A menudo es más seguro estar en cadenas que ser libre.
- Franz Kafka
Harry reflexionó sobre su cama por sólo unos minutos antes de que el picoteo persistente en la ventana llamara su atención. Blasfemó en voz alta y se quejó al ponerse de pie. —Este día se está poniendo cada vez mejor —era Pigwidgeon, la lechuza de Ron. Se sorprendió por el picoteo tranquilo; normalmente la maldita cosa se lanzaba repetidamente contra el cristal como un colibrí trastornado. Se preguntó si Ron había cambiado el agua de Pig por alguna poción calmante.
Harry dejó entrar a la lechuza y se las arregló para quitarle el mensaje de la pata con cierta dificultad cuando Pig comenzó a volar por la habitación como un espástico trompo al momento de dejarlo entrar. Al parecer simplemente necesitaba descansar en el alféizar por diecisiete segundos. Harry desenrolló el pergamino cuidadosamente, en parte esperando que le explotara en la cara. Nunca sabía muy bien que esperar de Ron en estos días. El mensaje era sorprendentemente amigable.
Harry, he sido un completo imbécil y me gustaría hacer las paces contigo. Encuéntrame en el Parque Byrnes. Te prometo no comportarme como un total imbécil. Llevare a Ginny conmigo, ella se ha comprometido a maldecirme sí comienzo actuar inapropiadamente. Ron
Harry suspiró, pero no pudo contener el brote de esperanza que se apoderó de él ante la idea de la reconciliación. Había insistido durante tanto tiempo que Ron saliera de ésa y volviera a ser cómo normalmente era, o por lo menos un facsímil razonable de él mismo. Hermione se había negado a escuchar. Harry había sido engañado varias veces por el comportamiento de Ron. En raras ocasiones se las había arreglado para actuar cómo el Ron de antes, pero duraba poco. Ésta era la primera vez que solicitaba verse con Harry lejos de la Madriguera. Pensó, que podría ser la primera vez que Ron saliera de la Madriguera. Decidió que era un hecho positivo.
Rápidamente se cambio con ropa de calle ya que la túnica que se había puesto para visitar a Malfoy era un poco formal, así como inadecuada para el clima. Envió una rápida lechuza a Hermione y se preguntó cuánto tiempo podría permanecer en la Mansión Malfoy, sin querer asesinar a Draco. Decidiendo que la seguridad de Malfoy no era su problema, se Apareció en el Parque Byrnes, recordando vagamente sobre un caso en el que había trabajado hace unos meses.
Camino alrededor un poco, el parque no era grande, pero tenía varios lugares ocultos por una capa de nieve, arbustos y setos. Después de unos minutos, divisó a Ron sentado en un banco junto a Ginny. El pelirrojo lanzaba trocitos conjurados de pan a los patos que chapoteaban en el estanque cercano. Sonrió cuando vio a Harry.
—¡Oi, compañero! —le llamó y levantó una mano.
Harry sonrió abiertamente y se apresuró a tomar su mano en un apretón alegre. —Ron, es bueno verte... —estuvo a punto de añadir "al aire libre", pero logró ahogarlo, sin saber si Ron apreciaría el recuerdo de su auto-impuesto exilio ahora que por fin había salido.
—Huh, me sorprende que digas eso después de cómo te trate en nuestro último encuentro. Actué como un verdadero imbécil. A veces no sé lo que se apodera de mí.
—Bueno, ya estabas bastante borracho —dijo Harry débilmente.
—Sí, pero eso no es excusa, ¿eh? —contesto Ron en voz baja.
Harry se encogió de hombros, indispuesto a entrar en un juego de culpa. Ginny le sonrió mientras se sentaba al lado de Ron. El sol ya estaba bajo en el horizonte, deslizándose por debajo de las oscuras nubes por unos momentos antes de desaparecer por la noche. Estaba casi demasiado frío para sentarse, uno de ellos al parecer había lanzado un encanto de calentamiento en el banco, lo que ayudó. Harry lamentaba no haber usado guantes.
Ginny se puso de pie. —¿Harry, caminarías conmigo? Quiero hablar contigo.
—¿Van a hablar de mí a mis espaldas? —preguntó Ron con un toque de su amargura habitual.
—No todo es acerca de ti, Ronald —replicó Ginny.
Ron se sonrojó. —Sí, está bien. Lo siento.
Ella se alejó unos pasos y Harry le dedico a Ron una mirada de disculpa antes de ponerse de pie y seguirla. Caminó hasta que estuvieron fuera del alcance su oído y luego le sonrió con tristeza. —En realidad, se trata de Ron.
Harry se rió entre dientes. —Está bien. ¿Cómo hiciste para convencerlo de salir de casa? Ha estado encerrado durante meses.
—Ha sido mamá. Ella lo trae loco. Francamente, me sorprende que durara tanto como él lo hizo. Su constante preocupación es llegar a él, lo que es una cosa buena, en mi opinión. Me alegro de que finalmente optara por salir al exterior.
—¿Tal vez esté empezando a sanar? —preguntó Harry con esperanza—. Mentalmente, quiero decir.
Ella asintió y lanzó una mirada de vuelta a su hermano, quien lanzaba el pan a los patos con indiferencia. Se veía muy pequeño y solo. El corazón de Harry dolía por un momento, sabiendo que no debió ser así. Se suponía que Ron iba a ser su compañero en la División de Aurores. Se suponía que batallarían juntos contra el mal e irían a bares después del trabajo. Se suponía que iban a compartir sus historias y se quejarían de los jefes y la burocracia.
—Ojalá las cosas fueran diferentes —dijo.
—También yo —replicó Ginny y Harry sabía que ya no estaba hablando de Ron.
Se sonrojó. —Mira, Gin, ya hemos pasado por esto antes...
—Lo sé, Harry, y sé que dije que no lo mencionaría de nuevo, pero realmente siento que nunca nos diste una oportunidad. Pensé que lo estábamos haciendo bien hasta que sucedió esto con Ron. Pensé que viéndome, te lo recordaba a él y la culpa que sentías, pero puedes ver por ti mismo que ahora Ron está sanando. Quiero saber si piensas que hay una oportunidad para sanar, para nosotros también. ¿Puedes darnos un "una vez más"? ¿Por lo menos intentarlo? ¿No crees que me debes más que eso?.
Harry sintió su mandíbula tensa. La verdad sus sentimientos hacia Ginny tenían poco que ver con el accidente de Ron. Harry había comenzado a apartarse de ella antes del incidente, a pesar de que el accidente había causado una grieta en todas sus relaciones, era comprensible que ella le echara la culpa a eso. No solo había sido Ron él que se había roto en el accidente, todo su cuarteto había sido completamente fragmentado. No sólo Ron y Harry se habían separado, también Ron y Hermione, Harry y Ginny, y finalmente, la amistad de Ginny con Hermione. Parecía que consciente o inconscientemente todos habían ido por su lado.
Puesto en una posición incómoda por sus serios ojos marrones, sentía que las palabras le obstruían el interior. Lamentó volver eso con ella ahora, de todas las veces, cuando deberían concentrarse en Ron. Harry pegó una sonrisa a su cara.
—Pensare en eso Gin —admitió.
Sus ojos se encendieron un poco y él se puso tenso por que la esperada ira emergiera, pero lo sorprendió con una sonrisa que sabía forzada. —Está bien, Harry. No quiero empujarte. Ahora sabes cómo me siento.
Asintió aliviado de haber evitado una confrontación. De repente ella le echó los brazos alrededor del cuello y le dio un beso en los labios. Él la abrazó incomodo y se preguntó a dónde habían ido sus sentimientos. La había amado una vez ¿no? Ahora sentía nada más que un afecto fraternal.
—Vamos, volvamos con Ron antes de que empiece a sentirse abandonado —dijo. Ella suspiró y se alejó antes de que volvieran sobre sus pasos. El camino había sido en su mayoría limpiado de nieve, pero un brillo de hielo hacia el caminar peligroso. El pie de Ginny patinó y ella se agarró del brazo de Harry. Él la estabilizo con cuidado y se quedó con su mano en el brazo hasta su regreso con Ron. El parque estaba en un barrio mágico, pero no era lo suficientemente popular como para garantizar los encantos de calefacción durante todo el año para mantener los caminos libres de hielo.
Ron sonrió a Harry. —¿Ustedes volvieron a estar juntos? —preguntó mirando el agarre de Ginny en Harry.
—Él va a pensar en eso —respondió Ginny en un tono que llevaba acusación.
