Bueno chicos, finalmente terminamos este arco.

Que puedo decir... al fin me saqué esta espina del culo, por Ala. Casi me da una hemorragia cerebral terminando de arreglar los detalles y hacer coincidir cuanta tontería se me pasó por la cabeza. Gracias por seguirme hasta aquí, a todos los que hayan seguido esta historia, que decir, me siento algo realizado... aunque como tal la historia esté lejos de terminar (por desgracia). Sea como sea, si me tome el atrevimiento de escribir este pequeño parágrafo fue para aclarar algo que yo diría es importante. Me parece importante así que lo escribiré una vez más con mayúsculas: ES IMPORTANTE. Es esto: Evan Collins solo venció 2 invocadores en Norteamérica, no 3. Hay una inconsistencia en los capítulos que arreglaré próximamente. Y también esto, Evan Collins debía morir a las 7:10, no a las 7:45 pm.

Eso era todo, vamos con el disclaimer que seguramente nadie leerá.

Como bien saben, esto es una parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot Games ni asumo derechos sobre la propiedad de ninguno de los personajes aquí presentado, excepto aquellos de mi propia autoría y la historia misma. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo está historia sin importancia.


Capítulo 9.7: Los hombre muertos no cuentan cuentos


Ahora que recuerdo, el 24 de diciembre de 1999 tuve un extraño deseo. Oh, ¿Es esto lo que suele llamarse "deja vu"? Vaya, sé que ya había hablado sobre antes, pero a mi juicio no sobra decirlo una vez, pues en serio fue un extraño, extraño deseo. En eso pensaba yo, casi 17 años después, el anterior 11 de septiembre, a las 6:10 de la tarde, 1 hora antes del primer combate contra el infame nosferatu, el invocador inmortal que ya ha vencido a 2 campeones y a sus 2 invocadores. Lo raro que había sido de mí el desear algo como eso tan apasionadamente. Durante tanto tiempo estuve pensando y pensando, buscando alguna explicación para tan anormal conducta, esculpiendo explicaciones en los fragmentos dispersos que descansaban en el fondo de mi memoria, más ninguna respuesta me satisfacía.

Y por sorprendente que parezca, justamente ese día me volvió a asaltar aquel ímpetu.

Pues si no recuerdo mal, en ese momento yo estaba en el teléfono.

Haciendo una llamada a un hombre llamado Ciro Dimitri.

Ese día volví a romper mis votos con Elizabeth.

Pero no podía hacer nada al respecto.

Pues para salvarla necesitaba saber.

Si acaso mi padre me ayudó.

A salvar a Evan Collins.

Para salvarla a ella.

Y lo que escuché fue:

—Hola, hijo…—

—Ah, Dimitri. Siempre un placer, querido de mi corazón—

Qué momento histórico. A quien sabe cuántos miles de kilómetros, y por mi primera vez desde hace más de 15 años, escuché la voz de Ciro Dimitri Ariadvel, mi padre. Vaya, pues que nostálgico. Que nostálgico es hablar de nuevo con él. Que nostálgico es necesitar una vez más de su favor. Que nostálgico es decir "Ariadvel", después de tanto tiempo. Aunque fuera el apellido que rechacé. Aunque no tuviera el menor interés en reparar ese vínculo. Aunque no hubieran suficientes recuerdos para ameritarlo.

A pesar de todo, realmente fue algo nostálgico.

—¿Cómo ha estado Eli-? ¿Cómo ha estado tu hermana? ¿Se encuentra bien?— Preguntó mi padre.

—Oh, pues tu sabes, igual que mama. En manos de un psicópata hijo de puta enfermo e inestable— Respondí.

—Ah, ya veo, entonces debe estar contigo, me alegra que esté a salvo— Replicó mi querido padre.

—¿Y mamá? ¿Qué ha sido de ella?—

—Pues… —Murmuró Ciro—. Han sido años difíciles. A veces los recuerda… a veces, cuando despierta dice sus nombres, los busca… parece que sigue siendo difícil para ella, ¿No? —Mi padre, Ciro, hablaba algo distraído, como si estuviera recordando memorias que ocurrieron hace tiempo. Solo había hablado con mi padre una vez en toda mi vida, y para ser honesto, nuestra conversación no distaba mucho de lo que sería la charla entre dos desconocidos, pero la familia es una cosa extraña. De alguna manera existe un vínculo que nos hace sentir que conocemos todo del otro… aunque fuéramos tan lejanos. Algo así de extraño es la familia. Como sea, mi padre pronto recuperó el buen humor, e indiferentemente exclamó—. ¡Pero vaya, realmente das miedo, chico! Realmente fueron 17 años, justo como dijiste—

—Realmente fueron 17 años, justo como dije— Repuse pausadamente.

—Y pensar que volvería a escuchar esa voz infantil solo para verla convertida en la voz de todo un hombre, que nostalgia, que nostalgia…— Comentó mi padre sin parecer realmente conmovido.

—Sí, es realmente nostálgico. Bueno, no hay tiempo que perder, querido Ciro. Como ya sabrás quiero saber si encontraste a la mujer de la que te hablé hace 16 años, si no estoy mal su nombre era…—

—Stefanie Wenders —Dijo mi padre—. Una graduada de la universidad de Boston entusiasta del cine alemán con mucho talento. Tras graduarse en 1984 emigró de Estados Unidos y se estableció en un apartamento en Berlín durante 15 años. Aunque tenía un futuro tan prometedor por delante, un dia decidió dejarlo odo repentinamente para regresar a su natal américa. Como dije la primera vez que hablamos, Aleksai, tu solicitud fue cumplida. ¿Qué más me queda por decir…? ¿Tal vez…?—

—De nada, sí —Esta vez quien completó la frase fui yo. "De nada". Finalmente entendí esas palabras a las, que, durante 17 años, no pude darles sentido. Ahora, después de tanto tiempo, sé que contestar. Sé exactamente las palabras que debo utilizar—. Te lo agradezco mucho, padre, tienes mi más sincera gratitud. Ahora ya no tengo nada más que pedirte—

—Sí, entiendo. Acepto tu gratitud, hijo —Respondió mi padre desde la bocina del teléfono—. Sé que es imperdonable decir esto ahora… pero creo que no volveré a tener la oportunidad para decirlo, así como seguramente tú también lo pensaste al agradecerme… así que permíteme decirlo claramente —Con repentina seriedad, con una voz tan rígida y firme como el acero, mi padre dijo, para entonces colgar— Realmente lo siento, por todo—

Fue lo que dijo Ciro Dimitri.

Fueron las últimas palabras que escuché de aquel hombre que, deben saber, fue mi padre.

Al terminar de hablar, como ya sabrán, me embarqué junto a Akali hacia el enemigo, hacia Evan Collins. Y así, dimos inicio a esta loca semana, con una loca determinación.


Nuevamente un placer, invocadores.

Akali, el puño de la sombra, reportándose una vez más.

Estoy aquí para finiquitar este asunto. Para terminar de una vez por todas esta miserable historia que nunca debió ser escrita. Así que permítanme, por favor, tomarlos de la mano y llevarlos directamente a esa noche, ese 18 de septiembre en el que, después de combatir a Evan Casimir Collins durante 7 noches, bajo la lluvia y bajo la noche, por última vez enfrentamos a Evan Collins, el que es llamado "asesino de campeones".

Todo inicio con esa orden.

—Mátalo—

Justo después de escuchar esas palabras, tal y como había ordenado Aleksai, asesiné a Evan Casimir Collins cortándole la cabeza ante la horrorizada Elizabeth, que apenas tuvo tiempo de gritar. No me tomó ni siquiera un segundo hacerlo. Fue algo mucho más fugaz. Así de rápido perdió Evan Collins la cabeza. Así de rápido murió. Pero no habría alcanzado a posar mis pies nuevamente sobre el suelo para cuando la cabeza de "nosferatu" regresó a su lugar, y solo unos instantes después contraatacó.

Se arrojó de frente contra mí intentando alcanzarme con el puño desnudo.

No me di por sorprendida e inmediatamente sujeté su brazo y lo quebré bajo mi axila. Mi oponente soltó un grito de dolor, más pronto se recompuso, y aún sin regenerar su brazo destrozado, intentó alcanzarme con una patada circular que completó su trayectoria sin golpear nada.

Evan levantó la mirada.

Me encontraba a unos 4 metros de él.

Fue porque salté para esquivar la anterior patada.

