¡Oh! ¡Quien me diese alas como de paloma!
Porque entonces volaría yo y descansaría,
-Salmos 55:6
La búsqueda de Harry en el Callejón Diagon no dio resultados, como esperaba. El lugar donde Draco había sido secuestrado había sido, obviamente, cuidadosamente seleccionado con antelación. Había una curva en la calle en ese punto con arboles altos en maceta oscureciendo la mayor parte del callejón de la vista de los demás. Dos personas escoltando a un solitario mago a la apertura apenas se notaría. Los negocios que bordeaban el callejón apenas eran sospechosos. Uno de ellos era una boutique de ropa para bebes y niños magos. El otro pertenecía a un antiguo mago carpintero especializado en problemas de varitas con sus dueños.
Nadie tenía recuerdo de haber visto algo inusual, ni los comerciantes cercanos ni los empleados que había notado Malfoy. Sin embargo, le recordaban en Fortescue, donde había comprado un bloque de dos libras de almendras dulce y bebió dos tazas de té fuerte.
—A algunos no le gusta alguien como' él... ya sabes, fue un mortífago —le dijo con complicidad la joven empleada. Ella le guiñó un ojo y quebró su pompa de chicle ruidosamente—. ¡No me' importa si ha estado en Azkaban, ese Draco es precioso! ¿Los has visto? ¡Con esos ojos... es para morirse!
Harry mordió el interior de su mejilla para disimular su disgusto. De repente estaba contento que Malfoy se hubiera auto impuesto el exilio, aunque sólo fuera para evitar que vendedores ambulantes de helados apenas alfabetizados se lo comieran con los ojos.
—Sí, viene usualmente aquí. Toma asiento allí en esa silla y bebe dos tazas de té. Earl Grey, negro, con un triple de azúcar. En el verano pide tamarindo dulce con el pudin. ¿No es eso elegante?
Harry se las arregló para no resoplar, pero la chica no le prestó atención, mirando fijo y distraídamente la silla que Malfoy había ocupado previamente, perdida en su mundo de fantasía. Harry compró un bloque de chocolate y se fue. Aquella parte de la investigación estaba prácticamente garantizada como una pérdida de tiempo. Si alguien se hubiera dado cuenta del secuestro de Malfoy, una alarma habría sonado al instante. Era posible que alguien se hubiese dado cuenta y que no haya dicho nada, debido a la infamia de Malfoy por ser el hijo de un mortífago.
Harry con mucho gusto dejo el Callejón Diagon atrás. No tomo mucho tiempo antes de que una pequeña multitud se apareciera y siguiera sus pasos, pidiendo autógrafos y fotos. A veces ser famoso hacia de su trabajo como Auror un casi imposible. Se apareció en el Ministerio y se encerró en la oficina, supuestamente para ponerse al día con el papeleo, pero en realidad era para esperar la hora del almuerzo con Hermione. El aburrimiento lo llevó a hacer en realidad algunos de los papeleos y se sorprendió un poco cuando Hermione sacó la cabeza por la puerta.
—Siento llegar tarde —dijo—. ¿Estás listo? Tendré que cortar un poco el tiempo de hoy, ¿Tienes alguna comida en casa?
Harry asintió, aunque sabía su idea de lo que era alimento y lo que ella consideraba que era estaba kilométricamente distanciadas. Él quería hablar con ella en privado lo que hacía que casi todas las partes en Londres fueran descartables salvo su piso en el número 12 de Grimmauld Place.
Ella arrugó la nariz cuando se apareció en la sombría cocina. —¿Cómo puedes soportar vivir en este revoltoso lugar Harry?
—¡Harry Potter está a gusto con su casa así como esta! —se movió Kreacher en la despensa.
Hermione se sonrojó. —Lo siento, Kreacher. No quise darle ese significado.
El elfo le miro y deliberadamente le dio la espalda, murmurando en voz baja. Harry sospecha que en su silenciosa diatriba participaban palabras como sangre sucia y no-sirve-ni-para-lamer-los-zapatos-del-Amo, pero Kreacher finalmente había aprendido a no hablar en voz alta de tales cosas cerca de los oídos de Harry. —¿El Amo Harry esperara el almuerzo?
—Sí, Kreacher. Y Hermione también se quedara a comer.
Kreacher le dirigió una mirada siniestra a ella y arrastrando los pies se fue a la despensa. Ella le miro con desagrado.
—Creo que esperare a comer en la oficina. Siempre estoy pensando que llegara a envenenarme —dijo.
—No se atrevería —le aseguró Harry y sacó una silla para ella.
—Bueno, tal vez no. Pero probablemente no se abstengan de escupir en mi comida.
Hermione finalmente había dejado de insinuarle a Harry que liberara al elfo. Era más que probable que el ligeramente desquiciado elfo lo viera como una traición de la peor especie. Había sido casi tolerable desde que decidió que Harry era un amo aceptable, pero su cortesía rara vez se extendía a los amigos del moreno y/o a sus invitados.
Kreacher trajo un plato lleno de una alta variedad de los bocadillos favoritos de Harry y estrelló una tetera de té sobre la mesa cerca del plato antes desaparecer con un resoplido dirigido a Hermione. Ella examinó el contenido del sándwich con cuidado, pero se considero a salvo ya que era del mismo plato del almuerzo de Harry.
