Vuela, viejo decrépito, vuela!
Con tus sueños sabios y fábulas del cielo.
-Alexander Pope
Draco frunció el ceño después de la salida del Auror. ¿Me veo qué? ¿Tonto? ¿Idiota? ¿Un hazmerreír? Quería gritarle a Potter su frustración. Sin embargo el Auror no había parecía divertido. Su expresión había sido más parecida a un niño abriendo paquetes en Navidad.
Miro a los lados antes de pararse delante del espejo de cuerpo entero. Draco se estudio tratando de ver a través de los ojos de Potter. ¿Qué diablos le había visto? Su piel todavía era pálida, el cabello rubio platinado y su boca aun curvada en una mueca perpetúa. El pegote masivo de alas de mierda era el único cambio externo. Recordó el "Oh" suave de Potter y la mirada extraña en su rostro. Draco se alejó del espejo con disgusto.
Joder, ¿y qué? El Gryffindor siempre había sido extraño haciéndose amigo de gigantes, centauros y los Weasley. Probablemente vio a Draco como otra criatura miserable que era necesario salvar. Independientemente de lo que Potter vio o no vio, Draco era un paria. Su único motivo ahora era la venganza. Él sólo necesitaba que Potter le apuntara en la dirección correcta.
Un golpe tentativo sonó en la puerta y Draco sintió un indeseado aumento de esperanza de que Potter se hubiera devuelto y al momento la estranguló hasta la muerte con una mueca. ¿Estaba realmente tan desesperado por compañía?
Su madre abrió la puerta y dio un vacilante paso en el interior.
—¿Draco? —preguntó ella—. ¿Estás bien?
Todavía tengo plumas, si eso es lo que estás preguntando, pensó con sequedad. —Estoy bien, madre.
Ella se acercó a la mesa de trabajo pretendiendo enderezar las púas y tarros de tinta. Este fue el último enfoque de afectación, centrando su atención en elementos al azar para evitar mirar a su hijo.
—Él accedió a ayudarte, ¿entonces? —preguntó, aunque tenía que haber hablado con Potter a su salida.
—Por supuesto. Es su naturaleza ayudar a las causas perdidas y rescatar a los monstruos del mundo —dijo Draco con amargura.
Ella se estremeció y le miró directamente por un momento. —Vamos a superar esto, Draco —dijo firmemente.
Suspiró, sin estado de ánimo para subirle el humor. La visita de Potter le había recordado lo mucho que había perdido. —Sólo espero que me pueda llevar a los hijos de puta que me hicieron esto —dijo Draco—. Todo lo demás es secundario.
—La venganza debe ser secundario a revertir los efectos de la poción, Draco —corrigió ella remilgadamente causando que Draco reprimiera una mueca de incredulidad. Él había sido cambiado fundamentalmente. ¿Acaso pensaba que podía tomar otra poción y volver a la normalidad?—. He pasado los últimos dos días por todos los libros en la biblioteca —prosiguió, y él le miraba como ella cambiaba minuciosamente un candelabro sobre la mesa—. No he encontrado nada todavía, pero hay una referencia prometedor...
Siguió divagando sin saber que Draco ya no la oía. Dudaba que incluso la biblioteca de su padre tuviera la respuesta de la situación. Si Draco hubiera sido cambiado por un hechizo, podría haber sido posible revertir los efectos, pero las pociones tendían a ser más permanente y a menudo irreversible. Sus misteriosos enemigos sabían lo que estaban haciendo, en todo caso.
Su madre finalmente se quedó sin palabras auto-tranquilizadoras, le dio a Draco una débil sonrisa y se fue. Suspiró. Ella no lo había tocado desde su regreso lo cual no era del todo sorprendente ya que los Malfoy apenas eran demostrativos, pero incluso un toque breve podría haber ayudado a luchar contra el manto de la soledad que amenazaba con arrastrarlo a la desesperación. Si su propia madre ni siquiera podía tocarlo... Draco recordó el suave toque de Potter en su ala y el mínimo roce de su piel. ¿Acaso era lo mejor que podía esperar?
Frunció el ceño y se apartó de todos los pensamientos de Harry Potter. Draco lo vería mañana de todos modos. Algo que le molestaba era que ya estaba esperando la visita.
Harry dejó la Mansión Malfoy y se apareció en la casa número 12 de Grimmauld Place. Había olvidado conseguir el permiso de Malfoy para decirle a Kingsley sobre el secuestro. Era lo suficientemente grave como para justificar el estado de un caso real, en lugar de algo que Harry pudiera hacer en su tiempo libre. Era posible que el crimen fuese una venganza solo contra Malfoy, pero si otra sangre pura se presenta con alas el Ministerio seria desafiado a reaccionar de inmediato.
