Bueno gente, un placer volver.

Francamente, mas de 2 meses sin subir nada, uno empieza a replantearse su vida ... a sentirse viejo, cansado, impotente... maldita sea. La vida y sus putadas. Como sea, en honor a tanto tiempo perdido he decidido, tras un esfuerzo gigante, redactar el capítulo más largo y complejo que haya subido hasta ahora.

Espero lo disfruten, nos vemos al final.

Como ya saben, esto es una parodia del original original de League of Legends, y de ninguna manera estoy relacionado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto por aquellos de mi propia autoría. Por lo demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia,sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capítulo 8: El caso de Evan Collins


"Descifré el misterio", dijo Alejandra Sagir-Lazzuli.

Lo estábamos haciendo bien.

Lo estábamos haciendo muy bien.

Habíamos llegado muy lejos ya y las cosas marchaban tan suave como la seda, pero bastó un puto susurro para que todo se fuera a la mierda en menos de un segundo. Todo por mi culpa. Por mis desatinos, por mis agüeros ridículos, por mis necedades.

Por una mierda.

A ver, como decirlo.

Esa noche las cosas cambiaron.

A partir de ese momento el reloj aceleró el paso abruptamente, como un puto caballo desbocado. Al parecer ya no valía la pena el contar los segundos que llenarían las horas de los aburridos días por venir y, así, de metáfora en metáfora, dos semanas enteras se escurrieron aburridamente del calendario sin que pareciera importarle a nadie. Que digo, si ya no queda nadie a quien le importe, yo los ahuyente a todos. Y duele decirlo, pero aunque Alejandra me ofreció su ayuda, y aunque me tendió la mano, y aunque me abrió su corazón yo, en mi necedad, terminé por rechazarla una vez más y apartarla de mi lado. A partir de ese momento el tiempo se contrajo con crueldad, como para restregarme en la cara que no había vuelta atrás. Los patéticos días que se apilaron entre mis remordimientos y mi obstinación se diluyeron amarga y solitariamente en la esquina de la ventana que marcaba el ocaso en mi habitación. Pero claro, no podía empezar sin lamentarme ahora que tengo al diablo frente a las narices. Una vez más el idiota de mi buscó refugio en el pasado que no quiso apreciar cuando llegó el momento de resolver los problemas que no tenía el valor de enfrentar, típico de Aleksai, ah, ah, el idiota de siempre. ¡Que vergüenza!

Pero ya es tarde hasta para esto. Ya no hay tiempo para lamentarse. Ya no hay lugar donde ocultarse. Ya no hay a quien pedirle ayuda. Ya no hay nada de nada porque todo lo mandé al carajo. Ay, ¡Mierda! No podía faltar el malnacido karma golpeándome justo en las costillas si queríamos completar el puto retrato.

¡Verga, cojones, puta, furcia! Es que solo pensar lo merecido que tengo este condenado castigo por mi indolencia de porquería es hasta irrisorio.

Y para terminar con broche de oro, aún no he sido capaz de encontrar al hijo de puta que me envió esa carta de porquería.

Si, hablo del imbécil que me envió esa tonta carta que pretendía vestir de misterio con ropas de payaso.

Para colmo de males, el infeliz hijo de puta no tardó en enviarme otra mierda de carta.

Claro que no me esperaba la segunda ilíada.

No de ese hijo de puta cretino.

¡Pero aun así ...!

Ay ... mierda, que desatino.

No han entendido una palabra de lo que he dicho.

Si, sí, sí, no hace falta decirlo, por un demonio, ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé.

Es mi culpa, ya lo sé. Pues no he aclarado nada, ya lo sé. Y ha pasado mucho tiempo, ya lo sé.

De nuevo esta maldita costumbre mía de ignorar la ignorancia del ignorante ha salido a flote. Seguramente han perdido de vista el hilo argumental, pues mas de 2 semanas han sido tragadas por la oscuridad. Por eso esta vez, y solo esta vez, admitiré lo reprochable de esta desagradable costumbre mía, y por ello esta vez, y solo esta vez, me haré cargo de los agujeros en la trama yo mismo.

Esta es una ocasión especial.

Irregular.

Extraña.

Delicada.

Y molesta.

Así que lo haré.

No es muy de mi estilo.

Ni tampoco muy de mi gusto.

Pero desgraciadamente la situación lo amerita.

Así que, sin mencionar por ahora ninguno de los eventos del presente, pacientemente reconstruiré los hechos del pasado para hacerle un puente a los planes del futuro. Sin más dilaciones, para entender lo que sucede ahora y lo que sucederá próximamente, tendremos que rememorar lo que sucedió tiempo atrás. Mucho tiempo atrás. Antes de los eventos que ocurrieron en el primer capítulo de esta historia, antes que el joven Aleksai conociera a la joven Akali y se convirtiera en invocador, antes que la joven Alejandra iniciara su tortuosa epifanía y conociera a la reina Ashe. Antes incluso de que todo lo que he conocido existiera. Vamos a sentar precedentes, pues reconstruir estas dos semanas significa hablar de historias más viejas que esta historia.

No perdamos tiempo, comencemos de una vez que esto es importante.

Pues pronto verán que estas cuatro historias.

Darán origen a un desenlace.

Que no debió existir.

Nunca.


Retroceso (I).


Nos encontramos 4 meses en el pasado.

Desde que son 4 historias, 4 meses parece adecuado para empezar.

Para empezar hablando de lo que es obvio, cuatro meses no son mucho tiempo que digamos.

No encontraremos artilugios antiguos, dispositivos arcaicos, espacios baldíos en los que ahora se levantan edificios ni nada por el estilo.

Es un tiempo demasiado corto como para hablar con nostalgia sobre alguna de esas excentricidades populares y pegajosas que suelen identificar las épocas pasadas.

Pero para mi pequeño núcleo familiar fue un momento importante. Fue 4 meses atrás que Elizabeth fue ascendida a Supervisora General de Relaciones —Cargo que como enuncia su ostentosa pronunciación es bastante importante—, tras algunos meses laborando como ejecutiva para una compañía extranjera de telecomunicaciones. Dicho esto quiero aclarar que Elizabeth nunca tuvo una vida particularmente difícil. Muy por el contrario, siempre fue una niña privilegiada y brillante, una estrella adorada por el mundo. Una existencia especial. Y aunque esto no le resta méritos al éxito que mi hermana se ha labrado, tampoco puede sumar trabajo al esfuerzo que nunca ha hecho. Su vertiginoso ascenso en la pirámide profesional es un mero producto residual de esta loca fuerza irresistible que la rodea desde que nació, y no es que este celoso de ella por el claro favoritismo que le tiene el sistema operativo cósmico. No, vamos a ver, lo digo en serio, no estoy siendo sarcástico. Mi querida Elizabeth siempre ha pertenecido al cenit de la bóveda celeste, es un principio fundamental del universo cual sea la gravedad.

Y así, tan natural como una piedra cae al soltarla desde lo alto, Elizabeth sube al soltarla desde lo bajo.

Esa es la loca y necia idea que persistentemente acosa a las personas tras conocerla.

Esa es su verdad, una tan innegable como que el sol pertenece al cielo.

Y aunque se supone que yo ya me sabía la lección.

Pronto yo también cometí el error.

De creer esa mentira.

Todo para justificar mi incompetencia.

Igual que todos los mediocres que excusan su ineptitud.

Poniendo a mi hermana en otro nivel para no tener que enfrentar la realidad.

Pero bueno, me estoy adelantando. Vamos en orden, que para mis cagadas tenemos el resto del documento.

Siguiendo en lo que estaba, mi hermana, tras graduarse de la universidad en un prodigioso tiempo récord no tardó en conseguir empleo como asesora de planta en una multinacional de telecomunicaciones llamada "Lullaby", la puta Cyberdine del mundo de las telecomunicaciones chicos, lo juro... es maligna. Maligna y asquerosamente rica. En fin, un año después Elizabeth fue ascendida a supervisora general de relaciones. Yo no cabía en mí mismo de júbilo tras escuchar la noticia, pues una promoción significaba más dinero y más dinero significaba una serie de beneficios para mi persona que incluían pero no se limitaban a: un ordenador master-racer coreano de lujo con teclado retroiluminado, una consola de octava generación, suscripción VIP a la revista "manos solitarias" para hombres solitarios, un televisor 4K HD de 69 pulgadas con Dolby Surround 9.1 incorporado, masajeador de cienes de titanio con mango antideslizante de plastigoma, figuras de monas chinas, ropa interior nueva y pasta dental de la bonita... ya saben, esa que tiene lentejuelas brillantes con figuritas de colores. Como sea. Supervisora general de relaciones es un término bastante ostentoso y no es para menos. Gestionar los intereses de 50 conglomerados comerciales adscritos bajo la firma de la misma multinacional no es un trabajo fácil. Ni barato. Nada barato. Por Dios, que buenos billetes se sacó Elizabeth con esa promoción, si es que después de ver la delirante cantidad de ceros en el primer cheque ya sentía que los sueños si podían hacerse realidad. Que ilusión me hacía mi nuevo portátil gamer y mi nueva muñeca inflable... gamer.

Ahem~.

Oh, bueno. Todo tan colorido y tan bonito en mi vida color de rosa pero, para mi sorpresa, Elizabeth no parecía muy complacida con su ascenso.

