Capítulo I: La búsqueda.

La neblina espesa le impedía visualizar más allá de quince metros, por lo que se vió obligado a conducir con precaución.

Detuvo su automóvil en el lote más cercano a la recepción del Cementerio. Observó el frontis intentando vislumbrar algún indicio que le señalará que estaba en el lugar correcto, pero la neblina no cedió ante sus anhelos, mucho menos lo hizo su memoria.

Este era el último cementerio de la lista de Alexa.

Ingresó a la recepción para hacer el registro como visitante. Allí fue atendido por un hombre de unos cuarenta años, parecía especialmente concentrado, pero apenas le vio atravesar el umbral le saludó.

—Buenos días, ¿Ingresa como visitante de la University College London? —preguntó el hombre, mientras digitaba en la pantalla los datos de Harry.

—No, vengo por visita individual—el recepcionista asintió —. ¿Hay algún evento? —preguntó, analizando el hecho que la presencia de múltiples visitantes podría afectar su búsqueda.

La Slade School of Fine Art y el Royal College of Art vienen hoy a retratar diversas zonas del Highgate para posteriormente hacer una exposición el mes entrante—respondió, para luego señalar la pantalla frente a Harry.

Harry repitió su ingreso, esta vez como individual.

—Disculpe…

—Mitch—se presentó el recepcionista.

—Mitch, ando en búsqueda de un nicho de unos tres metros de altura, está rodeado por enredaderas y tiene un gran vitral, está cerca de un corredor de abetos—dijo, intentando no sonar demasiado extraño, pero luego se dio cuenta que sonaba casi ridículo encontrar un lugar así, siendo que en Highgate había cientos sino miles de lápidas y nichos.

—¿Tienes un nombre o data de defunción? Tenemos una base de datos—le señaló el tótem. Harry negó con la cabeza—. En tal caso, tenemos un mapa digital que te puede ayudar a reconocer ciertos lugares de Highgate, las lápidas, nichos o galerías célebres están destacadas.

—Gracias, Mitch—dijo, otorgándole una sonrisa para luego dirigirse al tótem y cargar la información en su pulsera, luego se dirigió a la salida.

—Sr. Twist—Harry volteó al oír su apellido —. Hay una zona que se caracteriza por la antigüedad de sus árboles, hay unos bastante peculiares en el Círculo de Líbano Oeste, quizá allí pueda empezar su búsqueda.

—Gracias, Mitch—dijo Harry antes de salir del vestíbulo.

Ingresó al Cementerio a paso firme, la longitud de sus piernas le permitía dar pasos largos, más que la mayoría. Eran las ventajas de medir 1.83 metros.

Notó inmediatamente como muchas de las lápidas tenían ese musgo que recordaba en sus sueños, era un suceso esperado que no le provocaba ilusión, ya que con el clima de Londres y la antigüedad de las sepulturas, era de esperarse. La ventisca comenzó a disipar la neblina y logró vislumbrar con más claridad el lugar. Había árboles que parecían muy antiguos al costado de nichos que portaban ángeles que parecían rezar. Se detuvo frente a una lápida muy pequeña a su izquierda, no se veía nombre puesto que el paso de los años lo había desgastado, pero le llamó la atención lo pequeña que era.

Escuchó voces no muy lejanas y recordó que había una visita de los alumnos de Artes, por lo que apresuró el paso. Revisó el mapa para encontrar el Círculo de Líbano Oeste, ese era el sitio por donde empezaría su búsqueda.

Fue entonces cuando su teléfono sonó. Alexa anunció a Emma, su hermana.

—Mamá me ha dicho que los sueños han regresado—dijo sin mayor preámbulo, mientras Harry continuaba su camino.

—Sí, pues nunca se han ido—dijo mientras acomodaba un mechón de su castaño cabello.

—¿Cuál fue esta vez?—la voz de Emma sonaba realmente preocupada.

–El Cementerio—murmuró, mientras observaba su entorno intentando encontrar alguna pista que le hiciera recordar.

—Harry, no me digas que fuiste a buscarlo...—como siempre Emma era muy intuitiva. Él permaneció en silencio—. Te habría acompañado de haber sabido.

—Estoy bien, además no me queda mucho tiempo, debo volver pronto a clases—respondió distraído al ver un gran abeto al fondo de la avenida.

