No estaba muerto, andaba de parranda.

Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.


Capítulo 9.5: Para Elizabeth, una vez más


Ahora que recuerdo, la navidad de 1999 tuve un extraño deseo.

Fue hace ya mas de 15 largos años.

Pro aún ahora lo recuerdo.

Y no es para menos.

Después de todo.

En serio fue.

Un extraño.

Un despreciable

Un maldito deseo.

Y bueno, díganme, ¿Fue así como Aleksai relató esa historia? ¿Fue parecido a lo que acabo de hacer? En verdad, en verdad, en verdad desearía que así fuera. Como lo deseo, con que fuerza lo anhelo, no imaginan cuanto añoro que Aleksai plasmara los mismo sentimientos apasionados que yo ahora, al tomar la pluma, en este relato, pues aún después de todos estos años sigo marcada por lo que ocurrió ese día, hace ya tanto tiempo. Algo que cambió radicalmente a la persona que solía ser.

Y eso sería... esto:


Una historia que ocurrió más de 15 años atrás.

Cuando Elizabeth Cyel Ariadvel era solo una niña... una maldita niña mimada.

Si, tiempo atrás yo era una niña mimada. Supongo que es injusto insinuar sutilmente que ya no lo soy, pero no encuentro un término más adecuado para describirme, al menos en dicha época. Es decir... si, aún soy una molesta niña mimada, pero ahora cuento con muchos más defectos que me describirían en una sola palabra aún mejor. Ah, como sea, esa era yo. La niña mimada de Ciro Ariadvel Dimitri y Elizabeth Weissman, la niña mimada de la familia Ariadvel. Siempre la niña mimada, siempre la más consentida, siempre la más amada. Pero todo tiene tiene que cambiar en algún momento, y así como lo digo fui desplazada de mi posición privilegiada, pues llegó el segundo hijo, quien debiera llamarse Aleksai Ariadvel Isley. Así llegó la desgracia a mi vida, o al menos eso era lo que me repetía. Ese niño no trajo más que problemas, o al menos eso era lo que me repetía. Es todo su culpa... o al menos eso es lo que me repetía, pero eso no importa. De alguna manera nuestra situación se volvió insostenible, de alguna manera fuimos abandonados, de alguna manera acabamos en un maldito orfanato, de alguna manera todo era culpa de ese niño que no llegó a ser nombrado y que apenas podía hablar. De alguna manera esa fue la conclusión a la que llegué.

Sin embargo, de alguna manera, de alguna manera, de alguna maldita manera no deje de ser la niña mimada. Aún ahora no me cabe en la cabeza, y solo puedo explicarlo vaga e irresponsablemente repitiendo "de alguna manera", pero por motivos que desconozco, seguí siendo la niña mimada, la favorita, la más querida, siempre la preferida. Hablo en serio cuando digo que no entiendo como podría una mocosa así de insoportable, egocéntrica y malcriada ser la favorita de grandes y pequeños. De niños y adultos. Pero así era.

Elizabeth la consentida.

De alguna manera... las cosas no cambiaron mucho.

Simplemente ocurrió que la atención que recibía cambió

Ah, pero aún había un problema. Un problema 2 años menor que yo, como de un metro con treinta centímetros, de cabello negro y que era la viva imagen de mi misma en el sexo masculino. Precoz, taciturno, indiferente, arrogante e irritantemente listo. No es como si fuera problemático, no es como si fuera desagradable, no es como si fuera intolerable, y no es como si nadie, fuera de mi, lo odiara apasionadamente. En realidad me atrevería a decir que ese niño, que por más que me costara aceptarlo, era deslumbrantemente excepcional. Fuerte y sereno. No me equivoco al afirmar que, si yo era la favorita de todos, entonces él era el más respetado de todos. El prodigio. El inigualable Aleksai. Ese era él, mi hermano. Desgraciadamente, para mi era inaceptable pensar que existiera alguien que no girara en torno a mí. Aunque se suponía que yo era la hermana mayor y que por ende yo debía ser la estrella más resplandeciente del firmamento, ese mocoso no me necesitaba en absoluto. Brillaba con luz propia. Aunque se suponía que me había dado tantos problemas, y aunque se suponía que yo era perfecta, y aunque se suponía que yo era la más amada, la preferida, la más hermosa, ese mocoso maldito no giraba en torno a mí como todos los demás.

¿Por que no lo hacia? ¿Que acaso no se daba cuenta de mis sacrificios? ¿De mi bondad? Permanecí en ese orfanato más de lo que debí porque supuse que debíamos permanecer juntos. Por culpa suya, yo, la favorita no consiguió una familia nueva, solo porque en mi bondad decidí no dejarlo solo. ¿Y aún así no reconocía mi buena voluntad? ¿Aunque él fue el culpable desde el principio? ¡Que descaro!

Así que, esa noche, aquellos sentimientos se cristalizaron en un deseo extraño, despreciable, maldito.

El 24 de diciembre de 1999 Elizabeth deseó que Aleksai desapareciera.