Las obligaciones del cargo implicaban un cambio de domicilio... continental. En lineas generales, y para no aburrir con los detalles, Elizabeth tenía que viajar al extranjero. Esas eran las condiciones que exigían los nuevos cheques de gerencia. Y aunque no lo consideré en ese entonces, sabía bien que a Elizabeth no le hacía gracia la idea de abandonar su hogar. Lo sabía perfectamente, pero nunca dije nada. A pesar de todo, al final, ella terminó aceptando el ascenso, hizo sus maletas y se marchó sin rechistar y, aunque tenía la certeza de que no era lo correcto, la deje partir sin más. Y así, cuatro meses atrás Elizabeth plantó sus pies sobre el bendito suelo americano. A ver, no era para tanto, mi hermana regresaba a casa cada vez que tenía la oportunidad, no solía permanecer fuera el país por más de 2 semanas. Al volver se la veía tan alegre y jovial que nada parecía ir mal con ella. Se pasaba todo el día jugando conmigo o perdiendo el tiempo sin mover ni un dedo en el sofá y, al caer la noche, me tenía despierto hasta la madrugada poniéndome al día con su nueva vida en el extranjero y al mismo tiempo interrogándome sobre mi nueva vida en solitario. Cuando llegaba el momento de partir, no obstante, parecía inquieta.

Su mirada se tornaba incómoda y ansiosa.

Claramente daba la impresión de no querer irse.

Y conforme pasaban los meses parecía irse deprimiendo.

Pero como ya mencioné antes, no lo consideré en ese entonces.

Estaba demasiado ocupado embriagándome en el júbilo materialista como para considerarlo.

Pero incluso en mí la soledad terminó haciendo mella también.

La ilusión de la independencia terminó por corroerse.

Y solo quedó un cascarón de melancolía.

Entendí la aflicción Elizabeth.

Obtuve mi respuesta.

Por desgracia.

En ese momento.

Las preguntas cambiaron.

Sin pedir permiso a nadie, el torneo de las leyendas comenzó.

El mundo se dio media vuelta frente a mis ojos insólitos y se arrojó a la hoguera.

Me convertí en invocador y... ya ven, el resto es historia.

Pero bueno, es suficiente por ahora.

Daré un paso al frente y trazaré una línea pues, colorín colorado, este cuento se ha acabado. A partir de ahora hablaremos de una historia completa y diametralmente opuesta. Vamos de más a menos, pues incluso si arrancáramos a la fuerza esta historia y a su protagonista del pasado en nada se vería afectada la vida de mi hermana, la mía, ni la de nadie que me importe.

Bueno, tal vez la de Anderson si.

Pero el no nos importa.

Ni a ti ni a mí.


Interludio.


Así esta bien.

Olvidémonos de mi hermana por ahora. De aquí en adelante vamos a hablar sobre un mequetrefe que nada tiene ... o mejor, que nada tuvo que ver con mi hermana. Esto es porque murió tiempo atrás... o al menos así debió haber sido. El nombre de este sujeto es Evan Collins. No me llena la boca de gloria hablar sobre este personaje, y pueden estar seguros de que tengo todo menos elogios para su muy distinguida y puta persona.

Pero antes de hablar cochinadas sobre otra gente como tanto nos gusta, vamos a dejar un par de cosas en claro.

Como primera medida, nunca en mi vida volveré a hablar sobre este puta y deforme historia.

Es mas, juro ante la bendita trinidad de Nintendo que esto no se repetirá.

Nunca más, no esta historia de mierda.

Y solo para ser completamente claro.

Y también porque soy bastante quisquilloso con los detalles insignificantes.

Advierto que invertiré los años que me queden por vivir en asegurarme que nunca se vuelva a hablar de esto.

Esta insensatez absurda verá la luz en esta única y excepcional oportunidad.

En el momento que termine de hablar sobre esta mala película.

Haré de cuenta que nada de esto ocurrió.

Pues de principio a fin.

Esta historia.

Nunca debió existir.

Y por qué estaré insistiendo tanto con esto, se preguntarán.

La respuesta es sencilla.

Se reduce a una sola palabra.

En este caso, a una sola persona.

Y como habrán imaginado, es Elizabeth.

Ella es el porqué de mi obstinación.

Después de todo, ella no es una invocadora.

Mi hermana no tenía que nada que ver con esta historia.

Y por ello este torneo egoísta nunca tuvo porque haberle afectado.

Pero lo hizo.

Por mi culpa.

Por su culpa.

Por nuestra culpa.

Por culpa de esta historia.

Por eso no se repetirá.

Por eso esta historia no debió existir.

Y por eso no cometeré el mismo error.

No de nuevo, no con Elizabeth.

Dicho esto reafirmaré, ahora que tengo la oportunidad, que Evan Casimir Collins tampoco tenía nada que ver con Elizabeth. Ni con ella, ni conmigo, ni con esta historia. No me esperaba que las cosas terminarán así, no por causa de un hombre al que, de entre todas las cosas posibles, solo tenía en común con Elizabeth el haber plantado los pies en el mismo lugar. Esa tontería era lo más cercano a un vínculo entre los dos. Algo así de inocuo e insignificante. Y a pesar de todo, aunque la distancia los unió, el tiempo indefectiblemente los separó, pues para el momento en que Elizabeth pisó aquel suelo maldito, Evan Collins había desaparecido hacía ya mucho, pues repito, el murió tiempo atrás.

Se vea como se vea, Elizabeth y Evan no tenían ninguna relación.

Hablo con la verdad.

No es aversión ni obstinación.

Así son las cosas.

Así debieron seguir las cosas.

Jamás se conocieron y jamás se conocerán.

Estaban destinados a no estar destinados, esa posibilidad les fue arrebatada incluso antes de nacer, así estaba escrito el guión de sus vidas. Pero algo se quebró, el destino se desfiguró y sacó de su cauce natural la vida de estas dos personas y, aunque se suponía que el desenlace era inmutable, las cosas cambiaron pues por desgracia, como pronto se darán cuenta, existen formas de vencer incluso al destino más ingobernable. Hay fuerzas terribles en el mundo capaces de doblegarlo. Pero eso no importa, pues yo me aseguraré que este error no se repita jamás, esta patética historia será la única excepción a la regla.

Al menos en lo que a Elizabeth y Evan Collins respecta.

Sea como sea, pase lo que pase, acabe como acabe, al final del dia Elizabeth y Evan Collins volverán a ser desconocidos sin ninguna relación que los vincule. Lo juro.

Así que, ¿quién es Evan Collins?

Se los diré.

Pero para saber quién es, necesitamos hacer otro retroceso, uno muy largo. Esta vez no bastará con retroceder unos pocos meses pues, para comprender qué clase de persona es Evan Collins, tendremos que regresar no algunos meses, sino varios años. Mas que solo años serán décadas, iremos tan profundo en el pasado que ahora si podremos hablar de aparatos arcaicos y terrenos baldíos donde ahora se levantan construcciones. Épocas de esas que dan nostalgia al evocar alguna curiosa y excéntrica moda popular que las identifica en lo lejano del futuro.

Oh, puede que estén algo ansiosos. Existe la posibilidad de que se hayan hecho una idea errónea cuando dije que ni mi hermana ni yo tenemos relación con Evan Collins. Ah, no, no. Esa parte es cierta, el error sería pensar que por esa razón no se absolutamente nada de este sujeto, pero que no les quepa ni un asomo de preocupación pues yo sé todo lo que hay que saber sobre Evan Collins. Probablemente yo ... no, decirlo así de escuetamente sería un insulto a mi conocimiento. Permítanme reformular aquella oración: Seguramente yo lo conozco mejor que su propia madre. Estoy seguro que en el mundo no hay nadie que conozca mejor a Evan Collins que yo. No es una simple certeza, lo digo con toda seguridad. Nadie en el mundo podría tener el descaro de contradecirme. Absolutamente nadie. Es más, ¡Podríamos volver 400 años en el pasado y aún así nadie en el mundo se atrevería a poner en duda mi autoridad en la materia aunque aún dudaran de Cristóbal Colón cuando decía que la tierra era redonda incluso después de haberle dado la vuelta!

Ajem ~.

En todo caso, ya debería estar claro.

Es momento de retroceder.

Un retroceso, si, un retroceso.

Para que todos conozcan a la persona conocida como Evan Collins, haremos un retroceso.


Retroceso (II).


Bien, bien.

Pasamos a la segunda historia.

Para ello hemos retrocedido casi 60 años.

Para hablar de Evan Collins, retrocedimos 60 años.

Sesenta años atrás, cuando la persona conocida como Evan Collins nació.

Para empezar, Evan Casimir Collins es su nombre completo.

Era un corredor de bolsa en Manhattan, Nueva York.

Evan Casimir Collins nació en Boston, una ciudad del estado de Massachusetts, Estados Unidos, un 19 de febrero de 1959, en el seno de una familia de inmigrantes holandeses. Ingresó a la primaria Blackstone, en Boston, a los 6 años de edad en 1965. En quinto grado sufrió amigdalitis y como resultado le extirparon las amígdalas, vaya sorpresa. Por este motivo el pequeño Evan se perdió el viaje escolar a la ciudad de Atlanta, bien merecido se lo tenía ... o se lo tendrá. Como sea, por casualidades de la vida, allí en Atlanta nació la mujer que se convertiría en su esposa. Volviendo al tema, seis años después Evan ingresó a la secundaria East Boston, para graduarse en 1976, a los 17 años. Uso de aparatos dentales durante toda su vida escolar. Pronto ingreso a la preparatoria, donde consiguió su primera novia. Una chica de 2 años mayor llamada Stephannie Wenders, entusiasta del cine experimental y talentosa escritora que, en mi opinión, era la mujer de su vida. Seguramente habrían terminado felizmente casados si el idiota de Collins, en un arranque de moralidad, no la hubiera dejado partir a Alemania para perseguir sus sueños. La chica no tardó en convertirse en una aclamada guionista y ... en fin.