Harry se quitó la ropa y pensó acerca de las alas de Malfoy. Era una extraña manera de buscar venganza, aunque en el caso de Malfoy había sido probablemente la mejor. Harry había sentido las profundidades de la desesperación de Malfoy incluso a través de la fachada de burlona superioridad. Alas. Un sangre pura de la condición de Draco lo vería como una sentencia casi tan mala como la muerte.
Harry coloco el frasco vacío en el escritorio de su habitación e hizo otra nota mental. Necesitaría ayuda para localizar la poción, si tal cosa fuera aún posible. Era una lástima que los magos no tenían algo parecido a las huellas digitales muggles, o el vial en sí podría haber sido útil. Era posible rastrear la firma mágica dejada en un elemento, pero los autores probablemente lo sabrían y se habían tomado precauciones. Malfoy también había anulado cualquier firma cuanto tomo el vial.
Kreacher apareció a su lado y desapareció la ropa sucia de Harry de inmediato. —El baño del amo Harry estar preparado, señor —dijo.
—Gracias Kreacher —contesto distraídamente—. Por favor, no toques este vial. Tengo que llevarlo en la mañana al Ministerio.
—Sí, señor Harry. Desea el amo Harry cenar pronto? —la pregunta era esperanzadora y Harry se preguntó si el viejo elfo de casa en realidad le gustaba prepararle las comidas o simplemente despreciaba a los Weasley's lo suficiente como para estar dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que Harry no fuera.
—No. Recuerda que esta noche iré con los Weasley. No necesitas esperarme despierto.
—Kreacher recordar, señor Harry. Kreacher sólo esperaba que el amo Harry estar en casa esta noche —el tono del elfo doméstico fue de espesor con desaprobación.
—Todavía voy, Kreacher. Gracias de todos modos —Harry entró en la bañera y realizo un hechizo que envió el agua hacia arriba y sobre su cabeza en un flujo constante; era su versión de una ducha muggle. Algún día iba a armar una especie de cortina alrededor de la tina, pero era bastante fácil realizar un encantamiento de secado rápido en el agua que salpica el suelo, así que sabía que probablemente nunca se molestaría.
Otro hechizo de secado trabajo en sus cabellos, aunque no se molesto en intentar peinarlo. De todas formas la Sra. Weasley generalmente lo abordaba tan pronto como llegaba. Ella no parecía poder ayudarse. Hizo una pausa con una punzada momentánea al recordar que había pasado mucho tiempo desde que lo había mimado, en realidad, lo que era sorprendente. Sintió un momento de inquietud cuando considero la noche por delante y se sacudió con determinación. La cena de la semana pasada había sido tensa, pero bien.
Se vistió rápidamente, dándose cuenta de que ya era tarde. Cuando se considero presentable, desapareció.
Harry apareció ante la puerta de la Madriguera y llamó cortésmente. Molly Weasley abrió la puerta y dijo, —Harry, ¿cuántas veces te he dicho que está bien que te aparezcas directamente en la cocina?
Harry sonrió cortésmente y dio su respuesta habitual, —Sí, Sra. Weasley —sintió un destello de tristeza recordando los días que se había sentido cómodo aparecer en las casa de los Weasley en el pasado. Sabía que ellos lo invitaban por la costumbre y pura cortesía forzada. El seguía aceptando las invitaciones en un intento desesperado por recuperar algo que sabía perdido, tal vez para siempre.
—Ven y siéntate. Todo el mundo ya está aquí. No estábamos seguros de que todavía vendrías.
Harry balbuceó una disculpa, pero ella lo ignoró y lo guio a la cocina, que olía celestial. Su boca se hizo agua al pensar en la carne y las patatas con salsa espesa.
—Harry, hijo mío, ven a sentarte —dijo Arthur calurosamente. Harry casi agradece ridículamente su presencia. A pesar de todo, el afecto de Arthur siempre le había parecido estable y constante.
—Sí, Harry —dijo Ron en voz alta—. Ven y agrácianos con tu magnífica presencia.
Harry reprimió un suspiro sabiendo que iba a ser una mala noche. Las palabras de Ron eran arrastradas y el vaso de Whiskey de fuego estaba medio vacío al lado de su plato. Ginny le lanzó una mirada de disculpa mientras tomaba el asiento visiblemente abierto junto a ella.
