Bueno muchachos, como están. Les presento el segundo capítulo de la trilogía conclusiva del arco de Evan Collins.
Espero lo disfruten. Y lo entiendan.
Como ya saben, esto es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot Games ni asumo derechos sobre la propiedad de ninguno de los personajes aquí presentado, excepto aquellos de mi propia autoría. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo está historia sin importancia.
Capítulo 9.2: Para Stephanie
Para enfrentar el pasado que reluzca el pasado, dije.
Akali no parecía precisamente complacida por mi respuesta, pero convengamos cierto que no es mi especialidad satisfacer a las personas. Ah, claro, puede parecer que no calculé a profundidad las implicaciones del enfrentamiento que aguardaba por nosotros, no obstante, si de algo estoy seguro es que elegí la mejor opción entre nuestras posibilidades.
No deje nada al azar.
Tras la aparente simplicidad de este plan –Ah, frase en este caso– se oculta un complejo mecanismo de engranajes marchando en función de nuestra victoria.
– ¿Usar el pasado…? –Musitó Akali inconforme–. Explícate, por favor–
– Oh, vaya, ¿Qué debería decir? –Articulé indiferente–. Lo cierto es que no hay mucho que explicar. Evan Collins ostenta un completo y asqueroso dominio sobre el futuro, así que tenemos que obligarlo a pelear en un territorio que nosotros también conozcamos, A.K.A, el pasado–
– Esto no es posible –Murmuró Akali presionándose las cienes con una mano– Puede que se te haya pasado esto por alto, así que lo mencionaré solo para zanjar el asunto: El as bajo la manga de Evan es rebobinar el tiempo, es decir, volver al pasado. Al ser derrotado solo regresará un par de turnos… ¿Se te olvidó? ¡El pasado también hace parte de su dominio!–
Sonreí altaneramente. Todo estaba planeado. Extendí mis brazos y con los pulmones llenos de aire exclamé…
–¡Agh! ¡Un mosquito!–
Altaneramente entable un vistoso duelo contra el perverso mosquito que osaba perturbar mi genialidad. Finalmente se retiró abrumado por la habilidad de mis manotazos, todo frente a la mirada impávida de Akali.
Ahem~.
Como iba diciendo, sonreí altaneramente, etcetera, etcetera, y exclamé:
– !Que mal, pues entonces esa será su perdición!– Respondí sonriendo, pese a que toda la gravedad de mis palabras se había ido volando junto con aquel maldito mosquito.
La indolente ninja, con su magnífica cola de caballo, inclinó su rostro confundido e inconforme, todo sin turbar su expresión en lo más mínimo. No es que pueda culparla, es un procedimiento algo difícil de entender, y más aún de explicar. Eso de usar el pasado, quiero decir. Pero nada de eso es importante, lo importante es que funcionará.
Revisé la hora.
5:45 p.m.
– Sea como sea, entrando en detalles –Continué algo apurado–, este es el único que necesito que recuerdes: Evan Collins debe morir siempre a las 7:45 de la noche–
– A las 7:45 de la… espera, ¿"Siempre"? ¿A qué te refieres con eso?–
– Ah, me refiero a que no lucharemos contra él una sola vez. Yo diría que tendremos que derrotarlo por lo menos unas… 7 veces… si, unas 7 veces–
– ¡¿Siete veces?! ¡No seré capaz de ganarle tantas veces! ¡Me matará!– Chilló la joven quebrando lo estoico de su expresión.
– No seas humilde Akali, lo conseguirás–
– Deja de jugar, ese sujeto ya ha matado a 3 campeones–
– Y también a 3 invocadores, pero no me ves huyendo por ahí con el rabo entre las patas, Akali–
– Aleksai, esto es serio –Replicó ella–. En esta ocasión… no sé si seré capaz de protegerte, ¿Cómo puedes estar tan seguro que podré ganarle…?–
Bueno, técnicamente no pudiste protegerme contra Yasuo, ni tampoco contra Shaco. De hecho, hasta donde vamos no has sido capaz de defenderme siquiera de un misero mosquito, por aquello me pregunto yo, ¿De dónde sacas el valor para alardear sobre tan delicado tema cuando fallaste miserablemente desde el primer capítulo, querida mía?
Oh, naturalmente yo no tenía el coraje para atreverme a expresarle tan insultante verdad en la cara, así que me limite a plagiar otra frase cliché que había escuchado por ahí.
