Disclaimer: Los personajes conocidos pertenecen a J.K. Rowling.


6. ORQUÍDEA

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Los días pasaron sin mucha novedad después de aquel primero de noviembre. Draco no volvió a beber en presencia de Hermione, tampoco volvió a ver ni a Gwen ni a Pansy. Poco a poco los días de Hermione volvieron a su tediosa monotonía, o eso quería creer ella. No había vuelto a soñar con el rubio aunque ganas no le faltaban, el recuerdo de los labios del rubio sobre los suyos seguía tan intacto como si se hubieran besado ayer.

También había conservado la corbata de Draco. Y cada que la veía fantaseaba con ponérsela en la mañana después de una noche intensa de sexo. Colorada, se acomodó en su silla tratando de apaciguar la humedad de su centro. Era dieciséis de diciembre y estaba helando afuera, sin embargo ella se sentía arder. Antes de que pudiera hacer algo, la puerta de entrada se abrió y entró Anne, la jefa de recursos humanos, seguida de una tímida chica rubia y delgada de aproximadamente su edad. Hermione las miró con curiosidad mientras se acercaban a ella.

-Buenos días, Hermione.

-Buenos días, Anne, ¿en qué puedo ayudarte?

-Ella es Luna Lovegood -dijo señalando a la chica rubia detrás de ella-, a partir de hoy estará trabajando en el área de recepción junto con Penny.

-Hola Luna, soy Hermione Granger -le tendió la mano y la rubia se la estrechó tímidamente-, bienvenida.

-Gracias.

-Hermione, ¿el señor Malfoy está disponible? -preguntó Anne mirando la puerta del rubio.

-El señor Malfoy se encuentra con el señor Nott.

-¿Crees que puedas anunciarnos?

-Claro, un momento -Hermione tomó el auricular del teléfono directo y llamó a la oficina del rubio, después de dos timbres escuchó la voz de Draco.

-¿Sí?

-Malfoy, está aquí Anne, quiere saber si le puede robar unos minutos de su tiempo.

-Uhmmm -escuchó al hombre murmurar, no pudo evitar imaginar cosas sucias. ¡Controlate Granger! Pensó-. Está bien, hazla pasar. ¿Puedes traerme más café? -escuchó murmullos- ...cuando estés gordo no vengas a reclamarme -dijo el rubio obviamente hablando con Theo, Hermione no pudo evitar sonreír-. También galletas para el gordo de mi VP de finanzas, por favor.

-Enseguida -colgó y miró a Anne-. Pueden pasar.

Ambas mujeres desaparecieron por el umbral y Hermione aprovechó para servirse un poco de café antes de de servir dos tazas más; una de café sin azúcar ni crema, como le gustaba a Draco, y otra con dos cucharadas de azúcar y tres de crema, como le gustaba a Theo. Tomó otro plato de porcelana y sirvió unas cuantas galletas antes de poner todo en una charola y llevarlo a la oficina del rubio.

Abrió la puerta con el pie, y las dos cabezas rubias y dos castañas se voltearon a verla por un instante. Luna, la nueva chica, parecía un poco tímida, pero Anne era otro tema. Anne rondaba los cuarenta, como la mayoría de las mujeres que trabajaban en M-Corp era delgada y muy hermosa, su cabello era de un castaño unos tonos más oscuro que el de ella, también era rizado pero, a diferencia de sus rizos rebeldes, el de Anne siempre estaba pulcramente peinado. Solía usar faldas corte lápiz y tacones altos. También tenía un busto generoso el cual le gustaba mostrar con sus blusas escotadas.

Y, como el ochenta por ciento del personal femenino de la empresa, aprovechaba cualquier oportunidad para coquetear con Draco o Theo, no hacía distinciones. En ese momento se encontraba sentada en el borde del escritorio del rubio reclinada hacia él dándole una vista completa de su escote; pero para la sorpresa de Hermione, el rubio parecía más interesado en la tímida rubia que estaba frente a él, cosa que alegró a Hermione.

-¿Lovegood dices? -le preguntó a la chica mirándola de arriba a abajo como lo hizo con ella en su primer día.

-Así es señor -respondió Luna un poco asustada. Theo se levantó y le tendió la mano en señal de saludo.

