Alguien a quien nunca conocimos.
București Nord
(Rumania)
20 de Septiembre, 02:15 EET.
Fuera, la tormenta era devastadora y ocultaba las voces de los tramoyistas contra el viento helado del este de Europa, ocupando el silencio entre ellos.
Entre todo el ruido, alguien gritó.
—Probablemente Phil —se dijo Dick, y sonrió, una sonrisa triste y desgastada, invisible en la penumbra del vagón hasta que Jack encendió la luz.
Los carteles brillantes que decoraban las paredes les trajeron a ambos, recuerdos de un pasado extinto, que solo consiguió hacerles más daño. En medio de ese dolor, Haly sonrió con el alma partida y Dick también, aunque ninguno consiguió que llegará a sus ojos.
Jack movió la cabeza, intentando hacer desaparecer aquellos pensamientos y sacó de uno de los bolsillos de su abrigo un sobre arrugado y casi desteñido y se lo entregó a Dick.
—Pensé que querrías leerlo.
Para J. Haly, leyó en el reverso del sobre, que contenía una carta desgarradora y cruel.
Estaba llena de odio, de furia y de rabia, pero también de culpa y perdón, y de todo aquello que Dick no quería saber.
Jack Haly:
En el momento en el que esta carta llegue a sus manos, yo ya habré dejado este mundo.
Ya no me queda tiempo, y siento que lo único que me retiene ya, es el dolor.
Un dolor que me seguirá a la tumba, y aún después, si existe una vida después de esta.
Lo maldigo, Jack Haly, he maldecido su apellido y su sangre, cada segundo de mi vida y he llegado a odiarlo, porque me enseñaron, siendo muy joven, que no se ha de odiar a los muertos y todos aquellos sobre los que habría de recaer mi odio, murieron hace ya mucho tiempo.
Lo maldigo, Jack Haly, porque su padre ya no está en este mundo para ocupar su lugar ... y el mío tampoco.
Y pese a todo ello, también le estoy agradecida, por todo lo que hizo para reparar los errores de su padre. Ojalá yo hubiera tenido el mismo valor que usted.
Pero no es el valor lo que nos mantiene con vida, sino el miedo.
Así que huya.
Corra, Jack Haly, y no vuelva nunca a Gotham, no permita que la Corte los alcance.
No permita que Richard corra el mismo destino que los demás. No permita que William ponga sus garras sobre él.
Él es nuestra única esperanza:
Nuestro pequeño Robin.
Amelia Crowne, rezaba al final, y Dick tembló al ver el nombre.
Cementerio de Gotham
(Gotham)
21 de Septiembre, 12:01 EDT.
La noticia de la muerte de Amelia Crowne se extendió como la pólvora y desató un incendio.
Se fue, con más secretos de los que nadie podía guardar y dejó a su paso un millón de preguntas de las que tal vez, nadie tenía las respuestas y en las que Dick se estaba ahogando.
En medio del tumulto, sintió unos pasos acercarse hacia él, calmados y silenciosos, casi como un murmullo, y los reconoció al instante.
—No esperaba verte aquí.
Dick se encogió de hombros, con las manos en los bolsillos, sin saber muy bien qué decir, y optando por la verdad al final.
—Yo tampoco esperaba estar aquí —dijo.
—Pensé que estabas en Rumania —la voz de Bruce era profunda y apenas un susurro entre los murmullos de la gente y un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Jason o Tim? —preguntó, intentando evitar los estragos que aquella voz podía llegar a causar en su mente, con la vista clavada en sus zapatos negros, pensando en cuanto los odiaba.
—Tim... Dijo que era una especie de tortura intentar localizarte con la diferencia de horarios.
Dick intentó contener la sonrisa que se asomaba por sus labios.
—El gran Bruce Wayne, bromeando ¿Cuándo se acaba el mundo? —preguntó con sorna, girándose para encararlo, olvidado lo fácil que era quedar atrapado en el azul de los ojos de Bruce.
—Me viene bien la semana que viene, tengo una reunión con el alcalde.
Dick intentó aguantar la carcajada que amenazaba en el fondo de su garganta, sin apartar sus ojos de los de Bruce.
