Bueno, he regresado.

Creo que nunca había dejado pasar tanto tiempo entre publicaciones pero estos últimos meses fueron difíciles... sufrí perdidas muy dolorosas... y un largo etcétera que no se extenderá más. Por ahora no aportaré mucho a la historia porque, como ya dije, es una época difícil, pero bueno, he adelantado algo de historia.

Por ahora me entro el deseo de darle algo de volumen al romance en el fic. No es mi mejor materia, pero hice lo mejor posible para hacer algo de relleno mientras consigo inspiración. Los dejo con las resoluciones legales que nunca pueden faltar y nos veremos más abajo.

Como ya saben, esto es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot games ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por lo demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capitulo 7.1 (Extra): Para Elizabeth


Entonces indiferente y patéticamente masculló:

– Bueno… es tal y como dije, querida…–

Ella, del cabello azabache.

– …no creas una sola palabra de lo que te diga. Aunque no lo parezca…–

Su sonrisa era hermosa y su piel tersa.

Su hermoso cabello ondeaba suavemente al ritmo del viento.

Su rostro delicado y simétrico resplandecía como una joya tallada con el mayor esmero posible en el cajón de un joyero.

Pero aún con toda la belleza que le pudieran aportar sus rasgos, desde su pequeña boca enmarcada con labial, esa misma Elizabeth habló en un tono tan lúgubre que las siguientes palabras parecían haberse podrido en su garganta por tantos años como hubiese durado su vida:

– …aunque nunca te lo deje ver, Aleksai, por más que finja y que mienta, su miseria y su dolor son incluso más grandes que los míos–

Si, Elizabeth.

Elizabeth del cabello oscuro y los ojos azules.

Ella a quien la sangre vincula a Aleksai, esa dulce e incondicional hermana suya.

Se veía hermosa. Esbelta y elegante. Un aire de nobleza se asentaba a su alrededor allí por donde pasaba. Sin embargo, una sensación inquietante se apoderó de mí al verla así de cerca, algo siniestro... tal vez hasta espantoso. Era una sensación tan intensa y oscura que me hizo retroceder sobre mis propios pasos, pues aunque sus labios rojos arqueados en medialuna formaban una sonrisa tan preciosa, en lo profundo de su voz y de sus ojos una esencia perturbadora emanaba al exterior.

Algo doloroso, enfermizo, retorcido y macabro. Un tinte de maldad amargo y venenoso. Una oscuridad insondable bordeaba la silueta de la mujer que frente a mí sonreía indiferente.

De ella colgaba una sombra tan profunda que me estremecí.

Sentí estar frente un ente que abandonó su humanidad.

Mis pies quedaron plantados al piso.

No pude responder nada.

Fue entonces cuando ella…

¡Ah!

Espera. Un momento, espera. Nos hemos saltado demasiadas escenas.

Adelantamos demasiado la trama.

Hagamos un retroceso.


Retroceso.


De acuerdo, ahora, ¿Por donde debería comenzar?

¿Tal vez por mi nombre?

¿Tal vez por lo que estaba haciendo antes?

¿Tal vez diciendo que ya han pasado dos semanas desde el incidente en el hospital?

¿Tal vez deba mencionar que, por extraño que parezca, no ha ocurrido absolutamente nada durante todo este tiempo?

Sí, dos semanas enteras han pasado, pero absolutamente nada ha cambiado.

Desde el 9 de agosto hasta el 23 de agosto todo ha sido igual. Aunque tantas cosas pasaron, y aunque tanto pudo pasar, la más indiferente y aberrante normalidad se estableció durante estos 14 días.

Como si no importara.

Como si la vida de Alejandra Sagir-Lazzuli fuera así de pequeña que no puede cambiar nada incluso desapareciendo.

Incluso aunque estuve a punto de morir nada cambió.

Ni una sola persona se enteró.

A nadie le importó.

Es algo difícil.

La impasible frialdad del mundo.

A nadie le importan las cargas que se ocultan bajo la piel, desgarrando la carne y lacerando el alma. Pero eso no es nada contra lo que no pueda luchar, supongo yo, después de todo no es diferente a lo que he estado haciendo toda mi vida.

Fingir que una armadura de hielo alivia el dolor de mis heridas, quiero decir.

Pero bueno, ocultar las cicatrices bajo la ropa es el día a día de la sociedad.

Llega a convertirse en un misterio que nadie se atreve a divulgar.

Un tabú de la gente de buenas costumbres, si se me permite usar el término así de burda y trivialmente.

En cualquier caso, estas dos semanas transcurrieron lentamente. Por la gravedad del accidente que me llevo directo al hospital me fueron concedidos 21 aburridos días de recuperación, en los que no he podido mover un solo dedo, pues Ashe, la arquera de hielo, no me lo permite. Pronto mi apartamento pasó a convertirse en el último bastión del monarquismo absolutista, pues Ashe se convirtió en señora y dueña de mí y de mi vida.

