Cha-no-yu (茶の湯)
Ceremonia del té
"Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad"
Marguerite Yourcenar
Si tuviera que definirlo con una palabra, sin lugar a dudas Kuroo Tetsurou diría que su amigo era extraño. Extraño como las flores de dos pétalos o los elefantes rosados, extraños como esos atardeceres verdes o como los libros de una página.
La primera vez que se habían visto, y de eso habían pasado unos 5 años ya, Tetsurou recordaba que era un día aburrido, tedioso, de esos en los que la lluvia te impide salir a jugar o correr por ahí, de esos que provocan retos maternos por pies embarrados o comentarios respecto a como el cabello se esponja con la humedad. Aquella tarde había estado intentando armar un rompecabezas que parecía no tener pies o cabeza, y después de un berrinche había insistido y suplicado a su madre para que lo dejara ir al parque que se encontraba a dos calles. No supo si fue porque realmente ella quería dejarlo ir, o porque había ganado por cansancio, pero con el piloto rojo puesto y las botas de lluvia, salió cubriéndose con un paraguas con orejas de gato.
Lo que más le gustaba de la lluvia era que podía jugar a no pisar los charcos, ver cuan lejos podía saltar, sentir la adrenalina de caminar por un borde sabiendo que de caer se ganaría otro retro y por sobre todas las cosas, amaba mojarse. Sentir la lluvia era delicioso, y si bien sabía que su madre lo retaría después, no tardó en pasar la esquina para cerrar el pequeño paraguas y comenzar a salticar de charco en charco. Se conocía de memoria el camino, las casas, los vecinos, cada árbol o arbusto que lo llevaban al ansiado lugar, y como por arte de magia, siempre llegaba distrayéndose del camino con algún gato o ave; pero aquella vez había ido directo caminando en línea recta, y cuando llegó al parque vacío por el mal tiempo, se sorprendió al encontrar a alguien más allí.
Él estaba sentado mirando hacia el cielo, y se veía bastante distraído como para notar que alguien más había irrumpido lo que parecía ser un momento de meditación. Tal vez él pensaba en la lluvia, o en las nubes que pasaban rápido y grises en el cielo, pero sin lugar a dudas Tetsurou supo que se sentía solo. Se acercó rondando como un felino, observándolo en silencio y meditando sus pasos que lo llevaron a sentarse en el columpio junto al suyo. Se hamacó algunas veces hasta que se detuvo y notó que el otro chico llevaba unos auriculares, tal vez por eso no lo había notado.
¿Qué estas escuchando? . preguntó Tetsurou ladeando el rostro con expresión curiosa. El rubio se sorbresaltó un poco, más que nada porque al llevar los auriculares puestos, no había notado la compañía hasta que el rostro risueño invadió su campo visual. Parpadeó varias veces con ojos grandes y atentos, analizándolo repentinamente, y apartó los cascos para poder escuchar lo que el otro le decía. Lo malo de usar lentes era que con la lluvia se llenaban de gotitas que hacían difícil ver, y limpiarlos con la ropa sólo haría que se empañasen aun más.
Música . dijo el rubio, como si aquella fuese la única respuesta a la pregunta hecha por el extraño. Notó al pelinegro fruncir la nariz de forma graciosa y eso lo hizo sonreír también Depeche Mode . respondió otra vez, logrando que la nariz antes arrugada volviese a adquirir la textura original.
Aquella tarde hablaron mucho tiempo, se contaron cosas, sobre sus familias, sus gustos, cuánto le gustaba leer al rubio y su reciente descubrimiento de esa banda llamada Depeche Mode. Kuroo no podía entender completamente la letra, después de todo sólo estaban en segundo año de primaria, pero Tsukishima parecía entender y hablar a la perfección aquel idioma. Al parecer su familia vivía en el extranjero desde hacía varios años, por lo que había ido a una escuela americana al principio y ahora habían vuelto a Japón por cuestiones de negocios.
Entre chaparrones esporádicos y risas el tiempo se pasó volando, y Tetsurou se despidió alzando la mano, esperando volver a encontrar a Tsukishima la día siguiente, pero no fue así.
Al volver a casa, lo primero que hizo Tetsurou fue contarle a su madre de su reciente amigo, de que tenía el cabello muy extraño y que nadie de su clase tenía el cabello y los ojos tan claros, también que "Tsuki" como lo había apodado, era muy inteligente y que le había explicado el método para resolver el rompecabezas. La joven mujer escuchó atentamente a su hijo, y después de una larga y metódica explicación, con detalles como que "Tsuki" llevaba lentes y que le quedaban bien, o que era mas delgado de una niña, pudo prometerle que al día siguiente irían nuevamente al parque.
