Antes de empezar este capítulo quisiera agradecer a Juliethe metaller por agregar esta historia a sus favoritos y a su lista de alerta. ¡Muchas gracias! Y espero que disfrutes este capítulo:
Orrin le sirvió el huevo y las tostadas a Tenma mientras el doctor revisaba las noticias en su tableta.
—Gracias Orrin.
—No hay de que Doctor Tenma.
Dos golpes se escucharon en la puerta, provocando que mirarán hacia ella.
—¿Espera a alguien doctor?
—No Orrin, no quedé con nadie.
El robot dejó la sartén sobre la estufa y fue a abrir, mientras que Tenma dejaba reposar su dispositivo en la mesa; había un panel pegado en la pared, Orrin oprimió un botón y en la pantalla apareció el pasillo de entrada, ahí pudo ver quiénes eran sus invitados, sonrió y presionó el botón para abrir, dándole paso a:
—¡Dr. Elefun, Yuko, Momo! —Dijo Tenma con alegría, se levantó y extendió ambos brazos—, que bueno verlos, ¿qué los trae a mi casa esta mañana?
—Queríamos desearle a Astro buena suerte en su primer día de clases —respondió Yuko con una sonrisa—, el pobre debe estar muy nervioso, todavía recuerdo lo mucho que yo lo estaba cuando entré al colegio.
Tenma asintió con la cabeza, ya era normal que esos dos mostrarán tanta atención a Toby… es decir Astro, cielos como le costaba separarlos, cada día era menos difícil pero… aún no se acostumbraba del todo, a pesar de que la actitud de Astro no podía ser más diferente a la de Toby; desde la cocina Orrin observó el cambió en la expresión del doctor, siempre que iba a mencionar al amo Toby hacía una mueca al recordar su… trágico destino, para después recordar que aún tenía otro hijo; el robot suspiró mientras servía otra taza de café, el pequeño Toby había estado a su cuidado desde que era un bebé, y casi siempre estaba con el chico cuando el Dr. Tenma estaba trabajando, él también lo extrañaba, si bien Astro era una gran persona, no tenía la misma energía que Tobio, él era tan activo y seguro de sí mismo, le daba a la casa otra aura, Astro por su lado era más modesto y calmado, era juguetón pero no de una manera enérgica como Toby, más bien como… era más controlado.
Orrin fue a entregarle la taza a Elefun, pero él se la ofreció a Yuko.
—Gracias Orrin, pero preferiría ver cómo está Astro.
—Por supuesto, está en su habitación —respondió Tenma.
Elefun se dirigió al cuarto del chico mientras los demás tomaban asiento, en la puerta Elefun tocó tres veces antes de entrar.
—Adelante —le respondió Astro.
El doctor pasó y se encontró con que el chico estaba frente a un espejo, examinando el conjunto que tenía puesto; un suéter amarillo, una camiseta polo blanca y unos shorts negros. Elefun parpadeó al verlo, Astro no acostumbraba a vestirse tan formal.
—Astro, ¿está todo bien?
—¿Eh? —Respondió desconcertado, giró ligeramente para verlo y luego volvió a mirarse en el espejo—, o si doctor Elefun, todo bien.
Pero el doctor sabía que mentía, Astro tenía esa mirada, la que siempre ponía cuando estaba nervioso, además de que sus movimientos eran algo torpes.
«Que gracioso, este niño puede derrotar a robots locos y a extraterrestres, pero si se trata de escoger su ropa es un cachorro asustado» pensó Elefun con gracia, se acercó al muchacho y le colocó una mano en el hombro.
—Vamos Astro, puedes decirme que te pasa.
El chico suspiró, bajó la mirada y luego la levantó para ver los ojos del doctor en el reflejo.
—Estoy algo asustado doctor, jamás he estado en una escuela, ¿qué se supone que debería usar?
Elefun se rió amablemente, ese pequeño jamás dejaba de impresionarlo, solo Astro podía tener ese tipo de preocupaciones, muchos robots no usaban ropa ya que no la consideraban necesaria, y aquí estaba este pequeño preocupado por verse bien frente a los otros chicos, en verdad era impresionante lo humano que era, de hecho le recordaba bastante a él mismo en sus años de estudiante, siendo un amante de los robots nunca encajó realmente con los demás niños de su salón, ya que los demás los veían como simples herramientas.
