Antes de empezar este capítulo quisiera agradecer a LunarticGirl345 por comentar el capítulo anterior. ¡Muchas gracias! Y espero que disfrutes este capítulo:
—Deambulé entre la chatarra hasta que Zane y los gemelos me encontraron, me llevaron con Hamegg y él me acogió, estuve con ellos dos años antes de que llegaras.
Con eso Cora terminó de contar su historia y se recargó de nuevo sobre el cojín, todo el tiempo que habló tuvo la mirada en el suelo, al frente, o a los lados, en ningún momento hizo contacto visual, y seguía sin hacerlo. Astro por su parte no intentó forzarla, mantuvo sus ojos en sus botas, las cuales movía de arriba abajo, pero siempre prestando atención al relato de su amiga; al finalizar no sabía si ya debía hablarle, era obvio que recordar le había costado a Cora, aunque no lloró se notaba en su voz que la traición, la humillación y los abusos aún le dolían. Cosas como esas seguían asombrándolo, ver lo cruel que podían llegar a ser los humanos, él lo sabía por experiencia propia, pero siempre había creído que los abusos hacia él eran exclusivos por ser un robot, ahora veía que eran crueles entre ellos mismos; Astro no podía comprender como podían tratarse así, como su corazón podía albergar tanto odio, pero lo que más le sorprendía era que también eran capaces de actos tan puros y maravillosos, de lograr cosas asombrosas cuando se unían y trabajaban como uno. Era increíble que dentro de ellos existieran tantos… matices, incluso Hamegg había mostrado un lado bondadoso…
Pero se estaba desviando del tema, lo que tenía que hacer era consolarla.
—Cora yo… —levantó la mirada, ella seguía viendo a la puerta, —lo lamento mucho.
—No tienes nada que lamentar Astro, tú no tuviste nada que ver —ella le regresó la mirada, sus ojos estaban cristalinos, los cerró y se limpió la nariz con la manga de su camiseta—, además eso pasó hace mucho.
Astro se rascó detrás de la cabeza, era obvio que aún le dolía, pero no estaba seguro si eso sería lo más apropiado de comentar.
—¿Sabes? Esa Trixie y esa Yoko suenan como unas tontas —mejor intentaría levantarle el ánimo, —sobre todo Yoko, por no saber apreciar a una amiga tan buena como tú.
Sentía que sonaba demasiado cursi, pero no se le ocurría otra cosa mejor que decir.
—Astro… —por su tono suponía que también había sido muy empalagoso para ella, así que se apresuró a arreglar las cosas.
—Lo digo en serio Cora, tú eres increíble, sobreviviste dos años en La Superficie, te convertiste en la líder de los niños de Hamegg, su mejor recolectora, y me salvaste de Stone, esas niñas mimadas no tienen nada contra ti.
Una sonrisa empezó a formarse en sus labios, Astro sonrió al ver que sus palabras estaban surtiendo efecto.
—Además, tu cabello siempre me ha parecido muy cool, desde el día en que nos conocimos.
Ahora hasta pudo notar que se sonrojaba, sonrió con un poco de malicia al recordar que ella le había hecho lo mismo.
—Estoy seguro que nadie tenía tanto estilo en esa escuela de presumidos.
Cora se rió con felicidad.
—En eso si tienes razón, todos usaban ese mismo uniforme feo…
—Tranquila, a mí tampoco me gustaba.
Los dos empezaron a reírse, y decía la verdad, jamás fue fan de la sudadera ni de los pantalones, quizás por el hecho de que no era ropa realmente suya, agradecía el ahora poder usar sus propias prendas, cortesía del Dr. Elefun, una increíble playera verde esmeralda, con rayas azul-fluorescente en los bordes de los brazos y en el cuello; sumados con un pants negro.
