada al respecto, así es mi personalidad. Siento esa necesidad de proteger.
Podrían llamarlo instinto maternal, o tal vez, simple arrogancia.
Pero como sea, que sorprendente.
¡Era simplemente espectacular!
Más de mil cuchillas congeladas, todas suspendidas en el aire por un hermoso y débil espectro de hielo y escarcha. Lo que alguna vez fue una trampa letal ahora no era más que una bella escultura de cristal.
Aquella maldita trampa se congeló antes de poder tocarnos con alguna de sus afiladas navajas.
Todo lo que atiné a decir fue:
– Dios mío… nos salvamos–
¿A quién debería agradecer?
Aleksai dejo escapar el aire en sus pulmones. Exhaló un fuerte suspiro y dijo:
– Gracias, Alejandra–
– ¿Y-Yo? ¿Pero por qué?– Balbuceé confundida. No entendía a que se refería, ni exactamente porque me agradeció a mí.
– Eso es obvio, porque nos salvaste– Respondió con naturalidad.
– No seas ridículo… ¿Cómo podría yo habernos salvado? –Repliqué–, no creo haber dicho en ningún momento que tenga poderes ESPER para manipular la temperatura–
– ¿Estás segura? Puede que seas la descendiente de una Yuki-Onna, Mizore–
– Deja de usar referencias a Rosario+Vampire para molestarme, ¡no es como si yo fuera una mujer de hielo!– Exclamé ligeramente ruborizada.
– Oh, creo que he dado en el clavo. ¿Puede que por casualidad te hayan apodado "Reina de hielo" en algún momento de tu vida?–
– No, definitivamente eso nunca pasó –Mentí mientras recordaba las numerosas ocasiones en que escuché ese sobrenombre dirigido a mí–, nadie jamás ha relacionado mi carácter al arquetipo de mujer kuudere tan utilizado en la animación japonesa. Nunca. Ni siquiera una vez. Definitivamente nadie me ha llamado así en mi vida entera–
– No me mientas, ¿Cómo explicas tus poderes sobre la escarcha entonces?– Replicó el joven sonriendo maliciosamente.
– Por desgracia un ex-almirante de la marina me robó la fruta del diablo que otorgaba control sobre el hielo, así que no dispongo de esa clase de habilidades. Todo está en tu mente, muchacho sin remedio– Repuse sarcásticamente.
…
Nos quedamos en silencio un rato.
– Jajajajajaja…– Una suave y tersa risa se hizo camino a través de la seriedad en mi rostro impasible. Nuestra conversación no tenía el menor sentido, y para ser sincera, me resultaba bastante refrescante.
– Eso está mejor –Comentó Aleksai–, una expresión tan dura no le hace bien a nadie, Alejandra–
– Supongo que tienes un punto ahí– Respondí risueña.
Observé la fina capa de hielo que recubría las cuchillas.
Realmente, ¿Quién nos salvo?
¿Acaso fue un fenómeno climatológico?
No parecía factible, mucho menos en estas condiciones. El cielo no estaba ni remotamente nublado, además, para empezar, el clima no es tan violento por aquí, y aún si lo fuera, nunca he escuchado de una nevada lo suficientemente fuerte para congelar un lugar instantáneamente. No, definitivamente manos humanas debieron verse involucradas en este incidente. ¿Acaso fuiste tú, Sub-Zero? Sabía que mis muchos años de lealtad al personaje darían frutos algún día. Ah, ya estoy comenzando a hablar como Aleksai, parece que estoy siendo influenciada, o tal vez mal influenciada.
Como sea.
La respuesta a mi pregunta se mantenía entre el suspenso y el misterio. Aunque a la larga ya tenía la respuesta, el mismo Aleksai me la había dado, solo que la interpreté como alguna clase de broma.
– Gracias por salvarnos– Aleksai repitió.
Y entonces, antes de poder contestar alguna cosa, señaló con su mano hacia el balcón. Más allá del balcón. Mucho más allá. A unos 90 metros de distancia, en la terraza de un edificio, su mano con firmeza apuntaba lo que parecía ser una persona. Siendo honesta, a esas horas la oscuridad no permitía distinguir lo que el señalaba, mucho menos a semejante distancia.