En 1979, Evan fue admitido en la universidad de Boston para estudiar finanzas durante 4 años, así que terminó por graduarse en 1983 tras cumplir 24 años.

Durante el transcurso de su vida universitaria, Evan Collins pasó por 3 relaciones sentimentales.

En 1984, un año después de graduarse, Evan Collins empezaría a trabajar como asistente de un agente de seguros italoamericano en su natal Boston y, por pura suerte debo decir, recibió una recomendación para trabajar como agente de bolsa en Nueva York 2 años después. Se instaló en un piso amueblado en Brooklyn, cuna del capitán américa, y pasó los años que le quedaron trabajando en el centro de comercio internacional. Fue entonces que, en 1991, a los 31 años, Evan se casaría con una mujer llamada Elena Oldmont, una escritora aspirante 3 años menor que él, oriunda de Atlanta como ya había mencionado. Casualmente Elena fue también la primera novia del querido Evan durante la universidad, eso hasta que la atrapó en una aventura con un profesor de ciencias sociales llamado Tomas Traddle. Como es costumbre en los hombres necios, tiempo después Evan Collins perdonaría y reiniciaría su noviazgo con la encantadora y algo fácil Elena tras salir de una larga relación con una mujer llamada Bet Hoffman, compañera de trabajo suya. Para no alargar más el relato, Evan se quedó con el peor prospecto de la esposa posible. En 1991 la pareja tuvo un hijo de nombre Oliver Collins que pronto cambiaría a Oliver Oldmont tras la separación de sus padres en 1999, implícitamente motivada por la infidelidad de Elena con un simple recepcionista de 27 años llamado Jimmy Beltock en un hotel de California. A Evan se la volvieron a hacer pero, siendo justos, la mujer era una verdadera zorra sin escrúpulos.

Su futuro tampoco resultó muy alentador pues, dos años más tarde, Evan Collins moriría en el atentado del 11 de septiembre mientras trabajaba en su oficina, en el piso 56 de la segunda torre del World Trade Center como todos los días. Fue una muerte rápida. No tuvo tiempo para reaccionar cuando la torre entera le cayó encima. No quedó nada de él. Ni siquiera pudieron encontrar su cadáver. Su primogénito, por cierto, no tendría mejor suerte pues, irónicamente, 10 años después moriría de forma similar en un atentado terrorista en Marruecos durante un viaje turístico.

En cualquier caso, esa es la historia de Evan Collins. Pero, ¿por qué hablar de una persona como él, que no tiene relación conmigo y mi hermana?

Dejaremos la respuesta para después.


Interludio.


Muy bien, hablemos ahora del tercer protagonista que, por cierto, ya hemos mencionado: Oliver Oldmont.

Oliver Oldmont, hijo de Evan Collins, no podía faltar su maldita prole.

¿Cuál es la relevancia de esta persona en la historia?

Es mínima, siendo honesto.

Tan tenue es su importancia en realidad, que sí hiciéramos una obra de teatro inspirada en esta mediocre y masoquista historia, entonces el papel del buen Oliver sería virtualmente el de una puerta. Así de insignificante es su papel como personaje. Tanto es así que ni me molestaré en describirlo, es innecesario. Ahora, aclaro que por más transparente que sea este personaje, el aporte de sus acciones para el resultado de esta miserable tragicomedia es fundamental.

Más que fundamental, sus acciones representan la piedra angular de este misterio.

Sin ir más lejos, son el evento desencadenante.

¿Cuál es pues su lugar en la historia?

¿Cómo podemos ubicar entre todo este amasijo a Oliver Oldmont?

Será algo difícil, pero podemos hacerlo.

!Podemos hacerlo!

Gracias por tu apoyo, Bob, ahora vete a construir algo por ahí.

Shu, shu, fuera de mi fanfic.

Ahem ~.

Comencemos por atar los hilos que relacionan a Oliver Oldmount con el resto de personajes en esta historia.

Hagamos un adelanto.

Saltaremos del año 1959 directamente al 2011.

Pues fue durante el breve período comprendido entre finales de 2010 e inicios de 2011.

Que se originaron las chispas del milagro desafortunado que daría origen a esta historia que nunca debió ser escrita.


Adelanto (III).


No es que quiera pasar de indiferente pero aterrizaremos directamente al 28 de abril de 2011.

Ese fue el día que murió Oliver Oldmont en la ciudad de Marrakech, Marruecos.

Pero no es que pueda hacer mucho más al respecto.

Aunque sus acciones desencadenaron todo.

El personaje como tal es virtualmente.

Alguien insignificante.

Como sea.

En primera medida, para abrir esta tercera historia, empezaré aclarando que el encantador hijo de puta de Oliver Oldmont fue un jugador de League of Legends en vida, así que el tipo pues ... bueno, pudo haber guardado alguna relación con nuestra historia. Vamos, tampoco es que existieran muchas posibilidades que eso llegara a ocurrir, pero a pesar de todo Oliver Oldmont pudo haber cruzado caminos con nosotros en algún momento de su vida. Veamos, los chances a favor de este suceso serían de tal vez uno entre diez millones.

Ridículo, ¿eh?

1 en 10 millones.

Lejos incluso del 1%.

Una posibilidad así de chica.

Y sí, sé bien que lo digo suena absurdo.

Incluso a mí me es difícil aceptar semejante disparate.

Pero aún así la posibilidad estaba ahí, y de alguna manera se hizo realidad.

Aiya, se me fue la lengua ahí. No fue de "alguna puta manera" que este milagro se hizo realidad.

Fue un detalle muy particular y específico que le dio la vida a todo este desastre.

Un detalle que ciertamente no me esperaba de un hijo de Evan Collins.

Un detalle que nadie con 3 dedos de frente se esperaría.

No del primogénito de ese payaso de Collins.

Pero insólitamente, contra toda natura.

Ese muchacho resulto ser.

Todo un prodigio.

Irrisorio, ¿No?

Que el hijo de ese idiota.

Resultara no ser un idiota también.

Mira tú que es rara la biología. Rara y estúpida.

De entre todas las irracionalidades estadísticas va y pasa esto.

Pero bueno, de los misterios del universo ya se encargarán los cazadores de mitos.

Ahora, el tema que nos reúne es el siguiente: toda la vez que el hijo de Evan Collins no era un deficiente mental como su padre y, que en virtud de esta cualidad no era un jugador de League of Legends ordinario sino uno extraordinariamente bueno y, ya dicho esto, toda vez que el maldito infeliz también era lo bastante bueno como para llegar al segundo puesto del top regional ... no creo que haga falta ni aclararlo, pero hay gente tonta como Anderson y Evan en el mundo, así que lo diré de todas formas: Oliver Oldmont se convirtió en un invocador del torneo Wide World League of Legends. Si señor, en el preciso momento que nuestro amigo ocupó uno de los podios del servidor de su natal región, Norteamérica, figuró en la selecta lista de participantes del torneo y, de esta desgraciada manera, nació el milagro que desencadenó los trágicos eventos que estaban por ocurrir.

Oliver Oldmont se convirtió en un puto invocador.

Fue justo en ese momento maldito que el destino se retorció casi hasta resquebrajarse y de las grietas que se abrieron de tan catastrófico evento germinó un milagro irracional. Un acontecimiento tan improbable, tan remoto y tan absurdo que con solo ocurrir distorsionó la realidad misma. Lentamente, expandiéndose como un cáncer por la tela del espacio-tiempo, las consecuencias de este fenómeno descabellado echaron raíces entre las fisuras del ya destrozado destino hasta alcanzarme. Hasta alcanzarnos. Antes que me diera cuenta, aquel milagro maldito había envuelto entre sus redes el porvenir de mi historia. De la historia. De nuestra historia. Oliver Oldmont había cambiado el rumbo del destino. Bueno, eso hasta que murió. Como dije, el pobre diablo compartió el destino de su padre, muriendo sepultado por toneladas de cemento y acero durante un atentado terrorista en Marruecos.

No me vean así, al iniciar esta historia dejé muy en claro que Oliver Oldmont no era más una puerta. Nada más, nada menos. Bueno, bonito y barato... ya no sé ni que estoy diciendo pero como sea, eso era todo... ya saben, lo de la puerta. Ahora, debo admitir que si no nos ponemos quisquillosos con las nimiedades argumentales del torneo nos daremos cuenta que un invocador es, básicamente, una mera puerta. Es algo decepcionante, lo sé, pero no lo estoy diciendo solo por quejarme, así que manténganse enfocados en mis palabras porque de la mano de esta premisa viene agarrada una revelación que podría sacudir los cimientos de este torneo. Vamos a ver, ya estamos claros en que que todos y cada uno de los 40 participantes del torneo mundial somos poco más que una glorificada y semi-virginal puerta de porquería cuya única función es permitirle el acceso a uno de los 120 campeones del juego a esta dimensión, así que no es que seamos muy diferentes a Oliver Oldmont.

Algo empieza a sentirse fuera de lugar, ¿No?

Faltaba más.