Harry le explicó la afección de Malfoy mientras comían.
—¿Alas? —repitió ella—. ¿Él tiene alas? ¿Como un pájaro?
Harry asintió y deseó poder transmitir la brillantez de ellas, pero las palabras no les hacían justicia. Explicó todo lo que podía recordar, excepto la parte sobre la necesidad imperiosa de Harry de tocar las plumas de Malfoy, por supuesto.
Ella insistió en comer rápidamente e hicieron un desvío a su apartamento. En el instante en que aparecieron en el interior lo arrastro a su "biblioteca", que era en realidad la habitación para invitados. Cada pequeño espacio visible de la pared estaba cubierto por estanterías. Aquellos estaban inundados de libros, por lo que había apilado el exceso en el suelo. Ahora sólo un pequeño camino conducía a través de la selva de libros a la cama.
Harry prefirió quedarse en la puerta antes de perderse o, aun más aterrador, tirar alguna pila. Temía que aquello iniciara una reacción en cadena que podría destruir la habitación entera. Hermione con valentía siguió adelante y desapareció de su vista. Solo su voz llegó de nuevo a él.
—¿Así que, no pensaras que es un veela? —preguntó ella.
—No. De lo que recuerdo, el principal rasgo del veela es su instinto de apareamiento algo agresivo... Además, sus alas desaparecen por completo cuando lo desean. Las de Malfoy son permanentes —Harry trató de no pensar demasiado en Malfoy en asociación con el instinto de apareamiento, excepto por una breve fantasía donde Malfoy en verdad seria uno y se le abalanzara en un frenesí amoroso... Harry luchó con el pensamiento hasta aplazarlo, lo sujeto con hierros y lo lanzo a un pozo sin fondo.
—...no hay muchas criaturas aladas, incluso en la mitología —decía Hermione—. Apenas puedo imaginar una poción que podría inducir esa transformación.
—Exactamente —dijo Harry, aferrando a un tema que esperaba lo alejara de un Malfoy con alas—. Ninguna que podría desarrollarse así de la noche a la mañana. Tomaría años, ¿no te parece?
—Décadas probablemente. ¿Me pregunto si Draco sería el objetivo primario? Quizás alguien tiene una vendetta contra los Malfoy en general, o tal vez la poción era para Lucius, que en realidad, tuvo suerte al ser encerrado en Azkaban.
—Estoy casi seguro de que los Malfoys eran las victimas destinadas —admitió Harry—. Más bien una conspiración contra la sangre pura. Si algún otro sangre pura sale con alas, Kingsley querrá mi culo. La mayoría de las familias de magos ya habrían enviado vociferadores al Ministerio exigiendo acción, así que no creo que haya sucedido, aún.
Hermione apareció de nuevo con los brazos cargados de enormes libros. Harry tomó varios para aligerar su carga.
—¿Sabe Lucius lo que está pasando? —preguntó ella.
Harry respiró hondo. No había pensado en preguntar.
—Apostaría que no —dijo Harry en voz baja—. Malfoy, Draco probablemente tenga la esperanza de librase de su aflicción mucho antes de que su padre sea puesto en libertad.
—A Lucius le quedan menos de dos años para eso.
—No me lo recuerdes —dijo Harry con un escalofrío. Sabía que había algo bueno en el hombre, a juzgar por su comportamiento durante la Batalla de Hogwarts, pero no lo suficiente para inclinar la punta de la balanza a favor de Harry a corto plazo.
Hermione se dejó caer en su lugar favorito, con las piernas cruzadas sobre una gruesa alfombra frente del fuego, y con impaciencia abrió un libro. Harry acomodo los otros a su alcance.
—Creo que... uhm...
Ella le hizo señas de distancia. —Sí, sí, eres lamentable en la investigación. Corre y evítalo.
Harry enrojeció con aire de culpabilidad. —Mira, también puedes consultar en el ministerio por alguien que podría haber estado bajo sospecha de elaborar pociones como la que han usado con Malfoy?
—Hmmm, sí. De hecho, voy a buscar por alguien que sea capaz de tal hazaña. Su habilidad tendría que ser considerable. Es una lástima que Snape se haya ido. Probablemente nos habría dado una lista de lo mejor de su rama.
—Dumbledore, también. De hecho, valdría la pena un viaje a Hogwarts para hablar con su retrato. Me pregunto si la profesora McGonagall podría sernos útil también —un retrato de Snape habría sido ventajoso, pero por lo que Harry sabía tal cosa no existía. Incluso las fotos de Snape eran difíciles de localizar.
Hermione asintió distraída y Harry sonrió en respuesta. Ella ya estaba inmersa en la lectura.
—¿Qué tal si te llevo a cenar esta noche? ¿Como agradecimiento por estar siempre ahí para mí?
Ella arrastro los ojos lejos del libro para mirarlo. Se ruborizó un poco, pero se rió cuando respondió, —Si no te conociera mejor diría que me estás invitando a una cita.
Harry frunció el ceño. —¿Qué quiere decir si no me conocieras mejor? Tal vez si te estoy pidiendo una cita.