Cora terminó de reírse, sabía muy bien las intenciones de Astro, y tenía que admitir que lo había logrado, siempre que recordaba sus años en Ciudad Metro le dolía, pero ahora que se lo contó se sentía… liberada, su historia no la conocía nadie más que ella, jamás la platicó ni con Hamegg, Zane, Sludge o Widget, porque aunque pasó tanto tiempo con ellos, no logró tener esa confianza, pero con Astro se sentía tan natural y normal, tal vez era porque los dos tenían historias similares, o eso creía, ya que Astro jamás le había contado su historia completa, solo sabía que su papá era el Dr. Tenma, que vueltas daba la vida en verdad. En fin, estaba feliz de poder compartir sus recuerdos con alguien, alguien en quien confiaba plenamente, ahora solo faltaba una cosa por hacer…
—Astro, quiero pedirte disculpas.
El chico parpadeó.
—¿Disculpas? ¿Por qué?
—Porque… cuando Hamegg te puso en los Robo-Juegos… no hice nada.
Astro estaba a punto de decirle que no la culpaba, pero Cora siguió hablando.
—Estaba enojada contigo porque… sentí que me mentiste, como Yoko lo había hecho, me volví a sentir traicionada —se rió sarcásticamente—, no era personal, pregúntale a Zane, tampoco confíe en nadie en mis primeras semanas con Hamegg, pasó casi un mes para que pudiera hablar con ellos de cosas que no fueran recolección de partes.
—Cora, no te culpo de nada, después de algo como lo que te paso yo también desconfiaría de todos.
Cora levantó una ceja.
—Los dos sabemos que eso no es cierto.
Astro sonrió nerviosamente.
—Eh… bueno —se rascó detrás de la cabeza—, mi punto es que no quiero que te sientas mal, cuando Hamegg me atacó no hubo mucho que pudieras hacer, ni en la arena, pero estuviste ahí cuando más te necesitaba, de no ser por ti… por ustedes, de no ser por ustedes, Stone me hubiera aplastado.
—Hey… hubiera podido morder a Hamegg, y no olvides esa vez que tenía a Sparks contra la pared.
Astro se rió.
—No lo olvido, pero en serio, no quiero que te sigas atormentando, ¿está bien?
Cora parecía sorprendida.
—¿En serio no sientes ni una pizca de rencor? ¿Aunque sea un poco?
Astro negó con la cabeza.
—¿Ni contra Hamegg?
—No, lo que me hizo fue terrible pero… no lo odio, ni le guardo rencor, solo… me decepcionó, no creo que pueda volver a confiar en él, pero no le deseo el mal, es más, espero que donde quiera que este… este en paz.
Cora ahora simplemente se veía pasmada.
—¿Cómo es posible que no sientas… algo Astro? Digo, ya sé que sientes pero…
—No te preocupes, sé a qué te refieres —se encogió de hombros—, no lo sé Cora, es solo que… el odio es un sentimiento muy feo, muy corrosivo, ya vi lo que le hizo a Hamegg y a Stone, y todo lo que eso provocó, y no quiero eso en mi corazón.
Cora estaba más que sorprendida, e irritada, no podía entender como Astro pudiera tener un corazón tan puro y… humano, ¡demonios! había noches en las que aún deseaba tener el cuello de Trixie y Yoko entre sus manos para estrangularlos. Y eso que, por más horrible que fue lo que le hicieron, ¡con Astro habían atentado contra su vida! Era casi inspirador el ver que estaba dispuesto a darles el perdón.
—Pero Cora, está bien si tú no quieres perdonarlas, entiendo el porqué.
Cora se mordió otra vez el labio.
—No lo sé Astro, estoy empezando a considerarlo.
—¿En serio? —preguntó alentado, acercándose y abriendo mucho los ojos.
Ella se encogió de hombros.
—Es que pienso que… lo que pasé fue horrible, pero después conocí a los chicos, y con ellos empecé a sentirme como en una familia, una casa que siempre está llena —se rió—, hermanos con los que pasar todo el día, y luego llegaste tú.
Astro pudo sentir sus mejillas son-azularse.
—Mi mejor amigo, pese a todo si encontré la felicidad con ustedes, viéndolo así, no sé por qué debería dejar que esas dos me sigan atormentando.
Astro no podía expresar lo feliz que se sentía al escuchar eso, Cora estaba dejando ir una parte de su pasado, por más doloroso que hubiera sido, ya estaba viendo hacia un futuro mejor, uno en el que la apoyaría en lo que fuera.