Cualquier actividad, por minúscula que fuera, se vio castigada con el aislamiento permanente en mi habitación, que más parecía una celda.

"¿Por qué estás de pie?", "¿Qué haces con esa escoba?", "¿A dónde crees que vas?", repetía Ashe en todo momento y sin ningún descanso. Mi cuerpo estaba completamente recuperado, pero esta obstinada mujer insistía en mantenerme en cama. Por respeto a su hospitalidad la obedecí sin rechistar –aunque tal vez la palabra miedo tenga más parentesco a lo que cruzaba por mi cabeza–, más sin embargo, mi juicio dictaba que ya había sido suficiente.

Era tiempo de romper con esta monotonía.

Hasta mi paciencia tiene un límite.

Revisé la hora, que, aclaró, era la 1:30 de la tarde.

Basada en varios improvisados y muy especulativos cálculos de mi parte, yo supuse que a esta hora la guardia de Ashe se encontraría en su punto más vulnerable, perfecto para que una intrépida aventurera como yo pasara por debajo de sus narices sin que esta se enterase de nada.

Me deslicé por el suelo sinuosamente y me acurruqué en la puerta de mi habitación. Abrí el dichoso pórtico con toda la delicadeza que me podían permitir mis brazos y me escurrí hacia la ventana en el pasillo de mi apartamento.

Lentamente caminé en puntillas hacia la sala hasta que el timbre de una voz me detuvo en seco.

– ¿Alejandra? ¿Qué haces aquí afuera?–

Un escalofrío me recorrió la espalda.

– A-Ashe– Murmuré en un hilo de voz.

– Dime… ¿Por qué estás aquí?–

Tragué saliva.

– Es que… verás, como ya sabes, ya han sido dos semanas desde que salí del hospital… así que…–

– ¿2 semanas? Recuerdo bien que la orden médica era permanecer en reposo por 3 semanas, no 2– Dijo Ashe sin gestar siquiera una expresión.

– S-Si, pero sucede que la última semana necesito caminar en… erm… exteriores para recuperar la movilidad en mis extremidades –Argumenté con nerviosismo–. Ya sabes, es algo así como una terapia de recuperación–

– Hmmm…–

Podía escuchar claramente a mi corazón latir y latir con fuerza mientras Ashe meditaba mi respuesta.

Era la tétrica seriedad en su rostro mientras hablaba y me observaba la que me tenía al borde de un shock nervioso. Si acaso yo (inconscientemente por supuesto) dirigí semejante expresión impasible y aterradora a alguna persona en lo corto de mi vida, juro por Dios que no repetiré semejante atrocidad contra la dignidad de las personas en los días que me queden, y rogaré por el perdón de esas víctimas desafortunadas que solo escucharon su respiración desfallecer al esperar la sentencia que, viniendo de tan heladas fauces, no podría ser menos letal que el invierno que se arremolina sobre el cuerpo desnudo y tibio al cercenarlo hasta la muerte en una tormenta de nieve.

– Terapia de recuperación, ¿Eh?– Repitió finalmente Ashe tras una larga pausa, sacándome tiesa y helada de mis abstracciones.

– S-Si, ya sabes, el cuerpo necesita acostumbrarse nuevamente al movimiento para recuperarse completamente– Respondí.

– ¿Y me dices que por eso quieres salir de la casa sin informarme previamente? ¿Qué pasa entonces si llegaras a toparte con un campeón como, no sé, Shaco, por ejemplo?–

Buena pregunta.

– Bueno, eso es…– Murmuré.

Tengo una idea.

– En realidad, debes saber, yo…–

Aunque las probabilidades de que sea una buena idea oscilan entre el 0 y el 100.

– No estaré sola. Es más, la idea de salir no fue mía, fue…– Dije yo entre la duda y el temor.

– ¿De quién?– Inquirió Ashe con severidad.

Pase saliva. Espero que funcione, me dije a mi misma.

– La idea fue de Aleksai. El se encargará de mi seguridad– Mentí.

– ¿Qu…? ¿E-El? ¿E… Ese Aleksai?–

– Si…–

– E-E-Eso es... erm... nosotras no…–

Ashe balbuceó.

Hablar de Aleksai siempre la ponía un poco nerviosa. Parece que ellos tuvieron alguna amena charla cuando aún nos encontrábamos en el hospital. No sé exactamente qué dijo o hizo Aleksai, pero cada vez que mencionaba su nombre la siempre templada arquera de hielo no conseguía armar una frase coherente.

¿Por qué le teme?

Como sea, me aprovecharé de eso, pensé.

