Como ya saben, esto es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot Games ni asumo derechos sobre la propiedad de ninguno de los personajes aquí presentado, excepto aquellos de mi propia autoría. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo está historia sin importancia.


Capitulo 9.3: Voces de un distante presente


Ahora que recuerdo, la navidad de 1999 tuve un deseo extraño.

Fue hace ya más de 15 largos años.

Pero aún ahora lo recuerdo.

Y no es para menos.

Pues en serio fue.

Algo extraño.

Nunca fui un niño muy encantador. Para ser honesto, yo diría que era un mocoso bastante desagradable. Sabihondo, arrogante, incrédulo y precoz, todo el inocente encanto de un niño simplemente se escurrió de mi piel apenas pude pronunciar mis primeras palabras. Jamás creí en nada, nunca me gustaron los cuentos de hadas, no recuerdo haber tenido algún sueño dulce y pueril... de alguna manera siempre he sido muy seco. Sin embargo, esa navidad yo definitiva e irremediablemente tuve un deseo extraño. El 24 de diciembre de 1999 tuve un irrefrenable, irresistible e inexplicable deseo de conocer a mi padre. Si, definitivamente muy impropio de mi. Verdaderamente extraño. Viniendo del indolente de mi, realmente era algo extraño. Ah, sea como sea, aunque fuera mi deseo conocerlo, en realidad no pude verlo. Siendo honesto, en lo que llevo de vida no lo he visto jamás, ni siquiera una vez. Pero realmente no importaba, la necesidad de conocerlo no era tan intensa como para anhelar contemplar su rostro. Por aquellos días aún existían cabinas de teléfonos públicos en esta ciudad, y eso era suficiente.

A partir de ese momento... ¿Cómo expresarlo claramente? Es algo difícil describirlo, pero... supongo que mi comportamiento se acercó bastante a lo que se le conoce como instinto animal, pues aunque jamás había usado un teléfono, tenía una vaga certeza de que hacer. Aunque nunca lo escuché directamente, tenía una vaga idea de que número marcar. Y aunque tampoco lo había llamado antes, tenía una vaga esperanza de que él iba a contestar. Sin saber bien por qué ni con qué, bajo la tutela de alguna suerte de precognición autoinducida, oprimí una tecla tras otra en la asolada cabina, y entonces:

–¿Hola...?– Respondió una voz firme y masculina desde la bocina del teléfono. Yo, a media voz, sin apenas creérmelo, respondí con toda la torpe inocencia que un niño que no sabía ni atarse los zapatos podría manifestar.

–Ah, yo... yo soy... yo debo ser tu segundo hijo, me llamo Aleksai. Yo... por ser navidad, quería... conocerte–

Y el resto es historia.

Una insípida, aburrida y vieja historia. No lloré, ni reí, ni me alegré, ni me entristecí. Estaba tan sorprendido en ese momento que al parecer no podía sentir otra cosa. Supongo era tan minúsculo que no podía alojar más de una emoción a la vez. Ya saben, como la pequeña Tinker Bell. Una Tinker Bell masculina. En cualquier caso, más allá de eso no se que decir. Para resumir, las palabras que llenaron la boca y oídos del pequeño Aleksai fueron tan simples e insignificantes que el recuerdo de la conversación es casi inocuo por sí mismo. Tanto así que solo consigo evocar con nitidez dos palabras de esa conversación: "De nada".

¿Por qué diría eso mi padre?

Quién sabe.

Pero sea como sea, eso fue todo. Había escuchado la voz de mi padre a través de la bocina del teléfono que colgaba de la cabina. Para hacerlo solo había tenido que escaparme de mi habitación e introducir una miserable moneda de 25 centavos en la ranura de la cabina. Si eso hubiera sido todo, entonces diría que incluso pasar la frialdad de la noche por fuera de mi hogar era un precio bastante barato a pagar, después de todo, se me había concedido un deseo de navidad, aunque no creyera en eso.

Desgraciadamente, nada más atravesar las puertas me tope con la tarifa completa por ese estúpido capricho navideño.

Elizabeth armada con poco más que su delgada pijama floreada. Sus pies descalzos estaban bordeados de cicatrices y su cabello estaba enmarañado.

La encontré recostada junto a la cabina, con la cabeza oculta entre sus piernas. Se levantó temblando de la ira, casi llorando.

Si, temblado, llena de ira. Porque me escapé ella me buscó. Encontrarme la redujo hasta las lágrimas.