—Harry James Potter trata de recordar con quien estás hablando. ¿Recuerdas cuando fuimos a esa cafetería muggle en Dover el mes pasado?
Harry le miró boquiabierto. Ella había sido la única que lo había arrastrarlo a ese turismo por Gran Bretaña durante un fin de semana, para tener un cambio de escenario, y recuperarse de otra discusión con Ron Weasley. —¿Te diste cuenta de eso? —preguntó sin convicción.
—¿Di cuenta? Pensé que tendría que sacar mi varita para levitar tu lengua de regreso a tu boca. Eso sí, él era precioso.
Harry recordaba a ese hombre con un destello de vergüenza. Había caminado a través del café como un sueño rubio, volteando todas las cabezas en el lugar. Harry había pensado que su corazón podría romperse cuando el tío se había sentado frente a una impresionante mujer morena, haciendo caso omiso de los escombros de los corazones rotos a su alrededor. Ahora que pensaba en ello, el hombre en Dover había tenido un parecido bastante sorprendente con Draco Malfoy. Salvo que Malfoy era aún más guapo...
—Para ser honesta tenía una ligera sospecha antes de eso —dijo Hermione—. Pasabas demasiado tiempo admirando a Bill Weasley en las reuniones de la Orden.
—¡Admiraba su pendiente!
—Y sus pómulos y sus ojos de ensueño, y ese cabello largo rebelde que pedía ser liberado de la cola...
Harry se echó a reír. —¡Al parecer no era el único! ¿Segura que no compartimos los mismos gustos...?
Ella arrugó la nariz. —No mucho. Los rubios no son lo mío y no creo que te sintieras atraído alguna vez por Ron...
—Gracias a Merlín no; él habría tenido ataques de saber que estaba evaluando a algunos de sus hermanos, por no hablar de él ¡Nunca pensé en Ron de esa manera y él siempre estaba interesado en ti!
Ella ignoro eso. Su relación con Ron no estaba en discusión en esos días. En cambio le preguntó con malicia, —Hermanos, ¿Plural?
Harry se sonrojó. —No me digas que nunca haz fantaseado con los gemelos Weasley.
—Sólo si estaban atados y amordazados —dijo.
—¡Hermione!
Ella se echó a reír. —¡No para eso! ¡Solo para callarlos y evitar que hicieran travesuras! ¿Te imaginas? —ella se puso seria—. Quiero decir, antes de Fred...
La diversión huyo del rostro de Harry. Parecía que cualquier mención de los Weasley en estos días daba lugar al dolor. Entre lo de Fred, Ron y la ruptura de Harry con Ginny, simplemente no había temas seguros.
—Sí, cenare esta noche contigo Harry.
Él le sonrió con gratitud. Ella era la única cosa en su vida que se mantenía firme y constante. El contaba con ella más de lo que nunca sabría.
Draco se sentó y flexionó sus alas mientras se estiraba. Había estado hojeando viejas publicaciones del Profeta durante horas. Algunos de los artículos habían sido enriquecedores, por decir lo menos. Potter había sido un niño ocupado en los últimos cinco años. Grandemente condecorado. En camino de convertirse en Jefe de Aurores. Campeón de la Justicia y Defensor de los débiles, y toda esa basura. Draco apenas le dio un vistazo a esas historias. Era rara vez interesante cuando aparecía en primera plana. Eran los artículos pequeños las verdaderas joyas. Como aquel en que se detalla un accidente que había dejado a Ron Weasley incapacitado permanentemente. Una caída durante su primer mes como un Auror, y un Potter que no pudo salvarlo. Incurable.
Draco apostaría a que Potter se cargaría toda la culpa de aquello. Guardo el conocimiento para futuros tormentos y distraídamente se preguntó qué había pasado con el mejor amigo de Potter. Probablemente el Auror había tomado toda su culpa y pasaba todo su tiempo libre en espera de la mano o el pie de la comadreja. La imagen hizo a Draco preguntarse dónde viviría Potter. Un lugar no revelado en Londres era la única información proporcionada por el papel. Y no había en absoluto nada escrito acerca de la boda de Potter, o incluso un compromiso. Curioso. Si Potter se había casado con la comadrejilla el mundo mágico no sabía nada al respecto.
Un elfo doméstico apareció para advertir que su madre andaba por su sección de la mansión. Draco tomó la señal para escapar. El desayuno había sido el límite de su paciencia con ella, su único tema de conversación era, como encontrar una manera de revertir los efectos de la poción antes de que Lucius se enterara.
Draco huyó de la biblioteca y se dirigió a su nuevo lugar favorito, el techo. Una ventana del ático se abría a la pendiente cubierta de nieve y Draco dio un paso a través de él. Sus pies descalzos se hundían en el polvo blanco y usaba sus alas para mantener el equilibrio mientras caminaba a lo largo de la cima.
Cuando llegó a la orilla, se agachó y miró por encima de la propiedad Malfoy a pesar de la limitada visibilidad debido al espesor de la nieve. El silencio era inmenso y la tierra se veía húmeda y un poco surrealista. La luz de la tarde fue silenciada hasta el punto de casi oscuridad. La respiración de Draco hizo nubes con cada exhalación.