– Así es. Además el dijo que vendría personalmente por mí si yo no estaba en capacidad de salir– Mentí nuevamente.

– …–

– Mira, lo llamaré ahora–

– …–

La inclemente mujer de cabello blanco quedo tiesa en su sitio. Decidí presionarla un poco más.

Saqué mi celular.

– El número era…–

A número tras número que aparecía, más palida Ashe se veía. Mis dedos se movían con agilidad a lo largo de la pantalla.

– De acuerdo, ahora…– Murmuré.

– Puedes…–

La voz de Ashe me interrumpió.

– Puedes irte– Articuló ella rígidamente.

– ¿E-En serio?–

La impávida Ashe se limitó a asentir casi entumecida. Se dio media vuelta y se marcho sin decir una palabra más.

En serio… ¿Qué fue lo que le hizo Aleksai?

Las posibilidades me espantaron.

Oh, de acuerdo. Pensaré en eso después.

Pronto llamé al susodicho joven como había prometido, tras reunir algo de valor, pero estoy segura que ya deben saberlo de antemano.

Para no entrar pues en redundancias no los molestaré repitiendo aquella larga conversación. Solo debería añadir lo difícil que me fue mantenerla porque… bueno, me avergüenza admitirlo, nunca había tenido una antes.

Una charla para aliviar la soledad.

Aquella, la más fundamental función del arte de conversar. Algo de lo que yo nunca pude disfrutar plenamente por las grietas que surgían entre mis contemporáneos y yo.

Recuerdo haber hablado tan tímida y dulcemente como me lo permitió mi garganta. Por supuesto, dicha timidez nació primordialmente de mi torpeza e inexperiencia social, pero confieso que, aún así, alguna maliciosa astucia se filtró entre aquellas puras y frágiles palabras moldeadas por mi nerviosa lengua porque, según tengo entendido, a los hombres les agrada adquirir un rol dominante frente a las mujeres.

Ya saben, este asunto de la sumisión de la mujer al hombre.

Un tono suave, mejillas sonrojadas, mucha paciencia y un carácter dócil.

Creo que ese tipo de juegos masoquistas les gusta, ¿No es así?

Quiero decir, como en esa película… ¿Cuál era el nombre? ¿50 sombras de Gays? No, espera, ese definitivamente no puede ser el nombre… ¿50 sombras de Gris…? ¿50 sombras de Grey?

Si, seguramente ese era el nombre.

Sea como sea, según las pocas referencias que tengo sobre cómo hablar con los hombres, la docilidad y el deseo de ser azotada suelen mover el corazón de los miembros masculinos de nuestra especie, aunque esa práctica se haya perdido con el paso de los años bajo el yugo de la igualdad entre los géneros y la exaltación de la mujer como ser independiente.

En cualquier caso, en la teoría y en lo escrito la mujer dócil y dulce suele ganar la atención de los hombres... aunque podría ser simplemente una malinterpretación mía.

Tal vez solo soy una perra masoquista que desea ser azotada e insultada para llamar la atención, o algo así.

Espera, espera, ¡¿Qué diablos estoy diciendo?! ¡Estoy divagando!

¡Y he revelado detalles bastante vergonzosos acerca de mí!

¡…Qué vergüenza…!

¡No yo…! ¡Erm…! ¡Bueno…!


Ahem~.


Olvidemos eso por ahora… no, mejor para siempre. Si, para siempre. Por favor olviden eso por el resto de sus vidas.


Ahem~.


Continuemos con lo que me corresponde.

Erm… me quede en la conversación telefónica.

Es algo vergonzoso continuar pero…. Bueno. Como sea. Solo me resta agregar que, durante esa disonante y dispareja conversación, los despóticos y despreocupados comentarios de Aleksai hicieron mella en mi estado de ánimo.

Mis emociones terminaron por desbordarse.

Por algún motivo sentí el deseo de gritar.

El pensar en afrontar el camino yo sola o… no, tal vez la idea de ser abandonada me estremeció. El ser dejada atrás otra vez, que la historia se repita de nuevo. Tal vez pensar que Aleksai estuviera dispuesto a caminar solo sirvió para avivar las llamas de la desesperación en mí.

Que él pudiera hacerlo solo y yo no.

Si él… si Aleksai era capaz de luchar solo… ¡Entonces yo definitivamente tenía que agarrarme de su mano tan fuerte como pudiera! ¡Si es así, entonces tal vez los 2 podríamos salvarnos!

Si pudiera conseguir que él me viera como una compañera fuerte y confiable, entonces tal vez el no me dejaría atrás, abandonada a mi propia suerte. Tiré mi orgullo por la borda. La idea de verme tan débil comparada al siempre sereno Aleksai me avergonzaba, pero el solo imaginar que sería abandonada fue suficiente para estrujar mi garganta hasta exprimir gemidos del más profundo terror. Fue por ello que insistí tanto. Grité y grité esperando que escuchara mi voz.