-Bienvenida, señorita Lovegood -le dijo amablemente. Hermione se acercó a Theo y le indicó cuál era su taza, el hombre la agarró y antes de que pasara otra cosa, tomó el platito con las galletas-. Gracias Hermione, ¿gustas una galleta? -le dijo a Luna, la chica lo miró asustada.

-No, muchas gracias -respondió ella en el mismo momento que Hermione ponía la taza de Draco sobre el escritorio.

-Gracias, Granger -dijo para después girarse hacia Anne-. ¿Hay algo más que necesites?

-Ahora que lo mencionas, sí. ¿Podemos hablar en privado?

-Por supuesto, Hermione, ¿puedes terminar de darle el tour a la señorita Lovegood por las instalaciones?

-Sí, claro.

Y sin más, Hermione salió, seguida de Luna y, para su pesar, Theo, quien se llevó el plató de galletas con él. Se despidió de ambas chicas y se perdió en el ascensor. Hermione miró de nuevo a Luna y le sonrió amablemente, sabía lo que era ser la chica nueva en M-Corp y Luna parecía ser una chica agradable aunque parecía estar aterrada. Así que decidió aligerar el ambiente.

-¿Cuántos años tienes, Luna? ¿Te puedo llamar Luna?

-Sí, por favor. Tengo veintidós. ¿Y tú?

-Veinticuatro. ¿Qué te trae por M-Corp? -le preguntó mientras bajaban por el ascensor.

-Mi papá está teniendo problemas para pagar la colegiatura de mis hermanos pequeños y de mi universidad al mismo tiempo, así que decidí pausar este semestre para trabajar y ayudarle con los gastos.

-Eso es muy noble, Luna.

-Es lo menos que puedo hacer.

-¿Qué estudias?

-Zoología -respondió la chica con una enorme sonrisa.

-Wow, eso debe de ser muy interesante.

-Lo es, espero algún día ser una de las mejores Zoologas del mundo.

-Estoy segura de que así será, Luna.

Y, sin que Hermione se diera cuenta, ese dieciséis de diciembre hizo una nueva amiga en Luna Lovegood.

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Draco miró a Anne con una ceja levantada. La mayoría de las veces ni se molestaba en poner atención a lo que la entrometida mujer le decía, pero ese día no podía ignorarla así sin más porque no había nadie más en la oficina. La mujer no dejaba de hablar, nunca. Y eso le crispaba los nervios a Draco. Si no fuera por que la condenada mujer era muy buena en su trabajo, la habría despedido desde el momento que tomó el mando de M-Corp. Hizo un esfuerzo sobrehumano por mirarla a la cara.

-...y entonces se me ocurrió que este año podría ayudarle a Narcissa con los preparativos del aniversario de la empresa -dijo con una sonrisa orgullosa.

-A estas alturas mi madre ya tiene todo arreglado, pero le informaré de tu ofrecimiento en la primera oportunidad que tenga -dijo hastiado. Anne lo miró con coquetería-. Y es la señora Malfoy, Anne -la reprendió borrando la sonrisa de su boca.

-Sí, claro. Lo siento.

-¿Hay algún otro tema que tengas que consultar conmigo?

-Sí. Necesito la evaluación semestral de Hermione -dijo con una mueca que no pasó desapercibida para el rubio pero que decidió ignorar.

-Ok, te la haré llegar en cuanto pueda.

-Vale, gracias. Uhmmm, ¿Draco? -preguntó la mujer, al ver la mirada de enfado del rubio desistió-. No, olvidalo.

Y sin más, salió de la oficina del rubio apresurada. Draco se llevó las manos a las sienes y se las masajeó, intentando de evitar el inminente dolor de cabeza que Anne siempre le provocaba. En ese momento escuchó unos golpes en la puerta de su habitación y con hastío dijo un brusco "adelante", cuando Hermione entró en su oficina Draco se relajó. La chica caminó hasta su escritorio y se sentó nerviosa frente a él.

-Disculpa que te interrumpa. Ví salir a Anne y supuse que estabas solo. ¿Está todo bien? -preguntó genuinamente preocupada. Draco se recargó en el respaldo de su silla y se masajeó las sienes.

