Y he vuelto. Cambios tras cambios tras cambios de guión terminaron en 2 meses sin subir este capítulo.

Que más puedo decir... hola.

No estoy muy inspirado con los saludos hoy... como sea.

Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capitulo 7: Dos mentes, dos torres


Invocador Blue Lavel'Leven, has sido desafiado… o algo así. En un curioso sobre, que de alguna curiosa manera terminó debajo del portón de mi casa, algo como eso decía. En cualquier caso, ¿Quién usa cartas de desafío en esta época?

Que anticuado. Eso ya es del siglo pasado.

¿Acaso no han escuchado del Tweeter o algo por el estilo?

Vivimos en la era digital, por amor a Dios.

¿Qué pasa con estas formalidades prehistóricas?

Como sea.

Dejando de lado mis inquietudes sobre la falta de practicidad que conllevan ideas tan absurdas como enviar cartas y cosas así, se encontraba frente a mis narices mi primer desafío formal. Qué extraño, según tengo entendido en este torneo no hay reglas de ningún tipo, así que imagine que los combates serían algo más fortuitos.

Quiero decir, no imagine posible que alguien quisiera advertirme que deseaba combatir conmigo.

Semejante formalidad me daba la impresión que, quien fuera que envío esta carta era o muy fuerte o muy tonto. Desaprovechar la oportunidad de emboscarme, quiero decir. Que estupidez… o que arrogancia.

– Erm… ¿Hola? ¿Aleksai?–

El teléfono.

– Ah, Alejandra. Disculpa, se me presentó algo–

Por un momento me olvidé de Alejandra, quien poco antes se encontraba hablando conmigo. La deje esperando un rato, que descuido de mi parte.

– ¿Ah, sí? ¿Qué se te presentó?–

Ahí vamos de nuevo, Alejandra comenzó su interrogatorio. Dude unos instantes sobre confesar o no la verdad, pero finalmente consideré conveniente mantener en secreto el tema.

Hora de andarse con rodeos.

– Mi hermana había olvidado algo y tuve que abrirle la puerta–

– Ya veo. ¿Entonces que fue eso que murmuraste acerca de una carta de desafío?–

Tch… ella es algo difícil de engañar.

– Una solicitud de desafío en un juego online–

– Ohh… un juego online dices… –Murmuró– Como, no sé, ¿League of Legends por ejemplo?–

Pequeña astuta, me dije a mí mismo, y entonces articulé apuradamente:

– Ah, sí, algo así. Pero solo es un juego para celular… ¿Sabías que ahora tengo un celular nuevo?–

– ¿Qué juego es? Me gustaría jugarlo también– Ignorando el cambio de tema que tan caballerosamente propuse, ella continuó escarbando en mis palabras intentando sacarme la respuesta que deseaba escuchar.

– No recuerdo el nombre en este momento– Respondí.

– ¿Es así? ¿Entonces porque no solo revisas tu celular?– Insistió Alejandra.

– Ah, me encantaría, desgraciadamente estoy usándolo para hablar contigo, así que no puedo revisar el nombre por el momento– Repliqué.

– Entiendo. Entonces explícame como exactamente viste la notificación del juego en la pantalla de tu celular mientras hablabas conmigo– Su voz reverberó en los altavoces de mi celular con fuerza.

– Es… un desafió que recibí hace un par de días… solo resulta que lo recordé ahora–

Una pequeña, no obstante pronunciada pausa nació y murió en el lapso de unos segundos.

– Hah… –Suspiró Alejandra en resignación– ¿Entonces no me dirás de que se trata realmente, Aleksai?–

A esas alturas no consideré necesario continuar mintiendo.

Desde un principio ella vio a través de mis mentiras.

No pude engañarla.

– De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo, tú ganas. Escucha, el asunto sobre la carta de desafío no es algo extremadamente trascendente. Su validez es mínima. Es un problema con el que puedo lidiar yo solo–

– ¿Cómo esa pelea que te llevó al hospital?– Preguntó mordazmente la joven rubia.

– Es diferente. En ese entonces yo era ignorante de lo que estaba ocurriendo. No sabía nada del torneo–

– Si, del mismo modo que yo lo era cuando fui atropellada. Yo tampoco sabía nada… y ambos terminamos en el hospital al borde de la muerte–

Replicó.

En su tierna voz se fundía un matiz de irritación que se hacía más espeso a cada segundo.

– Siempre eres así. ¿Acaso crees que puedes pasar por encima de todo tu solo?–

– No estoy combatiendo solo, tengo…–

– Estás combatiendo solo, no intentes engañarme. ¿Qué me hace pensar a mí que no tratas a Akali de forma distinta a como me tratas a mí o a tu hermana? –Aunque Alejandra hablaba en voz baja y calmada, la intensidad en el tono de su voz resonaba con fuerza en mis oídos. Ella estaba enojada. Yo lo sabía. Y entonces, en su siempre dulce y templada voz, llena de un sentimiento, o tal vez solo un instinto que no fui capaz de describir, Alejandra agregó– ¿No estás asustado como yo? ¿Tú no… quieres afianzarte a algo que te haga sentir seguro como yo?–

Un corto interludio más se asentó en la conversación.

No fui capaz de interrumpirlo.

Entonces ella dijo.

Esa misma belleza de cabello rubio y cuerpo de infarto.