Ron soltó una carcajada. —Oh, vamos, amigo, ¿qué vas pensar? Es obvio que ella todavía se siente atraída por ti.
Harry frunció el ceño. —No tengo la más mínima intención de hablar de mi vida amorosa al tiempo que me congelo el culo. ¿De todos modos, qué te poseyó para elegir este lugar? ¿Por qué no un edificio con calefacción, con una crujiente chimenea y caliente cerveza de mantequilla?
—-Necesitaba un poco de aire fresco —admitió Ron—. He estado encerrado demasiado tiempo. Mamá probablemente se esté volviendo loca buscándome. Quise ir a algún lugar donde no me encontraría tan pronto. Actúa como si tuviera cinco años de nuevo.
—¿No le dijiste a donde iban? —preguntó Harry y luego soltó un silbido—. Eres valiente, amigo. Sabes que se preocupa demasiado por ti —no querría estar en los zapatos de Ron Weasley cuando Molly lo encontrara.
—Sí bueno, está bien algunas veces pero otras...
Harry se rió entre dientes. —Lo recuerdo. ¿Al menos le dejaste una nota?
—Por supuesto. Le dije que iría a un lugar muggle para que no me envíe un Patronus. Eso fue idea de Gin.
Ginny sonrió y agarró un poco más fuerte el brazo de Harry. —Estoy de acuerdo con Harry en buscar un lugar cálido. ¿Podríamos ir a mi casa?
—¿Y mamá no se lo habrá planteado ya? —preguntó Ron con duda.
—Naturalmente pero sería uno de los primero lugares en haber mirado ¿no? Es seguro ahora.
Ron miró a Harry solemnemente. —Podría haber estado en Slytherin, amigo.
Harry sonrió y asintió, pero era una de las razones por las que finalmente había roto con Ginny. Su astucia inesperada le había lavado la cabeza una o dos veces. Harry había descubierto que odiaba ser manipulado. El recuerdo lo hizo preguntarse si había organizado toda la reunión en si como una excusa para llevar a Harry a su apartamento, pero decidió que Ron nunca estaría de acuerdo con eso. A menos que él no lo supiera...
—Me apunto para eso —dijo Ron—. Siempre y cuando tengas cerveza.
Ella hizo una mueca. —¿No crees que últimamente has tenido más que suficiente para beber, Ron? —su cara se sonrojo y frunció el ceño—. Deje la casa para alejarme de mamá, ¿recuerdas?
—¡Bueno, disculpadme por preocuparme por ti! —gritó ella en respuesta.
—Me voy a ir, por un rato —replico Harry rápidamente para evitar al otro hermano gritando sus opiniones. Ginny dejó de mirar a Ron para sonreírle.
—Excelente. Te dejaré la Aparición de Ronald —dijo y desapareció.
Harry miró a Ron incómodamente, sin saber cómo proceder. ¿Debería tratar de ponerle de pie o Aparecerse mientras estaba sentado a su lado?
Ron suspiró. —Ella es realmente irritante contigo ¿no?
—Sí, todavía molesta —dijo Harry suavemente.
Al final, Harry se sentó junto a Ron y pasó un brazo alrededor de sus hombros, mientras evocaba la imagen del sofá en el apartamento de Ginny, esperando por el infierno que no lo haya movido desde su última visita.
—Haré algo de comer —dijo Ginny brillantemente y se dirigió a la cocina, la cual estaba a la vista de la sala de estar. Harry y Ron terminaron en el sofá, tal como había previsto, lo cual había causado que Ron resoplar divertido algo como "Súper Auror" a lo cual Harry no dijo nada.
Ginny choco los platos y Harry comenzó a preocuparse ligeramente, deseando que ella no estuviera en plan de cocinar algo, porque la manzana había caído demasiado lejos del árbol en cuanto a las habilidades culinarias de Ginny. Nada comparadas con la de Molly Weasley. Esperaba que solo preparara unos sándwiches o algunas pastas o Harry se vería obligado a buscar a Hermione después para una comida decente.
Como si hubiera escogido el nombre de sus pensamientos Ron pregunto de repente, —¿Cómo está Hermione?
—Ella está bien —dijo Harry casualmente aunque tenso por dentro. Hermione era un tema delicado.
—Ella no ha respondido a ninguna de mis lechuzas —se quejó Ron.
—Parece que tenemos talento para irritar a las mujeres de nuestras vidas —dijo Harry a la ligera.
—Sí, pero Gin sigue hablando contigo.
Qué suerte la mía, pensó Harry secamente. En voz alta dijo, —Hermione es... bueno, ya sabes lo obstinada que puede ser.
Ron soltó un bufido. —Sí. Mira, ¿puedes hablar con ella o algo así? Por lo menos dile que lea mis cartas, ¿si? Estoy tratando de cambiar. Simplemente ha sido duro, ¿sabes?
—Lo sé. Te prometo hablar con ella. Creo que le alegrará que por fin estés saliendo un poco.
La mandíbula Ron se tensó como si luchara para no decir un nuevo comentario, pero por el momento no dijo nada. —¿Qué ha estado haciendo? ¿Sigue trabajando? ¿Dónde está hoy?
Harry parpadeó y vacilo por una respuesta. —Ha estado trabajando mucho, en realidad es todo lo que hace ¿sabías? Ama su trabajo. Yo... No estoy seguro donde se encuentra ahora... —aquello era cierto, ella podría haber dejado la Mansión Malfoy ya—. No he hablado con ella desde hace tiempo —Un par de horas más o menos, en todo caso. Harry trató de no sonrojarse al evitar la verdad, pero Ron no vería con buenos ojos el hecho de que Hermione de todas las personas, estaba intentando ayudar a Draco Malfoy.
—¿En serio? Pensé que ustedes dos eran aún los mejores amigos. Me figure que una de las razones por la que habías dejado a Ginny era...
Harry miró boquiabierto. —¿Pensaste que yo quería a Hermione?
Ron se sonrojó y paso una mano por su pelo rojo. —Bueno... tal vez, fue un pensamiento estúpido...
—Tienes toda la razón ¡Es un pensamiento estúpido! —replico Harry, olvidando momentáneamente que no tenía ninguna intención de luchar con Ron otra vez.
—¿Por qué? ¿Qué le pasa a Hermione? —exigió Ron, saltando en su defensa.
—¡Nada! Nunca... pensaría en ella de esa manera.
—¿Pensar de qué forma? —pregunto Ginny regresando a la sala con una bandeja llena de variedades de pastel de carne. Su otra mano agarraba tres jarras llenas de algo que Harry esperaba fueran cerveza. Le vendría bien un trago, lo que usualmente solía ocurrir cuando hablaba con Ron en esos días.
—Harry dijo que no ha estado persiguiendo a Hermione —dijo Ron.
—¿Hermione? —exclamó Ginny sin aliento. Ella miró fijamente a Harry como si el pensamiento nunca se le hubiera ocurrido. Entrecerró los ojos tratando posiblemente de penetrar a través de cualquier fachada que Harry quisiera proyectar—. Bueno. Es una idea interesante. Ciertamente no tienes problemas con pasar tu tiempo con ella ¿verdad? ¿Estás seguro de que nunca has pensada en ella de esa manera Harry?
Los dientes de Harry se cerraron con molestia. Medianamente había esperado que la reunión se convirtiera en un ataque personal por uno o el otro de ellos, así que no le sorprendió, pero si lo decepcionó. Se puso de pie.
—Agradezco la oferta, Gin pero probablemente deba irme —dijo.
Los ojos de Ron se estrecharon. —¿Dejándonos tan pronto Harry? No es como si estuvieras huyendo. Tal vez golpeó un poco cerca de la verdad, ¿eh?
—¿Sabes qué, Ron? Me alegro de que finalmente salieras de la Madriguera. Ya era hora que dejaras de esconderte del mundo. Tal vez para la siguiente trates de trabajar en cómo no actuar como un imbécil de mierda todo el tiempo —Harry sacó su varita y miró a Ginny en una semi-disculpa—. Lo siento, Ginny. Gracias por la oferta de comida pero no tengo tanta hambre en este momento. Te hablare mas tarde.
Harry Desapareció, pero el último comentario de Ron hizo eco en su cabeza mientras salía.
—¡Cobarde!
Harry volvió a su casa y se lanzó frenético a los oficios del hogar. Kreacher le seguía a todas partes ofreciéndole consejos útiles, pero haciendo muy poco en el trabajo de asistirle, lo que en ese momento le caía muy bien. Su agitación a menudo se refugiaba en trabajos manuales, que para Grimmauld Place era aún muy necesaria. Kreacher se había convertido en un cocinero decente, pero sus habilidades de limpieza eran muy deficientes. Normalmente Harry mantenía solo la cocina, la sala, y su propia habitación limpia. El resto de la casa la dejaba, para los días en que tenía que sacar su exceso de ira.
