Disclaimer: Los personajes y todo lo referente a Harry Potter pertenecen a JK Rowling.
15. VACACIONES
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La suave voz de Rosie los trajo de regreso a la realidad. Draco soltó a Hermione y se subió rápidamente los pantalones. La castaña por su parte, se vistió a toda velocidad antes de que Rosie volviera a llamarla. Ambos se quedaron petrificados y en silencio, las palabras del rubio aún resonaban en la cabeza de la castaña. De pronto, las mejillas de Draco se tornaron rojas cuando escucharon unos pasos en la planta alta.
-¿Mamá? -preguntó Rosie desde la planta alta. Hermione miró a Draco antes de caminar hacia las escaleras.
-Creo que lo mejor es que te marches -dijo la chica antes de salir al pasillo y subir las escaleras.
Draco arregló un poco su ropa y salió hecho una furia del lugar. El momento lo había traicionado, se había sentido cómodo con la castaña de nuevo en sus brazos y había bajado la guardia. Le dijo que la amaba. Le putas dijo que la amaba.
La había cagado. Y tal vez más magistralmente que la vez anterior.
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Hermione acomodó a Rosie de regreso en su cama y después de leerle un cuento, la niña se quedó dormida. Fue hasta que estuvo en la oscuridad de su habitación que dejó salir todo. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin tregua alguna, ella las dejó ser.
Le había dicho que la amaba. Draco Malfoy, el playboy millonario, el tiburón en los negocios, el frío y calculador casanova le había dicho que la amaba y ella se había quedado pasmada. ¿Pero qué más podía hacer? ¿Decirle que ella también lo amaba?
No iba a mentir. Le dolió que el rubio ni siquiera hiciera el intento por buscarla cinco años atrás. Sabía que fue ella quién se marchó pero, ¿qué le costaba demostrar que no quería que se fuera? En lugar de eso él grandísimo cabrón se dedicó a salir con modelos de piernas larguísimas y cuerpos perfectos.
Ahora estaba confundida. ¿Que se supone que debía de hacer? Cerró con fuerza sus muslos al recordar cómo se sentía tenerlo dentro de ella. ¡Maldito cabrón!
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Los días pasaron lentamente regresandolos a la monotonía. Draco regresó a Londres dos días después del encuentro con Hermione en su casa, tenía compromisos con los Krum y los Karkarov a los cuales ella no asistiría, cosa que agradeció porque no sabía ya cómo comportarse frente a él.
Hermione se hundió en su trabajo. Había comenzado a ejercitarse cada que comenzaba a pensar en él rubio como un método de escape. No quería pensar en él ni en lo que pudo o no pasar entre ellos. Tal vez eso era lo mejor para ambos.
Siempre creyó que cuando dos personas estaban destinadas a estar juntas el universo se encargaba de juntarlas. Ahora no sabía qué creer. A sus casi treinta años ya sabía lo que era estar enamorada, también lo que era estar casada con la persona incorrecta y de cuántas formas uno podía sufrir por amor.
Volvió a suspirar. Draco Malfoy solo aparecía en su vida para complicarla. Lo había hecho cinco años atrás y ahora lo hacía de nuevo.
Y a pesar de eso, añoraba con todo su ser el toque del rubio. Sus besos, su piel y su masculino aroma. Extrañaba despertar a su lado y observar su respiración acompasada en las primeras horas del día antes de que el despertador comenzara a sonar, el brillo de las pestañas del rubio en las primeras horas de la mañana cuando el sol entraba por la ventana o la tierna sonrisa que le dedicaba a una muy dormida Rosie después de leerle un cuento.
Las primeras semanas después de regresar a Londres Rosie no dejó de preguntar por el rubio. Su hija y Draco habían desarrollado una hermosa relación que ella no comprendió del todo. Cuando Draco llegaba al apartamento después de un día de arduo trabajo la primera en recibirlo era Rosie, quién corría a sus brazos gritando «Daco, Daco» justo en el momento en que el rubio se agachaba para tomarla en brazos y levantarla. «¿Cómo te portaste hoy, pequeño dinosaurio?», solía preguntarle antes de llenarla de besos. Después se acercaba a ella en la cocina y la saludaba con un tierno beso.
Draco solía ser quien acostaba a Rosie, le leía un cuento hasta que la niña se quedaba profundamente dormida para después unirse a ella en la ducha. Los fines de semana era Draco quien levantaba a Rosie haciéndole cosquillas para después llevarla en pijama a la cocina donde Hermione los esperaba haciendo el desayuno. Esos meses que vivió en New York junto al rubio y Rosie quedaron grabados en su memoria y su corazón con fuego. Fueron una familia por un breve periodo de tiempo, una familia como la que su hija siempre debió de tener y eso ella jamás lo olvidaría.
