Tu parte humana
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— Lo siento mucho, Inuyasha. —Repite Sango por tal vez cuarta vez en la tarde, inclinándose un poco hacia el híbrido quien solo chista la lengua y voltea la cara hacia otro lado. — Fui descuidada con Hiraikotsu…
— Vamos Inuyasha, no te enojes. Fue un descuido.
La pequeña voz de Kagome hizo que las orejas de Inuyasha se movieran hacia ella, y luego volteó a verla con la nariz arrugada.
— Pero no podemos continuar si esa cosa está casi rota. —Gruñe Inuyasha, cruzándose de brazos.
— ¡Serán solo dos días! Los necesito para volver a mi aldea a repararlo. —dice rápidamente Sango, inclinándose más en su reverencia.
— ¿Dos? —cuestiona entre dientes Inuyasha.
— Sí. —Asiente Sango.
Miroku se acerca desde atrás a Inuyasha y le pone una mano en el hombro. Cuando Inuyasha lo mira él le sonríe muy alegremente.
— Inuyasha no te preocupes. Yo me aseguraré de que la señorita Sango no pase ningún peligro.
— Miroku, ¿tu también?
— Pero por supuesto, Inuyasha. Un caballero nunca dejaría que una mujer tan bella vaya sola por el bosque…
— Excelencia… ¡EXCELENCIA!
Todo pasó como habitualmente. Miroku se acercó demasiado a donde no debía y se ganó una bofetada bien merecida en su mejilla izquierda. Aunque al final sí fue con ella. Inuyasha y Kagome se quedaron, Kirara por supuesto cedía su lomo para el viaje. Sango iba a reparar su Hiraikotsu y Miroku iba a protegerla por si era necesario. ¿Y Shippo? Shippo iba solamente para proteger a Sango de Miroku y sus manos largas.
Ya que no podían alejarse mucho de la zona Inuyasha se las apañó para encontrar un buen lugar con vista desde lo alto. Encontró una cueva en una montaña cercana, y una vez que inspeccionó el interior se fue hasta la entrada. Kagome estaba sentada sobre un pequeño pañuelo que dejó sobre la roca para no ensuciarse, estaba buscando algo de comida dentro de su mochila amarilla para la noche que se acercaba.
Bien, estaban a salvo. Inuyasha va desenvainando a Tessaiga mientras se acerca y la encaja en unas piedras cercanas a la boca de entrada. El campo los protegería si era necesario. No había querido decir nada pero no era un buen día para quedarse solo.
— Inuyasha, ¿prefieres con carne de res o de chuleta? —Pregunta Kagome sin dejar de buscar dentro de su mochila. Esperando respuesta, levanta la mirada. Inuyasha ya estaba sentado frente a ella en el suelo y también tenia la mirada puesta sobre su mochila.
— ¡Chuleta! —Responde de inmediato.
Kagome sonríe, por supuesto. Chuleta, era obvio.
— Yo quiero el de carne. —Kagome deja las dos copas de ramen a un lado y sigue buscando entre sus cosas ahora por la olla para calentar el agua.
Con algo de fuego y unos trozos secos de madera pudieron comenzar un fuego. El agua no debería tardarse mucho en hervir.
Hubo silencio por un rato, pero no era incómodo en absoluto. Kagome vertió agua desde su botella hasta la tetera y la cerró y con cuidado la acomodó sobre el soporte de metal que tenia para estas ocasiones. Así no tocaba directamente las llamas, pero igualmente se calentaba. Una vez hecho vuelve a sentarse sobre su pañuelo tras acomodarlo, teniendo cuidado de acomodar bien su falda antes.
El muchacho tenía la mirada puesta pacientemente sobre el agua burbujeante. Ya casi estaba lista para su ramen, oh… Pero cuando escucha la voz de Kagome sus orejas se levantan y luego voltea a verla.
— Oye, Inuyasha.
— ¿Mh?
— Hoy hay luna nueva, ¿verdad?
— …
— Así que lo sabías… Inuyasha… —Kagome le da una sonrisa pequeña, poniéndose de pie lentamente. Inuyasha se tensó al instante, esa sonrisa… — ¿¡Y no dijiste nada!? ¡Inuyasha, Miroku y Sango no están por si algo pasa!
Le gritó tan fuerte que tuvo qué bajar sus orejas para que el sonido no lo irritara más de lo que por sí estaba con los gritos de Kagome. Inuyasha inmediatamente se defendió:
— ¿¡Y eso qué!? Féh, nunca los necesité para cuidarme las espaldas. Y de todas formas es necesario, tú misma me dijiste que fue un descuido, ¿no? ¡Si dejé que se fueran fue por ti!
— ¿¡Por mí!?
— ¡De todas formas nada va a pasar, tonta!
— ¡No puedes estar seguro de eso, tonto!
— ¡Lo sé y ya! No huelo monstruos cerca y también…
Su mirada dorada se dirige rápidamente hacia el arco y flechas de Kagome al lado de esa mochila amarilla. Estos últimos meses habían sido distintos. Él ya no estaba solo, aunque no iba a admitirlo en voz alta por mero orgullo estaba muy agradecido de ya no estar solo. Segundos después vuelve a mirar a la chica. Sus mejillas ardieron en cuanto se dio cuenta de que la mirada de Kagome cambió de una con molestia a una más fija. Kagome lo notó.
Inuyasha confía en mi…
Maldición, ¿me vió?
— …
— …
El silencio se rompe cuando el agua comienza a hervir. Con manos temblorosas, Kagome toma un pañuelo grueso para tomar la tetera por el mango y la retira lentamente del fuego. Levanta las tapas de ambas copas de ramen y vierte el agua caliente hasta la línea marcada. La chica puede sentir la mirada atenta de Inuyasha sobre ella, como si le quisiera advertir del peligro del metal caliente. Él siempre es así, Inuyasha siempre se guarda las cosas y las suelta impulsivamente a veces por accidente. Cuando piensa eso se relaja un poco más y el enojo se evapora en el aire tras un suspiro.
Se sienta a un lado de Inuyasha tras acomodar su falda cuidadosamente. Ahora solo toca esperar, con los 3 minutos en el temporizador permanece quieta mientras sigue en sus pensamientos. Ya que está de frente a la salida de la cueva alcanza a ver el cielo difuminado del suave y amoratado azul a naranja.