El estudio estuvo pronto libre de polvo y el suelo brillaba, al igual que el pasillo que conducía a las escaleras. Un cuarto de huésped poco usado recibía el mismo tratamiento, la mayoría de los escombros habían sido arrastrados fuera durante el verano del reinado de Molly Weasley, pero el polvo se acumulaba aun, al igual que el olor a casa vieja que Harry nunca pudo disipar aún después de decenas de encantamientos de aire refrescante.
Dos horas más tarde, Harry estaba cansado, hambriento y sucio. Tomo una ducha caliente y se sintió mucho mejor después de meterse en un pantalón y una camiseta limpia. Se pasó un peine por el cabello mientras examinaba su despensa. Una vista bastante patética encontró sus ojos y se dio cuenta de que no había comprado comida en dos días.
Kreacher apareció en el codo de Harry. —¿El Amo quiere la cena? —le preguntó y retorció sus manos ligeramente, haciéndole estremecer.
—Aparentemente el Amo no ha proporcionado los alimentos necesarios ni siquiera para preparar un sándwiches —dijo secamente—. ¿Has comido hoy?
—Sí, Señor. Kreacher ha estado comiendo bien las berenjenas y las coles que el Amo compró para Kreacher —el elfo se detuvo—. ¿El Amo quiere berenjenas y coles? Kreacher puede hacer un muy buen guiso para la cena del Amo Harry. Kreacher también encontró varias papas y puede cortar las manchas oscuras.
Harry trató de no temblar. Se había abastecido en gran medida de berenjenas, repollo y calabaza de invierno después de descubrir que eran los alimentos preferidos de Kreacher, pero Harry no podía tolerarlos. Se sintió aliviado de que al menos su elfo doméstico tenia sustento... o algo así. —No gracias Kreacher. No se me ocurriría comerme tus berenjenas y coles. Creo que saldré y compraré algo. Estoy seguro de que abasteceré la despensa mañana de modo que puedas preparar algo sin recurrir a cortarles los puntos negros de las patatas.
Kreacher pareció aliviado, y asintió alegremente. —El Amo lo sabe mejor.
—-Buenas noches, Kreacher —dijo Harry y convoco su capa. Kreacher salió, pero regresó un momento después con los calcetines y las botas de Harry y le ayudó a ponérselos. Los guantes le siguieron y Harry sonrió al viejo elfo doméstico antes de Desaparecer al Callejón Diagon. Vagó sin rumbo durante varios minutos, pero la idea de lidiar con las multitudes de comer en un lugar público parecía demasiado agotadora para considerarlo. Pensó ir con Hermione pero recordó que estaba molesto con ella. También estaba el hecho de que había estado comiendo demasiado de sus muchas comidas en su casa últimamente.
Se detuvo delante de la lechucería pública y se dio cuenta de que simplemente estaba haciendo excusas. Lo que realmente quería hacer era ir a ver a Malfoy. Sólo porque olvidé mencionar el hechizo Glamour. Racionalizó. Y quería asegurarse de que tanto Malfoy y Hermione hubieran sobrevivido la tarde en compañía del otro. Rápidamente regresó a su casa y llamo por la Red Flu a la Mansión Malfoy.
Ocho minutos más tarde salió del fuego y sonrió tímidamente al rostro divertido de Malfoy.
—¿Dos veces en un día, Potter? ¿Debo sentirme especial?
Harry soltó un bufido. —Lo dudo. Solo olvidé decirte algo cuando estuve aquí.
—¿Cuando saliste furioso en tu rabieta infantil? —le preguntó.
Harry casi sonrió. La familiaridad del sarcasmo de Malfoy era como un bálsamo para su alma herida.
—Sí, bueno, simplemente olvide mencionar...
—¿Que tienes un extraño fetiche por las plumas y quieres envolver tu cuerpo desnudo en mis ridículas alas?
La declaración estaba tan cerca de la verdad que Harry casi se ahoga. Tosió por un momento o dos, mientras miraba fijamente al Slytherin.
—Muy gracioso —espetó Harry y trató de recobrar la compostura. Estaba un poco sorprendido por el buen humor de Malfoy y se preguntó si el rubio había bromeado alguna vez con él. Por supuesto, los chistes eran punzantes e insultantes, sin embargo...—. Mira... —continuó—. Si no quieres escuchar entonces puedo volver mañana. No era importante de todos modos —dio un paso atrás hacia la chimenea y se dio cuenta que había sido un día especialmente desgraciado. Harry pensó que simplemente debía ir a casa, directamente a la cama. Antes de que pudiera alcanzar el frasco de polvos, su estómago gruñó en voz alta.
—¿Cuándo fue la última vez que comiste Potter? —pregunto apresurado, desesperado de repente por evitar que se marchara. No estaba seguro del por qué el Auror estaba aquí, pero tenía la intención de aferrarse a su compañía por el mayor tiempo posible. Forzó una sonrisa burlona en su voz—. ¿Al menos tienes comida en casa?
—Tengo comida —espetó Potter y Draco se estremeció al pensar lo que podría considerarse alimento en el hogar de Potter. Probablemente comida para llevar muggle. Draco no estaba muy seguro de lo que era, pero había oído de casualidad discutir a los estudiantes de Hogwarts y sabía que tenía que ser algo asqueroso.
—Quédate entonces —dijo casualmente—. Debe ser terriblemente importante para arrastrarte todo el camino hasta aquí, lejos de tu apretada vida social.
Potter se ruborizó y por un momento Draco pensó que podría haber ido demasiado lejos. Estaba curioso sin embargo. Sin duda el Auror tenía mejores cosas por hacer, ¿no? —En cualquier caso insisto en que comamos en el comedor. Madre me arrancaría las alas de la espalda si encuentra alguna miga en su alfombra. No es que eso sea algo necesariamente malo.
La mano de Potter tiro lejos la capa y miro a Draco con curiosidad. —¿Lo has considerado? —preguntó sin rodeos—. Que te las retire, quiero decir...
Draco bufó. —Por supuesto que sí. Incluso consideré cortármelas yo mismo ¡Si no fuera tan malditamente aprensivo acerca de un dolor insoportable!
—Pero San Mungo...
—Una idea encantadora, Potter. Me entregaré a muchos sentimentales anti mortífagos pidiendo que me pongan en coma y me quiten mis nuevos apéndices. Ah, y esperar que no me maten accidentalmente en el proceso —Potter se sonrojo y Draco continuó—. Además, ¿qué pasaría si me paso por todo eso y vuelven a crecer?
Potter asintió y Draco hizo un gesto imperioso. Se dio la vuelta, esperando de forma automática que Potter lo siguiera cuando salió por la puerta y el pasillo. Las pisadas detrás de él le indicaron que lo seguía obedientemente en vez de huir.
Cuando llegaron al comedor los ojos de Potter se agrandaron y su nariz se arrugo ligeramente. Draco miró alrededor, tratando de ver a través de sus ojos. El comedor era un lugar frío y austero. A Draco nunca le había gustado comer aquí y sintió un momento de incertidumbre. Tal vez en vez de eso, debió haber pedido que le trajeran la comida al conservatorio. Hizo una nota mental para hacerlo la próxima vez y luego se castigó a sí mismo por considerar siquiera una "próxima vez".
Potter se sentó obedientemente en una dura silla de respaldo alto. Draco se sentó frente a él, aunque lo hizo en un sofá acolchado que había sido traído a la mesa. Le sonrió a Potter.
—Las sillas interfieren con mis alas —explicó con un dejo de arrogancia—. Tengo por lo tanto el privilegio de sentarse en un asiento cómodo.
—¿Dónde puedo pedir prestado un par de esas? —le preguntó secamente y luego palideció. Draco apretó la mandíbula ligeramente. Potter podía ser un poco más suave ahora, pero todavía tenía la extraña habilidad de decir algo equivocado. Draco decidió dejar pasar el comentario.
—Tal vez si te portas como un Auror bueno dejaré que la próxima vez te sientes en una almohada —respondió con aspereza. Afortunadamente, los elfos domésticos eligieron ese momento para aparecer y colocar los alimentos en la mesa en suficientes platos, cuencos, y vajillas como para alimentar una legión.