De pálida piel sonrosada y rasgos encantadores.

Desde sus labios rosados y suaves.

Directo a mis oídos.

Ella dijo:

– No quieres… ¿No quieres aferrarte a mí para sobrevivir…?–

Eso dijo.

Dentro de mi mente (escenas censuradas) pasaron. Y también (escena censurada). Además la imaginé sin (escenas censuradas), y después de eso que me hiciera una (escena censurada) con sus grandes y redondas (escenas censuradas).

Y finalmente yo (todas las escenas censuradas por contenido inapropiado). Y eso sería (escena censurada).

Como sea, mi fantasía terminó así que ya no hacen falta más (escenas censuradas).

Como decía… (escena censurada).

No, yo ya terminé con las (escenas censuradas).

Mi nombre es (escena censurada).

Me gusta el color (escena censurada).

Las rosas son (escenas censuradas), las violetas son (escenas censuradas).

Pablito clavó una (escena censurada) en la (escena censurada) de una (escena censurada).

Yo… (escena censurada).


(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada) (Escena censurada).

(Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada).

(Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada)

(Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada)

(Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada) (Escena censurada)

(Escena censurada).

(Escena censurada) (Escena censurada).

(Escena censurada).

(Censurar la censura de escena censurada).


¡Basta!

¡Fue suficiente con las malditas (escenas censuradas)! ¡Estoy hablando en (escena censurada)! ¡No me hagan ir a (escena censurada)!

¡Dije que fue (escena censurada)!

¡Basta ya!

¡Maldita (escena censurada)!

¡¿Quién demonios está a cargo de las (escenas censuradas)?!

¡Dije que se detuvieran ya!


(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Escena censurada).

(Error 404).

(A fatal error has been detected).

¡Alguien detenga esto por amor a Dios!

(Error del sistema).

¡¿Que cojones está pasando?!

(La aplicación "escena censurada" ha dejado de funcionar).

¡…Socorro…!

(Por favor reinicie el equipo)

¡…AUXILIOOOO…!

(Windows sucks)

¡AAAHHHHHHHHHHHH!


…se… ¿Se detuvo ya…?

Madre de Dios…

¿Qué mierda fue eso?

No, una mejor pregunta, ¿A quién se le ocurrió esta tontería de las escenas torturadas… quiero decir censuradas?

Sea quien sea es un completo pelmazo.

Incompetente.

Inútil cobarde y mediocre bastardo sangre sucia mestizo y sin la voluntad ni el juicio para plasmar la realidad del mundo sin esos filtros hipócritas que usan para complacer a los sindicalistas y los contribuyentes con oficio de moralistas.

Por poco y el sistema operativo cósmico se destruye.

Mi perversión sin mesura estuvo a punto de destruir el universo.

Y todo por culpa del imbécil que censura las cosas.

Ahem~.

Olvidemos eso.

Siguiendo en lo que estaba, y ahora sin censuras, Alejandra utilizó una poderosa combinación de palabras en contra mía… tal vez demasiado poderosa. En realidad creo que era la frase más poderosa que había escuchado en toda mi vida.

Es como si hubiera convocado a Exodia en un solo turno.

Fui víctima de un jaque mate en 2 movimientos.

Barajó la flor imperial y la usó en mi contra.

Fue un tiro directo a la cabeza.

Nada más que decir.

¡Ace!

¿Qué oportunidad tenía yo contra semejante ataque infalible?

Esto es demasiado para mí.

Con cara de idiota me quede pasmado unos segundos hasta que reaccioné tras escuchar un: "Errr… ¿Aleksai?", desde mi flamante celular nuevo. ¿Qué debería decir en una situación como esta?

El tiempo corría en mi contra. Tan pocos segundos en las manos no eran suficientes para catalizar una respuesta decente.

No fui capaz pensar en nada… no me quedó otra opción.

Hora de plagiar alguna frase poco original.

– Alejandra…–

– ¿Si?–

Deje correr algunos instantes en un esfuerzo por darle valor al concepto de la duda y desistir, pero finalmente terminé por responder:

– ¿Te gustaría… tomar algo conmigo hoy?–

– …–

Utilicé una frase cliché. Muy cliché. Tan cliché y sobreutilizada que ni siquiera podría considerarse plagio, fue algo mucho más rastrero que eso… yo… entré en el muy despreciable y profundo agujero de lo mainstream.

Ya no soy original.

Nunca pensé que caería tan bajo.

Soy peor que el tipo de las censuras.

Esta historia ya no tiene sentido. Perdí la razón de ser.

¿Y qué pasó con Alejandra?

Ella, por supuesto, quedó muda. Tal vez entró en estado catatónico al escuchar semejante gilipollez. Ya puedo verla retorciéndose en el suelo por un ataque de epilepsia, y todo por culpa mía. No es para menos… fue demasiado cliché.

Cliché.

No, incluso ese término es demasiado superficial. Ya lo he trascendido. He superado las ataduras mortales del ostracismo, el oscurantismo, el anarquismo, el misantropismo, el existencialismo, el consumismo, los 7 pecados capitales, el twerking, la telefonía móvil, el whatsapp, el reggaetón, la avena quaker y toda maldita plaga social (agréguense las clausulas de permanencia de televisión por cable y las infames redes sociales) que haya asolado a la humanidad, juntas, multiplicadas 100 veces y bendecidas por [inserte personaje más odiado de la historia aquí].