Para que no soltara mi mano, desesperadamente grité para llamar su atención. Insistente y obstinadamente lo presioné para que depositara su confianza en mí. Todo lo que quería era que él se aferrara a mí tal como yo me aferré a él. Para sentirme un poco fuerte… no, no fue así.

Estoy siendo hipócrita.

Yo simplemente, para sentirme un poco mejor por aferrarme a él, lo obligué a aferrarse a mí también y así hacerme a la ilusión de que estábamos a mano. Para no sentirme como un lastre inútil y escapar del miedo a ser abandonada, lo obligué a estrecharme entre sus brazos, tal como yo lo estuve haciendo desde que nos conocimos.

De alguna manera, al final fui capaz de convencerlo de abrirse un poco a mí.

Puede ser que su consciencia lo chantajeó al escuchar mis llantos y sollozos. Quizá fue su lástima la que lo obligó aceptar aquel alarde mío de generosidad, no estoy muy segura, pero a pesar de todo, una sensación desagradable echó raíces dentro de mí al escuchar hablar a quien, en un primer momento, vi como un súper humano inquebrantable.

Algo estaba mal con Aleksai. Su modo de vivir era incorrecto. Había una grieta en su corazón, un agujero en lo profundo de su espíritu, una pieza que faltaba, un logaritmo fuera de lugar en la ecuación de sus prioridades, pero, desgraciadamente, en ese momento no pude verlo con claridad, así decidí olvidarlo.

Ignorar esa inquietud fue un error que pronto me golpearía en la cara, pero ya vendrá el momento para eso. No pasará mucho para que la tonta Alejandra Sagir-Lazzuli tenga que hacerle frente a todo aquello que decidió ignorar.

Oh, bueno.

Me había quedado en que fijamos la cita a las 3 de la tarde… eso hasta que él me llamó 5 minutos después para aplazar la cita una hora más, hasta las 4, y después colgar el teléfono sin dejarme decirle una sola cosa. El porqué decidió aplazar la cita es un misterio que aún ahora no consigo desentrañar… pero bueno, decidí dejarlo pasar. En cualquier caso no me molesta, me resulta hasta conveniente porque en 2 horas comienza "Dígalo cantando", un reality show que captó mi interés últimamente... por motivos meramente educativos claro está.

Pacte la cita en un café llamado "Amsterdan".

Del extenso guardarropa en mi habitación, que rara vez suelo visitar por que rara vez se da la ocasión de usarlo, finalmente elegí entre mi fluctuante indecisión las prendas que me acompañarían esa tarde que ansiosa se vestía de noche. Me enorgullece y al mismo tiempo avergüenza decir que no me tomó mucho tiempo vestirme y prepararme para nuestro encuentro, tal vez por la practicidad que recorre mis venas. En cualquier caso, abandoné mi hogar faltando 90 minutos para que la hora acordada tuviera lugar.

No tenía mucho que hacer.

Me decidí por dejar el auto en casa y trasladarme usando mis entaconados pies.

De mi apartamento al café del que les hablé no habrían más de 400 metros, así que consideré apropiado caminar un rato, tanto para hacer tiempo como para despejar mi mente.

Fueron pasando los minutos cronometrados por mis pasos hasta que me topé con un parque de verde césped y frondosos árboles, último trayecto a superar para llegar a mi destino. Decidí vagabundear un rato para darle tiempo al reloj en vista de que aún restaba mucho tiempo. Transcurrido un rato decidí apropiado encaminar mis pasos hacia el café y esperar por Aleksai allí dentro, pero antes de poder avanzar un solo centímetro me encontré con ella.

– ¡Vaya! ¡Hola allí!–

Mecánicamente giré mi rostro hacía la izquierda.

– Ha pasado un tiempo ¿No, linda?–

Reconocía esa voz.

– ¿Debería yo o deberías tu decir que han sido dos largas semanas, Alejandra?–

Y por supuesto reconocía ese rostro. No fue mucho tiempo el que pasamos juntas, pero olvidar a alguien como ella es imposible. Nadie menos que Elizabeth, sentada en una banca a la sombra de un árbol, fue la que me saludó refrescantemente. Su presencia y solo su presencia, era la que trascendía entre lo mundano de lo verde y lo frondoso del lugar. Ah, por favor no malentiendan lo tosco de mis palabras, en realidad ese verdoso parque lleno de vegetación es tan hermoso y agradable para la vista como podrían imaginar al pensar en un bosque encantado, simplemente ocurre que frente a una persona como ella toda belleza aledaña resulta mundana y letárgica

Así de abrumadora es esta mujer.