-Sí, solo creo que está a punto de darme migraña -respondió el rubio tapándose los ojos.

-Creo que deberías de recostarte un momento, te traeré un poco de té de jengibre -dijo Hermione levantándose y caminando hacia el gran ventanal; activó el botón que hacía que las enormes persianas se cerrarán dejando la oficina a oscuras a excepción de la luz que entraba por la puerta de cristal esmerilado que daba a su escritorio. Draco estaba a punto de protestar cuando sintió una punzada que indicaba que la migraña era más inminente que la noche; caminó hacia el sofá de cuero y se recostó mirando como Hermione salía de la oficina.

La chica regresó unos minutos después con una humeante taza de té, una pequeña botella de cristal, un cuenco con agua y una toalla. Draco bebió un sorbo de té antes de mirar a su secretaria.

-¿Qué es eso?

-Es aceite esencial de Lavanda, es un remedio que mi madre usaba en mi cuando me daban migrañas en mi embarazo, ¿puedo? -le preguntó nerviosa. Draco la miró confuso antes de asentir con la cabeza-. Recuestate -el rubio obedeció.

Draco observó a Hermione poner unas gotas en el agua de lo que le dijo era el aceite de lavanda, sumergió la toalla, la exprimió y después la puso sobre su frente. Hermione comenzó a masajear la frente y sienes del rubio sobre la toalla tal y como su madre le había enseñado. Al principio notó la incomodidad del rubio, pero poco a poco vio como los hombros del hombre se relajaron y cerró los ojos. Con cuidado Hermione tomó el pañuelo negro que llevaba anudado al cuello y lo puso sobre los ojos de Draco para proporcionarle más oscuridad. Después de unos minutos de masajear sus sienes, Hermione notó que la respiración del rubio comenzó a ser más lenta indicando que se había quedado dormido.

Hermione le quitó de la cabeza la toalla húmeda pero dejó su pañuelo sobre los ojos del rubio; dudó antes de quitarle los zapatos, pero decidió que descansaría mejor sin ellos por lo que con todo el cuidado del mundo se los quitó y los puso a un lado de la mesita. Sin hacer ruido salió de la oficina no sin antes mutar los teléfonos de Draco. Cuando llegó a su escritorio no pudo evitar sonreír mientras bajaba el volumen de sus teléfonos y apagaba las luces que daban directamente a la oficina del rubio.

Draco despertó un par de horas más tarde libre de migraña. Se quitó el pañuelo de seda de los ojos y se incorporó lentamente. Miró su Rolex y sorprendió al ver que eran cerca de las nueve de la noche, con un poco de pereza se estiró y notó que sus zapatos habían desaparecido de sus pies. Se los puso de nuevo y salió de su oficina con la poca esperanza de que la castaña estuviera en su lugar para agradecerle pero el escritorio de la chica estaba pulcramente vacío. «Por supuesto que ya se fue, estúpido, son las nueve de la noche», pensó.

Molesto, regresó a su oficina para apagar el ordenador y tomar sus llaves. Un pequeño plato con una taza invertida le llamó la atención, quitó la taza y un muffin apareció sobre el plato. Cuando tomó el pastelito notó un sobre tamaño media carta debajo del plato. Curioso, lo agarró, tenía escrito «Draco Malfoy» con una bonita letra cursiva que no reconoció. Con más curiosidad, mordió el muffin y abrió el sobre.

Adentro había una bonita postal navideña que mostraba a una sonriente Hermione abrazando a una pequeña niña pelirroja y llena de pecas delante de un enorme árbol de navidad y las letras «Felices Fiestas». Draco giró la postal y se sorprendió al ver que tenía un mensaje escrito.

«Querido Draco;

¡Felices Fiestas!

Que tu corazón y hogar se llenen de todas las alegrías que trae consigo esta temporada.

Te deseamos unas fiestas llenas de amor y alegría rodeado de tus seres queridos.

Gracias por ser parte de nuestras vidas.

Con amor, Hermione Granger y Rose Weasley.»

Con una sonrisa, Draco dejó la postal recargada frente a la pantalla de su ordenador y, después de darse cuenta que Hermione lo había apagado y ordenado su escritorio, salió de su oficina con una sonrisa comiendo el delicioso muffin.