Que desapareciera para siempre.

Y se cumplió.

Demonios, en serio se cumplió.

Aleksai Ariadvel Isley desapareció como polvo estelar.

Esa noche nadie lo volvió a ver, pues yo había deseado que desapareciera.

Que grave error. Que tonta sonrisa. Que estúpida niña. Que inútil esfuerzo. Que cruel ironía. Que maldito deseo.

Al principio todo estuvo bien. Los primeros minutos fueron de una hueca felicidad, de unas tiesas sonrisas que me forcé en esbozar. Pero entonces llegó la soledad, y entonces la soledad me obligó a pensar. Por primera vez en mucho tiempo pensé. Por primera vez en mucho tiempo use la cabeza para pensar. Pensé que, al compartir... la habitación, los pasillos, el tiempo, la cama, los juguetes, las palabras... al compartir tanto tiempo la vida con una persona, su ausencia se vuelve insoportable. Y partir de ese momento, todo se vuelve insoportable. El silencio se vuelve insoportable. Los recuerdos se vuelven insoportables. La vanidad se vuelve insoportable. La vida misma se vuelve insoportable. Insostenible. Insignificante. Tan sola como estaba me di cuenta de las palabras, de las risas y del calor que siempre llenaba esa soledad que ahora sufría.

¿Cual era mi tristeza?

Fui siempre tan feliz que me volví tonta, incapaz de identificar lo que era la felicidad misma. Llegué a imaginarla como algo más misterioso. Más oculto. Algo mucho más especial que todo lo que había experimentado jamás. Ingenuamente supuse que existía una sensación más allá de mi imaginación y que solo podría conseguirla si me aferraba a esos deseos tontos de acaparar todo el júbilo para mi. Para mi sorpresa, resultó ser que esa sensación se llamaba tristeza. Para mi sorpresa resultó ser que lo que encontré fue dolor. Para mi sorpresa, resultó ser que aprendí el significado de la felicidad.

Que tonta...

¡Que tonta!

¡Que tonta!

¡Que tonta!

¡Que tonta!

Que tonta, pensé.

Si tuviera a Aleksai junto a mí ahora lo abrazaría, y le hablaría, y lo escucharía y cantaría y bailaría y gritaría y lloraría y reiría y comería y jugaría y dormiría y despertaría y saltaría y correría y me arrastraría junto a él para contemplar su rostro en silencio. Entonces... y entonces, después de semejante introspección yo, por primera vez en mucho tiempo, use el corazón para sentir. Y por primera en mucho tiempo vez use mis pies para caminar hacía alguien más. Y por primera vez use mis propias manos para aferrarme a alguien más. Y por primera vez use mi voz para decir el nombre de alguien más. Por primera vez quería... quería encontrar la felicidad en alguien más. Pero, espera. Ya que lo menciono, ya que he hablado tanto de mi misma, ¿Que es lo que él quería? ¿Tendría Aleksai también un anhelo? ¿Uno real? ¿A donde iría él? ¿A donde se lo había llevado mi egoísmo? ¿Quien era el ser conocido como Aleksai...? Que poco sabía. Aunque estuvo tanto tiempo junto a mí, y tan cerca, que poco sabía.

Pero todo eso cambiaría.

Así que busqué.

Busqué por todas partes.

En cada recoveco, en cada esquina.

Y pregunté y pregunté hasta empezar a llorar.

Y lloré y lloré hasta quedar afónica.

Hasta que por casualidad.

De alguna manera.

Por suerte.

Bajo su almohada encontré una hoja. Encontré un indicio. Una hoja rosada con algunas flores. Una hoja que pertenecía a mi diario. Una de mis cosas bajo su almohada. Y lo que estaba escrito ahí era el número de papa. De nuestro padre. "¿Era eso? ¿Papá? ¿Llamar a papá?", murmuré para mi misma. "¿Sería esa la solución al misterio?"

Pero en este orfanato... desde aquí no se puede llamar... ¡Entonces...!

¡No había tiempo para cambiar mi ropa!

¡No había tiempo para pedir permiso!

¡Solo había tiempo para una cosa!

!Escapar, escapar para buscarlo!

Y escapé. Yo también escapé. Yo también aprendí a escapar.

Y busqué. Una vez más, busqué. Yo también aprendí a buscar.

Y lo llamé. Una vez más, lo llamé. Yo también aprendí a llamar.

Por su nombre lo llamé.

Con todas mis fuerzas lo llamé.

Pero aún así no lo encontré.

Supongo que no sería tan fácil.

Esa noche aprendí muchas cosas. Aprendí a escapar, aprendí a buscar, aprendí a llamar. Aprendí a hacer todo eso por alguien más. Pero entonces, cuando finalmente lo encontré, aprendí la lección más importante de la noche, esa que nunca se me va a olvidar. Esa que me marco de por vida. Esa que cambió a la persona conocida como Elizabeth Cyel Ariadvel. Cuando finalmente, después de vagar toda la noche me topé con un esa vieja cabina telefónica, empañada por el frío despiadado, tras finalmente encontrar a Aleksai después de haberlo perdido, justo cuando estaba por saltar sobre él para abrazarlo... justo en ese momento escuché esas palabras.


