© Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.


XXII

—No me lo vas a creer.

Isabel arrastró a Petra a una esquina del pasillo. La chica acaba de doblar para dirigirse al salón de fisiología y el temido examen. No había visto a Isabel y el repentino ataque le dio un buen susto.

—Cielos, Isabel, casi me matas.

—¿A que no sabes? —continuó la más joven. Nifa a su lado, sonreía de un modo extraño.

—Promete que no gritarás —instruyó Nifa—. El profesor Magath salió a regañarnos.

Petra empezaba a impacientarse. Las miró fijamente, esperando una respuesta.

—¿Y bien?

—L. Ackerman —«No te aloques, no te aloques» chillaba Nifa a la vez— áalaFeriaInternacionaldelLibroahhhh.

Isabel dijo aquello casi sin respirar y a Petra se le fue el aire de golpe. El calor se agolpó en su rostro y su corazón se aceleró como solía sucederle cuando algo le emocionaba muchísimo. Tardó medio segundo en reaccionar y en ningún momento sus amigas dejaron de mirarla con aquella expresión de algarabía y regocijo.

—... ¿En… en serio? —un jadeo se le atoró en la garganta—. ¡Nopuedeser! ¡Me muero! ¡O sea, es demasiado genial! ¡Nopuedeser, nopuedeser, nopuedeser!

Y entonces Petra comenzó a agitar las manos y un pequeño chillido de felicidad salió de su garganta. Los estudiantes que pasaron por ahí contemplaron extrañados aquel bizarro despliegue de felicidad. Las tres amigas se abrazaron y dieron saltitos de emoción ahí donde estaban.

De inmediato empezaron los planes.

—¿Cuándo es?

—Del 26 al 29 de octubre, TODO EL DÍA.

—Hay que ahorrar para el viaje. Nada de pastelillos y café entre clases —decía Nifa.

—Tengo un amigo que tiene un primo que vive allá. Si le digo a Farlan puede que lo convenza de alquilarnos un cuarto por unos días. O si no pagamos un hotel.

—No me importa, pero de que voy, voy —afirmó Petra con resolución.

—Se hará mucha fila seguramente. La encuesta en Twitter va ya por 200 personas que dicen que asistirán. Tenemos que organizarnos.

—Tomaremos turnos. Una se queda haciendo fila y las otras dos descansan y le llevan comida y agua.

—Hay que llevar banquitos de esos plegables. Y paraguas para el sol. Y protector solar.

—Y efectivo para el mototaxi. Con ese tráfico no podemos ir en taxi.

—¡Ay, no puedo esperar!

—¿Cuánto falta para octubre?

—Faltan cuatro meses, doce días y cinco horas. Ya lo calculé —respondió Nifa.

—Hay que ir en cosplay. Tú puedes ir de Nina, yo de Lilly, y Petra de Rosalie.

Aquella idea parecía magnífica. Las tres chicas chillaron su aprobación, hasta que una figura decidida y enfadada salió del salón contiguo.

—Señoritas, por favor hagan planes en otro lado. ¡Están distrayendo la clase!

Las jóvenes se disculparon, y alejándose hasta las escaleras, siguieron con lo suyo. Ni siquiera pudieron sentir vergüenza o culpa. L. Ackerman estaría en su país, y eso era lo único que importaba ahora.