Mitad y mitad
(2/3)
Todo era un sueño, un sueño maravilloso y hermoso. Kagome no pensó que viviría el día en que despertara entre los brazos de Inuyasha. Pero ocurrió. Cuando abre sus ojos se encuentra con el mentón y labios entreabiertos de Inuyasha, quien descansaba a su lado. El chico tiene su cuerpo de lado, apoyaba su cabeza en su puño derecho y mantenía sujeta la cintura de Kagome con su mano izquierda. Lucía tan tranquilo, respirando lentamente por la boca y con el ceño relajado y pacífico.
El largo cabello que anoche era azabache, hoy vuelve a ser plateado. Los colmillos y las garras habían vuelto y seguramente sus ojos dorados también. Así, él era algo salvaje pero es imposible negar que es bastante apuesto de todas formas.
Kagome abre un poco sus labios por la sorpresa, luego sonríe y se encoge un poco para disfrutar por un momento más de la situación. Esto duró poco, con esa forma es muy difícil engañar a Inuyasha. El híbrido abre sus ojos en cuanto escucha los latidos del corazón de Kagome más ruidosos que antes. Luego la mira y baja las orejas un poco, levantando sus cejas con curiosidad cuando la ve acurrucarse con él.
— Kagome, ¿qué estás haciendo?
— ¡Inuyasha!
La chica inmediatamente se hace para atrás y se sienta, acaparando todo el haori para cubrirse la desnudez con el. Inuyasha se sienta de inmediato al verse desnudado y no se molesta en cubrir su bostezo mientras se estira. Sus huesos tronaron, vaya… Se siente tan lleno de energía. Cuando abre sus ojos de nuevo nota la graciosa mueca de Kagome, tan sorprendida.
— Oye, necesito eso.
— Ah, sí, pero… —Kagome se aferra más a la tela y repasa rápidamente la cueva con la mirada hasta encontrar su ropa. Se pone de pie, notando lo temblorosa que estaba, y camina hasta recoger cada prenda suya del suelo. — ¡No mires!
— Como quieras. —Murmura Inuyasha, quien la había estado siguiendo con la mirada con atención. Cierra los ojos y frunce el ceño
¿Por qué siente tanta vergüenza?
Es tonto, anoche me vio desnuda y aun así me da mucha pena, ah…
Sería cuestión de acostumbrarse y de la confianza, seguramente. Cuando termina de vestirse, le lanza la parte de arriba del haori y toma asiento al lado de su mochila para sacar su cepillo y darse un aspecto menos desaliñado. Tiene sus mejillas encendidas aún, por lo visto Kagome era menos agresiva cuando estaba avergonzada.
Inuyasha atrapa la tela en el aire y abre sus ojos. Sonríe mientras se pone de pie, notando inmediatamente que Kagome gira la cabeza para ver con demasiada atención la pared rocosa. ¿Lo está evitando? Eso también es lindo.
— No vayas a mirar, tonta. —se burla Inuyasha.
— ¡No lo haré, tonto!
— Féh.
Kagome cierra sus ojos con fuerza, escucha perfectamente el sonido de toda esa tela mientras Inuyasha se viste. Cuando deja de escucharlo, abre sus ojos pero no se anima a voltear. A tientas, deja de nuevo el cepillo en su mochila y se mantiene sentada por un rato solo acariciando su cabello. ¿Qué debe hacer, y qué debe decir? Las cosas iban a cambiar, ¿no es así? Luego de anoche para ella era imposible hacer como que nada había pasado, después de todo perdió su virginidad… Y, ¿no se supone que dolía? En esos blogs leyó ese tipo de cosas, y sobre la sangre. Pero ella no sangró para nada. Aunque los muslos, el trasero y la cadera sí que le duelen.
El sonido del estómago de Kagome la hace abrazarse y mirar nerviosamente a Inuyasha, quien la miraba con los brazos cruzados y una sonrisa grande en los labios.
