Nadie considera lo que está ante sus pies;
Todos miran las estrellas
-Quinto Ennio
Al final, Harry se fue a ver a Hermione. Ella le concedió el acceso a través de la Red Flu y miró el reloj mientras suspiraba.
—¿Qué pasó? —preguntó ella y dejó de lado algún tomo ridículamente grande que había estado leyendo. Una breve historia del Ministerio de la Magia. Harry hizo una mueca.
—Ron estaba borracho —dijo.
—¿Supongo que no has comido? —preguntó y contestó su propia pregunta al marchar a la cocina. Harry se arrastró tras ella y se sentó en la mesa pequeña mientras ella calentaba agua con un hechizo y arrojaba un poco de pasta. Sacó un cuenco de salsa de la nevera y lo calentó. La casa de Hermione era una curiosa mezcla de elementos mágicos y muggles. Tenía una cocina moderna y una nevera aunque ambos trabajaban con magia en lugar de electricidad.
Con gratitud Harry comió la pasta con salsa de carne y queso; y bebió dos cervezas de mantequilla. Hermione baño pequeños trozos de pan en la salsa extra y lo vio comer.
—¿Así que Ron sigue actuando como un imbécil idiota? —comentó al terminar. Harry se sonrojó.
—Tiene derecho, Hermione.
—¡Han pasado siete meses, Harry! No tiene derecho a imponer su enojo perpetuo auto-indulgente a todo el mundo a su alrededor. Si los Weasley dejarán de mimarlo y tratarlo como el pobre, roto poca cosa de Ronnikins... —se interrumpió y respiro profundo para estabilizarse—. Lo siento. Sé que esto es un punto delicado para ti, pero Harry tienes que dejar de culparte. ¡Lo qué pasó con Ron fue un accidente!
Harry cabeceo y examinó los toques mojados dejados sobre la mesa por la condensación de las botellas. Levantó un dedo y bordeo uno al azar siguiendo el patrón circular en varias ocasiones. Él no creía las palabras de Hermione y ella lo sabía. Harry se sentía responsable de los daños de Ron y de la posterior ruptura de Hermione con él.
—¿Algún caso interesante? —preguntó para cambiar de tema.
Harry agradecido volvió su mente al trabajo. —Sí, en realidad. Ahí uno en que podría usar tu ayuda pero tengo que pedir permiso primero. Espero poder convencerlo.
Si alguien podía ayudarle a rastrear la poción utilizada en Malfoy, esa era Hermione. A Harry no le agrado la tentativa de tener que convencer a Malfoy, pese a todo. Hermione asintió, sabiendo que no diría nada más al respecto. La conversación volvió a acontecimientos al azar sobre el Ministerio y Harry se sintió mucho más tranquilo cuando volvió a casa y se subió a la cama.
Draco estaba molesto. Después de su sexto viaje al espejo para ver su cabello, se dio cuenta de que estaba arreglándose para Harry Potter. No sólo eso, sino que se veía que esperaba ridículamente otra visita del molesto Auror. Supuso que eso sólo demostraba lo desesperado que estaba por compañía, no importaba cuán estúpida resultara. Draco estaba cerca de llamar a Greg y pedirle que lo pasara a buscar, casi dispuesto a revelar su secreto a cambio de una conversación normal. En la actualidad, Draco había estado evitando Greg, que probablemente comenzaba a sentirse despreciado si Draco le viniera con otra pobre excusa para no verle. Probablemente tendría que revelarse, y esperaba que la amistad de largo tiempo con el superará la repulsión de sangre pura de lo que se había convertido Draco.
Aunque no estaba dispuesto a correr ese riesgo.
Revisó su apariencia una vez más y luego frunció el ceño ante el espejo. Sin embargo se veía bien. Esta vez había decidido llevar una camiseta en lugar de arriesgarse a otro momento de contacto con Potter, aunque el Auror tenía pocas razones para tocarlo. La camisa de cashmere negro era sin mangas y Draco había dividido la parte posterior para dar cabida a las alas. Un poco de contorsión le permitió abrir las rajas.
Se admiró una vez más, ignorando las molestas plumas lo mejor que pudo, y se dirigió al solar. Era lo suficientemente brillante como para satisfacer la necesidad de Potter de ser estúpido, y sin embargo proporcionaba a Draco una cierta comodidad. El solar había sido siempre una de sus habitaciones favoritas, sobre todo en el invierno. Los hermosos árboles verdes y flores en el interior del solar contrastaban con los arboles estériles y el jardín cubierto de nieve que se veían más allá de los ventanales de cristal reforzado. Los grupos de narcisos blancos perfumaban el aire en homenaje a la madre de Draco.