Levantó un puñado de nieve y miro mientras se consumía en su mano. Era extraño no sentir frío, podría haber tenido un puñado de arena. Sacudiéndose las gotas de agua perdió el equilibro y casi se cae del techo. Sus alas lo sostuvieron, por supuesto, y al ver como estas arremolinaban la nieve cedió a un impulso repentino. Con un movimiento rápido, Draco se disparó hacia el cielo.
Casi había olvidado lo divertido que era volar. Cortar el aire en una escoba era maravilloso, pero esto... bueno, era algo especial. Las alas de Draco tiraron el aire llevándolo hacia arriba, hasta que la mansión se perdió entre nieve y niebla. Se quedo ciego al entrar en las nubes pero no se detuvo hasta romper a través de ellas y emerger al sol.
Se detuvo aleteando las alas perezosamente, sacudiéndose las gotas de agua a cada golpe. El sol lidero los penachos de blancas nubes en oro extendiendo el paisaje hasta donde alcanzara la vista, como un océano de gasa. Draco estaba seguro de que hacia aún más frío a esas alturas, pero parecía cálido. A pesar de no poderlo sentir de repente se canso del invierno.
Cuando se canso de la vista se dejó caer hacia abajo a través de las nubes y se preguntó qué pasaría si recogiera sus alas. Caería como una piedra de seguro, y haría de la caída de Ron Weasley casi un tropiezo en el patio de recreo. Se tentó por un momento. Ya no tendría que lidiar con los llantos de su madre, ni estar encerrado en la mansión, ni preocuparse por la reacción de su padre. Sería libre de tormentos. Y de todo lo demás.
De manera extraña fue el pensamiento de Potter lo que lo detuvo. El había aceptado ayudarle. No le miraba con lastima. Draco extendió sus alas y freno el descenso reconociendo irónicamente que todo en su vida volvía a Potter, con el tiempo.
Harry no había encontrado excusa decente para ver a Malfoy en los tres días siguientes. El Callejón Diagon había sido un callejón sin salida. Harry busco con diligencia el lugar donde Malfoy había sido encarcelado y se las arreglo para encontrarlo gracias a las instrucciones que el rubio le había proporcionado. Estaba en medio de un campo cubierto de maleza, casi invisible entre las zarzas. La nieve parecía inexistente en esa área aunque todavía estaba muy frio.
Harry reconsideraba entrar en el pozo por temor a algún tipo de trampa pero una variedad de hechizos de detección no revelaron algún peligro. Se montó en su escoba y se dejó caer con cuidado en la oscuridad.
El lugar era aterrador, incluso cuando la varita iluminada disipaba la oscuridad. Sólo podía imaginar lo terrible que sería estar sin luz y sin protección contra los elementos. Sintió una llamarada inoportuna de compasión por Malfoy dándose cuenta de que sus sentimientos por el bastardo se acercaban a un terreno peligroso. Ya era bastante malo sentir atracción, que al menos podría pasar por alto, pero comenzar a pensar en Malfoy como alguien importante... Era un pensamiento serio. Las personas importantes de Harry tenían tendencia a terminar muertas, mutiladas o haciéndole gran daño. Malfoy tendría más razones que cualquiera para querer dañarle. Con mucho gusto tomaría cualquier bondad de su parte y bailaría sobre ellas con botas de acero puestas hasta dejarlo hecho polvo. Pensar en él como víctima del caso era tabú. Harry asintió enfáticamente a sí mismo y salió del pozo. Se preguntó a donde habría ido el segundo vial. Malfoy había dicho que le había dejado atrás. Quizás los secuestradores habían vuelto a revisar a su presa y se lo llevaron.
Una choza destartalada se mantenía cerca, aunque "mantener" no era la palabra correcta. El lugar se inclinaba hacia el suelo, el techo se había derrumbado por el peso del musgo. Al parecer había sido abandonada en la época de Carlo Magno, no había nada que buscar ahí. La puerta hacia mucho que se había ido, darle una rápida mirada a través de la entrada no reveló nada más que hierbajos. Cualquier pista acerca de los propietarios había sido tragada por los elementos.
Harry tomó la escoba de nuevo. E hizo una nota de la ubicación en un mapa aéreo, manteniendo los ojos bien abiertos por aviones muggles. Esperaba que él y Hermione pudieran determinar quién poseía las tierras. Los secuestradores de Malfoy habían sido inteligentes hasta ahora, pero tarde o temprano cometerían un error. Las mentes criminales siempre lo hacían.
Harry voló directamente al apartamento de Hermione para entregarle el mapa, aunque iba a mandar una segunda copia a través del canal regulador de los Aurores. Ella normalmente solía pensar las cosas más rápido que la burocracia del ministerio. El hecho de que se acercara la hora del almuerzo y que él moría de hambre quizás había influenciado para que la visitara. Bueno, tal vez mas de lo que admitiría. Cuando entró, sus ojos brillaban por el conocimiento de la investigación. —¡Creo que sé lo que es Malfoy! —dijo—. Pero me gustaría verlo antes de confirmar mi teoría. ¿Crees que lo permitiría?