Ella en verdad estaba furiosa. Y profundamente triste.

Pero por encima de todo ella estaba.

Decepcionada.

Sobra mencionar que estaba preocupada. Sobra mencionar que estaba asustada. Sobra mencionar que todo fue un error. Y es natural que escaparme a hurtadillas en medio de la noche fuera motivo suficiente para enfrentar su ira. Pero estrujar su corazón con dicha incertidumbre solo para hablar con la persona que nos había abandonado, a quien ella odiaba tanto, era el colmo del descaro. Si, ella me descubrió. Nunca la había visto así, Elizabeth parecía fuera de sí. Bruscamente me agarró del brazo y virtualmente me arrastró de regreso a casa.

Y decidió no dirigirme la palabra hasta que entendiera la gravedad de mi falta.

Fue entonces que decidí jamás volver a hablar con nuestro padre.

Y es así como termina esta historia.

Y bueno, memorable o no, eso fue lo que pasó la navidad de 1999. Esa fue la noche que hablé por primera vez con el hombre que me trajo al mundo. Aprendí a escapar. Aprendí a llamar desde una cabina telefónica por el módico precio de 25 centavos. Pero por encima de todo, aprendí a valorar mi más preciada posesión: Elizabeth. Desde esa noche me juré que jamás volvería a hacerla enojar. Al enfrentar su indiferencia me propuse jamás volver a perderla.

Y así, ahora definitivamente, cerraré este arco, así como tiempo atrás colgué el teléfono para jamás volver a utilizarlo.

Fiel a esa promesa que hice hace ya tanto tiempo, recuperaré a Elizabeth, para no volver a perderla.

Y por fin, después de 15 años, le daré sentido a esas 2 palabras.

Recibiré el primer y último regalo de Ciro Dimitri.

Quien deben saber.

Fue mi padre.


Un placer nuevamente, Akali al habla.

Ha pasado mucho tiempo desde mi última intervención, pero espero complacerlos a todos con mi narración.

Ah, discúlpenme, ahora me remitiré a lo que me compete, lo que nos a traído aquí, pues al fin ha llegado la hora de combatir ese que es llamado inmortal. En breves instantes lucharé contra el que es considerado actualmente el invocador más poderoso, me repetía una y otra vez. El 11 de Septiembre, a las 6:45 de la noche... solo 15 minutos nos separaban de un encuentro que inevitablemente nos llevaría a la muerte. La linea que separaba la derrota de la victoria se encontraba justo debajo de mis pies. Fallar... fallar era inaceptable.

Ya no estaba en la grieta del invocador.

Aquí no podemos resucitar.

Ya no se trataba de un simple juego.

Di media vuelta.

–Aleksai–

El muchacho, ataviado en un abrigo negro, regio, elegante, y aunque era de noche, ocultando sus ojos tras unas lentes de sol, estaba a no más de medio metro de distancia. Directamente plantando los pies en el campo de batalla... esa no era la estrategia que adoptaría un invocador. Era peligroso. Pero el se veía completamente firme en su intención de acompañarme a la batalla. Se veía tan sereno, aún enfrentándose a su posible extinción, que era sobrecogedor. Era como si supiera lo que pasaría con tanta claridad como el mismo Zilean.

–¿Si, Akali?– Respondió.

–¿Estás...? ¿Estás seguro que este es el lugar?–

Pregunté porque, manteniendo en linea la costumbre que lo caracterizaba, Evan Colllins no mencionó nunca en ninguna de sus cartas el lugar donde hubiera de darse el combate. Se limitó a escribir alguna metáfora que hiciera también de acertijo, asumiendo que Aleksai lo interpretaría correctamente. Sin embargo, según el mismo Aleksai admitiría más tarde, lo que se resolviera de tan infantiles acertijos no serían más que meras especulaciones. Por lo tanto es posible que nos hayamos equivocado de lugar. Es por ello que, tal como rezaba el manuscrito, "...la torre que marcará el ocaso marcaría también nuestra caída", asumimos que el lugar apropiado debía ser "La Aguja Este", una colosal torre en forma de aguja, que hace las veces de reloj de sol, más solo por la tarde. En la mañana no proyecta sombra.

Más todo es pura especulación.

–Estoy seguro que estarán aquí, sea el lugar o no. Probablemente lo sea, eso lo se. Pero incluso si no lo fuera... –Aleksai dijo, de forma impasible, y entonces observó su reloj. Marcaba exactamente las 7:00 de la noche–... daría igual, ¿Me equivoco, Evan Collins?–

–My pleasure... no, debería decir... un placer, ¿Supongo?–

Ah, vaya, me dije a mi misma, realmente llegaron.