Potter el Plebeyo tuvo la sensación de estar impresionado. Se dirigió directamente a las enormes ventanas y contempló la fría mañana de noviembre. El cielo estaba gris opaco, con la promesa de nieve más tarde.
—Gran habitación —dijo Potter. Ese dia había renunciado al uniforme de Aurores y en su lugar vestía una túnica semi-formal verde bosque. Draco había visto una camisa de color negro debajo de la túnica durante el superficial saludo de este. Potter en verde. ¿Nunca acabarían las sorpresas?
—Buenas noticias —dijo Potter sin apartarse de la ventana—. Kingsley a asignado un número al caso y me ha permitido ayudarte por mi propia cuenta. No divulgue la naturaleza de tu... aflicción, solo que fuiste secuestrado y obligado a elegir entre la muerte y, bueno... le di las notas. Las enviaran a análisis aunque no creo que nada útil salga de eso.
Draco escucho el balbuceo de Potter con una media sonrisa. Era agradable escuchar algo más que el silencio o la alegría forzada en la voz de su madre. Potter se volvió hacia él y Draco pudo apreciar como la túnica verde causaba que los ojos de Potter se vieran como las hojas en primavera. El Auror arruino el efecto al levantar la mano para empujar las gafas más arriba del puente de la nariz. Los dedos de Potter eran sorprendentemente largos y delgados. Draco se preguntó si todo lo de Potter era largo y delgado e inmediatamente cerró esa línea de pensamiento. ¿De dónde diablos había venido eso?
El Auror saco un elemento de su túnica y miró a Draco con curiosidad.
—Traje el Pensadero. ¿Dónde debemos...?
Draco hizo un gesto hacia el banco de mármol circular en el centro de la habitación. Rodeo una enorme estatua de un "Nereida" que normalmente arrojaba agua a una fuente de la urna abrochada bajo los brazos, pero Draco encontraba las agradables burbujas de agua molestas y lo había apagado.
—Esto debería estar bien, ¿a menos que requieras alguna acomodación especial?
Un matiz de irritación cruzó las facciones de Potter, pero se limitó a menear la cabeza. Un hechizo rápido amplio el Pensadero y Potter coloco el objeto volvo sobre el asiento. A continuación convoco el líquido que vertido desde la punta de su varita hasta casi rebosarlo. A su pesar Draco estaba impresionado, el líquido del pensadero no era agua y no era fácil de conjurar.
Potter miró expectante a Draco, quien suspiró. No se sentía cómodo dejando a Potter pasearse por sus recuerdos a pesar de que entendía la necesidad.
—No te preocupes —dijo Potter tranquilizador. Draco le dio una mirada, el no era un maldito Hufflepuff para necesitar condescendencia. Se toco la frente con la varita y pronuncio el hechizo para quitar la memoria y prácticamente lanzo la línea plata al pensadero.
—Si quieres... ¿Vas a venir? —le preguntó.
Draco negó con la cabeza. —Pasé por eso una vez, Potter. No tengo ningún deseo de volver a revivirlo —se cruzó de brazos y se fue a tomar el antiguo lugar de Potter en la ventana, dejando al Auror con su voyeurismo.
Harry miró a Malfoy pararse ante la fría vista. Sus ojos se deslizaron sobre las blancas alas, que parecían aún más magníficas en contraste con el negro del traje de Malfoy. El cuello alto sin mangas era casi peor que la piel desnuda que Malfoy le había mostrado el día anterior. Eso hizo que se sintiera una extraña y caliente sensación.
Eran las malditas alas, pensó. Eso es todo.
Harry volvió su atención hacia el Pensadero y trató de ponerse en modo de Auror. Tenía que dejar de pensar que Draco Malfoy era atractivo. Harry se sentó y metió su rostro en el líquido. Reconoció el Callejón Diagon inmediatamente y dio un paso atrás cuando Draco cruzo la calle, mirando al frente y sosteniendo una caja etiquetada con el logo distintivo de Fortescue. Caminaba como si fuera el dueño de la calle y distraídamente se burló de una bruja mayor que paso ante él rozándole con un ofensivo estornudo.
Harry no vio los asaltantes de Malfoy hasta que lo agarraron, como si hubieran aparecido de la nada. Lo cual era una de las limitaciones de la memoria del pensadero, solo podía proveer lo que la persona recordaba y al parecer Malfoy no se dio cuenta en qué dirección habían venido, para él era como si hubieran aparecido de repente, lo cual daba la posibilidad de que hubieran usado la aparición, por supuesto, pero no había ruido.