—Bueno, yo te llamaba para que cenemos juntos hoy en la noche, he invitado a mamá y papá, los abuelos… —añadió Emma.

—¿Mamá y papá?—se detuvo en seco—. La última vez que estuvieron en una misma habitación el ambiente era tan denso que podía cortarse con tijeras.

—Eso fue para mi boda y han pasado dos años, creo que podrán superarlo—se escuchó una suave sonrisa por el auricular.

—Vale, al menos estarán los abuelos, no puede resultar tan mal—resopló Harry sin ilusión alguna.

Sus padres estaban divorciados desde que él tenía siete años, recordaba poco de su infancia con ellos aún siendo una pareja, lo que sí recordaba bien era todas las discusiones que tenían posterior al divorcio, de los encuentros fallidos, de la tensión que generaban donde fuese que estuviesen, lo incómodo que se habían vuelto las reuniones familiares y era algo que parecía no detenerse con el paso de los años. La última vez en la boda de Emma.

—No llegues tarde—le pidió su hermana.

—Lo intentaré —dijo y cortó la llamada.

Llegó sin dificultad al lugar que le había señalado Mitch, se paseó entre las bóvedas, tratando de buscar algún sitio que se pareciera a lo que él había soñado, pero solo encontraba musgo, enredaderas y barro, algo que podía encontrarse en cualquier Cementerio de Londres.

—Disculpe, señor Brown—dijo a la tumba que se encontraba allí—. Me sentaré un momento, antes de continuar.

Su padre le había dicho que estaba loco, que los sueños simplemente eran sueños y ya, su madre por su parte le había dicho que los sueños eran manifestaciones del subconsciente y que debía tratar de buscar el por qué eran repetitivos, mientras que Emma, su hermana, apoyaba la loca idea que eran mensajes, que podrían significar algo importante y que no sería mala idea intentar recolectar la mayor cantidad de información posible e intentar unir cabos. Mientras que él sólo quería saber por qué y qué de una vez por todas esto se detuviese.

—Disculpa—escuchó una voz femenina a sus espaldas, por lo que giró para prestarle atención, era una chica—. Soy Kendall, alumna de Fotografíadel Royal College of Art, ¿Me permites hacerte algunas fotografías?

Harry frunció el ceño, confundido al imaginarse en una sesión fotográfica en un cementerio. Sonaba extraño, muy extraño.

—¿Aquí?—dijo mirando a la chica, era alta y tenía una sonrisa muy liviana, se veía muy auténtica, por lo que al ver el gesto de preocupación de ella, le dió una sonrisa. Ella le correspondió nerviosa.

—Verás… el mes entrante habrá una exposición sobre el cementerio y el concepto es Naturaleza: vida y muerte—le explicó sosteniendo su cámara con firmeza—. Solo seleccionarán a los mejores entre el Royal College y la Slade School

—¿Y qué hago yo en unas fotos en un cementerio? —sonrió divertido al ser incapaz de imaginarse en una sesión en un cementerio, pero luego notó el rubor en las mejillas de la chica, se veía nerviosa y aquello le hizo sentir apenado, no quería hacerla sentir mal—. Vale, veremos que sale.

—Gracias —le devolvió una amplia sonrisa.

Harry se levantó y caminó junto a ella. Kendall tenía una larga cabellera azabache y llevaba un sweater cuello alto de tonos nudes, unos jeans simples y botas. De su atuendo lo que más llamaba la atención era su cámara, Harry no sabía mucho de esas cosas, pero se veía imponente en las pequeñas y finas manos de la chica. Caminaron hasta que ella vió la locación perfecta.

—Aquí —señaló un corredor de nichos, todos blancos desgastados por los años, que se curvaba levemente a medida que avanzaba el camino, como si de una media luna se tratase. Por la estructura misma, se había encerrado un poco de neblina que había previamente, por lo que Harry pudo comprender el por qué la chica había elegido aquel lugar. Ella lo miró fijamente, mientras ajustaba su cámara.

—Soy Harry—dijo al notar que ella buscaba una forma de llamarle.

—Bien, Harry—respondió concentrada acercándose a la zona media del corredor—. Quiero que parezca que estás caminando apesadumbrado y te giras de medio cuerpo sin mirar del todo a la cámara.

