Antes de empezar este capítulo quisiera agradecer a Fantasy Lord 77 por agregar esta historia a su lista de alerta. ¡Muchas gracias! Y espero que disfrutes este capítulo:
Jack Fuller miraba desde las escaleras, se suponía que ya debía estar acostado, pero al enterarse de que un policía los visitaría decidió esperar un poco más, después de todo, solo él podría ayudarlos a encontrar a Frank. El agente en cuestión era un inspector de nombre Tawashi, un hombre alto con una nariz grandota y regordeta que parecía una berenjena, estaba calvo pero tenía un predominante bigote color café que le rodeaba toda la nariz, usaba un traje gris con corbata negra, en su cabeza llevaba un sombrero del mismo color; estaba sentado en uno de los sillones de la sala, el individual, mientras que papá estaba en el sillón para dos personas de enfrente y mamá servía el café.
Terminó de servirle y le entregó la taza.
—Muchas gracias señora.
Mamá asintió con la cabeza y prosiguió a sentarse, intercambio miradas con su marido, ambos se veían preocupados.
—¿Y bien? —preguntó su padre, mientras movía los dedos nerviosamente—. ¿Lo encontraron?
Tawashi dio un sorbo, después bajó la taza y cerró los ojos, tuvo la mirada baja un tiempo y Jack asomó un poco más la cabeza. El inspector levantó la cabeza abriendo los ojos.
—Hicimos una búsqueda aérea, recorrimos toda la superficie, nos tomó dos días enteros, pero no encontramos nada.
Jack apretó con más fuerza los barrotes, Frank no podía seguir desaparecido, ya habían pasado seis meses desde el incidente.
—¿Está seguro que revisaron todo? Quizás pasaron un área por alto.
Tawashi pareció ofenderse.
—Señora, somos profesionales, peinamos cada centímetro de la Superficie, si ese robot estuvo ahí alguna vez, le aseguro que ya no lo está.
Jack entrecerró su mirada, no le gustaba nada el tono del inspector, sonaba como si despreciará a los robots, y hablaba con tan poca empatía, ¿qué acaso no comprendía que Frank era parte de su familia? ¿Cómo podía sonar tan desinteresado?
—Por favor —dijo su padre—, debe habar algo más que pueda hacer, nuestro hijo ama a ese robot.
—Lamento tener que decírselo, pero es poco probable que su unidad aparezca.
Jack tuvo que soportar las ganas de gritar. ¡Frank no podía desaparecer! ¡Era imposible! ¡Ese inspector era un tonto que no sabía hacer su trabajo!
Sus padres parecían igual de asustados ante tal idea.
—No diga eso.
—Mire señor Fuller, incluso con la unión de las ciudades en la Superficie aún hay muchos recolectores, odio tener que decírselo, pero tomando en cuenta que su unidad era nueva, esos niños debieron despedazarlo apenas lo vieron.
Los ojos de Jack se pusieron llorosos, ¿Frank despedazado? ¡No! ¡Eso no era posible, el inspector mentía! Frank era muy fuerte como para que unos niños pudieran despedazarlo, Tawashi solo lo decía porque no conocía a Frank, no sabía lo poderoso que era. De seguro ni siquiera lo había buscado tanto como alegaba, solo pasó volando y ya, era un pésimo inspector.
Mamá estaba por levantar la cabeza, así que Jack retrocedió hasta la pared, estaba preocupada de que su hijo pudiera oírlos.
—Por favor inspector, absténgase de decir esas cosas en voz alta —dijo enojada.
Tawashi solo le dio otro sorbo a su café.
—Lo siento, no era mi intención alterarla.
Mamá suspiró y apartó la mirada, sus disculpas no le bastaban, ese hombre le desagradaba con esa pésima actitud suya. Tawashi solo cerró los ojos y volvió a beber, tampoco era como que el juicio de esa señora le importará mucho. Papá suspiro, era mejor tratar de arreglar esa situación.
—Señor Tawashi, se lo pido como caballero, nuestro muchacho no podrá superar la perdida de otro amigo.
Al oír eso Jack sintió un golpe en el estómago, muchos de sus amigos humanos no fueron tan afortunados el día de la tragedia.