—¡Petrificus Totalis! —dijo la figura más pequeña atascando su varita en las costillas de Malfoy. Definitivamente una mujer, observo Harry, a pesar de que sólo sus manos se veían fuera de la voluminosa capa oscura. Malfoy se puso rígido y el alcance de la memoria se redujo cuando su pánico bloqueo todo lo que no sea su entorno inmediato. El hombre lo cogió por los brazos, mitad arrastrándolo mitad empujándolo, a un callejón oscuro. La mujer, quien permanecía completamente cubierta por sus ropas oscuras, los seguía, el movimiento de su capucha sugería que miraba en busca de espectadores.
—¡Stupefy! —dijo entre dientes cuando llegaron a las sombras y al instante la memoria se volvió negra. Harry pensó que saldría del Pensadero, pero al instante cayó en un pozo, lo que lo dejo un poco desconcertante. Reprimió un escalofrío involuntario cuando la luz se aclaro y vio la memoria de Malfoy explorar su entorno helado.
Malfoy grito a sus captores, busco escapar, y finalmente sucumbió a la tentación de la poción en lugar de ceder a la amenaza invasora de la muerte lenta por congelación. La garganta de Harry se cerró cuando Malfoy ingirió el líquido. Vio la erupción de las alas y luego la memoria quedó a oscuras.
Harry salió del Pensadero y cuidadosamente se guardo cualquier expresión. Lo último que Malfoy necesitaba ver era compasión. Harry miró a la estatua de la Nereida, no viéndola en realidad. Necesitaba un momento para ordenar sus sentimientos. Lo que Malfoy veía como debilidad Harry lo contaba como fuerza. El rubio había visto las profundidades de la desesperación y salió intacto. Era difícil para el admitir admiración cuando esta se dirigía a Draco Malfoy. Salvo físicamente, aparentemente. Hizo una mueca.
Se volvió y se reunió finalmente con la mirada plateada. Lo cual lo veía sin expresión.
—Nunca me respondiste cuando te pregunte si la poción tenía otros efectos además de lo obvio —dijo Harry—. ¿Supongo que tu magia no se vio afectada?
—No he notado cambios en mi capacidad para lanzar hechizos —admitió Draco—. Y parece que soy inmune al frío.
—¿Eres inmune al frío? —repitió Harry.
—Un efecto secundario interesante, teniendo en cuenta donde estaba encarcelado. A menudo me pregunto si mis asaltantes sabían lo que iba a suceder.
—¿Algo más?
Malfoy pareció vacilar y luego se encogió de hombros. —Estoy mucho más fuerte ahora. Físicamente, me refiero. Creo que tiene que ver con las alas. Parecen generar algún tipo de campo que me permite volar. Estas cosas... —Malfoy levantó el borde de un ala con una mano, extendiendo las plumas como un abanico hermoso—, no podría sostenerlas con mi peso sin mejora mágica.
Harry asintió y apartó la vista de la extensión del blanco en relieve con el negro de la ropa de Malfoy. —Probablemente una especie de ingravidez de campo —dio media vuelta y se entretuvo con el Pensadero extrayendo la cinta de memoria. Malfoy se acerco y dejo a Harry devolver la memoria con un toque de varita en la sien.
La proximidad de Malfoy era inquietante y Harry rápidamente se volvió al pensadero. No es atractivo, no es atractivo, no es atractivo, recitaba para sí mismo. Desapareció el líquido y redujo el Pensadero mientras se pregunta si alguna vez había encontrado un chico tan digno de lujuria, de todos modos. ¡No que sintiera lujuria por Malfoy! El chico era... muy bonito. Son las malditas alas, se recordó Harry.
—Malfoy, hay una persona que quiero decir sobre esto —dijo.
—¿El jefe de Redacción del El Profeta? —le pregunto Malfoy secamente.
Harry lo miró y sonrió casi con alivio. Actuando Malfoy como un maldito era más fácil pensar en él desde una perspectiva menos positiva. Definitivamente no atractivo.
—Hermione, en realidad —dijo Harry.
Malfoy soltó un bufido. —Debí haberlo adivinado. Supongo que tendrás que dejar que Weasley sepa tan bien, ¿eh?
Harry palideció ante la mención de Ron.
—No —dijo en voz baja—. No, no lo creo —por suerte, Malfoy no dijo nada. Al parecer, no sabía acerca de la condición de Ron—. Necesito a Hermione para investigación para mí. Soy una mierda en eso.
—¿Qué necesitas investigar? —le pregunto Malfoy—. Tenemos toda una biblioteca aquí en la mansión.
