[Todos los personajes son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi en la obra "Ranma 1/2"]

Por segundo año, la familia se encontraba venerando la memoria de la sra Naoko Tendo.

Mientras Kasumi cubría con agua la tablilla, Akane acomodaba las flores que habían traído y Nabiki limpiaba un poco alrededor de su madre; el señor Soun miraba con seriedad y nostalgia a sus tres hijas atender a su madre. Había momentos en los que daba pequeñas sonrisas, recordando a sus tres pequeñas jugando en brazos de su madre, pero la sonrisa se esfumaba al instante cuando se escuchaba el agua caer sobre la tablilla, como si el sonido lo trajera de vuelta a la realidad, esa en la que ella ya no estaba.
Ranma, Genma y la tía Nodoka se encontraban detrás de el señor Soun, y cuando las chicas se pusieron a los costados de su padre, comenzaron a orar todos juntos.

Todos se encaminaban de vuelta a casa, pero Ranma sentía que algo le faltaba; cuando miró por sobre su hombro, Akane continuaba de rodillas frente a su mamá y aunque ella sonreía, lo cristalino de sus ojos hizo que Ranma quisiera ir con ella, pero fue la delicada mano de Nabiki quien lo detuvo
-Será mejor que no la fastidies por hoy o me las pagarás muy caras Ranma, tengo fotos que no dudaré en venderle a Kuno si me haces enojar- La seriedad de Nabiki era común cuando se trataba de dinero, así que fue sorpresivo para Ranma verla tan seria tratándose de su hermana
-¿Qué dices?- contestó Ranma dispuesto a ignorarla
-Si no quieres que mi padre te asesine y la dulce Kasumi saqué al monstruo dentro de ella...no fastidies hoy a mi hermana, te lo advierto- Ranma sabía que ninguno estaba jugando, sobre todo cuando se dio cuenta de que Kasumi lo miraba preocupada y el señor Tendo lo miraban fijamente mientras Akane ya se acercaba.

Llegaron todos a casa y tomaron sus lugares de siempre después de cambiarse; Kasumi y la tía Nodoka fueron a la cocina, Genma y Soun a jugar mientras bebían un poco de sake, Nabiki fue a atender encargos de Kasumi...pero Akane, entró directo y veloz a su habitación sin cruzar palabra con nadie.

-Kasumi...puedo preguntarte algo?- dijo Ranma entrando a la cocina junto a su madre.
-Claro...-contestó kasumi con esa angelical sonrisa mientras cocinaba.
-¿Por qué Nabiki se ha puesto hoy tan pesada por Akane?-la sonrisa de Kasumi se perdió y miró directamente a Ranma con nostalgia
-Sé que es extraño que Nabiki se porte de vez en cuando como la hermana mayor de Akane, pero... es que Akane era muy pequeña cuando nuestra madre falleció, no tiene tantos recuerdos de ella como nosotras, tú comprenderás que eso la deprime-
-...tú debiste de sentirte igual ¿O no hijo?-la pregunta de su madre hizo que Ranma dejara caer los hombros con melancolía
-pues, sí...- contestó sin muchos ánimos
-Ranma, ahora es extraño pero debo pedirte que no te preocupes por ella. Sabes que es una chica fuerte y lo afrontará si estás con ella pero dándole su espacio, así de complejas somos algunas chicas, y ni hablar de Akane. Por cierto, me olvide decirle a Nabiki que comprara salsa de soya ¿Podrías ayudarme llendo por ella?- finalizó Kasumi con ese rostro dulcemente despistado
-Por su puesto- contestó Ranma ocultando las manos en sus bolsillos. Al pasar por la escaleras para ponerse sus zapatos, no pudo evitar alzar la vista hacia la habitación de Akane y pensar en "estar ahí para ella" pero olvidando la segunda parte de la frase. Miró a todos lados y subió hasta la puerta con el pato amarrillo y tocó suavemente para pedirle que lo acompañara

-Oye, ¿Akane?...- preguntó con un tono suave, pero al no recibir respuesta, se fastidio un poco. Cuando estaba dispuesto a reclamar tal falta de respeto, dio un fuerte suspiro recordando las palabras de Kasumi y Nabiki. Abrió lentamente la puerta y Akane estaba recostada en cama aún con su ropa negra. Cuando se acercó un poco, pudo verla dormida, pero con unos ojos muy hinchados... Nadie lo había visto llorar a él cuando veía sus planes frustrados para conocer a su madre, pero recordó que Akane había sido la única que lo ayudado a mostrarse con su maldición ante ella para que estuviera con él. Si él pudiese, buscaría hacer lo mismo por ella; darse la oportunidad con sus madres, fue por un tiempo, un lazo fuerte que tenían en común, y no como pareja sino como amigos.