— Enciende el fuego, cazaré algo.
— Sí…
Tanto pronto como lo dijo, Inuyasha camina a la entrada de la cueva y mira hacia el exterior, saltando después hacia el árbol más cercano. Kagome esperó mientras se calentaba un poco cerca del fuego, todavía avergonzada.
Los días pasaban y ellos no habían vuelto a repetirlo desde entonces. Sí estaban juntos, pero no podían llegar lejos con sus amigos cerca. Aún si tal vez ya era algo obvio, Kagome era bastante vergonzosa al respecto y le gustaba su intimidad e Inuyasha entendía, además sabe que se llevaría muchos "abajo" si insistía. ¿Entonces cuánto pasó desde ese día? Casi exactamente un mes. En transcurso, Kagome tuvo nuevamente su menstruación para su gran alivio. Estaba enojada consigo misma por haber sido tan descuidada y estaba dispuesta a solucionarlo. Para eso era indispensable ir a la época actual.
— Inuyasha, quiero volver a mi época por unos días…
Cuando lo dijo en voz alta en una cena junto a todos, tanto Miroku como Sango compartieron una mirada antes de ver a Inuyasha. Todos saben cómo es Inuyasha con estas cosas. Iban a pelear, Kagome le pediría a Sango que le prestara a Kirara por un momento para ir al pozo y volvería en tres o cuatro días y todo estaría normal. Pero no, Inuyasha apenas y dejó de masticar las papas fritas para verla por un momento y encogerse de hombros.
— Haz lo que quieras. —Dijo, metiendo su mano en la bolsa de papas para sacar otro puñado y comer.
— ¡Ay Inuyasha! ¿Estás bien? ¿Te sientes enfermo? —Shippo salta hasta la cabeza de Inuyasha y le habla cerca de las orejas, enfadándolo.
— ¡Shippo, quítate de encima!
— ¡Es que tu siempre te enojas y le gritas a Kagome que no puede volver hasta que derrotemos a Naraku! Ay Inuyasha, ¿en serio no estás enfermo?
— ¿¡Qué tiene de malo!?
Mientras la discusión continuaba, Kagome suspira con alivio y se levanta para recoger su pobre mochila. Sango y Miroku se acercan a ella con una sonrisa en los labios, dispuestos a despedirse. Las chicas compartieron un abrazo, y con Miroku solamente fue una sonrisa linda y un asentimiento de cabeza.
— ¿Qué necesitan, chicos? —Pregunta Kagome, echándose finalmente la mochila al hombro.
Kirara se escabulle por entre los pies de Sango y mira hacia arriba. Kagome la sujeta en sus manos y la levanta para acariciarla un poco.
— Señorita Kagome, ¿sería tan amable de volver a traer tofu?
— Excelencia, realmente le gustó el tofu con almendras de mi mamá, ¿verdad? Me encargaré de traer más.
— Y Kagome… —Sango se acerca para susurrarle algo en el oído a Kagome. La chica asiente a la petición y Sango se aparta con una sonrisa en los labios. — Muchas gracias.
Solo eran cosas de chica, supuso Miroku. Esta vez fue el turno de Shippo, quien saltó desde la cabeza de Inuyasha hasta el suelo para tocar su pierna y mirarla desde abajo, sonriente.
— ¡Dulces!
— Por supuesto, Shippo. Te traeré los dulces más populares otra vez. —Kagome le sonríe y se inclina un poco para acariciar los cabellos castaños con cariño, cuidando de sujetar bien su falda con su mano libre. La chica levanta el rostro para ver al peliblanco. — Inuyasha. —Llama Kagome con una voz más suave, mirándolo a los ojos con calma. — ¿No quieres nada?
— Solo trae lo que siempre traes y regresa pronto. —Murmura entre dientes, cruzándose de brazos.
Kagome se ríe en voz baja y asiente un par de veces.
— ¡Síp!