—Astro, yo creo que solo deberías tratar de ser tú, así como hiciste con Cora y los demás.
Astro levantó una ceja, si había ocultado que era un robot casi todo el tiempo que estuvo con ellos, pero dejando eso de lado jamás pretendió ser alguien más, solamente actuó como él sabía que era correcto. El profesor sonrió y cordialmente dirigió al pequeño hasta su cama, se sentaron y Elefun colocó un brazo alrededor de los hombros del chico.
—En mis días yo no era un chico tan popular en mi escuela, la verdad es que era muy introvertido comparado al resto de mis compañeros.
Astro solo parpadeó, sabía que el doctor estaba lleno de sabiduría y lo mejor que podía hacer era escucharlo.
—Y creo que se debía en parte porque pensaba que mis gustos no eran como los de mis compañeros, ellos querían jugar fútbol o ver peleas de robot, un deporte que siempre he despreciado.
Astro asintió, jamás tendría buenos recuerdos de los Robo-Juegos.
—Pero con los años me di cuenta que quizás era porque jamás le di la oportunidad a mis compañeros de conocerme, simplemente me había hecho una idea de ellos y me quedé con eso. Así que en parte me culpó a mí mismo, no fue hasta que entré a la universidad que conocí a alguien que pensaba como yo.
—Papá.
—Así es Astro, luego me di cuenta que él había estado en mí mismo salón de la secundaria, eso me hizo darme cuenta de que podría haber conocido a mi mejor amigo desde mucho antes de no haber sido tan tímido, si tan solo les hubiera mostrado quien era en realidad.
El profesor lo miró a los ojos.
—Astro, no tengas miedo de ser tú mismo, ni de aparentar nada, eres un buen chico y estoy seguro que no habrá nadie en esa escuela que no quiera ser tu amigo.
—¿De verdad lo cree doctor?
—¡Claro que sí Astro!
Elefun le dio unas palmadas en la espalda.
—Y eso incluye no tener que preocuparte por que ponerte, siéntete cómodo, usa la ropa que te guste.
Astro se vio el atuendo que había escogido y se sintió un poco tonto, ¿en qué estaba pensando? Ese look era tan ochentero… Elefun se rió y se puso de pie.
—Bueno Astro, te dejo para que te cambies.
—¡Muchas gracias profesor!
Elefun sonrió y se dio la vuelta para salir; estaba consciente de que no tenía necesidad de cuidar a Astro, demonios ni siquiera podría considerársele su padre, pero es que… sentía una conexión muy fuerte hacia el chico, era único en su clase y le quedaba claro el tipo de presión que eso debía provocarle a Astro, necesitaba a alguien que lo guiará por el buen camino, que lo escuchará cuando necesitara consejo, y… quería mucho a Tenma, pero ser padre nunca había sido una de sus mejores cualidades, y sabía que si él no actuaba como esa figura paterna Astro estaría muy perdido.
Además… simplemente quería mucho al niño.
Pero ya estaba pensándolo de más, era mejor salir y dejar que Astro siguiera con sus cosas. Pasaron otros diez minutos hasta que Astro salió de su alcoba, ahora vestido con el mismo conjunto que el día anterior, Elefun sonrió al verlo, ese atuendo le quedaba mejor.
—¿Listo para tu primer día hijo?
Astro sonrió y levantó el pulgar.
—Arriba y adelante, papá.
Tenma rió por el entusiasmo de su hijo. Yuko se levantó de la mesa y fue a darle un abrazo.
—Mucha suerte en tu primer día Astro.
—Gracias señorita Yuko —respondió Astro abrazándola también.
Momo se acercó a ellos graznando de felicidad, Astro se rió y la acarició en la cabeza. Orrin venía de la sala con la mochila del niño en sus brazos, Astro se dio la vuelta y extendió los brazos para que su amigo se le acomodará, al finalizar la sujetó de las correas con ambas manos.
—Gracias Orrin.
Orrin simplemente sonrió y retrocedió un poco, habiendo despidiéndose de todos Astro se dirigió al balcón, se dio una última vuelta, todos se habían puesto en línea recta para verlo partir, él sonrió al ver a su familia.
—Gracias a todos, los veo al rato —se despidió con la mano.