Dios… ¿Qué es lo que he hecho?

El diccionario se ha quedado corto.

Necesito una palabra nueva para describir semejante atentado contra la humanidad… no, contra la existencia del hombre… no, de la vida misma. Tal monstruosidad no ha sido nombrada aún, y probablemente nadie tenga el valor de hacerlo, así que yo mismo lo haré. Es mi deber. Yo creé a esta criatura asquerosa y facsímil, no me queda otra opción que tomar responsabilidad y apelar por su custodia, aunque su mera existencia sea una aberración de lo más repugnante.

La llamaré… Anderson.

Suena apropiado.

Espera, esa palabra ya existe… entonces la llamaré estruttenoflobilositosis, una aberración más allá de lo cliché, del oscurantismo, el ostracismo y todo eso que dije antes.

Ah, suena parecido al tráiler de la batalla de los dioses, "Un enemigo más fuerte que Freeze, Cell y Majin Boo".

¿Significa eso que he creado una aberración peor que Freezer, Cell y Majin Buu?

¿Ni siquiera Goku podrá contra esta abominación?

Debo pagarlo con mi vida.

Me suicidare.

¡Lo hare!

De acuerdo, creo que exageré. No era para tanto... errr… en realidad no sé porque dije todo eso, creo que se me subieron los triglicéridos y comencé a desvariar o algo.

Por ahora solo… alejaré este cuchillo de mi garganta… lentamente… así… eso es… también sería una buena idea guardar el revólver que esta temblando peligrosamente en mi mano izquierda sin dispararlarlo accidentalmente y… ¡mierda, se me cayó...!

¡BANG!

¡AAAAAHHHHH!

¡HIJA DE LA…!

¡MI DEDO!

¡ELIZABEEETH! ¡ELIZABETH, TRAEME UN PUTO DOCTOR!

¡POR AMOR JESUCRISTO!

¡DUELE HASTA EL INFIERNO!


[Algunas cirugías reconstructivas después…]


De acuerdo, esto fue vergonzoso hasta para mí… por favor solo olviden eso.

Afortunadamente no fue nada grave…

Sigamos… sigamos en la historia.

Ahem~.

De vuelta en lo que estaba, tal vez fui demasiado directo, cliché y soso, pero sea como sea retractarme nunca ha hecho parte de mi filosofía, obstaculiza el progreso.

En todo caso, pasados unos segundos Alejandra dijo:

– Creo que conozco un lugar donde podríamos vernos…–

Salió mejor de lo que esperaba. Parece que realmente exageré.

No era una frase tan cliché después de todo.

Bueno, da igual.

Adelantaremos el reloj un par de horas.

Ah, espera, en 2 horas comienza "Dígalo cantando", ese reality show que… quiero decir, en 2 horas comienza un partido de futbol americano buenísimo, para hombres como yo. Muy masculino, sudoroso y violento.

Así que… denme solo un momento.

Celular.

Marcado rápido.

– ¿Aló?–

– Hola, ¿Alejandra?–

– S-Sí, soy yo. ¿Necesitas algo, Aleksai?–

– Se me presento algo, tendremos que aplazar la cita 1 hora más–

– ¿Qué? ¿Pero por qué…?–

– Adiós–

– No, espera, yo... –

Fin de la llamada.

Perfecto, ahora podré ver mi reality. Digo mi partido.

Como sea.

Ahora adelantaremos el reloj 3 horas en lugar de 2.

Haremos una elipsis, como en las películas.

Será genial.

Veamos…


[Por favor espere, adelantando el tiempo… 1 hora, 2 horas, 3 horas…]


Con eso basta.


[Felicitaciones, ha adelantado el tiempo exitosamente]


Que increíble. Siempre quise hacer esto.

Soy todo un viajero en el tiempo.

Errr… como sea.

Allí estaba yo.

Solo y a la deriva.

Uno o tal vez 2 billetes me acompañaban desde el fondo de mis bolsillos. Desgraciadamente no me encontraba en un lugar donde pudiera presumir tan modesta cantidad. A 27 pisos del suelo, en la última planta de un edificio de apariencia imponente, un establecimiento de aspecto exquisito se sostenía a más de 90 metros sobre el suelo, ofreciendo una espectacular vista de la ciudad que se teñía del violeta de la tarde.

Y yo estaba ahí, de pie, con mis tristes billetes acariciando la yema de mis dedos mientras esperaba por la distinguida Alejandra Sagir-Lazzuli, pensando en cuanto mejor hubiera sido sentarnos en un parque o algo así, donde no cobran absolutamente nada.

Tal vez hubiéramos podido comprar un cafecito... o un te baratito y sencillo, y conversar en una linda y cómoda banca de concreto en medio del césped verde y hermoso del parque.

Pero no.

Teníamos que venir a este sitio caro y elegante.

Tenía que subir las malditas escaleras hasta la última planta porque el bastardo del ascensor se enfureció cuando le dije que parecía un payaso.

Lo digo en serio.

Este sitio se ve costoso. Muy costoso.

Tienen hasta código de vestimenta y todo, el cual por cierto estaba por encima de los estándares de elegancia que suelo adoptar. Del fondo de mi closet, unos olvidados trajes encontraron la oportunidad de ver la luz del día una vez más desde… ¿Desde cuándo? Hmm… no lo recuerdo bien, pero probablemente fue desde que los compré.