Por un momento, ambos parecieron perderse en el otro, en un mundo que era solo de ellos, entre la multitud de personas que empezaban a dispersarse y Dick juró que podía ver algo cruzarse sobre la mirada de Bruce, una emoción a la que no sabía ponerle nombre, pero que iba dirigida a él.
—¿Sr. Grayson? —llamó voz anodina y quebrada por los años, justo detrás de ellos.
Ninguno reconoció al hombre cuando se giraron, pero sus ojos grises tenían una extraña sombra sobre ellos, como si supiese algo que ellos no y estuviese dispuesto a destrozarlos, como un ave de presa—. Richard Grayson —afirmó, sin necesidad de que nadie dijese nada.
Dick asintió, sin atreverse a hablar, temiendo lo que se avecinaba.
—Henry Thongthan —se presentó, extendiendo una mano que Dick aceptó renuente—, soy el abogado de la Señora Crowne. Me gustaría hablar con usted en privado.
—Yo… En realidad...
—Será un momento —intervino Thongthan, mientras sacaba una tarjeta blanca del bolsillo de su americana negra—. Reúnase conmigo en mi oficina cuando haya terminado de hablar con el Señor Wayne, por favor —pidió, antes de darse media vuelta y marcharse, sin esperar a que Dick tuviese oportunidad de negarse.
—Un hombre exigente —murmuró Bruce en medio del silencio que se había formado entre ellos, mientras veían alejarse la esbelta figura de Thongthan.
Dick observó la tarjeta en su mano, y la apretó en su puño. Cuando Dick levantó el rostro hacia él, Bruce ya lo estaba mirando, y su aliento quedó atrapado en sus pulmones.
—Sí —murmuró entrecortado.
—No sabía que conocías a Amelia Crowne —dijo, y Dick supo, por el suave tinte que cubrió su voz, que había algo más en sus palabras.
De alguna forma, no se sorprendió, se había resignado hacía mucho a que Bruce y él nunca conseguirían ser totalmente sinceros el uno con él otro, no ahora, no con todo.
—No la conocía —atajó, algo más brusco de lo que pretendía, en parte porque era la verdad, Amelia Crowne era alguien a quien nunca había conocido, y de alguna manera, aquel pensamiento dolía— Será mejor que me vaya, tengo que coger un vuelo —dijo, renuente y se volvió hacía Bruce antes de continuar—. Haly espera que me reúna con él en Ucrania para continuar la gira.
—Has vuelto al circo —murmuró Bruce, y Dick se encogió de hombros.
—Puedes sacar al chico del circo, pero no puedes sacar el circo del chico —dijo, repitiendo las palabras que Jack le había dicho una vez, hace mucho tiempo.
Bruce apartó la mirada de la suya y Dick apretó la tarjeta aún más entre sus dedos, hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Suspiró, sabiendo que ya no tenía opciones y relajó su agarre sobre la arrugada tarjeta blanca, que cayó sobre la verde hierba del cementerio, acunada por una suave brisa.
Oficinas Thongthan's
( Gotham )
21 de Septiembre, 12:55 EDT.
Thongthan estaba sentado en el sofá de su oficina cuando entró, con una mirada aburrida en su rostro, y solo se limitó a ofrecerle asiento junto a él antes de empezar a hablar.
—Supongo que ya sabe porque he querido reunirme con usted, Señor Grayson.
—En absoluto —mintió, con una sonrisa perfectamente ensayada, recostándose contra el respaldo del sofá.
Thongthan le regaló una mirada curiosa e impasible, sin dejarse engañar por sus trucos y sacó un puro de su americana, del mismo bolsillo donde guardaba sus tarjetas blancas y cortó la punta antes de prenderle fuego y llevarse el puro a los labios.
—Su bisabuela dejó estipulado en nuestro contrato que debía reunirme con usted lo antes posible tras su fallecimiento… Me alegra que me haya ahorrado el viaje a Europa.
Dick parpadeó incrédulo.
—La gente de esta ciudad olvida todo aquello que no le gusta —añadió Thongthan, antes de que él pudiese articular palabra—. Todos han olvidado que Amelia Crowne perdió un hijo… Yo mismo lo había olvidado hasta hace unas semanas. No puede esperar que no me sorprendiera al saber que usted es el único superviviente de la familia Crowne.