– Porque te necesitaremos...– Mi fantástica frase sacada de los Vengadores estaba por terminar ahí pero Akali no se veía muy convencida y… oh, bueno. Lo admito, sonó más inspirador cuando vino de los labios de Nick Fury, pero no todos ganamos 45 millones de dolares en comisiones–. Ya sabes, Akali, has sido mi campeón principal desde que inicio el juego. Siempre fuiste mi favorita. Si de algo no me arrepentiré en mi vida es de haberte elegido siempre, así que puedes estar segura que en lo que te quede de vida tú tampoco te arrepentirás jamás de haberme elegido a mí. Todo estará bien, te conozco tan bien como podría conocerte, siempre he apostado por el más fuerte, y sé que tú eres la más fuerte. Si estás conmigo sé que podemos triunfar. Eres la número uno, querida–
– Halagarme no te llevará a ninguna parte– Contestó girando su cabeza.
– Ah, venga ya–
Oh, bien.
Nos quedan 2 horas.
– Sea como sea –Proseguí–, ya sabes lo que tienes que hacer. Puedes hacerlo–
– Si… supongo que confío en ti. Un poquito–
En serio que les gusta hacerse las difíciles.
Bueno, da igual.
– En marcha entonces– Decreté.
DANG DING DENG
– Ah, ¿El timbre?–
– ¿Tú crees?–
Akali y esa suya costumbre de decir lo obvio.
Aparté a mi compañera y le ordené esconderse mientras yo me acercaba a la ventana para observar a nuestro visitante. Debería decir que yo… me lleve una sorpresa a medias, pues no podría compararse a la sorpresa de quien se encontraba al lado opuesto del pórtico. Abrí la puerta.
Un par de ojos cafés se abrieron hasta casi salirse de sus órbitas, y con cara de idiota, frente a mis narices, un ser que no podría encajar con mayor exactitud en el término "forastero" exclamó:
– !Y-You are…! !You are just like he said you'd be...!–
Que tenemos aquí, ¿Más americanos?
¿Qué no entienden que nos encontramos en la sección de fanfictions en español?
Que falta de respeto por el público hispano-hablante.
– Each strand of hair in your head… those black eyes… you must be him, there's no possible mistake, you are for sure…–
– Yes, I am the one you know as...–
– Aleksai…–
Una mujer de unos poco envejecidos 50, casi 60 años, de cabello marrón que escapaba caprichosamente del blanco de la edad, ataviada en un oscuro vestido azul, hablaba conmigo con la sorpresa que podría esperarse de alguien que escuchara a un perro hablar.
Como podrán adivinar, ella no es de por aquí.
Pero a pesar de todo, y aún a través de sus lentes oscuros (Que por alguna estúpida razón insistía en llevar en pleno ocaso), pude reconocer en ese rostro apacible a una mujer de quien fugazmente les hable hace tiempo.
– ¿A qué se debe el honor, Stephanie Wenders?–
Ah, vaya, vaya.
Ha sido un largo tiempo.
Fue hace ya casi 40 años, en la primavera de 1977, que floreció un tenue pero auténtico romance entre una hermosa entusiasta del cine alemán de 19 años llamada Stephanie Dusseldorf Wenders y un pelele 2 años menor, sin ninguna cualidad destacable, llamado Evan Casimir Collins, que por un torpe arrebato juvenil la abandonó por una golfilla, quien más allá de ser su segunda novia no merece más mención en esta historia. Ah, la dulce Stephanie, ya lo había dicho antes pero vale la pena recalcarlo: Ella fue siempre la mejor y más fiel mujer de Evan Collins. Poco después el tonto se casaría con la infantil Elena Oldmont, cuyos pueriles sueños de convertirse en escritora nunca salieron de su escritorio de 25 dólares, pero la única mujer que amó realmente a Evan Collins siempre fue Stephanie Wenders.
Supe de ella por una vieja fotografía, donde recibió el primer y último premio de su exitosa más desgraciadamente corta carrera. Alguien muy estúpido debió haberla mantenido ocupada muy lejos de su pasión por el cine, pues su talento en las artes cinematográficas era inigualable. Hubiera llegado muy lejos de haber continuado. Sea como sea, o fuese como hubiere sido, a pesar de haber pasado tanto tiempo, la Stephanie Wenders que frente a mí estaba de pie boquiabierta apenas y había cambiado.