—Me sorprende que te molestes en unirte a nosotros Harry —continuó Ron—. Los grandes Aurores como tú no suelen comer con gente común e humilde como nosotros.
—Ron, es suficiente —espetó Arthur.
—Oh, lo es, entonces? —Ron respondió agresivamente.
—Tal vez debería irme —dijo Harry en voz baja al Sr. Weasley, tomando nota de las lágrimas en los ojos de la señora Weasley cuando se sentaba a su lado.
—Oh, no ¿Por qué no dejamos que el maravilloso Harry Potter se quede y me voy yo? —ofreció Ron—. Ustedes siempre quisieron que fuera su hijo de sangre de todos modos, ¿no mama? El perfecto Potter, el hijo perfecto.
—Ya basta, Ron. Estás borracho —dijo Ginny agudamente.
Ron se rió maliciosamente. —Lo suficientemente borracho como para decir la verdad de mierda, la que necesitas en una dosis grande Ginevra ¿Aun crees que va a venir llorando a tus brazos algún dia, estúpida imbécil?
—¡Ronald! —gritó la señora Weasley. Su voz rayando en un grito—. ¿Cómo te atreves a hablar así a tu hermana?
Harry empujó su silla y se puso de pie, sintiéndose nauseabundo a pesar del tentador olor de la comida y el hecho de que no había comido nada desde temprano en la mañana.
—Sí, vamos todos a jugar a fingir —se burló Ron—. Es un rasgo Weasley, ¿no? Ginny pretende que Harry la ama, mamá pretende que Fred no está muerto, y yo, bueno, voy a fingir que aún puede caminar! —puso ambas manos sobre la mesa y se tambaleó hacia delante, sacudiendo la mesa y derribando una copa. Ginny gritó—. ¡Vete a la mierda, Ron! —Molly Weasley se echó a llorar.
Harry se alejó cuando Arthur se puso en pie y extendió una mano, ya sea para detener a Harry o agarrarlo para ayudar, Harry no estaba seguro.
—Lo siento —dijo Harry—. Oh, Dios, lo siento mucho.
Ron se desplomó sobre la mesa, derramando su alimento y derribando el Whiskey de fuego cuando sus brazos cayeron. Molly sollozo abiertamente abrazándose y Arthur volvió su atención a consolarla.
Ginny se apartó de la mesa. —Voy a ver a Harry —dijo.
Harry se sintió como un cobarde cuando huyó de la escena, pero su alivio era más grande que la culpa.
—No debería haber venido —dijo cuando la puerta se cerró detrás de ellos y el aire fresco de la noche le golpeó la cara. Respiró profundamente y sintió como su pecho podría explotar.
—No es culpa tuya. Estaba bien la semana pasada. Debí advertirte que ha estado tomando todo el dia —dijo Ginny. Harry por casualidad le dio mirada y vio su hermoso rostro tenso por el dolor.
—Mira, Ginevra, lo que dijo...
—No, Harry —dijo ella bruscamente—. Hemos estado en esto más de una docena de veces ya. Es cierto, después de todo. Tú no me amas.
Te amo como una hermana, quería decir, pero él había pronunciado esas palabras una vez antes y la fuerza de su rabia casi le había aplastado. Harry abrió la boca para decir algo, pero Ginny lo interrumpió.
—Mira, Harry, no es culpa tuya. Ninguno de nosotros te acusa de nada, ni siquiera Ron cuando él está en su sano juicio.
—Sí —dijo Harry, no creyendo en realidad sus palabras. Ron, por seguro lo culpaba y con toda razón. Si hubiera sido solo un poco más rápido, o puesto más atención...
La mano de Ginny estaba en su brazo, apretándole suavemente. No se atrevía a retirarla para que no resintiera el rechazo.
—Dile a tu madre que lo siento —dijo con voz ronca.
Ella suspiró y asintió con la cabeza antes de dejarlo en libertad. —Te amo, Harry.
Hizo una mueca como si ella le hubiera cortado, asintió como tonto y desapareció. En su habitación, miró el frasco sobre la mesa y trató de encontrar algo a que aferrarse. Su mundo descompuesto de repente en la desesperación.
No podría amar a Ginny, no pudo ayudar a Ron ni podía traer Fred Weasley de entre los muertos. Tal vez podría ayudar a Malfoy con sus maravillosas alas.
Harry se echó a reír y se dio cuenta que rayaba en la histeria.
Un poco de consuelo de mierda, eso era.