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Hermione sonrió al ver a Rosie abrir sus regalos de navidad. La niña siempre había sido feliz con lo que ella le daba y al verla abrazar con emoción el dinosaurio de peluche no pudo evitar limpiarse discretamente una lágrima de felicidad. El timbre sonó y Hermione se levantó a abrir con alegría. Había invitado a Theo a celebrar Navidad con ellos cuando se enteró de que el castaño estaría solo en su departamento en Chelsea. La sonrisa se le borró cuando abrió la puerta y develó a Ron del otro lado con una gran caja.

-¿Qué haces aquí? -fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Hermione después de no tener noticias de él por seis meses. Ron la miró con una ceja levantada.

-Vaya, que emoción de verme -dijo sarcásticamente-. Vine a ver a mi hija y a traerle sus regalos de navidad.

Y sin que Hermione pudiera negarse, Ron entró en su casa empujándola a un lado. Sintiendo el estrés comenzar a recorrer su cuerpo, se apretó el puente de la nariz con los dedos antes de tomar la cajetilla de cigarros de su bolso y salir al jardín frontal. Sabía que fumar era un hábito asqueroso, por no mencionar dañino, que había comenzado cuando estudiaba la preparatoria y quiso ser cool con los amigos de sus amigos, pero Ron conseguía estresarla al punto de necesitar una buena dosis de nicotina para poder tolerar su presencia.

Después de encender el cigarrillo se dio cuenta de lo helado que estaba haciendo afuera y que ella se había salido sin abrigo; pero de pensar en regresar a la casa con su ex decidió que podía aguantar un poco el frío aunque después atrapara una neumonía o algo. Cuando estaba por la mitad de su cigarrillo un conocido Audi A5 plata se aparcó frente a su casa. Theo bajó con unas bolsas pequeñas en las manos y miró a Hermione con la ceja levantada cuando la vio fumar ya que nunca lo había hecho antes.

-Lo sé, es asqueroso, pero lo necesito. Créeme -le dijo ella cuando el castaño abrió la pequeña reja de la entrada y caminaba hacia ella, cuando el castaño estuvo frente a ella apagó su cigarrillo y lo abrazó después de tirar la colilla en el bote de la basura-. Feliz Navidad, Theo.

-Feliz navidad, Hermione -le respondió el castaño abrazándola un poco más fuerte de lo que esperaba.

-Gracias por venir.

-No tienes nada que agradecer -Theo notó que la chica no traía abrigo y abrió el suyo cubriendola con el. Hermione metió las manos en el abrigo del castaño y lo abrazó atraída por el calor del cuerpo de Theo. Tratando de que el castaño no se diera cuenta, aspiró su aroma.

-Lamento mucho lo que pueda pasar adentro -dijo tímidamente hundiendo la cara en el pecho de Theo.

-¿A qué te refieres?

-Ron llegó de sorpresa.

-Oh -fue todo lo que se le ocurrió decir. Ahora entendía el «Lo necesito» que le había dicho cuando la vio fumar.

Resignada, Hermione salió del calientito abrazo de Theo y caminó hacia la casa seguida por el castaño. Cuando Theo cerró la puerta detrás de él se quitó el abrigo y Hermione lo tomó con una sonrisa apagada para ponerlo en el armario debajo de la escalera. Entraron en el living donde Ron le mostraba a Rosie la enorme casa de muñecas que le había traído. La niña miraba encantada su regalo y cuando vio a su madre entrar acompañada del castaño corrió para abrazar al recién llegado.

-Theeooooooooo -gritó Rosie al mismo tiempo que brincaba para que el castaño la levantara. Theo levantó a Rosie en el aire y la niña rodeó su cuello con sus manitas dándole un tierno abrazo-. Feliz navidad, Theo, ¿que te tajo Santa?

-¡Rosie! -dijo Hermione tratando de reprenderla a pesar de que sabía que a Theo le encantaba que Rosie le hiciera ese tipo de preguntas.

-Me temo que soy un poco viejo para que Santa me traiga regalos, Rosie.