Pudo verlo lentamente, al igual que Inuyasha. Cuando el sol terminó de ocultarse pudo sentir un cambio de energía a su lado… Al voltear a ver, Inuyasha tenia la mirada baja y parecía irritado. Los largos mechones plateados de cabello ahora eran oscuros, tanto como la noche que los esperaba. Y sus ojos ahora no eran muy distintos de los suyos propios. Kagome le da una sonrisa pequeña y busca su atención al juntar sus piernas e inclinarlas un poco hacia él.
La consigue, Inuyasha pronto voltea a verla. Tiene las cejas fruncidas.
— Nada va a pasar.
— Ya lo sé.
Su voz no sonó tan tosca esta vez. Inuyasha parecía perder un poco de su mal humor cuando pasaba esto, eso ya lo iba descubriendo Kagome. Apaga el temporizador en cuanto comienza a sonar y se inclina al frente para intentar alcanzar una de las copas de ramen que dejó donde hace rato estaba sentada.
Pero no la alcanza. Se estira un poco mas hasta que sus rodillas tocan el suelo. Inuyasha enarca una ceja, ¿acaso no era más sencillo solo levantarse? Aunque no puede evitar fijarse en cómo la blusa de Kagome se levanta un poco conforme ella estira la mano, puede ver la piel clara de su espalda baja... Y cuando nota eso no puede evitar querer deslizar la vista más hacia atrás. ¿Acaso su falda también…?
No pudo ver mucho, sintió vergüenza de sí mismo. ¡Vamos, él no es así! No es como Miroku. Irritado nuevamente cierra sus ojos y se cruza de brazos. No le interesa. Nota la calidez del ramen cerca de su cara así que abre los ojos. Kagome le ofrecia su copa de ramen mientras su otra mano sujetaba la suya propia. La acepta y mira cómo la muchacha se acomoda esta vez frente a él.
— ¡Provecho!
— Gra… Gracias por la comida.
La cena de ambos transcurrió con tranquilidad, Kagome aprovechó la oportunidad para vaciar por completo su mochila y reorganizar todo mientras Inuyasha permanece sentado cerca de la entrada de la cueva, con la vista puesta en el exterior. Como humano lo que alcanza a ver es limitado, pero si hay algo peligroso qué ver allá afuera, definitivamente lo sabrá. Estaba pendiente de las copas de los árboles principalmente.
— Medicamentos… Basura… Notas…
Si aún tuviera sus orejas, sin duda estarían puestas en Kagome. La chica murmuraba mientras ordenaba sus cosas, Inuyasha intentaba no prestarle mucha atención, pero era inevitable. Cuando comenzó a acomodar las últimas raciones de comida inmediatamente volteó la cabeza para chismosear un poco pero el plan se le volteó y jugó en su contra. Fue casi como si su corazón se hubiese apagado una fracción de segundo y luego vuelto a la marcha de golpe y más fuerte, muy fuerte.
Kagome le daba la espalda, estaba hincada sobre sus rodillas y con el torso hacia el frente. Esa maldita falda, la misma que en innumerables batallas se había mantenido inmaculada e impecable, estaba un poco hacia arriba nuevamente y tenia una vista clara de los muslos de Kagome y un poco mas arriba… Alcanza a ver su ropa interior, un poco. Además de su vientre suave…
Traga saliva, y aunque intentó no pudo apartar su mirada.
— ¡Ah! —Kagome toma un pequeño dulce, ¡claro! Lo había traído desde su época para Shippo pero ahora que no estaba, no veía nada de malo en comérselo ella. Después de todo puede traerle más en el futuro, ¿cierto? Dispuesta a compartir, gira un poco la cabeza y voltea a ver a Inuyasha.
Era obvio que iba a atraparlo. Inuyasha simplemente no pudo apartar la mirada y Kagome lo encontró mirándola fijamente pero no a su rostro…
— ¡Inuyasha!
Inmediatamente se lleva una mano al trasero para bajar su falda tanto como pudiera.
—¡Aba-
Inmediatamente, Inuyasha se acerca para taparle la boca. No, ahora no. Era un humano y un abajo en este suelo rocoso y áspero iba a dejarlo mal herido. El cuerpo de Kagome tiembla mientras ella toma la mano del híbrido y trata de quitársela de la boca. Al darse cuenta, Inuyasha de inmediato baja la mano para abrazarla fuerte con ambos brazos.
— ¡Espera! ¡No lo digas!
— ¡Inuyasha! —Repite Kagome, retorciéndose un poco. Sí que luce molesta. Inuyasha la abraza muy fuerte, por la adrenalina del momento. — ¡Tonto pervertido! ¿¡Se puede saber qué estabas mirando!?
— Yo-
— ¡Seguro lo aprendiste del monje Miroku, no!?
— ¡Te equivocas!
Kagome aprieta los puños y se queja en voz alta, poniendo sus manos ahora sobre los brazos de Inuyasha sobre su cintura. Las está empujando, queriendo liberarse de su agarre. Ahora está sonrojada, pocas veces están así de juntos como ahora.
Inuyasha nunca me había visto así, no sé qué decir…
Es cierto, hasta ahora Inuyasha había sido algo… distante con sus sentimientos, pese a conocerlos. Así que nunca pensó siquiera que Inuyasha la miraría alguna vez como un hombre mira a una mujer. Pero acaba de pasar… Su corazón salta en su pecho, late con mucha fuerza. De pronto la cercanía de Inuyasha comienza a incomodarla también pero no de una forma grosera. La abraza con mucha fuerza pero puede respirar perfectamente, y su respiración le hace cosquillas en la nuca y en la oreja. Se encoje un poco y cierra sus ojos, temblorosa.
Pero ese temblor fue malinterpretado por Inuyasha, quien de inmediato la suelta al tener el pensamiento de que la asustó. No sabe si es por su condición de humano ahora, pero se siente un poco más emocional y la culpa lo embarga al instante.
— Kagome, no quise…
¿"No quise"?
Siempre pasaba, de alguna forma siempre había malentendidos tontos entre los dos. Esas palabras calaron profundo en el alma de Kagome, quien susurró el nombre del híbrido mientras se lleva una mano al pecho y voltea un poco la cabeza para verlo por sobre su hombro. Su mirada triste hizo que Inuyasha apretara la mandíbula, ¿tanto la lastimó? Arquea las cejas y extiende una mano hacia ella.
— ¿Acaso… pensabas en ella?