Vamos a ver, se supone que la historia iba más o menos así: Érase una vez una turba de engendros desfigurados que se dedicaban a destruir planetas. Venían de un lugar llamado "el vacío". Un día se toparon con la tierra y tras una breve deliberación se decidieron por exterminar toda la vida en la superficie terrestre. Entonces, el bondadoso tío Riot, al darse cuenta que no existía poder en la tierra capaz de hacerle frente a la todopoderosa amenaza del vacío, se jugó su último as bajo la manga en un intento desesperado por salvar el planeta: otorgarle a personas ordinarias el poder de invocar a los legendarios héroes de Valoran para que luchen por nosotros contra este implacable enemigo, si es que les da la gana, y nos salven del inevitable apocalipsis que se aproxima... claro, eso mientras rogamos que no vuelvan a fracasar miserablemente como lo hicieron en Runaterra, que les recordaré fue arrasada y destruida por las hordas del vacío y... sé que no es el mejor momento para decir esto, pero francamente veo el futuro de este planeta bastante oscuro. Disculpen mis malos augurios, sintetizo el cuento: Los invocadores somos aquellos escasos elegidos por la madre Gaia (también conocida como RiotGames y asociados) para cargar con el sagrado deber de abrir las puertas de nuestro mundo a los legendarios (y ya derrotados) campeones de Valoran, de ahí en adelante dicta la costumbre (y los clichés) que los invocadores guiaríamos entonces a esos guerreros admirables en esta cruzada bendita por la supervivencia contra los demonios del vacío.

Se supone que ese era el guión de la película.

Repito, "se supone", porque ni parándome de cabeza esta puta historia se parece a lo que dice en el libreto.

Vamos a ver, quiero dejar esto en claro ahora mismo porque las cosas van de mal en peor.

Si hay algo cierto bajo el cielo azul es que Oliver Oldmont murió mucho antes que el torneo comenzara.

Sin embargo, es su nombre el que figura en la lista de los 40 invocadores.

¿Que implica esto?

Sosténganse de sus asientos, por que como dije, las cosas van de mal en peor.

Esto que acabo de decir siginifica simple y llanamente que, conforme a la teoría de Kerr-Newman, un cuerpo isotrópico de un supuesto universo "b", al que llamaremos material exótico, requiere un potencial de movimiento superior al potencial de tensión teórico del horizonte de eventos de la singularidad geodésica que conecta al universo "b" con el universo "a". Inicialmente creíamos que una variable propia del universo "a" conocida vulgarmente como "invocador" propiciaba el potencial de movimiento que superaba al potencial de tensión del radio de Schwarzschild, pero nos equivocamos. Osease en castellano: ¡Los hijos de perra en Riot no necesitan que el jugador este con vida para traer sus putos campeones pedorros a este planeta! ¿Lo entienden? ¿Lo entienden en serio? Porque esto es grave. Esto es muy grave. Esto que acabo de decir ha terminado de sepultar completamente la teoría del vínculo entre el invocador y el invocado que ya había hecho pedazos Shaco al asesinar su "invocador", menor de edad (15 primaveras), semanas atrás. Así es mis queridos espectadores, yo y los 40 invocadores de este torneo de mierda estamos obsoletos, no servimos para nada. Si llegaron a pensar que los participantes del torneo teníamos alguna clase de poder oculto y que podíamos hacer pactos de sangre para asegurar la eterna lealtad de los campeones invocados a lo Sakura Card Captors... pues se equivocaron. No hay garantías de nada, prácticamente estamos de adorno.

Esa es la razón por la cual Oliver Oldmont puede ser parte de esta masacre desde su plácida y remota tumba, nunca hizo falta que estuviera vivo.

Ni él ni nadie pues en este torneo, la vida del "invocador" es completamente descartable en la amigable ecuación de Riot.

Solo importa que el nombre del jugador en cuestión figure en lo más alto del ranking del servidor y nada más.

Del resto se encarga el tío Riot con su puta física cuántica y sus putos agujeros negros.

Si, yo tampoco me lo creía, pero he aquí la prueba viva, Oliver Oldmont.

Bueno, la prueba muerta... ya saben, porque lo mataron.

De lejos no parece la gran cosa, pero es terrible.

O al menos para mi es terrible.

Porque mi vida no vale.

Ni un centavo.

Nada.

No para los malnacidos de Riot al menos.

Esta revelación abre un panorama, si cabe, aún más lúgubre del que esperábamos. Quiero decir, ya teníamos bastante con saber que las sucias y malpeinadas hordas del vacío estaban a solo semanas de extinguir toda forma de vida en nuestro planeta para que ahora nos digan que ni siquiera somos invocadores de verdad. Es más, a estas alturas no se porqué mierda nos siguen llamando "invocadores" si no podemos convocar ni un catarro. Es puro marketing del malo, como las propagandas que Riot está sacando últimamente por Youtube. Cuando menos ya estamos claros en que el título de "invocador" es meramente simbólico, porque lo que es magia nada, ni con cartas de las trucadas. Que asco. En serio, que puto asco. Ya me estaba haciendo ilusión eso de ser invocador y tener poderes mágicos a lo Harry Potter. Pero no, sigo siendo igual de mediocre y ordinario que siempre.

Ay, que trama de porquería.

Pero bueno, que se le va a hacer, es lo que hay.

Retomando lo que venia diciendo, el hijo de Collins nos demostró que basta con ocupar unos de los 4 asientos supremos en el servidor regional de turno para regalarle un pasaporte de ingreso directo a la pantalla de nuestro ordenador a cualquiera de los 120 personajes del juego. Un pasaporte que no expira ni con la muerte. Sin visas, sin colas en inmigración, sin saltar muros y sin embarrarse la cara en el río bravo.

Trato preferencial.

Y ¿Nosotros?

A la banca, que no servimos.

No tenemos ningún papel que cumplir.

Si ya eramos impotentes antes, imaginen ahora.

Me cago en la puta calavera de Riot.

Que desgracia de la vida eres.

Compañía de mierda.

Ahem.

De acuerdo, fue suficiente.

Mejor paro de insultar a Riot o van a volver banearme.

No tenemos ninguna otra utilidad y da asco.

Lo capto y lo acepto.

Fin de la historia.

En serio.

No, en serio.

Así termina esto.

Eso fue todo para Oliver.

No me malinterpreten, sus acciones son virtualmente el punto de partida en esta serie de eventos desafortunados y, por si fuera poco, lo que nos reveló su muerte fue cuando menos pasmoso. Me atrevo a decir incluso que Oliver Oldmont marcó un antes y un después en este relato. Y si... es algo cruel decirlo pero, aún con todos sus logros, al final el pobre payaso terminó estripado como una ardilla en una carretera y, a fin de cuentas, aunque haya cosechado los méritos necesarios por si mismo, Oliver solo se convirtió en invocador por cosa del protocolo mediocre de este puto torneo. Por ese motivo, aunque me arda y me duela en el alma, debo decirle adiós a este admirable hombre a quien desgraciadamente el reflector de la historia no quiso favorecer. Bueno, fue solo una locución de cortesía intransigente, ándate a la mierda con tu Oliver de los cojones, no me podría importar menos su muerte ni su falta de importancia, ni siquiera sabia quien era hasta hoy. Pero creo que entendieron la idea. Aunque su papel fue trascendental, aunque él dio inicio a todo esto y aunque fueron sus esfuerzos los que indirectamente terminaron jodiéndome la vida.

Su papel acaba aquí.


Interludio.


Ahora olvidémonos de esa puerta.

Es hora de pasar a la recta final de este misterio.

Para acabar con este cuento nos acercaremos aún más al presente. Adelantaremos el reloj hasta ubicarnos solo 2 semanas en el pasado. Ha llegado la hora de la última historia y de la última protagonista, por ello, que vuelva al escenario una vez más la encantadora y bella Alejanddra Sagir-Lazzuli al escenario. Ya la estaban extrañando, ¿Eh?, guarrillos. Pues yo... que puedo decir... no suena propio de mi, pero es imposible escapar de los remordimientos. Completamente imposible. Por ello no podría, por más que quiera, saltarme la porción que legítimamente le corresponde a esa mujer en esta historia. No podría ser tan descarado y mucho menos ahora pues, desde un principio, Alejandra fue quien descubrió la identidad del campeón de Oliver Oldmont, ella y nadie más. Darle el crédito que merece es lo mínimo y tal vez también lo único que puedo hacer por ella a estas alturas de la vida.

Ya sé, ya sé, no hace falta que lo digan.

Es verdad que he alargado demasiado esta intriga, pero les suplico que sean pacientes. Una vez termine con este último relato, tendré las piezas necesarias para resolver las incógnitas que se arrastran a la sombra de las 4 historias. Al final todo se aclarará, ya lo verán.

Pero antes.

Quiero dejar claro.

Que a las 9 de la noche.

Del 23 de agosto en adelante.

Gracias a la brillante Alejandra Sagir-Lazzuli.

La identidad del cuarto personaje dejo de ser un misterio.

Así las cosas, esta historia ha llegado al punto de inflexión entre el júbilo y la tragedia.

Me habría sentido satisfecho si el mundo hubiera terminado allí.

Que el calendario no pasara de esa noche.

Porque para el día siguiente.

Todo se iría de cabeza.

Frente a mis ojos.

Ah, vaya.

Pues parece que eso es todo.

No me quedan excusas para postergar esto más tiempo.

Como prometí, saltaremos del 28 de abril de 2011 al 23 de agosto de 2016.

Vamos a revivir esos días catastróficos de una buena vez antes que cambie de opinión.


Adelanto (VI).


Y ya hemos llegado.

23 de agosto de 2016.

A las 9 de la noche, en el piso 27 de un lujoso hotel.

Allí reposaba un no menos lujoso (y costoso) bar lleno de meseros insolentes.

No creo que haga falta recordar que había llevado allí a la prodigiosa Alejandra Sagir-Lazzuli ni a este servidor que tanto los ama pues, asumo que antes del "he resuelto el misterio", nada debería ser un misterio. Pero bueno, hagamos las cosas bien. Una bella tarde, tras una indecorosa propuesta de mi parte, Alejandra me citó a un deslumbrante y fastuoso café de nombre "Tabú". Allí se supone que discutiríamos la identidad de los dueños de la carta que había llegado a mis manos ese mismo día, pero nuestros puntos de vista opuestos sobre como resolver el asunto terminaron por envolvernos en una discusión, mas de alguna forma reconciliamos nuestras diferencias.