Tawashi suspiró, más empáticamente, y dejó su taza.
—Entiendo que estos son tiempos difíciles para todos, de verdad que sí —levantó la mirada—, quisiera decirle que puedo hacer más por ustedes, pero aún hay muchas personas desaparecidas, y sabe que la prioridad son los humanos.
Jack cerró los puños, eso quería decir que...
—Lo siento —dicho eso Tawashi se levantó— les deseó suerte, de verdad.
Mamá refunfuñó, seguía sin mirarlo, papá parecía ser más razonable.
—Se lo agradezco, lo acompañó a la puerta.
Jack volvió a asomarse para ver como su papá escoltaba a Tawashi a la salida, mientras que mamá, al dejar el inspector la sala, se cubrió el rostro con ambas manos y empezó a llorar, él ya no quiso ser testigo de eso así que, a gatas, regresó a su habitación, abrió la puerta con mucho cuidado y se metió dentro. Debería irse a la cama, ya había obtenido la información que buscaba, pero por eso mismo es que no tenía sueño, la policía no iba a ayudarlos, si quería encontrar a Frank tendría que hacerlo por su cuenta, pero…
¿Cómo podría? Solo tenía ocho años, aun si lo encontrara no podría cargarlo, porque dudaba que sus piernas hubieran sobrevivido a la caída, papá y mamá ni locos lo llevarían hasta el basurero, si iba a hacerlo estaría completamente solo, y eso no sería de ninguna ayuda ni para él ni para Frank.
Se sentía tan inútil y enojado que lo último que quería era irse a dormir, arrastrando los pies fue hasta su ventana y se sentó en el borde, subió ambas piernas y las abrazó, recargando su cabeza entre ellas. Sabía que a pesar de todo debía sentirse afortunado: su casa resultó de las menos dañadas por el ataque del Guardián de la Paz, solo unos ventanales rotos y algunos muebles destruidos, pero fuera de eso su edificio se mantuvo en una pieza, no como las casas de muchos de sus compañeros, sus padres no estaban en la lista de desaparecidos, o muertos, y mañana podría regresar a la escuela sin más problemas, debería estar más que agradecido.
Y lo estaba, era solo que…
Extrañaba mucho a Frank, después de que su amigo cayera Jack estuvo gritando y gritando hasta que una amable señora lo recogió y se lo llevó a la cabina de control, estuvieron escondidos hasta que la batalla terminó, poco después Jack y los demás fueron llevados a una estación de policía, pasaron horas pero sus padres lo recogieron esa misma noche, cuando se reencontraron les dijo que Frank estaba desaparecido, sus padres no le dieron tanta importancia a ello y dijeron que comprarían otra unidad, pero Jack lloró y lloró gritando que no quería otro robot, él quería a Frank.
Así que sus padres aceptaron buscarlo, se pusieron en contacto con la policía de la ciudad y una búsqueda inicio, pero hasta esa noche no habían tenido respuesta, medio año después, ahora había quedado más que claro que no los ayudarían más.
Las lágrimas comenzaron a llenarle los ojos, se las limpió con el brazo y volvió a mirar hacia el cielo, ese día cuando colgaba del puente Frank lo hizo sentir tranquilo, en su peor momento estuvo para él, pero no podía regresarle el favor, aunque una cosa si tenía clara, ningún niño lo había desmantelado, Frank seguía allá afuera y Jack lo sabía, algo dentro de él le decía que Frank era muy rudo para perecer, solo estaba perdido, tenía que encontrar su camino a casa.
¿Pero cómo podría ayudarlo a encontrarlo?
Mientras pensaba se golpeaba las rodillas con un dedo, sin darse cuenta empezó a tararear una canción:
—Trenecito que volando vas, con velocidad para la ciudad, cual maracas en alegre son, da tu resoplar ritmo al corazón…
Se detuvo al recordar que esa era la canción que había cantado el día del accidente, antes del desastre, era música de la película de Dumbo, una cinta que Frank y él veían todos los días, y nunca se cansaban de ella, la parte del tren era su favorita, por eso siempre la estaban cantando.
«Eso es» pensó, ya tenía la solución para su problema.