La cara de preocupación de Inuyasha se fue al instante por una de sorpresa. Luego a una de enojo. ¿Qué acaba de decir? ¿Se refiere a Kikyo? ¡Él jamás haría algo así con ella! En vida, Kikyo había sido una figura sagrada. Nunca, ni en sus fantasías, habría profanado la imagen de Kikyo de esa forma. No era correcto ganarse el favor de una sacerdotisa de esa forma. Aunque sus sentimientos fueron reales era ya algo del pasado. Pero si Kagome la menciona ahora, ¿significa que...?
— ¿En serio nos parecemos tanto, Inuyasha?
La voz rota de Kagome lo alerta nuevamente, en cámara lenta ve cómo la chica se lleva ambas manos a la cara para cubrir su rostro lloroso y la ve encogerse. Él se pone de pie y camina hasta ponerse frente a ella, tomando con confianza sus manos para bajárselas.
Efectivamente, ella estaba llorando. Traga saliva ante un nuevo brote de nervios pero si hizo algo mal y puede verlo, al menos puede arreglarlo…
— Tonta. Tú y ella no se parecen en nada.
Intentó que su voz no sonara tosca, y lo logró. De no haber sido así, si Inuyasha no hubiera agarrado sus manos y la hubiera visto con esa seguridad en sus ojos, seguramente Kagome lo habría tomado a mal nuevamente… Pero al contrario, hipó un poco y trató de sostenerle la mirada a Inuyasha pero baja el rostro de nuevo y solo asiente.
¿Entonces me estabas viendo a mí?
Con nervios, las pequeñas manos de Kagome se aferran al haori de Inuyasha y se queda así un rato junto al híbrido. En algún momento, el propio Inuyasha la abrazó para mantenerla cerca. Algo inseguro, Inuyasha pone su mentón sobre la cabeza de Kagome para abrazarla un poco más íntimamente. Era extraño, y era nuevo. Ambos se sentían de la misma manera, inseguros e inexpertos. Las manos de Inuyasha se aferran a la espalda de Kagome mientras las de ella se agarran a las ropas rojas de Inuyasha.
Cada uno perdido en sus pensamientos, pero al mismo tiempo disfrutando de este abrazo.
— Inuyasha… —llama Kagome en voz baja. Lo siente ponerse tenso por un momento, eso la hizo sonreír débilmente. Ya notó que está igual de nervioso que ella y eso de alguna forma la hizo sentir mejor. Continúa hablando: — ¿Qué viste?
— …
— ¿Inuyasha?
Cuando Kagome aparta su rostro del pecho del híbrido para verlo, pudo ver que el muchacho tenia una mueca incómoda, con los ojos cerrados y las cejas fruncidas. Pero también con las mejillas encendidas. Sabe que hizo una pregunta obvia pero quiere saberlo, y también por qué. Además…
Es una oportunidad que no se tiene todos los días, además genuinamente se siente curiosa y extrañamente valiente. Estaban solos… ¿Cuándo en la vida iban a tener esta oportunidad? Además, con Inuyasha como un humano, era mas sencillo deshacerse un poco de ese mal humor característico de Inuyasha. Era una oportunidad de oro. Siente como sus dedos se encajan sobre su espalda, producto de los nervios.
Tal vez no eran una pareja, y tal vez esto no era correcto porque sabe que Inuyasha no la veía solamente a ella, pero… suelta las ropas rojas y lentamente baja sus manos hasta los brazos de Inuyasha, luego deslizando sus dedos hasta las manos del muchacho. Las sujeta y las baja más, las trae hacia adelante justo a su cintura, pero las baja un poco para que al volverlas a subir vayan justamente bajo la tela delgada de su uniforme. Santo cielo… La piel de Kagome está caliente, y los dedos de Inuyasha sienten cosquillas. Traga saliva, mirando ansiosamente hacia abajo. ¿Qué quiere hacer Kagome?
Ni siquiera ella está muy segura de lo que quiere, aún es joven y muy curiosa. Solamente tomaba una oportunidad. ¿Eso no era malo, cierto? Levanta el rostro de nuevo y se topa con la mirada ansiosa de Inuyasha. Nerviosa, levanta sus manos y le sujeta el rostro. Siente sus orejas de humano entre sus dedos, es extraño. No es la primera vez que le toca el rostro, pero sí la primera vez que toma la iniciativa así. Espera no estar siendo muy atrevida, pero, ¿acaso puede arrepentirse ahora? Claro que no, solo puede seguir. Están solos…
Así, hincados y sujetándose el uno al otro, Kagome encuentra un poco más de valor para estirar su cuerpo hasta que sus rostros quedan cerca. ¿Inuyasha la rechazará? Una persona antes tomó la delantera pero hoy no, hoy era su turno. Aún si solo es por una vez.
Inuyasha siente la invitación, y para sorpresa y alivio de Kagome el híbrido cierra sus ojos y acerca lentamente su rostro al de ella sin ápice de duda. Kagome cierra sus ojos cuando ambos rostros están tan cerca y por un momento los nervios vuelven a poseer su cuerpo pero ya estaba hecho. Cuando sus labios se tocaron por fin, sus sentimientos estallaron en una alegría inmensa.
Si bien Inuyasha había besado antes, no era como que tuviera mucha experiencia. Y de hecho, sus primeros y últimos besos sabían amargos y tristes, fríos. Pero Kagome era cálida, y sus labios eran muy suaves. Se siente bien presionarlos con los suyos. Un cuerpo que reacciona a él, las manos temblorosas de Kagome y sus sonidos bajos cada vez que sus labios se abren contra los de ella. Empezó como algo torpe, pero conforme iban avanzando ambos iban tomando mas confianza. Pero la inexperiencia era obvia, cuando respirar no era sencillo en medio del beso tuvieron qué separarse para retomar el aliento. Kagome no quería abrir sus ojos de la vergüenza, Inuyasha por el otro lado miraba su rostro fijamente mientras tomaba aire por la boca. ¿Estaba bien? Sin colmillos, sabe que no pudo haberla lastimado. ¿Entonces por qué temblaba? ¿Algo no le gustó? No cree que sea eso. Ahora los labios de Kagome se ven húmedos y más bonitos.
Lo hice, lo hice, lo hice. ¡Ay, no puede ser! ¿Con qué cara lo veré ahora? Ay no, cómo debo seguir. ¿Si abro mis ojos ahora podría desaparecer? Cómo debo-
El hilo de sus pensamientos se cortó cuando unas manos tibias sujetaron suavemente su rostro para volverlo a levantar. Kagome abre sus ojos lentamente pero los cierra al notar el rostro de Inuyasha demasiado cerca de nuevo. Lo siguiente que sintió fueron los labios del muchacho una vez más. Un sonido bajo se le escapó, producto de los nervios y de la felicidad que estaba sintiendo. No solo no la rechazó sino que la volvió a buscar. ¿Estaba bien entonces, verdad? Besarse un poco más.