Draco se decidió a confesarse a Gregory Goyle. Después de saber de Potter sólo a través de lechuzas durante tres días casi se vuelve loco por una conversación humana. Su madre se había encerrado en el estudio de su padre y por un lado estaba agradecido, pero el silencio era abrumador. Se puso en contacto con Greg por Red Flu.
—Draco. Pensé que me evitabas —dijo Greg cautelosamente a través de las llamas.
—Bueno, sí. Lo estaba, pero tenía una buena razón —admitió Draco—. Algo ha sucedido —Greg esperó pacientemente y Draco al final suspiró—. Tal vez viene siendo mejor que te lo muestre. Porque no entras.
Draco se apartó de la chimenea y un momento después Greg salía de las llamas batiéndose los residuos del polvo. —Maldita sea solo debería tener... —sus palabras se detuvieron al caer su mandíbula a la vista de Draco, quien solo se encogió de hombros auto desaprobándose—. ¡Por las bolas de Merlín! —sus palabras fueron un susurro. Después de un momento, sus labios se abrieron en una sonrisa—. ¡Lo tengo! ¡Un baile de máscaras! ¿Quién da la fiesta? ¿Zabini? Maldito sea por no invitarme otra vez.
—Greg, esto no es un disfraz. Es real. Algunos malditos hijos de puta me secuestraron y me convirtieron en... —Draco se agarró un ala y la levantó ligeramente,—... Lo que sea que es esto. Al parecer es permanente.
Greg se acercó y le miró con horror. La reacción no fue inesperada, pero mentalmente Draco se estremeció cuando la comparó con la de Potter.
—¿Estás bromeando?.
—No estoy bromeando —le espetó Draco—. Ni siquiera soy un maldito humano por más tiempo, por eso me he escondido como una especie de monstruo.
—¿Tus padres lo saben? —le susurró.
—No. Bueno, mamá, por supuesto, pero no, no mi padre. Esto probablemente lo mataría en la parte final de Azkaban.
Greg asintió solemnemente. Draco suspiró.
—Mira, Greg, ya no soy exactamente aceptable en los círculos de Slytherin por más tiempo. Diablos, ni siquiera soy aceptable en cualquier círculo, a no ser que cuente en una convención de no humanos de sangre, así que si eliges no tener nada que ver conmigo, yo lo entendería.
Greg no dijo nada mientras sus ojos seguían sobre las alas de Draco. Su mirada nunca se había alejado de las plumas, otra diferencia con Potter que parecía pasar mucho más tiempo evaluando a Draco en conjunto.
—¿Dices que alguien te hizo esto? ¿No puede el Ministerio a encontrarlos y hacerles pagar? ¿Quién fue?
—No lo sé. Madre convenció al Ministerio para que asignaran a Potter el caso...
—¿Potter? —la voz de Greg se lleno de burla—. ¿No pueden conseguir a alguien más? No me sorprendería que él fuese el que hiciera esto.
Draco soltó el aliento sobresaltado. Curiosamente, la idea nunca se le había ocurrido. ¿Por qué no? Cuando hizo la lista de sus enemigos Potter debió estar en la parte superior de la lista. Tenían un montón de razones para odiarlo después de todo. Recordó el toque de Potter en su brazo y la mirada de preocupación en sus ojos verdes. No, como la mayoría de los Gryffindors, Potter era incapaz de disimular. Draco tenía que confiar en él. No tenía muchas opciones, después de todo ¿Quién más le ayudaría?
Y para ser completamente honesto, Draco no creía que Potter alguna vez lo haya tomado lo suficientemente en serio como para ser digno de una venganza tan extrema. Se encogió de hombros. —Tengo que contar con su necesidad de mantener el perfecto récord de Auror.
—¿Entonces quién crees que lo hizo? —preguntó—. ¿Si no Potter y su suerte?
—No lo sé. Hice una lista. Una larga lista. Sabes que no era la persona más popular.
Greg se mofó. —Claro que eres. Eras —modifico él y le dio un vistazo a las alas antes de fijar su mirada en el aparador. Draco lo tomó en el sentido de que quería un trago y se apresuro a preparársela. Era inútil servirse una para él. Parecía ser inmune al frío y a los efectos del alcohol.
—No, Greg, creo que era envidiado. Es una cosa muy diferente de ser admirado y casi lo opuesto a caer bien.
—No sabía que te preocupabas por caer bien.
—Tampoco yo. En realidad no creo que lo hice hasta que eso dejó de ser una opción —sonrió con ironía y le entregó el vaso de Whisky de fuego a Greg. Su amigo se apuro el tragó. Una lechuza se abalanzó por la puerta y cayó en la percha de la esquina. Draco no la reconoció. La criatura era parda con la cabeza más oscura. Ululó suavemente cuando Draco se acercó a recoger el mensaje. La lechuza levantó una pata emplumada amablemente.
—Potter. Ahora él es siempre un Auror muy correcto, solicitando una audiencia —dijo Draco con una mirada al reloj. Era las 12:30 y Potter quería una cita a las 1:00. La nota le produjo un leve ataque de pánico, no sólo Potter pedía una reunión sino que quería traer a traer a Hermione Granger. Tenemos información de que podría ser útil. Mantuvo la alarma fuera de su cara, no había necesidad de agitar a Greg.