—Claro que sí Astro —le respondió Elefun.
El chico salió por completo y cerró la puerta detrás de sí, luego se dirigió al borde del balcón y se subió encima del barandal, se volvió una vez más y se despidió con un saludo, entonces se dejó caer, pero no tardó nada en activar sus botas cohetes para volar hacia la escuela.
Los demás estuvieron observando atentos hasta que vieron que se elevaba por los aires, al comprobar que todo estaba bien prosiguieron a seguir desayunando.
…
Cuando Astro llegó a la escuela un autobús ya se estaba estacionando, el colegio era un edificio de dos plantas con un gran y extenso patio, con el césped recién cortado, los alrededores estaban cercados por una cerca de alambre. Astro extendió sus brazos mientras descendía hacia el suelo, aterrizó justo cuando las puertas del autobús se abrían, la primera en bajar fue Cora, sus miradas se cruzaron provocando que la chica se sonrojará un poco, el recuerdo del vuelo de anoche aún estaba fresco, y se sentía un poco sobre-acogida por el gesto que Astro tuvo con ella, pero no tuvo tiempo para pensar en sus emociones, pues una horda de chiquillos gritones salió detrás de ella.
—¡Niños recuerden! ¡Esto no es como el orfanato! —Gritó usando sus dos manos.
Astro se apartó un poco para no ser aplastado, cuando la estampida había pasado se acercó a su amiga.
—Vaya, el trabajo de niñera no es fácil.
Cora suspiró
—Tuve que levantarme una hora antes para poder llegar con ellos —dijo adolorida, se acomodó un mechón de pelo detrás de una oreja y bostezó—, pero creo que valió la pena.
Astro sonrió mientras caminaba hacia ella, estaban a punto de alcanzarse cuando Zane, Sludge y Widget aparecieron detrás de ella.
—¡Hola Astro! —saludaron con alegría.
Lo habían agarrado tan desprevenido, y saludaron con tantas ganas, que tomaron por sorpresa a Astro, el pobre se fue para atrás del susto.
—Oh, lo sentimos, no queríamos asustarte —se disculpó Zane, mientras los gemelos se cubrían sus bocas.
—Ah… no hay problemas chicos, no pasó nada.
Cora y los demás se rieron, ya estaban acostumbrados a la buena actitud de Astro, Zane dio un paso al frente y lo ayudó a ponerse de pie, estando levantado chocaron el puño, mientras que los gemelos le abrazaron, el robot los cargó y giró sobre su propio eje con ellos en sus brazos, los niños se rieron antes de que Astro los volviera a dejar en el suelo. Cuando los saludos terminaron todos miraron el edificio que tenían frente.
—Bueno… aquí estamos —dijo Cora con nerviosismo, mientras que Zane tragó saliva y los gemelos se tomaron de la mano.
Astro notó los nervios de todos, miró de nuevo hacia la edificación, si bien el edificio como tal no era aterrador, ver a todos los niños que se estaban reuniendo sí lo era, pero no dejaría que eso lo detuviera, solo tenía que recordar las palabras del doctor Elefun para salir adelante.
—Vamos chicos, no hay que preocuparnos —se puso detrás de Cora y Zane y colocó su brazo alrededor de sus hombros—, enfrentamos a un robot gigante que se salió de control y casi destruye toda la ciudad, estoy seguro que podremos con esto.
Al parecer sus palabras surtieron efecto en la pandilla, pues se miraron entre sí y sonrieron, este era otro de los casos en los que Cora agradecía el optimismo de Astro, ahora lo necesitaban más que nunca. Los gemelos tomaron a Astro de las manos, él sonrió y empezaron a caminar hacia la puerta, los siguieron Zane y Cora, cuando iban a mitad del camino Zane miró por encima de su hombro y notó algo.
—Chicos miren, son los niños de Ciudad Metro.