Quien respondió era un hombre de mediana edad que exhibía una extraña vitalidad. Diría que me llevaba unas 2 cabezas de altura, y vestía un traje de color gris que a penas parecía poder contener su inmenso cuerpo. Para que se hagan una idea, mi estatura se encuentra en el metro con sesenta y siete centímetros, así que no sería una exageración aseverar que el hombre del que hablo se elevaba sobre sus pies por encima de los 2 metros de altura. Este sujeto, Evan Collins, era un gigante.

Y atrás, luciendo su larga y blanca barba. Tan poderoso que podrías confundirlo con un dios.

Tan antiguo y tan enigmático como el tiempo mismo.

Pero que más podría esperarse de él.

De Zilean, el Guardián del tiempo.

Dí un paso atrás.

–Que su aspecto no te atrape con la guardia baja, Akali. Ese tipo no está no esta ni remotamente cerca a tu nivel, aún con la ayuda de ese anciano pervertido– Dijo Aleksai en vista de mi nerviosismo. Que vergüenza.

Agarré su mano y lo halé cerca a mí.

–Solo quería mantenerte cerca para que no vayas a salir lastimado. Esto solo es... para protegerte– Aunque dijera esas palabras tan arrogantes, mi mano estaba temblando como una hoja seca. Realmente, que vergüenza, ¿En esto se convirtió el as del Kinkou? ¿En una cobarde?

–Ya veo, te lo agradezco. Eres una compañera confiable –Sonrió Aleksai.

Suspiré.

Pero, en serio, ¿De que se trata esto?

–Aleksai... ¿Realmente hacía falta venir aquí?– Pregunté a su lado.

–Bueno, probablemente... no, seguramente no era necesario. Solo ocurre que es conveniente para nosotros– Me respondió.

Quiero decir, al momento de abandonar la residencia de mi invocador, incluso en ese momento no teníamos una idea muy clara de a donde exactamente ir. Como ya dije, todo fue pura especulación.

A estas alturas debería ser franca y admitir, no obstante, que la única confundida era yo.

Pero supongo que ahora puedo entenderlo.

Aunque no quiera aceptarlo.

–Ya deberías saberlo, Akali –Declaró Aleksai indiferentemente–, desde un principio el lugar nunca importó. ¿Una carta en la que solo se aclaraba la hora del encuentro? No me hagas reír. El lugar nunca fue insinuado en sus torpes acertijos, Akali. El verdadero mensaje detrás de aquel alarde innecesario de poesía era: "Vayan a donde vayan, se escondan donde se escondan, estén donde estén... a las 7 de la noche del 11 de Septiembre los encontraremos... y los mataremos", ¿Me equivoco, Evan Collins?–


CRACK.


Sentí algo crujir en mi interior.

Al escucharlo, algo muy pequeño se quebró dentro de mí.

–My, oh my. Ah, quise decir... ¿Vaya, vaya?. Whatever. Zilean tenía razón, por lo visto. Realmente eres un camarada bastante impresionante, no te costó ningún trabajo deducir el significado de mis palabras, Laven-Level– Quien se identificaba como Evan Collins fue el que respondió. El anciano, a sus espaldas, permanecía en silencio.

–Bueno, desde un principio fue una declaración bastante abierta. Nunca hubo nada que deducir. En otras palabras, nosotros siempre estuvimos en sus manos. Desde un principio... este lugar, o cualquier otro... nunca tuvimos elección– Dijo Aleksai. Lo dijo en la más absoluta calma, como si no le hubiera dado importancia en ningún momento, sin embargo sus manos estaban temblando.

Lo sentí claramente. La mano que estaba sujetando... no dejaba de temblar con impotencia.

Decidí entonces tomar la vocería y hablar en voz alta a nuestros oponentes.

–Evan Casimir Collins, es simplemente obvio que entiendas porque estamos aquí, así que quiero que me lo digas ahora mismo, ¿Donde está Elizabeth Ariadvel?–

–...–

–Tu... !Respóndeme!–

–Ahorra alientos, Akali –Intervino mi joven invocador–. No encontraríamos a mi hermana aunque vaciáramos el océano entero. ¿Debería decir que es demasiado tarde, o tal vez demasiado pronto para buscarla? Bueno, en cualquier caso no podría decir que ella fue secuestrada exactamente...–

–Que no fue secuestrada exactamente... ¿Llegaste a inducir incluso eso? En verdad eres un espanto, Level-Laven– Comentó el coloso corredor de bolsa.