Después de la comida, en la que no fue extraño para nadie que no estuviera Akane, Ranma tomó sigiloso los albumes de fotos que Kasumi guardaba celosamente en días como estos; se escabulló al dojo y los miro uno por uno. Aunque algunas veces se olvidaba de sus planes por ver las fotos vergonzosas de las princesitas Tendo, volvía a poner los pies en la tierra, cuando después de cada albúm, se percataba de las miles de fotos de kasumi y nabiki comparadas con aquellas que tenían a Akane con su madre.

Akane escuchó unos golpecitos en su ventana y se levanto con pereza para abrir, sabía perfectamente quién era la persona que la estaba fastidiando, así que limpio su rostro de forma rápida para que no la molestará por llorar y le diese otra razón para lanzarle sus mancuernillas.
-Ranma qué...-Akane se quedó con la mancuernilla en la mano, ante un Ranma que miraba a otro lugar mientras le ofrecía una hermosa flor con el tallo roto
-Oye...me estoy esforzando mucho así que, no llores ni me mal interpretes...-dijo Ranma mientras Akane bajaba la mancuernilla y recibía sonriente aquella flor
-Gracias Ranma- contestó llenando de color rosa sus mejillas, ante el bonito recuerdo de una flor rota que ella le entregó a su madre
-No grites...- dijo Ranma entrando de un salto al cuarto de Akane, abrió su ropero y sacó el vestido con más flores y olanes que Akane tuviera y se lo entregó en sus manos -anda, cambíate...no me voy a burlar te lo juro- Akane se quedó de piedra cuando Ranma le dio el vestido y se dio media vuelta para no mirarla-...ya...ya te cambiaste?-
-ya voy ya voy...-dijo ella volviendo en si, pues el vestido más femenino de su clóset, le recordó los primeros reclamos de su madre, cuando Akane se interesó en las artes marciales siendo apenas una niña
Ranma se paró al borde de la ventana y extendió su mano libre para sacar a Akane mientras el aire fresco pegaba por su espalda alborotando los cabellos que se soltaban de su trenza
-Me di cuenta de que no bajaste a comer, así que debes estar hambrienta...- dijo Ranma sonriéndole, Akane se sentía en un sueño
-Yo estoy hambriento otra vez- finalizó Ranma rompiendo el aura romántica de la imaginación de Akane
-No sé por qué no me sorprende- contestó Akane tomando su mano. Suavemente y considerando el que ahora lucía un bonito vestido, Ranma la tomó por la cintura y con la cabeza le indicó que lo abrazara por los hombros. Los ojos de ambos se econtraron por un segundo, segundo más que suficiente para ambos.

Una vez fuera de casa, comenzaron a caminar en dirección a la escuela, pero a medio camino Ranma la llevo por otro lugar
-Este lugar...no puede ser- dijo Akane mirando aquel viejo puesto de sushi -¡Ranma, yo conozco este lugar!- gritó ella emocionada
-ya lo sé...-contestó Ranma jalándola para entrar -ven, yo invito-
Pidieron una orden especial y comieron cuanto sushi pudieron, Akane comía y le contaba a Ranma pequeñas anécdotas, como cuando Kasumi probó wasabi por accidente, o cuando Nabiki encontró la manera de hacer dinero en el baño de mujeres
-...justo después de morder aquella cosa, mi madre me dijo que estaba feliz de que por fin me animase a probar las ancas de rana- contaba ella riéndose -yo ni siquiera sabía lo que había comido todo ese tiempo- y ambos soltaron una gran risotada

Salieron del lugar y continuaron su camino, Akane reconocía todos esos lugares a pesar de haberse obligado a no visitarlos por años.
-Entremos aquí-pidió Ranma señalándole una pequeña boutique
-¡¿este lugar sigue aquí?!- exclamó Akane con una sonrisa de oreja a oreja. Una vez adentro, miraban las vitrinas y continuaba contándole pequeñas anécdotas
-recuerdo que mi madre tenía una peineta así-dijo Akane probándose la peineta que cayó rápido a sus manos-me gustaba mucho pero nunca pude ponermela por que mi cabello fue siempre corto...o mira estos aretes! -y corrío al vidrio donde se exhibían -¿sabes? jamás vi que mi madre usara aretes grandes, casi siempre eran así de simples...-y así continuó por todo el recorrido de la boutique. Cuando Akane se distraía, Ranma miraba su billetera y compraba uno que otro artículo de la boutique.
-¿nos vamos a casa?- preguntó Ranma sonriente mientras se adelantaba.
-sí claro, vámonos...-contestó Akane, Ranma salió primero y cuando lo iba a seguir, el joven que atendía el lugar la detuvo
-señorita, sus artículos- dijo él dándole una bolsa mediana llena de cosas
-¿eh?.. perdón, yo no pedí nada...-contestó ella apenada
-el muchacho nos dijo que eran suyos- afirmó con sorpresa el empleado, después de señalar a Ranma que miraba distraído a otro lugar
-oh...gracias-dijo Akane tomando con cuidado la bolsa