Todos se volvieron para ver a los recién llegados, eran tres en total e iban en unas patinetas voladoras, para su suerte no era nadie que Cora conociera; el primero era un muchacho alto, obeso, con cabello rubio y ojos azules, vestía un traje morado con líneas naranjas y mangas azules, con bolsillos en los costados y en los hombros, y de calzado zapatos negros. El segundo era un chico mucho más pequeño, vestía shorts color caqui, una playera de mangas largas amarillas y una playera verde encima, zapatos cafés y una gorra roja con orejeras, además de que usaba lentes redondos de pasta negra. El último chico iba en medio de los dos, con la espalda recta y una sonrisa en el rostro, era pelinegro, moreno, de ojos marrones, vestía un short gris, una playera rosada-oscuro y un chaleco azul marino de cierre, abierto por la mitad y con bolsillos a los lados, sus zapatos eran verdes. Todos se veían amigables, o al menos eso le pareció a Astro.
—¿Eso es lo mejor que Ciudad Metro tiene para ofrecer? —Dijo Cora cruzándose de brazos—, no estoy impresionada.
—Oh vamos Cora, dales una oportunidad —respondió Astro—, hay que conocerlos primero.
Cora suspiró, a pesar de haberle dicho a Astro que trataría de dejar ir el pasado… era difícil como para soltarlo un día después, aún había mucho trabajo por delante, y seguía teniendo sus dudas sobre los habitantes de Ciudad Metro… pero intentaría llevar el día lo mejor que pudiera.
Grace pasó corriendo a su lado, con la mochila muy llena, Cora la notó y la sujetó de una de sus correas, Grace se detuvo y vio a la chica.
—Oh… ¡Hola Cora! ¿Qué te trae por aquí?
Cora levantó una ceja, Grace suspiró y se quitó la mochila, la abrió y sacó su motosierra.
—Esto no es como el orfanato, hay que ser educados.
Cora sonrió y le dio unas palmadas en la cabeza.
—Buena niña, ahora puedes pasar.
Grace sonrió y se fue corriendo a la puerta, una vez que se fue todos se rieron y reanudaron su marcha, en un último momento Astro miró al trío una última vez, el chico de los lentes discutía con el rubio mientras trataban de decidir cuál sería el mejor lugar para dejar sus patinetas, al parecer el chico moreno trataba de poner orden a la situación.
«Lo sabía, no somos diferentes en lo absoluto» pensó alegremente.
En eso el chico moreno levantó la vista, y sus miradas se cruzaron, él abrió mucho los ojos, lo que provocó que Astro se extrañara ante tal gesto, ¿su ropa era muy llamativa? Pero rápidamente el chico sonrió con amabilidad, al parecer su impresión fue buena, como si hubiera visto a una celebridad, levantó su mano y lo saludó agitándola, Astro sonrió y regresó el saludo.
No sabía quién era ese chico pero ya le agradaba.
—Astro, ¿vienes o no? —le preguntó Zane.
—¿Eh?... Oh sí, ya voy.
Se despidió con un saludo y el chico le respondió con un pulgar arriba, Astro sonrió antes de seguir a sus amigos, de haberse quedado un poco más hubiera notado que el rubio también le estaba observando, pero su gesto no era tan amigable.
…
—Buenos días clase, soy la maestra Midori Niwano, es un placer conocerlos a todos —así se presentó la señorita, era una mujer adulta, posiblemente en sus veinte, iba con unos jeans azul marino, una blusa blanca y una chamarra rosada encima, sus ojos eran cafés y tenía el pelo acomodado en una cola de caballo con un moño verde.
Todos los niños en la clase se pusieron de pie y saludaron:
—Buenos días maestra Midori.
Cora suspiró aliviada.
«Los ensayos funcionaron»
Midori sonrió ante esa reacción, todavía le parecía gracioso como otros maestros habían pintado a los chicos de La Superficie como bestias salvajes, pero ella sabía que todos los niños eran iguales, y que lo único que necesitaban era amor y comprensión, ni más ni menos, y ver esas expresiones lo demostraba.
—Muy bien niños, estoy segura que todos nos llevaremos muy bien —cerró los ojos y sonrió, volvió a hablar cuando los abrió—, ahora antes de empezar me gustaría que todos nos presentáramos, ¿les parece?
Recibió un contundente «sí» como respuesta.
Uno a uno cada niño se fue presentando, diciendo su edad y que tanto sabían, todo marchó con normalidad hasta que fue el turno de Astro, el último curiosamente.
—Hola a todos niños, me llamo Astro —dijo con alegría.