En cuanto mira hacia arriba y ve el techo de madera del pequeño santuario sabe que está en su época, además del aura tan distinta que la rodea. Primero arroja su flaca mochila y hasta que la escucha caer, empieza ella a trepar para salir con cuidado. De un último empujón alcanza el borde del pozo y empuja su cuerpo con ayuda de sus brazos y manos bien agarradas al borde. Finalmente sale, y toma su mochila del suelo.
Abre la puerta con gran entusiasmo y da los primeros pasos de regreso, las luces de la casa están encendidas. Al menos las de abajo. La noche estaba muy fresca hoy. Seguramente la espera una rica cena hoy, ¿Qué habrá hecho su mamá? Seguramente cerdo otra vez, lo espera tan ansiosa. Mientras más piensa en eso más se emociona, traga la saliva acumulada del antojo y desliza la puerta hacia un lado para entrar y deja la mochila en el suelo para quitarse los zapatos con prisa.
— ¡Estoy en casa!
Pero no hubo respuesta. Curiosa, deja descuidadamente sus zapatos atrás y camina por el pasillo principal. Se asoma a ver el comedor. Vacío. Mh… entra a la cocina y como lo pensó, su madre dejó una nota doblada y pegada en el refrigerador. Quita el imán para tomar la nota y la desdobla para leer.
¡Sota ganó un viaje en la lotería! Hay comida en el refrigerador y te preparé una despensa, revisa tu habitación. Regresamos antes de año nuevo.
- Mamá.
¿Antes de año nuevo? Pero ya era antes de año nuevo, ¿regresarán pronto?
Kagome hace un sonido de queja y deja la nota sobre la mesa. ¿En serio? Qué mala suerte, justamente cuando regresa. ¿Entonces con quién podrá hablar sobre lo que ha pasado? Nerviosa, se muerde el labio y camina en círculos un rato hasta que el hambre la impulsa a abrir el refrigerador y sacar uno de los platos con comida que mencionó su mamá en la carta.
— No hay más remedio, tendré que hablar con mis amigas…
Ah, esto iba a ser vergonzoso. Pero tal vez menos vergonzoso que hablarlo con su mamá, ¿no? Aunque para ser sincera, ella nunca sintió vergüenza con su mamá. Mira con ojos vacíos cómo su comida da vueltas dentro del microondas, y cuando el agudo pitido la saca de sus pensamientos. El aroma tan agradable hizo que la sonrisa volviera a su cara de inmediato.
— ¡La comida de mamá es tan deliciosaaa! —Grita a la soledad, tomando sus palillos de un cajón y sentándose en su asiento habitual para cenar. De todas formas era agradable, ya mañana hablaría con sus amigas. ¿Qué no era mañana martes? Aprovecharía para ir a la escuela y…
¿Y si mi abuelo les dijo algo extraño? ¿Debería actuar enferma mañana? No, diré que me siento mejor. Seguro que se alegran de verme, las extraño.
Toma el tazón de la sopa de miso y lo lleva a sus labios para beber con calma, disfrutando el sabor del caldo y su calidez. Al final, lava los platos que usó y recoge la mesa un poco. ¿Dijo que dejó una despensa, no? Pero aun tenia que buscar las cosas que los chicos le pidieron. Regresa a la entrada a recoger su mochila y entonces sube las escaleras con prisa hacia su habitación. De camino hacia ahí aprovecha una oportunidad para entrar al baño y dejar que el agua caliente llenara la tina en lo que ella revisaba las compras.
Al abrir la puerta de su cuarto la oscuridad la recibe, Kagome enciende la luz y lo ve todo en perfecto orden exceptuando 5 bolsas blancas bajo su escritorio. Se acerca, hace hacia atrás la silla y se inclina un poco para arrastrarlas hasta los pies de su cama. Toma asiento y comienza a revisar las bolsas.
— Qué bien, vendas nuevas.