Recorrí el lugar con la vista y, en la distancia, observé la figura de Elizabeth, la hermana de Aleksai, quien no fue capaz de sostenerse en pie. Como bestia, con sus cuatro extremidades en el suelo, ella vomitaba y vomitaba llena de pavor. Hasta el momento, esa mujer nunca había visto un combate real, nunca había visto una herida mortal y nunca había visto a nadie morir. Su delicado estomago no fue capaz de soportar el hedor de la sangre fresca. Me deleité contemplando el sufrimiento de esa mujer maldita que alegaba proteger a Aleksai, aunque no era capaz siquiera de ver la muerte a la cara. Sonreí con satisfacción al comprender que esa desgracia de mujer no estaba hecha para estar al lado de Aleksai.

Solo yo podría estar junto a él.

Pues somos del mismo tipo.

—¡Hyaargg…!— Exclamó Evan en un torpe intento de atacarme.

Con su brazo aún pulverizado, insistió vanamente con su brazo restante. No me costó trabajo evitar sus golpes lentos y predecibles, y pronto destrocé no solo su otro brazo, sino también sus piernas y sus ojos. Evan gritó lleno de dolor, y en respuesta, Elizabeth se encogió cerrando los ojos y cubriendo sus oídos. En verdad que es una mujer débil, pensé. Zilean por su parte cumplió con su labor y restauró el destrozado cuerpo de Evan, quien se levantó inmediatamente y reinició su ataque, pero sus esfuerzos no cambiaron el resultado. Destrocé y destrocé su cuerpo, una y otra vez, hasta que no le quedaba más opción que recurrir a Zilean para rebobinar el tiempo.

—Aún no— Murmuré.

—Not yet— Murmuró Evan a modo de respuesta.

—…—

La batalla se extendió durante varios minutos bajo esa misma premisa. Evan atacaba y atacaba desesperadamente solo para terminar como una pulpa sangrienta bajo mis manos. Algo estaba mal.

—¡Arrrgg…!— Rugió el corredor de bolsa en otra arremetida.

Lo siguiente que se escuchó fueron los huesos de sus costillas quebrándose al mismo tiempo, pues respondí con una potente patada en su costado. Sin embargo, se levantó, y aun tan lastimado como estaba se arrojó indiferentemente al fragor del combate nuevamente. Algo estaba mal. Hasta ese momento, Evan siempre rebobinaba el tiempo al sufrir cualquier herida por insignificante que esta fuera, pero ahora insistía en combatir hasta prácticamente morir de dolor.

¿Por qué lo hacía? ¿Qué necesidad tiene de hacerlo? ¿Acaso se estaba conteniendo? ¿Estaba ahorrando energías?

En busca de respuestas gire mi rostro hacia Aleksai.

—No importa, continua— Respondió el percatándose de mi inseguridad. Vaya, cuantas veces le he dicho que no vaya leyendo mi mente así como así.

En cualquier caso, obedecí. Me mantuve combatiendo usando el mínimo de energía posible, manteniendo una clara superioridad sobre Evan, hasta que eventualmente, tal como Aleksai me advirtió, este empezó a ganar terreno. Poco a poco, a un ritmo casi imperceptible se fue volviendo más y más agudo, más perceptivo, más agresivo y más contundente. Para cuando hubieran transcurrido unas 2 horas de interminable combate, habiéndolo asesinado unas 30 veces, Evan resurgió de entre la muerte con más fuerza. Se me dificultaba matarlo. En respuesta aceleré el ritmo, hasta que, eventualmente, me hallé luchando al tope de mi capacidad física.

La pelea ahora estaba muy igualada.

Tal como Aleksai predijo, Evan Collins se sincronizó con Zilean completamente.

Entonces sonrió, probablemente recordando los resultados anteriores. Seguramente pensó que el combate inevitablemente terminaría igual que los anteriores días: con su victoria.

Desde un principio mi especialidad nunca han sido los combates prolongados, para empezar, pero tengo que reconocer que, a ese nivel, incluso si me encontrara completamente descansada, Evan sería fácilmente capaz de vencerme. En otras palabras, ahora mismo él es más fuerte de lo que yo soy estando en el pináculo de mi vitalidad, y los golpes cada vez más frecuentes sobre mi cuerpo me lo estaban probando.

—Estás perdida. Sabes bien cómo va a terminar esto, señorita Akali— Dijo el gigantesco hombre presionándome hasta mis límites.

—Tienes razón —Contesté con resignación—. Debo reconocer que físicamente eres superior a mí ahora mismo—

—Entonces, ¿Por qué resistirse más?— Repuso Evan lanzando un puñetazo hacia mi rostro, que me vi obligada a bloquear.

—Porque… no, no es el momento. Aún no es el momento—

Evan estaba sincronizándose más y más con Zilean, y no solo eso. Además de poder predecir mis ataques y evasiones, también era endemoniadamente veloz. Zilean había acelerado su reloj interno, y como resultado una lluvia de golpes cayó sobre la impávida de mí. Todo lo que pude hacer fue resistir con la guardia en alto.

—A-Aleksai —Dijo Elizabeth junto a Zilean de repente—. Creo saber lo que intentas, debes tener algo preparado… pero no te va a funcionar. Ya he hecho los cálculos, aún si tu amiguita tiene algo bajo la manga, o incluso si tú mismo te has guardado una carta del triunfo para vencer, no serán capaces de ganar—

—Elizabeth… estoy seguro que has pasado una cosa por alto— Respondió Aleksai sin apenas inmutarse.

—No hay manera —Replicó la Ariadvel mayor—-. Me conoces bien. Se perfectamente de lo que es capaz esa mujercita a la que llamas aliada—

—Hay es justamente donde te equivocas— Insistió mi invocador. Silenciosamente asintió con su cabeza hacia mí, y entonces…

—¡AAAAARRRRRRGGGGG…..!— Gritó Evan desgaritadamente.

—¡¿Pero qué…?!— Balbuceó Elizabeth.

Evan murió, y murió, y murió, y murió, y murió al menos unas 10 veces seguidas. No era capaz ni de levantarse.

—Elizabeth, puede que te hayas documentado concienzudamente acerca de las habilidades de Akali. Puede que sepas todo lo que dice el juego sobre ella, pero cometiste un error —Declaró Aleksai—. Evan no. Evan Casimir Collins es un idiota simplón, probablemente el haya pensado todo este tiempo que todo el tiempo que luchó contra Akali ella había usado todos sus poderes. Este es el resultado de una mejor apuesta—

Una gota de sudor recorrió el rostro de Elizabeth.

Una gota de sudor recorrió el rostro de Elizabeth que impávida me observaba desaparecer entre las sombras una y otra vez, a tal velocidad que Evan no era capaz de reaccionar ni siquiera con la ayuda de Zilean. Evan se levantó y dio un salto hacia atrás intentando hacer algo de distancia, pero fue inútil, pues arroje una decena de cuchillas hacia él que, sin falta, se enterraron dolorosamente sobre su carne. Apenas alcanzó a gritar "¡Zilean!" antes que una patada por mi parte lo enviara una vez más al averno.

—Es… simplemente… —Murmuró aquella mujer maldita sin poder creer lo que veía. Se mordió los labios y ordenó a Evan—. ¡Que no te tome por sorpresa, aumenta tu velocidad, sincronízate más a fondo con Zilean!—

Evan correspondió diligentemente a sus exigencias y sorprendentemente rompió aún más sus propios límites, tanto que fue capaz de ponerse al día conmigo una vez más, aunque no pudiera hacer más que defenderse.

—Mantente así, ella carece de resistencia, se cansará pronto— Continuó Elizabeth.

Evan apretó los dientes y forzó aún más su vínculo con Zilean. En vista del curso que estaban tomando los eventos, y a sabiendas que efectivamente esa maldita mujer tenía razón, disminuí mi consumo de energía y utilicé otra de mis habilidades que, según Aleksai era una debilidad absoluta de Evan.

—¡Bomba de humo!— Exclamé.

El lugar entero quedo sumergido en las tinieblas. Según Aleksai, Zilean, y por añadidura Evan Collins, no es ni omnisciente ni omnisapiente. Solo puede predecir el futuro de lo que puede ver. Por lo tanto, ahora que había envuelto el campo de batalla entre las sombras, estando completamente ciego, el probablemente no sería capaz de usar su molesta precognición para adelantarse a mí. En otras palabras, una de sus mejores cartas había quedado completamente inutilizada. Resultó ser tal y como mi invocador había predicho, Evan no fue capaz de defenderse de mí, y así de fácil como lo digo, murió y murió, y lo maté y lo maté, y gritó y gritó incontables veces.