–¿De que está...? ¿De que están hablando, Aleksai?– Pregunté nerviosa.

–Elizabeth, esa mujer de lengua persuasiva...–

–Elizabeth no existe actualmente en este momento del tiempo –Interrumpió el joven–, ella fue enviada a alguna época lejana. ¿Tal vez 1000 años atrás? ¿Tal vez 1000 años adelante?. Bueno, eso da igual. Lo único claro aquí es que no hay manera de encontrarla por nuestros propios medios. Pero que no se te haga extraño –Agregó Aleksai–, este sujeto no era más que un oficinista hasta hace unos días cuando fue resucitado, ¿En verdad crees que tendría las agallas para tratar con un rehén?–

–Blue Lavel-Leven...–

–Eso es todo lo que necesitamos saber. Eso y nada más, Akali–

–Pero... pero entonces...–


CRACK.


Me tropecé con mis propias palabras.

En mi interior algo crujió una vez más, pero decidí ignorarlo. Una vez más decidí ignorar esa incertidumbre.

Tal vez sería más exacto decir, no obstante, que otra duda embargo mi ser. Quiero decir, si nunca fue posible evitar la batalla, y si desde un principio nos era imposible evitar el combate, ¿Entonces por qué...? ¿Por qué demonios se tomaron la molestia de secuestrar a Elizabeth? ¿Cual era el objetivo de secuestrarla en ese caso? ¿Para obligarnos a luchar, era eso?. Si desde el primer momento estábamos destinados a luchar, quisiéramos o no... si en todo momento estuvimos bailando en la palma de su mano, ¿Entonces para que secuestrar a esa mujer?.

Aleksai pareció darse cuenta del motivo tras mi intriga, y en voz alta dijo:

–Akali, ellos también tienen miedo –Entonces, dirigiendo su voz hacía los dos que nos observaban en la distancia exclamó–. !¿Tienes miedo de morir, Zilean?! !¿Eso significa que de todos los futuros que pudiste ver, fuiste asesinado por lo menos en uno?!–

–En verdad eres todo un espanto. What a fucking creep...– Evan Collins murmuró, encarnando alguna emoción que vagamente recordaba al miedo, a la ira, o tal vez... a la desesperación. En cualquier caso, para mi estupefacción:

–Sorprendentemente si, joven Aleksai. ¿Eres alguna clase de monstruo? –Fue Zilean quien habló. Pronto agregó sonriendo miserablemente–. Maldita sea, no puedo creerlo. Todos, joven invocador. Todos y cada uno. Sin excepción. Todo mis futuros estaban sellados por la muerte. Para ganar... no, !Para sobrevivir...!–

–Aleksai... ¿Que significa esto?– Pregunté sin poder creer lo que escuchaba. De todas las personas, ¿Zilean diciendo eso?

–Ah, no se realmente que habrá visto ese anciano. Pero eso no es importante. Esto es lo importante: Ahora que ya sabes donde está Elizabeth, y el como es imposible que seamos capaces de encontrarla por nuestros propios medios –Articuló Aleksai–, ¿Como crees que podríamos rescatarla? Incluso si los derrotamos... no, en caso que los derrotemos, ¿Como podríamos encontrarla?–

–Eso sería... ¡Ah!– Mordí mi lengua, pues la respuesta era más que obvia. Era absoluta y consecuentemente lógica.

–La respuesta sería, naturalmente, "no podemos" –Confesó el muchacho, agrio y frustrado–. No existe forma en que podamos salvarla. El único ser en este planeta que puede salvarla es...–

–...Zilean, el mismo que la ocultó. El único que puede ir y venir en el devenir del tiempo– Murmuré.

–Así que, en otras palabras, la única forma de recuperar a Elizabeth es vencerlos sin matar a Zilean. Mi hermana no es más que un rehén–

–Pero entonces, ¿como vamos a ganar...? Esto no es justo, !Simplemente no hay manera!– Exclamé.

–Ah, ¿No habíamos hablado esto antes? Los héroes plantan los pies en el suelo ante la adversidad –Respondió aleksai sonriendo secamente, como si el mismo no se lo creyera– Y no sufras por ese viejo desgraciado, él no es un problema. Después de todo, estrictamente hablando, Zilean no es un enemigo. El simplemente decidió apostar por Evan Casimir Collins, así como yo decidí apostar por ti, Akali, Puño de la Sombra–

Finalmente.