Ahí había quedado la historia.

—Bueno, por suerte para ti yo siempre he estado de tu lado —Musitó Alejandra sonriendo con perspicacia mientras secaba sus ojos—, y creo... que ya resolví el misterio —Brillante como siempre, fue lo que pensé a modo de respuesta—. En realidad, yo creo que tu también pensaste en esa posibilidad, Aleksai —Continuó la joven—. No, estoy segura que ya lo habías considerado. Si no has dicho nada al respecto hasta ahora será probablemente porque... si, debe sonar como una opción demasiado conveniente para tu gusto—

—No me digas que es...—

—Exactamente —Me interrumpió Alejandra—. El campeón misterioso debe ser Zilean, el guardián del tiempo. Esa es la única explicación que me viene a la cabeza—

—Vaya...— Resoplé con gesto cansado.

Zilean.

Zilean, el guardián del tiempo.

Ciertamente ese nombre ya me había cruzado la sesera.

Vamos a ver, si no andan cortos de memoria recordarán que mi mayor quebradero de cabeza era encontrarle sentido a esa carta, esa advertencia descarada e infantil. Es decir, entiendo que es difícil desprenderse de esa idea romántica que nos ha implantado la cultura popular sobre el honor, el orgullo y el decoro a la hora de combatir. Mira, si, yo te lo acepto, es un concepto atractivo y todo pero, verán, en el mundo real esto de ir anunciando públicamente a quien vas a matar, o a quien vas a atacar... seré franco, hacer eso es digno de un idiota sin remedio.

Díganme, ¿Han escuchado alguna vez el adagio: "soldado advertido no muere en guerra"?

Pues bueno, yo acabo de ser advertido.

Ahora que los he puesto en contexto, creo que acaban de entender el significado completo del refrán y de mis dudas.

No verán a Faker por ahí anunciando una emboscada en pleno chat público durante sus directos de Twitch.

Pero este sujeto no entendía siquiera algo así de elemental.

Por eso no me lo podía creer, hasta llegué a pensar que era una mala broma.

Por eso se me ocurrió lo de Zilean. En pocas palabras, si con solo mover una varita cualquier error pudiera corregirse a fuerza de repetir y repetir, entonces las tontas acciones de ese sujeto podrían estar mínimamente justificadas... de alguna manera. De alguna manera. En serio, de alguna manera, porque incluso así me costaba creer que ese tipo fuera tan torpe como para enviar una carta que claramente delataba su procedencia, que sutilmente insinuaba la identidad de su campeón y que a la poste daba a entender que me atacaría próximamente. Está muy claro que lo ideal seria no haber enviado ese adefesio de documento jamás porque, vamos, el tipo se había jodido solo. Es más, si yo estuviera en los zapatos de ese tarado, lo primero que haría sería viajar en el tiempo para evitar que mi yo pasado andara enviándole cartitas amenazantes de mierda al tipo que quiero matar precisamente, a ver, que lo último que quiero es avisparlo.

Pero si la carta sigue en mis manos es que el tipo no lo ha hecho.

Así que me pregunto, ¿Este tipo puede realmente viajar en el tiempo?

Porque incluso esa habilidad no garantiza la victoria contra otro campeón.

No es buena idea jugarse una ficha tan arriesgada contra seres así de poderosos.

Que les refresqué la memoria la siguiente frase: el poder de un campeón sale de toda lógica.

Por ello la idea simplemente no me cuadraba.

Alejandra, quien me había estado contemplando un rato, rompió el silencio de un momento a otro comentando:

—Se lo que estás pensando, Aleksai, y créeme que te entiendo. Nadie en su sano juicio actuaría de esa forma a menos que no supiera lo brutales que son realmente las batallas entre campeones —Alejandra acalló un momento con expresión pensativa, pero al final relajó su rostro y musitó con aire indiferente restándole importancia al asunto—. Bueno, eso o que estuviera completamente seguro de su victoria, pero eso sería ridículo, ¿No?— Unas despreocupadas risas abandonaron sus labios al terminar de hablar pero reconozco que escuchar eso último me hizo sentir un escalofrío. Algo oscuro se ocultaba tras esas palabras que, si bien inocentes, me sonaban proféticas.

—Ambas opciones son calles ciegas, no puedo pensar en nadie que sea tan torpe... o tan hábil— Respondí pese a mis malos augurios, aunque eso si, con una amarga expresión.

—Vaya, vaya —Se mofó la muchacha al cabo de un rato—, así que existen cosas que ni el gran Aleksai entiende, ¿Eh?—

—Hay muchas cosas que el gran Aleksai no entiende —Repuse suspirando—, como el final de Evangelion—

—No creo que nadie lo entienda realmente —Replicó la joven algo risueña siguiéndome el juego, pero no dije nada más. No pude. No estaba para juegos... no en ese momento pues, aunque me esforcé en ignorarlo, ese mal presentimiento del que les hable, tan lejano antaño, estaba aferrado ahora de mi cuello tan tercamente que se me dificultaba hasta respirar. Alejandra entretanto posó elegantemente sus delicadas manos sobre sus bellas piernas ocultas tras su vestido mientras contemplaba mi rostro pálido con aparente serenidad, pero sus grandes ojos azules, que temblaban con ansiedad, decían otra cosa sobre su estado de ánimo... supongo que ella también estaba nerviosa. La muchacha guardó silencio un momento, tal vez eligiendo las palabras más reconfortantes que pudo pensar hasta que finalmente se atrevió a murmurar con timidez—. Hay muchas cosas que yo tampoco soy capaz de comprender, ¿Sabes?—

—Es algo difícil de creer—

—Incluso ahora sigo sin entender nada —Continuó Alejandra sin reparar en mis comentarios—. No entiendo este torneo. No entiendo a Riot. No entiendo al vacío, ni tampoco a sus campeones. No entiendo al sujeto de la carta, no entiendo la carta que te envió, no entiendo sus objetivos. En realidad, ni siquiera te entiendo a ti. Ya ves, estoy tan perdida como tú, querido amigo, no entiendo nada de nada —La rubia hizo una pausa para dar un sorbo a su bebida y al terminar dijo bajando la mirada—. Pero verás, Aleksai, aun entre toda mi ignorancia, me he dado cuenta que sé algo que incluso tú no sabes—

—Bueno, eso si me lo creo, pero, ¿Que podría ser tan importante como para que lo digas ahora?—

—Es importante. Es muy importante —Respondió la joven—. ¿Sabes?, aunque intentas no parecerlo, en realidad eres una persona muy virtuosa, Aleksai. Muy virtuosa... y justamente por ello puede que no quieras hacerte a la idea pero... el poder injustificado cambia a las personas. Las transforma, las transmuta, las degenera, desfigura sus valores más allá de la perversión. Esa es la consecuencia natural del poder otorgado arbitrariamente, sin méritos, sin logros ni justificaciones, por que eso es lo que hace el poder, Aleksai. El poder —Agregó Alejandra antes de que pudiera contestarle—... el poder anestesia todos los temores, enceguece todas precauciones, mutila todas las inhibiciones y, al final, deja una cascara inerte de orgullo y deseo. Ahora eres testigo como Riot, con los ojos vendados, ha otorgado sin criterios ni motivos esa clase de poder absurdo a personas ordinarias. No sería descabellado pensar que a más de uno se le haya subido a la cabeza. En realidad, ¿No sería eso lo más lógico?—

—Es posible pero... de alguna forma fuimos elegidos. Se que no el criterio de selección no es aceptable, pero no cualquiera...— Mascullé.

—Escucha Aleksai —Insistió Alejandra—, al lado de un poder abrumador, todo lo que es justo y puro queda obsoleto. Sé de lo que te hablo... lo veo en el trabajo todo el tiempo. No hay moral que prevalezca ante la promesa de acciones sin consecuencias y créeme cuando te digo que los 40 invocadores de este torneo no son ni santos ni sabios inmunes a semejante tentación. Por eso... puede que suene demasiado simple pero, dime, Aleksai, ¿Cuantas personas en el mundo crees que serían capaces de mantener la cabeza al obtener un poder absoluto? ¿Uno al que nadie pudiera oponerse?— Conque un poder absoluto, ¿Eh?. Ciertamente, algo como eso otorgado sin condiciones podría resultar irresistible. Quiza demasiado irresistible, pensé observando mi bebida. Levanté los ojos y me encontré con la dulce mirada de Alejandra.

O tal vez no lo suficiente.

—Sé de una al menos —Respondí—. Una mujer que no se doblegaría ni ante un poder absoluto— Tal vez dos, ahora que lo pienso.

—Ah... —Alejandra, que no se esperaba esa respuesta, se mordió la lengua algo contrariada. Sin embargo se sacudió de encima la sorpresa y repuso ingenuamente—. Y-Ya veo, debe ser una persona impresionante...—

—Ciertamente es una persona impresionante—

—S-Si... —Asintió la joven con las mejillas tensas—, debes apreciarla mucho—

—Si, la aprecio mucho—

—Entiendo... —Murmuró la joven desanimada—. Pero... pero sé que esa persona no es el de la carta—

—Por supuesto que no. Hablaba de ti—

—Ah, bueno... ¿Espera, yo?—

—Bueno, en realidad podrían haber más, pero yo no conozco a muchas personas— Respondí guiñando un ojo.