Pero la respuesta no fue del todo positiva, el salón se quedó callado, algunos chicos empezaron a susurrar entre sí y le mandaron miradas preocupadas, Astro empezó a sentirse un poco incómodo. Sus amigos notaron su incomodidad y se miraron entre ellos, sin saber si había algo que pudieran hacer, o decir, para alegrar la situación.
—Bienvenido Astro, estoy muy emocionada por tenerte en la clase, estoy segura que todos nos llevaremos bien —dijo rápidamente Midori.
Astro sonrió pues su tono sonaba sincero, si había alguien que confiará en él con eso le bastaba.
—Muy bien niños, ahora sí ya podemos iniciar con las lecciones.
Los chicos de La Superficie no estaban tan mal, debido a que debían vivir del comercio eran muy buenos con los números, con las sumas y las restas, aunque no sabían dividir ni multiplicar, y en lo que respectaba a la lectura y a la escritura estaban totalmente perdidos, pero eso no intimidó a Midori, sino que la alentó todavía más. Lo más fácil de explicar fueron las multiplicaciones, que básicamente eran sumas abreviadas, cosas que los chicos entendieron rápidamente, y encontraron que les sería muy útil de aquí en adelante, Midori decidió no pasar a las divisiones hasta que se memorizaran las tablas. Seguido de eso vinieron algunos ejercicios básicos de lectura; para Astro eso era más que pan comido, pero fue al ritmo de todos para que nadie se sintiera de menos, y le echó la mano a Zane y a los gemelos cuando se trababan, para Cora también era muy fácil, solo que ella fingió seguir trabajando para que no le dijeran nada, en algunos momentos volteaba para ver como Astro auxiliaba a los demás, y no podía evitar sonreír al ver la solidaridad con la que lo hacía, en definitiva el mundo no lo merecía.
Las horas pasaron y fue hora del receso, todos se apresuraron a salir al patio menos sus amigos, quienes querían saber un poco más de las multiplicaciones.
—Si no te molesta creo que me quedaré con ellos —le dijo Cora—, aún no me siento lista para salir.
La sola idea de andar por los pasillos le producía nauseas, ver esos corredores le recordaba mucho a cuando salió corriendo llena de basura.
—Está bien, no te preocupes, quédate con ellos mientras voy a explorar.
A ellos les gustó la idea y él dejó el salón, caminando le hizo darse cuenta que ese edificio ya tenía sus años, no debería sorprenderse ya que, por lo que le contó papá, ese edificio había estado abandonado por algún tiempo, apenas que se decidió convertirlo en una institución es que metieron mano de obra, pero en algunas paredes aún se notaban la pintura caída y algunos golpes, pero fuera de eso todo se veía bien.
Avanzó hasta llegar al patio trasero, un espacio bastante grande donde varios niños estaban jugando fútbol, tal y como en el de enfrente estaba cercado, y había unas gradas de concreto pegadas a la cancha, Astro se recostó contra la pared para no tener que caminar hasta allá, el juego parecía muy parejo, ya que había una gran cantidad de gente reunida y todos gritaban con vigor por su equipo favorito.
Mientras observaba alguien pateó la pelota con tanta fuerza que el balón surcó el aire hasta llegar al techo, se escucharon reclamos y abucheos por el jugador que la había volado, aunque él se defendió apuntando a su compañero. El único que no gritó fue Astro, pues él sabía lo que tenía que hacer, simplemente encendió sus botas y voló hasta la azotea; el balón había quedado a unos centímetros del borde, quizás si el aire hubiera soplado con más fuerza lo hubiera arrastrado hasta el precipicio, menos mal que lo tenían a él. Lo tomó con ambas manos y fue de regresó al suelo.
—No se preocupen, ya lo tengo.
Alguien empezó a aplaudir, Astro levantó la mirada y se encontró con el chico moreno de la mañana, ahora llevaba su chaleco amarrado a su cintura y estaba sudando, él era quién aplaudía con una sonrisa en su rostro.
—¡Muchas gracias amigo, eso fue increíble!
Astro sonrió, hasta que se dio cuenta que todos los demás estaban muy silenciosos, observó por encima del hombro del chico y pudo ver que todos los demás tenían la misma mirada de preocupación que los de su salón, volteó a ver a las gradas y notó que todos susurraban entre sí, algunos hasta lo señalaban… Quizás no debió demostrar sus poderes en público… ahora nunca lo verían como un niño normal, y claro que no lo era pero… ¡Ah! Es que solo deseaba ser tratado como un igual.