—¿Quieres que me quede? —se ofreció Greg. Draco negó con la cabeza.
—No. Ya es suficientemente difícil sin que tu y Potter se vayan a golpes —dijo Draco y luego se echó a reír ante la idea. Greg se unió a él en una carcajada. Donde Potter había crecido y se introducía en un paquete delgado y atractivo, la masa de Greg había pasado de la grasa a intimidantes músculos. Trabajaba en el Ministerio de Magia en el Departamento Ley Mágica, como el colega de ejecución de Granger, suponía Draco y dio un resoplido entretenido. Salvo que Greg trabajaba en la seguridad interna, mantenimiento la chusma a raya de visitas y sacando a los indeseables. Draco apostaba que Greg utilizaba más sus músculos que la varita en su faena diaria.
—Muy bien, entonces. Supongo que me iré —dijo Greg y puso su vaso vacío sobre la mesa. Miro los ojos de Draco un momento—. Y no te preocupes, Draco. Estaré ahí para ti incluso con tus... —señaló con el pulgar las alas de Draco y este asintió con la cabeza, no confiando en poder hablar. Estaba agradecido de tener a Greg. Pansy y Blaise eran sus amigos, pero dudaba que fueran tan leales ante la deformidad de Draco.
Greg se fue por Flu y Draco garabateó una nota rápida a Potter antes de enviarlo con la lechuza que esperaba. No estaba deseando ver Granger, pero era el precio por ver a Potter otra vez... Frunció el ceño ante la idea y trato de pensar en alguna razón justificable para las enormes ganas de volver a ver al estúpido. No tenía nada que ver con Potter. Nada. Draco solo tenía la esperanza de recibir alguna noticia sobre el caso. Suspiró con alivio cuando encontró una causa justificada y se fue a cambiar.
Harry respiró hondo y le sonrió a Hermione.
—¿Lista? —preguntó.
Ella asintió con la cabeza y le entregó la caja de polvos Flu. Tomó un puñado y se dirigió a la Mansión Malfoy. Hermione entró detrás de él a la biblioteca Malfoy. No había rastro del rubio, pero un elfo vestido con lo que parecía ser un pedazo de cortina con borlas se adelantó a su encuentro.
Hermione miró a Harry. —¡Lo hizo a propósito! ¡Él sabe lo que siento por los elfos domésticos!
—Sólo trata de no provocarlo —dijo Harry.
—¿Provocarlo? ¡Esto es prácticamente una declaración de guerra! —dijo entre dientes.
—Por favor vengan por este lado —dijo el elfo mientras los miraba con desagrado. —El Amo Draco está en el Drawing Room Viridian. Los invitados del Amo Draco no tienen permitido tocar nada.
Harry le dio un codazo a Hermione cuando el elfo doméstico olisqueo en su dirección y se alejó, llevándoles imperiosamente hasta la puerta.
—No vamos a tocar nada —murmuro Harry—. ¿Me pregunto si eso incluye al Amo Draco?
—¡Harry! —se quedó sin aliento por la sorpresa y luego rió. El elfo se detuvo y les mando una mirada de acero hasta que ambos adoptaron expresiones adecuadamente sobrias. Después de eso no dijeron nada mientras eran conducidos a través de largos pasillos y subieron un tramo de escaleras. Harry sonrió ante la excesivamente larga ruta. Sabía que Malfoy lo hacía para impresionar a Hermione con el tamaño y la riqueza de la mansión. Su intención fracasó.
—Es obsceno tener tanto espacio solo para una familia —murmuró—. Es como un maldito palacio.
Harry asintió con la cabeza, pero le hizo curiosamente triste pensar que sólo Malfoy y su madre vivían en aquella enorme y vacía casa. Parecía terriblemente solitario.
El elfo se detuvo ante una gran puerta de madera y la abrió para hacerlos pasar. Malfoy estaba en el centro de la habitación. Parecía perfectamente tranquilo y casi real. Harry se sorprendió al encontrarlo completamente vestido. El Slytherin llevaba una camisa de manga larga de color blanco puro, posiblemente con la esperanza de disminuir el efecto impactante de sus alas. El pantalón era negro al igual que sus zapatos. Harry echo de menos que estuviera descalzo. Por alguna razón, había hecho a Malfoy parecer más suave, más... humano.
Entonces de nuevo, probablemente no era la mejor idea pensar en Malfoy como algo más que un inaccesible príncipe alado.
Malfoy y Hermione se enfrentaron.
—Granger —dijo.
—Malfoy —replicó ella con gesto amable.
—Potter dice que insististe en venir a verme —continuó Malfoy. Hermione se sonrojó.
—En realidad, creo que lo que se te hizo a ti es una cosa atroz. Planeo hacer lo que pueda para ayudar a Harry a localizar los culpables y llevarlos ante la justicia —Malfoy parecía desconcertado por un momento por lo que Hermione continuo—. De hecho, creo que podría tener alguna información para ti.
— ¿Acerca de los autores?
Ella suspiró y sacudió la cabeza. —Lo siento, aún no. Pero creo que hemos determinado en lo que... te has convertido
—No un Veela.
—No. En realidad creo que eres un Anakim.