Se bajó y abrió la ventana, luego fue a la mesita de noche que tenía al lado de la cama, rebuscó en uno de los cajones hasta que lo encontró, un reproductor de música, regalo de su abuela por su cumpleaños, lo llevó hasta la ventana y oprimió el botón de la parte superior, se abrió una compuerta y salió la pantalla digital en forma de un holograma, era una lista de las canciones guardadas, Jack fue recorriendo, moviendo la lista con su dedo, hasta que encontró la que buscaba, presionó el símbolo de reproducir.
Trenecito que volando vas, con velocidad para la ciudad, cual maracas en alegre son, da tu resoplar ritmo al corazón, cuando se oye tu silbato en la estación, todo el mundo espera lleno de emoción, traes el circo y vamos a gozar, corre sin cesar, ya vas a llegar.
También la dejó en modalidad repetir, si Frank llegaba a escuchar la canción la seguiría hasta llegar a casa, nadie más en Ciudad Metro amaba esa música tanto como ellos, su amigo sabría que le estaba mandando un mensaje.
Al ya no sentirse un inútil el sueño empezó a ganarle, bostezó y se tapó la boca con una mano, era mejor que se fuera a dormir, mañana volvería a la escuela y era mejor que no estuviera cansado.
Fue hasta su cama y se metió debajo de las sabanas, antes de cerrar los ojos miró una última vez a la ventana, su acción podría parecer insignificante, pero él estaba feliz, por fin sentía que hacía algo por su amigo, le había dado una luz que seguir.
—Buenas noches Frank, donde quiera que estés.
Y con ese último pensamiento se quedó dormido.
…
Muy lejos de ahí, en el cuartel general del Frente Revolucionario Robot, Sparks estaba sentado detrás del escritorio revisando unos papeles, mientras que Robotski y Mike jugaban al Ping Pong, con una mesa, paletas y pelota que habían encontrado entre la basura. Sparks estaba muy atento de su trabajo, desde hacía meses que el frente no tenía ninguna actividad verdadera, más que ayudar a los humanos que se quedaron sin hogar, pero ese no era un propósito para el cual el frente fuera creado así que no contaba, además de que lo habían hecho más por petición de Astro.
Mike golpeó la pelota con intensidad y Robotski, para no quedarse atrás, la regresó con más fuerza, lamentablemente no puso el mismo esfuerzo en su puntería, la pelota fue a dar contra Sparks, golpeándolo en la cabeza. El robot gritó mientras se hacía para atrás con todo y silla, Robotski se llevó una mano a la boca, mientras que Mike su cubrió con ambos brazos. Sparks se levantó apoyándose en la mesa con un brazo, miró enojado a su compañero rojo. Robotski sonrió nerviosamente y se encogió de hombros. Sparks frunció el ceño y se acomodó la mandíbula, la cual le había quedado chueca por la caída.
—¡Basta! —dijo enojado—. ¡Es hora de que ustedes dos se tomen las cosas en serio!
Se levantó por completo y golpeó el escritorio con un puño.
—¡En estos últimos seis meses el Frente se ha convertido en una burla!
—Lo sentimos jefe, es solo que últimamente no hay mucho que hacer —respondió Mike.
—¡Qué no hay nada que hacer! —estalló—. ¿Cómo pueden decir eso cuando muchos de nuestros hermanos siguen siendo prisioneros de la tiranía de los humanos?
—Bueno Sparks, nuestro objetivo siempre fue acabar con Hamegg, y ya sabes que Astro se encargó de eso.
—Y no olvides que también prohibió los Robo-Juegos.
Sparks refunfuñó y se cruzó de brazos, claro que estaba agradecido con Astro por todo lo que había hecho, y además era su amigo al que quería mucho, pero no podía evitar sentir una pizca de envida, el pequeño robot había conseguido en días lo que ellos no pudieron lograr en años, dejándolos sin propósito en el camino.
—Puede que Astro haya acabado con esa barbaridad, pero todavía hay muchos hermanos que sufren por culpa de los humanos.
—Bueno, sé que muchos robots están siendo utilizados para reparar la ciudad, pero parecen tratarlos bien, y no olvides que por primera vez en la historia de la robótica, un robot puede ir a la escuela —mencionó Mike.