Daba la impresión de haber salido directamente de esa vieja fotografía que mencioné, cuyos orígenes se remontan a 1985.
– Mr. Aleksai, I don't even know where I should start… Just… Just… Thank you– Al borde de las lágrimas, Stephanie Wenders me expresó cordialmente su gratitud, en su muy maldito inglés, que seguramente confundirá a más de un lector.
– !Aleksai-kun, Aleksai-kun~!–
Oh, y aquí es cuando llegamos a la parte inquietante y escalofriante.
Un tirón en mi camisa me obligó a girar la cabeza para encarar a mi querida y olvidada Akali, quien sonreía alegre y perturbadora mientras repetía "Aleksai-kun" incesantemente. Aquello de enseñarle a comportarse como una señorita hecha y derecha por medio de la virtud de la cultura otaku resultó contraproducente. !Ella simplemente no entiende la esencia del moe!.
Ahem~.
– Aleksai-kun, ¿Te importaría decirme quien carajo es la mujer en la puerta?–
– Akali-chan, creo que este no es el momento adecuado para andar haciendo preguntitas, así que vete por ahí a jugar a los ninjas o lo que sea. Los adultos estamos hablando– Respondí haciendo caso omiso a sus necias demandas mientras la instaba a retirarse agitando mi mano con displicencia, como quien espanta a un mosquito.
– Aleksai-kun, creo que me malentendiste, tejeje –Respondió Akali con una tierna sonrisa... que francamente producía terror. Una dulce risita muy impropia de ella se escurrió de su boca como sangre fresca, y pronto agregó–. Te estoy diciendo que si quieres conservar los dedos me contestes de inmediato. Ahora dime, ¿Quién es esa puta de allá, Aleksai-kun?–
Pase saliva.
Akali-chan parece estar algo molesta.
Akali-chan tiene la desagradable costumbre de volverse aterradora al molestarse.
Akali-chan a veces te amenaza con cortarte los dedos, así como así.
Y como pueden ver, Aleksai-kun está a punto de mojar sus pantalones.
Estaba a punto de gritar como una niñita.
Pero no era momento para llorar.
Era momento de sacar a relucir mi mejor habilidad.
Mi habilidad para lidiar con estos pequeños problemillas cotidianos en los que estás a punto de perder los dedos.
!La disuasión!
Aclaré mi garganta, y muy alto grité:
– ¡Akali-chan, mosquito!–
Espera, ¿Tal vez quise decir distracción?
Como sea, da igual, porque de todas formas no funcionó.
Aunque no era una mentira, y aunque efectivamente un mosquito sobrevolaba sigilosamente la linda cabecita de Akali-chan, mi pobre intento por distraerla fracasó miserablemente cuando la pequeña endemoniada hija de puta ninja del Kinkou rebanó al diminuto animal y se llevó por delante una pared, dos mesas y un jarrón de la dinastía Ming-Ming, todo con una de sus delicadas manitos, sin siquiera girar su rostro. En realidad no tuvo ni la decencia de abrir los ojos.
Akali-chan, pensé, en verdad me espantas.
– Aleksai-kun, insisto por tu bien que respondas mientras estoy de buen humor, ¿Quién es la perra que está en la puerta?– Sin dejar de sonreír, Akali-chan insistió.
No puedo expresar en la rigidez de la expresión escrita, y mucho menos en mi penosa habilidad para redactar, lo mucho que me apenaba escuchar a la dulce Stephanie siendo tratada de perra justo frente a sus narices. Más aún, no podía soportar su extranjera inocencia al no entender la clase de términos soeces de los que la cruel Akali se valía para referirse a su muy respetable persona, !Ella era tan inocente y dulce! !Tan inofensiva!
Stephanie, no obstante, parecía ser capaz de leer la tensión en el ambiente.
– Please excuse me, young lady, if I'm disturbing you, I'll take my leave. I'm sorry for my unwelcome arrival, I didn't want to cause any problems–
Y pronto se disculpó por lo inoportuno de su visita de manera inoportunamente cordial, amenazando, en medio de su muy inoportuna y británica cordialidad, con retirarse de la manera más cordial posible.