-Ni que lo digas -dijo Ron maliciosamente mirando con el ceño fruncido al castaño.

-Bueno, no etes tiste, mami dijo que nosotas te tenemos un degalo -Theo dejó en el suelo a la niña y saludó a los padres de Hermione con un apretón de manos.

-Doctores Granger, feliz navidad.

-Igualmente, cariño -respondió la madre de Hermione con una sonrisa.

-Hermione, ¿podemos hablar en privado? -dijo Ron para sorpresa de todos. Intuyendo a dónde se dirijiría la conversación con el pelirrojo, la castaña asintió con una mueca hastiada antes de dirigirse a la cocina.

Theo entró en el living y se sentó en el sofá al mismo tiempo que Ron salía hecho un basilisco hacia la cocina. Rosie captó su atención cuando le dio una bolsa navideña de regalo y el castaño no pudo evitar sonreír y poner sus bolsas en el piso.

-¡Abela! -exclamó la niña con una enorme sonrisa. El castaño obedeció y abrió la bolsa sacando una corbata color granate- ¿Te guta?

-Me encanta Rosie, gracias -respondió el castaño genuinamente agradecido-. Yo también te traje un regalo -dijo el castaño pero justo en ese momento, la voz furiosa de Hermione sonó desde la cocina.

-¡Lo que yo haga o deje de hacer con mi vida personal no es de tu incumbencia!

-¡No tiene ni seis meses que nos separamos y ya traes a tu novio en turno a tu casa con MI hija! -Rosie al escuchar gritar a su padre, instintivamente se acercó a Theo y hundió la carita en su pecho. Theo la acunó en sus brazos al sentir el malestar de la niña.

-¡Si no tienes nada bueno que hacer aquí es mejor que te vayas!

-¡Tú no puedes decirme que hacer, también es mi hija!

-¡Entonces paga la manutención!

-¡Solo quieres mi dinero, maldita interesada!

En ese momento se escuchó un golpe sordo y los padres de Hermione, tanto o más molestos que él, se levantaron del sillón y fueron a la cocina, Theo los siguió con la niña en brazos que no dejaba de hundir su carita en el hueco de su cuello aterrada. Hermione tenía la mano sobre su enrojecida mejilla, Ron la miraba con furia. Cuando se dio cuenta de que los padres de Hermione y Theo lo miraban enojados fijó su mirada en el castaño y la cercanía con su hija.

-¡ROSE WEASLEY! -la niña se estremeció en los brazos del castaño al escuchar su nombre- ¡Alejate de ese hombre de inmediato!

-¡Tú no puedes decirle qué hacer! -contraatacó Hermione furiosa. Ron se giró molesto hacia Hermione pero en ese entonces el padre de Hermione lo tomó del brazo con fuerza.

-Creo que es momento de que te vayas de mi casa, no eres bienvenido aquí -dijo con la voz gélida. Ron lo miró furioso pero claudicó al sentirse rebasado.

-Bien -se giró a Hermione-. Te advierto que esto no se quedará así, te quitaré a Rosie y no podrás hacer nada al respecto.

Y sin decir nada, salió de la cocina empujando a Theo en el camino. Cuando se escuchó la puerta cerrarse con fuerza, Rosie se permitió sollozar.

-Tranquila -le dijo Theo acariciando suavemente la espalda de la niña-, ya se fue.

Rosie tardó poco más de media hora en volver a su estado risueño de ser aunque Theo podía ver que su mirada se veía un poco apagada. Después de que Ron se hubiera marchado, Hermione intentó continuar como si nada hubiese pasado, sin embargo los ánimos estaban tan tensos que se podían cortar con un cuchillo de ser posible. Los padres de Hermione, aun molestos, intentaron igualmente continuar con la velada, sin embargo, ninguno de los cuatro adultos podían fingir tan bien.

Rosie se alegró un poco cuando abrió el regalo que Theo le había llevado, un libro ilustrado sobre dinosaurios y un prendedor de plata con forma de Tiranosaurio. Incluso cuando Theo le entregó a Hermione una bolsa de una reconocida librería la niña se alegró, pero pronto el estrés de la visita de su padre pudo con ella y cuando se escuchó un ruido fuerte proveniente de la calle comenzó a llorar desconsolada dando por terminada la velada.