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Draco miró de mala gana su móvil; tenía diez minutos sonando persistentemente, mismos díez minutos que tenía siendo ignorado. Sabía quién llamaba y lo que menos le apetecía al rubio era hablar con esa persona. Tomó el maldito aparato y lo guardó en el fondo de un cajón de su escritorio. No tenía ganas de hablar con la chica que lo llamaba insistentemente, si no le quedó claro el motivo de su ruptura, por decirlo de alguna forma, no era su problema, era de ella.
Se levantó de su escritorio y subió a su jardín privado. La tarde era fresca, estaban a medio otoño y la lluvia había dejado de caer una media hora atrás. Respiró el aire frío y se pasó las manos por el rostro y el cabello tratando de despejar su mente.
Hacía un mes que regresó de Bulgaria. Los primeros días peleó con las ganas de pedirle a Theo el número telefónico de Hermione pero el orgullo pudo más y finalmente desistió de esa idea. Pero ni eso hizo que la sacara de su cabeza. Al poco tiempo terminó la relación informal que mantenía con una bonita modelo alemana que conoció en una cena meses atrás sin darle mayores explicaciones, la chica buscaba algo más serio y él estaba cansado de las bonitas cazafortunas que lo único que buscaban era un anillo de diamantes que él no estaba dispuesto a darles.
Por eso sus relaciones no prosperaban. Las chicas ponían todo su empeño en mantenerlo satisfecho esperando que con eso algún día Draco les entregara un anillo de compromiso a pesar de que el rubio siempre fue claro con ellas desde un principio dejando fuera la ecuación del matrimonio. Con una Astoria en su vida era suficiente.
Y no es que no quisiera casarse. Solo no quería casarse con ellas. Suspiró al recordar la mujer con la que sí se casaría.
Solo había dos problemas, ella vivía en otro maldito país y él era un estúpido. La había tenido de nuevo entre sus brazos, pudo tratar de solucionar las cosas entre ellos pero lo único que hizo fue arruinar aún más, si es que se podía, las cosas entre ellos. Las palabras de Rosie en el restaurante lo atormentaban todo el tiempo. No podía dejar de pensar en ellas, en sus dos mujeres. En los desayunos domingueros en pijama mirando una película o dibujos animados o en los paseos por Central Park. En las noches de sushi en su loft o en las noches de películas en el de Hermione.
Volvió a suspirar. ¿Cómo fue lo suficientemente estúpido para dejar escapar lo más hermoso que le había pasado en la vida? La arrogancia y el orgullo lo habían traicionado. Se dejó llevar por el enojo y se dio cuenta muy tarde de lo que perdió. Amaba a Hermione, no supo cuándo, ni cómo, pero se enamoró perdidamente de ella. Lo que al principio fue una atracción un tanto extraña y un capricho, con el tiempo se convirtió en amor y admiración por la chica. Negó sus sentimientos por mucho tiempo, y fue lo suficientemente estúpido como para darse cuenta de ellos demasiado tarde.
Daría todo su dinero por poder regresar en el tiempo y hacer las cosas diferente. Pero desgraciadamente, eso no se podía. Y ahora solo le quedaba vivir con el arrepentimiento que lo carcomía por dentro. Al menos ahora ella estaba al tanto de sus sentimientos. Aunque no fueran correspondidos. No importaba.
Miró las pequeñas rosas rosas que parecían burlarse de él y no pudo contener una sonrisa triste. Lo único que había hecho después de regresar a Londres había sido llenar su jardín privado con rosas como una forma de tortura y recordatorio de qué tan imbécil podía llegar a ser uno en la vida y como homenaje a la niña que le hizo reconsiderar la paternidad.
Jamás se miró a sí mismo como padre hasta que un día se vio jugando al salón de belleza con Rosie y descubrió que lo disfrutaba aún más de lo que disfrutaba trabajar y eso ya era decir mucho. Tal vez su fobia a reproducirse venía del miedo que tenía de ser como sus propios padres, fríos y ausentes. Disfrutó de saber que no sería así. Sin embargo, dudaba mucho que a sus cuarenta y tres años sería padre. Ya había hecho la paz con eso.
Bajó un poco más calmado. El aire frío le despejó la cabeza a la perfección tal como esperaba. Se sentó en su escritorio de nuevo y comenzó a trabajar como si nada hubiese pasado. Pasaron horas y Draco apenas lo notó. Estaba tan ensimismado en su ordenador que cuando menos lo notó ya pasaba de la media noche. Se enderezó en su lugar y se estiró con pereza, la espalda comenzaba a dolerle un poco por la rígida posición en la que había estado sentado.