Sobra mencionar que fue ella quien decidió el lugar, un sitio tan refinado y aristocrático como cabría esperar de ella. No quiero imaginar el número de ceros que estará escrito en la cuenta al salir. ¿Podrás sacarme de esto, Jorge Eliecer Gaitán, tú que estás en todos los billetes más vulgares del país?

Por supuesto que no.

El miserable billete donde está impresa su maldita cara no es mucho mejor que papel higiénico usado. Difícilmente alcanza para comprar un pan viejo. Este pedazo de basura no sirve para nada.

¡Es una maldita mierda!

Sin embargo.

Aún así.

No obstante, y pese a todo lo que dije, una lujosa tarjeta de crédito, por fortuna, ocupaba un privilegiado lugar en bolsillo de mi elegante camisa. Esa tarjeta era, digamos, mi as bajo la manga. Si, así es, en realidad no soy tan pobre como lo parezco. Este lugar no se pagará con un par de billetes viejos y arrugados, una fina tarjeta platino parece más adecuada, y yo, naturalmente, soy el orgulloso propietario de una.

Probablemente no les interese saber mucho sobre mi tarjeta de crédito, pero a mí sí, así que les hare escuchar la muy larga historia de esta tarjeta quieran o no.

Todo comenzó un lluvioso día de enero, las acciones estaban a la baja, el dólar había caído, la bolsa de valores estaba en crisis, en general no era un buen día para la economía, así que yo…


(Escena censurada).


Y así fue como conseguí esta bella, muy bella tarjeta.

Buena historia, ¿no?

Estoy seguro que ahora están conmovidos, pero ya me extendí lo suficiente en la historia de mi tarjeta.

Debo continuar con la historia… o excederé el límite de palabras por capítulo.

En cualquier caso.

Llegué 15 minutos antes de la hora acordada, muy en contra de mis principios de puntualidad, y 3 minutos después que yo llegara, apareció tras la puerta de un ascensor la susodicha esperada, embalada en un encantador vestido gris y una corta camisa negra. Excelsa y brillante como siempre, pensé para mis adentros.

Sentí que sería algo incómodo vernos a los ojos, así que sinteticé el saludo en función de la mayor brevedad posible y la invite a pasar. Al parecer ella tenía una idea similar en la cabeza, como me alegra. Nos ubicamos en una mesa frente una inmensa ventana, y dispusimos del tiempo que tardó en llegar el mesero en observar la panorámica de la ciudad a través de la ventana, pues ninguno de los 2 estaba muy a la labor de romper el tétrico silencio. Pronto la carta con las bebidas y los precios terminó en mis manos.

Costoso.

Muy costoso.

Sentí entrar en quiebra con solo ver los precios.

Una infusión de paranoia bursátil me subió la tensión hasta las nubes.

Por un momento sentí el impulso de preguntar si me cobrarían también por tocar la carta.

En verdad era un lugar costoso.

Arrugué los diminutos billetes en mis bolsillos con frustración, pues nada tenían que hacer aquí, para después dirigir una mirada a Alejandra.

Ella, algo apurada, se decidió entonces por un coctel de extranjera procedencia y difícil pronunciación, muy a su estilo. Decidí seguir su ejemplo.

Pronto la orden llegó a la mesa.

El dinero de bolsillo que llevaba conmigo no era ni distantemente suficiente para pagar siquiera por el aire que estaba respirando, así que, tras haber planeado todos mis movimientos de forma rigurosa y milimétrica, majestuosamente saqué la esplendida tarjeta platino del bolsillo de mi camisa y mascullé con excesiva y arrogante teatralidad:

– Cárgalo a mi cuenta, Javier–

– Err… mi nombre es Benjamín, señor–

– No me mientas Javier. Benjamín es ese de allá, el que esta barriendo la entrada– Repliqué con una sonrisa distraída.

– N-No, es en serio… mire, está escrito en la tarjeta de mi camisa en letras rojas… y el que esta barriendo se llama Joaquín–

Este maldito mesero inepto… ensuciando mi ostentoso e innecesario alarde de abundancia financiera por algo tan trivial como su nombre.

Me encargaré de esto inmediatamente.

– Si digo que te llamas Javier, ¡entonces te llamas Javier y punto!–

– P-Pero yo…–

– ¡No me respondas Javier!–

– P-P-Pe-Pero es que mi nombre no es…–

– ¡El que tiene la tarjeta de platino aquí soy yo, te llamo como me da la gana y he decidido que serás Javier!–

– P-Pero es que Javier no es…–

– Javier es un nombre de reyes, ¡cómo te atreves a menospreciarlo!–

– ¡N-No es que lo esté menospreciando, pero señor, y-yo no me llamo así! ¡Me llamo B-B-B-Ben-Benjazmín…! ¡Quiero decir…! ¡Yo…!–

– Ah, ahora te llamas Benjazmín, ¿Acaso tienes un nombre real?–

– M-M-M-Mi no-no-nombre es Ben-Ben… Benja… Benja… M-Mi nombre es Benaja…–

– ¿Lo ves? Ahora ni siquiera tienes nombre, esto nunca hubiera pasado si te hubieras llamado Javier. ¿Acaso eres alguien? ¡¿Acaso vale la pena que existas cuando ni siquiera tienes un nombre?! ¡¿Eh?!–

– Y-Yo no… ¡No puede ser posible! ¡Le juro que tengo un nombre señor!–

– ¡No! –Acallé– ¡Tuviste un nombre, era Javier, pero lo despreciaste! ¡Ahora no eres nada! ¡Ni Javier, ni Benjamín, ni Benjazmín, ni una pulga de agua!–

– ¡N-N-NOOO! ¡Por favor tenga piedad de mí señor… yo solo trabajo aquí para pagar mis estudios!– Chillando al borde de las lágrimas, de rodillas en el suelo, el pequeño mesero rogó miserablemente por clemencia.