—Pero... pero eso, erm... yo no soy... quiero decir, apenas puedo, esto... apenas podría...— Balbuceó la rubia

—Gracias, Alejandra—

—¿Eh...? ¿Pero por q-? ¡No puede ser, ¿Te he convencido?!— Exclamó la impávida joven.

—Si, Alejandra —Guardé silencio un momento, mas al rato agregué suspirando—. Llegué exactamente a la misma respuesta y aún así no me lo creía... pero si tu llegaste a esa conclusión también, entonces no me cabe duda. No puede ser una coincidencia. No si eres tú la que lo dice —La joven me miró con los ojos abiertos de par en par sin poder creer lo que escuchaba.

—Yo... yo solo... — Con torpeza intentó darme una respuesta, pero todo lo que abandonó su garganta fueron algunos gemidos que trataban a tientas parecer palabras.

—Sé que no eres el tipo de mujer que hablaría irresponsablemente. Yo confío en ti—

—...—

Pronto, al parecer, la vergüenza superó a la sorpresa, pues la joven se quedó inmóvil con la cara roja. Con la cara roja, repito. Con la carita empapada esperando mil rosas, pero hombre, si es que estoy hecho todo un galán hoy, ¿Eh? Pues ya te vas enterando, baby, es el poder del traje. Y de las hormonas de rinoceronte. Nací para gigoló, ya me lo decía mi horóscopo. De acuerdo, en realidad no. Lo cierto es que había tratado de no pensar demasiado en mi despampanante compañera para enfocarme en el asunto de la carta y el torneo, pero el hermoso rostro sonrojado de Alejandra era un estímulo demasiado fuerte como para que mi delicado corazoncito pudiera seguir fingiendo ignorancia. Los grandes ojos azules, los suaves labios rosados, las exquisitas facciones perfectas, el suculento escote ajustado, la preciosa cintura delgada, las bellas piernas largas... me voy a morir. Por supuesto que no tardé en caer presa de los nervios también, esa apariencia hechizante ya me tenía contra las cuerdas. Cerré los ojos y me juré que al volver a casa me desquitaría con mi mano derecha. O con la izquierda, me da igual, para esas cosas soy ambidiestro. Para todo lo demás existe mastercard. Alejandra, por su parte, cubrió su rostro empañado en rubor y respiró profundamente. Pasado un par de minutos recuperó la suficiente compostura para decir claro y bajito:

—Me alegra haberte sido de utilidad. Yo también confío en ti... plenamente —Una encantadora y tímida sonrisa se dibujó en su bello y ruborizado rostro... desgraciadamente su expresión se endureció poco después y, como quien regaña a un niño, agregó—. Pero no creas que te vas a librar de la disculpa que le debes a ese pobre mesero... ¡Solo míralo, aun sigue sollozando por lo que dijiste! ¡Discúlpate con él!—

—Por favor...— Mascullé.

Y bueno, que más puedo decir.

Así las cosas, la noche llena de júbilo terminó.

Y aunque todo iban tan bien, y aunque habíamos llegado tan lejos, y aunque al fin había aprendido la lección, solo bastó con despedirnos para que todo lo que construimos ardiera hasta las cenizas cual hierba seca. Como podrán suponer, a partir de este momento la felicidad, los feelings y la armonía se convirtieron en recuerdos lejanos o incluso menos, pues cuando regresé a mi hogar una segunda carta me esperaba bajo de la puerta de la entrada. Otra puta carta. Y es que ya me lo esperaba, ya me lo imaginaba, casi me sabía con certeza que algo andaba muy mal, pero no, yo me negué a escuchar los resabios amargos de mi mente cínica y me conforme con creerme mis explicaciones convenientes porque estoy bien pendejo. Bien pendejo. Puta madre... a decir verdad mi destino estaba escrito en piedra desde hacía tiempo, pues los errores que se apilé bajo la alfombra me lo venían advirtiendo hace mucho; que algo malo estaba por pasar, que el karma estaba por golpearme en la cabeza, que todo era culpa mía y que si no hacía algo pronto lo perdería todo.

Pero ver las fatídicas consecuencias de todas las malas decisiones que he tomado con mis propios ojos fue como recibir un baldado de agua helada.

Esas consecuencias venían narradas con lujo de detalles en una carta escrita a mano que tenía menos de 6 palabras.

Esta vez no habían pretensiones jactanciosas ni misterios absurdos entre las lineas.

El mensaje era claro y sencillo.

Muy breve.

No parecía escrita por la misma persona.

Quiero decir.

En síntesis, todo desapareció.

La complejidad desapareció.

La excentricidad desapareció.

El dramatismo desapareció.

Lo innecesario desapareció.

Lo risible desapareció.

Y... Elizabeth también desapareció.

Desapareció igual que la sonrisa de imbécil que tenía pegada en mi cara al regresar a casa tras mi velada con Alejandra.

Mi hermana, tal como lo digo, había sido secuestrada. Ese presentimiento desagradable que me olía a podredumbre regresó con la fuerza que bien podría tener un tren al pasarme por encima, me envolvió desde los pies hasta la cabeza y me metió hasta por los ojos la puta y misera escena de un hombre aplastado por una fuerza imparable. Un hombre que me recordaba mucho a mi mismo, siendo apaleado por un enemigo que no tenía la menor duda sobre su victoria. Sobre mis rodillas me arrepentí por no haberme dado cuenta antes que, ese mal presentimiento del que tanto he hablado, no era otra cosa que el remordimiento que sentía por haber apartado a Elizabeth de mi lado.

Y vaya, que decir de Alejandra... ella se apareció muy temprano por mi casa el día siguiente.

Creo que ella también lo sospechaba.

Que existía esa clase de enemigo.

Que esta clase de desarrollo podía presentarse.

Que era de esperarse de mí cometer esa clase de estupideces.

Pero escucharlo directamente de mi boca terminó por confirmar todos sus presagios.

Las tenues esperanzas de que fueran temores infundados se hundieron en el mar de la desesperación.

No necesitaba ser adivino para saber lo que pasaba por la cabeza de Alejandra, se le veía en la cara tan claro como si estuviera escrito.

Para ser honesto nunca quise que ella se enterara de nada. Pensé mantenerlo en secreto... no, definitivamente debí mantenerlo en secreto, pero de alguna forma Alejandra ya se lo sospechaba. No sé como, pero esa condenada rubia perspicaz ya sabía lo que estaba pasando. Las cosas se me habían salido de las manos. Alguna duda mezquina me timbraba en la cabeza sobre el porqué la chica se encontraba tan bien informada del asunto, ese olfato detectivesco era simplemente sobrenatural, pero decidí hacer caso omiso de aquellas certezas fuera de lugar. No quería ahondar más en el caso ni evidenciar nada. No quería meterla más en esto, pues bien sabía yo que Alejandra era, a pesar de su ingenio y agudeza, una persona irremediable pura e inocente. Ella definitivamente se culparía de todo, pues Alejandra Sagir-Lazzuli nunca daba excusas.

Ella se disculpó con la cabeza en el suelo y me rogó que le diera otra oportunidad. Me dijo una y otra vez que podíamos resolver esa catástrofe juntos, que si permanecíamos juntos no teníamos porque temer de los errores. Sin embargo, aunque insistió e insistió hasta las suplicas, y aunque suplicó y suplicó hasta las lágrimas, y aunque lloró y lloró hasta quedar afónica, y aunque incluso bajo la lluvia no se movió hasta que el sol desapareció, yo le cerré las puertas de mi hogar y nunca se las volví a abrir. No me malentiendan, Alejandra no había hecho nada malo, todo había sido culpa mía. Nunca hubo nada que disculpar.

Yo era el único responsable de esta tragedia.

Por eso me dije que podía resolverlo solo.

Por eso creí que debía resolverlo solo.

Por eso tenía que hacerlo solo.

Y me sumergí de cabeza.

En la oscura soledad.

Admito que fue un error.

Lo sé, lo sé, no hice las cosas bien.

Es hasta estúpido reconocerlo a estas alturas.

Al final, apartar a Alejandra fue el mismo error que cometí con Elizabeth.

Pero en esta oportunidad fue la inercia misma del karma la que me obligó a dejarla atrás.

Porque deben creerme que, aunque desearía tenerla a mi lado ahora, no hay lugar para ella en esta historia.

Pues aunque tal vez ahora no alcancen a vislumbrar la entera profundidad de mis errores.

Yo había desencadenado males que estaban más allá de nuestra amistad.

Más allá incluso de mi propia soberbia repugnante.

Por ello no me queda otra opción.

Es tarde para arrepentirme.

Ya no puedo regresar.

A pesar de todo.

Ahora comprendo.

Que definitivamente yo.

No había aprendido la lección.


Interludio.


Vaya mierda.

Vaya mierda de final.

Pero así fue como resultó.

Es lamentable, pero eso fue lo que ocurrió.

Es desafortunado, pero afortunadamente así llegamos a la verdad.

Es realmente patético, pero de esta forma termina la historia de la cuarta historia.

Y por más lamentable, desafortunado y patético que haya sido, este penoso cuento ha resuelto el misterio.

El misterio que se arrastra por el piso como cadenas oxidadas.

Cadenas malditas que no me dejan salir.

De esta desesperación.

Pero bueno, al menos me queda el consuelo de haber terminado.

Ya no tengo que restregarme sal por las heridas así que vamos, hagamos esto de una buena vez.

Es hora de atar los hilos sueltos.

Reconstruyamos este rompecabezas rompe-corazones.

Pues ahora que todas las piezas están en su lugar.

Finalmente puedo darle sentido.

A esta maldita historia.


Welcome back.