Jean tomó a Rosie y la llevó a la habitación de Hermione seguida de su marido para darle privacidad a su hija y a Theo. Aunque no lo dijera en voz alta, Hermione sabía que su madre adoraba al castaño tanto como lo hacía su hija. Su padre, por otro lado, simplemente quería descansar un poco del drama que parecía seguir a su única hija.

-Theo, lamento mucho lo que pasó con Ron.

-No eres tú quién tiene que disculparse.

-Lo sé, pero yo lo traje a tu vida, así que lo siento.

-Si te soy sincero, no entiendo qué fue lo que le viste -dijo Theo levantándose del sofá-. Pero también sé que no es de mi incumbencia, así que me retiro para que descanses -y caminó a la puerta.

-¡Espera! -el castaño se giró sorpresivamente tomando a Hermione desprevenida lo que hizo que chocara contra él. Theo la tomó con cuidado de la cintura para evitar que cayera-. Gracias -Theo, sin soltarla, la miró expectante-. No te di tu regalo.

-Rosie me lo dió, gracias por la corbata.

-Ese era de parte de mis padres -confesó sonrojada-. Este es el mío -dijo entregandole una pequeña caja de color negro.

Theo la soltó, muy a su pesar, y agarro la cajita. La abrió en silencio y no pudo evitar sonreír cuando vio el bonito reloj de bolsillo dorado. Lo sacó de la caja y cuando lo abrió, leyó la inscripción con una sonrisa: «Nunca dejes de sonreír. H.G.».

-Es hermoso, gracias.

-¿De verdad te gusta? Se que la inscripción es un poco boba pero…

Hermione se vio interrumpida por los labios de Theo chocando con los suyos. Al principio se quedó helada ante el beso de Theo, pero pronto se dejó llevar. El beso era dulce y tierno a diferencia del que le había dado Draco que había sido salvaje y sensual. Confundida por pensar en su jefe, Hermione se separó lentamente del castaño y lo miró. Los ojos azules de Theo brillaban de una forma que ella nunca había visto.

-Yo… -balbuceó torpemente. El castaño se alejó un poco de ella.

-Lo siento, no debí -dijo el castaño saliendo de la casa dejando el abrigo.

-¡Theo, espera! -gritó ella corriendo detrás del él, pero el castaño ya estaba arrancando su auto cuando ella llegó a medio jardín-. Theo…

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Hermione entró a su oficina con las mejillas rojas producto de la horrible nevada que estaba cayendo afuera. Era veintisiete de diciembre y después de dos días libres estaba de regreso en la oficina. Cuando llegó a su escritorio se sorprendió al ver una pequeña cajita plateada sobre su escritorio encima de un sobre. Extrañada, tomó el sobre y lo abrió. Era una nota con un mensaje escrito con la pulcra letra estilizada de Draco:

«Granger,

Espero que pasaras una linda navidad con tu familia, gracias por la tarjeta navideña. Estaré en París hasta el diez de enero, espero no ser molestado bajo ningún motivo, ¿está claro? También es mi deber informarte que el día once se celebrará en Malfoy Manor el aniversario de la empresa, mi madre tiene todo preparado pero te ruego te comuniques con ella por si requiere algo más en mi ausencia. También necesitaré compres un vestido de gala porque tienes que estar en la celebración.

Pd: Espero te guste tu regalo, feliz navidad y prospero año nuevo.

D.M.»

Hermione dejó la extraña tarjeta navideña/instrucciones laborales en su escritorio y tomó la cajita. La observó por unos momentos antes de decidirse abrirla. Cuando lo hizo no pudo evitar soltar un «Oh» sorprendida.

Un hermoso dije de oro rosa con forma de orquídea con, lo que Hermione apostaba que era, un diamante en el centro posaba sobre la superficie de terciopelo de la cajita. Ruborizada, dejó la cajita en su escritorio y miró la inscripción de la costosa joyería como si quemara. Antes de que comenzara a hiperventilar, el teléfono de su escritorio sonó asustandola en el proceso.

-Presidencia, buenos días, le atiende Hermione Granger -dijo aliviada por distraerse.