Finalmente... maldita sea.

Finalmente entendía la gravedad del asunto.

Esos dos... ese par de bastardos siempre tuvieron la sartén por el mango.

Elizabeth nunca fue un rehén para obligarnos a luchar, simplemente era una garantía para evitar que los matáramos. En verdad eran un par de malditos bastardos infelices.

Tragué saliva.

La batalla era demasiado desfavorable. Por si mismo, el Evan Collins con total acceso a los poderes de Zilean era un enemigo avasallador. Casi invencible. Ya había derrotado a otros 3, según tenía entendido.

–Bueno –Dijo Aleksai juntando sus manos–. Son las 7:15 de la noche, ya hemos desperdiciado mucho tiempo, muchachos. Es hora de pelear, Akali. Pelea, y gana–

Zilean se apartó.

Evan Collins apretó sus puños y los levanto a la altura de su rostro.

Realmente era la hora de luchar.

–Aleksai... apartate– Le ordené.

–De acuerdo– Asintió.

Entonces, me dije, llegó el momento finalmente.

Sujeté mis armas con fuerza y dí un paso al frente. Finalmente podría ver al famoso Nosferatu en acción. El invocador capaz de matar campeones. El humano capaz de vencer leyendas con sus propias manos. No era un oponente al que pudiera subestimar. Levanté mis armas e incliné mis rodillas. Ahora que caigo, la postura de Evan Collins era sorprendentemente estable. Para ser lo que aquí llaman un hombre de oficina, a simple vista parecía increíblemente fuerte. Su respiración era tranquila y sus pies estaban firmes en el suelo. Su cuerpo parecía hecho de acero y su ojos no expresaban la menor duda, casi parecía haber nacido para ser soldado.

Increíblemente no mostraba ninguna apertura. La palabra seguridad lo describiría bastante bien.

Pero aún así, tomarme a la ligera alguien como yo conduce a la muerte.

Si no hay aperturas, entonces las abriré a la fuerza.

Después de todo...


–Akali...–


...yo no soy...


–!...Mátalo!–


...!Una campeona por nada!

–!Queckh..!– Chilló Evan Collins.

Tal como lo decretó Aleksai, asesiné a Evan Collins. Me arrojé directamente hacia él y atravesé su pecho con mi mano desnuda. No tuvo tiempo ni de reaccionar. Su postura, su guardia, su inmenso cuerpo, todo... por más fuerte que sea, frente a un campeón, todos los humanos son igual de débiles. Me alejé de un salto de Evan Collins, quien agonizaba de rodillas en el suelo.

Lancé una mirada furtiva a mi invocador, quien indiferente al combate solo observaba su reloj de pulsera.

Eran las 7:15. Tal como acordamos, asesiné a Evan Collins a las 7:15 de la noche.

–Era de esperarse... el viejo me lo había advertido... !Queckh! –Masculló Collins sonriendo con la boca llena de sangre–. !Pero esto no es suficiente, Zilean!–

Las heridas sanaron inmediatamente... no, es como si desde un principio nunca hubieran estado ahí. Zilean retrocedió el tiempo de Evan Collins. !Ahí estaba, el hombre que desafiaba a la muerte, que sin importar cuantas veces lo aplastaran no caía! !El inmortal!

!Pero no es más que un truco!

Me negué a retroceder y nuevamente me lancé al ataque. En esta ocasión separaría su cabeza de su cuerpo con mis cuchillas, sin embargo, para mi estupefacción el maldito... !Me detuvo! !Un humano normal fue realmente capaz de mantenerse al día con mi velocidad y detenerme, a mí, una campeona!. Agarró mis kamas por la empuñadura y me detuvo en seco. Es un logro notable, lo admitiré, pero no suficiente. Solté mis armas, agarré sus brazos y con mi pierna derecha lo pateé con fuerza en el costado izquierdo, mandando a volar su colosal cuerpo varios metros por el aire. Cayó sobre sus pies, y sin inmutarse se incorporó.

Hábilmente hice bailar mis cuchillas sobre mis manos, haciéndole notar lo poco que me impresionaba su tenacidad.

–Señorita –Exclamó Evan arrogantemente–, ya deberías saber bien que está clase de ataques no funcionarán en mí–

Y tras mofarse, en un parpadeo atacó.

El maldito casi me atrapa fuera de guardia.