—¡En verdad que es una maldita muy difícil! —Exclamó Elizabeth, más, sonriendo repentinamente señaló el cielo completamente despejado sobre nuestras cabezas— Pero ya me lo esperaba, Aleksai. Te dije que ya lo había calculado todo ¡Zilean, hace 2 días estaba lloviendo violentamente, así que rebobina el estado del clima, que vuelva la tormenta!—

—Maldición…— Murmuró Aleksai.

—¿Qué está…? —Balbuceé cuando, de repente sentí gotas de lluvia sobre mi espalda. Al levantar la vista me encontré con que la noche despejada se había nublado repentinamente. Zilean había alterado el clima usando sus poderes sobre el tiempo. Pronto, la tímida llovizna se convirtió en una feroz tormenta huracanada, justo como hace dos días, y aunque me sentí algo intimidada ante semejante manifestación de poder no me deje amedrentar, y con energía exclamé—. ¡Esto no cambia nada, Elizabeth!—

Elizabeth me observó con frialdad y con majestuosidad sentenció:

—Esto lo cambia todo—

—¡¿Pero qué…?!— Exclamé estupefacta.

La tormenta que aullaba furiosa sopló sobre nosotros y despejó la cortina de humo que utilicé para cegar a Evan. Mi mejor carta había sido anulada por completo. Reconozco que sentí algo de pánico al ver como la niebla era dispersada por el infernal viento que se arremolinaba sobre el lugar, pero no por perder mi mejor oportunidad de vencer. Lo que me produjo pánico fue darme que esa mujer demoníaca había contrarrestado tan fácilmente mis planes. No obstante, me negué a aceptarlo, y obstinadamente volví a gritar:

—¡Te dije que esto no cambia nada!—

Inmediatamente me lancé contra Evan colándome en las sombras para atacarlo indiscriminadamente desde todas las direcciones posibles. Evan no fue capaz de defenderse, pero Elizabeth no había terminado.

—¡Zilean! —vociferó esta—, olvídate de la precognición de Evan por ahora, solo ocúpate de resucitarlo y acelerar sus movimientos—

—Señorita Elizabeth, sincronizarme con 2 personas al mismo tiempo no es una labor sencilla. Para mantener el nivel de combate actual, la precognición que puedo otorgarle a usted será muy limitada, la truncada sincronización entre nosotros funcionará a menos de la mitad de su capacidad normal. En otras palabras, la precognición de la que usted gozará se verá tremendamente debilitada. La carga sobre su cerebro será…— Advirtió el anciano en la más absoluta calma.

—No importa —Contestó Elizabeth—. Tú solo preocúpate de sincronizarte conmigo, yo me encargaré del resto—

—De acuerdo—

Pasaron algunos segundos, y entonces:

—¡Evan, huye una dirección aleatoria inmediatamente!— Exclamó la joven Ariadvel.

—¡Got it!— Ladró Evan.

—No voy a permitir eso— Articulé en respuesta algo irritada. Mientras intentaba hacer distancia entre nosotros, arrojé una cuchilla apuntando directo a la nuca de Evan pero, incluso antes de que el proyectil abandonara mi mano, Elizabeth exclamó:

—¡Agáchate!—

Evan, quien acorde a su papel de asalariado era bastante bueno siguiendo órdenes, inmediatamente se encogió y evitó la mortal cuchilla. Arroje una decena de cuchillas más, pero para mí sorpresa se repitió el mismo proceso que se dio con la primera. Bajo las ordenes de Elizabeth, Evan increíblemente evitó todos mis proyectiles.

—¡Cómo diablos puede ser tan precisa si se acaba de sincronizar con Zilean! ¡Ella… ella ni siquiera es una invocadora!— Exclamé sin dar crédito a mis ojos. Ahora entiendo porque Aleksai la alababa tanto. Primero lo de la tormenta, y ahora esto ¡Ser capaz de sincronizarse con un campeón a ese nivel, sin ser una invocadora o por lo menos haber practicado con anterioridad… que monstruoso talento! ¡En verdad es una genio! ¡Incluso a un invocador superior debería tomarle algunos minutos poder sincronizarse con Zilean y utilizar su habilidad plenamente! Lo digo en serio, aunque sea una habilidad tan poderosa, ver el futuro y ser capaz de responder con tanta velocidad es extremadamente difícil, pues el ser humano simplemente no está acostumbrado a percibir eventos que aún no han pasado.

Es más complejo de lo que parece.

Por eso a Evan le toma tanto tiempo sincronizarse con Zilean.

Es más, de todas sus habilidades, la más complicada de dominar probablemente es la precognición. Solo imagínense si de repente todo lo que vieran estuviera adelantado algunos instantes… solo caminar debería ser todo un reto. Pero, ella no solo dominó instantáneamente dicha habilidad, ¡sino que lo hizo aunque no estuviera funcionando ni a la mitad de su capacidad! ¡Zilean mismo lo dijo, es difícil hasta para él sincronizarse con dos personas al mismo tiempo!

—Que… que monstruosa es...— Atiné a decir.

—Ciertamente —Respondió Zilean desde la lejanía—. Conectarme a dos personas al mismo tiempo es extremadamente difícil, pues significa concentrarse en 2 procesos al mismo tiempo… pero la señorita Elizabeth es tan hábil que apenas y me estoy esforzando en mantener la sincronía con ella—

—¡¿Qué diablos quieres decir?!— Vociferé aun manteniendo a raya los embates del Evan dirigido por Elizabeth.

—Estoy dirigiendo el más del 90% de mi concentración para mantener sincronizado mi vínculo con el señor Collins. Eso significa que la señorita Elizabeth está gestionando prácticamente sola el pobre vínculo que estoy manteniendo con ella, y además está dirigiendo el combate al mismo tiempo…—

Que monstruo.

Sinceramente eso fue lo único que pude pensar.

Ella realmente es un monstruo espantoso que puede igualar o incluso superar al mismo Aleksai.

Ante la presión de enfrentar semejante enemigo irracional intenté hacer algo de distancia, pues alguien como ella... incluso Aleksai lo dijo.

Elizabeth es simplemente inhumana, a ese nivel llega su capacidad. Es la hermana mayor definitiva. Ella es un monstruo capaz de suplir al mundo 3 veces por si misma, y eso nada lo va a cambiar. Y antes de darme cuenta, con esos necios temores en mi mente me encontré completamente acorralada. Pero entonces, en auxilio de mi atribulado espíritu, mi joven invocador se pronunció en un matiz algo irritado:

—Golpéalo en el centro del abdomen, Akali, ¡No te dejes abrumar!— Obedecí sus órdenes, y en resultado:

—¡Quahh…!— Evan soltó un quejido seco. Finalmente había conseguido conectar un golpe al oponente que parecía intocable.

—¡Usa la cabeza! —Exclamó el joven—, las cosas no han cambiado. Zilean solo puede predecir el futuro de lo que tiene frente a sus ojos, y por añadidura Elizabeth también. Si ella puede ver el combate desde la distancia —Agregó Aleksai levantando la voz—, ¡Entonces utiliza el colosal cuerpo de Evan en su contra! ¡Pelea cerca, escóndete tras él, que mi hermana no te vea! ¡Tú eres una ninja, ¿No?! ¡Ocultarte es tu especialidad!—

—Entendido— Respondí sonriendo.

Tal como Aleksai ordenó reduje el radio de mis ataques, ataqué con golpes cortos, encogí mi pequeño cuerpo y me oculté tras el enorme Evan. Bloqueé la visión de Elizabeth utilizando la misma espalda inmensa que ella intentaba controlar. Pronto recuperé el control del combate que durante un momento vi perdido. Fue un error tonto abandonar mi naturaleza directa y estoica. Es verdad que no pensar antes de actuar es un error, pero, para empezar, pensar detenidamente en esta clase de cosas nunca fue mi responsabilidad. Esos pensamientos complicados y tortuosos son tarea de Aleksai, es él quien siempre encuentra la respuesta a lo que aparentemente no tiene respuesta. Esa es la carga que él siempre ha llevado, y yo no soy quien para dudar lo que haya decidido. Si es él, entonces no importa quién sea el enemigo, estoy segura que llegaré a la victoria.

No hace falta decir más que esto.

Sus instrucciones dieron el resultado esperado.

Una vez más, sus decisiones probaron ser las correctas.

Evan fue acribillado una y otra vez sin que pudiera hacer nada al respecto.