Tomó su mano.
—Oye, de ahora en adelante estaré siempre a tu lado.
Cora sonrió.
—Sé que lo estarás Astro, y gracias… ojalá nos hubiéramos conocido antes.
—Sí, eso nos hubiera ahorrado muchos problemas… —la hizo sentirse mejor, ahora venía la parte difícil, como ella fue honesta con él, lo justo parecía ser que él hiciera lo mismo, ella merecía saber la verdad.
—Oye Cora.
—Dime.
—Nunca te he contado… porque mi papá me construyó, ¿no?
Cora se puso a pensar, ahora que lo mencionaba, ese era un tema del que jamás hablaron, ella asumió que Astro fue creado solo para que Tenma pudiera alardear todavía más, gracias a los Dioses que había resultado ser más que eso, pero desconocía si hubo un motivo más grande.
—No.
—Bueno, antes papá tenía un hijo, uno biológico, Tobio Tenma, le decían Toby de cariño.
Cora se inclinó hacia el frente, ¿acaso esa historia iba a donde creía que iba?
—Un día en el Ministerio… hubo un accidente, y Toby falleció.
Cora estaba prestando atención a todo lo que decía, creía saber cómo acabaría todo pero… Dioses, si era verdad eso sería… extraño.
—Papá no pudo con la pérdida, así que hizo lo que mejor sabe hacer, creó un robot para que fuera una réplica de su hijo, pero esa réplica… no era un buen Toby, así que lo desechó.
—Astro…
—Todo eso pasó la noche antes de conocernos.
Cora se levantó del sofá, se puso frente a él y lo tomó de los hombros, se miraron fijamente a los ojos.
—¿Él te arrojó a la basura?
Astro trago saliva, Cora tenía esa mirada, la de odio e ira incontrolable.
—No, él… me corrió de la casa, y luego las fuerzas de Stone me atacaron, fue por eso que terminé en la Superficie.
Pero eso no redujo el enojo de Cora.
—¿Cómo pudo hacer eso? —Se separó de él y empezó a dar vueltas, Astro la miró con ojos preocupados—, era obvio que no podías ser igual a Tobio, tú eres tú Astro, no eres la copia de nadie. ¿Cómo pudo hacerte eso? A su hijo.
—Trata de entenderlo Cora, estaba de luto, creo que el tenerme lo… abrumó, eso es todo.
Cora se detuvo y lo miró fijamente, nuevamente pasmada.
—Recuerda que gracias a él estoy vivo, en parte, gracias a él Ciudad Metro y la Superficie pueden unirse, por él estamos juntos esta noche.
—Astro, esos son tus logros, no los de él.
—Pero solo pude lograrlos porque él me creó.
Cora rodó los ojos y regresó a su asiento, si bien el corazón de oro de Astro podía llegar a ser inspirador, también era muy, muy, irritante. Suspiró sintiéndose un poco cansada, pero como le preocupaba Astro, y no quería que se sintiese como el remplazo de nadie, se aseguró de hacérselo saber.
—¿Sabes? Me alegró que no seas como Tobio.
Astro ladeó su cabeza, en visible confusión.
—Porque no mereces ser la copia de nadie Astro, mereces ser tú mismo, y estoy feliz de que seas tú y nadie más.
Astro sonrió, siempre que estaba con su padre sentía que aún existía esa distancia, la de que jamás llegaría a ser Toby, y dudaba que algún día desapareciera, entonces era reconfortante escuchar a alguien decirle lo contrario.
—Gracias Cora.
Cora sonrió y levantó su puño.
—Para eso son los mejores amigos.
Astro chocó su puño con el de ella y luego volvieron a recostarse, se quedaron un rato mirando las estrellas sin decir nada, solamente disfrutando la compañía del otro, hasta que Cora decidió romper el silencio.
—Entonces… ¿jamás has ido a la escuela?
Astro se inclinó un poco.
—Bueno, tengo algunos recuerdos de Toby, pero como tal… jamás he estado en una.