Potter comió cómo si fuera el primer banquete que había tenido después de salir de la escuela. Draco abasteció al Auror con un montón de vino tinto caro. Había preguntas que quería hacerle al Gryffindor y las respuestas serían dadas más fácilmente después de un poco de estímulo alcohólico. Sorprendentemente Potter tenía buenos modales. Uso los tenedores apropiados para cada curso y bebió a sorbos el vino en lugar de tragarlo. Draco se preguntó dónde había aprendido a comer de manera civilizada. Granger probablemente. El Ministerio no apreciaría que su Chico Dorado hiciera algo vergonzoso en actos públicos y cenas importantes del estado.
Antes del postre, Potter hizo girar al vino en su copa y le sonrió. —No debería beber. Técnicamente, estoy aquí en calidad de oficial.
—Nunca lo diré —ronroneó Draco y se sorprendió cuando las cejas Potter se dispararon hacia arriba y desaparecieron en la mata de pelo oscuro. Potter se trago el vino después, y tosió cuando cayó mal. Interesante reacción. Draco tomó nota y lo almacenó para su posterior análisis. De seguro, ¿Potter no creía que Draco fuera a corretear el chisme al Ministerio? Tal vez el héroe simplemente había bebido demasiado.
—Así que, Potter, ¿Qué es eso tan importante que tu falta de memoria te a traído aquí esta noche?
Potter dejó la copa con evidente alivio. Antes de poder hablar los elfos domésticos reaparecieron con varios postres, así como su favorito: tarta de melaza. El Auror esperó hasta que los elfos domésticos desaparecieran de nuevo antes de hablar, aunque metió el tenedor en el confite pegajoso.
—Es con respecto a una variante del encantamiento Glamour. Quizás necesite tu ayuda en el caso y no puedo hacerlo teniéndote encerrado en la mansión.
Draco frunció el ceño para ocultar el asombro de que el extraordinario Auror en realidad podría solicitar su "ayuda". —¿Qué variante?
—Bueno, el Glamour sólo funciona en un área pequeña. Mientras más grande sea el campo más inestable se vuelve el hechizo y acorta la duración —explicó Potter y Draco asintió. Se abstuvo de comentar lo que había aprendido acerca del encantamiento en cuarto año. Potter le preguntó—. ¿Qué se utiliza si se quiere ocultar un área más grande?
—Un hechizo desilusionador.
Potter sonrió perezosamente y Draco casi se distrajo por la pequeña curva de los labios del Auror y el breve destello de los dientes blancos antes de que la siguiente pregunta del Auror lo despabilara. —¿Y si los combinas? —preguntó en un tono de broma.
—¿Puedes? —preguntó Draco sorprendido.
Potter se encogió de hombros. —He estado trabajando en eso algún tiempo. Creo que he llegado a una variante. He estado tratando de imitar el efecto de mi capa de invisibilidad. ¿Sabes que el hechizo desilusorio solo es bueno para ciertas mentes? Si alguien espera ser seguido ellos verán a través del hechizo. Las personas con resistencia a la maldición Imperius también pueden penetrarla.
—Ese serías tú —admitió Draco. Potter era la única persona que Draco conocía capaz de sacudirse un Imperius.
Potter levantó una ceja ante el cumplido no deseado y Draco miró hacia otro lado.
—No sólo yo —dijo con modestia y se echó a reír.
Se quedaron en silencio después de eso, centrándose en el postre mientras se miraban con recelo. Si alguien le hubiere dicho a Draco unas semanas antes que pronto tendría una agradable comida con Harry Potter, se hubiera reído como un estúpido.
Cuando terminaron de comer, Draco le llevó al piso de arriba. Estaba un poco indeciso de llevar a Potter a sus habitaciones, pero el Auror ya había estado allí en su primera visita. Además, Draco sólo le permitiría ocupar la sala de estar. Potter probablemente no se imaginaba que aquello era parte de la habitación privada de Draco.
Los ojos de Potter se posaron rápido en la puerta que daba a la habitación de Draco y supo que el Auror lo había descubierto. El muy idiota era más inteligente de lo que parecía. Si Draco fuera absolutamente honesto, realmente no se veía tan mal, tampoco. Draco alejo aquellos pensamientos de inmediato.
—Entonces —dijo Potter brillante y blandió su varita—. ¿Quieres probar el hechizo en ti?
Una copa de vino de más, decidió Draco. —¿Eres tonto? ¿Has intentado siquiera este hechizo en otra persona?
—Bueno, sólo en mí —admitió Potter.
Draco rodo los ojos. Típico de Gryffindor. Ni la mínima sensación de seguridad personal. —Por lo tanto, ¿crees que permitiré que experimentaras conmigo? —le preguntó—. Soy prescindible después de todo ¿eh?
Los ojos verdes de Potter se estrecharon. —Nunca he pensado en eso —dijo en una voz baja que sonaba realmente enfadada.
Draco se sorprendió de nuevo, pero soltó un bufido. —¿Nunca, Potter? ¿Ni siquiera en la escuela?
—Quería detenerte, sobre todo cuando pensaba que eras un mortífago activo, pero nunca quise verte muerto. Ni siquiera quería realmente hacerte daño, a excepción de un par de veces que me provocaste mas allá de la tolerancia.
La mano de Draco fue instintivamente a su pecho y los ojos se ensancharon por el recuerdo de la cicatriz del Sectumsempra, pero se había ido, quemado por el mismo proceso que le había dado a Draco sus alas.
—Se ha ido —dijo.
—Me di cuenta —respondió bajo—. Antes.
Un incómodo silencio cayó entre ellos mientras Draco contemplaba el hecho de que Potter era mucho más observador de lo que esperaba. También sintió una extraña sensación de pérdida por la cicatriz desaparecida. Había sido la única cosa que lo ataba a Potter, a pesar de haber sido violentamente colocada. Draco a menudo pasaba sus dedos sobre la tenue línea de la cicatriz y pensaba en la que Potter tenía en la frente. Tonto como la idea había sido, se había sentido casi cerca del Gryffindor en esos momentos.
Potter se veía casi afectado. Draco supuso que estaba a punto de vomitar algo sentimental tipo Hufflepuff cuando un golpeteo fuerte sonó en las puertas de cristal del patio. Draco suspiró, a pesar de ser aliviados por la distracción.
—Malditas lechuzas. Tenemos un lechucería y los elfos domésticos están perfectamente capacitados para tomar los mensajes y traerlos a mi —arrastro las pesadas cortinas para revelar una gran lechuza gris. Draco abrió la puerta del patio para dejar entrar al pájaro, que en realidad se contoneaba en la habitación después de darle una mirada desdeñosa. Era una gran lechuza con ojos amarillos brillantes.
Potter se rió cuando la lechuza se acercó a él y levantó una pata. —Es la lechuza de Hermione —explicó, aunque no hizo ningún movimiento para agarrar el mensaje—. Erm... ¿Tienes alguna chuchería de lechuza? Es que muerde.
—La lechuza de Granger muerde. Asombroso —dijo Draco secamente. Chasqueó los dedos y un elfo doméstico apareció y salió de nuevo para buscar un dulce para el animal.
—Sabes —dijo Potter—. Tratamos de llegar a un hechizo que haría los pergaminos innecesarios. El mensaje se llevaría en las plumas del búho en caso de interceptación. Casi funciona. Hermione trabaja en un hechizo que pueda escribir palabras en las plumas. No son visibles hasta que tengas la llave adecuada para desbloquear el encanto.
—Inteligente —admitió Draco.
—Sí, excepto que cada pluma sólo soporta alrededor de dos palabras. Tienes que lanzar el hechizo una docena de veces para escribir el mensaje, y luego cuando lanzas el contra-hechizo te da las palabras desordenadas. Pocos tienen la paciencia para tratar de armar el rompecabezas.
—Podría ser útil para un simple mensaje —dijo Draco amablemente y Potter asintió.
—Lo usamos de vez en cuando.
El elfo volvió y Draco lanzó un paquete de chucherías de lechuza a Potter, que se arrodilló ante la lechuza de aspecto malvado.
—Aquí tienes, Curie —dijo mientras le ofrecía un dulce para el ave. Ella se abalanzó por el dulce y Potter alejó los dedos en el último momento. Se rió tímidamente y se agachó para, con cautela, desatar el mensaje. Potter mantuvo una estrecha vigilancia sobre el pico de la lechuza y Draco tenía un nuevo respeto por su valor. La lechuza parecía una amenaza. Potter retrocedió unos pasos con evidente alivio cuando tuvo el mensaje seguro en sus manos—. El maldito pájaro me odia —murmuró, y tiró de la cinta roja que unía el pergamino.