Oh, claro está que, en un momento como este, a pocas horas del combate contra el despreciable "Nosferatu", quien secuestro a mi hermana y me amenazó de muerte, cualquier visita inesperada resultaría tremendamente sospechosa y, por más redundante que resulte el término, inoportuna. Es por ello que Akali, quien suele destacar por su discreción, se encontraba tan "interesada" por conocer a nuestra visitante, para así saber a qué pobre imbécil tendría que enviarle su póstumo y triste cadáver descuartizado. Sin embargo, Stephanie Wenders no representaba amenaza alguna, y lo afirmo con la misma seguridad que afirmaría lo azul del cielo.
Desgraciadamente, hablar sobre ella en particular, nada menos que la más apasionada amante de Evan Collins, no nos llevaría a ningún desenlace beneficioso…. ni agradable. Explicar el asunto a mi querida ninja cola de caballo sería un completo y descarado desperdicio de recursos literarios, tal como explicarle los colores a un ciego y bueno, para hacerlo más corto: ¡Yo definitivamente no podía decirle a la aterradora Wreck-it-Akali que me encontraba tranquilamente charlando con la novia de nuestro peor enemigo en mi portón!
Así que tendré que "valerme" de una "versión" de la "verdad" donde la linda Akali-chan no rebané al pobre Aleksai-kun, pues, quiero decir, solo por dar un ejemplo, cuando supo lo de Alejandra casi me parte por la mitad de un solo manotazo.
!Imaginen lo que me haría ahora!
!¿Es que no vieron lo que acaba de hacerle a la pared?!
!Esta chica es una locura andante!
!Ni cagando pienso decirle la verdad!
!No, no, no!
Quiero decir... la verdad no siempre es el camino correcto. Digamos que hay otras alternativas, desviaciones algo clandestinas en el camino de la honestidad, muy efectivas para la resolución de conflictos y controversias. Las gentes de buenas costumbres –Como los políticos y los embaucadores– lo llaman "adaptar la verdad a las conveniencias del...", está bien, se llama mentir. Si, si, si, seguro sus madres les dijeron que no es bueno mentir, pero les revelaré uno de los grandes secretos del universo... !Sus madres no lo saben todo! !Y tampoco son vírgenes!
Solo para que lo sepan, la mentira es una de las manifestaciones más sublimes y exquisitas de la diplomacia, la filosofía, la política y la religión. !Así es! !Las mentiras son las que pagan las cuentas de la casa, las que financian el bello convertible de papá, las que pegan su trasero al asiento de la universidad, las que le permiten al buen Riot sacarle dinero a los ingenuos ignorantes con sus skins mediocres hechas sin interés! !Por las mentiras el mundo es plano, redondo, ovalado, azul, amarillo, el centro o el extremo! !Por las mentiras de idiotas descuidados nacen a diario 250 mil mocosos en el mundo!
!Ustedes le deben su vida a las mentiras! !Adórenlas! !Por encima de ellas solo pueden estar las colas de caballo, así que adórenlas, maldita sea!
Err... de acuerdo, tal vez me prospasé un poco.
Ahem~.
Continuemos.
Como decía, tenía que andarme con cuidado (es decir mintiendo). Definitivamente debo manejar esto con toda el tacto y la delicadeza del caso (nuevamente, mintiendo). Cualquier movimiento brusco podría terminar en tragedia, dolor e infertilidad (como ya supondrán, todo por efecto de la ausencia de mentiras).
Por ello, muy decidido a proteger mi virilidad, di media vuelta hasta encarar al Puño de la sombra y... ah... su rostro me da pavor, yo no quiero estar aquí, me voy a la mierda, pensé nada más verla. En un acto de cobardía di otra media vuelta y me propuse escapar tan lejos como me lo permitieran las piernas, más pronto recordé que Akali es más rápida que yo así que... como sea. Conseguí reunir el valor (la tasa mínima debo decir, tampoco estaba rebosando de valentía precisamente) para dar otra media vuelta y nuevamente encarar al puño de la sombra, una de las mejores asesinas de Valoran, quien parecía un espectro de ira... así que dí una vuelta más, en está ocasión considerando el definitivamente menos doloroso suicidio.
Más sin embargo, tras darme cuenta que 2+2 son 4 y que a la larga me iba a morir, seguramente de la manera más humillante y dolorosa posible, me giré por ultima vez decidido a enfrentar a esa muchacha, Akali, y a su aterradora mano-rebana-mosquitos.
Stephanie solo observaba estupefacta como yo giraba y giraba, alternando miradas entre ella y mi querida compañera Akali.
Repetí esa rutina hasta que Akali amenazó con llevarme a mar abierto donde habitaban... gulp... esas.