Era algo cansado lavarlas una y otra vez, a veces Inuyasha era muy descuidado cuando tenían batallas contra demonios. Va sacando de una en una las medicinas y las organiza. Todo lo demás era comida de emergencia y frituras, su mamá conoce muy bien a Inuyasha. Además de algunos productos femeninos.
— Con esto solo faltará el tofu del monje Miroku y los dulces para Shippo.
Puede pasar por eso luego de la escuela, ¿cierto? Invitaría o aceptaría la invitación de sus amigas para comer luego de clases para ponerse al día y luego tendrían una charla muy vergonzosa. Solo de pensar en eso sus mejillas se encienden. Kagome se tapa la cara con ambas manos y suspira largamente, apretando luego sus labios.
Fuerza, Kagome. No será tan malo, además era algo necesario. Tal vez alguna de ellas sepa más que la propia Kagome y pueda guiarla un poco. O… ayudarla a soportar la vergüenza de comprar condones y esas cosas.
Guarda las cosas en su mochila y dobla las bolsas para también guardarlas, siempre pueden ser útiles. Ya lista, decide asomarse a la puerta del baño para revisar cómo iba la bañera. Ya el agua estaba a un volumen perfecto. ¿No hace falta cerrar la puerta, cierto? No había nadie más en casa de todas formas…
Animada, se desnuda en el pasillo y deja su ropa en el cesto. El ambiente frio abraza su piel y la hace abrazarse un poco mientras camina de nuevo hacia el baño. Ahí, el vapor caliente por el agua la recibe con un ambiente más cómodo.
En cuanto Kagome se fue, Inuyasha estuvo inquieto por un buen rato. La conversación seguía con los demás cerca del fuego pero él… miraba hacia todos lados con impaciencia, y también miraba a Kirara muy fijamente de vez en cuando. ¿Estaría bien? Si se aleja un poco, ¿podrás hacerte cargo? Quería preguntarle eso pero su boca no se abría para expresarse, orgulloso como siempre.
Si algo llegaba a ocurrir en la batalla final y no lo conseguían… habría tenido una vida incompleta. Lo menos que puede hacer es tratar de atrapar toda la felicidad que tiene a su alrededor ahora. Y gran parte de esa felicidad eran sus amigos y Kagome. Si pierde una de esas razones, o si él mismo falla, todo habrá sido en vano. ¡Bien! Cierra un puño y se levanta. ¿Esto es lo que hay que hacer, cierto? Lo correcto. Los chicos lo entenderán. En cuanto se puso de pie Kirara, que había estado recostada en el regazo de Sango, se pone sobre sus cuatro patas en un estado de alerta.
— ¡Cuídalos bien, Kirara!
Las pequeñas orejas de la ahora gatita dan un tirón.
— ¡Inuyasha! ¿¡A dónde vas!?
No hubo respuesta. Inuyasha ni bien dijo aquello se alejó saltando de árbol en árbol.
— ¡Algo pasa! ¡Kirara! —Sango llama a su amiga, dispuesta por supuesto a seguirlo. Pero cuando Sango la levanta con sus manos y la mira Kirara se retuerce para que la suelte y hace un sonido, negándose a transformarse. — ¿Kirara?
Miroku alza un poco el rostro, con las cejas un poco fruncidas.
— Creo que llegó la hora, señorita Sango.
— ¿La hora? Pero Miroku, ¿a qué te refieres? ¿La hora de qué? —Pregunta Shippo, saltando hasta la cabeza del monje.
— Creo que Inuyasha ya hizo una decisión importante. —Responde Miroku, tomando a Shippo por la colita para ponérselo frente a la cara. — Inuyasha ha tomado una decisión.
— Excelencia, ¿se refiere a…?
Miroku asiente, y con calma da un sorbo a una botella de agua.
Sango sonríe levemente y mira hacia la dirección en que Inuyasha se fue, bastante más tranquila. Kagome…
— No lo entiendo, Kirara. ¿Tú lo entiendes?