En cualquier caso, yo respondí algo aturdida:

– A-Ah, es un gusto verla de nuevo ses…se-sernorit… Ahem, señorita Elizabeth, es un gusto verla de nuevo…–

Torpe y temerosa.

Mi lengua se tropezó al hablar.

– Aiya, aiya, ¿Qué pasa con ese formalismo absurdo? –Suspiró Elizabeth aburrida– No creo que ser más de uno o dos años mayor que tú. No hace falta tanta cabalidad conmigo–

Familiaridad, era eso en lo que ella insistía. Tratarnos como 2 criaturas al mismo nivel. Relacionarme codo a codo con la estremecedora y abrumadora Elizabeth. Sudor frío recorrió mi espalda, pues siempre que me topaba con esta mujer, desde el momento en que nos conocimos, sentía siempre que una arteria, una neurona o al menos una célula en su corazón estaba podrida y seca, como un cadáver lleno de resentimiento.

– Creo que está bien hablar así…– Respondí apartando la mirada.

– Aburriiiiiiiiida. Que súper aburrida eres, Alejandra Sagir-Lazzuli–

Conecte nuestras miradas una vez más, y con sorpresa encontré el azul oscuro y profundo en los ojos de Elizabeth a escasos centímetros de mi cara. La estupefacción dejó escapar un gemido de confusión de entre mis labios recién pintados de rojo, más al intentar alejarme de ella vi sujetada mi quijada por sus delicadas manos pálidas, a cuyo suave pero firme agarre no fui capaz de resistirme.

– ¿Qué será, que será? –Examinó Elizabeth recortando la distancia entre las dos cada vez más– ¿Qué es lo que se oculta tras este cabello rubio en esa cabeza pequeñita y fina que te hace tan aburrida? ¿Qué exactamente podría haber ahí adentro que llamara tanto la atención de mi querido hermano, siendo tu tan aburrida?–

Su voz parecía agriarse más y más con cada palabra.

Pronto el nerviosismo se convirtió en terror, y mis forcejeos en temblores.

– ¿Acaso hay algo aquí que valga la pena? ¿Tal vez sea…? –Murmuró serena ella, del cabello negro, bajando lentamente las azules gemas que tenía por ojos que me contemplaban con exigente curiosidad– No, ¿Tal vez sean estos desagradablemente grandes senos los que le llamaron la atención? ¿La cara bonita, las caderas anchas, la cintura delgada?–

– Yo no…– Balbuceé con la cara roja.

– ¿Es por este cuerpo impúdico y voluptuoso? ¿Pero cómo es que una mujer consagrada con un físico así de majestuoso puede ser tan aburrida y tonta?–

Su agarre perdió delicadeza.

– Me… me lastimas–

– ¡Ah…!–

Me liberó inmediatamente.

– Parece que me propasé un poco, linda niña aburrida–

Elizabeth se disculpó con una sonrisa distraída que no expresaba el menor arrepentimiento para después agregar:

– Sucede que soy algo sobreprotectora. En realidad podrías decir que tengo un complejo de hermano–

– ¿C-Complejo de hermano? T-Tú hablas de algo como…–

– ¿Hmmm? No es algo difícil de entender, tonta Alejandra. Lo que acabas de ver fue simplemente una escena de celos, ¿No es bastante obvio? ¡Jajajajajajajaja!–

Y con esa misma sonrisa distraída, ella descaradamente fue capaz de declarar algo así de vergonzoso, todo sin el menor atisbo de vergüenza en su voz, para entonces estallar en una risa socarrona.

– ¿C-C-Celosa? Pero es que yo no… espera, ¿Por qué estarías tu celosa de mí, Elizabeth…?–

– Ah, vaya, vaya, ¿Ahora me llamas por mi nombre tan descaradamente? Parece que esa pequeña lengua retraída se ha vuelto algo insolente, ¿No?– Me interrumpió la joven hermana mayor de Aleksai.

– ¡Ah! ¡Disc…!–

– Oye, oye, nada de disculpas –Interrumpió una vez más Elizabeth–, es así como debería ser. ¿Qué santa soy para ser digna de semejante alarde de pleitesía, Alejandra?–

– Y-Ya veo. ¿Estabas tratando de romper el hielo entre nosotras inventando esa graciosa historia sobre tu complejo de hermano? Ja…ja–

No conseguí dar dos carcajadas cuando esa frase espeluznantemente seria vibro en mis tímpanos:

– ¿De qué hablas? Lo estaba diciendo en serio–

Aunque su tono era firme y seguro, esa sonrisita sarcástica no dejaba de hacerme titubear entre el escepticismo y la estupefacción.

Por Dios.