—Es cierto, nuestro camarada Astro está haciendo historia.
Nuevamente, a Sparks le costaba no sentir celos de Astro.
—En serio es un orgullo que un camarada del frente este llegando tan lejos —dijo Robotski llevándose una mano al pecho.
Sparks abrió mucho los ojos mientras una revelación entraba en su cabeza, Astro era parte del frente, así que con cada logro nuevo ponía en alto el nombre del movimiento, su compañero no triunfaba solo, sino que triunfaba con ellos, después de todo tenía un nombre gracias a ellos, así que no había porque sentir envidia porque al final todos triunfaban juntos.
O al menos es así como él lo veía.
—Es cierto, Astro lleva el orgullo del Frente a todas partes, debemos sentirnos orgullosos de que un camarada vuele tan alto.
Robotski y Mike sonrieron al ver que el enojo de Sparks se iba, aunque fuera solo porque, sin querer, alimentaron su ego, lo importante era que todo había vuelto a estar en calma.
—Bueno, creo que mañana podríamos ir a visitarlo, debe sentirse nervioso por ser el único robot de la clase —sugirió Mike.
—Es cierto, unas palabras de ánimo de sus amigos de seguro lo ayudarían, ¿tú qué opinas Sparks?
El robot se llevó una mano a la barbilla.
—Bueno, sin duda ayudaría mucho que nos vieran mostrando apoyo a nuestro compañero, eso de seguro nos daría buena imagen con la prensa. Mike, ¿a cuantas televisoras conoces? Llámalas a todas.
Mike levantó una mano para responder, pero jamás llegó a decir nada porque la tierra empezó a temblar, los robots dieron un salto en el aire, el escritorio, la mesa, las sillas y los muebles cayeron al piso, las luces se apagaron, y no regresaron hasta que terminó, las luces del techo siguieron agitándose.
—¿Qué fue eso? —preguntó Robotski levantándose.
—No temblaba desde que… —Mike no terminó de hablar, pues recordó la última vez que sintió algo así.
—Cálmense, El Guardián de la Paz no regresó, de seguro es Zog quien viene a jugar cartas —razonó Sparks.
—Pero Zog jamás hace temblar tanto, y los juegos de cartas son los jueves.
Sparks giró los ojos.
—Ya lo verán.
Se puso de pie y fue abrir la puerta, Robotski y Mike intercambiaron miradas preocupadas.
—Hola Zog, de saber que venías hubiéramos hecho la limpieza.
Pero no se veía nada, tan solo las paredes de basura que marcaban el camino, y el único sonido eran unos grillos, Sparks miró en ambas direcciones pero no pudo notar nada.
—¿Serán los piratas? —preguntó Mike asustado, escondiéndose detrás del escritorio.
—No, Astro también los derrotó —le recordó Robotski.
—Oh, es cierto.
Otro temblor ocurrió y todos se cayeron al suelo, este fue más largo que el anterior y más intenso.
—¡Quedó claro que no es Zog! —gritó Robotski.
—¡Ya lo sé! —reclamó Sparks mientras se sujetaba de la puerta.
La sacudida se detuvo y pareció que todo volvió a la normalidad.
—¡Yo digo que le preguntemos a Astro si nos deja dormir en su casa! —sugirió Mike levantando una mano.
Pero Sparks no le respondió, estaba mirando al frente, a donde las luces del letrero no llegaban, era una cortina negra, excepto por los dos ojos rojos que lo miraban fijamente, Sparks ahogó un gritó mientras retrocedía a gatas, esos ojos eran iguales a los del Guardián de la Paz. ¡¿Pero cómo era posible?! ¡Astro lo destruyó!
—¡Hay que salir de aquí! —gritó mientras se levantaba.
El techo de la casa fue arrancado antes de que pudiera entrar, Robotski y Mike se arrojaron al suelo para evitar ser aplastados, por desgracia para Mike, había saltado del lado donde estaba el atacante, no podía verlo porque estaba muy oscuro, solo se notaban sus ojos rojos, los cuales estaban muy por encima de ellos, lo que significaba que el monstruo era gigantesco. Se escuchó como si dos metales fueran estrellados entre sí, Mike intentó retroceder pero una pinza gigante salió de la oscuridad y lo agarró. Gritó aterrado mientras golpeaba la maza, pero esta era demasiado fuerte para él, la garra volvió a elevarse hasta llevar a Mike a la oscuridad, su gritó se fue apagando poco a poco mientras desaparecía en la noche.
