®Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama

XVII


—Hanji me despertó el otro día a las cuatro de la mañana para hablarme de tu libro.

L. Ackerman chasqueó la lengua. Su interlocutor lo tomó como una señal de que lo estaba escuchando.

—No sé cómo la soportas.

Erwin ignoró el comentario y prosiguió con lo que estaba diciendo.

—Debo admitir que yo también me sentí un poco sorprendido con algunas cosas. Comenzaba a preguntarme el porqué tomaste esa decisión y qué tanto afectará la historia en las entregas siguientes.

—Como le dije a Shadis, era lo más realista. Estuve estudiando la situación y llegué a la conclusión que sería lo más cercano al mundo real. Tendré que hacer algunos ajustes, pero no interferirá en los demás libros.

Con eso, Erwin pareció satisfecho.

—Me parece bien. Ahora, a lo que vinimos. Estuve haciendo algunas llamadas para publicitar el libro, y conseguí algunas propuestas interesantes. Todo está especificado en el documento que voy a enviarte.

Normalmente, añadiría a una conversación como esa un "¿emocionado?", pero L. Ackerman no era de los que demuestra sus emociones o si quiera usa dicha palabra en su vocabulario. Así que pasó al siguiente punto de su reunión.

—Esta mañana tuvimos una reunión sobre las siguientes publicaciones y las negociaciones con el director del que te hablé —un estudio se había interesado en llevar a la pantalla grande Guerra de titanes—. Como sabes, el cierre del trato depende de las ventas del tercer tomo. Así que pensamos dispararlas con una firma de autógrafos.

L. Ackerman se quedó en silencio unos segundos.

—Y bien, ¿qué opinas?

—Tendré que pensarlo.

—No tenemos mucho tiempo —indicó Erwin con calma—. Lo ideal sería en la feria nacional del libro y hay que reservar el cupo con cuatro meses de antelación por lo menos. Necesito una respuesta lo antes posible.

El aspecto del autor mostraba cansancio.

—Erwin, esas convenciones son extenuantes, hay gente hablando en voz alta por todos lados, mocosos sudorosos toqueteándote para tomarse fotos, hordas interminables de fanáticos hablándote todo el rato y agarrándote la mano, mocosos llorones y gritones que asisten con sus padres y se hacen pipí en los pasillos mientras estos hacen fila. No estoy de humor para eso.

—Entiendo —asintió Erwin con el talento de un diplomático—. Aun así te pido que lo pienses. Es una oportunidad de incrementar las ventas, y podemos arreglar algunas cosas para que estés más cómodo. Nada de fotos por ejemplo, acortará el tiempo de espera y podrás firmar más libros.

L. Ackerman no parecía aun muy seguro.

—Lo pensaré esta noche y mañana te daré mi respuesta.

La decisión pareció satisfacer al rubio.

—Bien, esperaré entonces. Gracias por considerarlo.

Erwin sonrió de nuevo, con ese gesto propio de un representante de la ONU. Su acompañante no le devolvió el gesto, pues no le era dado sonreír con frecuencia. En su lugar, asintió y se levantó de su asiento, dirigiéndose a la salida. Presentía que terminaría aceptando de todos modos, pero por el momento, no le dejaría saber nada a Erwin. Primero, tenía que sopesar las opciones y ver si sería una buena decisión.

Tal vez sí lo era.


—Fanfiction 25 de septiembre de 2019.