Pues vaya, nuestro bello viaje por los recuerdos ha terminado.

Sin moralejas, sin enseñanzas, sin sonrisas.

Sin nada de nada, tal como dije.

Pero es lo todo que tengo.

Y lo voy a aprovechar.

De la forma que sea.

Y eso, ahora, hablemos de lo estrictamente necesario antes de que me ponga a llorar, que esto está muy deprimente. Vamos a ver... no hay mucho que decir en realidad. Los días que siguieron al gran cisma de mi relación con Alejandra fueron una puta basura. Basura, del verbo basura, del rey de la dinastía basura. No tengo reparos en admitirlo, esos días fueron el equivalente a mierda de caballo haciendo equilibrio en una cuchara desechable sobre una revista de farándula. A ver, no estuve perdiendo el tiempo por ahí rascándome el ombligo pero, vamos, fueron días tremendamente aburridos. Sin juegos, sin amigos, sin televisión, sin pornografía... fue casi como vivir en el medioevo. Aun así, supongo que valió la pena. Supongo que valió la pena estar encerrado por días frente a mi ordenador destruyendo la poca vida social que me quedaba mientras buscaba y buscaba a través de lo largo y ancho de la red hasta por el resquicio más minúsculo de información sobre el bastardo responsable de la desaparición de Elizabeth. Así es, mis estimados lectores, a pesar de que lo hice sonar tan fácil, la historia detrás de las 4 historias tiene sus propios méritos. Quiero decir, dar con la verdad sobre nuestros escurridizos protagonistas no fue una labor ni grata ni sencilla, se los puedo asegurar. Fue como... espera, ya lo dije, ¿No? lo de hacer malabares con mierda de caballo... o lo que sea, de todas formas no tiene importancia. Lo importante es que, a la larga, mi cansina labor terminó rindiendo frutos.

Y así como lo digo.

Sin descansar busqué y busqué.

Escudriñe cada sombra, cada esquina, cada susurro.

Seguí cada pista y cada indicio.

Busqué hasta en las paginas amarillas del directorio.

Y no me detuve hasta encontrar.

Al pendejo responsable.

De esta mierda.

Ahora, ha llegado de darle a Alejandra el crédito que se merece, pues ella siempre tuvo la razón. Para no ir más lejos, la joven tuvo razón en prácticamente todo lo que predijo, desde la identidad de Zilean hasta la locura de su invocador. Puede que no suene muy impresionante, pero para mi sus palabras tienen mucho valor. Aunque no fuera mucho, ella tuvo razón en casi todo, lo único que se le escapó fue lo de Elizabeth, pero siendo justos eso fue culpa mía. Vaya idiota que soy, si solo le hubiera dado un minuto más a Alejandra, entonces quién sabe que otra cosa habría sido capaz de predecir su mente prodigiosa. Aiya, ya ando con mis intransigencias emocionales de siempre, "si solo, si solo y si solo", me estoy perdiendo en los arrepentimientos otra vez.

Continuemos.

Ella tenía razón.

Pero vamos en orden.

Quiero decir, es cierto que el campeón es Zilean.

Y es cierto que a su invocador el poder se le subió a la cabeza.

Pero antes de ese idiota de cabeza caliente, Oliver Oldmont fue el invocador de Zilean. Si, es verdad que murió en un atentado en Marruecos durante un viaje en vacaciones, sin embargo, Oliver fue originalmente uno de los 40 invocadores del torneo y, por supuesto, era él quien estaba destinado a luchar en este torneo. Por desgracia para el buen Oliver, el milagro que le permitió convertirse en invocador no fue lo bastante generoso como para sacarlo también de la tumba, y aunque muerto como estaba se quedó, no crean que por eso las cosas terminaron ahí. El milagro de Oliver Oldmont no murió junto a él. De alguna manera, una probabilidad aún más disparatada nació de ese loco fenómeno estadístico.

El milagro de Evan Collins.

Y es que no es para menos llamarlo un milagro.

No, creo que incluso la palabra "milagro" se queda muy corta aquí.

Es que las posibilidades de que algo así de absurdo ocurriera rayan de lleno en lo astronómicamente inconcebible.

Y aunque suene a exageración, pueden estar seguros que lo que he dicho hasta ahora no alcanza ni para empezar a describir lo ridículamente improbable de esta situación. Permítanme ponerlos en contexto: un hombre, de los miles de millones que existen, fue elegido a dedo para recibir por primera vez en la historia de la humanidad el summum donum, el don supremo de la resurrección, el soplo primigenio de la vida que solo los dioses pueden otorgar. Un cataclismo de niveles bíblicos en la sintaxis biológica de la vida y de la muerte se tragó el sentido común del planeta entero y, así de fácil como lo digo, la arcilla se convirtió en carne y el polvo se convirtió en hombre. Ay, si señor, que magnífico milagro, hasta las bellas artes y la poesía se nos ha quedado mudas, nadie tiene palabras para retratar semejante maravilla, ¡Un hombre ha regresado de entre los muertos y no quiere comer cerebros! ¡Puta, saquen los cohetes que esto hay que celebrarlo! ¡Alabados sean el señor y sus milagros! Alabados... alabado... jajajajajaja, si, alabado, alabado, muy chévere todo esto de la resurrección y eso pero, verán, hay un pequeño, pequeñísimo, diminuto e insignificante problema con este milagro de la rosa de Guadalupe y, para ser honesto, también es muy impresionante. No, lo digo en serio, es muy impresionante chicos. Muy, pero muy impresionante. Quiero decir, ¿Cómo no va a ser impresionante que el mismísimo y escultural Adán de la resurrección no tenga nada mejor que hacer con sus sagrados cojones más que joderme la vida a mi precisamente?

¡Hijo de puta!

!No podía ser a Anderson, no podía ser al tipo de la Avena Quaker, no podía ser al buen Adolfo "Holocausto Judío" Hittler, no, no, no, no, claro que no, a ellos que les den, yo quiero joder a Aleksai!

Destruyen la continuidad del tiempo-espacio para resucitarlo y no tiene nada mejor que hacer que cagarme en la cara.

Malnacido hijo de puta.

Mal rayo le parta el culo.

Es que si lo veo yo... vale, ya me estoy poniendo de mal humor otra vez.

Volvamos a lo que estaba diciendo.

¿Que era?

Vamos a ver... pues eso. Evan Collins es un hijo de puta... y que otra cosa... ah, ya recordé algo: su madre es una puta.

Ya me esta afectando el encierro.

Necesito algo de aire fresco y luz solar.

Como sea, vamos otra vez.

Evan Collins era el padre de Oliver Oldmont. Murió en el atentado de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 y aunque sé que no tiene mucha lógica, Zilean lo eligió, por encima del resto del mundo y de su propio invocador, para regresar a la vida y participar en el torneo más importante de la historia. Evan Casimir Collins. Si, no es una broma, lo estoy diciendo muy en serio. Evan, ese triste sujeto sin ningún logro destacable en su vida, fue elegido personalmente por el guardián del tiempo, traído de vuelta a la vida y convertido en invocador. No me pregunten que tenía Zilean en la cabeza cuando lo resucitó porque yo tampoco sé, pero si de algo estoy seguro es que el buen Evan es el dueño de esas putas cartas de acosador que me han estado llegando todos estos días.

No suena ni coherente ni plausible, pero esa es la verdad. En realidad, al principio yo tampoco me lo creía pues pensaba que Oliver Oldmont era el invocador de Zilean. Bueno, para empezar, oficialmente lo es... pero con cada velo que descubría, y con cada sombra que se desvanecía, esa teoría se volvía más y más borrosa. Como ya dije, Oliver Oldmont murió en un atentado terrorista en Marruecos y aún ahora sigue muerto por un atentado en Marruecos, la historia no ha cambiado. Su cuerpo fue hallado, embalsamado y enterrado, nada cambió. Absolutamente nada. Su nombre aún está grabado en una lápida de piedra en un cementerio de California. Su cuenta de League of Legends, por lo demás, lleva inactiva desde el día que murió.

Hasta donde vamos no hay indicio alguno de que Oliver siga vivo.

Mas detalles sugerían que este caballero no estaba ni remotamente relacionado con el caso, pero no alargaré más la historia, solo confíen en mí. Oliver Oldmont no es el invocador de Zilean, al menos no para efectos prácticos. Esta revelación por supuesto que me llevó a una callejuela ciega, no tenía muchos más indicios ni sospechosos. Cualquier persona podía ser su invocadora, como en el caso de Shaco, en el que un medio mando de una compañía financiera sin ninguna experiencia en el juego se convirtió en invocador... las cosas se me estaban complicando. Se me estaban complicando mucho hasta que decidí voltear el tablero pues recuerden que quien elige al invocador es, en últimas, el mismo campeón. No el invocador al campeón como debería ser, no, no, aquí es todo lo contrario. Eso fue lo que hizo el payaso... y hasta donde sé, eso es lo que han hecho todos los campeones, que no les extrañe, como ya dije los invocadores tenemos un papel bastante humilde en este enredo... pero bueno. Siguiendo en lo que iba, un día, por casualidad me encontré con una placa en memoria a las víctimas del atentado del 11 de septiembre. Sabía que Evan Collins era el padre de Oliver Oldmont, y también sabía que igual a su primogénito, había muerto. Evan Casimir Collins murió durante ese trágico evento, hace ya más de 15 años.

También murió.

Pero había algo diferente.

Su cuerpo nunca fue encontrado.

Ese tipo literalmente desapareció entre los escombros.

En ese momento una cuerda oxidada resonó en lo profundo de mi cabeza.