La noche pasó rápido, y como el día siguiente era fin de semana, todo el ambiente de la casa estaba más relajado. El aroma a café y tostadas recién hechas eran una de las cosas que más le gustaban a Tetsurou, y no es porque tomase café, sinó porque sabía de cuan buen humor se ponía su padre cuando ingería tan preciada bebida.
Después de apurones y tiradas de manga fueron al parque, pero allí sólo estaban los niños habituales del barrio, a los cuales ya conocía o eran parte de su curso. Aquella noche Tetsurou lloró, lloró mucho porque no había podido encontrar a su amigo, y lloró durante varios días hasta que casualmente volvió a encontrarlo en el parque.
Tsukishima Kei le explicó a Kuroo que por problemas de salud podía salir poco de casa, y que los negocios de su familia hacían que poco tiempo se instalasen en un lugar fijos, y que también había añorado poder hablar nuevamente con el.
Después de ese día sólo se vieron un par de veces más, la última cuando estaban por entrar a preparatoria, porque al día siguiente el rubio nunca llegó…
¿Otra vez con lo mismo? . preguntó el pelirrojo, mientras apoyaba la mano sobre su barbilla con la intención de no dormirse en la primera clase de la universidad. Lo cierto que es nunca tendría que haber seguido a Kuroo la noche anterior, nunca debió creerle la primera de "volveremos temprano" o " soy responsable"; pero ahí estaba, sufriendo como un condenado por no poder mantener los ojos abiertos.
No se por qué aun no me crees, realmente lo conocí . susurró Kuroo, mientras se relajaba en la silla con la espalda hacia atrás. Habían pasado los años y nunca nadie había creído sobre la existencia de aquel Tsukishima Kei, es más, hasta su madre lo había enviado al psicólogo por el supuesto amigo imaginario que seguía atormentando a su hijo.
Ya, que va Yaku puso los ojos en blanco, realmente le preocupaba un tanto la actitud de su amigo, después de todo llevaban desde la primaria conociéndose y aún insistía con ese Tsukishima Kei. Es más, lo habían buscado en redes sociales y no había nadie con ese nombre, y vamos, ¡que todos manejan redes sociales! Habían pensado que tal vez era un pseudónimo lo que llevaba, pero habían pasado los años y nada había sucedido.
Todo había sido normal, o eso pensó Yaku, hasta que Kuroo se quedó como piedra mirando intensamente a otro estudiante, quien, sintiéndose incómodo, bajó la mirada y aceleró por el pasillo. No fueron ni segundos lo que tomó a su amigo salir disparado tras ese extraño gigante, y simplemente lo dejó ser. Kuroo era así, y Yaku necesitaba recuperar las energías perdidas por no dormir lo suficiente.
¡Hey! . Exclamó Kuroo mientras alcanzaba al rubio para tomarlo por la muñeca y obligarlo a girarse, pero sus ojos se abrieron y se cerraron varias veces antes de soltar al tipo y susurrar Lo siento, me confundí .
El rubio estaba bastante impactado, es que vamos, no es normal en Japón un comportamiento como ese, mucho menos el contacto físico, pero había algo en ese tipo que le había dado una sensación extraña ¿Con quién me confundiste? . preguntó de repente, antes de sacudirse la manga de la chaqueta para acomodar la arruga que había causado el tirón.
Tetsurou se rascó la cabeza nervioso, y sonrió un tanto más afectado Lo siento, pensé que era alguien que conocí una vez .
El rubio de cabello corto alzó los hombros despreocupado Soy Tsukishima Akiteru . Dijo él, inclinándose ligeramente ante una presentación ligeramente formal.
Tetsurou parpadeó varias veces antes de caer en cuenta que estaba otra vez tomando al rubio por la muñeca Tsukishima Kei dijo, como si con eso pudiese dar a entender todo.
Ah! Te refieres a mi hermano menor, no pensé que tuviese amigos… . Dijo antes de corregirse nuevamente No es que no tenga amigos, es sólo que nunca lo he visto con alguno… . ¿Por qué estaba siendo tan indiscreto con un extraño? Akiteru suspiró pesadamente Lo siento, es sólo que mi hermano no habla… nunca ha dicho una palabra, por eso me pareció extraño que lo menciones .