Como se esperaba, incluso contra esa mujer maldita, con Aleksai a mi lado no hay nada que temer.

Desde un principio nunca hubo nada que temer.

—¡Tch…! —Chasqueó Elizabeth furibunda—. ¡Evan, aléjate de esa mujer, intenta hacer algo de distancia! ¡Necesito verla más claramente!—

—Entend– ¡Aackk..!— Antes de que pudiera obedecerla, perforé brutalmente el pecho de Evan con mi mano desnuda, y con la mano que tenía libre agarré su garganta y la estrujé con toda mi fuerza. Ambos parecían desesperados, así que decidí presionarlos un poco más.

—No te voy a soltar —Declaré—. Si puedes volver a la vida aún después de morir, entonces te mataré tan rápido como puedas resucitar, ¡Te asfixiaré hasta que ya no puedas más!—

—Mierda —Maldijo Elizabeth—, ¡Zilean, rebobina el tiempo de todo el campo de batalla 2 minutos!—

—¡No es en ser-!— Exclamé atónita, pero para cuando me di cuenta Evan se hallaba ya muy lejos de mí. No comprendía lo que había pasado, pero pude escuchar a Elizabeth decir amargamente:

—No quería gastar ese movimiento tan pronto pero… pero…— Antes de terminar su frase, Elizabeth cayó sobre sus rodillas.

—Señorita, ¿Se encuentra bien?— Preguntó Zilean a su lado.

—E-Estoy bien —Respondió Elizabeth incorporándose con lentitud—. Tenemos que aumentar el ritmo...—

—Elizabeth…— Aleksai, que parecía entender lo que estaba pasando, contempló a su hermana con preocupación. Recordé lo mucho que el anhelaba salvarla... pero recordé también que desgraciadamente yo no. No tenía por qué. No podía imaginármelo. No quería hacerlo. Y tampoco gozaba del tiempo para pensarlo, pues Evan arremetió directamente contra mí.

Lo esquivé, intenté responder con una patada giratoria, pero a órdenes de Elizabeth consiguió evitar mi ataque. Rápidamente le arroje un cuchillo, más este nuevamente lo esquivó gracias a Elizabeth, pero no le dí tiempo para contraatacar, inmediatamente me arrojé contra él buscando reducir la distancia que él intentaba con tanto ahínco mantener. Fiel a los consejos de Aleksai intenté atacar desde puntos ciegos, y decidida a propinarle al menos una muerte, me deslicé entre las sombras para aparecer justo en su retaguardia. Elizabeth, que intentó advertirle, fue acosada por un ataque de tos repentino que abrió una oportunidad que no estaba dispuesta a desaprovechar. Envolví mis brazos alrededor de su cuerpo, y sin perder el tiempo quebré su espina dorsal dejándolo tendido sobre el suelo en el acto. Naturalmente Evan se levantó al rato como si nada, pero no escatimé en esfuerzos y clavé sobre su cuerpo una docena de cuchillas, marcándolo con numerosos sellos de la muerte.

Aquella odiosa mujer, por su parte, se recuperó y empezó a emitir nuevamente órdenes a Evan, más de cuando en cuando un ataque de tos abría una ventana de tiempo para ejecutar maniobras exitosas sobre mi oponente, y así el combate se mantuvo en tablas durante un tiempo. No estaba satisfecha con la situación, pero era lo mejor que podía conseguir por el momento. Por causa de la maldita tormenta que trajo Zilean no podía usar la que yo consideraba mi mejor carta en este encuentro, la bomba de humo, y siendo honesta, el prolongado combate empezaba a pasarme factura.

Sin embargo, no me di cuenta que Elizabeth, quien cada vez se veía peor, tampoco estaba en condiciones de extender esta refriega por mucho más tiempo. Sus accesos de tos se hacían más y más frecuentes, pero en ese momento no podía darme el lujo de reparar en otra cosa que no fuera Evan, quien se batía en duelo conmigo. El asunto llegó a un punto muerto. Ninguno de los dos estaba dispuesto a retroceder, y con más voluntad que habilidad nos arrojamos nuevamente el uno contra el otro repetidas, incansables, infinitas veces. Yo estaba desesperada por finiquitar el asunto, más, para mi sorpresa, fue Elizabeth, esa mujer maldita, la que decidió terminar las cosas de una vez por todas.

—Ya no me queda más tiempo...— Murmuró esta en la distancia.

Escuché los pasos de sus tacones que se acercaban sobre el suelo húmedo.

Un crujido metálico resonó en mis oídos poco después.

Y lo siguiente que escuché fue un:


BANG.


Una bala acarició el lugar donde me encontraba algunas fracciones de segundo antes.


BANG.


Un segundo disparo resonó violentamente en el lugar ahogando el aullido de la tormenta. Por segunda vez la bala erró su objetivo y se perdió en la distancia. Levanté la mirada buscando el origen de los disparos y, tal como me esperaba, me encontré directamente con Elizabeth, que sostenía un arma pequeña entre sus manos frágiles y pálidas. Con una expresión resignada, Elizabeth me sonrió miserablemente.

Me apuntó por tercera vez, y sin contemplaciones haló del gatillo.


BANG.


Y de nuevo.


BANG.


Con sorprendente puntería.


BANG.


Elizabeth disparó y disparó.


BANG.


Mientras yo esquivaba y esquivaba.


BANG.


Y con cada bala que pasaba más cerca de mi cuerpo.


BANG.


Con cada estruendoso disparo que anunciaba la muerte con mayor precisión.


BANG.


El rostro de esa mujer espeluznante palidecía y se estremecía, como si estuviera a punto de romperse.


BANG.


Entonces, después del décimo disparo, todo lo que pudo escucharse entre el murmullo de la lluvia fue un "clic, clic, clic" del gatillo que Elizabeth apretaba sin cesar, con esa expresión patética y dolorosa que insistía en pretender ser una sonrisa. Sobre sus labios curvados en medialuna, sus ojos expresaban el terror y el pánico que se observa en una persona al enfrentarse a una bestia más allá de su comprensión. La joven finalmente bajo el arma completamente resignada.

—Pensar que incluso un arma de fuego no basta para vencer a esa mujer absurda... ¿En que caótico infierno nos hemos metido, caballeros?— Murmuró esta indiferentemente.

Las municiones se habían agotado.

Esa pequeña pistola, que hasta un civil común y corriente podía adquirir, sentenció 10 veces que mi muerte había llegado, pero se equivocó. Elizabeth creyó toparse con una criatura salida de una pesadilla a la que no podría vencer hiciera lo que hiciera, aunque la realidad no podría ser más opuesta. Hubiera bastado un solo tiro para acabar con mi vida, y solo pude esquivar los proyectiles auxiliándome en las sombras. Dispuesta a alimentar aquella ilusión de superioridad abrumadora, puse una mano sobre mi cadera y sonreí altaneramente, como si la anterior hazaña no hubiera sido nada, aunque mi corazón latía con nerviosismo y mi espalda estaba empapada de sudor helado.

—Ja… jajaja… —Río Elizabeth débilmente con esa misma expresión patética que había visto en ella durante tanto tiempo. Un hilo de sangre empezó a deslizarse desde su nariz, y con ese destrozado aspecto comentó en voz baja—. Al final supongo que esto es todo lo que puedo hacer, Aleksai. Ya no tengo nada más —La pistola cayó de sus temblorosas manos, y aunque ella seguía mostrando esa sonrisa rota, sus ojos pronto fueron inundados por unas pesadas lágrimas—. Ya he mostrado todas mis cartas, no tengo nada más bajo la manga… hice todo lo que pude, pero no fui capaz de vencer a ese loco monstruo con piel humana junto a ti, Aleksai. Esto es… esto es… —Finalmente, quebrando en llanto, Elizabeth exclamó amargamente— ¡Esto es todo lo que tu obstinada hermana puede hacer, Aleksai! ¡Aunque lo intenté con tanta fuerza, aunque estaba dispuesta incluso a matar por ti…! Ya no puedo, yo… mi cuerpo ya no me responde… Ya no puedo seguir… llegué muy lejos en mi afán de alcanzarte, pero aún así no conseguí nada. Lo reconozco, tu has ganado hermanito. Ganaste. Me venciste… ya no… ya no puedo seguir… pero, por favor detente... por favor… ¡Por favor no te alejes más de mí! ¡Te lo suplico, vuelve conmigo! ¡En este lugar no hay más que dolor para ti!—

Ese fue el clamor de Elizabeth.

La suplica de una mujer desesperada.