Ya saben... esos... esos animales espantosos y depravados... esos que llaman c-c-c-cetáceos.
Preferiría que un cocodrilo me tragara vivo.
Y así se resolvió el asunto.
Bueno, no exactamente
El asunto se resolvió así en realidad:
Me acerqué a Akali con cautela, fingí murmurar algún dato revelador y, cuando estaba distraída, suavemente sujete la delicada quijada de la chica... ¡y entonces la aventé con toda mi fuerza hacía el corredor y cerré la puerta a máxima velocidad! Pronto escuche un crujido sordo en lo lejano del pasillo, pues la pobre Akali corrió con tan mala suerte que en lugar de caer seguramente sobre sus pies cual hábil gato –como yo tenía planeado–, terminó volando por el aire hasta que su cabeza fue bruscamente detenida por la pared más cercana… y allá quedo tendida mientras veía mariposas. O algo así, no recuerdo bien que estaba balbuceando.
Bueno, tampoco es que importe, de alguna manera Akali siempre termina así.
Pobrecilla, es toda una desgracia, pero son bajas aceptables.
Sea como sea, tan pronto me deshice de la chica exclamé:
– !Please hold on, Mrs. Wenders! You are not unwelcome, my friend here is just a little… jealous. That aside, may I ask about the reason of your visit?– Me apresuré a detenerla entonces para preguntarle sobre el motivo de su visita. La amable dama sonrío y me entregó un sobre.
– There's not much to say. I just wanted you to know I'm grateful… I just wanted to say: Thank you– She said… ah, este maldito inglés hijo de puta... quise decir que ella se limitó a expresarme su agradecimiento, por algún motivo que francamente no recordaba recordar, y tal como prometió, se retiró sin más que decir. Si, tal y como digo, Stephanie Wenders se dio media vuelta y se apartó caminando hacia la calle, donde esperó durante breves instantes un taxi para desaparecer de mi vista tan pronto se introdujera en el vehículo.
Ah, que tenemos, que tenemos, que tenemos.
Otro sobre. Otra carta. Como habrán imaginado, obra de Evan Collins. Mis ojos escanearon el documento con tanta intensidad que la tinta casi se desvanece de la hoja. Esta carta era especial, por cierto. Si bien ahora mismo no estoy muy a la labor de revelar que había allí escrito, me limitaré a mencionar que esta, de todas las cartas de Evan Casimir Collins, fue la única que disfruté leyendo. Una extraña carta en la que un viejo Evan Collins me agradeció. Tal como Stephanie, él también me agradeció. Y aunque nunca me ha gustado mostrar simpatía por mis enemigos, sentí algo de compasión por él.
Así que decidí salvarlo. Hacer una historia para él, una que fuera justa.
Sin embargo, igual que el resto de sus cartas.
Esta fue incinerada también
Bueno, ese era el derecho.
Estas cartas jamás debieron estar aquí desde un principio. Ya lo había dicho antes, y lo repetiré ahora: Evan Collins nunca debió tener nada que ver con esta historia, pues murió tiempo atrás. Fue el poder atroz de Zilean el que tergiverso su destino irremediable. Pero yo me encargaría de corregirlo... es una promesa. Una promesa que hice tiempo atrás.
En cualquier caso.
– A-Aleksai…–
– Oh, Akali. !Has resucitado!–
– Augh… ¡Mi cabeza! !Me duele!–
– Parece que te diste un golpe, ¿Quién habrá sido el despreciable rufián responsable?–
– Siempre me haces lo mismo… un día de estos vas a terminar matándome, Aleksai–
– Entiendo, entiendo, pobrecita cabecita– Dije acariciando la linda y oscura cabellera del puño de la sombra.
–Buhu... !Prométemelo entonces...!–
–Akali, verás yo –la interrumpí–... necesito hacer una llamada–
– Te refieres… oh, ya veo –Akali recuperó la compostura. A su muy acertado juicio, la situación ameritaba toda su seriedad y usual estoicismo–. Entonces después de tanto volverás a hacerlo... hablarle a quien ustedes solían llamar…–
Guardo silencio. Antes de terminar la frase, por pura delicadeza, y no por aquello del suspenso, ella guardo silencio. Agradezco su consideración, pero no era necesaria. Incluso desde que era un niño, siempre fui inmune a los sentimientos apasionados. Tanto al odio, como al amor. Tanto al aprecio, como al resentimiento.