Draco y la lechuza gris esperaron a que Potter leyera el mensaje. Le sonrió a Draco. —¡Una noticia fabulosa! ¡Hermione parece haber encontrado una pista sobre la poción! Quiere que vaya para explicarlo —Potter hizo una pausa y luego preguntó—. ¿Quieres venir? Ella me espera en su casa.
Draco se burló.
Potter hizo un sonido chasqueo. —Ella ya te ha visto. Vamos, te hará bien tener un cambio de escenario.
—La casa de Granger no es el cambio que he estado esperando.
—Ella tiene una casa perfectamente agradable. Te va a encantar, está lleno de libros.
Los ojos de Draco se estrecharon con su acostumbrada marca y se sorprendió al encontrarse a sí mismo considerando la idea. —¿Cómo llegamos allí? —preguntó indeciso.
—Ya que nunca has estado allí sería por Red Flu, a menos que quieras aparecerte...
El pensamiento de que Potter lo tocara de nuevo hizo que el estómago de Draco se apretara de una manera no desagradable, pero claramente inoportuna y meneó la cabeza.
—Está bien, será por Flu. No hay mensaje de retorno, Curie —Potter le lanzó a la lechuza otro dulce y esta ululó algo antipática antes de irse volando rápidamente hacia la puerta.
—Encantadora ave —comentó Draco y luego condujo a Potter escaleras abajo donde estaba la chimenea usual, antes de que tuviera tiempo de cambiar de opinión.
Hermione los saludó con impaciencia y dijo, —Me alegro de que estés aquí, Malfoy. Me ahorrará explicar las cosas dos veces. Harry, ¿has estado bebiendo?
—No. Bueno, tomé un poco de vino con la cena.
—Tus mejillas están rojas —dijo suavemente y sonrió. Sus ojos se entrecerraron, pero ella hizo un gesto alegre hacia la cocina—. Sabes dónde está el té.
Harry murmuró y se dirigió a la cocina para preparar el té. Escuchó una conversación silenciosa desde la otra habitación y se preguntó dónde se sentaría Malfoy: los muebles de Hermione no eran exactamente compatibles con las alas. Cuando Harry regresó con una tetera humeante y tres tazas, notó a Malfoy sentado en el piso. Sus alas habían sido atraídas y cruzadas una sobre la otra. Las puntas descansaban en el suelo en pálidos abanicos.
Harry se unió a ellos después de dejar el té en una mesa cercana. También se sentó en el suelo, posicionándose lo suficientemente lejos de Malfoy para evitar los comentarios de Hermione, pero lo suficientemente cerca como para alcanzar y tocar las plumas de un ala blanca como la nieve si así lo deseaba. Sus dedos picaron ante la idea y rápidamente convocó una taza de té para ocupar sus manos.
Hermione no perdió el tiempo. Le entregó a Harry un pergamino plano. Malfoy ya tenía uno. —Busqué en los Archivos cualquier cosa relacionada con las alas. No es sorprendente que no haya mucho. Este artículo en particular me pareció relevante, y estoy seguro de que estará de acuerdo una vez que lo haya leído.
Harry hojeó el pergamino, que detallaba el arresto de un mago llamado Gunther Pokeby por experimentar con pociones ilegales. Aparentemente, el viejo estaba obsesionado con crear seres alados similares a las Veela, pero sin los impulsos perversos. Harry respiró sorprendido y miró a Hermione.
—¿Tuvo éxito?
Ella sacudió su cabeza. —No encuentro ninguna referencia a que sus pociones realmente funcionen. Varias fueron incautadas por el Ministerio y posteriormente destruidas, pero no hay constancia de que haya creado una versión exitosa. De hecho, fue arrestado y enviado a Azkaban después de que se lo administró a varios jóvenes magos con pociones ineficaces. Tres de ellos perecieron antes de que fuera detenido.
—¿Dónde está ahora? —Malfoy preguntó.
Hermione suspiro. —Murió en Azkaban hace ocho años. Estuvo allí durante seis años antes de su fallecimiento. Todo esto es historia antigua —ella deslizó sus manos hacia el pergamino esparcido a su alrededor. Harry recogió otro. Parecía ser una copia de una escritura.
—¿Entonces todo esto es un callejón sin salida? —preguntó.
—No del todo. El Ministerio confiscó su propiedad, ya que no tenía herederos. Todos sus fondos se usaron para reparar a sus víctimas, pero la casa nunca se vendió. Siempre tuvieron la intención de entrar y hacer una investigación más exhaustiva, pero entonces Tú-Sabes-Quién regresó y...
—¿Entonces su casa ha estado vacía todo este tiempo?
—Sí. Estoy seguro de que Kingsley te dará permiso para investigar, si quieres esperar tanto...
Harry bufó. —Por favor, tomará tres días para aprobar una solicitud de permiso.
Hermione sonrió. —Asumí que dirías algo así —ella le entregó otro pergamino, este un mapa—. Estoy seguro de que puedes encontrarlo. Los registros dicen que se usaron hechizos de sellado estándar, por lo que no deberías tener problemas para entrar.
—¿Nunca buscaron?
—Se realizó una investigación superficial durante el arresto. Se apoderaron de las pociones disponibles, pero ya sabes cómo a los magos oscuros les gusta esconder cosas. No se hizo mención de diarios o notas, lo que me pareció muy extraño. Creo que vale la pena revisarlo, solo para ver si su propiedad ha sido alterada recientemente. Alguien podría haber entrado y descubrir sus notas, o posiblemente incluso haber encontrado una poción que los Aurores no sabían que existía.
Harry asintió. —Bueno, este es definitivamente nuestra pista más prometedor, hasta ahora. ¿Qué dices, Malfoy? ¿Estás listo para merodear p un poco?
—¿Ahora? —Malfoy preguntó.
Harry miró el reloj. —Ni siquiera son las 8 en punto. Todavía es temprano, a menos que necesites un sueño reparador.
Malfoy hizo un ruido perturbado ante eso. —Ciertamente no soy el que necesita un sueño reparador, Potter.
—Excelente. Entonces vendrás —Harry se puso de pie, sonriendo con satisfacción ante la mirada aturdida de Malfoy cuando se dio cuenta de que acababa de ser manipulado. Miró el mapa e intentó determinar el lugar más cercano para Aparecer—. Debería poder llevarnos a este punto... Es solo un corto vuelo en escoba desde allí a la casa de Gunther Pokeby. Tendremos que pasar por la casa primero y recoger escobas... —Harry de repente miró a Malfoy, quien lo miró sin expresión. Se sonrojó ante su metida de pata, recordando que Malfoy aparentemente podría volar bastante bien en estos días sin una escoba—. En realidad, ya vuelvo.
Apareció en 12 Grimmauld Place y agarró su escoba antes de regresar a la casa de Hermione. —¿Listo, Malfoy? —preguntó.
—No, Potter, creo que solo... —comenzó Malfoy, pero Harry dio un paso adelante y lo tomó del brazo con fuerza—. Nos vemos, Hermione. ¡Gracias! —antes de que el rubio pudiera alejarse o comentar, Harry los Apareció.
Malfoy se apartó tan pronto como sus pies tocaron tierra firme. O terreno relativamente sólido, ya que estaban cubiertos de nieve hasta los tobillos. Se pararon junto a una granja que Harry recordaba de un caso que había trabajado el año anterior. El humo salió de la chimenea y se mezcló con los gruesos copos de nieve que caían de las nubes. Harry sabía que había pocas posibilidades de que el granjero residente desafiara el clima, incluso si los había escuchado Aparecer.
—¡Maldita sea, Potter! ¡Ni siquiera estamos vestidos adecuadamente para una excursión!
Harry rió. —Deja que te preocupes por tu atuendo. Si te hace sentir mejor, creo que te ves bien.
—Eso no es lo que quise decir —espetó Malfoy—. Obviamente el clima no me va a afectar, pero te vas a congelar.
—¿Preocupado por mí? —Harry bromeó para cubrir su sorpresa. Los ojos grises lo miraron ferozmente. Harry rió—. No importa. Puedo lanzar un hechizo de calentamiento si tengo frío —lanzó un hechizo rápido de visibilidad sobre sus lentes para repeler la nieve y luego montó su escoba y arqueó una ceja hacia el rubio—. ¿Qué tan rápido puedes volar, Malfoy?