Incluso yo no pude permanecer compuesta.

Aunque era una maldita, monstruosa y espantosa mujer. Aunque era tan fuerte que incluso pudo habernos vencido. Aunque su determinación no perdería contra la nuestra... no pude permanecer compuesta. Esa misma determinación absurda fue la que me sacudió hasta lo más profundo de mis entrañas… ese terriblemente amargo y triste coraje me hizo sentir un escalofrío porque… ella había llegado así de lejos solo porque quería proteger lo que era valioso para ella. ¿Pero cual sería su respuesta?¿Que es lo que contestaría él, el centro de esos sentimientos tan intensos?

Al escucharlo, por primera vez sentí que ese hombre en el que había depositado mi confianza era el único villano de esta historia:

—Akali… mátalo—

La expresión en el rostro de Elizabeth se transfiguró violentamente de la resignación a la desesperación, y con sus últimas fuerzas exclamó:

—¡Evan, escapa, ráp–…!—

Elizabeth no alcanzó a terminar su advertencia. En su lugar, una bocanada de sangre que abandonó sus labios completó sus últimas palabras, y así nada más cayó al suelo como una hoja seca. Fue realmente doloroso verlo, pero no tuve más opción que obedecer. Todos los sellos de energía que había puesto en Evan durante el combate explotaron, y quedo convertido en poco más que una masa sanguinolenta amorfa.

—Señorita Elizabeth… —Murmuró Zilean—. Que imprudente mujer, forzando la sincronización tan precipitadamente... no hay duda que el estrés sobre su cuerpo y mente serían devastadores pero… aún así, ella decidió forzarse más allá de sus límites aunque conocía bien las consecuencias. Una persona normal —Explicó el anciano— hubiera perdido la consciencia tan sol minutos despues de sincronizarse conmigo por la intensa carga cerebral de recibir múltiples flujos temporales... incluso el señor Evan solo puede soportar la carga mental utilizando el cronoviaje repetidamente en su cerebro. Pensar que ella soportaría tanto tiempo... ese dolor insoportable...—

—Eso no importa, ella aún puede luchar —Dijo Aleksai con indiferencia—. Rebobina el tiempo una vez más, Zilean. Repara todo el daño que sufrió igual que lo has hecho todo este tiempo con Evan. Incluso si está muerta puede remediarse, así que no importa—

—Aleksai…— Murmuré estupefacta al escuchar sus crueles palabras.

—Sí, supongo que es la mejor opción que…— Ponderó Zilean, más fue interrumpido por el recién resucitado Evan:

—No, you won't, Zilean —Evan se acercó a Elizabeth y la levantó con delicadeza del suelo para acomodarla en una banca cercana. Se quitó su inmensa chaqueta gris y la cubrió con ella—. Lavel'Leven, nunca… nunca me yo imaginé que pudieras ser… un bastardo así de grande, you… you… ¡You son of a bitch!—

—Decirme eso implica insultar a la mujer que sostienes con tanto ahínco. Somos hermanos Evan, compartimos la misma madre— Se burló Aleksai.

—¡Level'Laven, you…! ¡You motherfucker!—

—Deja ya de perder el tiempo. Elizabeth terminó así porque puso sus esperanzas en un incompetente como tú. En cierta forma ella se lo buscó, pero eso no importa, Zilean puede arreglarlo, así que... realmente, realmente, realmente no importa— Sus palabras fueron la gota que rebasó el vaso. Evan estalló en ira, y lanzándose contra mi invocador rugió:

—¡Aleksai…!—

—Akali…— Musitó el aludido indiferentemente.

—…— Las palabras no salieron de mi boca. Los pensamientos tampoco. Simplemente actué.

Con el puño sostenido a solo unos centímetros del rostro de Aleksai, Evan vio una vez más su pecho atravesado por mi gélida mano, mientras sostenía su colosal cuerpo con todas mis fuerzas para evitar que llegará a su destino.

—¡She did it for just for you, motherfucker! ¡Trash! ¡Scum!—

—Mátalo— Ordenó mi invocador.

—¡¿Vas a decir que no entiendes el inglés ahora?! ¡Hijo de puta, no eres digno de ser su hermano! ¡¿Entiendes bien lo que digo?! ¡Escoria, miserable hijo de puta!— Vociferó Evan fuera de sí.

—Mátalo— Repitió Aleksai.

Evan tosió sangre después de ser atravesado nuevamente por mi maldita mano, pero se negó a darse por vencido y de nuevo arremetió gritando:

—¡¿Es que no sabes todo lo que ella pasó… todo lo que ella sufrió para intentar salvarte?! ¡¿Así es como le agradeces, maldita escoria?!—

—Mátalo—

Evan volvió a morir, pero no dejo levantarse. Lo maté y lo maté, pero no dejo de levantarse. Por 5 vez su puño quedo a centímetros del rostro de Aleksai, pues nuevamente me interpuse para detenerlo.

—¿Acaso tú… acaso tú no estás agradecido por tener una persona como ella junto a ti?—

—Acaso no es…— Murmuró Aleksai.

—¡No te la mereces! ¿Es que no sientes ni siquiera un poco de remordimiento?— Algo cansado, Evan continuó hablando mientras forcejeaba conmigo intentando alcanzar a Aleksai. Lo pateé con fuerza y lo envié lejos, pero una vez más se levantó, y lentamente se acercó mientras hablaba hecho un energúmeno.

—Acaso no es…— Murmuró Aleksai una vez más

—¡Callate! ¡Shut the fuck up, filthy scum! ¡¿Es que no te duele verla sufrir?!— Nuevamente Evan lanzó su inmenso puño contra el rostro de Aleksai, pero esta vez, cuando intente bloquearlo, el joven me detuvo, y recibiendo de frente el devastador derechazo del colosal corredor de bolsa en su cara, exclamó con toda la ira, toda la pasión, todo el dolor, y todos los sentimientos que había estado ocultando hasta el momento:

¡¿ACASO NO ES OBVIO, GRANDÍSIMO HIJO DE PUTA?!


SMACK.


El golpe de Evan resonó en la distancia.

Pero Aleksai no se movió ni un solo centímetro.

Aunque era el golpe de un hombre de 2 metros en el pináculo del poderío físico humano, Aleksai no se movió ni siquiera un centímetro.

El joven puso una mano tras otra sobre el inmenso puño de Evan, que aún se mantenía suspendido sobre su rostro, y lo apartó con hastío, como si solo fuera una molestia. Clavó sus penetrantes ojos oscuros sobre su imponente enemigo, y este, al recibir la extraña intensidad de su mirada, retrocedió con una expresión en su semblante que recordaba mucho al terror.

Naciendo desde su frente, una franja de roja sangre surcó el rostro de mi joven invocador, que no se inmutó.

—Vaya —Suspiró este—, ahora resulta que incluso yo he perdido la calma, que vergüenza—

—A-Aleksai...— Murmuré preocupada a su lado por el daño que había recibido... por todo el daño que había estado recibiendo hasta ahora. Por el dolor del que nunca dijo una palabra.

—Todo está bien, Akali. Evan Casimir Collins es un idiota simplón. Habla de cosas que no entiende, pelea por cosas que no entiende, y muere por cosas que tampoco entiende. Pero eso está bien. Está bien que Evan siga siendo un idiota simplón durante el resto de su vida, no hace falta que cambie nada. Está bien que él siga siendo como es —Declaró Aleksai en el mismo tono frívolo de siempre. Se acercó a la banca donde reposaba su hermana, y acariciando su cabello agregó sonriendo amargamente—. Elizabeth en verdad es una mujer difícil, solo mira como me complica las cosas —Con su dedo índice golpeo con suavidad la frente de su adormecida hermana, y entonces continuó hablando con aparente frivolidad— ¡Tonta! Que es lo que te crees arriesgando tu vida, que me pertenece a mí. Metiéndote en esta historia maldita que nunca debió ser contada… en verdad haces preocupar a tu hermano menor—

—Lavel'Leven…—

Observé a Aleksai con melancolía.

Él ya lo había dicho antes, que estaba dispuesto a convertirse en el único villano de esta historia sin villanos. Sentí dolor al verlo comportarse así de indiferente, siempre fingiendo superficialidad y vileza, pues yo sabía que, aunque él era el que más sufría al ver a Elizabeth lastimarse a sí misma, estaba dispuesto a tragarse su dolor, su orgullo y hasta su humanidad si eso significaba salvarla. Él estaba dispuesto a actuar, comportarse y ser la peor escoria del mundo si eso… si eso significaba que podría alejarla de todo lo que pudiera alguna vez en el futuro lastimarla de nuevo.

