Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Todos los traumas que hayáis obtenido por leer esta saga son culpa de George R. R. Martin.

Espero que te guste la historia, Lucy


Podía oír, cada vez más intensamente, como se acercaban los jinetes norteños. El Lord Comandante y Ser Arthur ya se encontraban de pie, firmes y con la mirada fija en la rojiza polvareda provocada por el trotar de los caballos sobre las áridas arenas de Dorne.

Se levantó de las escaleras de la entrada a la torre. La llamada Torre de la Alegría. Un nombre, para él, totalmente desacertado.

Con la mano apoyada en el pomo de su espada e inmerso en sus pensamientos, se unió a sus hermanos juramentados esperando al sangriento desenlace que estaba por venir. Fue entonces cuando distinguió el estandarte del lobo-huargo de los Stark, haciendo que las memorias de la noche pasada se volvieran imágenes ante sus ojos.

"Ser Jaime, no os esperaba por aquí después de las noticias de la Capital…" dijo Lyanna en voz baja. "Aunque sirva de poco… lamento la muerte de vuestro padre"

"Gracias por vuestras palabras, Princesa Lyanna" respondió Jaime algo cortante.

Un silencio incómodo se apoderó de la habitación. Las nuevas de la Capital no habían dejado a nadie indiferente en la Torre. Cuando el ejército de los Lannister aún no había llegado a la Fortaleza Roja, la capital entera había explotado entre las verdes llamas del fuego valyrio. La última de las locuras de Aerys I Targaryen se había cobrado las vidas de más de la mitad del medio millón de personas que habitaban en Desembarco del Rey, aparte de la totalidad del ejército de 10.000 Lannister, tanto soldados como nobles y caballeros. Todas las grandes casas del Occidente habían perdido algún ser querido, y los Lannister no eran excepción ante tal calamidad.

"Jaime" contestó Lyanna "No sois el único que ha perdido un ser querido por culpa del Rey Loco"

"No, mi señora, pero ningún Stark luchaba bajo su estandarte después de ello"

Sus pensamientos se vieron interrumpidos bruscamente por la tosca voz del Lord Comandante.

"Preparaos hermanos, Ned Stark ya está aquí."

"Ser Gerold" interrumpió Ser Jaime "¿De verdad es necesario? Lord Eddard es el hermano de la princesa Lyanna, nunca le haría daño ni a ella ni a sus hijos."

Hightower se giró, mirando al joven Lannister de los pies a la cabeza.

"Cuando os miro, Ser Jaime, veo a un niño dentro de la armadura de un Guardia Real" respondió duramente. "Nuestro deber es seguir órdenes, Ser Jaime, no cuestionarlas por mucho que nuestro corazón nos diga lo contrario. El príncipe Rhaegar nos encomendó una última misión, defender a Lady Lyanna y a la vida que crece dentro de ella ante cualquier rebelde. Sea su hermano o no, Eddard Stark es un rebelde, y será tratado como tal" sentenció el Lord Comandante sin dejar lugar a argumentos.

Ser Gerold avanzó hacia los norteños, quienes estaban ya desmontando sus caballos. Jaime cruzó una mirada con Arthur, quien se limitó a cerrar los ojos y asentir con la cabeza, dándole a entender que, pese a que pensaba lo mismo que él, su deber y honor no le permitirían romper su juramento.

En breves momentos, ambos grupos se encontraron cara a cara. Eddard Stark era exactamente como su hermana le había descrito. Le acompañaban seis norteños más, aunque solo reconoció los blasones de un Glover y un Ryswell. Al fin y al cabo, ni él había sido el estudiante más aplicado ni el Norte la región más interesante para aquellos que vivían al sur del Cuello.

"No os encontré en el Tridente" empezó Lord Eddard.

"No estábamos ahí" respondió el Lord Comandante. "Las cosas habrían sido muy diferentes de haber participado en dicha batalla" añadió Ser Arthur.

"Tampoco en la capital, antes de que el Rey Loco se encargara de destruirla junto a todos quienes la habitaban" prosiguió el Stark, redirigiendo su mirada a Jaime.

Ante la fría mirada del norteño, Jaime no pudo evitar agachar la cabeza y seguir recordando su conversación con Lyanna.

Aún no sabía muy bien cómo, pero llevaba ya horas sentado al lado de la cama de Lyanna. Ella le había hablado sobre su vida en Invernalia, su padre, sus hermanos, el bosque de los lobos… En contraparte, él explicó todo sobre Roca Casterly y las tierras del Occidente, le habló sobre su tiempo en Crakehall y en cómo se había sus espuelas de caballero pese a su juventud.

"Jaime… hay algo que tengo que pedirte" dijo Lyanna, haciendo que el Lannister arqueara una ceja.

"Claro, lo que necesites, Lya" contestó él. Aun se le hacía raro llamarla así, pero había insistido demasiado como para llevarle la contraria.

"Se que mi hermano llegará a por mí. No sé cuándo ni en qué circunstancias, pero lo hará. Intenta hablar con él, te lo suplico."

"Lya… el Lord Comandante…" empezó Jaime, solo para ser interrumpido bruscamente

"¡Me da igual lo que diga ese viejo carca!" exclamó Lyanna, sobresaltando a Jaime. "Es mi hermano Jaime, me protegería a mí y a mi futuro hijo de Robert y de quien fuera."

"Yo… Lo intentaré Lya, pero no puedo prometerte nada. La guerra nos convierte a todos en monstruos."

"Ni tú ni Ned lo sois, Jaime"

Jaime asintió con la cabeza entonces, cabizbajo, y rezó de forma fugaz para que Eddard y él nunca tuvieran que cruzar espadas.

Ser Arthur le puso la mano en el hombro entonces, haciéndole levantar la cabeza.

"Somos Guardias Reales, Stark. No es nuestro deber cuestionar órdenes sino cumplirlas" dijo la Espada del Alba, sacando a Albor de su cinto y poniéndose en postura de combate.

"La Guardia Real nunca huye. Cumplimos nuestros juramentos." Le apoyó entonces el Lord Comandante, haciendo lo mismo que el Dayne.

Ser Jaime miró a los ojos a Ned Stark brevemente, rompiendo la mirada al mirar hacia el cielo.

Lo siento, Lyanna. Puede que seamos amigos, pero pese a nuestras diferencias, estos son ahora mis hermanos.

"Y solo la muerte nos libera de nuestros votos" sentenció Ser Jaime.


Creo que terminarla aquí, hace esta historia lo suficientemente dulce. Espero que sea lo que imaginabas y no decepcionar, que llevaba un buen tiempo sin escribir nada.