Con eso, Harry se alejó. Escuchó un gruñido bajo detrás de él y miró por encima del hombro para ver a Malfoy despegar con un movimiento de sus alas. Varios golpes fuertes después y el rubio voló a su lado. Harry sonrió y se inclinó sobre su escoba, instándolo a una mayor velocidad. Malfoy solo tardó un momento en atraparlo y luego le lanzó un grito burlón a Harry y se adelantó, con los brazos extendidos frente a él como un superhéroe muggle. Harry admiraba la forma delgada que volaba a través de la nieve. Realmente era hermoso, incluso con las alas; tal vez especialmente con las alas. Le lanzó una sonrisa a Harry, quien luchó por alcanzarlo. Las alas de Malfoy batieron lentamente, ni siquiera parecía estar haciendo un esfuerzo. Harry aceleró y se puso al nivel del rubio. Sus miradas se encontraron y Harry rió encantado. Maldita sea, por esto le encantaba volar y era raro que tuviera la oportunidad de volar a toda velocidad. Era casi como jugar Quidditch nuevamente, excepto que Malfoy también estaba sonriendo.
Harry se dio cuenta de que su rostro estaba ardiendo por el frío y el aguijón de la nieve. Sacó su varita y lanzó un hechizo de calentamiento rápido. El movimiento requirió que redujera la velocidad hasta detenerse y Malfoy hizo una pausa. Flotó en el aire, aleteando perezosamente y luciendo como un ángel que acababa de descender del cielo, aunque apenas era visible en la oscuridad. Harry lanzó un hechizo direccional para apartar su mente de la vista. La punta de su varita fue arrastrada hacia abajo y hacia la izquierda, por lo que se desvió. Malfoy lo siguió, ya no iba rápido.
Después de unos minutos más de volar a través de la nieve, Harry vio el contorno de una casa de piedra ubicada contra un acantilado rocoso. Ambos bajaron sin decir una palabra y caminaron a través de la nieve hasta la puerta principal. Para el ojo experto de Harry, la nieve que rodeaba el terreno no parecía perturbada, pero eso no significaba necesariamente nada. Podría haber sido ocultado o encubierto.
Los hechizos que rodeaban la puerta aún estaban intactos, zumbando débilmente con magia. Harry lanzó fácilmente los contrahechizos que abrieron las cerraduras. No sonó ninguna alarma, así que se acerco y giró la perilla. Entró en el edificio oscuro con la varita preparada. Todo estaba en silencio, así que Harry lanzó un rápido Lumos para avivar la habitación. El lugar estaba lleno de polvo, sin ser perturbado durante años, aparentemente. Se amontonó alrededor de los pies de Harry mientras caminaba hacia adelante. Algunos de los muebles habían sido volcados, pero la habitación no parecía saqueada, lo más probable era que hubiera sido derribada durante el arresto o en la búsqueda posterior de pruebas. Se giró para mirar a Malfoy, que había entrado detrás de él y ahora miraba con recelo. También mantuvo firme su varita, aunque parecía un poco incongruente con las alas. Malfoy encendió su varita para unir su luz con la de Harry y sintió un momento de alivio porque al menos la magia de Malfoy parecía no haber sido alterada por el hechizo. Harry descansó su escoba contra la pared.
Se separaron después de intercambiar una mirada silenciosa y deambularon por la pequeña casa. Era un solo nivel, con seis habitaciones grandes en un planta al azar. Harry buscó en el comedor, la cocina y la sala principal mientras Malfoy se ocupaba de los dos dormitorios y la biblioteca/oficina. Se encontraron de nuevo cerca de la puerta principal después de una búsqueda infructuosa.
—No hay libros ni papeles —explicó Malfoy—. Deben haber sido tomados por el Ministerio.
—Esto es inútil, entonces —dijo Harry con un suspiro explosivo. Estaba sorprendentemente decepcionado. Todo este caso había sido un callejón sin salida tras otro. Por alguna razón, realmente quería ayudar a Malfoy.
—No necesariamente —dijo el rubio pensativamente—. No estás pensando como un Slytherin, Potter —resopló una carcajada—. Oh, sí, eso es porque eres un idiota Gryffindor.
Harry se burló. —¿Y cómo es que pensar como un Slytherin nos va a ayudar ahora, oh Slithery One?
—Mira y aprende, Potter. Mira y aprende —Malfoy volvió a recorrer la casa y Harry lo siguió. Retraía un comentario sarcástico de vez en cuando cuando Malfoy apretaba varios ladrillos en la chimenea, tiraba de los soportes de pared y golpeaba las paredes en varios lugares.
Finalmente preguntó, —¿Qué estás buscando exactamente?
—Cualquier hombre lo suficientemente loco como para probar pociones en magos en un intento de darles alas también tiene que ser paranoico. No hay forma de que haya dejado sus notas a la intemperie. Estoy buscando puertas o compartimientos secretos.
Dicho de esa manera, tenía sentido, así que Harry se unió a él, pisoteando las tablas del suelo y haciendo palanca en las decoraciones de aspecto inocuo. Estaban cubiertos de polvo antes de terminar de hurgar en la mitad de la casa. Harry se detuvo una vez por un brutal ataque de estornudos que hizo que Malfoy conjurara un pañuelo y se lo entregara. Se sonó la nariz y murmuró un gracias a través de la tela antes de desaparecerla. Poco después, los inquisitivos dedos de Malfoy se detuvieron en el ladrillo áspero de la pared de la cocina.
—Creo que lo he encontrado, Potter —dijo.
Harry dejó las tablas del piso que había estado examinando y se apresuró.
Malfoy sonrió y dijo, —Ah, él era Slytherin —una pequeña serpiente, casi invisible a simple vista, estaba grabada en una esquina de un ladrillo. Presionarlo no tuvo ningún efecto, ni el encantamiento Alohomora.
—Él no hablaba pársel, ¿verdad? —pregunto Harry.
—¿Crees que eres el único además de Salazar Slytherin en llevar ese regalo, Potter? —Malfoy preguntó con un indicio de su sarcasmo habitual.
—Y Voldemort —dijo Harry simplemente. Malfoy se estremeció, pero Harry continuó—. En realidad, quise decir que el Ministerio habría mencionado el hecho.
—Si lo supieran. A menos que lo revelara, ¿cómo podría saberlo alguien?
Harry se encogió de hombros, no dispuesto a reconocer el punto. Intentó, de todos modos, usar la palabra Abrir y todas las variantes que se le ocurrieron en la lengua de la serpiente. En vano. Finalmente preguntó, —¿Estás seguro de que marca un pasadizo? Quizás solo tenía ganas de decorar un ladrillo.
—Sí, Potter, este rincón húmedo de la cocina era tan triste que necesitaba una decoración diminuta que nadie esperaría ver —dijo Malfoy arrastrando las palabras. Harry recordó por qué solía querer golpear al rubio regularmente.
—¿Alguna otra sugerencia, entonces? —espetó en lugar de tomar medidas corporales.
Malfoy suspiró. —Tal vez hemos estado tomando esto demasiado literalmente. ¿Qué hemos lanzado? Abrir, destrabar, empujar, tirar y deslizar, ¿correcto? Qué tal algo menos obvio... ¡como Reveleo! —lanzó el hechizo y una parte del ladrillo pareció brillar y disolverse. Malfoy sonrió ante la expresión de asombro de Harry con más que una pizca de presunción—. Está bien, Potter, no necesitas decirlo. Ya lo sé. Soy brillante.
Con eso, dio un paso adelante en la oscuridad de las escaleras reveladas. Harry jadeó y extendió una mano, pero ya era demasiado tarde. Malfoy bajó las escaleras. El instinto más que el sonido advirtió a Harry y se arrojó al rubio justo cuando varias sonidos metálicos resonaron en la oscuridad. Algo patinó sobre Harry cuando ambos cayeron a través de la oscuridad y aterrizaron con un golpe en el piso muy abajo.
—¡Maldita sea, Potter! ¿Qué fue eso? —gritó Malfoy. Harry se tumbó sobre la espalda del Slytherin, inmóvil. Su cabeza presionó contra la columna de Malfoy, pero al sentirlo, los huesos allí casi le habían roto la mandíbula—. ¡Maldición, Potter, bájate de mí!
—Me encantaría, Malfoy, pero parece que fui golpeado con un dardo de parálisis —dijo Harry con calma. Movió la cabeza ligeramente, pero el resto de su cuerpo se negó a responder a sus órdenes. Sintió la carne cálida de Malfoy debajo de él y la raíz de un ala solo tocó la esquina de su mandíbula. Harry contuvo el impulso de frotar su cara contra las plumas, porque Malfoy estaba tenso como una tabla debajo de él.
—¿De qué estás hablando, Potter? ¡Exijo que te alejes de mí en este instante! No puedes estar paralizado; sentí que te movías.