Incluso si eso fuera el mismo.

—¡Bueno, vasta de charlas! Evan, es hora. Esta vez definitivamente… vas a morir— Dijo Aleksai de repente sonriendo miserablemente.

—…— Evan no contestó. Simplemente se levantó del suelo, y le dijo a Zilean—. Gracias a ella es que hemos llegado tan lejos, ¿No, old man?

—Concuerdo con usted, señor Evan— Respondió el anciano.

—Ella nos dio la llave para vencer a esos... monstruos que ustedes llaman campeones, pero ya no dependeré más de esa admirable señorita… esta vez ganaré arriesgando mi propio pellejo —Dijo Evan señalando a la Aleksai—, ¡Jugándome la vida! ¡Zilean, Full power!—

—¿Seguro? Sincronizarse al 100% conmigo implica inestabilizarse temporalmente, es decir, contraer cronodisplacia. Eso significa que los daños que sufra a partir de ahora podrían extenderse a su futuro y a su pasado… en otras palabras, el daño podría ser irreparable, señor Collins—

—¡I don't care, use the full power at all costs, even if it destroy me!—

En respuesta Zilean solo asintió con gesto aburrido.

Aleksai por última vez dijo:

—Akali, mátalo—

Y así por última vez me batí con Evan Casimir Collins en el campo de batalla.

Usando los poderes de Zilean al máximo, Evan demostró una fuerza incomparable, tanto era así que solo moverse destrozaba sus propios huesos. La velocidad era tan atroz que su cuerpo no era capaz de soportarlo, y al igual que Elizabeth, de su nariz escurría sangre por el tremendo estrés mental que provocaba una sincronización forzada a semejante nivel. Sin embargo, cada vez que un hueso se rompía al dar un paso, y cada vaso sanguíneo que estallaba en su cabeza por el exceso de información y estrés era reparado inmediatamente por Zilean usando el cronoviaje una, y otra, y otra vez. Mis ataques recibían el mismo tratamiento, y esta vez, antes de incluso morir, el daño era denegado, rebobinado con el cronoviaje.

Evan estaba abusando del poder de Zilean.

Lo había llevado al máximo.

—En este estado… en este estado incluso yo… —Dijo Evan agitadamente, quien era capaz de predecir todos mis movimientos—… incluso yo podría vencer a un dios—

Palabras bastante arrogantes.

Pero tal vez tuviera razón.

Era capaz de anticipar todos mis ataques. Me regresaba el fuego con el doble de intensidad. Realmente era un loco estado… pero entonces, le di sentido a las palabras que Aleksai había pronunciado tan orgullosamente antes. Que yo era la mejor apuesta… la más fuerte de todos.

Desaparecí.

—¡¿Qué… qué está pasando?! ¡Zilean!— Aulló Evan desesperado, pues, a partir de ese momento, no fue capaz de hacer absolutamente nada.

—Yo... yo… tampoco lo sé… señor Collins, esto es simplemente absurdo…— Balbuceó Zilean.

Me deshice de todos mis limitadores. Al igual que Evan, utilicé el 100% de mi fuerza. Salté de una sombra a otra en menos de lo que dura una milésima de segundo. El tiempo parecía estirarse ante mis ojos. Cada segundo duraba lo golpeé tantas veces en un lapso tan corto, que, en palabras de Zilean yo simplemente:

—Ella… ella se está moviendo incluso más rápido de lo que puedo predecir… ¡Ha superado completamente mi propia precognición!—

Para cuando Zilean terminó de hablar, no miento al decir que Evan murió al menos unas 300 veces. Por supuesto, nada viene sin su adecuada remuneración. Mis fibras musculares se quemaron casi por completo, y antes de darme cuenta, ya no era capaz de moverme. Llevé mi cuerpo al límite. Después de dar el último golpe, al tocar el suelo nuevamente, caí sobre mis rodillas, y seguramente hubiera terminado tendida sobre el suelo si Aleksai no hubiera estado ahí para sostenerme.

—A-Aleksai…— Murmuré.

—No hables, guarda energía, Akali. Has superado todas mis expectativas. Brillaste como una estrella—

—N-No… yo aún…— Intenté hablar nuevamente, pero Aleksai insistió.

—Descansa, cola de caballo. No te esfuerces más—

—N-No —Obstinadamente negué con mi cabeza. No podía mover ni mis brazos, pero no quería arriesgarme a morir sin decirlo antes. Por algún motivo las lágrimas acudieron a mis ojos, y entonces dije en un hilo de voz al estupefacto Aleksai— Y-Yo también hice todo lo… lo que pude hacer, Aleksai… ¿Cierto? Yo también… así que… por favor… ya no…— No pude completar la frase. Por algún motivo las lágrimas no dejaban de fluir. No sé por qué. Aunque se supone que debí olvidar como hacerlo hace mucho, no pude detenerlas.

—Si… yo, esta vez, haré las cosas bien— Respondió Aleksai con calidez… hasta que, de repente:

Yo también…

Y entonces lo escuché.

...esta vez definitivamente...

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—...haré las cosas bien, invocador Aleksai

El más negro y profundo terror me atravesó como una cuchilla.

Al escuchar la voz de Evan Casimir Collins, que aún no había sido derrotado.

Al contemplar de frente y comprender por primera vez porque el era llamado el invocador inmortal.

—Sin duda eres la más fuerte que he enfrentado… probablemente incluso seas la más fuerte que enfrente jamás… pero no… fue… suficiente…—

Su cuerpo estaba destrozado. Su aspecto era estremecedor. Pero lo más espantoso era que a pesar de todo, aún no había muerto. Aunque le di con todo lo que tenía, Evan Collins no fue derrotado. Me entró la desesperación, el pánico, el horror. Ese era el hombre llamado nosferatu, el inmortal, el asesino de campeones, el que nunca muere, el que siempre se levanta y el que nuca pierde. Una criatura así de ridícula era la que se encontraba frente a mis ojos. Frente a nuestros ojos.

Su poder es avasallador.

Es injusto.

—No puedo moverme ahora… pero… Zilean… retrocede unos 20 minutos—

No.

—De acuerdo—

Por favor no.

—Bien, eso está mejor—

Tienes que estar mintiendo.

—Bueno, Lavel'Leven, finalmente...—

¡Por favor dime que es una mentira, Aleksai!

—...te ha llegado la hora de morir. It's over... ¿Huh?—

Cerré mis ojos esperando nuestro inevitable final. Ya no podía hacer nada al respecto.

Pero cada segundo que transcurría intentaba convencerme de lo contrario.

Sentí que me elevé del suelo, y con la última esperanza.

Abrí los ojos, y lo que vi fue:

—¿Sigues despierta, Akali?—

—¿Aleksai…?—

Mi joven invocador, que estaba cargándome en sus brazos con una indiferente expresión.

—Z-Zilean, ¡¿Qué está pasando?! ¡¿No funcionó el cronoviaje?!— Esa era la voz de Evan. Entorné mis ojos en su dirección, y me di cuenta que aún seguía en el suelo rodeado de un charco de sangre.

—No, el cronoviaje funcionó correctamente—

—E-Entonces, ¡Una vez más, retrocede el tiempo una hora!—

—De acuerdo—

Zilean lanzó el hechizo una vez más, pero Evan seguía sin levantarse. No entendía lo que estaba pasando, se supone que deberíamos estar muertos. Se supone que habíamos perdido. Busque a Aleksai con la mirada, confundida, intentando encontrar respuestas en su rostro sereno. Este simplemente dijo:

—Para vencer el futuro, usaremos el pasado. Eso es lo que te prometí—

—¿Q..Que…?— Balbuceé en un tono tan bajo que llegué a dudar si acaso había hablado realmente.

—¡Zilean, retrocede otra hora, maldita sea!— Insistió Evan desesperado.

—De acuerdo— Respondió el anciano.

—¡Aaaahhh! —Exclamó Evan cuando el hechizo fue lanzado sobre él—. ¡¿Pero por qué?! ¡¿por qué no funciona el cronoviaje?!—

—Oh, vaya, el cronoviaje debe estar funcionando adecuadamente— intervino Aleksai.

—T-Tu, ¡¿Qué es lo que hiciste?!— Inquirió Evan.

—Tal vez deberías preguntarte a ti mismo exactamente lo mismo, Evan— Repusó Aleksai tranquilamente.