Inuyasha va con prisa entre los árboles, buscando primero por los alrededores. Cuando no queda de otra, se aleja un poco más. Sería cuestión de tiempo hasta que…
— ¡Por ahí!
La ve a lo lejos. Una de las serpientes devora-almas de Kikyo. Salía de una cabaña y flotaba con lentitud por los techos del pequeño pueblo con un alma entre sus patas. Inuyasha la sigue desde abajo, ni siquiera se da cuenta de la barrera que cruzó. Pero Kikyo sí y ya lo estaba esperando.
La misma que alguna vez fue una sacerdotisa excepcional y hoy era una sombra triste sobre lo que alguna vez fue, aunque aún orgullosa y poderosa. Lo mira con sentimientos ocultos tras una mirada serena y fría. Estaba sentada en el césped, con la espalda recargada débilmente en el tronco firme de un árbol a su espalda. La serpiente se posa brevemente sobre ella para dejar que la triste alma recolectada encuentre un hogar temporal en ella, yéndose luego a continuar con su tarea.
Inuyasha aprieta los puños y la mandíbula, pero se acerca con confianza. Esto era lo correcto y si vuelve a equivocarse como antes causará un desastre.
— Inuyasha.
— Kikyo, he venido a decirte algo. Yo… ya no puedo morir contigo.
Kikyo abre sus ojos un poco más, frunciendo sus delgadas cejas. Inclina un poco el rostro y separa sus delgados labios para cuestionar:
— ¿Es así, Inuyasha? —Pregunta con voz suave, calmada. Pero por dentro una pequeña ira vuelve a consumirla. Trata de reprimirla pero como un alma que murió con una profunda rabia era un poco complicado. — ¿Qué cambió?
Inuyasha frunce las cejas. Malinterpretando la mueca de Kikyo, él piensa que está triste. Es difícil cuando no puede oler sus emociones. Pero él debe ser firme, por su propio futuro ahora.
¡Ah, su cama es tan cálida! Luego del baño, Kagome se puso su pijama y tras mover la mochila de sitio se escondió bajo sus cobijas Con la luz apagada, esperó un rato en silencio para dormir.
Y esperó…
Y siguió esperando. Da una vuelta en su lugar, luego otra y abre sus ojos para ver la hora en su despertador. Eran las 10:46 de la noche pero no puede dormir. ¿Nervios por el día de mañana? Tal vez. Pero también siente algo extraño en su pecho, algo que le pesa. Mira por un largo rato la hora y luego suspira, resignada, y se sienta. Se quita la cobija rosada de encima y se acerca a su ventana para abrirla un poco. Fue una pésima idea, el frio de afuera entró a su cuarto de inmediato haciéndola estremecer.
— ¡Que frio!
Cierra la ventana de inmediato y se abraza a sí misma, temblando débilmente.
— ¿Por qué no puedo dormir? Extrañé tanto mi cama, qué desperdicio. —Murmura, volviendo a su cama para sentarse. Se cubre las piernas con la cobija y permanece en silencio un rato más. Esa extraña sensación todavía no abandona su pecho, y es pesado. — ¿Pasó algo? Inuyasha…
El nombre del híbrido la reconforta un poco, y sí logra relajarse al pensar en él. Con una sonrisa pequeña, Kagome vuelve a acomodarse para volver a intentar dormir. Con la cobija hasta el cuello, entrelaza sus dedos sobre su vientre y lanza un suspiro de relajación. Su imaginación volaba alto mientras recordaba los tratos más atentos de Inuyasha en las últimas semanas, sus sonrojos cuando lo descubría observándola. Era tan lindo… Si dormía ahora, seguramente soñaría también con Inuyasha. Pero el ruidoso sonido de la ventana abriéndose hace que se siente de golpe y suelte un grito, exaltada.
— ¡Kagome!
Fue Inuyasha, quien primero asoma la cabeza por la ventana que él mismo abrió y al verla, sube una pierna al margen de la ventana.
— ¿¡Inuyasha!?