-Buenos días Granger -dijo la voz de Draco por el otro lado de la línea.

-Buenos días, señor Malfoy -dijo nerviosa dándose cuenta de su error-. Lo siento, Malfoy.

-¿Todo bien?

-Sí -dijo ella insegura, entonces imaginó que de seguro Draco estaba rodando los ojos del otro lado de la línea-. Bueno en realidad no.

-¿Qué sucede?

-Su regalo, no puedo…

-Si dices que no puedes aceptarlo, Granger, te juro que te tiro por las escaleras cuando regrese.

-Es…

-¿Demasiado? Mujer, por dios, es solo un collar. Si no te gusta puedes cambiarlo.

-No, es muy hermoso.

-¿Entonces?

-No es apropiado.

-Granger, te lo digo sinceramente, no estoy tratando de llevarte a la cama o algo así. Es solo un agradecimiento por poner en orden mi oficina -«y mi vida» se reprimió de decir.

-Lo… Lo sé, pero… -Hermione se mordió el labio para no decir nada más-. Gracias -soltó finalmente.

-De nada Granger. Ahora -dijo Draco en el tono serio que usaba para los negocios y Hermione se dio una palmada en la frente por ser tan estúpida y creer que Draco le llamaba simplemente porque le gustaba hablar con ella, después de todo era su jefe-, necesito que reserves un vuelo a París, primera clase, para Pansy Parkinson -a Hermione se le hizo un nudo en el estómago al escuchar el nombre de la amante de Draco-. A primera hora de mañana, por favor.

-Claro, ¿algo más?

-No, es todo.

-Vale -respondió sin querer con desdén. Inmediatamente se reprendió mentalmente esperando que el rubio no lo hubiera notado.

-Gracias, Granger -dijo antes de colgar.

Hermione se llevó las manos a la frente y se recargó frustrada en su asiento. ¿Qué diablos estaba esperando? ¿Qué el maldito collar fuera una declaración de amor? Bufó antes de cerrar la cajita con más fuerza de la necesaria y la echó a su bolso sin ningún cuidado. Malditos millonarios.

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Los días pasaron monótonamente sin mucha novedad. Hermione descubrió por Padma, la secretaria de Theo, que el castaño se había ido a La Toscana el veintiséis de diciembre sin despedirse de ella. No podía decir que no se sentía dolida, después del desastroso beso que habían compartido en su casa la tarde de Navidad Hermione podía decir que lo entendía, pero, ¿irse sin despedirse? «¡Bien Granger! Al paso que vas te quedarás sola como una ostra y morirás vieja y rodeada de gatos», pensó.

Y además estaba el tema del aniversario de M-Corp. Como Draco se lo había ordenado llamó a su madre, Narcissa Malfoy, para presentarse y preguntarle si necesitaba ayuda con los preparativos. La mujer, muy amable tenía que decir, aceptó su ayuda por lo que Hermione se había visto envuelta en los preparativos de lo que a ella le parecía una celebración demasiado ostentosa. Pero aún así, la oficina de Hermione debió de ser trasladada a Malfoy Manor cuando se dio cuenta que no podía ayudar desde M-Corp; además son Draco de viaje, tenía muy pocas cosas que hacer allá.

Hermione pronto descubrió que Narcissa había comenzado con los preparativos desde antes que ella entrara a trabajar, de la misma forma las invitaciones habían sido enviadas desde hacía meses por lo que ella había sido la encargada de los arreglos finales. Cuando Cissy, como había insistido la señora Malfoy que la llamara, le entregó la lista de invitados, un nombre llamó su atención. Se acercó a la rubia y hermosa mujer que estaba sentada frente al escritorio de roble de la enorme biblioteca mirando con ojo crítico una maqueta del salón principal con la distribución de las mesas, había varios banderines con nombres colocados alrededor de algunas mesas y otros se encontraban amontonados a un costado.

-Cissy, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Claro, querida -respondió la mujer sin dejar de mirar la maqueta como si fuera un tablero de ajedrez.

-¿Quién es Amelia Nott? -Narcissa dejó de ver su maqueta y miró a Hermione.