—¿D-De que estás hablando?—

—Este fue… un largo combate, ¿No, Evan? —Dijo Aleksai—. Solo mira la hora —Revisando su reloj de pulsera, que marcaba las 3:35 de la mañana—, nos hemos gastado más de 8 horas peleando—

—¡Deja de jugar conmigo, que es lo que hiciste!— Gritó Evan Arrebatadamente.

—Silencio, escoria incompetente —Lo acalló Aleksai fríamente—. Has muerto por lo menos 500 veces hoy, ¿Es que no te has dado cuenta? Le sigues diciendo a Zilean que retroceda el tiempo una hora, y otra hora, y otra hora, pero ocurre que hace una hora tú ya estabas muerto—

—¿Q-Que estás…?—

—Es como hablar con la pared... —Musitó Aleksai negando con la cabeza—. Para ponerlo en términos que puedas entender, has muerto tantas veces en el pasado, que si retrocedes en el tiempo volverás a un pasado en el que ya estabas muerto. Se te acabó el stock de vida, mi amigo. Has muerto tantas veces hoy, que ya no queda un solo minuto de esta noche al que puedas regresar sin toparte nuevamente con la muerte. Así de simple—

—No es… —Evan masculló con desespero. El terror se marco en su semblante algo envejecido, más pronto recuperó de golpe el buen humor, y sonriendo siniestramente, y aclaró—. ¿Y se supone que yo soy el idiota? ¡Acabas de revelarme el secreto de tu carta del triunfo, solo debo ir más atrás! ¡Zilean, retrocede 1 día!—

—Idiota…— Fue todo lo que dijo Aleksai.

—De acuerdo— Respondió el impasible guardián del tiempo.

Los resultados de la revelación de Evan, muy para su sorpresa, no cambiaron su situación.

—¿Pero…? ¡¿Pero por qué?!— Exclamó este miserablemente.

—¿Acaso puedes ser más idiota? —Respondió Aleksai—. Ayer también moriste infinidad de veces a manos de la señorita que está en mis brazos. Y no solo ayer, también el día anterior a ese, y el anterior a ese, y el anterior, y el anterior. Hemos estado peleando durante una semana entera, y cada noche, sin falta, desde las 7:10 de la noche, fuiste asesinado por Akali una, y otra, y otra vez. Además, si tenemos en cuenta las veces que fuiste asesinado por los otros 2 campeones que venciste hace sabe cuanto tiempo… ¡No tienes a donde escapar!—

—No... no te creas tanto, Lavel-Leven, aún...— Musitó Evan.

—No hay nada que te quede por hacer. Perdiste, Evan. Te lo dije desde un principio: Eres un idiota simplón. Has estado muriendo durante todo este mes sin haber considerado las consecuencias. No tienes a donde escapar—

—No… ¡No juegues conmigo! Si este mes esta lleno de muerto, entonces... ¡Zilean, retrocede 2 meses!— Y apenas terminó de hablar, Evan desapareció

—Te dije que no había a donde escapar— Comentó Aleksai sacudiendo la cabeza.

Sobre el mismo suelo que antes ocupaba la sangre, y en el mismo aire por el que reverberaban sus gritos, ahora no reinaba más que la quietud y el silencio. Tal y como dije, Evan desapareció. Se esfumó. Todo rastro de su existencia se desvaneció. Y por mucho que les cueste creerlo, yo había entendido perfectamente el por qué, aunque no es nada de lo que pueda enorgullecerme. Seguramente ustedes también lo habrán adivinado. Que era simplemente natural.

No hacía falta que Aleksai lo explicara, pues el motivo era simplemente obvio.

Todos y cada uno de los campeones sobrevivientes, incluyendo a Zilean, aparecieron en la tierra el 4 de agosto de este año. Tal como Aleksai mencionó, son las 3:35 am del 19 de septiembre. Eso significa que, al retroceder 2 meses el tiempo, Evan regresó al 19 de julio de este año, es decir, 3 semanas antes de que los campeones llegaran a la tierra. En otras palabras, 3 semanas antes de que Zilean lo resucitara. Por eso era simplemente natural que desapareciera.

Evan cayó completamente en la trampa de Aleksai.

Realmente, como él dijo desde un principio.

Vencimos al futuro usando el pasado.

Mi invocador en verdad es.

Una persona increíble.

Eso fue lo que pensé.

Allí, acurrucada entre sus brazos, fue lo que pensé. Y aunque se que hasta ahora no lo había dicho nunca, sin poder evitar que una sonrisa se forzará en mis labios por pura felicidad, confirmé una vez más aquello que, por amor al cielo, hubiera podido sacar de mi garganta en esa oportunidad. Yo también he apostado por el invocador más fuerte. Aleksai, mi invocador, mi compañero, mi amigo, mi confidente y mi único aliado en este mundo realmente era, sin duda alguna, el mejor de todos. Por ello no pude evitar sonreír mientras me reprochaba, el no hacer sido capaz de decírselo en esa oportunidad.

—Vaya, que difícil es este hombre…— Suspiró Aleksai con expresión cansada.

—Realmente impresionante, joven Aleksai. Ni siquiera yo pude predecir ese resultado— Comentó Zilean deslumbrado.

—Bueno, eso es bastante obvio, ustedes fueron los que cometieron el error después de todo —Respondió mi invocador sin darse muchos aires—. Tú, guardian del tiempo, no sabes que será de tu propio futuro, pues sea como sea, aún eres un simple ser humano—

—Realmente impresionante —Continuó Zilean acariciando su larga barba blanca—. Ahora no me queda más opción que rendirme ante el que, acabo de comprobar, es el contendiente más fuerte. Se que es algo meezquino de mi parte decir esto ahora, joven Aleksai, pero, ¿Tiene usted alguna petición?—

—¿Para qué preguntas lo que ya sabes, anciano trolazo? —Rebatió Aleksai algo disgustado—. Puedes ver el futuro, sabes perfectamente que si, maldita sea. Ni siquiera me molestaré en decirlo, pues ya lo sabes bien, así que vamos, vamos. Date prisa que no tengo toda la maldita vida—

—Qué carácter tan difícil— Murmuró Zilean contrariado.

—Entiendo perfectamente lo que intentas decir…— Concordé yo sonriendo amargamente.

—Bueno, cola de caballo, este vejestorio de porquería seguramente no podrá usar más el cronoviaje para ayudarte durante un rato porque de seguro agotó todo su maná en este estúpido combate, pero tan pronto pueda usarlo quedarás como nueva, al igual que Elizabeth—

—Vaya… así que lo sabía— Murmuró Zilean una vez más con una complicada expresión.

—Como sea —Continuó el joven pelinegro dando entender que le importaba muy poco lo que opinara Zilean—, vamos por aquí, te recostaré junto a mi hermana para que descanses—

—¿Qué…? ¿Junto a ella…? No juegues…— Con mi débil voz formulé lo que pretendía ser una protesta, pero Aleksai solo respondió:

—Hagan las paces, por amor a la princesa Zelda. No hagan las cosas más difíciles para mí de lo que ya son… solo mira por todo lo que tuve que pasar para llegar hasta aquí. Mierda, es que si no me hacen un videojuego después de todo este suplicio, este universo no merecerá existir, ¡Que lo destruya Bills! —Resopló mi invocador en su característico tono sarcástico y superfluo—. Como sea, —Suspiró este—, Elizabeth no es una mala persona y ya te habrás dado cuenta. Ella solo es…—

—Sí, sí. Algo sobreprotectora— Contesté de mala gana.

—No vayas leyendo mi mente, así como así— Respondió Aleksai sonriendo secamente.

—Y ahora dices eso…— Repliqué cansada.

Aleksai me dejo junto a Elizabeth y nos cubrió a las dos con una manta, en vista de que la chaqueta de Evan había desaparecido… junto a él. No tengo la más remota idea de dónde sacó esa manta, ni de porque la traía… pero ya estoy muy cansada para pensar en eso. Apenas fui cubierta con la manta, cerré los ojos, y es todo cuanto puedo recordar. Así que lo lamento, pero ya no podré acompañarlos más a partir de ahora.

Esto es todo cuanto puedo decir, lo que pase de aquí en adelante esta fuera de mi jurisdicción.

Y lo que quedé por decir lo dejaré en manos de Aleksai.

Solo puedo terminar esto de una forma:

Gracias por escucharme.


Vaya, y así terminó el relato de Akali.

Con una despreciable victoria de un despreciable rufián.

No es el mejor volumen registrado en los anales de la historia, pensarán.