Ella se paró e imitó la postura que le había explicado.

—Así, ya luego puedes sentirte libre de caminar hacia el corredor y luego devolverte, aprovecharé de hacer unas tomas—explicó.

—Vale—dijo Harry acomodando su cabello y su abrigo.

Completamente consciente de todo su cuerpo, buscó la armonía de sus movimientos para que las fotografías fueran buenas y así continuar con su recorrido.

Kendall disparó varias tomas mientras Harry parecía sentirse cómodo en el proceso, algo que a ella le llamó la atención.

Él caminó hacia la curvatura del corredor, entonces pudo ver los senderos entre lápidas que llevaban hacia el centro del sendero. Allí había un grupo de personas que se encontraba pintando la otra visual del corredor, le quedaron mirando atentos al ver su presencia en lo que sería su pintura.

Un hombre de mediana estatura se quedó mirándole, luego se acercó a hablarle a los alumnos, a la distancia en la que Harry estaba era incapaz de oírle.

—Harry—le llamó Kendall.

—Voy—dijo, girándose sobre sus talones para volver.

Caminó de regreso mientras Kendall tomaba las fotografías. Agachó la mirada a sus zapatos sumido en el pensamiento de sí alguna vez sería capaz de encontrar las respuestas a sus innumerables preguntas sobre aquellos sueños, pensó en que quizá jamás las obtendría.

Alzó la mirada y vió a Kendall agachada tomando fotografías, detrás de ella había un hombre, al observarlo, se detuvo.

El hombre lo observaba a él también, bordearía unos treinta años, llevaba el ceño fruncido. Harry tragó saliva y continuó acercándose.

Kendall se puso de pie.

—Ya creo que estamos—dijo, sonriente.

El hombre, quien miraba detenidamente a Harry, negó suavemente con la cabeza y se marchó sin decir nada.

—¿Harry? —preguntó Kendall al verle el ceño fruncido. Notó que él no la miraba, así que volteó a ver qué era lo que él estaba viendo, pero solo vio árboles y lápidas—. ¿Todo bien?

Él asintió con la cabeza, para luego mirarla.

—Hay unos alumnos pintando del otro lado y había un hombre allí de pie, parecía darle instrucciones, pero luego al caminar hacia ti, él apareció a tus espaldas, se quedó observando y se fue—explicó Harry—. Quizá se molestó que me quedase mirándolos.

—O que irrumpieras—Kendall se encogió de hombros—. Quizá quería que posaras para ellos, puede ser otra opción.

A juzgar por el gesto del hombre, Harry podría apostar que estaba molesto, pero no le dijo nada a Kendall.

—Mira —apuntó la pantalla—. Tengo muy buenas tomas.

Harry se observó a sí mismo en las fotos del corredor blanco con neblina, había unas muy buenas, realmente se notaba que la chica sabía lo que hacía.

—¿Me das tu número? —dijo Kendall a Harry—. Así te envío las fotos cuando las tenga.

Harry aún ensimismado acercó su pulsera a la de Kendall y así le otorgó su número.

—Gracias, ¿Te gustaría ir a por un café? —sugirió ella, buscando la mirada perdida de Harry.

—Disculpa, en otra ocasión, gracias por las fotos—dijo a modo de despedida.

Harry caminó en dirección al gran abeto que allí había visto, observó a su izquierda a ver si el hombre se encontraba aún allí, pero sólo vió a los alumnos pintando.

Abrió el mapa que le había dado Mitch y dejó que Alexa se lo leyera.

—Alexa, busca abetos o corredor de abetos o los abetos más antiguos del Cementerio —solicitó mientras observaba a su alrededor.

—A dos kilómetros hay tres abetos de más de 200 años—respondió Alexa a la búsqueda.

—Indícame el camino—dijo Harry.

Emprendió marcha sendero tras sendero, cuando ya había avanzado al menos un kilómetro entre lápidas y bóvedas, sintió que una de sus pisadas se resbalaba, en sus zapatos había barro fresco, su pie se encontraba al borde de un charco.

Se quedó observando su reflejo, tal como lo hacía siempre en el sueño, esta vez se veía jovial, mientras que en el sueño siempre se reflejaba como un hombre mayor de cabello cenizo. Alzó la vista y continuó su marcha.

No pensaba desistir.