La chica se encoge y abraza con fuerza la cobija contra ella mientras mira con ojos grandes cómo Inuyasha entra de un salto dentro de la habitación y luego se sacude un poco, el frio de afuera lo había afectado.
— ¡Ciérrala!
Gritó tan fuerte que sus orejas se aplanan contra su cráneo, ¿por qué está tan enojada? Inuyasha bufa y se da la vuelta para cerrar la ventana nuevamente. ¿Y por qué está tan oscuro? Inuyasha se sienta de cuclillas en el suelo y la mira fijamente, apenas la luz de afuera es suficiente para verse las narices. Pero sabe que Kagome está enojada, como si no fuera obvio con esos gritos.
— ¿Qué haces aquí? —Kagome se lleva una mano al pecho, siente cada empujoncito de su corazón desbocado contra su piel. Suspira, tratando de calmarse de la sorpresa. Está muy joven para estos problemas. — ¿Pasó algo?
— Féh, ¿tiene que pasar algo para que quiera venir? Tonta. —Inuyasha frunce las cejas un poco, acercándose a la cama. Pone ambas manos en el borde y la observa desde abajo. Por suerte, con esta oscuridad una humana como ella no puede ver el rojo de sus mejillas.
— ¿Eh? Pues… no. Inuyasha, ¿acaso querías verme?
Las orejas de Inuyasha dan un tirón, y Kagome sonríe entrecerrando sus ojos.
— Querías verme. —Afirma ahora, logrando que Inuyasha gruña con voz molesta. Pero no lo está negando. ¡Eso es tan lindo! Sonríe de forma animada y abraza sus rodillas, palpando luego el sitio a su lado para invitarlo a subirse.
Inuyasha primero se pone de pie y se quita a Tessaiga para recargarla contra la pared, sentándose luego en la cama junto a Kagome. La chica no tarda en recargar su cabeza en el hombro de Inuyasha y cerrar sus ojos.
Estamos solos ahora…
La nariz de Inuyasha se arruga. De hecho, ya sabía que estaban solos desde que salió del pozo. Siendo consciente de eso apoya su mejilla contra la cabeza de Kagome. No iba a pasar lo de la última vez, ¿cierto? Con Sota abriendo la puerta de repente. Solo de acordarse gruñe bajo y cierra sus ojos, malhumorado como siempre.
Una pequeña mano encuentra la suya para apretarle sus dedos. Inuyasha abre un ojo y mira hacia abajo, hacia Kagome.
— ¿Sabes, Inuyasha?
— ¿Qué?
— Mañana iré a la escuela. Saldré con mis amigas y compraré cosas para nosotros.
Inuyasha ladea la cabeza.
— ¿Qué vas a comprar? —Pregunta con curiosidad.
Hubo un silencio. Curioso, esta vez Inuyasha baja un poco el rostro para buscar el de Kagome. Al verla tan avergonzada él enarca una ceja y arruga un poco la nariz.
— ¿Pues qué cosa es la que vas a comprar, niña? —Pregunta, ahora divertido y con una sonrisa más relajada. Alza ambas cejas, esa vergüenza es suficiente motivo para querer molestarla. — ¿Una de esas cursilerías de parejas? Féh, no quiero usar cosas ridículas, Kagome.
— No es eso, Inuyasha… —Murmura Kagome con los labios algo fruncidos en un puchero. De repente, se palmea las mejillas y cierra sus ojos. — ¡Condones!
— …
La mirada de Inuyasha no cambia mucho, pasó de relajada a curiosa. Incluso ladea su cabeza. ¿"Condones"? ¿Y eso qué era? Ante su gesto de concentración, Kagome suspira y se muerde el labio inferior. Por supuesto, seguramente Inuyasha no conocía de esos. ¿Cómo era que se protegían en la época feudal? Protegerse… duda mucho que eso haya existido en ese momento. Pero no es la mejor en historia antigua tampoco.
