Era normal que algunos días ambos se sintieran insuficientes, después de todo sólo seguían siendo adolescentes.

Por suerte, a diferencia de cuando tenían 14 años, ahora ya tenían conciencia de ciertos pensamientos incorrectos hacia su yo interior.

Ambos aprendieron a amarse a sí mismos, por su cuenta. A aceptar sus defectos y virtudes.

Cuando iban creciendo, y revelaron sus identidades, posteriormente se terminaron mudando juntos.

Y crearon una dinámica que nunca fallaba.

—Tus ojos son tan hermosos, son idénticos al cielo, y a los zafiros— Él murmuró eso último, porque sabía bien que a ella le encantan las piedras preciosas. Y de hecho los ojos de Marinette sí se parecen a los zafiros.

Él besó los ojos de ella, como bromeando, ella obviamente cerró los ojos para que él besara sus párpados. Ella reía; con el rostro ruborizado.

Pues había verdad en las palabras de él.

—¿En serio?—Respondió ella. —Pues déjame decirte que tus ojos me recuerdan al hermoso follaje de los bosques. —Ahora fué ella quién se colocó sobre él, besándole también los párpados. Él estaba más que encantado.

Era extraño, muchos dirán que era poco platónico. Un chico y una chica, recostados en su sillón, besándose mutuamente. Nadie entendía la verdad de su relación.

Para ellos significaba mucho este tiempo de calidad, donde sólo pasaban diciendo las cosas buenas del otro, era muy satisfactorio para ambos que el otro supiera la verdad.

Era increíble ver el rostro iluminado del otro, la sonrisa, los sonrojos.

—Eres suficiente, de hecho eres todo lo que necesitas ser—le admitió Marinette. Contemplando la figura perezosa del chico, la sonrisa y la mirada de ella demostraban cuánta verdad eran sus palabras.

Él incluso soltó algunas lágrimas, estaba conmovido. Esas eran las palabras que siempre había querido escuchar cuando era un niño.

Su amor por la chica era tan grande.

Y ella se lo repetía todos los días. Él es suficiente, siempre lo fué. Y él sabía que era verdad. Ya no se mentía a sí mismo.

Amaba a esa mujer, y amaba ser él mismo y ser feliz.

—Eres maravillosa, y siempre has sido suficiente. Eres una persona muy amable, una persona muy talentosa.

Una persona capaz de muchas cosas—admitió él, con los ojos brillando.

Ella también sintió lágrimas en sus ojos. Sabía que él decía la verdad. Ella era valiosa y merecía ser amada. no merecía algo menos que lo mejor.

Ambos se acariciaban suavemente el cuerpo, diciendo al otro lo que le encantaba de su cuerpo. Ocasionalmente besando otras partes de su cuerpo.

A ella le encantaba, está era la actividad favorita de él.

—Te amo. —Admitió ella. Y él como siempre no pudo evitar la felicidad que sintió. Ella le acariciaba aquellos mechones rubios que tanto le gustan.

—Yo también te amo. —Murmuró él, besándole la frente. Y acariciando el punto favorito de ella en su espalda.

Y aunque habían días donde habían pequeñas dudas, ninguno dudaba en recordarle a otro la verdad.

Y donde habían cualquier sentimiento que causará incomodidad, ellos no dudaban en hablarlo. Confían el uno en el otro.