Por ello le pregunté:
– ¿A qué estás señalando?–
– A tu campeona, quien por ti y solo por ti nos salvó a los dos. Una vez más gracias, y felicitaciones Alejandra, oficialmente acabas de entrar al torneo de League of Legends. Ya eres parte de esta guerra– Respondió con indiferencia, para mi estupefacción.
Sucedió el 04 de agosto, aproximadamente a las 11:00 de la noche en horario local. El horario de este mundo… su mundo.
Mi primer encuentro con mi destinada.
Alejandra Sagir Lazzuli.
Pero las cosas no salieron como me lo esperaba. Ella fue brutalmente embestida por uno de esos artefactos a los que ustedes, personas de la Tierra, llaman "automóviles". Mi presentación precisó ser pospuesta en pos de la vida de mi anfitriona, pues estaba a minutos de la muerte. Por suerte para ella, fui capaz de mantenerla vida usando pociones de salud que traje conmigo desde Runaterra. Su cuerpo las aceptó bastante bien, y entonces la llevé a un establecimiento médico tras recoger sus pertenencias.
Aunque este mundo me resulta bastante confuso, tengo una idea general del funcionamiento de su sociedad.
En cualquier caso, permítanme presentarme, mi nombre es Ashe de Freljord, conocida como la arquera de hielo. Me transferí a este mundo a través de una singularidad de Kerr-Newman.
Estoy al servicio de Alejandra Sagir-Lazzuli, mi invocadora. Yo soy su campeona. La escogí como mi maestra seducida por su firmeza y rectitud. La consideré una persona digna de mi respeto, y por tanto le confíe mi existencia en este mundo.
De acuerdo, regresando a la compaginación que me corresponde, tan rápido como permitieron mis piernas, corriendo busqué un centro especializado en salud para tratar las heridas de Alejandra. Su situación era muy delicada aún con la ayuda de las pociones rúnicas, no había tiempo que perder. Desagraciadamente mi condición de visitante no era de mucha ayuda en esta situación. Me encontraba totalmente desorientada, así que le delegué el trabajo de hacerme un camino a mi lengua, y tal como lo digo, a fuerza de interrogar personas nativas en el camino conseguí llegar al hospital más cercano.
Me limité a dejarla en la entrada, junto a su abrigo y celular.
El personal médico se encargaría del resto.
Afortunadamente ella sobrevivió.
A partir de entonces, los días pasaron lentamente, y mi única labor consistía en hacer guardia en la terraza de un edificio cercano hasta su recuperación. No quería darle una sorpresa tan abrupta en un estado como ese.
Decidí darle algo de tiempo.
Sea como sea, de esa aburrida forma me despedí del sol durante 4 días hasta que, el 8 de agosto, tuve lo que sería mi primer encuentro formal con un invocador.
Aleksai.
Un joven.
De cabello negro y piel moderadamente pálida.
Rasgos delicados y agradables. Visto de lejos hasta podrías confundirlo con una mujer.
Parecía atlético. Un entrenamiento riguroso haría de él un buen soldado seguramente, pero eso tal vez sería un desperdicio. No, de hecho probablemente sería un desperdicio.
Se podría hacer de él un mucho mejor estratega.
Era muy astuto. Siempre hablaba menos de lo que sabía, pero aún así era una persona bastante habladora. Sin duda alguna el sabía de mi presencia en este lugar desde hace ya un tiempo, aunque no lo mencionara. Sabía demasiadas cosas, pero pretendía no saberlas.
Simplemente era demasiado astuto.
La palabra con la que describiría mi primera impresión de él sería: "persuasivo". Si a Alejandra la describe bien la palabra "perfecta", entonces a este hombre lo describiría bastante bien el término "perfectamente persuasivo". Es una persona que fácilmente puede ubicarse al mismo nivel que la joven Sagir-Lazzuli. Es tan hábil como ella, quien es por derecho propio una genio. Podría ser una amenaza muy grande… o un aliado muy valioso si así lo quieres.
Sería conveniente contar con su ayuda.
Bueno, en cualquier caso, yo, a ese hombre, me lo encontré por casualidad en la azotea del hospital.