Recortó la distancia entre nosotros con inhumana velocidad, e intentó golpearme directamente en la cara con su inmenso puño derecho, más lo esquivé con gracia y respondí con una patada ascendente, que fue capaz de bloquear con su brazo izquierdo. Ah, no obstante, escuché un sordo "crack" desde ese mismo brazo izquierdo, que pronto se desdobló.

Lo había quebrado.

Con el brazo restante intento atraparme, pero lo golpeé en el estomago usando las palmas de las manos, nuevamente aumentando la distancia entre nosotros. Evan Collins fue arrastrado a la fuerza por la potencia del impacto algunos metros hacia atrás.

–!Come on! This champions guys really are... –Murmuró exasperado– !Zilean!–

Su brazo se ensambló nuevamente.

Por segunda vez aceleró hacia mí a una velocidad que, definitivamente, no era humana e intentó barrer mi rostro con una patada giratoria, encadenando de inmediato una segunda ronda, solo para probar enseguida con un puñetazo directo, dejándome sin más que el tiempo necesario para evadirlo consecutivamente. Aunque no había conseguido conectar ningún golpe hasta el momento, de alguna manera sus movimientos eran cada vez más rápidos y potentes, más precisos y peligrosos. Me limité a mantenerme a la defensiva, siempre esquivando al último momento, ahorrando energía, sin desperdiciar movimientos, pues a larga, está pelea se reducía a una competencia de resistencias, tal como había predicho Aleksai. El primero en agotarse sería el perdedor.

Evan por su parte no escatimaba en energía, usando el tremendo peso de su monstruoso cuerpo para atacarme a su sorprendente velocidad.

Su técnica firme, sus golpes eran sólidos. En realidad no parecía un principiante.

Para ser sincera, era demasiado bueno.

Y a cada instante se hacía mejor.

Algo estaba mal, más decidí ignorar el presentimiento.

Eso no será suficiente, pensé en su lugar.

Me arrojé contra él.

Y entonces.

–!Daaaaarrrrggghh! !Arrrg!–

Muere.

–!Ahhhggg!–

Muere.

–!Iiaaaaaaaahh...!–

Muere, muere, muere. Ladra de dolor hasta que te canses de morir.

–!Zorra inhumana!–

Maté y maté a Evan Collins tantas veces como pude. Una y otra y otra vez lo atravesé, lo pateé, lo apuñalé, lo quebré, lo descuarticé, y para ser franca, como a un insecto lo martiricé. Pero ese maldito cadáver no dejaba de levantarse. Solo le bastaba gritarle a Zilean una vez para que todas las heridas y los huesos rotos desaparecieran. Por ello pensé en arrancarle la quijada, pero pronto me di cuenta que en realidad yo nunca fui capaz de matarlo.

Ese infeliz...

–!Kihag!– !Maldita sea, me había atrapado fuera de guardia!

Un potente golpe en el costado me sonsacó un quejido de dolor, y me envió a volar una notable distancia.

–Es... Es imposible...– Murmuré jadeando por el agotamiento.

–Así comienzan todos, señorita –Declaró Evan Collins–. Infernalmente fuertes, tanto que incluso yo, un hombre en el pináculo del poderío físico humano, resulto ser menos que una amenaza para ustedes, campeones de... ¿Valoran era?–

–No comas ansias, invocador. Aún estás muy lejos de poder vencerme–

Dije y me abalancé. Incluso estando fatigada por el combate no existía forma que un mero humano pudiera derrotarme, así que lo ataqué decidida a terminar de una vez por todas, pero...

–¿Q-Que?–

Caí sobre mis rodillas.

Un golpe en el estómago me detuvo en seco y por poco me deja fuera de combate. Apenas pude reaccionar cuando su gigantesco pie apareció encima de mi cabeza, y al tocar el suelo nuevamente tras esquivarlo pude observar en la distancia como el concreto sólido se quebraba bajo la suela de su zapato. Evan Casimir Collins... ese tipo... no era humano. Su puño se movió tan rápido que no fui capaz de esquivarlo, y tan fuerte que me dejo sin aire. Ya me había cruzado por la mente esa inquietud, desgraciadamente en mi arrogancia decidí ignorarla. Pronto, a minutos de perder la consciencia, y solo a segundos de perder la vida me vi obligada a reconocerlo. Evan Collins no era humano. Ese hombre podía enfrentarme cara a cara... y ganar.

Con la ayuda de Zilean ese sujeto era virtualmente invencible. Así que este era el verdadero poder de Evan Collins... no, de aquel que llaman Nosferatu, el asesino de campeones. Verlo me hizo temblar. Eso ya no era un hombre, pues lo que frente a mí se encontraba era un ser capaz de matarme.