-Es la ex esposa de Theodore, ¿por? -Hermione no pudo evitar una mueca de sorpresa-. Draco me comentó que estabas saliendo con Theodore, ¿no te dijo nada sobre Amelia?

-No -dijo sin pensar, después se dio cuenta de cómo debió de sonar su respuesta y decidió que era mejor especificar-, o sea, no estamos saliendo. Solo somos amigos.

-Oh vaya. No entiendo entonces por qué Draco dijo que salían -respondió la mujer volviendo a mirar su maqueta.

-No quisiera ser cotilla, pero, ¿por qué se separaron?

-Bueno, después del fallecimiento del pequeño Zachary su matrimonio falló, pero yo no soy quien para contarte esto. Si quieres saber los verdaderos motivos deberías de hablar con Theodore.

-Sí, claro. Lo siento.

-La curiosidad no es ningún pecado, querida -finalizó la mujer con una sonrisa-. Ahora dime, ¿ya tienes tu vestido?

Hermione hizo una mueca al recordar que tenía que comprar un condenado vestido. Narcissa sonrió para después fingir estar escandalizada.

-¿Cómo que aún no has comprado tu vestido, Hermione Granger? ¡Mañana es la fiesta!

-Yo… lo olvidé. Con los preparativos y todo eso -se excusó. La hermosa mujer negó con una sonrisa.

-Bueno, afortunadamente hay alguien que te conoce bien.

Y sin decir nada más, Narcissa Malfoy se levantó y salió de la biblioteca dejando a Hermione muy confundida. La mujer regresó después de unos momentos con un porta vestidos en las manos de un reconocido diseñador. Se lo extendió y Hermione lo agarró con manos temblorosas. Lo abrió con mucho cuidado intentando que el zipper no se atascara con lo que de seguro era la costosisima tela del hermoso vestido plateado, corte A de chiffon con un discreto escote en el pecho que terminaba en un bonito cinto con un adorno de piedras en la cintura y mangas que cubrían sólo los hombros. Hermione miró a Narcissa sorprendida.

-Theodore lo envió para acá cuando se enteró que estarías ayudándome, llegó ayer por la mañana.

-Gra.. gracias -dijo apenada guardando el vestido de nuevo.

-Debes de ser una amiga muy especial para que Theodore se tome la molestia de compraste un vestido -dijo Narcissa con una sonrisa sentándose de nuevo frente al escritorio.

-¿Por qué? ¿Theo no suele ser así?

-Oh no, recuerdo que una de las principales quejas de Amelia era que Theodore era demasiado distante con ella, ni hablar que le hiciera regalos.

-Oh -dijo Hermione recordando el bonito collar que el castaño le regaló el día que se conocieron cuando la llevó a comprar ropa para la oficina.

-Creo que Amelia estará encantada de sentarse junto a Astoria, siempre se llevaron bien -dijo la mujer llamando la atención de Hermione e insertando el banderín con el nombre «Amelia Nott» junto al que decía «Astoria Malfoy».

No pudo evitar un pequeño y lastimero gemido, que Narcissa no pasó desapercibido, al ver que a un lado del banderín de Astoria estaba el de «Draco Malfoy», luego el de «Theodore Nott» y junto a este, para su desgracia, estaba el de «Hermione Granger». La fiesta de aniversario prometía, oh vaya que si. Maldijo internamente, ¿por qué cojones le tenía que pasar eso?


¡Hola! ¿Qué les pareció el Cap? ¿Apoco Theo no es un amor aunque después haya salido corriendo de la vergüenza? Jejeje, para las que se preguntan si realmente es un Dramione, si, sí lo es, solo siento que Hermione y Draco deben de arreglar toda su mierda primero, pero obvio no va a ser fácil.

Y díganme, ¿se esperaban a Amelia? Ahora quiero que me digan que piensan del viaje de Theo a La Toscana y del de Draco a París... oh y no nos olvidemos de Pansy...

Muchas gracias a todos los que leen, me dejan reviews y agregan esta historia a sus favoritos. Mil gracias!

Un beso, Kat!

Pd: Oh espero que nadie haya leído el cap en cuanto lo publiqué porque me confundí con la emoción y casi les hago un enoooooooorme spoiler! JAjajaja besos