Esta mujer me confunde. No soy capaz de seguir el ritmo de su personalidad, es demasiado... extraña. Impredecible. Ahora entiendo perfectamente de quien heredó Aleksai semejante personalidad tan errática.

– Hah…– Suspiré.

Revisé mi reloj de pulsera, donde anotaba 40 minutos de sobra para la hora pactada. Exhausta respire hondo y decidí complacer las expectativas de la excéntrica Elizabeth.

– Entiendo. Entiendo, entiendo, entiendo. Me comportaré un poco más informal, pero debes saber, Elizabeth, yo no soy precisamente sociable. No esperes demasiado de una mujer solitaria y gris como yo– Le dije alto y claro.

– Oh, no me molesta. Para ser sincera, imaginé que eras gris y aburrida desde que te conocí–

Esta vez sus palabras hirieron mi autoestima.

Me molestó.

– ¿Y por qué sería eso?– Le pregunté.

– Ah, ¿Te sientes ofendida ahora? Si, tal vez debas sentirte ofendida. No, probablemente estés ofendida ahora. Por supuesto que estas ofuscada, porque sabes bien que todo lo que acabo de decir… –La azabache ralentizó sutilmente su discurso, y entonces, sonriendo maliciosamente, agregó–… es correcto, ¿O acaso estoy equivocada, Alejandra?–

Chasqueé la lengua irritada.

– Es cierto, me siento ofendida –Respondí templadamente–, pero no porque me hayas repetido algo que yo ya sabía, no, de ninguna manera. En lo absoluto. Eso es algo que yo ya entendía desde hacía mucho, mucho tiempo. Antes de ti y de Aleksai. No. Lo que me ofende es que te hayas llevado esa imagen gris y aburrida de mí al conocerme. ¿Acaso doy esa impresión?–

– No, no, no –Replicó Elizabeth–. Tienes un rostro hermoso, un cuerpo magnífico y una voz suave y bonita. De todas las personas que he conocido hasta ahora, tú definitivamente no darías nunca esa clase de impresión –La joven dijo. Acto seguido arrancó una flor cercana y me la tendió para pronto agregar– Pero yo lo sabía, que eras aburrida, y que eras tonta, que eras gris y que eras fría, tal como las cenizas oscuras que se congelan al llegar hasta las nubes heladas. Todo lo que eres, todo lo que has sido, y todo lo que serás… absolutamente todo me lo imaginé desde el primer saludo–

– ¿Y por qué sería eso?– Insistí irritada.

– Porque eres igual a mí– Sentenció Elizabeth aplastando aquella flor violeta que cortó –Tontas, solitarias y miserables… eso es lo que somos, mi amiga, solo un par de mujeres grises–

La mire a los ojos. A su sonrisa patética y frágil. A los pétalos que desvalidos se desplomaban en el suelo.

– Esa clase de mujer que vivió de ilusiones ajenas, envejecida en su niñez. Solitaria y miserable, seca como un hueso, ella que de repente encontró una rama fuerte a la que aferrarse. Como un naufrago a un madero flotante, te agarraste con la fuerza que impulsa a salvar la misma vida…–

Me encogí para recoger uno de los pétalos estrujados que cayeron al suelo. Fingí examinarlo un momento, más pronto perdí el interés.

– Una mujer miserable…– Murmuré.

Me levanté para encararla de nuevo.

– Debo asumir que esa rama a la que me aferré es… ¿Aleksai?– Le pregunté.

– Ah, no eres tan tonta… no, disculpa, no eres tan cerrada y obstinada como lo imaginé en un principio– Contestó aquella mujer indiferentemente.

– Yo nunca digo mentiras, Elizabeth, mucho menos a mí. Por supuesto que me aferré a él, ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo podría yo no buscar la piedra más firme para sujetarme cuando estoy a punto de caer al abismo?– Repliqué.

– Ah, has dicho algo interesante ahí…– Dijo Elizabeth e voz baja.

Trague saliva.

– Aún no se que fue exactamente –Continuó ella–, que sucedió, quien lo hizo o siquiera donde fue que Aleksai recibió esa espantosa herida en el pecho–

– Yo…–

– Porque, solo mira como terminaron las cosas. Justamente tú y él terminaron en la misma habitación, ambos con heridas tan extrañas… bueno, tu caso es más fortuito, pero aún así me causa curiosidad. Un auto te atropelló y aquí estás, 2 semanas después como si nada. Ni siquiera estás usando un bastón– Contempló la joven intrigada.

Me había atrapado, ¿Qué se supone que le dijera ahora? ¿Tal vez debería solo callarme? ¿O mejor mentir?