Quiero saber qué demonios eres, pensó Harry, pero para no saborear un puñetazo en la boca obvio el comentario. —Ella tiene acceso a los archivos históricos desde que trabaja para el Departamento de la Ley Mágica. Quiero que busque cualquier poción similar a utilizada en el pasado y a cualquier persona que podría haber tenido acceso a eso. Además, ella vive para ese tipo de cosas. Probablemente lo consideran un regalo adelantado de Navidad. También podría pensar en cosas que ni tu ni yo pensáremos.
La expresión de Malfoy definió claramente lo que pensaba de la capacidad de Hermione de sobrepasarlo, pero él no había rechazado de inmediato la idea, lo que Harry encontró esperanzador.
—¿Se puede confiar en ella para no decir nada? —le pregunto Malfoy.
Harry le sonrió. —Por supuesto.
—¿Nadie más va a saber?
—Te lo prometo —dijo Harry.
Malfoy suspiró y asintió. Se miró de pronto muy abatido y Harry impulsivamente le puso una mano en su brazo.
—Oye —dijo—. Va a estar bien. Ya lo verás.
Draco sintió la mano de Potter tocar su brazo desnudo y el mundo se volvió blanco. Duró sólo un instante y luego Draco vio a Potter en una habitación poco iluminada, con un fajo de papeles y sonriendo sardónicamente. La escena cambió y Potter estaba corriendo a toda velocidad, gritando algo sin sonido. Su túnica de Auror se elevaba y enganchaba en los arbustos mientras se abría paso entre ellos. Otro cambio y la cabeza de Potter fue inclinada hacia atrás para exponer su garganta. Sus lentes se habían ido y el pelo se le aferraba a la frente en mechones oscuros y húmedos de sudor. Tenía los labios ligeramente separados y sus pálidas mejillas sonrojadas.
Draco saltó lejos del Auror y su rostro palideció. La cara de Potter se arrugó con preocupación.
—¿Estás bien?
—Bien —dijo Draco bruscamente, aunque un dolor de cabeza había florecido detrás de sus ojos.
—Estuviste completamente en blanco durante un minuto. Pensé que te estabas teniendo un ataque.
—Los Malfoy no tiene ataques —se burló Draco ausente. Luchó contra la tentación de frotarse las sienes y observó cómo Potter casi visiblemente se mordió la lengua. La mandíbula del Auror se contrajo.
—Voy a irme entonces —dijo finalmente. Se volvió hacia el Pensadero y lo guardó en el bolsillo—. Haré que Hermione comience con los registros mientras echaré un vistazo a la zona donde fuiste tomado. También voy a tratar de localizar el pozo y ver si el entorno nos da alguna pista. Te mantendré informado vio lechuza, si está bien para ti.
—Por supuesto. Estoy seguro de que normalmente cobran una tarifa por el honor de recibir una visita del vencedor de todo mal.
—Vete a la mierda, Malfoy —le replicó Harry.
Draco casi se echó a reír. Había olvidado parte de la emoción que era atormentar a Potter.
—¿Te acuerdas de la salida? —le preguntó suavemente.
—Me las arreglaré —dijo Potter y se fue.
Draco movió su varita para activar la fuente y observó el flujo de agua mientras meditaba lo que había visto. Le había sucedido una vez antes. La primera vez cuando había regresado a la mansión. Su madre, después de su ataque inicial de casi histeria, le había abrazado con cautela. Una visión en trance había asaltado a Draco. Había visto a su madre inclinada sobre una mesa llena de libros polvorientos, frotándose los ojos como agotada. Una segunda imagen que había mostrado a su madre en el jardín tendiendo rosas amarillas con el pelo recogido en una elaborada trenza.
Draco jugó con su varita y trató de encontrar un elemento común. Contacto con la piel desnuda, al parecer. Había estado sin camisa cuando su madre lo había abrazado y la mano de Potter había tocado su brazo desnudo. Al parecer un ligero toque no provocaría las... ¿qué? ¿Visiones? ¿Recuerdos? ¿Eran imágenes del pasado, o el futuro?
Pensó en Potter, con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos vidriosos por la pasión. Draco respiro inestable. Decidió que era difícil en el sexo no encontrar aquella imagen erótica. Sin embargo, se pregunto con quien había estado Potter, o con quien iba a estar. Para inducir tal expresión. ¿Con la comadreja menor? Draco no se había mantenido al día con las noticias que rodean a Potter en los últimos cinco años, a excepción de los artículos que lanzaba El Profeta donde la cara del Auror aparecía. De todo lo que Draco sabia, Potter podría ya haberse casado con la chica. La idea le llenó de horror y se encogió de hombros. Simplemente no me gusta los Weasley, racionalizo. Eso es todo.
Decidió ir y repasar los números anteriores de El Profeta y ponerse al día sobre Potter. Sólo por tener algo que hacer, por supuesto.