Lo abraza por el cuello, pronto siente que sus rodillas se apartan del suelo cuando Inuyasha la levanta para acomodarla sobre su regazo buscando una pose mas cómoda. Aunque esta vez el beso fue un poco mas corto que el primero, Inuyasha la mantuvo cerca en todo momento. Sintiéndose pequeña y feliz, Kagome no se quejó y permaneció en silencio nuevamente perdida en sus pensamientos. Dos besos, y uno más tierno que el anterior. ¿Estaba mal, se aprovechó? No lo siente así, después de todo fue Inuyasha la que la estuvo mirando. Aprieta su abrazo y sonríe contra el cuello de Inuyasha. Todo era perfecto, todo se siente como si lo fuera.
Motivada por estos nuevos sentimientos, esta vez es Kagome la que se separa un poco para verlo a los ojos. Esta vez sí puede mantenerle la mirada.
— Inuyasha…
— Debo irme.
Su burbuja se rompió al instante. ¿Irse? ¿Por qué? ¿Hizo algo mal? Cuando Inuyasha la vuelve a tomar de la cintura esta vez es para quitársela de encima, pero Kagome se resiste y lo abraza con fuerza, nerviosa.
— No te vayas, Inuyasha.
— Tonta, yo-
— ¡No me digas tonta, tonto!
Inuyasha traga saliva. Kagome no lo entiende, pero no puede seguir cerca de ella por ahora. Sus pensamientos iban para rumbos peligrosos y fue inevitable, un impulso primitivo que lo hizo reaccionar contra el suave cuerpo femenino que tenia encima. Si no lo nota ahora es por lo holgado de su ropa pero si se acerca más…
Nuevamente intenta quitarla de su regazo, pero esta vez Kagome se aferró con más fuerza a su cuerpo.
— ¡No!
— ¡Muy cerca!
Al instante su cuerpo se congela, era tarde. Kagome se dio cuenta de su error. La espada de Inuyasha… no estaba con él, ¿cierto? Estaba en la entrada de la cueva, protegiéndolos a ambos. Entonces… Por supuesto, Inuyasha era un hombre. Y estaba muy sensible ahora…
Ay no.
Se lleva ambas manos a su cara, rojísima de la vergüenza. ¿Es eso, cierto? Era obvio que ya se dio cuenta, Inuyasha ya no sabia ni cómo esconder la cara de vergüenza. Había pensado que tal vez podía escabullirse a un río que estaba cerca y tomar un baño rápido y volver a tiempo para velar el sueño de Kagome pero ahora todo estaba acabado. Ahora Kagome lo vería como una criatura sucia. Avergonzado y derrotado, solo deja caer su cabeza un poco y no dice nada, muy sonrojado. Aceptará cualquier grito.
Pero ese grito no llegó. Si bien aun estaba muy sorprendida, al mismo tiempo se sentía… halagada. ¿Sintió eso con dos besos tan lindos? ¿Por qué? ¿Acaso él también era inexperto? No era algo en lo que Kagome pensara mucho anteriormente, pero ahora tenia curiosidad. ¿Él y Kikyo…?
Pero claro que no, Kikyo es una sacerdotisa.
Vino pura al mundo y pura se fue, al menos de cuerpo. Ella, por otro lado, si bien tenia poderes espirituales realmente no era una sacerdotisa. No tiene el entrenamiento de una. Así que… podría…
En ese momento, fue como si un candado mental se abriera de golpe. Puede hacer muchas cosas, realmente puede ser una con Inuyasha, ¿no es así? Aunque no tiene la protección adecuada ahora mismo… el pensamiento de tener un hijo por ahora no es algo agradable, aún si Inuyasha es el padre. ¿Qué tipo de cosas piensan en esta era sobre la sexualidad? Ella no sabe mucho, pero está segura de que tiene una mejor idea que Inuyasha. Al verlo tan arrepentido y nervioso un sentimiento de ternura la lleva a tomar las manos de Inuyasha y buscar su rostro otra vez para verlo. Luce como si acabara de hacer algo muy malo, pero va a demostrarle que no pasa nada.
— Yo también me siento así, Inuyasha.
— ¿Tú?
Al instante de escucharla, Inuyasha abre sus ojos y la mira con asombro. ¿Se refiere a lo mismo? Avergonzada, Kagome se hinca nuevamente y lleva ambas manos a su falda para levantarla un poco, y luego otro poco más.
— …
Como lo esperaba, era demasiado vergonzoso así que mira hacia otro lado mientras sus manos siguen levantando su falda. Cuando está segura de que se ve lo suficiente se detiene y solo espera una respuesta. La brisa fresca acaricia sus muslos internos, haciéndola estremecerse.
Inuyasha estaba anonadado por la escena, pero aún no entendía exactamente a qué se refiere con que "ella también se siente así". ¿Exactamente qué era lo que debía ver? Ve algo de piel de su vientre terso, las suaves líneas de su cadera y también ve su ropa interior de hoy. Arruga un poco la nariz. Si tuviera su olfato habitual seguro que sabría de inmediato de qué se trata, eso habría hecho las cosas tan sencillas.
Tímido al inicio, lleva sus manos a las piernas de Kagome para tocarlas y la observa fijamente. Kagome no lo ve todavía, pero suspiró y pudo verla morderse el labio. Espera unos segundos… Ella todavía no dice nada pero no hace nada por apartarlo. ¿Está bien seguir investigando?
Sube sus manos, mientras cuatro dedos de cada mano tocan su cadera tiene sus pulgares mas hacia dentro, hacia los muslos. La piel de Kagome es realmente suave al tacto, es maravillosa y suave, cálida. Es cuando uno de sus pulgares va mas hacia arriba que siente un poco por encima de la ropa interior. En el momento en que roza, el cuerpo de Kagome salta y ella baja un poco la cadera, por fin mirándolo. Sí que está roja, ese sonrojo ya le bajó hasta el cuello. ¿Puede bajar más? Él también la mira, sentado con la chica sobre su cuerpo.