–Vaya, a diferencia de los otros 2 tu resistencia no es nada especial. Te cansas rápido, eres pequeña y es fácil lastimarte –Observó el coloso–. Comparada con los otros 2 eres bastante frágil, aunque siendo justos debo admitir que eres mucho más letal, no había visto a nadie capaz de pelear así. Es más, me atrevo a decir que entre los 3 tu debes ser la más fuerte pero... no eres nada del otro mundo–

–Ohh, así que te crees capaz de ganar, solo por que pudiste golpearme un par de veces... jajajaja, eres uno muy arrogante, ¿No?– Repliqué.

–En realidad no creo ser capaz de ganarte, señorita, que voy a ganarte. Tengo que admitir que eres la más difícil hasta ahora, eres la primera oponente en matarme tantas veces pero, no te creas tanto. Careces de resistencia, tienes un cuerpo débil, los otros 2 duraron mucho más tiempo aunque al final no pudieran regresar ni un golpe. Tu por otro lado... morirás si te golpeó una sola vez más–

–Ja... Jajaja... Aleksai tenía razón, en verdad eres un simplón. Antes estaba sorprendida, pero ahora no me cabe en la cabeza como fuiste capaz de ganarle a 2 campeones–

–¿De que hablas? ¿Desvarías?–

–Ahh... Si, si, supongo que estaba desvariando, ¿En verdad estaba asustada por esto? ¿Por enfrentarte a ti? Que tontería, parece que realmente perdí la cabeza–

–Lo que parece es que enloqueciste. Definitivamente te has vuelto incapaz de aceptar que no puedes derrotarme, así que déjame decírtelo: Tu sola no tienes ninguna oportunidad contra mí–

–¿Pero de que estás hablando, Evan Collins? ¿En que... en que momento dije que sería capaz ganarte sola? Realmente, realmente... realmente eres... simple –Jadeando sonreí altaneramente y burlandome le pregunté– ¿Es que acaso no te das cuenta que tu eres solo uno, y nosotros somos dos?–

–¿Qué?–

Una bomba de humo estalló justo en frente de las atónitas narices de Evan Collins, y todo a su alrededor, engullido en la cortina de humo, desapareció. La aguja del este, me explicó de antemano Aleksai, es una torre ubicada en un parque que cuenta con la más hermosa, brillante y espectacular iluminación en la ciudad. Son 9700 focos de lamparas iluminadas por diodos conductores que, consumiendo 5000 kilowatts de energía eléctrica anualmente, iluminan cada centímetro cuadrado de este lugar sin falta, todas las noches. Y según los cálculos de Aleksai, Evan Collins conocía este parque y nos había citado aquí para evitarnos ventaja de local, pero si de estrategia hablamos el está muy por detrás de mi invocador. Mi talentoso invocador había trucado el cableado eléctrico del parque, y cuando la bomba de humo estalló, las luces se apagaron de golpe.

–¿D-Donde...? !¿Where the fuck are you?!– Aulló Evan.

–Bueno, bueno, bueno. La pelea se terminó por hoy, mi amigo–

–Planeaste muy bien esto, Lavel-Leven...–

–Era de esperarse, el sitio era conveniente...– Respondió un distante eco entre las sombras.

La visión humana se adapta fácilmente a la luz y a la oscuridad. De día los ojos se contraen para filtrar la luz y de noche se expanden para abrirle paso. Como ya había dicho, la aguja del este se ubica en la plaza con la iluminación más intensa de la ciudad. En otras palabras, ahora que la luz se había ido, Evan Collins estaba completamente ciego. En este momento valdría la pena recordar que, Aleksai, pese a ser de noche, al igual que esa mujer extraña que lo había visitado estaba usando lentes oscuros. Eso significaba que sus ojos, a diferencia de los míos y los de Evan Collins, estaban ya desde hacía mucho adaptados a la oscuridad.

Ahora mismo, incluso entre la neblina, el podía verlo todo.

Y el joven no perdió un minuto.

Me levantó entre sus brazos.

Me introdujo en un auto.

Y entonces escapamos.

Entre las tinieblas.

Y la oscuridad.


Escapamos.

Ese era el plan.

Desde un principio.

Ese siempre fue el plan.

Para poder ganar, ese era el plan.

Pelear, pelear y pelear durante siete días.

Si, ese era el maldito plan.