La expresión de Malfoy no cambió. —Nunca he oído hablar de eso.
Hermione sacó un fajo de papeles de sus ropas y se los entregó a Malfoy. —Tampoco yo, por lo que quería verte para verificarlo. ¿Harry dice que eres inmune al frío?
Malfoy estudio el pergamino y asintió con la cabeza bruscamente.
—¿Tienes un incremento de tu fuerza? —otro cabeceo—. ¿Qué hay de visiones? ¿Sueños extraños o premoniciones?
Malfoy le miró bruscamente y sacudió la cabeza. —No hay visiones —dijo secamente. La mirada plata revoloteó hacia Harry y se alejo. Hermione se encogió de hombros.
—Tal vez la poción fue incapaz de transmitir la capacidad total. Y no se sabe cuán veraces son los informes, de todos modos. Son antiguos. Estoy realmente sorprendida de que la poción funcionó en absoluto. Los cambios solo en tu ADN tenían que ser sorprendente, y habría sido necesario el acceso a las células de un verdadero Anakim, muy probablemente sacados de una tumba o algo así. Nadie ha visto un Anakim real en siglos...
Harry dejó de prestar atención cuando ella se resbaló a una plática técnica, aunque Malfoy parecía estar pendiente de cada palabra. La castaña se acercó al rubio y le mostró los documentos, señalando gráficos, dibujos, e incomprensibles datos que no tenían mucho sentido para él. Se dirigió a un asiento en la ventana y se estacionó allí para mirar a través del cristal. Nevaba otra vez, pero los copos eran pequeños y esporádicos. Esperaba que el sol se mostrara pronto. Las nubes perpetuas eran deprimentes.
Harry volvió su atención del paisaje frío a Malfoy de nuevo. Hermione había extendido el pergamino a través de una mesa cercana. Ella y Malfoy estaban sumergidos en una teoría compleja de pociones. Harry sonrió, pensando que llevar a Hermione a Malfoy pudo ser lo mejor para él. La desesperación que parecía flotar como una sombra sobre el rubio se había ido.
Harry dejó que su mirada se desplazara sobre las alas y luego al resto de Malfoy. En realidad, no era justo que su némesis se hubiera convertido en alguien tan increíblemente hermoso. Maldita sea, pero Malfoy tenía buenas piernas. Y ese culo... Harry se imaginó a sí mismo acariciando aquel culo con sus manos, posicionarse en la muscular espalda para respirar el aroma de su pelo... seguido por acariciarse el rostro con las suaves alas.
—...¿No lo crees, Harry?
Los ojos de Harry volaron hacia Hermione con un sobresalto mientras sus mejillas quemaban.
—Lo siento, estaba distraído...
Hermione sonrió y miró a Malfoy. —Ya lo veo. Como decía, podríamos encontrar más información en Hogwarts. Sigues pensando en ir, ¿cierto?
Harry asintió y se negó a mirar a Malfoy. Espera que su condenado rubor desapareciera. Gracias a Dios que Hermione ya sabía de su "cosa" con los rubios. —Iré mañana. Quería esperar hasta el fin de semana, ya que todavía hay clases —también esperaba que su presencia causara menos interrupción un sábado. A pesar de que habían pasado cinco años desde la guerra, Harry todavía tenía tendencia a atraer a una multitud cada vez que aparecía en público.
—Le permitirá buscar en la biblioteca de aquí, pero me temo que mi madre ya se ha hecho cargo —dijo Malfoy secamente—. Está decidida a encontrar un antídoto o una manera de revertir el proceso.
Hermione se mordió el labio. —No estoy segura de que sea posible —dijo sin rodeos. Harry hizo una mueca—. Los cambios fueron demasiado drásticos. Intentar alterarte de nuevo podría muy bien matarte. Y eso es sólosi logramos encontrar, o reproducir, la propia poción. La muestra en el vial que le diste a Harry era una cantidad muy pequeña para un análisis preciso.
—Hermione —dijo Harry en advertencia con los ojos en Malfoy. Él sabía que tan cerca estaba el rubio de elegir la muerte antes de su estado actual. Había sido escrito en cada uno de sus gestos en su primera reunión. Si Malfoy pensaba que no había esperanza de retornar a la normalidad...
Los ojos grises de Malfoy sostuvieron los suyos. —¿Prefieres que endulce la verdad, Potter? ¿Darme un poco de falsa esperanza?
Harry le fulminó. —¿Cómo sabes que es falso? ¡Todo lo que estamos haciendo es simplemente especulación en este momento! Sugerir que nunca podría ser capaz de... Bueno, simplemente no lo sé, ¿verdad?
Hermione resopló y se cruzó de brazos. —Sólo trato de prepararlo para lo peor, Harry. Las probabilidades están en contra de nosotros, después de todo.
De pronto cambió de opinión acerca de que Hermione sería una buena influencia en Malfoy. ¿Y si ella lo conducía al desaliento y este trata de suicidarse o algo así? Harry no tenía modo de prevenir algo así a no ser que supervisara al Slytherin todo el tiempo, algo que sabía que el blondo nunca permitiría.
—¿Para qué te traje aquí? —Harry se rompió en la frustración.