Kagome suelta su falda y lentamente pone sus brazos alrededor del cuello de Inuyasha una vez más para acercarse y besarlo. Inuyasha, quien no había apartado sus manos aun, cierra sus ojos y levanta más el rostro para seguir con el beso mientras su pulgar acaricia suavemente de adelante hacia atrás en esa misma zona de antes. Parece que a Kagome le gusta, siente como mueve su pelvis hacia su mano y su ansiedad y ganas en el beso. Ya era diferente a los dos primeros, este era mas enérgico. Él mismo se siente emocionado de nuevo, ¿qué estaba pasando? La respiración de Kagome se hacia más caliente y buscaba estar cerca de su cuerpo de nuevo con ese abrazo.
Esto seria imposible con las garras de Inuyasha, pero como humano esto no era un peligro. ¿Inuyasha querría…? Sabe que tiene una erección, pero ella se siente todavía tímida respecto a tocarlo. Sin embargo, ser tocada se siente muy bien. ¿Lo hace porque nota que le gustó? No ha dejado de rozarle por encima de la ropa, y parece que ya tiene un ritmo. Flexiona un poco las piernas pero cede a la sensación y termina sentada de nuevo sobre el regazo de Inuyasha mientras se besan. Quiere más… ¿Cómo pedirlo? No quiere pedirlo, solo quiere que siga así. ¿Inuyasha querrá? Ella también siente como la respiración de él se va haciendo más pesada y caliente.
¿A esto se refería con que se sentía de la misma manera? Ya pudo sentir la humedad de la chica. Claro que su excitación no seria igual que la de él, que es un hombre. Pero no sabia que era de esta forma… Cuando Kagome vuelve a sentarse en su regazo, la sujeta bien de la cadera y la acerca más a su cuerpo en un abrazo más apretado que los pasados. Esta vez, con las piernas de Kagome alrededor de su cintura. Gruñe un poco sobre los labios de la chica. Esta sensación le gusta, es agradable. Esa falda que tantos días en el pasado lo habían fastidiado ahora le gustaba. No era un estorbo en absoluto… La siente cerca, separados tan solo por la delgada tela de su ropa interior y la tela de su haori.
Sin detener el beso Inuyasha extiende un brazo para deslizar la manga roja del haori fuera y luego repite del otro lado. Abre solamente un ojo para ver lo que hace, extendiendo la parte superior de la prenda por el suelo. Una vez hecho, sujeta bien a Kagome con una mano en su espalda y otra en su cadera y se levanta con cuidado. Kagome se sorprende y deja de besarlo para agarrarse bien a su cuerpo incluso abrazándolo con las piernas. Eso es tierno…
Ha sentido excitación antes, pero jamás de esta forma. Nunca tuvo una compañera que se sintiera igual junto a él de esta manera.
Cuando deja el delgado cuerpo de Kagome sobre la prenda, ella busca su mirada para sentir algo de seguridad. Con la falda levantada y la blusa un poco arriba de su vientre se siente muy expuesta y tímida de pronto. La mirada de Inuyasha es bastante oscura pero cálida, justo lo que necesita. Al ver su intención de volver a besarla Kagome se apresura a poner un dedo sobre los labios de Inuyasha. Si en serio iban a… Hay algo que quiere probar primero.
Confundido, Inuyasha se detiene y la mira ahora con más curiosidad.
— ¿Quieres parar?
— No es eso, quiero hacer algo antes…
Inuyasha no contestó, pero si guardó silencio para escucharla. La chica traga saliva y aprieta la tela del haori bajo ella.
— Quiero… que lo hagas con tus dedos primero…
— …
Inuyasha ladea la cabeza, y tras unos segundos de silencio nota que Inuyasha realmente no tiene idea de a qué se refiere. Lo sabe por su mueca pensativa y confundida. Cielos, iba a ser aun más vergonzoso explicarlo así que frunce las cejas y se anima a sí misma un momento antes de tomar la mano de Inuyasha y guiarla directamente a su entrepierna. Sus mejillas se encendieron de nuevo.
— Es que lo que hiciste hace un momento se sentía muy bien, Inuyasha.
— ¿Sí? —Pregunta, un poco animado.
Kagome aprieta sus labios y asiente dos veces, volviéndose a recostar lentamente. Ahora que Inuyasha sabe lo que quiere, baja la mirada más allá del rostro de Kagome y mira por unos momentos su pecho cubierto. Pero… baja más, baja hasta donde Kagome le puso la mano. Siente la tela suave de las bragas, ¿puede bajarlas? Mete dos dedos bajo la ropa interior y la estira un poco por el costado. Kagome no se queja así que con más confianza comienza a bajar la prenda.
En el pasado, se presumía que Inuyasha había visto desnuda a Kagome en al menos tres ocasiones. La verdad era que sí, al menos una de esas tres veces sí fue cierto. Pero en aquel momento estaba tan desesperado por encontrarla que no prestó atención a su cuerpo cuando la encontró. Ahora era distinto, realmente puede verla desnuda de cerca. No lo nota pero para Kagome, esto era sumamente vergonzoso. ¿Algo no le gustaba? Su autoestima siempre se mantuvo en una línea neutral y normal, una chica de 15 años enamorada. Pero nunca se había enfrentado a una situación así, nunca se comparó con el cuerpo de otras chicas. Pero siente un gran alivio cuando nota que el sonrojo de Inuyasha se hace mas grande y que pasa saliva con dificultad. Eso era una buena señal, ¿no? Se sobresalta cuando él le agarra un tobillo para separarle las piernas y solo puede cubrirse la cara con las dos manos y dejarse, respirando agitadamente.
Así que esta era la parte más privada de Kagome. Era distinta a la suya, y eso lo sabia pero no sabia que tanto. ¿Cómo lo hizo hace rato? Oh, sí, con el pulgar. Con su mano derecha le sujeta el muslo interno y estira un poco el pulgar para alcanzar a tocarla de nuevo. Sin la ropa interior encima incluso hacerlo así al desnudo se siente desnudo, ¿puede acariciar? Escuchó un sonido ahogado cuando lo hizo y de inmediato volteó a ver a Kagome. Tiene las manos sobre la cara pero alcanza a ver que sus labios están entreabiertos. ¿Está bien? Vuelve a hacer ese movimiento de forma suave y ahora la ve morderse el labio. Parece que todo está bien…
Baja la mirada de nuevo y lo hace un par de veces más en parte de arriba mientras su cuerpo baja un poco para ver más de cerca. Se siente curioso. Presiona uno de sus labios internos con su pulgar y empuja un poco hacia un lateral para exponerla del todo.