Tengo que admitir que la discusión había dejado de importarme hacía mucho, simplemente me entretenía admirar la miseria de aquel pobre hombre de cuyo nombre no quiero acordarme.

Estaba a punto de dar la estocada final a esa escoria de Benjazmín, o como se llame, cuando la pálida y delicada mano de Alejandra se levanto tímidamente por encima de su rostro empañado en rubor. Suave y abochornada, ella murmuró sumisamente:

– Y-Yo pagaré la cuenta… Benjamín–

La cara del desdichado mesero se iluminó al escuchar su estúpido nombre real y contestó con torpe entusiasmo:

– ¡P-P-Por supuesto señorita! ¡M-Muchas gracias!–

Y se retiró.

Tch… estaba divirtiéndome.

Como sea.

La discusión terminó por obra y gracia de la intervención de Alejandra y su espíritu gentil. El bastardo de Javier se salió con la suya, y pronto las bebidas llegaron a la mesa.

Bueno, de lado todo aquello, aconteció el momento de discutir lo que nos había llevado hasta allá. Nada que me alegrara demasiado, debo decir.

– Entonces… ¿Qué es lo que querías discutir conmigo? Tu… tienes algo que decirme, ¿Cierto?–

En un tímido pero firme tono, Alejandra preguntó finalmente después de un largo interludio ausente de palabras.

– Si… imaginé que sería adecuado hablar en persona para evitar… rodeos– Respondí.

– ¿Debo asumir que finalmente me hablaras sobre ese desafío?–

De mi chaqueta saque un sobre con el sello intacto, no creo que falte aclarar que estaba impreso sobre él.

– Aún no he leído la carta–

Alejandra extendió una pequeña sonrisa de triunfo en medio de sus mejillas sonrojadas.

– Ya veo… no has leído la carta– Musitó contenta.

– Así es. Ya que tanto deseas inmiscuirte en esto… –Repliqué mientras rasgaba el sobre– …entonces es justo que escuches lo que dice de primera mano–

La carta se deslizó suavemente desde el sobre hacia mis manos con delicadeza, y sobre ella, con una absurda solemnidad, una arcaica provocación quedo grabada en la retina de mis ojos.

En un tono lo bastante alto para que Alejandra pudiera escuchar y lo bastante bajo para mantenerlo en privado, leí el siguiente parágrafo:


"Invocador Blue Lavel'Leven, está escrito en piedra que serás vencido por aquellos que han vienen desde las torres caídas.

Con la intención de buscarnos vendrás y te encontramos.

Con la intención de vencernos, pereces tú, porque escrito ya está."

"MMI , Anno quo deliquimus summa imperii"


Eso era todo.

De alguna forma conseguí matar la irresistible risa que se atrincheraba en mi garganta.

Esto es más dramático e incoherente que las películas de Disney Channel.

Es la estupidez más grande que he visto desde que conocí a Anderson.

Pero no debo reírme.

Alejandra parecía bastante sería al respecto, así que, definitivamente, no debo reírme.

– ¿Qué clase de campeón podría…?– Farfulló observando con frialdad la carta.

Llevé mi mano izquierda a la barbilla en un intento por fingir alguna pose intelectual, que por cierto no sirvió de mucho, pues Alejandra me observó disgustada y molesta.

En vista de tal inconformidad, aceleradamente improvisé algunas palabras simulando seriedad… acción que sea dicho de antemano tampoco tuvo mayor efecto.

– Torres caídas… No dice nada de la hora ni el lugar, una frase en latín… parece una provocación bastante infantil… y friki–

– ¿Friki?– La joven me reprendió con la mirada.

– Ah, en cualquier caso –Agregué con nerviosismo–, puede que este sea un tipo muy especial de invocador, a juzgar por este desborde de dramatismo teatral–

– Eso no es seguro, Aleksai, pero de lo que si estoy segura es que saben quién eres y donde pueden encontrarte–

– Hmmm… es difícil suponer algo con tan poca información. Debería hacer algo de inteligencia por mi cuenta–

Dicho eso me levanté y bebí de un trago la bebida, dando por terminado la cita que nos había reunido.

– Espera… –Me detuvo Alejandra.

– ¿Qué sucede?–

– ¿Piensas irte y hacerlo todo solo? Creo que estás subestimando la situación–

– ¿Qué sugieres entonces?–

Alejandra articuló una sonrisa serena.

– Siéntate–

– …–

Obedecí.

– Si los 2 pensamos juntos estoy segura que encontraremos la respuesta en un parpadeo. Sé que estás a la altura de mis expectativas, y estoy segura que estaré a la altura de tus expectativas–

Muy inspiradora, pero en realidad tú estás por encima de mis expectativas. Eres demasiado perfecta.