— No sabes lo que son, ¿verdad?
— ¿Comida?
— Para nada. —La inocencia y torpeza de la pregunta la hicieron reir en voz bajita, ayudándola a relajarse de tan penosa situación. Kagome toma ambas manos de Inuyasha y las acomoda sobre su regazo. Está jugando con sus dedos y evita mirarlo, lo cual hace que Inuyasha solamente sienta más y más curiosidad. — Es como… una prenda.
— ¿Ropa?
— Digámoslo así… —Murmura, mordiéndose la lengua. No es la definición adecuada. Volverá a intentarlo. Traga saliva y aprieta un poco los dedos de Inuyasha entre sus manos. Ahora que lo piensa que le tenga la paciencia de dejarla jugar con sus manos es algo tan íntimo y hermoso. Suspira, tomando valor una vez más. De todas maneras iba a tener que explicárselo tarde o temprano, ¿verdad? — Es una forma de protegernos cuando estemos juntos. Verás…
Aunque intentó con todas sus fuerzas no sonar muy seria, le costó encontrar las palabras para que Inuyasha lo entendiera. Incluso ahora siente que no le cree de todo. ¿Cómo es posible que algo así exista? Tener muchos hijos era algo común en su mundo, pero no tenia gran idea sobre esa gama de enfermedades entre los humanos. Si Kagome se siente mejor protegiéndose de esa forma está bien, aunque duda mucho tener algo así de peligroso en su cuerpo. Se cruza de brazos y frunce un poco las cejas, ahora otra idea nueva lo incomoda.
— ¿Se sentirá diferente?
Kagome curvea sus cejas.
— No lo sé. —Admite. Los chicos de su edad dicen en foros que sí, pero no lo sabe a menos que lo viva en carne propia. ¿Verdad? Sonrojada, Kagome infla sus mejillas. — Oye Inuyasha, ¿acaso es tan importante? Tengo 15 años.
— ¿Y eso que tiene de raro?
Por supuesto, aquello en la época de Inuyasha era normal. Kagome suspira y murmura un "no importa" mientras vuelve a acurrucarse al costado de Inuyasha. No lo entendería de todas formas, al menos apoya su idea de no tener un hijo todavía. Tal vez cuando derroten a Naraku y ella sea un poco más mayor si es que Inuyasha y ella… avanzaban.
¿Qué eran? La última vez evitó hacerse esa pregunta, pero ahora siente curiosidad. ¿Cómo la ve ahora Inuyasha? Además de como a una mujer, por supuesto. ¿Seguía siendo solo una compañera, una amiga cercana? No le creerá si dice de nuevo que solo la usa como radar de fragmentos, hace mucho que pasó esa etapa. Entonces, ¿qué son? Dos jóvenes inexpertos en el amor, sin duda. Inuyasha no había tenido oportunidad de disfrutar su primer romance, mientras que para Kagome éste era su primer y único gran amor. Ninguno de los dos ha vivido mucho en el tema.
¿Si Inuyasha no dice nada, tal vez solo lo da por hecho? Que son pareja, o al menos más que amigos. No es que no haya intentado acercarse a ella luego de aquél día, es solo que ella necesitaba esos condones para sentirse segura y repetir. Sí lo ha rechazado pero Inuyasha nunca se molestó con ella por eso.
Si preguntara tal vez obtendría respuestas, pero al mismo tiempo teme hacerlo. Indecisa, Kagome permanece en silencio por un rato más. Para cuando quiere darse cuenta el peso de Inuyasha contra su cuerpo se hizo un poco más pesado. Voltea a verlo y se lleva un susto cuando ve que los ojos grandes de Inuyasha la estaban viendo. Nerviosa, traga saliva y voltea hacia otro lado.
— Solo digo que no estoy lista para tener un bebé, Inuyasha… —murmura, recordando el tema anterior.
Inuyasha asiente. Esa parte la entiende. ¿Era por Naraku, no? Naturalmente Kagome no querría tener un hijo con él con una amenaza tan grande. Además, tienen muchos asuntos pendientes.