— …
Rosa. Pero ahora nota con más facilidad algo. La luz de la fogata comienza a menguar un poco pero era suficiente. Había algo transparente más abajo, una especie de líquido. Lo toca por encima con su pulgar y se da cuenta de que es algo pegajoso también. Curioso, se lleva el pulgar a la boca para probarlo. Tal vez una costumbre suya.
Pero no sabe a nada. Lo que le hace preguntarse si Kagome sabrá a algo, ya que huele tan bien. Impulsado por su creciente curiosidad y el calor del momento, lame sus dedos y la toca esta vez con los dedos índice y pulgar.
Cuando Kagome lo siente ir directo por su clítoris con esos dedos húmedos se da cuenta de lo realmente bien que se siente y no puede evitar gemir en voz alta. Oh cielos… Realmente estaban haciendo algo prohibido. Cierra sus ojos y trata de concentrarse en la sensación, pero aun no quiere mirar. Es muy vergonzoso. Pero de hecho, Inuyasha quiere que la mire. Acomoda su cuerpo sobre el de la chica de nuevo con cuidado, con sus dedos todavía acariciándola suavemente. Usa su mano libre para apoyarse y acerca su rostro al de Kagome. Deja un beso sobre una mano, luego sobre la otra. Como si le pidiera que las quitara para ella. Cuando Kagome lo hace, Inuyasha no tarda en besarla de nuevo pero es un beso corto. Casi al instante de que sus labios se tocan él baja ahora hacia su cuello para oler un poco y luego besar.
Las pequeñas manos de Kagome se aferran a sus hombros mientras Inuyasha baja lentamente por su cuerpo por medio de besos. Le levanta la blusa para ver finalmente los lindos pechos cubiertos por una tela de un suave color pastel. Sujeta con sus dientes la parte del medio y estira la prenda hacia arriba para quitársela del camino, y ya con los pechos libres pone su cabeza en medio por un rato. ¡Son increíblemente suaves! Con la cara ardiendo, se toma un tiempo solo para reposar ahí mientras sus dedos comienzan a tocarla con un poco más de fuerza.
— ¡Mfh! ¡Oh!
Ooh, escucharla… era nuevo, eran unos gritos nuevos. Mareado, Inuyasha levanta un poco el rostro para verla. Se muerde el labio con fuerza y tiene sus ojos cerrados de nuevo, y aunque se muerda el labio su boca no deja de abrirse para soltar esos sonidos tan atractivos. ¿Se siente tan bien? Los desliza un poco más hacia abajo para recoger con las yemas un poco de ese pegajoso fluido y vuelve arriba para seguir acariciando ese pequeño bulto que siente. Parece que eso le gusta, y parece que entre mas húmedo mejor lo siente. Comienza a repartir besos por el pecho, motivado por los gemidos de Kagome y la forma en que se aferraba a su cuerpo con sus manos y sus piernas. Realmente parece gustarle.
Era una sensación nueva, antes ella misma había hecho cosas así con su cuerpo pero esta vez era diferente, tener un compañero era distinto. Se siente realmente bien. Parece que incluso perdió un poco de vergüenza, pues ahora es ella misma la que mantiene sus piernas separadas y la que empuja la cabeza de Inuyasha hacia su cuerpo con las manos.
— Inuyasha…
— Fuh.
Sonó como una risa, pero no pudo si quiera protestar antes de que otro gemido escapara cuando pasó su lengua por encima de uno de sus pezones. ¿Su pecho siempre fue así de sensible? Era hermoso, de un tamaño perfecto para sus manos.
Su cuerpo arqueándose y sus gemidos eran bastante motivación para Inuyasha, parece que realmente lo estaba haciendo bien. Pero ahora ya no puede parar. Empuja sus dedos y estos se deslizan un poco hacia abajo, es entonces que siente que realmente empujó algo. O más bien, contra algo. ¿Qué parte es esta? Empuja un dedo con cuidado y se separa un poco del cuerpo de Kagome para ver su reacción.
Ella se cubre la boca con una mano y frunce un poco las cejas, pero no parece disgustada en absoluto. ¿Acaso… entró? Ahora mira hacia abajo, hacia donde está su mano. Mueve un poco su muñeca para ver en dónde estaba su dedo. Estaba un poco mas debajo de ese bulto rosado, sin duda era aquí donde él tiene que…
Saca su dedo lentamente, notando lo sorprendentemente fácil que era hacerlo. ¿Es por ese fluido pegajoso? Era de mucha ayuda. La escena es tan erótica… Empuja lentamente de nuevo y otra vez el cuerpo de Kagome se arquea, esta vez su respiración suena más entrecortada.
— ¿Te lastima?
— No-oh… Sigue, sigue…
Era tan único escucharla hacer esa voz tan suave y melodiosa, casi como un hechizo. ¿Así que Kagome tenía también ese tipo de voz? La ha escuchado reír, enojarse, gritarle, llorar, sonreír y preocuparse. Pero jamás escuchó un tono como este. Desliza su dedo fuera, Kagome respiraba agitadamente mientras lo miraba con una mezcla de vergüenza y exquisito deseo.
— Inuyasha…~
Maravillado y realmente duro, se dejó guiar por su deseo y baja su torso mientras retrocede un poco con su cuerpo para quedar realmente cerca de ella. Cuando Kagome se dio cuenta de sus intenciones y estuvo por detenerlo ya era tarde, Inuyasha sujetó ambas piernas de Kagome para levantarlas y flexionarlas un poco, hundiendo sus labios sobre la húmeda y chorreante vagina.
Un gemido alto y largo fue su recompensa, además de un par de manos pequeñas aferrándose a su cabello. No lo empujaba, más bien estiraba y apretaba su cabello mientras ella gemía y levantaba su cadera contra la boca ansiosa de Inuyasha. Finalmente, cuando se rindió a la sensación del oral, usó sus manos para empujarlo hacia su cuerpo mientras trataba de mantenerse tan cerca como le era posible.
¿Qué pasaba, por qué se siente tan bien? No podía ni siquiera pensar, solo quiere sentir más. Se lleva ambas manos a la boca para intentar callarse y solamente se lo deja todo a Inuyasha.
Él era bastante insistente, presionando y acariciando con la lengua el mismo punto que antes la hizo gritar y al mismo tiempo empujando de nuevo su dedo hasta su interior. Coordinar no era sencillo, pero le costó algo de práctica para poder hacerlo decentemente. Sorprendentemente, Kagome estaba tan húmeda que probar con dos dedos se hizo bastante sencillo. Entró sin problema y ella no se quejó en absoluto sino que lo recibió con otro gemido.