—No soy el único —refutó, y se arrepintió en el mismo instante en el que vio la sonrisa depredadora de Thongthan al conseguir su confesión.
—No, no lo es —aseguró y le dio una calada al puro—. Richard Grayson, su tío, sigue vivo ¿cierto?
Dick asintió, apretando los puños sobre la tela de los pantalones de su traje.
—¿Ha despertado alguna vez? —preguntó, y Dick quiso reírse en su cara y mentirle, decirle que no, que seguía dormido, sin saber que había perdido a su mujer, a su hijo y a su hermano en el mismo instante en el que golpearon el suelo y que ellos eran toda la familia que tenían.
Pero no lo hizo, y el silencio se extendió denso entre ellos, coloreado por el humo del puro de Thongthan.
—Señor Grayson, no pretendo incomodarle. No estoy aquí para reavivar sus traumas, y no soy su enemigo. —aseguró, observando como las manos de Dick se transformaban en puños.
—¿Qué es lo que quiere entonces? —preguntó tajante, envuelto por la rabia y Thongthan se levantó de su sitio para recuperar el sobre marrón que descansaba sobre una pila de documentos encima de su escritorio— ¿Qué es? —preguntó cuando Thongthan le entregó el sobre.
—El testamento de Amelia Crowne —dijo, volviendo a sentarse, abandonando su sitio en el sofá de cuero y optando por una incómoda silla frente a Dick—. Usted es su único heredero —explicó.
Dick contuvo el aliento ante sus palabras, desviando su mirada de un lado a otro, dividido entre observar el sobre en sus manos o al hombre frente a él.
—Esto es una broma.
—No soy un payaso, Señor Grayson.
—Pero…
Thongthan suspiró, dejando escapar con él el humo aprisionado en su garganta.
—Amelia Crowne pasó la mayor parte de su vida sola. Perdió a su hijo, y lo creyó muerto durante mucho tiempo. Pero para cuando descubrió la verdad ya era muy tarde. Su hijo ya había muerto y en su lugar solo estaban ellos: Richard y John Grayson, que eran apenas unos adolescentes y todo lo que conocían era el circo. La Señora Crowne no tuvo corazón para alejarlos de su hogar, por mucho que eso le doliese —Thongthan se detuvo un momento, meditando sus siguientes palabras y dirigió su mirada hacia las amplias ventanas de su oficina—. Estoy seguro de que de haber sabido lo que pasaría, habría cambiado de opinión. No fue justo, Señor Grayson, para ninguno de ustedes, ni para ella. Y lo quiera o no, es usted su familia.
Dick no dijo nada, navegando entre sus pensamientos.
Sabía que Thongthan tenía razón, pero la idea de que Amelia Crowne fuese su bisabuela era aún algo abstracto en lo que nunca se había detenido a pensar.
Ni siquiera era capaz de recordar su rostro y algo en ese pensamiento le provocó un nudo en la garganta.
—¿Qué debo hacer ahora?
Thongthan lo contempló un momento, con una sonrisa triste.
—Lloré su pérdida Sr. Grayson, y vuelva a verme cuando esté listo.
Hospital General de Gotham
(Gotham)
21 de Septiembre, 16:19 EDT.
Dick se sentó en el sillón acolchado de la habitación, como había hecho miles de veces e intentó, como tantas otras, esbozar una sonrisa.
—Hola tío Rick.
No hubo respuesta y Dick se inclinó para sostener su mano entre las suyas.
—Sé que no lo sabes, y no sé si puedes oírme ahora mismo, ni si debería decírtelo, pero… Amelia Crowne ha muerto hoy… yo... —por un momento, las palabras se le atragantaron y no supo cómo continuar—. Lo siento mucho, tío Rick.
Dick soltó su mano y se levantó, resignado y cansado y camino hacia la puerta antes de detenerse. Una enfermera se detuvo en el otro extremo del pasillo y le regaló una sonrisa llena de simpatía y pena, igual que la primera vez que había venido, igual que a la siguiente, e igual a todas las que siguieron después de esa, y Dick se volvió para mirar el rostro de su tío una última vez.
—Aún estamos tú y yo… Și fiul meu.
Dick lloró aquella noche.
Pero no fue por Amelia Crowne.