Fue un encuentro un poco… digamos… no sé exactamente como describirlo, ¿Qué fue lo que dijo Aleksai? ¿Un encuentro decepcionantemente poco decepcionante?
¿Por qué dijo él algo como eso?
Oh, bueno, da igual.
Debería decir que él es sin duda una persona extraña, ah, pero no por ello me refiero a su excentricidad –Porque sin duda es excéntrico–, sino a una cuestión de rareza en su lugar. Es decir, él es un genio al nivel de Alejandra. Ellos no son el tipo de gemas que encontrarías en cualquier lugar, y es por esto que él es una persona extraña. Alguien que difícilmente encontraras en cualquier sitio.
Sea como sea, nos topamos aproximadamente a las 4:00 pm. El salió a la terraza, y entonces nos vimos frente a frente.
Se presentó vestido solo con una bata blanca.
Probablemente el había descubierto mi presencia en este lugar tiempo atrás, pues, sin dudarlo, despreocupadamente caminó hacia mí y me saludó de la siguiente manera:
– Hola allí, tú debes ser Ashe. Si… debes serlo, ¿Lo eres, verdad?–
Su franqueza me dejo aturdida un momento.
Entonces respondí:
– ¿Debo asumir que eres un invocador?–
– Eso sería bastante preciso–
– ¿Qué es lo que buscas presentándote ante mí?– Le pregunté.
– Supongo que sería… darte una advertencia–
Una advertencia. En ese momento supuse que sus palabras eran una declaración de guerra abierta.
Tonto, pensé para mí misma. ¿Cómo le cabe en la cabeza amenazar de frente a un campeón?
– ¿Una advertencia…? –Repetí– Dame una razón para escucharla antes de clavarte una flecha en la cabeza. Ya que me conoces tan bien, debes estar enterado que nunca he fallado una sola flecha, ¿cierto?–
Tensé mi arco con firmeza y apunte a su frente. Esperaba que esa amenaza surtiera efecto, pero me equivoque.
Sorprendentemente me sonrió.
– Dame una razón para no cortarle la cabeza a tu invocador–
– ¡…!–
Tragué saliva.
– Mi compañera esta junto a tu invocador justo ahora. Un movimiento en falso y haré que le corte el cuello– Amenazó el joven.
– No es posible… ¡No hay manera en que sepas quien es mi invocadora!– Exclamé.
– Oh, ¿Así que es una invocadora?–
– Ugh… espera, ¿No lo sabías?–
– Por supuesto que no, solo era un farol. Una mentira si así lo prefieres. En ningún momento he sabido quien es tu invocador…–Dijo él, y entonces se retractó– Perdón, tu "invocadora"–
Que estúpida fui. El maldito astuto me había engañado. No podía creerlo. Un poco más y tal vez hubiera revelado el nombre de mi invocadora.
– Entonces… ¿Qué es lo que deseas advertirme?– Pregunté nuevamente, esta vez con más cautela.
– De acuerdo. Creo existe una alta posibilidad que tu invocadora sea atacada esta noche, así que deberías estar alerta–
– ¿Qué? ¿Cómo es que sabes eso? He estado vigilando por algún… tiempo –Decidí decir tiempo en lugar de días para no revelar más información de la necesaria sobre mi invocadora. Revelar hasta el menor detalle a esta persona podría ser peligroso–, y no he visto ninguna actividad sospechosa… ¿Qué pudiste haber hecho tú para conseguir ese dato…?–
– No conseguí información, quiero decir, no estoy investigando a nadie, así que puedes relajarte un poco. Solo es una conjetura. Verás, esta tarde, mi médico hizo un cierto comentario– Respondió pausadamente el joven.
No parecía ser mi enemigo, por tanto me convencí baje un poco mi guardia. Sin embargo no podía darme el lujo de confiar en cualquier desconocido, mucho menos si se trataba de otro invocador.
– ¿Qué comentario fue el que te hizo deducir que atacaran a mi invocadora esta noche?–
– Ese viejo médico me comentó mientras revisaba mis heridas un cierto rumor que había estado circulando últimamente. El rumor hablaba de un hombre que había estado revisando la lista de pacientes en varios hospitales de la ciudad durante estos días, y que, hoy precisamente, se había presentado justo en esta clínica para revisar el listado de pacientes–
Me quedé callada un momento.