— Espera- Inuya… mfh…
Los dedos de sus pies se contraen un poco y le aprieta la cabeza con los muslos cuando un espasmo muy fuerte ataca desde su medula hasta la punta de los pies. Su espalda se arquea de nuevo y lloriquea el nombre de su ahora amante mientras su cuerpo tiembla con fuerza.
De repente el sabor de Kagome cambió un poco, algo ácido pero para nada insoportable. Inuyasha lo recogió todo con su lengua y luego se aparta con cuidado. Sujeta a la chica por la cadera y sin darle tiempo a tomar el aliento, la empuja hacia abajo para que su entrepierna desnuda y sensible lo roce a él por sobre su pantalón. Está gruñendo bajo, un hábito de su forma habitual.
— Kagome…
— Ah, ah…
Kagome tiene la vista borrosa, e Inuyasha tiene la vista fija en el par de pechos que se mueven con la respiración agitada de la muchacha. Caen dos, tres gotas de sudor desde su propia frente hasta el pecho de Kagome, deslizándose lentamente por la piel igual de húmeda. Eso fue… eso fue tan caliente… Su erección palpita fuerte, siente una incomodidad en el bajo vientre. Algo del presemen ya había provocado una mancha de humedad en sus pantalones, era vergonzoso. Buscando liberar algo de presión, lleva sus manos sorprendentemente temblorosas al nudo de su pantalón y lo suelta hasta que este solo cae hasta sus rodillas.
Kagome observa desde abajo, todavía intentando recuperar su aliento. Cuando el pantalón cae su mirada también, observándolo muy fijamente. Vaya… Una erección, una real. Y la tiene frente a ella. Sintiéndose muy acalorado, también se quita la prenda blanca de su pecho. La chica traga saliva. Está viendo todo de Inuyasha… Pero él la vió a ella, así que estaban iguales ahora. Puede ver el fluido transparente desde el glande hasta el tronco, incluso un par de gotas caen desde ahí hacia su vientre. Se siente cálido. Intenta extender una mano hacia esa zona pero Inuyasha la detiene en el aire. Al verlo a los ojos, él niega y cuidadosamente acomoda su mano al lado de la cabeza de Kagome y la mantiene atrapada con la suya.
— Kagome, si me tocas ahora voy a…
— ¿Terminar?
— Sí. —Admite, muy avergonzado pero con una mirada seria.
— Inuyasha, yo quiero…
Él niega, todavía más rojo.
— No hay nadie más con quien quiera hacer algo como esto. —Susurra la chica, tomando a Inuyasha desprevenido.
Él la mira con la sorpresa en sus ojos, y con un muy cálido sentimiento en su pecho. Sin duda no se lo pone sencillo, sabe… sabe que va a ser el primero de Kagome, y ella también será su primera vez. Tal vez, si lo piensa bien -cosa que es complicada en esta situación- esto sea lo mejor, ahora que es un humano…
— ¿Está bien?
Kagome le aprieta la mano que la tiene prisionera en un gesto gentil y asiente con la cabeza. Inuyasha resopla y pone un gesto de concentración por un momento, luego asiente de vuelta. Está hecho. Aceptará el privilegio de ser su primer hombre y también… Se encargará de ser el único. Lo ha decidido, su mente estaba clara y él muy decidido. Le devuelve el apretón de mano e inclina su cuerpo hacia ella nuevamente para besarla en los labios. Dejándose llevar, Kagome separa un poco sus labios y asoma la punta de su lengua. Inuyasha se sorprende por la sensación pero corresponde de la misma forma mientras acomoda su cuerpo y se restriega un poco contra el vientre de Kagome. Ella mantiene sus piernas separadas, su vientre ahora se siente pegajoso por todo ese presemen pero sabe que Inuyasha lo necesita para resistir un poco más lo que seguía.
Cuando se siente listo, levanta un poco su vientre y se aparta del beso para ver hacia abajo, sujetar su erección con una mano y guiarla hacia la entrepierna de la chica. Con cuidado, roza los suaves pliegues de carne con la suya propia y ubica ese lugar húmedo. Aquí es. Levanta el rostro de nuevo y la mira a los ojos mientras se acomoda y le sujeta la cintura. Está bien… No sabe si va a dolerle, él es más grande que solamente dos dedos. Pero se encargará de que duela lo menos posible.
Kagome abraza nuevamente su cadera con sus piernas y se aferra a las telas rojas del haori cuando lo siente empujar. No lo hizo de golpe sino que lo hizo lento, pero aún así dolió un poco. No era tan terrible pero sí era incómodo… un poco. Cierra uno de sus ojos y se queja en voz baja pero ni por eso Inuyasha se detuvo, sería peor si lo hiciera. Siguió tan lejos como pudo hasta que cada pulgada suya entró. Entonces suspira y se toma un momento para disfrutar de la sensación. Es tan caliente y estrecha… Gruñe de nuevo en voz baja y voltea a verla. Kagome está temblando pero no parece en dolor. Aún así se mantiene quieta, así que hará lo propio y esperará alguna señal.
Por suerte para él, esa señal no tardó mucho. Cuando Kagome se siente preparada para seguir levanta su rostro y le pide con la mirada un beso. Cuando él se inclina a dárselo, la chica lo sorprende moviendo su cadera contra su pelvis para sacarlo un poco y entonces volver a subir para entrar lo poco que salió. Eso se sintió tan bien para Inuyasha que un gemido escapa de sus labios hacia los de Kagome, aunque para ella aun falta un poco para que se sienta bien.
Puede encargarse solamente con su cadera, así que decide jugar un poco con los pechos de Kagome mientras se mueve lentamente para salir un poco y entonces empujar nuevamente para entrar. Sí, está estrecho. Pero también bastante húmedo. Al parecer el juego previo fue suficiente. La respiración de Inuyasha se hace un poco más pesada mientras embiste suavemente el cuerpo de Kagome, se siente tan bien… Ojalá ella comience a sentirlo pronto. Le abraza la cintura con ambos brazos y muerde suavemente uno de sus pezones mientras la embiste. Tuvo luz verde cuando la chica se retorció un poco y gimió abrazándole la cabeza.