Kuroo sintió como si un balde de agua fría le cayese en la cabeza de inmediato, como esos juegos televisivos que le resultaban bizarros y divertidos a la vez, pero ahora todo adquiría un aire tétrico. Se quedó pasmado, mirando al extraño como si fuese el único salvavidas en medio del océano, como si fuese el único faro disponible del mar. Sintió que se le cerraba la garganta, porque ¡el realmente había hablado con Tsukishima! ¡Lo recordaba, no lo había inventado!
Tal vez te estés confundiendo de persona . Dijo Akiteru, y sólo volvió a soltarse del agarre del pelinegro quien ahora le resultaban un tanto insistente y raro.
Necesito verlo y confirmar si es él… Ahora si que se estaba comportando como un maniático, y nuevamente la insistencia lo hizo lograr su cometido porque Akiteru accedió a darle su dirección para que al día siguiente fuese a verificar si era a quien buscaba. Algo en el lo hacía sentir extraño con respecto a Kuroo, algo lo inquietaba y como persona curiosa, le parecía buena idea que tal vez su hermano recibiera una visita y cambiara aun que sea un día, las cosas en su vida.
Estaba de pie delante del portal y sentía que las piernas le temblaban, que en cualquier momento iba a irse de lleno al piso y tendría que entrar arrastrándose como invertebrado. Cuando estuvo a punto de tocar el timbre, la puerta se abrió sola y un hombre vestido de traje lo recibió haciéndolo pasar.
Sin lugar a dudas, nunca había estado en un lugar como ese. Era una casa tipo tradicional japonesa, con una pequeña laguna de peces koi al frente y un camino de piedras lajas que llevaban hacia uno de los corredores de la antigua edificación. Se quitó el calzado al entrar, reemplazándolo por el indicado, y esta vez fue una mujer quien lo guio hacia el salón de té. ¿Acaso debió ponerse algo más formal? Ahora sentía que estaba en la casa del presidente del país y vestía como un vagabundo, o al menos eso parecía en comparación con los hermosos biombos de papel pintado, esos paneles pintados a mano con finura y maestría. Era tarde para salir corriendo.
Kuroo san . dijo Akiteru al entrar, y fue extraño ver a alguien vestir ropas tradicionales fuera de las festividades, y mucho más aun fue ver que el rubio no estaba solo.
El chico de anteojos se adelantó, Akiteru se retiró disculpándose antes, y quedaron en silencio uno frente a otro. Kei estaba atento, mirándolo, como si fuese un hermoso descubrimiento y Kuroo no entendía por qué repentinamente su mente daba vueltas.
No entiendo qué ocurre, me siento confundido .dijo el pelinegro mientras se sentaba de rodillas frente a la mesa de baja . Tsukishima comenzó a preparar el té con sumo cuidado, como la ceremonia lo indicaba. Luego de las tres cucharadas de matcha y los tres sorbos de té. Kuroo recibió su cuenco y finalmente, otra vez, sus ojos oscuros se encontraron con esos irises ambarinos.
Sólo tu puedes escucharme . dijo repentinamente Tsukishima Kei, y sonrió levemente mientras inclinaba la cabeza esperando que Kuroo tomase el té. No se por qué ni cómo, pero eres el único que ha escuchado mi voz, eres la única persona con quien he hablado .
Kuroo sentía que estaba en una realidad paralela o algo así, porque ahora que lo notaba, Tsukishima no movía los labios, sólo estaba mirándolo. Lamento no haber podido ir aquel día, fue el día en que murió mi padre . No supo por qué, pero Kuroo sólo pudo darse cuenta de lo que hacía cuando estaba junto al rubio abrazándolo contra su pecho. Lloró, lloraron ambos, y después de largos segundos de angustia, sintió que repentinamente todo tenía sentido. Todo por ese reencuentro, por ese segundo que había valido la espera. Vio en Tsukishima lo que había anhelado, esa calidez, y ese temblor que le revolvía el estómago haciéndole sentir cosquillas. Su primer amor, estaba ahí, y era real.
No pasó día que no estuviesen juntos, y así fue como Kuroo fue dueño de cada palabra de Tsukishima Kei por el resto de sus días.
FIN-
N.A: La ceremonia japonesa del té (cha-no-yu, chado) es una forma ritual de preparar té verde o matcha (抹茶), influenciada por el budismo zen, sirviéndose a un pequeño grupo de invitados en un entorno tranquilo.