Pelear hasta ganar.

Ganar hasta el final.

Que difícil, pensé allí, mientras escapaba.

De ese momento particular... recuerdo luces, yendo y viniendo sobre mi cabeza. Ah, es el iluminado público. Si, las luces en la autopista que aparecían y desaparecían mientras el auto aceleraba, lejos, muy lejos, de la ciudad. El suave sonido del motor se fundía de a poco con las voces en mi cabeza, y el aire frío que entraba por la ventana golpeando mis mejillas hacía la experiencia, si cabe, más surreal aún. Estaba algo agotada. Poco a poco empecé a quedarme dormida, no exactamente por el combate, yo simplemente estaba... cansada.


Entonces desperté.

El viaje había terminado.

Pero no estábamos de vuelta en casa.

Lo que se encontraba frente a mis adormecidos ojos era un hotel, lejos, muy lejos de la ciudad. Las luces en la distancia, el único testimonio de dicho lugar, apenas y podían distinguirse. El hotel, de sospechosamente lujoso aspecto, se abría frente al parabrisas del automóvil como alguna suerte de puerta hacia el infierno. Ah, no era para menos el tener que refugiarnos tan lejos de nuestro hogar, pues Evan Collins y Zilean ya sabían perfectamente donde ubicarnos, si tal fuera el caso.

Ese lugar ya no es seguro, pensé.


CRACK.


Por tercera vez, algo crujió dentro de mí.

De nuevo esa incertidumbre sobrecogedora. Ese "algo" fuera de lugar.

Pero aún entonces no pude entender que exactamente era.

Estaba demasiado cansada para pensarlo.

Y entonces entramos.


–Descansa, Akali–

–E-Espera... no puedo solo...–

Lo siguiente que recuerdo es Aleksai sentado en la esquina de mi cama, observándome mientras yo, envuelta entre las tibias mantas de la cama luchaba por mantenerme despierta, en la desconocida habitación del desconocido hotel donde nos refugiamos. En vano intenté formular algún tipo de protesta, pues los tenues murmullos que abandonaron mi boca difícilmente tenían sentido. Ah, lo siento, aún no me acostumbro al dialecto local.

–Está bien, Akali. Ha sido una temporada muy difícil, hace tiempo que no descansas apropiadamente–

–Pero... no ej juhto...– Balbuceé.

Si, habían sido días difíciles.

Si, hacía tiempo no descansaba bien.

Si, estoy agotada, no puedo más.

Pero entonces, ¿Que hay con Aleksai?

¿Acaso él es alguna clase de monstruo?

Desde el fatídico agosto en que desapareció Elizabeth hasta hoy, en todos estos días, ni siquiera durante un momento, así es, ni siquiera una vez lo he visto descansando. Ha estado despierto, trabajando y trabajando sin parar. Ha invertido sin pausa todo el tiempo, todas las horas que podrían contener estos 19 días, a exprimido cada minuto para idear una estrategia que solo puede ofrecernos una endeble promesa de victoria, contra un enemigo que nunca muere, nunca falla y nunca pierde. A estas alturas cabría preguntarse si Aleksai ya ha trascendido su humanidad.

–Aiya, no me tomes a la ligera, Akali –Sonrió el joven socarronamente–. !Para un universitario espalda plateada nivel omega como yo, del tipo "dejar todo para la última hora", esto no representa ni el 1% de mi capacidad! !He acumulado suficiente energía para darle la vuelta a la tierra 7 veces, mi querida cola de caballo!–

–Por favor no vayas leyendo mi mente así nada más...–

–Vaya, vaya. Si tienes energía para discutir...–

–Si, entiendo –Sonreí extenuada–. Quedo en tus manos, Aleksai...–

–Si, cola de caballo. Descansa, descansa...–

Puedo dormir bien junto a Aleksai. Él es un compañero confiable, me inspira seguridad. Es una lástima que no podamos volver a casa por ahora, todo por esos malditos...


CRACK.


Por cuarta y última vez sentí que algo crujió en lo profundo de mi pecho. Fue en ese momento que comprendí el motivo de mi inquietud.

Ahora que no podía volver a ese lugar, el que se convirtió en mi hogar aquí en la tierra me pregunté.

¿Cómo es que Evan Collins se enteró que vivíamos allí?

Abrí mis ojos y en medio de la noche distinguí.

El oscuro y amargo rostro de mi invocador.

Aleksai, murmurando:

–Lo siento...–


Fin de la historia, como consejo del día... descansen bien.