Como sea.

– Esta carta –Continuó la muchacha mientras sostenía el documento– tiene un vago parecido a un acertijo. Es como si dijera algo más entrelineas–

– Es posible–

– Así es. En ese caso vamos a revisar lo que tenemos. Es una carta de desafío que no establece la hora ni el lugar del enfrentamiento… es como si supieran dónde estás… y a donde irás… no, es casi como si supieran…–

– Es casi como si supieran lo que voy a hacer– Interrumpí.

– Si, justamente eso–

Algunos minutos transcurrieron mientras nuestras mentes vagaban entre monólogos internos, entonces, tras quedar satisfecho con mi razonamiento, comenté:

– Este invocador es americano, probablemente–

– ¿Qué? ¿Por qué piensas eso?–

– Por la redacción… préstame esa carta un momento –Solicité la carta– Por ejemplo… –Murmuré distraídamente mientras leía el sublime documento– aquí… si, este parágrafo. Escucha bien: "Invocador Blue Lavel'Leven, está escrito en piedra que serás vencido por aquellos que han vienen desde las torres caídas"

– ¿Q-Qué tiene?– Preguntó Alejandra confundida.

– La redacción Alejandra, la redacción. Es extraña. La frase debería ser así: "Invocador Blue Lavel'Leven, está escrito en piedra que serás vencido por aquellos que han venido desde las torres caídas" –Respondí indiferentemente mientras revisaba el resto de la carta– ¿Lo entiendes ahora? Es como si la persona que redactó la carta no manejara bien el español, no puede escribirlo bien–

– Ohh, ya veo. Es cierto, no me había fijado en ese detalle… en realidad tiene mucho sentido desde que muchos de los participantes del torneo son extranjeros–

– Correcto. Aún hay más errores como este, escucha: "Con la intención de buscarnos vendrás y te encontramos"–

– Si, te entiendo. Las frases no suenan muy naturales–

– Así es. Parece que quien quiera que haya enviado esta carta uso un programa para traducir el texto… probablemente google traductor… es mi favorito–

– Ya veo, entiendo pero, ¿Por qué sabes que es americano?–

– Por las torres caídas–

Alejandra abrió sus profundos ojos azules hasta el límite que le permitió su delicada fisonomía.

– ¡Por supuesto! El 11 de septiembre!– Exclamó.

– Nice answer. La tragedia más famosa del siglo, la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001–

– Pero… ¿Solo con las palabras "torres caídas" dedujiste que se trata del atentado del 11 de septiembre? Podría tratarse de otra cosa…– Reflexionó Alejandra.

Señalé con el dedo indicé el borde inferior de la carta.

– ¿Qué dice aquí, Alejandra?–

– Errr… –Enfocando sus ojos de forma graciosa en la última línea del texto impreso sobre ese papel amarillento, que por cierto no estaba en español, ella contestó– es el latín para: "2001, el año que falló el imperio más alto del mundo…"–

– Eso debería aclararlo todo. La catástrofe del 2001 fue el máximo fracaso del país más poderoso en el planeta–

– V-Vaya… sorprendente– Murmuró la joven mujer de cabello rubio.

Exhalé indiferentemente, sin darme ninguna clase de importancia.

Quiero decir, ¿Qué sentido tenía alardear solo por hacer algunas deducciones?

Alejandra perfectamente pudo haber resuelto el acertijo sin mi ayuda, pero bueno, me desafiaron a mí después de todo. Desde un principio todo este asunto me correspondía a mí.

Ella solo estaba ayudándome.

A pesar de todo, ella parecía bastante impresionada.

No obstante me negué a abandonar mi aire estoico.

Pero olvidemos eso.

La humildad no va conmigo.

Volviendo al tema de la carta, en medio de un alarde de originalidad, quien quiera que escribió esta arcaica provocación hizo una descarada y muy obvia referencia a los atentados terroristas que dieron la vuelta al mundo ese 11 de septiembre, hace ya 14 años.

No comprendo a ese sujeto.

¿Por qué advertirme?

A partir de ese momento sería inteligente asumir que podría ser atacado en cualquier momento. Solo había conseguido ponerme en guardia.

¿Qué beneficio podría encontrar en eso?

¿No sería mejor simplemente atacarme por sorpresa?

¿Está realmente tan confiado en su victoria?

No lo sé.

Que molesto e irritante.

Llegué a un punto muerto.

Nada me llegaba a la cabeza.

– Parece que tú tampoco puedes pensar en nada más –Comentó Alejandra divertida y risueña al ver mi frustración mientras saboreaba su bebida. La tensión en su rostro desapareció–. Es muy raro verte así– Agregó entre algunas risas.

Su expresión serena y alegre distaba por mucho de la ansiedad que exhibía anteriormente.

Fue entonces que su mente prodigiosa y magnífica empezó a brillar.

Esa es la forma en que su potente cerebro trabaja.

Así es como es ella.

Más yo, aún sabiendo eso, me atreví a discutir altaneramente.