—Bajando las escaleras de la manera en que lo hiciste, disparaste la trampa en la pared, idiota —espetó Harry—. Sentí que un dardo me golpeó... tal vez dos. No puedo decirlo porque no puedo sentir mucho de nada —excepto el hecho de que Malfoy era bastante cálido y bastante acogedor para descansar. Se desvió de ese pensamiento de inmediato.
—¿Entonces esperas que me quede aquí como tu almohada hasta que pase el efecto? —Malfoy exigió—. Además, creo que me rompiste el codo.
Harry casi no escuchó la última queja porque la idea de usar a Malfoy como almohada había enviado su mente a su camino original inducido por el calor. Joder, si tuviera una erección ahora ni siquiera sería capaz de sentirla... pero Malfoy sí. Con esfuerzo, se arrastró de regreso a la realidad y finalmente procesó la última declaración de Malfoy.
—¿Estás herido? —preguntó bruscamente—. ¿Tu codo está realmente roto?
Sintió que Malfoy se movía debajo de él y asumió que el Slytherin movió sus brazos experimentalmente. El movimiento hizo que un ala rozara la oreja de Harry. Harry tragó saliva y arrastró su cabeza ligeramente, solo para presionar las plumas minuciosamente. La suavidad era casi paralizante. Malfoy se congeló de nuevo.
—Si estás paralizado, Potter, deja de retorcerte —ordenó el rubio.
Harry tuvo que reír. —Malfoy, lo único que puedo mover es mi cara. No puedo lastimarte a menos que hunda mis dientes en tu piel —la declaración casi derritió el cerebro de Harry nuevamente después de que las palabras salieron al aire. Enterró su rostro en la espalda de Malfoy con un gemido.
—Eso es todo, Potter, me voy de aquí —dijo Malfoy con dureza. Medio se arrastró, medio rodó lejos de Harry, cuya mejilla se deslizó primero sobre la espalda, el culo y los muslos del Slytherin antes de finalmente descansar sobre el frío suelo. Suspiró, pero fue en parte un sonido de alivio. Escuchó a Malfoy ponerse de pie y luego la luz atravesó la oscuridad. Harry no pudo ver más que un muro de piedra plano. Con cierto esfuerzo, levantó la cabeza para buscar a Malfoy, pero solo pudo distinguir las botas negras y polvorientas del Slytherin.
—Bueno, esta es una habitación sucia —dijo Malfoy, aparentemente olvidando a Harry por completo en su entusiasmo por explorar—. Parece una especie de cámara de almacenamiento... nada más que cajas viejas. Hmmm, debe ser una entrada. Tiene que haber otra puerta.
Harry descansó su rostro en el piso helado nuevamente. Se le hacía un nudo en el cuello al tratar de mirar hacia adelante. Cerró los ojos. Harry pensó en advertirle al rubio sobre la posibilidad de más trampas, pero decidió que le serviría el derecho a encontrarse con otro. Después de un momento, volvieron los pasos.
—Encontré otra habitación, Potter. ¿Cuánto tiempo durará esta parálisis?
La mandíbula de Harry se apretó. —Eso depende de cuántos dardos tomé para ti. ¿Hay alguna forma de que puedas verificar? ¿Y posiblemente localizar uno de los dardos para ver si puedo averiguar qué tipo de veneno se usó?
Malfoy suspiró como si sufrió dolorosamente, pero lo iluminó. Harry sintió un fantasma de calidez y presión contra su espalda baja. Malfoy se rió entre dientes. —Atrapaste uno justo en el culo, Potter. Se rompió ese pantalón tuyo de campesino, lo que realmente no es una pérdida. Ni siquiera me molestaría en repararlos si fuera tú. Tu culo está sangrando. ¿Quieres que lo sane para ti?
Harry tragó una réplica y se esforzó por calmarse. —Eso no será necesario. ¿El dardo?
Malfoy desapareció de nuevo y Harry lo escuchó dando vueltas en las escaleras por un momento. Regresó y se arrodilló junto al rostro de Harry con un trozo de metal en la mano. —Aquí estás, Potter. Tu pequeño asaltante. Parece estar cubierto con un material verdoso... un poco polvoriento. Hmmm, y está manchado con... —no digas dorado, no digas oro, pensó Harry desesperado.
—Dorado —terminó Malfoy.
—Oh, mierda.
—¿Qué? ¿Eso es malo, Potter?
—Es malo para mí. Todo lo que significa para ti es que quizás necesites encontrar un nuevo Auror para tu caso.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Mira, el polvo verde es bastante estándar. Eres el experto en pociones, ¿qué es lo que más se usa en Pociones para Dormir?
—Semillas de amapola.
—Correcto. Mezclado con peridoto en polvo y piel de lethifold, es una poderosa droga para la parálisis. Ahora, ¿qué sucede generalmente cuando agregas copos de mica a una poción?
—Transmite durabilidad —dijo Malfoy suavemente.
—Durabilidad —repitió Harry—. Según mis cálculos, tengo quizás otros quince minutos para sacar esta poción de mi sistema.
—Joder —gruñó Malfoy—. Muy bien, Potter, ¿qué demonios hago?
—¿Quizás podrías llevarme a San Mungo?
—Excelente idea, Potter. Aparezco directamente en el hospital con mis nuevos adornos y me llevan lejos para que me estudien como una especie nueva y fascinante. Lo más probable es que Azkaban me acuse de hacerte esto para empezar.
—Estás siendo irracional, Malfoy —dijo Harry—. Puedo hablar por mí mismo, ya sabes. Me escucharán.
Malfoy se acercó incómodamente a la cara de Harry, levantando nubes de polvo. Harry sintió que otro estornudo se acercaba. —Por supuesto, porque eres el poderoso Salvador. Bueno, perdóname por ser el único en el planeta sin una fe perfecta en ti.
—Muy bien, podemos debatir esto toda la noche o puedes llevarme con Hermione. Ella puede llevarme a San Mungo y tú puedes irte a casa.
Malfoy se arrodilló a su lado y su voz estaba llena de alivio. —Excelente plan, Potter. Lo habría pensado en un momento.
—¿Justo después de que terminaste de entrar en pánico?
—Los Malfoy nunca entran en pánico —dijo y agarró a Harry con fuerza por el hombro—. Espera —dijo antes de que Harry pudiera enumerar cada incidente de pánico de Malfoy en su memoria. En lugar de la sacudida familiar de la Aparición, Harry no sintió nada. Gimió.
—Maldito infierno. Hechizo contra la Desaparición. Es una práctica estándar para los lugares bajo investigación. Evita que los posibles cómplices entren y eliminen pruebas.
—¡Eso fue hace años! —gritó Malfoy.
—Sí, pero el Ministerio nunca hizo nada con la casa. Obviamente, a nadie se le ocurrió disipar las salas contra la Desaparición.
—Eso es jodidamente encantador —espetó Malfoy—. ¿Qué tan grande es el campo? ¿Necesito arrastrarte arriba y afuera?
Harry hizo una mueca al pensarlo. Sabía que Malfoy probablemente no sería tan amable en su actual estado de agitación. —En realidad, el campo podría ser tan grande como un kilómetro en un caso de asesinato.
El Slytherin se puso de pie, pronunció una letanía de maldiciones escogidas, hizo añicos algo de vidrio con un hechizo furioso y sacó el pie a través de una caja de madera. Cuando su temperamento estaba bajo cierto control, regresó con Harry y se arrodilló a su lado nuevamente. —¿Alguna otra idea brillante, Potter?
—Solo uno —admitió Harry. Le dolía la mandíbula y levantó la cabeza para aliviar la incomodidad del suelo frío por un momento. Sin el calor de Malfoy amortiguándolo, el frío de la piedra comenzó a filtrarse en sus huesos. No podía moverse, pero no estaba completamente adormecido—. Hay un hechizo que purgará el veneno de la sangre. Se les enseña a todos los Aurores a usar en situaciones como esta.
—Sí, bueno. Apenas soy un Auror, ¿no?
—Eres lo suficientemente inteligente como para aprender un hechizo si te lo enseño, ¿no? —Harry giró la cabeza para mirar a los ojos grises que miraban a los suyos. Revelaron ira teñida de preocupación.
—Esperemos que sí, Potter.
—Muy bien, ahora el movimiento de la varita es similar al Wingardium Leviosa, excepto que en lugar de agitar y golpear, lo agita y rápidamente un gople descendente. El encantamiento es Purgara Sanguinus.