Después de beber un poco de agua se levantó y salió al pasillo desierto, caminó distraídamente hacia el ascensor silbando una canción infantil inconscientemente. Llegó a su camioneta y se subió sin mirar a su alrededor, encendió el automotor y arrancó aún silbando la canción que solía ser la favorita de Rosie. No supo si fue el cansancio lo que lo llevó a marcar el número de la castaña. Simplemente lo hizo y no pudo evitar sonreir al escuchar la adormilada voz de Hermione respondiendo el móvil.
-¿Hola? ¿Malfoy?
-Hola Granger.
-¿Ya viste que hora es?
-Casi la una, ¿allá?
-Casi las tres. Más te vale que sea importante, Malfoy, o te juro que iré a Londres a cortarte las bolas.
-Tan linda como siempre, Granger. Extrañaba tus amenazas -dijo juguetonamente, Hermione bufó-. Te llamaba para preguntarte si tú y Rosie quieren pasar unos días en Grecia. Ya casi es el cumpleaños de Rosie y qué mejor que pasarlo de vacaciones.
-¿Unas vacaciones? ¿Contigo? ¿Y por qué querría Rosie ir a Grecia contigo? Apenas y te recuerda -mintió la chica. Draco bufó.
-Sabes tan bien como yo que estás mintiendo. Y las orejas se te ponen rojas cuando mientes.
-¡No es verdad!
-Vamos Granger, quiero limar asperezas. ¿Por qué siempre eres tan difícil?
-¡Oh! ¿Yo difícil?
-¿Qué dices, Granger? ¿Unos días en Grecia para comenzar de cero? -Hermione se quedó en silencio pensando. No estarían mal unas vacaciones en Grecia pero tampoco quería que su hija se encariñara de nuevo con el rubio. ¿Podrían alguna vez hacer las paces?- ¡Mierda! -gritó el rubio al sentir el golpe en su costado. Un coche que venía a exceso de velocidad por Queen's Gate y que se pasó la luz roja lo impactó de lleno en el costado.
-¿Malfoy? ¿Está todo bien? -preguntó la chica aterrorizada al escuchar el golpe- ¡MALFOY CONTESTA, ¿QUÉ PASÓ?! -escuchó Draco gritar a Hermione del otro lado de la línea antes de que la comunicación se cortara.
Hermione se quedó helada en su cama. Draco acababa de tener un accidente automovilístico y ella había escuchado todo. Se dio cuenta que sus manos estaban temblando cuando el móvil se le cayó de las manos. La llamada ya había finalizado pero ella escuchaba todo una y otra vez en su cabeza. Trató de controlar sus nervios, eran casi las tres de la mañana en Sofía, casi la una en Londres, ¿que había estado haciendo Draco en la calle a esa hora?
Tomó su móvil del suelo aún con las manos temblorosas y marcó el número de Theo. El castaño respondió al quinto timbrazo de mal humor.
-¿Esta todo bien, Hermione?
-¡Theo! Oh Theo, dios -se quebró la castaña y comenzó a llorar-, debes de ayudarlo…
-¿A quién? -preguntó ya alarmado el castaño.
-Draco, él…
-¿Ahora que hizo?
-¡No! Él, está… ¡Oh dios Theo!
-Tranquilizate Hermione, respira y dime qué ha pasado. ¿Está en Sofía?
-¡No Theo! Necesitas encontrar a Draco, él...
-¡¿Qué?!
-Draco, él… tuvo un accidente, lo escuché todo. Estábamos hablando. ¡Debes de ayudarlo!
-Tranquilízate, ¿sí? Llamaré a Lucius y lo encontraremos. Todo va a estar bien.
-Iré inmediatamente a Londres.
-Espera, no te aceleres, ¿si? Dejame localizarlo y te digo que tan grave es. De seguro no fue nada grave pero por favor primero tranquilizate, por tu bien y el de Rosie, ¿ok?
-¡Prometeme que me llamarás en cuanto sepas algo!
-Lo prometo.
Hermione no pudo pegar el ojo el resto de la noche. Con los nervios de punta pasó el resto de la noche en la sala mirando el televisor en el canal de noticias internacionales. Cerca de las nueve de la mañana en Sofía el presentador del noticiero de la BBC Londres anunció que el magnate de negocios y multimillonario Draco Malfoy había tenido un aparatoso accidente en la intersección de Queen's Gate y Cromwell Road, la prensa aún no tenía información sobre el estado de salud de Draco o de los otros ocupantes. Señalaron que el alcohol había estado involucrado. Hermione se mordió los labios nerviosa, Draco no solía conducir alcoholizado y cuando ellos habían hablado estaba sobrio.