– Ciertamente… aunque para ser franco, esta carta ambigua no da mucha tela para trabajar de todos modos–

– Tienes razón –Asintió ella haciendo su coctel a un lado–, sin embargo, pienso que algo en nuestro razonamiento se está interponiendo en el camino, y eso sería…–

La sensual rubia cerró los ojos a toda distracción por un momento intentado concentrarse para después declarar sin perder el temple:

– …que no tenemos la suficiente "creatividad" – Concluyó la talentosa hija mayor de los Sagir-Lazzuli.

– ¿Creatividad?–

– Hmmm… tal vez no fue el término correcto, digamos "imaginación" en lugar de eso– explicó.

– Ah, ¿Ahora es "imaginación" de lo que carecemos?– Repliqué sarcásticamente.

– Así es –Argumentó Alejandra–. Estamos atacando un tema tan surrealista como este con demasiada rigurosidad, es decir, mira, lo sabíamos desde un principio, el torneo de League of Legends, los campeones y los invocadores, todo esto desafía a la lógica–

Alejandra salió limpiamente de la discusión con la victoria entre las manos sin siquiera despeinarse.

Nada que decir al respecto, era absolutamente cierto.

Sus premisas eran irrebatibles.

– En una situación como esta –Continuó ella–, no sería descabellado asumir que fuerzas fuera de nuestra compresión estén actuando en contra nuestra, por lo tanto, yo opino que deberíamos tomar en consideración posibilidades algo más utópicas, tan alocadas como el juego mismo–Aseveró la joven aún sonriente.

– Entiendo tu idea, pero si apuntamos a posibilidades tan vagas y fantásticas tampoco llegaremos a nada. Solo aumentaremos innecesariamente el margen de coyunturas y eso terminará por confundirnos más– Repuse.

– Te equivocas. Es verdad que, si dejamos hablar a nuestra imaginación entonces nos llegaran a la cabeza infinitas posibilidades de lo más absurdas, pero no estamos apuntando a un margen tan amplio –Respondió tranquila pero vivazmente la muchacha–, lo que haremos simplemente será incluir en nuestros cálculos a cada uno de los 126 campeones del juego. ¿Entiendes ahora de lo que te hablo?–

Incluir a los 126 campeones del juego en nuestros cálculos ella dijo. En otras palabras, pensar como lo harían cada uno de esos 126 seres ilógicos y fabulosos.

¿Cómo pude olvidarlo?

Cada campeón tiene un motivo para estar aquí.

No son simples autómatas sin consciencia.

Ellos también son parte de esta guerra.

En realidad era una propuesta excelente.

Sin embargo.

No obstante.

Sigue siendo una hipótesis con muchos agujeros.

Por ejemplo:

– Magnífica idea, pero debes saber que solo quedan 40 campeones vivos, más o menos, y para colmo no tenemos idea de quienes son, Alejandra–

– Hmmm… tienes un punto ahí– Farfulló mi querida amiga contrariada.

Bueno, visto de forma superficial es mucho mejor tener solo 40 posibilidades en lugar de 126, pues significaría reducir directamente la carga de trabajo a la tercera parte. Desgraciadamente no sabemos cuáles campeones están vivos y cuáles no.

Estamos caminando a ciegas.

Es como elegir una carta bocabajo de una baraja de comodines.

– De acuerdo, tienes razón –Asintió Alejandra–, pero te olvidas de algo, Aleksai, tenemos un indicio. Una pista por donde comenzar–

La muchacha dijo, y entonces agitó suavemente la carta que aún se encontraba entre sus delicadas manos.

– Sin hora, ni fecha ni lugar –Insistió con emoción la chica–, prácticamente están diciéndonos que atacarán en el momento que tú ataques. Eso no es algo que cualquier campeón podría hacer, ¿No es cierto?–

– Ya saben donde vivo. La carta… llego a mi domicilio, ¿Recuerdas? –Repliqué– Es simplemente obvio que puedan atacar en cualquier momento–

– No –Exclamó Alejandra secamente–. Estás siendo demasiado frívolo. En esta carta no te están advirtiendo nada, mira, no hay hora, ni lugar. No te están citando a pelear, simplemente te están provocando… te provocan para que… –Alejandra tropezó con sus palabras mientras intentaba organizar una idea, y forzosamente masculló–… te provocan… ¡Te provocan para que des el primer paso! – Concluyó sorprendida.

– Solo quieren que cometa un error. No hay nada de significativo en eso– Repuse despreocupadamente restándole importancia al asunto.

– P-Pero…– Protestó la joven.

– Claramente no hay nada que podamos hacer al respecto. Deberíamos rendirnos–

– No, escúchame…–

– No, todo esto no es más que especulación–

– Pero es que aún podemos...–

– No, no podemos. Lo repetiré una vez más, solo estamos especulando. Lo mejor que puedo hacer por ahora es prepararme para un inevitable y molesto combate. Lo siento Alejandra, pero llegamos al límite. Hora de rendirse– Decreté.

Ella desistió.

No respondió nada más.

El silencio se asentó durante unos incómodos momentos hasta que un suspiro llamo mi atención. Alejandra deshizo su sonrisa.

El buen ánimo que traía hasta ahora se desbarato en un instante.

El aura ligera y cálida a su alrededor de repente se hizo pesada y tétrica.

Como pasar del rosado al negro en un instante.

Creo que la hice enojar…

– Aleksai, por favor ayúdame –Declaró severamente.

Seria y fría, como el día que la conocí.