Ranma se quedó mirando entretenido los artículos que la boutique exhibía para los transeúntes, y no se percató que Akane lo miraba con ternura
-gracias Ranma...-dijo ella mientras se acercaba a su prometido
-¿gracias? oh eso- contestó Ranma rascando su cabeza con su fingida indiferencia -...no es nada, sólo parecías triste y pensé que sería bueno venir-
-No sé cómo hiciste para encontrar todos estos lugares para mí, y tú no sabrás lo mucho que te agradezco por esto... vámonos a casa Ranma ¿sí? Gracias por esforzate tanto-dijo ella tomándolo del brazo, y a pesar de estar apenado y perder la coordinación al caminar, no se quiso soltar.

Ranma no lo entendía, ¿Ella le agradece por el esfuerzo? era ella quien se había esforzado todo este tiempo, como si no hubiera notado como sus ojos se llanaban de agua a punto de llorar, como si no hubiera notado el temblor de sus manos al señalar las cosas que le recordaban a su mamá.

Mamá:
Hoy me pasé el día riéndome y contándole a Ranma todo lo que recuerdo de tí, fue muy divertido ¡y no lloré! Este año no, gracias a él
El próximo año tendré que comprar un baúl más grande para guardar todos los recuerdos que me ah dado Ranma. Y que lo sepas, Ranma no me gusta *guiño guiño*
Con amor, tu pequeña Akane.

Akane selló esa carta jamás enviada, y la colocó junto a la caja musical celeste, al pañuelo rosado, el peluche de panda y los mil obsequios más a lo largo de su rara relación con Ranma. Cuando Akane se disponía dormir, escuchó suaves golpes a su puerta.
-Ranma ¿Qué haces aquí?-susurro mirando a Ranma con su pijama también
-Aún falta algo, ven-dijo él indicándole con señas que caminara despacio. Llegaron al comedor, pero este había sido cambiado por un improvisado "castillo" de cobijas y sábanas
Akane cubrió rápido su boca para evitar gritar de la emoción, más aún cuando Ranma la invitó a entrar. Se sentaron sobre el futón, donde Ranma le mostró su propio álbum familiar acompañados de algo de fruta picada, galletas y té.
-Sabes- dijo akane mientras miraba el decorado dentro de las sábanas -esto me recuerda a lo que hice con mi madre cuando tuve mi propio cuarto porque...- susurró Akane
-...por que te daba miedo dormir sola- la interrumpió Ranma mirándola fijo y sonriente
-Gracias Ranma- contestó Akane con un brillo inmenso en la mirada, brillo que no se podía decir si eran lágrimas o era amor. Pasaron toda la noche mirando fotos de ambas familias, y a veces cubrían mutuamente sus risas para no ser descubiertos.

A la mañana siguiente Ranma despertó y cuando miró a su lado, Akane estaba calidamente dormida, Ranma giró sobre si mismo para verla mejor, y sin tocarla, marcó con sus dedos el contorno de sus cejas, la silueta de sus labios y el largo de sus pestañas. Pero tuvo que levantarse de forma violenta despertando a Akane pues la puerta de algún cuarto se abrió
-..qué mmm-antes de que Akane dijiera nada, Ranma puso su mano sobre su boca y le pidio silencio, le señaló que saldría, a lo que Akane asintió tranquila con la mirada y ante el sonrojo de despertar así con Ranma se quedó muda mientras el se marchaba

-¿akane?- preguntó Kasumi abriendo las sábanas
-ah... Kasumi... lo siento, es que...-
-Tranquila- sonrió Kasumi- Fingiremos que no me he dado cuenta y no diremos nada ¿bien?- las palabras de Kasumi sonrojaron a Akane - Iré a comprar el desayuno, no me tardo, asegurate de que esté todo limpio aquí para cuando vuelva ¿de acuerdo?- Kasumi salió tranquila de casa, y mientras el sol pegaba en su cara, miró al cielo y susurro
-Mamá, sin duda Akane tiene tu sonrisa-

lloré poquito escribiendo esto, perdón jajaja