Pero así es como terminó. Finalmente ha llegado el momento de cerrar este arco maldito y quemar esta historia desgraciada, para que nunca, nunca vuelva a ser contada. Puedo decir que no regresaré jamás para ver con buenos ojos lo que ocurrió en estos días, porque es algo que nunca debió ocurrir, más aun lo que estoy a punto de hacer, pero simplemente es algo que no puedo dejar a medias. O más bien es algo que no deje a medias puesto que... quiero decir… erm, bueno, es un chiste de viajes en el tiempo, lo entenderán dentro de poco.

Sea como sea, antes de dar este último paso, hay solo una cosa más que quiero decir.

Algo que dejé sin resolver. Una duda que intencionalmente decidí no aclarar por simple obstinación. Tal vez no lo recuerden pero, a mí no me gusta mostrar simpatía a mis enemigos. Sin embargo, ya no puedo refugiarme en esa frase tan mezquina más tiempo, después de todo Evan Collins ya no es mi enemigo. Así que, solo estoy suponiendo esto pero... supongo que ya no hay ningún problema si le muestro un poco de simpatía ahora.

¿Y que fue aquello que deje sin resolver?

Para no extenderme innecesariamente, fue algo que dije después de revelar la identidad del bastardo que me envió las cartas. De ese idiota incompetente de Evan Collins. Aclaré en aquel entonces que, si supe que había sido Evan Collins quien había enviado dichas cartas, y que él era nosferatu, así como nuestro enemigo en lugar su hijo, Oliver Oldmont, el verdadero invocador de Zilean y quien fue el mejor invocador de toda Norteamérica durante la segunda temporada, fue por dos razones. Para efectos de la primera, diré simple y llanamente que no me cabía en la cabeza que uno de los mejores 40 invocadores del mundo fuera tan idiota. Ahora, la segunda razón, si no les falla la memoria, decidí no decirla en ese momento, pues, aunque fue la razón que más me convenció, lo repetiré una vez más: A mí no me gusta mostrar simpatía por mis enemigos.

En aquel entonces Evan era mi enemigo.

Pero ahora puedo, finalmente y sin ningún remordimiento, revelar aquella razón.

Todo fue sencillamente no podía concebir que un sujeto tan frío como Oliver Oldmont la hubiera escrito.

Permítanme explicarme más explícitamente, por favor. La primera carta que recibí hacía una muy obvia y descarada referencia a la desastrosa tragedia del 11 de septiembre, el atentado en el que Evan Casimir Collins a sus 42 años perdió la vida. Por ello, no podía creer que un hijo tan frío como para rechazar el apellido de su propio padre fuera a homenajearlo de esa manera, justamente haciendo alusión al momento en que murió… yo simplemente no lo podía creer. El definitivamente no hubiera enviado una carta como esa pues, desde un principio había dejado muy en claro que no le importaba en absoluto lo que hubiera pasado con el hombre que fue su padre, y si algo tengo claro en el mundo es eso.

Yo mismo rechacé mi apellido.

Yo mismo rechacé a mi padre.

Yo mismo corté esos vínculos.

Yo... soy igual a ese joven.

Por eso lo sabía con tanta claridad.

Que él jamás haría algo como eso.

Algo como reconocer a su padre... el jamás lo hubiera hecho.

Por ese motivo, esa fue la razón que más me convenció.

Por alguna suerte de simpatía hacia aquel hombre.

Al que yo mismo no quería reconocer.


Hah...


Bueno, Como sea.

Ahora terminemos con este teatro de una buena vez.

Si se preguntan qué fue lo que hice tras dejar a Akali junto a mi hermana, seria, como ya dije, terminar lo que empecé… ah, espera, ahí está de nuevo el chiste de viajes en el tiempo.


Ahem~.


Le pedí a Zilean que me regresará más de 15 años en el pasado, a 24 de diciembre de 1999.

Díganme, ¿Ya les está sonando?

Pues sí.

Regresé justo al momento en el que tuve ese extraño ímpetu de contactar con mi padre.

Ahora las piezas empiezan a encajar, ¿No es así?

Siendo yo tan frío como siempre he sido, me extraño durante mucho tiempo que yo realmente hubiera deseado hablar con mi padre tan de repente, cuando nunca me había sentido especialmente interesado en conocerlo. El conocer la respuesta ahora no me trae ningún sosiego, pero no por ello deja de ser satisfactorio. ¡Un misterio menos en el mundo! En cualquier caso, tan pronto desperté arranqué la hoja del diario de mi hermana, memoricé el número que estaba escrito en ella, escapé del orfanato e hice aquella emblemática llamada en la que, por primera y última vez en mi vida pedí el favor de mi padre. Ese favor era: Trae a Stefannie Wenders, una entusiasta del cine alemán que se graduó de la universidad de Bostón en 1984, que debe estar viviendo en un apartamento en Berlin desde hace 14 años, y que seguramente hubiera tenido un futuro brillante sino estuviéramos haciendo esto, de vuelta a Estados Unidos, y reúnela con un hombre llamado Evan Casimir Collins, un simplón que trabaja en la planta 56 de la primera torre del World Trade Center. A mi padre, un hombre extremadamente influyente, no le pareció difícil consentir tan curioso capricho, y al aceptar, me dejo simplemente con un "De nada".

Y eso fue todo.

Tras terminar la llamada y recordar quien me esperaba fuera de la cabina telefónica y lo que estaba a punto de pasar, no pude menos hacer más que desearme suerte y recomendarme que atesorara ese momento, pues a partir de ese día aprendería a valorar mi más preciada posesión.

Al volver al futuro, le pedí a Zilean que resucitará a Evan Collins una vez más, esta vez en 1999. A juzgar por la última carta que recibí de él, esa que me entregó la mismísima Stefanie Wenders en persona, el idiota tuvó suerte. Tal como mi padre prometió, el simplón se reencontró con la encantadora amante del cine alemán, se reconcilió con ella, le reveló muchas de las fantásticas aventuras de las que disfrutó y eventualmente se casó con ella, quien como ya he dicho, fue siempre su único y verdadero amor. Bueno, siendo honesto no creo mucho en ese del amor único y verdadero, pero como sea, a Evan Collins le funciona ser un idiota, y esa clase de comedias románticas son aptas solo para idiotas simplones como él. Las cosas les salieron bien, si me permiten decirlo. Incluso tuvieron un hijo… irónicamente el 11 de septiembre de 2001, que cosas de la vida, ¿No? El muchacho debe tener ahora unos 15 años, más o menos. Y ese joven, por cierto, conservó el apellido "Collins" hasta el último de sus días.

¿Cómo es que sé eso, se preguntarán?

¿Cómo es que sé que el único hijo de Stefanie Wenders y Evan Casimir Collins conservó el apellido de su padre durante toda su vida?

Pues bueno, la respuesta más acertada a esa pregunta sería que el apellido Collins tiene un misterioso poder para producir milagros de lo más improbables estadísticamente hablando. Algunos días después de todo este maldito infierno de mierda, encontrándome yo en mi casa finalmente, y mientras revisaba la lista de invocadores del torneo "The wide world", me volví a topar con ese dichoso apellido.

El apellido Collins.

Justo en el tope de la lista, ahí estaba él.

Joseph Casimir Collins, el invocador número 1 de Norteamérica.

El único invocador de Norteamérica que no fue vencido por "nosferatu".

Ante semejante revelación absurda, y seguramente problemática, solo pude dejar escapar un suspiro.

—Vaya… en verdad que les gusta complicarme la vida…— Murmuré yo con expresión cansada, dándole un sorbo a mi taza de café.


¡Y bueno!

Al fin terminó el arco de Zilean y Evan Collins, con título a lo piratas del caribe y todo.

¿Que tal les pareció? ¿Se lo esperaban, los tomó por sorpresa, les agradó, les produjo nauseas, gases, comezón?

Como siempre, espero en los comentarios sus impresiones, y espero hayan disfrutado de este largo, cansino y difícil de escribir arco. No los abatiré con más palabrería vana, porque este capítulo me salió muy, muy, muy largo, mucho más de lo que me esperaba (¡Con más de 10 mil palabras, el capítulo más largo hasta la fecha!), pero que no quise seguir prolongando innecesariamente en más y más subcapítulos. Ya habíamos esperado demasiado por este final, quiero decir.

En cualquier caso, que tengan muy buena semana y, como consejo del día: Cuidado con la ballena azul... ah, y también con el reto de la ballena azul. Ya les decía Aleksai que esos animales no eran de confiar, pero nadie le hizo caso.