Más importante que eso, Elizabeth no está en casa.
Así que lo diré yo mismo.
– Si, voy a llamar a mi padre–
– Ah, entonces lo dijiste. Pensé que era un tema delicado– Hasta donde su estéril tono voz se lo podía permitir, Akali intento sonar compasiva. Pero ya lo había dicho yo mismo, su consideración era innecesaria.
Mi padre nos abandonó hace casi 20 años, a Elizabeth, y también a mí, es verdad. Es verdad que parece deplorable. Es verdad que parece imperdonable. Es verdad, maldita sea, lo sé… pero no es como si pudiera culparlo por ello. No podría poner sobre sus hombros el peso de los oscuros sentimientos que ha gestado Elizabeth a lo largo de estos años, ni tengo el derecho de exponer frente a sus ojos el envejecimiento prematuro que soportamos por su abandono. No, yo definitivamente sería incapaz, después de todo, él solo hizo lo que era necesario.
Desafortunadas circunstancias convergentes, desgraciados eventos paralelos, miserables realidades yuxtapuestas, no hay forma de comprender la complejidad de sus motivaciones por lo simple que suena el resultado.
El abandono.
Lo único cierto es que en esta historia no existen ni héroes ni villanos.
Todo nombre aquí escrito pertenece a un ser desgarradora y trágicamente humano. Nuestro padre no es diferente. Sin embargo, a pesar de lo que he dicho, el daño que sufrió Elizabeth es irreparable, y por más mezquino que resulte decirlo, eso es lo único que me interesa. No importa que sus actos estén justificados por el mismo dios de las colas de caballo, Elizabeth recibió una cicatriz que aún después de tanto no ha sanado. Para ella, ese hombre, nuestro padre, no es más que un ser repugnante y despreciable. Y por lo tanto, frente a ella por lo menos, ese hombre también me produce nada menos que repugnancia y desprecio.
Y a pesar de todo, yo voy a hablar con ese hombre en breves instantes.
Traición es el término más leve para describir mis acciones.
Estoy a punto de romper mis votos.
Otra vez.
Pero si se trata de salvarla, si es por ella, entonces repetiré lo que ya dije antes: Estoy dispuesto a ser tan despreciable, rastrero, miserable, tramposo, abyecto, vil y perverso como haga falta.
Si para protegerla debo convertirme en el único villano de esta historia sin villanos, entonces no podría estar más satisfecho.
– Sea como sea, en el momento que Elizabeth vuelva a poner un pie en esta casa... mi padre volverá a ser un tema delicado, Akali del Kinkou– Declaré con severidad. Las razones son más que obvias. Donde viva mi dulce Elizabeth no se escuchará ni se verá jamás cosa capaz de lastimarla. No de nuevo. Lo juro.
– De acuerdo. No opinaré nada al respecto, Aleksai–
– Gracias– Asentí.
Sin más dilaciones escribí el número en mi teléfono.
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
Una vez que esta llamada termine partiremos finalmente para enfrentar a Evan Casimir Collins, el invocador. Y entonces finalmente derrotarlo. Y entonces finalmente rescatar a Elizabeth.
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
Oh, cabe mencionar que, si de mí dependiera, no llamaría a mi padre. No por resentimiento, simplemente por lealtad a Elizabeht.
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
Pero la situación lo amerita. Me duele admitirlo, pero para ganar necesito de su favor, una vez más.
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
El favor de ese hombre. Por primera vez, después de quince años...
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
...volveré a pedir el favor de mi padre. Y aunque no quiero hacerlo...
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
...por esta vez, y solo por esta vez, rogaré por su favor...
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
...pues quiero asegurarme que la última carta de Evan Collins sea escrita.
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
Así que, sin más rodeos diré que necesito saber…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
...si mi padre me ayudó a salvar…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
...a Evan Collins…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
RI~NG…
Y entonces desde mi teléfono escuche las palabras:
– Hola, hijo–
– Ah, Dimitri. Siempre un placer, querido de mi corazón– Dije al escuchar la voz de quien deben saber… es mi padre.
Y así es como termina este capítulo.
Estaba manejando un formato algo largo para los anteriores episodios, pero decidí recortar la trama y dividirla en 4 capítulos por aquello del suspenso, que es mi meta primordial por lo visto.
Un placer siempre, queridos míos, y como consejo del día, ojos abiertos con los mosquitos.