El interpretó mi silencio como una pregunta, y entonces sentenció:
– ¿No te parece como si… estuviera buscando a alguien?–
– Ciertamente… en verdad es un comportamiento muy extra…–
Me congelé.
Y recordé.
El accidente de Alejandra. Casi muere, y tuve que traerla aquí.
– E-Espera, ¿Por qué asumes que ese hombre está buscando invocadores en específico?–
– Este fenómeno de los invocadores y los campeones no empezó hace mucho. El tiempo que el rumor ha estado circulando coincide casi perfectamente con el momento en que los campeones empezaron a aparecer– Contestó el muchacho.
– Pero… aún así… podría ser solo casualidad– Balbuceé.
– Ese rumor es demasiado reciente para ser una coincidencia –Replicó–. Seres de otra dimensión repentinamente aparecen en nuestro mundo buscando un invocador que los ayudé a conseguir su propósito. Y justo cuando dos de ellos son enviados a una clínica, aparece un extraño hombre revisando listas de pacientes en todos los centros de salud de la ciudad. No puede ser solo casualidad–
Me asustó.
Me convenció.
Temí por la vida de Alejandra una vez más.
¿Alguien la está buscando? ¿Eso quiere decir que no fue un accidente? ¿Quién la busca, y por qué?
Levanté mi vista absorta hasta cruzar miradas con el joven, y le pregunté su nombre.
– Ah, me llamo Aleksai, es un placer– Respondió.
– ¿Por qué me estás diciendo esto?–
–Ya sabes –Dijo Aleksai con vivacidad–, puede que me estén buscando a mí. Yo también soy un invocador, y no estoy en el hospital por coincidencia, así que si puedo contar con tu ayuda de forma obligatoria me sentiría bastante más seguro. En otras palabras, solo te estoy usando–
El dijo eso sonriendo.
Sin un solo quiebre en su voz.
– Ah, ya veo. Quieres usar el cariño que siento por mi invocadora a tu favor, ¿Huh?– Siguiéndole el juego, yo dije eso.
– Exactamente eso–
– Supongo que no se puede hacer nada. En realidad no me interesa lo que suceda contigo, pero es mi deber proteger a mi invocadora–
– Correcto. Es tu deber protegerla. Yo solo estoy aprovechándome de eso–
– H-Hmph. No confundas la bondad con ingenuidad– Resoplé vanamente dándole la espalda.
En ese momento no quise admitirlo, pero me sentía agradecida. Muy agradecida. Aleksai me había dado información muy importante, e incluso consintió mi infantil orgullo haciéndose ver como un oportunista.
Él me había ayudado a salvar a Alejandra, y pronto abandonó la azotea sin más que decir.
Yo personalmente me establecí en la terraza de un edificio cercano, que me ofrecía un ángulo adecuado para vigilar tanto la habitación de mi maestra como el resto de la calle. Nadie pasaría sin que yo lo viera antes. En cualquier caso, pronto pasaron las horas, y fue entonces que la tragedia se repitió. La madrugada del 9 de agosto, el auto que atropelló a Alejandra reapareció frente a su habitación. Las advertencias de Aleksai eran ciertas.
Alguien estaba intentando atentar contra la vida de mi invocadora.
No fue una coincidencia.
Sobra mencionar que era mi obligación entrar en escena. Las circunstancias demandaban mi presencia, pues en aquella habitación de hospital mi destinada se encontraba luchando sola contra un enemigo mucho más fuerte.
Desgraciadamente, no pude hacerlo. Una vez más, fui incapaz de proteger a mi invocadora, pues una puñalada estuvo a punto de terminar con mi vida en un solo embate. Alcance a escuchar el sonido de una pisada junto a mí, y entonces, de un salto, fui meramente capaz de esquivar una cuchillada que rozó ligeramente mi mejilla izquierda.
Una reacción ligeramente más lenta me hubiera costado la vida.
Estaba siendo acechada.
Esto es serio.
Confiar en la vista resultaría contraproducente, así que tendría que esperar nuevamente por algún sonido o perturbación. Hasta la menor vibración revelaría la posición de mi atacante.
Escuche un tenue palpitar a mis espaldas.