Y es que esa era la razón de que el día de mañana fuera tan especial, en agradecimiento por su apoyo en los tiempos difíciles, Ciudad Metro había decidido instalar una Escuela Pública para los niños de la Superficie, una institución en la que los infantes pudieran ponerse al corriente con todos los años que habían perdido, mañana sería la inauguración, y aunque Astro y Cora no iban tan atrasados en sus estudios, no querían dejar a Zane, Sludge, Widget, y a los demás niños del orfanato solos; ahora eso no sería tan angustiante si no fuera porque las escuelas de Ciudad Metro enviarían a tres de sus mejores estudiantes como tutores, y Cora temía que alguno de esos tres pudiera ser Trixie, Yoko o alguna de su sequito, mientras que Astro estaba nervioso por tener que convivir con más niños ahora que su secreto salió a la luz. ¿Lo tratarían igual que antes? ¿O ahora lo verían como un bicho raro? Sobraba decir que los nervios los estaban comiendo vivos.
—Wow… también en esto estamos parejos.
Astro se encogió de hombros.
—Supongo que estábamos destinados a conocernos.
Cora rodó sus ojos y se volvió a recargar, nuevamente tenía una mirada de desconcierto, Astro se lamentó, hacia tan solo unos minutos había logrado ponerla de buen humor, pero ahora volvía a sentirse temerosa e insegura, y no creía poder volver a levantarle el ánimo con palabras, esta vez tendría que ser más creativo. Pensando en que hacer miró hacia la ciudad, los edificios ya re-construidos iluminaban con sus luces amarillas y azules, y a lo lejos se veía el campamento de los refugiados, sus luces eran más anaranjadas. Se veía todo muy bien, entonces Astro levantó la mirada y notó que esa noche había estrellas, entonces tuvo una idea.
De un salto se puso de pie y le tendió su mano a Cora.
—Vamos.
Cora vio primero la mano y luego sus ojos.
—¿A dónde?
—Vamos a volar.
Cora abrió sus ojos lo más que pudo, y Astro no pudo evitar reírse.
—No estás hablando en serio, ¿verdad?
—Claro que sí, siempre que me siento nervioso salgo a volar, me ayuda a despejar la mente.
—Pues sí, porque tú puedes volar.
—Confía en mí Cora.
En sus ojos se veía confianza, otra cosa que Cora odiaba de Astro era su mirada, ya que siempre era amable y tierna, hacía muy difícil el poder enojarse con él, o decirle que no, y eso es lo que estaba pasando en esos momentos, Astro mostraba tanta seguridad, y una pizca de súplica, que el corazón de la chica se encogió con la simple idea de rechazarlo.
«Es tu amigo, jamás haría nada que pudiera dañarte» se dijo a sí misma, y con eso fue suficiente para decirse.
Lentamente extendió su mano hasta que se encontró con la de él, Astro sonrió y la sujetó suavemente, la ayudó a ponerse de pie.
—Sujétate de mí cintura.
Cora se acercó más y enrolló sus brazos alrededor de él, Astro la tomó de la cintura con una mano.
—Muy bien, agárrate fuerte, muy fuerte.
Cora tragó saliva, confiaba plenamente en Astro, pero eso la estaba poniendo nerviosa. El chico por su parte no tenía miedo, se había convertido en un gran volador estos últimos meses, y con su fuerza no había forma en que perdiera a Cora, aun así entendía porque su amiga estaba nerviosa, así que sería lo más delicado que pudiera.
—¿Estás lista?
Cora asintió con la cabeza.
—Muy bien, entonces vamos.
Se escucharon los cohetes de las botas prenderse, en vez de despegar con impulso lo hizo lentamente, elevándose poco a poco, Cora reforzó su abrazo al sentir que sus pies dejaban el suelo, por puro instinto echó un vistazo hacia abajo, y rápidamente se arrepintió de haberlo hecho, ya estaban al menos a diez metros sobre su casa, los edificios parecían insectos desde allá arriba, su pulso empezó a acelerarse. Astro lo notó.
—Oye tranquila, estoy aquí.
Giró su cabeza para verlo, y se encontró con una sonrisa de oreja a oreja, en otras circunstancias la hubiera molestado, pero ahora la encontraba muy reconfortante.