Gracias, papá.


Y esa idea espantosa me asaltó.

Que después de todo si lo había perdido.

Aquel deseo estúpido se había cumplido después de todo.

¿No desaparecería Aleksai con papá y mamá al terminar la noche?

Era tan irónico, tan inesperado, tan amargo que solo quedaban ganas de reír.

No, fue una mentira. Lo que en realidad quería decir fue: solo quedaban ganas de llorar.

Y así lo hice. Me acurruqué a llorar. A partir de ese momento, recuerdo, con todas mis fuerzas... con todas mis malditas fuerzas empecé a odiar a mi padre. A ese maldito bastardo. En realidad, ¿No había sido todo culpa suya? ¡El se había ido! ¡Nos había abandonado! ¡¿Y ahora también quería quitarme a Aleksai?! ¡Maldito! ¡No le pertenece, es mío! ¡Es mi hermano, es mi Aleksai! ¡¿Cómo se atreve siquiera a considerarlo?! ¡¿Que ha hecho mi padre, que ha hecho ese sujeto por él?! ¡Ni siquiera fue capaz de darle un nombre!

Así que me decidí.

Y así de furiosa me levanté.

Y lo agarré por la mano y me lo llevé.

Y entonces, como había dicho antes, como debí aclarar desde el principio.

Aprendí la lección más importante, la que me marcaría desde ese momento en adelante y cambiaría completamente a Elizabeth Cyel Ariadvel.

En ese momento aprendí la frustración, el dolor, la desesperación, que me provocaría perderlo... en ese momento aprendí a valorar mi más preciada posesión: Aleksai.

El no dijo una palabra en todo el camino, ahora que recuerdo. ¿Tal vez me había escuchado deseando que desapareciera? ¡Que horror! ¿Y si vuelve a irse? ¡Que miedo, que horror, que insoportable! ¡No hay manera que lo soporte una vez más! El pánico empecé a carcomerme. Yo simplemente no sabía como actuar frente a él. Por días no fui capaz de hablarle, y siendo Aleksai tan indiferente como siempre ha sido, era de esperarse que el tampoco me dirigiera la palabra. Era de esperarse que recibiera mi castigo, supongo. Pero eventualmente el tiempo alivió las tensiones, reparó los vínculos, restauró la confianza. Y el resto... el resto es historia. Una insípida historia feliz de dos hermanos que nunca volvieron a separarse.

Eso por supuesto fue... hasta el 24 de agosto.

El día que desaparecí.


Hablando de desaparecidos, he vuelto, [Introduzca aquí tema "Satisfaction" de los Rolling Stones]. Finalmente he vuelto. Recargado, energizado, sodomizado, preparado, dinamizado, muy sodomizado, sexualmente excitado, ¡extremadamente sodomizado...! etcétera, he vuelto. Se que no me habrán extrañado, pero he vuelto, así que lloren, lloren y arrepiéntanse, ¡Aún no he muerto, risa macabra, risa macabra, más risa macabra!

Como sea.

Creo que el último capítulo, más específicamente hablando mis comentarios en pie de página del último capítulo, produjeron algunos malentendidos y nos encaminaron a aquello de la confusión. La confusión... o mejor, la errónea idea (o esperanza), de que este fanfiction terminará así de anticlimáticamente. Sea como sea, lamento desilusionaros, mis queridos lectores casuales, pero la historia no termina ahí. ¡Continuará! Si, continuará, pero... pero en vista de algunas incongruencias en la trama que detecte repasando los capítulos que he subido, me he propuesto corregir, y ya de paso, reestructurar, simplificar, y básicamente mejorar el mi trabajo. La trama como tal seguirá intacta pero, ya saben, haré algunos director's cuts para afinar el relato. Dicha labor, por cierto, no está completa (siendo honesto, ni remotamente cerca de estar completa), y como bien sabrán mis muchas inseguridades y defectos de carácter no me permitirían seguir adelante con la historia hasta terminar de revisar y corregir lo que llevo escrito hasta el momento, así que probablemente siga sin subir actualizaciones durante un breve (largo) periodo de tiempo, probablemente unas semanas (meses) que seguramente (a nadie le importará) os hará sufrir lo impensable.

A quien engaño, se que nadie me extrañará. De hecho no se ni porque escribo esto, es solo que yo... a veces me siento solo. Como sea. Diría que en unos días (¡Jajajajaja, días dice...!) terminaré los ajustes que tengo pensados para esta historia y podré así avanzar nuevamente. Pero pues, bueno, tengo otra historia... si es que me echan de menos, claro está. Si me echan de menos...

En cualquier caso, gracias por pasar por aquí, dejen review, o dejen un saludo, tal vez una crítica o si lo desean un abrazo... o una bofetada, y como consejo del día: no escupan contra el viento. No ganarán, se los aseguro.