Sus dientes apenas y la rozan, usa más su lengua y succiona suavemente mientras su cadera sigue el mismo ritmo lento pero firme. Es extraño, siente en carne propia cada contracción de Kagome. Y cada una se siente genial para él… ¿Ella lo sentirá igual? Voltea a verla, con su adorable pezón rosado entre sus labios. Quiere verla disfrutar otra vez, porque para él esto es genial. Es tan bueno que podría correrse en cualquier momento y estaría listo para repetir en un santiamén.
El rostro que encuentra no es malo, pero antes parecía disfrutarlo más. Antes… cuando jugaba con su punto, ¿cierto? Baja una mano hacia su unión y busca el mismo punto, acariciando suavemente con su dedo pulgar mientras sus labios atienden el otro pezón con dulzura.
Las pequeñas manos de Kagome se deslizan de la cabeza hasta la espalda de Inuyasha, aferrándose con algo más de fuerza. Lo pudo sentir, eso le gustó asi que intentará mantenerlo. Dejándose llevar un poco, una de las embestidas es un poco más fuerte que las pasadas pero por suerte para él, la reacción a eso fue bastante buena.
Kagome cerró sus ojos y gimió en voz baja su nombre, arqueando su hermosa espalda para él, ofreciéndole sus pechos y su cuerpo para el disfrute de ambos. Mareado, succiona del pezón mientras intenta repetir ese movimiento fuerte. Todo el cuerpo de Kagome saltó entre sus brazos, fue hermoso.
— Ah… ah…
Son algo suaves y bajos, pero eran gemidos genuinos. Comenzaba a gustarle de nuevo. Se acostumbró a su tamaño y lo aceptaba con espasmos deliciosos y su calidez. Derrotado por las sensaciones, Inuyasha cierra sus ojos y esconde su rostro en el cuello de Kagome. Sus manos, una a una, van a la cadera de la chica para sujetarla bien mientras su cadera embiste con más fuerza. Gruñe cuando las uñas se entierran en su espalda pero no se detiene, no lo hará mientras no escuche que debe hacerlo.
— ¡Inuyasha!
— Ah, maldición… —Susurra, era demasiado caliente. Gira la cabeza y le besa el cuello, incapaz de resistirse a seguir mimando el cuerpo de Kagome.
La sujeta fuerte, la acaricia, la besa, la lame, la embiste… Para ella, era como un sueño que jamás pensó que se cumpliría. Kagome lo abraza con más fuerza y cierra sus ojos, gimoteando con voz llorosa mil y un veces el nombre de su amante. Había extraños cosquilleos por todo su cuerpo, un agradable calor en su vientre bajo. Se siente tan llena, tan completa. Se muerde el labio, cada vez que Inuyasha volvía a embestirla su suave vello la acariciaba y se sentía increíble.
— Ooh, Inuyasha…~
Sonaba más melodiosa, más ansiosa. Suena increíble. Sus labios atrapan el lóbulo de la oreja de la chica y lo aprieta suavemente solamente con sus labios. Sus manos bajan un poco y van hacia atrás, sujetando a manos llenas el trasero de Kagome para levantarle un poco la cadera y acomodarse de una forma más cómoda. La acomoda sobre sus muslos, ya de cuchillas entre sus piernas.
Las contracciones de Kagome lo estaban llevando nuevamente al límite, fue un error pensar que si se apartaba iba a lograr prolongarse un poco más. En realidad, en cuanto se separó y pudo ver a Kagome desde arriba fue un pinchazo directo a su erección y su mandíbula dislocada. Kagome se veía preciosa, sonrojada hasta el cuello y con los ojos húmedos y brillantes de deseo puro. Su hermoso pecho rojo por sus besos y la forma en que sus labios se separaban para soltar cada uno de los sonidos que llevaban la pequeña cueva.
Kagome también tuvo una vista preciosa en cuanto Inuyasha se incorporó. Sus ojos oscurecidos, el fuerte deseo hacia ella, su abdomen tenso y doblado y su amplio pecho tan cerca de ella, tan caliente. Le agarra la cabeza con ambas manos y lo acerca a su boca para que un beso apague su último gran gemido cuando un espasmo fuerte la hizo temblar de pies a cabezas y derramar todo ese deseo contra Inuyasha. Justo en ese momento, con esa última contracción, Inuyasha se sintió absorbido y no pudo evitar terminar también dentro de la chica. Resistió la mordida que Kagome le dio, seguramente por el placer, y mantuvo su cuerpo erguido unos momentos antes de lentamente salir y sentarse sobre su trasero, tratando de calmar su respiración.
En cuanto sale, Kagome junta sus piernas lentamente y lleva una mano a esa zona entre sus muslos. ¿Lo hizo dentro? Es una sensación tan extraña, le da cosquillas… Todo le cosquillea. Se siente tan sensible que una brisa la estremeció de pies a cabeza. Buscando calor, se acerca a Inuyasha en un abrazo más flojo que los pasados. Descansaba en su pecho mientras él la abrazaba por la cintura otra vez, dejándola descansar.
A él también le costaba un poco recuperar el aliento. Pasa saliva y cierra sus ojos, recargando su mejilla contra la cabeza de Kagome.
Así pasó un rato en completo silencio hasta que uno de los dos tuvo el valor de hablar.
— Eso fue…
— ¿Estuvo bien?
— Estuvo perfecto. —Susurra Kagome y levanta el rostro. Inuyasha lucia cansado y aliviado de escuchar su respuesta. Kagome levanta una mano y le acaricia el rostro, apartando el flequillo pegado de su frente. — No sabía que podías ser tan cuidadoso, Inuyasha.
—Féh… Eso fue porque eres una humana. Alguien tan poderoso como yo debe saber tratar a tu especie. —Hablador, como siempre. Sin dejar de abrazar a la chica, estira una mano hasta alcanzar la parte de arriba de su haori. Con ella, cubre un poco la desnudez de Kagome.
— Gracias…
— Mh. —No contesta, solo la carga hasta acomodarla en su regazo y la vuelve a abrazar.
Cómoda, Kagome cierra sus ojos por un momento y recarga su cabeza en el pecho de Inuyasha. Se preocuparía después por lo que deba preocuparse, ahora mismo este era su momento y no quería arruinarlo. Dormir, sí. Dormir seria perfecto luego de lo que acaban de hacer. Dormir juntos, semidesnudos y por la mañana Inuyasha buscaría la comida de ambos, ella podría ducharse y si Inuyasha se unía entonces…
— Kagome, ¿ya descansaste? Hagámoslo de nuevo.
Kagome abre sus ojos y levanta el rostro, sonrojada. Desvelarse haciéndolo era también romántico, ¿no?