– ¡Ahí estás!– Exclamé dando media vuelta inmediatamente y, mientras daba un salto hacia atrás, disparé una flecha que indudablemente se incrustó en un objeto invisible. Por unos instantes el proyectil quedó suspendido en el aire.
Entonces apareció.
Shaco, con una flecha clavada en su brazo izquierdo.
La flecha que le disparé estaba allí, enterrada en lo profundo de su amarga carne.
– Ah, lo que se esperaba de la reina de Freljord, tus reflejos son sin duda alguna insuperables, ¿No es así, pequeña Ashe?–
– ¿A qué se debe la presencia del campeón más infame en Runaterra?– Pregunté indiferentemente.
– Ah, niña, ya sabes tú, allá donde haya vida que extinguir… siempre estaré yo–
Como siempre.
Tan irracional.
Nunca he podido tolerar semejante conducta. Matar por matar... matar a gente inocente… matar cuando la vida es tan valiosa.
¡Matar sin motivos cuando mi pueblo se esfuerza tanto en sobrevivir!
– Tu… ¡Maldito engendro!–
Poseída por la ira, me arrojé a mi misma hacia el bufón siniestro con la intención de terminar su vida con una sola flecha, pero antes que pudiera alcanzarlo, se desvaneció en el aire nuevamente.
– Ah, qué miedo, que miedo. Realmente no puedo contra alguien de tu nivel, arquera congelada –Se burló el payaso desde algún lugar–. Pero esto debe ser suficiente, creo que ya he tomado lo que necesitaba de tu tiempo. El otro ya debe estar listo… jaja… ja… ¡jajajajajajajaja…!–
– !¿El otro?! ¡Una distracción!–
Caí en cuenta de su engaño, y acto seguido me gire hacia la habitación que vigilé durante tanto tiempo.
Los segundos se hicieron insoportablemente lentos.
Dentro de la habitación se distinguían 3 siluetas.
Más pronto solo quedaron dos.
Una de las sombras estalló, y de su interior mil afilados cuchillos volaron por el aire. Cuadro por cuadro, pude ver cada movimiento y cada cuchillo acercarse de forma espeluznante a Alejandra y Aleksai. No tuve tiempo siquiera para respirar.
Tensé mi arco usando el máximo de mis fuerzas y acumulé una gran cantidad de mana.
– ¡Por favor, déjame hacerlo a tiempo!–
Disparé una inmensa y brillante flecha cubierta de escharcha. Sentía que era demasiado lenta. Pensé que no lo lograría.
Pero… gracias.
Gracias al cielo.
Justo antes de que el primer cuchillo alcanzara a Alejandra, la flecha estalló congelando la habitación entera, y detuvo así todas las navajas.
– Lo... Lo conseguí...– Susurré agotada.
Mis piernas perdieron fuerza y temblaron hasta que finalmente no pudieron sostenerme. De rodillas, llorando, agradecí al cielo porque pude salvarlos.
Ah, dije salvarlos.
Es cierto, aunque no quería aceptarlo, y aunque dije que solo me interesaba la vida de Alejandra y nada más, agradecí porque los dos estaban vivos. Yo pude salvarlos.
Finalmente... yo... después de tanto... pude salvar a alguien.
Al fin... después de fallar tanto... pude salvar... la preciosa vida frente a mí.
Bueno, dicho y hecho. Como siempre estoy dispuesto a aceptar comentarios, correcciones, críticas constructivas, críticas destructivas, direcciones electrónicas, números telefónicos, cuentas bancarias, cheques, giros, efectivo, etc.
Ah, agradezco a los contados usuarios que han dejado comentarios en mi historia, y próximamente estaré dando un repaso a las suyas, intentaré ayudar con una crítica constructiva... o simplemente un comentario random sin relación al caso.
Dejando de lado la payasada, por favor entren a Kyessel (Punto) deviantart (Punto) /art/Sagir-Lazzuli-526289498 equis de para ver "arte oficial" del fic. Supongo sabrán como escribirlo... desde que esta página troll no me deja poner enlaces. Estar diciendo arte oficial todo el tiempo me hace sentir que esta composición fuera algo muy importante, ahora que pienso, así que solo digamos "bocetos de los personajes".
Como consejo del día... entren a devianart.