—¿Para proporcionar un contraste a tu ciego idealismo? —Malfoy arrastro las palabras.
Harry giró su fulgor sobre el rubio. —Bien, ustedes dos pueden revolcarse en lo insustancial de todo ello. Voy a encontrar al maldito responsable de esto cueste lo que cueste —Harry se lanzó del asiento comenzado a caminar a la puerta—. Mensajeen vía lechuza si encuentran algo remotamente importante —Harry salió y cerró de golpe la puerta detrás de él, ignorando la súplica de Hermione por esperar. Se alegró de que Malfoy Manor fuera una construcción solida, la entrada se cerró con un sonido de violenta satisfacción que reverberó por el vestíbulo vacío, arrastrando ecos. También llamo la atención de tres inquietos elfos que aparecieron al lado de Harry.
—No importa —gruño antes de que ellos le amonestaran—. Solo muéstrenme la salida más cercana.
En cuestión de minutos, Harry yacía en su cama del número 12 de Grimmauld Place, resentido. Se preguntó si dejar a Hermione con Malfoy había sido lo más inteligente, pero luego decidió que se lo merecía.
Granger miro cándidamente a Malfoy cuando los ecos del portazo se desvanecieron.
—Creo que lo moleste —dijo con suavidad.
Draco volvió a la conversación, desconcertado. ¿Qué había provocado estallido de Potter? ¿Estaba realmente determinado a encontrar una cura? ¿Por qué? Miró a Granger especulativa y se preguntó si se lo diría. Ella ya estaba de nuevo en marcha.
—Como te decía, se pensaba que los Anakim eran mitológicos, incluso en la tradición mágica. Algunos estudiosos creen que fueron los antepasados de los Veela, que me parece bastante plausible, en realidad. Los libros sagrados Muggles se refieren a ellos como una raza de gigantes, descendientes de los Nefilim. ¿Reconoces ese nombre?
—Ángeles Caídos —respondió Draco, sintiéndose de nuevo en la escuela, a pesar de que Granger no estaba actuando como una arrogante sabelotodo. En realidad lo trataba como un ser humano, probablemente porque ya no lo era. Granger probablemente lo había colocado en la misma categoría que los elfos domésticos y los centauros.
—Exactamente. Los Nefilim se aparearon con los humanos para producir los Anakim. Algunos relatos afirman que eran seres alados, otros que eran una raza de gigantes, o tal vez ambas cosas. De cualquier manera, desaparecieron de la mayor parte de los libros de historia y nadie sabe realmente lo que paso con ellos. Es probable que se retiraran cuando las carreras Muggle se hicieron más frecuentes y con el tiempo hayan evolucionado en diferentes especies, como el Veela.
—Así que crees que soy una especie de retroceso a una raza antigua, ¿Extinta?
Ella asintió. —Cómo se hizo es la pregunta. He estado buscando a alguien con la habilidad de producir ese tipo de poción tan complejo y poderosa. Francamente, no hay muchas personas con ese tipo de habilidad. Harry me dio una lista, pero señaló espacios en blanco en todos ellos. ¿Sabes de alguien que podría encajar en ese perfil? ¿Un colega de Snape tal vez?
Draco negó. —Nunca tuve la confianza de Snape. Salvó mi vida después del incidente en la torre con Dumbledore, pero no éramos exactamente compinches. Me entregó de nuevo a mis padres y se fue a su propio negocio. Le di a Potter una lista de personas con los posibles motivos y que incluye los que tienen una habilidad potencial. Y más probable incluso, agregue una lista de aquellos que tienen los medios para adquirir tal capacidad.
Ella jadeo. —Nunca pensé que ¡Maldita sea! Esto abre el campo ¿no? Pudieron comprar la poción en cualquier parte del mundo —Granger parecía cabizbaja—. Maldita sea, voy a tener que ampliar la búsqueda para incluir los parámetros globales.
—¿Por qué me estás ayudando? —preguntó el rubio de repente.
Ella le miró con curiosidad y se encogió de hombros. —Nos conoces, somos Gryffindors. Vivimos para corregir errores y todo eso —dijo a la ligera.
—Eso suena como algo que Potter diría. ¿Cuál es la verdadera razón?
—Bueno, trabajo en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, ya sabes. Es algo de mi trabajo.
—Entonces ¿estás aquí sólo a título oficial?
Ella sacudió la cabeza y sonrió. —No. Estoy aquí porque Harry me pidió ayuda. Sus razones para asumir el caso son suyas.
—¿Qué hay de la comadreja? ¿Van a traerlo también? Pensé que los tres hacían todo juntos.
Sorprendentemente, la cara de Granger se cerró tan apretada como una almeja en agua dulce. Ella agarró sus ropas con los puños tensos. —Debería irme. Cuanto antes comience a investigar, mejor. En primer lugar comprobare los Archivos Internacionales —Draco parpadeó ante el repentino cambio y se preguntó lo que había dicho. Granger se apresuró a la puerta y luego se detuvo—. Por cierto, Malfoy, si te sirve de consuelo, los Anakim eran venerados como dioses. ¿Y sabes qué más? Harry tenía razón —ella se rió antes de cerrar la puerta con un suave clic.
¿Razón de que?