Como el día que el mundo conoció a la solitaria y gélida Alejandra Sagir-Lazzuli.

No, fue incluso peor. Mucho peor.

Nunca la había visto tan irritada.

–No puedo hacer esto sola. No soy tan inteligente. No soy tan lista. No soy tan fuerte. No soy perfecta. N-No puedo hacerlo… no puedo, yo… no… no estoy…. ¿Acaso te quieres morir? ¿No te importa? –Masculló– No lo hagas. No estoy preparada para pelear sola –Una a una, entre las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, amargas frases se escabulleron de su atribulada cabeza. Fui demasiado insensble– Necesito que… –A pesar de todo ella continuó–… necesito que me ayudes... ¿Por qué aunque entiendes tantas cosas no puedes entender eso…? Que no puedo yo sola… que yo… ¡Que yo…! –Respiro profundo, se limpió las lágrimas, y desde el fondo de sus pulmones llenos de aire vociferó– ¡Necesito que me ayudes a salvarte, grandísimo tonto!–

Su voz reverbero en cada pared de ese lujoso bar.

Hasta la copa más lejana se estremeció por el poder de sus palabras.

Ni una sola persona en la estancia permaneció indiferente, y no quedó un solo rincón en todo este lugar donde su amargo gemido no se hubiera escuchado.

Siempre ha destacado mucho.

Ella resalta allí por donde pasa.

Aunque no diga una sola palabra, ella es ese tipo de persona que no puedes dejar de ver.

Pero en esta ocasión, y por primera vez desde que la conocí, ella deliberadamente llamó la atención de todos a su alrededor… y por supuesto que lo logro.

Pero a no le importó en lo más mínimo, sus ojos no se desengancharon ni un segundo de mí. Una mirada tan azul e intensa que sentí ahogarme en la profundidad del mar.

Las cosas se me salieron de las manos…

Tal vez si estoy tomándome esto demasiado a la ligera…

– De acuerdo –Cedí–. Lo lamento… mucho. Está bien –añadí incómodamente al fijarme en la inconformidad en su rostro al escuchar tan superficial disculpa–, lo lamento más que mucho… lo lamento mucho al cuadrado… no, al cubo… a la 23ava potencia… lo lamento muchísimo a la 99ava potencia…–

Esta chica no está contenta con nada.

– Hah –Suspiré–. Lo lamento con todo el corazón, te lo juro, así que ya deja de llorar… o me va a sacar seguridad–

Sus labios se contorsionaron un poco dando lugar a una fugaz sonrisa.

Pero seguía haciéndose la difícil…

Bueno, como sea. Si la hermosa, hermosa, hermosa rubia de ojos azules, cuerpo de infarto, mente de genio y corazón de oro Alejandra Sagir-Lazzuli quiere salvarme a mí a toda costa y no le importa romper en llanto en un sitio ostentoso y deslumbrante como este por tal motivo… entonces yo en definitiva no tengo la menor excusa para negar sus puras intenciones.

¿Qué hombre en la tierra no desearía que una belleza como ella se preocupara tanto por él?

¿Cómo podría yo atreverme a desperdiciar semejante oportunidad?

¡Esto es algo digno de celebrarse con alcohol y prostitutas!

Eh, espera, no, eso no. No quise decir eso, lo juro.

Como sea, no decepcionaré su confianza.

Ni la obligaré a hacerse una cola de caballo, ni a vestir de forma ridícula, o sensual por causa de mis muchos fetiches absurdos… de acuerdo, no prometo nada.

Pero, sea como sea, lo que sí puedo prometer con plena seguridad es que yo:

– Estoy de tu lado–

Sus ojos fijos y seguros se abrieron con sorpresa.

Su expresión impasible se disolvió en la sorpresa.

Alguna sonrisa sutil alcanzó a mover los siempre relajados músculos de su cara, más pronto plasmo una expresión perspicaz y resolvió contestarme:

– Bueno, eso era obvio. Por suerte para ti yo he estado a tu lado desde hace mucho tiempo, y creo que ya resolví el misterio–

Vaya, vaya. Brillante como siempre, pensé con ironía.


Volviendo a las inquietudes usuales, siempre me queda la duda si acaso lo que escribo resulta muy enredado, difícil de entender o poco interesante... esas inseguridades de escritor que nunca faltan... bueno, como nadie escribe reseñas no tengo idea si acaso entienden o si sencillamente no les interesa.

Como sea, hablando de otras cosas, algunas aclaraciones que quería hacer... particularmente con respecto a este asunto de los billetes, que, como ya saben, siempre incluyen el rostro de algún distinguido personaje histórico del país de turno. En el caso de mi querida patria, para el billete de más baja denominación que tenemos por cierto, el favorecido es Jorge Eliecer Gaitán, un célebre candidato a la presidencia, famoso por sus inspiradores discursos y admirable campaña, quien desgraciadamente nunca llego a ser más famoso que su controvertida muerte... en cualquier caso, siempre pueden imaginar el rostro del personaje histórico en su billete favorito para evitar confusiones, (pero que sea un billete pequeño, de esos que dan tristeza).

De cualquier forma, espero hayan disfrutado el capítulo, y espero disfruten escribir alguna reseña también.

En serio, escriban. Escriban...

Como sea, un gusto como siempre y... como consejo del día... tómense un cafecito en el parque de vez en cuando.