—Oigan muchachos, él nos acaba de hacer un favor muy grande, ¿y qué se le dice a la gente que nos ayuda? —rápidamente el chico moreno salió a defenderlo, con un tono amable y simpático, no de reproche.
Se escuchó un agradecimiento general, aunque no sonó tan sincero, si le subió los ánimos a Astro, ya que alguien se preocupaba por él, el chico volvió a sonreír, tal y como le pasaba con Yuko y Midori, Astro sentía que aquel niño transmitía un aura muy positiva, una que invitaba al convivio. El chico le entregó el balón al compañero que tenía detrás.
—Tomen, sigan ustedes, voy a descansar un rato.
Una vez recibido el balón los demás reanudaron el juego, el chico se volvió hacia Astro una vez más.
—Ven, vamos a platicar.
Astro señaló el campo de juego.
—¿No quieres seguir jugando?
—Nah, de todos modos me estaban dando una paliza —contestó agitando la mano, restándole importancia al asunto.
¿Podría ser verdad? ¿En serio era malo jugando, o simplemente quería conocerlo más? No pudo evitar sentirse emocionado ya que era la primera vez que alguien, más específicamente, alguien de su edad, quería convivir con él sabiendo que era un robot, siempre agradecería la amistad que tenía con su grupo, pero con ellos tuvo que fingir ser un humano al principio, ahora el chico quería conocerlo aun sabiendo la verdad.
—Bueno, creo que vi unas bancas por ahí.
—¡Excelente, guía el camino hermano!
«Hermano… me gusta cómo suena eso» pensó Astro con felicidad.
Lo dirigió a unas bancas que estaban encima del pasto, justo en frente de los salones, tomaron asiento, el chico sacó una toalla del bolsillo de sus shorts y se limpió la frente, después sus manos.
—Permíteme presentarme —dijo, guardó su toalla y le ofreció la mano—, me llamo Kenichi, pero mis amigos me dicen Ken.
Astro le dio su mano.
—Mucho gusto Kenichi, mi nombre es Astro.
—Por favor, dime Ken —respondió mientras se estrechaban las manos.
Astro abrió los ojos sorprendido, pero inmediatamente sonrió y Ken hizo lo mismo, jamás se imaginó que haría amigos nuevos tan rápido, su intuición era verdadera, Ken no solo invitaba al convivo, sino también a la amistad. Parecía que Ken podía leer sus pensamientos, pues también sonrió de oreja a oreja.
—No puedo creer que estés aquí —dijo Ken, ambos rompieron el saludo—, sabía que habías vivido un tiempo en La Superficie, pero jamás me imaginé que vinieras a la escuela, no me lo tomes a mal, me alegra que estés con nosotros, ¡tenía tantas ganas de conocerte!
Astro encogió los hombros.
—Bueno, es que tengo unos amigos que si necesitan las clases, y no quería que se sintieran solos, ellos me apoyaron cuando… toqué fondo, así que esta es mi manera de recompensarlos, no sé si me estoy explicando.
—A la perfección, me parece un gesto muy lindo de tú parte.
—Gracias —señaló con la cabeza la cancha—, oye muchas gracias por echarme la mano ahí.
Ken miró el partido y luego de nuevo a él.
—Ni lo menciones, no te preocupes por eso, no tienen nada en contra de ti ni nada por el estilo… es solo que…
—Nunca habían tenido un robot como compañero.
Ken cerró una mano y miró hacia el cielo, parecía tratar de encontrar las palabras adecuadas, pero no pudo.
—Supongo que es una manera de verlo, sí.
—Está bien, todo esto también es nuevo para mí, te mentiría si te dijera que todo esto no me ha abrumado.
Ken le puso una mano en el hombro.
—No te preocupes Astro, a todos nos cuesta al inicio, ya verás que con el tiempo todo mejora.
—¿De verdad lo crees? —Astro giró un poco la cabeza.
Ken asintió con la cabeza.
—¡Garantizado!
—Muchas gracias Keni… Ken.
Ken se rió y le dio unas palmadas.
—Estarás bien, ya lo verás… y puedes contar conmigo para lo que sea.