—¡MIKE! —gritaron Sparks y Robotski al unísono.
Robotski iba ir a ayudarlo cuando la pared detrás de él se hizo añicos, unos tentáculos entraron y se enrollaron alrededor de su cuerpo, uno lo sujetó de la cintura, otro del cuello, dos lo agarraron de los brazos, uno para cada uno, lo mismo pasó con sus piernas. Robotski trató de caminar hacia el frente, en un intento por soltarse, pero los abrazos eran muy fuertes, una risa macabra se pudo escuchar, parecía que venía de los tentáculos. Robotski hizo un último esfuerzo pero no sirvió de nada, la fuerza de aquella cosa era inmensa, terminaron por arrastrarlo a la oscuridad, donde su gritó también se perdió poco a poco.
Sparks estaba más que aterrado, acababa de ver como sus amigos fueron devorados por… ¡Cosas! ¡Hacía tan poco estaban hablando y ahora…! ¡Tenía que correr! Él solo no podría salvar a sus amigos, necesitaría la ayuda de Astro, el pequeño pondría a esos engendros en su lugar. ¡Sí!
Rápidamente se puso de pie, pero con tan solo dar el primer paso se encontró con que algo, alguien, le estorbaba el paso. Seguía muy oscuro así que tan solo podía distinguir su silueta, era mucho más grande que él, pero por mucho, sus brazos eran enormes y sus manos gigantescas, su cabeza podría caber en una de ellas y aún habría espacio, su rostro era de forma cuadrada, pero lo más aterrador eran esos ojos rojos, esos brillantes ojos rojos. Sparks se les quedó mirando por un instante, y solo pudo notar que en ellos había odio, un deseo por destruir todo lo que se le cruzará. Dio un paso atrás, esa cosa quería matarlo, sintió algo duro alrededor de su cintura, rápidamente bajó la mirada para encontrarse con que, lo que parecía ser, una trompa aferrada a su cadera, era de color carmesí y se parecía mucho a la de un elefante.
No tuvo tiempo ni para pensar pues fue levantado del suelo y llevado hasta la negrura, solo que esta vez pudo ver con toda claridad cuál era su destino, la boca de un ser horrible. Sparks gritó y estiró ambos brazos al frente, pero fue inútil, nada pudo salvarlo de las fauces de aquel ser.
…
Sus amigos acababan de encargarse de las pestes, perfecto, ya no molestarían a nadie con sus molestos gritos y rabietas, ahora podría volver a enfocarse en esa llamada, sus amigos se abrieron paso haciendo pedazos lo que quedaba de la guarida, mientras él escuchaba atentamente, alguien cantaba, una canción que le recordaba a algo… A un sentimiento de… no sabía de qué exactamente, solo sentía que alguien lo estaba llamando, esos cantos significaban algo…
«Regresa a casa»
Casa, ¿qué era una casa?
Cerró el puño al sentirse confundido por todo lo que pasaba en su cabeza, desde que recordaba solo tenía un deseo por destruir y matar, pero… al escuchar eso quería, quería algo más, una parte de él que había perdido, algo que le faltaba para estar completo.
Se dio la vuelta profiriendo un gritó, sus amigos dejaron de destrozar y bajaron sus armas en señal de respeto, él sonrió, serían camaradas y todo, pero sabían quién era el jefe de ese grupo, con otro aullido, no tan potente como el anterior, les dijo que su trabajó ahí estaba terminado, y que era hora de avanzar, ellos asintieron con la cabeza. Con la orden dada se volvió hacia el frente una vez más, si él no avanzaba primero nadie lo hacía, dio el primer paso y el grupo empezó a moverse.
No sabía muy bien a donde lo llevaba ese sentimiento, pero si había una cosa que tenía en claro, aplastaría a quien se interpusiera en su camino.