– Mi hermano… el no me ha dicho una palabra al respecto, pero yo se que algo está pasando. Esta ocultándome, sea lo que sea, lo que lo envió al hospital medio muerto. Es muy injusto, ¿Tienes idea lo que me asustó recibir esa llamada desde el hospital? ¿Qué él solo apareció allí con el pecho atravesado de lado a lado?–

– A mí tampoco me dijo nada…– Respondí evadiendo su mirada inquisitiva.

– ¿Es así? Permíteme contarte mi teoría. Despertaste en un hospital después de un accidente tan extraño y encontraste a una persona en un estado aún peor que el tuyo, que estaba envuelto en circunstancias tan misteriosas que incluso yo, su hermana, no ha sido capaz de desvelar hasta ahora. Ustedes 2 hablaron y se dieron cuenta que existía una característica común entre los "accidentes" que ambos sufrieron –Dijo aquella mujer tiesa como un hueso–. Algo sabes tú que no se yo. Algo te dijo Aleksai que no me ha dicho a mí. Una razón por la que él decidió alejarme… y me gustaría saber… ¿Cuál exactamente es esa razón?–

Su voz era tan firme como el suelo sobre el que mis pies estaban plantados.

– Son cosas… que no debes saber– Respondí.

– Oh, ¿Eso dices?–

– Además solo fue coincidencia que nos encontráramos– Cada vez más nerviosa respondí.

– Me pregunto, me pregunto –Articuló Elizabeth–. La forma en que intentas ocultarlo todo solo consigue interesarme más en esto. Me preocupa no saber en qué problemas se pueda meter Aleksai sin mi conocimiento–

– A-Aleksai es un adulto, él p-puede cuidarse solo–

– Aleksai es mi hermano, y se perfectamente que concepto tiene del autocuidado. Hah –Suspiró Elizabeth al verme temblar–. De acuerdo, no te preguntaré más al respecto, pero…–

Fue entonces cuando ella, sonriendo con esos ojos muertos, como una muñeca.

– …dejame decirte…–

Se acercó a mí y me susurró al oído.

– No sé qué problemas tienes, pero…–

Esas palabras pútridas.

– …No lo vas a soportar. Porque tú, ¿Estás enamorada?–

La temperatura de mi piel descendió en un instante.

– N-No es…–

– No puedes engañarme, lo veo en tus ojos, ¡Los ojos de una doncella enamorada! ¡Jajajajaja! –Se mofó Elizabeth– Pero, ¿Por qué no estar enamorada? ¿Por qué no estar confundida? ¿No es acaso un espectáculo hermoso?–

Miles de palabras murieron en mi boca. Explicaciones y excusas fueron ahogadas por un mar de nerviosismo y confusión.

Elizabeth aprovechó y continuó:

– Si, actúas justo como una jovencita enamorada, ¡Que linda! ¡Como la doncella rescatada, justo como eso! ¡Eres tan romántica y dulce como una niña!–

En esos momentos toda mi sangre se acumuló en mis mejillas, y así, yo me enrojecía y me enrojecía mientras Elizabeth se reía y se reía.

– Pero es justo por eso que no lo soportarás –Agregó Elizabeth limpiándose las lágrimas por tanto reír con repentina seriedad–, al ver como la imagen de tu adoración se derrumba ante tus ojos justamente por salvarte… ¿No es cruel? ¿No es irónico? ¿No es injusto? ¿No es patético darte cuenta que esa infusión de amor juvenil y esporádico no te alcanzará para acompañarle durante sus penas?–

Finalmente reuní el valor para darle sentido a algunas palabras y contesté:

– Y-Yo no soy esa clase de persona–

– Oh, ¿Ahora aceptas que estás enamorada?– Replicó.

– No estoy segura de que siento… pero estoy segura que no voy a dejarlo solo–

– Hah, pero es mejor que lo hagas –Repusó ella–. Si en verdad estás dispuesta, si no es mera admiración la que tu corazón está confundiendo con amor, entonces sufrirás. Cuando quedes vacía como un cascarón después de haberle dado todo, y aunque te aferres a él como se aferra un naufrago a un madero para salvar su vida … entonces te arrepentirás porque, ya ves, te lo está diciendo la persona que más ama a Aleksai en el mundo. Te está hablando la experiencia, querida–

El amargo y doloroso veneno dentro de esas palabras pareció intoxicarla incluso a ella, pues se conmovió casi hasta las lágrimas al hablar, más pronto se recompuso, y reconstruyendo fragmento por fragmento esa sonrisa rota, ella finalmente dijo:

– Bueno, es tal y como dije, no creas una sola palabra de lo que te diga. Aunque no lo parezca… –Elizabeth hizo una pausa para recuperar energías, entonces declaró– …aunque no lo deje ver, Aleksai, por más que finja y que mienta, es mucho más miserable que yo misma–

En lo profundo de mi consciencia lo sospechaba.