Astro abrió los ojos y Ken se rió de nuevo.
—Si tú no te preocupes por nada, me gusta que todos se sientan bienvenidos.
«Anótame otro punto Cora» pensó felizmente, él sabía que no debían juzgar a los de Ciudad Metro tan prematuramente, aquí estaba con quien quizás era el chico más amable de todo el mundo.
—Además, conozco a alguien que estará encantado de conocerte —mencionó Ken.
—¿En serio? ¿Quién?
Como por arte de magia otro chico apareció, era el de los lentes y la gorra roja, estaba revisando unos papeles mientras se dirigía a ellos.
—Oye Ken, estuve revisando los informes de los niños del grupo B y pude ver que…
Se detuvo al ver a Astro, el robot sintió como si le hicieran zoom a su rostro.
—¡Es él! —Gritó el chico levantando ambos brazos, y soltando los papeles que volaron en el aire, se acercó corriendo a Astro y le tomó una mano—, manos sinápticas.
Luego tomó uno de sus pies y lo levantó:
—Botas cohetes.
Y colocó sus dos manos sobre la cabeza de Astro:
—Contorno craneal, ¡todo es de lo más avanzado!
Astro no tuvo tiempo ni de reaccionar, la velocidad con la que ese niño lo examinó fue extraordinaria, tan solo pudo soltar exclamaciones de sorpresa. Cuando el pequeño terminó se puso en frente de él, cerró un ojo y levantó el pulgar.
—¡Oh, tengo que verte en acción! ¿Obedeces comandos de voz?
—Eh… por supuesto —respondió, y después sonrió—, ¿tú no?
El chico de lentes colocó sus manos sobre su pecho.
—¿Tú quieres darme comandos de voz? ¡Qué concepto!
En eso Ken empezó a reírse.
—Tamao, él no es una unidad de servicio, él piensa como un humano.
Tamao se rió nerviosamente y se rascó detrás de la cabeza.
—¡Ya lo sabía!
Ahora era Astro quien se reía, el entusiasmo era contagioso.
—Astro él es Tamao, Tamao él es Astro.
Se estrecharon la mano.
—Tamao es gran fanático de los robots y la ciencia —agregó Ken—, seguro entenderás porque se emocionó tanto al verte.
—Sí, ya lo veo —respondió riéndose.
Entre los tres recogieron los papeles, luego fueron a sentarse de nuevo en la banca y Ken le platicó a Tamao sobre las preocupaciones de Astro.
—Entiendo, pero no tienes nada porque preocuparte hermano, nosotros te pondremos al tanto de todo.
—¿De verdad?
Kenichi y Tamao asintieron con la cabeza.
—Los Sky Riders siempre ayudamos a los demás.
—¿Sky Riders?
—Ah sí, es así como se llama nuestro grupo, nos llamamos así porque el día que nos conocimos nos asignaron un proyecto escolar, armar una bicicleta aérea.
—¡Eso suena muy cool!
—Quizás podamos enseñársela después de clases, ¿qué opinas Ken?
—Me parece perfecto, solo hay que consultarlo con Shibugaki.
—¿Quién es Shibugaki?
—Yo —dijo una voz detrás de ellos.
Astro miró por encima de su hombro y vio al gordinflón de la mañana.
—Ah Shibugaki, aquí estás —Ken se puso de pie, los otros dos lo imitaron—, te presento a Astro.
—Hola Shibugaki, es un placer conocerte —saludó Astro antes de ofrecer su mano.
Sin embargo Shibugaki no sonrió, solo miró la mano de Astro con indiferencia y luego lo vio a los ojos.
—Hola.
Astro bajó la mano lentamente, sintiéndose un poco mal, ¿acaso había dicho algo que no debía? ¿Hizo un mal gesto? Ken y Tamao también intercambiaron miradas preocupadas, su amigo siempre se portaba amigable, esa era una actitud muy rara de él.
—Ken, Tao, tengo que hablar con ustedes —levantó una ceja—, en privado.
—Oh… si, por supuesto —contestó Astro, estaba por irse pero Ken le puso una mano en el hombro.
—Espera Astro, puedes quedarte aquí, nosotros vamos a hablar por allá, estoy seguro que no nos tomará mucho.