Malfoy practicó tanto el encantamiento como el movimiento de la varita durante largos momentos, pero Harry se negó a permitirle lanzarlo hasta que lo considerara adecuado. No estaba seguro de qué le haría un hechizo de Purga fallido.
—Es... eso esta b-b-b... bien, M-Malfoy —tartamudeó Harry y descansó su cabeza en el suelo otra vez. Le castañeteaban los dientes.
—¡Maldita sea, Potter, te estás congelando!
—B-b-bien de tu parte que lo n-n-n-notaras, Malfoy.
—Idiota terco, ¿por qué no dijiste algo? Sabes que ya no siento el frío —una repentina oleada de calor envolvió a Harry cuando un Hechizo Calentador se apoderó de él. Suspiró y se empapó del glorioso placer del bendito calor.
Draco se mordió el labio mientras la magia del Encanto flotaba sobre el congelado Auror. Había estado tan concentrado en el hechizo que no se había dado cuenta de que Potter yacía sobre una superficie helada. Joder, era de piedra, por lo que tampoco podía sentirse cómodo con la barbilla apoyada en el suelo. Por supuesto, el maldito Potter era demasiado noble para mencionarlo. Sin permitirse considerar la acción, Draco se arrodilló y levantó al Gryffindor por los hombros. Arrastró a Potter parcialmente en posición vertical y apoyó al Auror contra su pecho mientras envolvía sus brazos alrededor de la espalda de Potter. La cabeza del Auror descansaba sobre el hombro de Draco.
—¿Qué estás haciendo, Malfoy?
—Te estoy calentando, por una razón —respondió Draco—. Y creo que hay una silla en la otra habitación. Averigüémoslo, ¿de acuerdo?
Draco levantó a Potter, sorprendido de descubrir que podía sostenerlo con bastante facilidad. Seguía olvidando cuánto más fuerte era ahora que había sido cambiado. Tiró de Potter por la puerta y lo sostuvo con un brazo mientras lanzaba un hechizo de luz. Se veía un sillón polvoriento cerca de una esquina, por lo que Draco arrastró a Potter y lo arrojó sin cuidado.
—¿Te sientes diferente? —preguntó Draco mientras la cabeza oscura se inclinaba. Extendió la mano y apoyó la cabeza de Potter contra el respaldo de la silla.
—Mi cuello me está matando —dijo Potter—. Y no me puedo mover.
—Está bien, voy a lanzar el hechizo ahora. No creo que debamos esperar más.
Potter asintió y luego dijo, —¡Espera! Los efectos... bueno, son muy desagradables. Todo el interior sale... sale. Tal vez quieras encontrar un cubo. Y luego retroceder.
Draco arrugó la nariz, pero examinó la habitación hasta que encontró un recipiente adecuado. Parecía un cubo de basura de cuero. Lo arrastró y lo empujó frente a Potter. —¿Listo? — preguntó.
—Merlín no, pero me niego a quedarme en este estado para siempre. Por favor, hazlo.
Draco practicó el movimiento una vez más, contuvo el aliento y lo dejó salir.
El resultado fue inmediato y dramático. La cara de Potter se volvió de un espectacular tono verde y sus ojos se abrieron alarmados. Draco instintivamente extendió la mano y dirigió a Potter hacia el cubo. Los brazos del Auror cayeron hacia adelante, por lo que Draco los apretó contra su cuerpo para mantener las manos de Potter fuera del vómito que explotó justo de la boca del Gryffindor. Pareció durar para siempre y el cuerpo de Potter tembló violentamente en las garras de Draco. Tosió y gimió durante cada breve pausa, hasta que el siguiente espasmo lo agarró y todo su cuerpo se puso rígido una vez más.
Draco nunca se había ocupado de nadie en su vida, pero se encontró abrazando a Potter con fuerza y apartándole el pelo de la frente empapada de sudor mientras murmuraba tonterías tranquilizadoras. Cada roce de sus dedos contra la piel de Potter provocaba que su visión nadara por un momento mientras la extraña cualidad onírica amenazaba con invadirlo. —No mucho más —susurró, esperando que fuera cierto. Posiblemente no podría haber mucho más en el sistema de Potter: había pasado arcadas en seco hace algún tiempo y aún así trataba de rechazar lo que lo había envenenado.
—Creo que lanzaste el hechizo correctamente —gruñó el Auror en tono de broma durante un interludio. Draco resopló. Enterró su rostro en el grueso cabello de la nuca de Potter y aspiró el aroma distintivo para evitar agitarse junto con el Gryffindor. Suspiró y permitió que vinieran las visiones. Se lo llevaron en una mancha de colores que se desvanecieron en una imagen pálida de Potter con una pequeña pluma blanca. Su expresión era pensativa y se volvió cuando la visión cambió. Esta vez Potter estaba enojado, gritando y gesticulando de una manera que Draco no había visto desde Hogwarts. Draco asumió que era el receptor de la ira, pero era difícil saberlo. La visión cambió de nuevo y vio a Potter acostado sobre unas arrugadas sábanas rojas. Una sonrisa perezosa curvó sus labios y su cabello estaba despeinado. Se habían quitado las gafas y extendió la mano. Las imágenes mentales se detuvieron abruptamente, para alivio de Draco. No había estado seguro de si continuarían para siempre. Respiró hondo y volvió al presente.
—¿Ya te puedes mover? —preguntó Draco, no muy dispuesto a sacar sus labios del cuello de Potter.
El Auror levantó una mano débilmente y curvó sus dedos alrededor de la muñeca de Draco. Los temblores sacudieron el cuerpo de Potter, por lo que Draco lo empujó hacia la silla y acunó la cabeza oscura contra su pecho. —Descansa —ordenó Draco—. Solo descansa un poco.
Harry se despertó con una extraña combinación de incomodidad y comodidad. Estaba agradablemente cálido, pero le dolía en lugares extraños, como la mayoría de las articulaciones, la cabeza y los músculos de una cadera. Suspiró profundamente y luego abrió los ojos al darse cuenta de que descansaba sobre un cuerpo cálido. Un pálido borrón se encontró con sus ojos y parpadeó para enfocarse en el borde de una mandíbula. Maldita sea, se había quedado dormido con Draco Malfoy.
Procesó el pensamiento lentamente y se dio cuenta de que una mano descansaba contra la cadera de Malfoy, apenas tocándose. Su otra mano fue aplanada sobre el corazón del Slytherin. Sus dedos se movieron ligeramente y volvió a cerrar los ojos. Su cabeza descansaba sobre el hombro de Malfoy, lo que explicaba el dolor en su cuello. El suave cabello rubio le hizo cosquillas en la nariz de Harry y tuvo que calmar el impulso de saborear la garganta de Malfoy. El Slytherin olía increíble, incluso a través del polvo que parecía haberse convertido en concreto en sus fosas nasales.
La respiración de Malfoy era lenta y uniforme. Harry volvió a abrir los ojos y trató de determinar la hora. A juzgar por su rigidez, podrían haber estado dormidos durante horas, a menos que el dolor fuera simplemente inducido por el Hechizo Purga. Algo se movió ligeramente contra su pantorrilla y se dio cuenta de que era una de las alas de Malfoy, doblada a su alrededor para proporcionar un capullo de calor. Dejó de preocuparse por el tiempo cuando la necesidad de tocar las plumas se apoderó de su imaginación. Harry movió su mano del pecho de Malfoy y se congeló por un momento cuando notó que uno de los brazos de Malfoy colgaba flojamente sobre su regazo, con los dedos suavemente sobre su cadera. Fue casi un tierno abrazo y Harry se sintió perturbado por un anhelo repentino aún más fuerte que el que lo hizo extender la mano y arrastrar los nudillos sobre las suaves plumas de un ala.
También podría haber lanzado Ennervate. Malfoy estaba despierto y tenso antes de que la mano de Harry completara el breve movimiento.
—¿Qué estás haciendo, Potter?
Harry, culpable, retiró la mano contra su propio pecho. —Erm, creo que nos quedamos dormidos —antes de que Malfoy pudiera sacar un comentario sarcástico, Harry acercó su rostro al cuello del rubio—. Haces un colchón realmente agradable, Malfoy.
Harry golpeó el piso con un grito. Malfoy se puso de pie y estiró ambos brazos y alas mientras miraba a Harry. —Veo que te has recuperado —dijo casualmente.
Harry se puso de pie y se frotó las nalgas doloridas. Tomó una nota mental de no despertar al Slytherin nuevamente. Aparentemente estaba bastante irritable por la mañana.
Nota: Espero que ahora los capítulos esten bien. Otra cosa, actualizo primero en AO3, me encuentra como crusheidi