Esa persona que parecía ser inquebrantable no podía ser real. Elizabeth continuó entonces.

– No estoy muy segura de que tan enterada estés, pero eres desgraciada y descaradamente brillante, probablemente ya lo habrás inducido… ese muchachito insolente respira bajo una filosofía de vida autodestructiva. Despreocupada. Indolente y serena ante su propia existencia… del tiempo que lo has conocido creo que habrás conseguido darte cuenta de ese detalle, ¿Me equivoco?–

Asentí obedientemente.

No podía estar más de acuerdo, no después de la última conversación que había sostenido con Aleksai. Sinceramente no se cuanto tiempo un espectro de insatisfacción me ha embargado al pensar en él.

Al pensar que hay oscuridad acechando tras cada gesto y cada palabra.

Como si ya estuviera muerto.

– No te preguntaré nada, porque sé que no serás capaz de soportarlo, así como yo tampoco puedo hacerlo. Tu volverás aquí, y me preguntarás quién demonios es mi hermano… y yo te preguntaré –Dijo Elizabeth y sonrió– ¿Qué es lo que ha pasado?–

Aquella mujer espantosa y hermosa me vio temblar y se río abiertamente, a carcajadas.

–Bueno, dime, ¿Aún estás dispuesta a permanecer a su lado?– Preguntó impasible.

– ...–

Elizabeth es aterradora.

Mis piernas perdieron fuerza.

Por un momento me vi en el suelo.

Tal fue el poder de sus palabras que deseé confesarle todo.

Fue un tierno brote de valor en mi interior el que me mantuvo compuesta.

Levante los ojos y mantuve la mirada a Elizabeth, quien me observaba aburrida.

Ella, al verme así de resuelta, sacudió la cabeza decepcionada cruzandose de brazos.

– Que obstinada– Contempló.

– Estoy…– Murmuré

– ¿Qué…?– Preguntó la bella joven de cabello negro.

– Estoy dispuesta…–

Las palabras "perra", "puta" y "zorra" me cruzaron la cabeza para rematar como cereza al pastel aquella última frase, afortunadamente me traje de vuelta al mundo mordiendo la lengua donde aquellos insultos bailaban provocativamente, amenazando con escapar furtivamente de mi boca.

Por cierto, morderme la lengua dolió mucho.

La mordí con fuerza suficiente para hacerla sangrar.

Curiosamente, la sensación de dolor me resultó bastante placentera.

Oh, bueno, continuemos.

– Hah… Si es así como tú lo quieres entonces no puedo hacer nada– Contestó ella contrariada.

Al parecer todo estaba resuelto, sin embargo Elizabeth aún tenía palabra en esta escena.

– Solo déjame contarte una historia, no tomará mucho–

– ¿Una historia…? ¿Qué historia podría…?–

– Es una historia interesante –Sonrió ella–. Tal vez quieras abrirte un poco más después de escucharla–


El tiempo se escabulló por debajo de mis narices.

Antes de darme cuenta Elizabeth estaba abrazándome mientras se despedía. No lo recuerdo bien. Mi tonta cabeza se volvió incapaz de procesar la información, los siguientes minutos transcurrieron veloces y confusos como sombras en la retina. Desde ese momento en adelante actué por autoreflejo.

Las imágenes que intentaba proyectar sobre aquella historia se apoderaron del 100% de mi capacidad para pensar.

Mi cuerpo fue guiado por nada más que instinto.

Entre al ascensor casi sin tener idea de que estaba haciendo.

Cuando las puertas se abrieron y el pasillo tapizado es extendió hasta lo profundo de mis ojos lo vi allá esperando, absorto en sus pensamientos mientras veía el mundo tras la ventana.

Sentí un nudo en la garganta. Recordé lo que Elizabeth me contó.

No sabía que pensar, mucho menos que decir.

Pero decidí algo esa noche.

Al verlo me lo juré a mí misma.


"No te dejare ir a ninguna parte, Aleksai..."


Y así termina este capítulo, extra porque solo es un relleno para hacer tiempo.

Espero no resulte aburrido ni tedioso ni nada por el estilo. En todo caso, siempre quise plantear el tipo de relación entre los protagonistas pero nunca encontré el enfoque adecuado para dedicarle un capitulo entero a lo que el uno piensa del otro, así que decidí salirme por la fácil y hacer un mal trío, lo típico. En cualquier caso, una hermana mayor siempre ayuda a aclarar las cosas, supongo yo... aunque se me haya ido la mano con el complejo entre hermanos... pero bueno, así terminó el asunto.

Como siempre gracias por su visita y un agradecimiento también a los comentarios que han dejado y su apoyo a la facción de las colas de caballo.

Como consejo del día, muerdan su lengua de cuando en cuando... puede ser interesante.