Shibugaki soltó un bufido.
—Está bien.
Astro volvió a sentarse mientras el trío se iba a platicar en una esquina, antes de irse Tamao lo miró y le mandó una sonrisa sincera, pero esta vez se sintió más como un gesto de disculpa, Astro se la regresó, de seguro todo era un malentendido y ya. Cuando el grupo se fue Astro se quedó viendo sus botas, quería saber de qué estaban hablando, de seguro era de él, y había una forma en que podría saberlo pero… Eso sería invasión…
¡Ah!
No podía aguantarse las ganas, tenía que saber de qué estaban hablando, activó su súper-oído y en efecto, pudo escuchar a la perfección la plática.
—¿En qué están pesando ustedes dos? ¿Hacerse amigos de un robot? ¿Es en serio? —ese era Shibugaki.
—¿Qué tiene eso de malo? —le reprochó Ken.
—¿Cuándo has visto que alguien se haga amigo de un robot Ken? Además él ni siquiera debería estar aquí, los robots son programados no necesitan la escuela, no sé porque intenta ser un niño real cuando es solo un montón de microchips.
Astro no sabía si era una sensación real, o un recuerdo de Toby, el dolor que uno sentía cuando lo golpeaban muy fuerte en el estómago, así era como se estaba sintiendo en esos momentos…
«Solo un montón de microchips…» tenía razón, ¿en qué estaba pensando? Los demás jamás lo verían, ni lo tratarían como un igual, siempre existiría esa brecha entre ellos, por más personas como Ken o Tamao que lo aceptaran, habría otras, miles, que jamás lo dejarían de ver como un anormal, y se había dado cuenta de eso desde la primera clase, cuando todos se quedaron callados después de que se presentara, y luego en el partido; Shibugaki solo había sido el primero en tener el valor para decirlo en voz alta. Herido, y ya no queriendo escuchar más de la conversación, apagó el auricular de su oreja y se puso de pie, con la cabeza agachada empezó a caminar hacia su salón, ahora entendía como Cora se sintió ese día.
—Shibugaki te quiero mucho, ¡pero estás hablando como un completo imbécil! —lo regañó Ken, ya sabía que Shibugaki tenía algunos perjuicios, y un mal carácter de vez en cuando, pero no podía tolerar que hablará de esa manera de alguien que ni siquiera conocía.
—Estoy con Ken en esta, ¿cómo puedes decir eso de Astro? Te recuerdo que él nos salvó del Guardián de la Paz.
—Otro robot, ¿no ven lo que les digo? Si empezamos a tratarlos como a nosotros podrían revelarse, podían empezar a exigir derechos y entonces…
—Entonces tú tendrías que prepararte tú propia comida —lo interrumpió Ken.
Shibugaki frunció el ceño.
—¡No es eso y tú lo sabes!
¿Cómo se atrevía Ken a lanzar semejante acusación? Bien sabía que su mayor sueño era llegar a ser un renombrado chef, la verdadera razón de su desconfianza era… que tenía miedo al cambio, las cosas funcionaban a la perfección en la ciudad desde siempre, pero ahora con tener a un robot en la escuela… lo asustaba un poco por como eso podría cambiar el estilo de vida de todos, podía ser para el bien, pero también podía ser para el mal. Eso y que el que Astro fuera tan humano lo perturbaba un poco.
Pero claro que no pensaba decir nada de eso en voz alta.
Ken suspiró.
—Escúchame, ya sé que esto es nuevo para todos, pero creo que es un cambio en la dirección correcta, por años hemos tratado a los robots como simples herramientas, y siento que ahora con Astro eso puede cambiar, podemos ir en una dirección en la que todos seamos iguales, así que por favor, solo te pido que tengas una mente abierta, y que antes de juzgarlo, al menos hagas el intento de conocerlo primero.
Shibugaki también suspiró bajando los brazos.
—Creo que si me porté como un tonto con él.
Ken y Tamao le mandaron miradas acusatorias.
—Bien, me porté como un idiota con él, y dije un montón de estupideces sin sentido… prometo que… haré el intento.
Ken y Tamao sonrieron.
—Muy bien, esa actitud es mucho mejor, ahora vayamos a explicárselo todo a Astro.
Pero cuando regresaron, solo encontraron una banca vacía.