Su móvil posaba silencioso frente a ella en la mesita de centro. Hermione había tratado de parecer tranquila cuando Rosie despertó para ir al colegio y durante el camino al mismo, sin embargo, su hija era demasiado inteligente y había notado que algo le pasaba. Le prometió que no era nada y la dejó en el colegio tratando de calmarse, lo menos que quería era tener un accidente automovilístico por andar con los nervios de punta.
Llamó a su secretaria para informarle que no se sentía bien y que no iría a la oficina ese día, también llamó a Viktor para decirle lo que había pasado. El búlgaro comprendió e incluso le pidió que lo mantuviera informado. Miró su taza de té, ya helado, a un lado de su móvil y gimió por cuarta ocasión. Los nervios la habían hecho vomitar ya dos veces y no se sentía del todo bien. Ya no soportaba estar más tiempo esperando pero tampoco sentía correcto llamar a Theo para exigirle una respuesta. Pero ya no aguantaba más.
Corrió de nuevo al baño y vomitó, o al menos trató, por quinta ocasión. Ya no tenía nada en el estómago pero los nervios la tenían enferma. Se miró en el espejo, estaba pálida y ojerosa, se veía y sentía de la mierda. Justo en ese momento escuchó el sonido inconfundible de su móvil y corrió a la sala a responder.
-¿Theo?
-¿Estás bién? -preguntó el castaño preocupado.
-Sí. ¿Ya sabes algo?
-Necesito que te sientes, Hermione -pidió el castaño. Las piernas comenzaron a temblarle por lo que se sentó antes de que le fallaran.
-Estoy sentada. ¿Draco está bien?
-Por el momento, pero está muy grave. El auto que lo chocó dio de lleno en el lado del conductor. Tiene varios huesos fracturados, un pulmón perforado y el cerebro inflamado. Le indujeron el coma.
-Arreglaré quien cuide a Rosie y me voy para allá.
-No te precipites, Hermione. Necesito que estés tranquila.
-No puedo estar tranquila, Theo. ¿Que pasa si muere? No me perdonaré jamás no estar a su lado.
-Está bien, como tú decidas. Solo necesito que te tranquilices, nerviosa te pones en peligro y tu hija te necesita. ¿No crees que lo mejor es que la traigas contigo? Estoy seguro de que tu padre estará contento de cuidarla unos días y de esa forma no la dejas sola en otro país al cuidado de extraños.
-No quiero meterla en esto…
-Claro. Es tu desición. ¿Pero crees que estarás tranquila sabiendo que ella está allá sola mientras no sabemos qué pasará con Draco?
-Nada le pasará, saldrá de esto y volverá a ser un dolor en el trasero como siempre -dijo ella levantándose como un resorte. Inmediatamente se arrepintió. Las náuseas regresaron y corrió al baño-. Oh mierda…
-¿Qué pasa, Hermione? ¿Estás bien?
-Si.. lo siento. Los nervios.
-Por favor tranquilizate, ¿ok? Enviame los datos de su vuelo para ir por ustedes al aeropuerto.
-Mantenme al tanto, por favor.
-Así será.
-Gracias Theo.
-Gracias a ti por avisarme, Hermione.
Colgaron el móvil y Hermione se mojó la cara de nuevo. Tenía que estar en Londres lo antes posible. Draco se debatía entre la vida y la muerte y nada le podía quitar de la cabeza que había sido su culpa. ¿Y si Draco hubiese podido esquivar el golpe pero no lo hizo por venir hablando con ella en el teléfono? Jamás se lo perdonaría. Pero Draco era fuerte y saldría de esta, ella lo sabía.
¿Pero y si no? ¿Podría vivir sabiendo que jamás volvería a estar junto al hombre que amaba? Porque, ¡diablos como lo amaba! Condenado rubio egocéntrico, mandón y sensual, tenía que salir de esta. Juraba por todo lo sagrado que cuando estuviera sano iría con él de vacaciones a donde él quisiera y llevaría a quién él quisiera. Pero tenía que mejorarse.
El mundo aún no tenía suficiente de Draco Malfoy.
Hola Chicas, ¿cómo están? Aquí les traigo otro cap chiquito. Y diganme, del uno al diez, ¿qué tanto me quieren matar en estos momentos? Jejeje.
Gracias, como siempre, por sus hermosos reviews. Me los leo todos y me hacen el día. Amo leerlos la verdad.
Con cada capi vamos descubriendo más el tipo de relación que tenían Draco, Rosie y Hermione en New York y partes de sus rutinas, ¿les hubiera gustado leer eso en algún capítulo? ¿Ustedes imaginaban que el rubio se portaría así con Rosie o como se imaginaban ustedes la relación Rosie-Draco?
Dejenme sus teorias, opiniones y regaños en los reviews.
Un beso! Kat