—No tengas miedo, no te voy a dejar caer.
Cora asintió con la cabeza, era más probable que cayera si se ponía nerviosa, después de todo Astro había logrado cargar toda la ciudad él solo, de seguro podía con una adolescente delgada, debía dejar de preocuparse, y empezar a confiar en él. Astro sonrió.
—Muy bien, ahora voy a inclinarnos lentamente, no pongas resistencia.
—De acuerdo.
Astro se hizo un poco hacia adelante, Cora solo sintió como su cuerpo se movía junto con el de su amigo, en un momento sintió que caería al vacío, pero el abrazo fuerte de Astro la hizo sentir segura.
—Muy bien, ahora empieza lo bueno.
Astro extendió su brazo libre hacia el frente con el puño cerrado, y empezaron a volar hacia abajo, una leve ventisca les golpeó el rostro, y alborotó el cabello de Cora, iban a una velocidad lenta y tranquila, así que la chica no sintió ansiedad, sino todo lo contrario, era como lanzarse al abismo, pero con la certeza de que no caerías, como si fueras invencible.
«¿Con qué esto se siente, eh?»
Miró de reojo a Astro y este levantó una ceja, como si supiera lo que estaba pensando, se rió y ambos regresaron a ver al frente. Ella cerró sus ojos, la brisa en su rostro la hizo sentirse liberada, era tranquilizante y liberador, entonces sintió que cambiaban de dirección, Cora volvió a abrir los ojos y vio que ahora volaban hacia el frente, iban directo hacia un edificio, pero Astro solo se inclinó un poco y lo esquivaron, al pasar a su lado Cora se vio reflejada en los ventanales de la construcción, sonrió al verse a sí misma, era como un sueño hecho realidad el poder volar, luego bajó la mirada y notó que desde ahí todos se veían como luces, pequeños puntos luminosos de colores, abrió sus ojos sintiéndose sorprendida, era una vista impresionante, ver todo iluminado y el movimiento de la ciudad, ser observadora desde un punto de vista tan alto la hacía sentirse omnisciente, Astro se alegró por ella. Elevó el vuelo un poco más, al sentir que subían Cora se aferró con más fuerza, ya se sentía un poco más cómoda, pero el más mínimo cambio de dirección la alteraba un poco, aun así la inconformidad se fue rápidamente.
Astro los llevó por encima de las nubes, atravesaron una y Cora cerró momentáneamente los ojos, cuando los abrió notó que sobrevolaban por encima de todo, solo se veían nubes debajo de ellos, iluminadas por la luz plateada de la luna. Cora se rió y Astro bajó un poco, entraron en una nube y luego volvieron a salir, la chica sintió cosquillas en el estómago, era como una montaña rusa, Astro repitió el mismo proceso tres veces, con cada nueva bajada Cora se reía. Al salir una vez más, Cora extendió su brazo y sus dedos rosaron una nube, se fue deshaciendo detrás de ella, ella miró por encima de su hombro para ver los pequeños pedazos sobresaliendo en el cielo oscuro, era muy hermoso.
Al ver que Cora estaba más que feliz, Astro decidió que era hora de regresar, volvieron a descender y volaron hasta la casa de Cora, Astro la dejó gentilmente en el suelo mientras que él no apagó sus cohetes, sino que se quedó sobrevolando. Cora se tambaleó un poco cuando sus pies volvieron a tocar suelo, pero solo tuvo que elevar ambos brazos para recuperar el equilibrio. Al estabilizarse se dio la vuelta para ver a su amigo.
—Eso fue increíble.
Astro se llevó una mano detrás de la cabeza.
—Siempre me hace sentir mejor.
—Ya veo porque.
Ambos se rieron, si bien el día de mañana la seguía asustando un poco, el vuelo la había tranquilizado lo suficiente para que no quisiera pensar en ello más, ya se ocuparía de eso cuando despertara, además…
—¿Sabes Astro? Creo que mientras estemos juntos, nada malo nos pasará.
Astro asintió con la cabeza.
—Pienso lo mismo Cora, algo me dice todo nos saldrá bien de aquí en adelante.