Aunque todo inició como un simple capricho producto de mi frustración, me interesé por el asunto. Revisé algunos balances fiscales de sus cuentas personales y me encontré con una serie de transacciones sin explicación. Movimientos bancarios que sencillamente no podían corresponder a los intereses de un muerto y, a la poste, sospechosamente recientes. Entre más y más buscaba sobre Evan Collins, más y más extraño encontraba su vida después de la muerte. No extendamos más el relato, creo que entienden lo que quiero decir. La voluntad de un muerto no tiene efecto sobre el mundo de los vivos, pero este señor había movido demasiados engranajes en la delicada relojería de la economía contemporánea como para estar realmente muerto... eso si, a un nivel bastante modesto pero... no dejaba de ser extraño. Sea como sea, al recordar la primera carta y esa referencia descarada al atentado del 11 de septiembre del 2011, una idea virulenta se me regó por la cabeza como una epidemia. Me esforcé en pensar que no era posible pero... ciertamente su perfil encajaba con la idea que me había hecho del elusivo invocador de Zilean.

El tipo era un idiota.

Un auténtico idiota.

Ni asomo de comparación con un invocador oficial, el sujeto era un novato. Y además un idiota... ah, ya lo dije. Bueno, es un idiota, que se le va a hacer. En cualquier caso, entre más y más lo analizaba, más y más me convencía la idea, y finalmente llegó el día, hace como una semana, que confirmé la veracidad de mis sospechas. Lo que inició siendo una mera corazonada se topó entonces con una prueba irrefutable. No puedo decir ahora que me convenció ni que corazonada me llevó a sospechar de Evan Collins, no aún. No es el momento adecuado. Si me pidieran una razón sería simple y llanamente que a mi no me gusta mostrar simpatía por mis enemigos.

Llegará el momento en que todo se aclarará.

Pero por ahora.

Solo puedo decir que Evan Casimir Collins.

Es el invocador de Zilean.

Y el responsable de la desaparición.

De mi hermana.

De Elizabeth.

Ay, mierda, ya llegamos a esta parte.

Como si no tuviera suficiente con lo de Alejandra.

Ahora tengo que restregarme en la cara los errores que cometí con Elizabeth.

Y es que ella tiene el papel más trágico en esta historia, todo por mi culpa. Por mi culpa. Yo, irresponsable, insensata y estúpidamente aparté a Elizabeth de mi lado bajo el arrogante pretexto de protegerla. En medio de mi locura dejé la seguridad de mi única hermana en manos de un concepto tan ambiguo y pobre como la distancia. La exilié, pues me vi incapaz de salvarla. Completamente impotente, en mi desespero cometí el error de creerme que ella era un lucero en lo alto del firmamento marcando el camino a los menos privilegiados, un sol que no necesitaba ni de mi ni de nadie. Aunque sabía bien que era una mentira y que sangre roja corría por sus venas, busqué darme alientos repitiéndome una y otra vez que Elizabeth no me necesitaba, y así fue como la deje completamente sola.

A su suerte, la pobre Elizabeth fue abandonada por el hermano miserable al que le dedicó toda su vida.

Así, con la pluma de la negligencia escribí semejante historia de mierda.

Que vergonzoso.

Que sublime estupidez.

League of Legends, the Wide World.

El gran mundo. El ancho mundo. El vasto mundo.

En lo largo y ancho del planeta azul no había un solo lugar seguro.

Y aún así, solté su mano en medio de la tormenta en lugar de darle calor y refugio.

Pero basta ya de flagelarme para complacer mi culpa, no hay nada más que decir. Esta vez no hay excusa que valga.

Mi actuar aparte de estúpido fue vergonzoso y tendré que lamentarlo mientras tenga vida.

Y aunque mis intenciones fueran, en principio, buenas.

Los resultados fueron, en definitiva, malos.

Y esa verdad nada la va a cambiar.

Sin importar que diga.

Pero da igual.

Esta historia no se repetirá.

Nunca jamás volveré a cometer ese error.

Sé que lo he repetido mucho, y sé que lo hago solo para darme ánimos.

Pero tengan fe en mí, pues no volverá a existir el invocador que le ponga un dedo encima a Elizabeth en lo que nos queda de vida.


Game over.


Finalmente.

Podemos regresar al presente.

Este viaje por el tiempo ya ha terminado.

Hoy, 6 de septiembre, llego la última carta de Evan Collins.

11 de Septiembre.

Ese era su único contenido.

¿Quieren decirme que no puedo hacer otra cosa que esperar?

DANG DING DENG DONG.

Ah, parece que Akali ha vuelto. Esa onomatopeya que escucharon es el timbre de nuestra casa, por cierto. Bueno, aunque haya dicho eso Akali rara vez utiliza la puerta para entrar. Esta ocasión, como supondrán, no fue la excepción. Simplemente apareció justo detrás de mí, donde mi sombra marcaba el suelo.

—¿Encontraste algo?— Pregunté.

—No. Absolutamente nada. Todo lo que he podido encontrar sobre Nosferatu no son más que relatos reciclados. Nada nuevo— Contestó ella con indiferencia.

—Bastante elusivo para ser tan torpe…— Murmuré.

—Concuerdo. Parece… parece que no queda más que esperar, Aleksai—

Desde el 31 de agosto hasta hoy, 6 de septiembre. Siete días. Todos y cada uno de esos siete días, he enviado a Akali a recopilar información sobre el idiota Evan Collins y el viejo decrépito de Zilean. Policias, testigos visuales, de oidas, banqueros, asesores comerciales... gente común. Gente que realmente no sabe porque estoy buscando a un tipo muerto... bueno, supuestamente muerto, pues la gente común no sabe mucho realmente sobre el torneo ni sus participantes.

Algún que otro dato se habrá regado pero, por lo pronto, el torneo de League of Legends sigue siendo un misterio para el civil común.

Nuestro papi Internet por otro lado, y especialmente la página oficial del torneo, rebosa de información sobre él.

Ah, ¿No lo sabían? ¡Pues si, tenemos una página dedicada al torneo de leyendas!

¿De donde se creen que me sacado mi información sobre los invocadores?

¿De un agujero argumental convenientemente ignorado?

Jajajaja, por favor, somos mejores que eso.

Un poquito mejores.

Pero como sea.

Vamos a lo que vamos, Evan.

Los demás invocadores del torneo lo llaman Nosferatu.

Nosferatu, el inmortal.

Ah, no es por nada, pero a ninguno de los invocadores del torneo se le ocurrió el nombre, fue internet quien lo bautizó así. Nosotros jugamos League of Legends, definitivamente no se nos hubiera ocurrido nada tan bueno. Sea como sea, Evan se ganó el título por un vídeo que daba testimonio de su inmortalidad... el videoclip en sí es una estupidez, un auto le paso por encima y después se levanto como si nada... vamos, fue un accidente estúpido, pero aún así el cortometraje se hizo viral en la red, hasta salió en un top de Dross. En cualquier caso el hombre se hizo leyenda, de alguna manera, y fue apodado "Nosferatu, el inmortal" que si acaso se lo preguntan, era el nombre de una vieja película muda de 1927 sobre un vampiro del mismo nombre basada en la obra original de Bram Stoker, Drácula. Como tal la palabra "Nosferatu" no tiene ningún significado real, simplemente, por una confusión, el escritor de Drácula asumió que su significado en rumano era "cadáver viviente", que no era más que la descripción adecuada para un vampiro.

Si, un vampiro.

Un terrible monstruo inmortal.

Inmortal. Eterno. Imperecedero. Perpetuo.

En otras palabras, Evan Collins es comparado con dicha criatura.

Se ha ganado esa reputación porque, al parecer, no existe forma de matarlo.

Considerando su estupidez, no obstante, la inmortalidad no es menos de lo que necesitaría un contrincante tan incompetente como él para poder ganar. Eso significa que, hasta el 11 de septiembre (Fecha que estoy seguro eligió Evan Collins. Semejante simpleza solo podría ser obra de un idiota como él), tengo que encontrar una forma de vencerlo. Sea como sea, pueden estar seguros que para el 11 de septiembre habré hallado el método para matar a un inmortal.

Esa clase de persona es mi oponente, un irremediablemente idiota inmortal.

Pero eso no me importa en lo absoluto, ni siquiera un poco.

Es mi deber probar los límites de su inmortalidad.

Derrotarlo con una sola vida, ni una más.

Y rescatar a Elizabeth.

Luchar y ganar.

Es todo.


Y es todo por hoy.

Honestamente este es de lejos el capítulo que más se me ha dificultado escribir desde que empecé. Escribí unos 10 diseños distintos para este capítulo, pero ninguno terminó por gustarme, y el resultado fueron 83 días escribiendo y reescribiendo este capítulo.

Como siempre un agradecimiento a los lectores que dedican su tiempo a esta historia y, cualquier duda que pueda surgir por lo irregular de este capítulo, me la pueden comentar. Este capítulo, a mi juicio, es particularmente complicado por la narración que decidí adoptar, un poco vanguardista si se puede usar el término. De cualquier manera intentaré esclarecer lo que pude pasar por alto en este molestoso y largo capítulo. Por lo demás, como ya dije, cualquier duda que pueda surgir la aclararé con gusto. Ah, por el siguiente capítulo no tendrán que esperar mucho. Sucede que este fue un caso especial, pero al salir finalmente pude ajustar los detalles que necesitaba para el siguiente. Saludos.

En cuanto a lo que falta por decir, cualquier sugerencia, advertencia, amenaza, atenta o secuestro o tentantiva de asesinato pueden dejarlo en los comentarios en PM's.

Como consejo del día, recuerden no dejar nunca que su estúpido perro lleve basura a sus casa.