Kagome se sobresalta cuando Inuyasha pasa un brazo por detrás de su cuerpo hasta abrazarla por la cintura, acercándola más a su cuerpo. Su otra mano de repente atrapa la suya y la levanta a la altura del pecho. Al instante Kagome regresa a verlo, con el corazón latiendo a mil por hora.
— Kagome, ¿estas realmente bien conmigo?
Inuyasha pudo ver el impacto de su pregunta en los ojos marrones de Kagome, y entonces se sintió culpable. Su rostro es sujetado por ambas manos de Inuyasha, cuyos pulgares presionan luego de forma gentil y juguetona sus pómulos. La mueca de Kagome cambia a una mas adorable e infantil, haciendo que Inuyasha se sonroje.
— No te pongas triste, tonta.
— ¿Por qué preguntas eso, Inuyasha?
Su cara se deforma con cada palabra que pronuncia ya que Inuyasha la está agarrando. Esa sensación la hizo reír luego de hablar, echándose para atrás para soltarse de su agarre. Inuyasha se ríe en voz baja también, cruzándose entonces de brazos. La atmosfera vuelve a cambiar, y otra vez ambos parecen cómodos.
— Algún día derrotaremos a Naraku. Y entonces tendrás libertad de
— ¿Tú crees? Ir y venir seria divertido. Podrías pasar eventos importantes con mi familia. Navidad, Año nuevo, festivales…
— Kagome. —La llama de pronto, sacándola de sus pensamientos en voz alta. Kagome pestañea un par de veces y luego lo mira con atención.
— ¿Sí?
— Te protegeré con mi vida.
La seguridad y firmeza con la que lo dijo hizo que Kagome se sonrojara hasta las orejas, pero la chica asiente feliz y le sonríe poco a poco. Es una sonrisa preciosa, empujando la muy suave piel de sus mejillas hacia los costados para darle espacio. Kagome asiente efusivamente con la cabeza, juntando sus manos en su pecho.
— ¡Sí!
La imaginación de ambos vuela mientras hablan de un futuro perfecto. Los sueños arrullaron a Kagome, quien escuchaba a Inuyasha hablar mientras cierra sus ojos y se acuesta nuevamente. Inuyasha, siguiéndola, pronto se tumba a su lado también y le pasa un brazo por encima del estómago en un abrazo íntimo y cálido. Para cuando el silencio llegó al cuarto de nuevo ya ambos jóvenes tenían sus ojos cerrados y descansaban.
El futuro…Siempre era incierto, pero soñarlo no costaba nada. Esa noche Inuyasha decidió no contarle a Kagome sobre su conversación con Kikyo, de todas formas no cambiaría su decisión final de permanecer a su lado.
El agudo pitido del despertador hace que Inuyasha abra los ojos de golpe y se ponga sobre el cuerpo de Kagome en un acto de protección, gruñendo mientras voltea a cada dirección posible para buscar el peligro. Pero solo es esa pequeña caja ruidosa…
Kagome también se despierta, más por Inuyasha que por el despertador. Abre sus ojos lentamente y se sobresalta cuando se encuentra con el mentón de Inuyasha sobre su cara. Levanta sus manos y lo empuja suavemente, avergonzada.
— ¿Qué demonios es eso, Kagome?
— Es un despertador. Tengo que ir a la escuela, Inuyasha. —responde con voz tímida.
Inuyasha, al darse cuenta de su posición, también se sonroja y se quita de inmediato. Es lindo verlo tan sonrojado. Kagome le sonríe tímidamente y también se sienta, con una mano sobre el pecho. Su blusa de la pijama estaba algo desordenada al igual que su cabello y para los ojos de Inuyasha esa apariencia es tan adorable y al mismo tiempo provocativa… Inuyasha niega con la cabeza, era demasiado temprano para pensar en esas cosas. Además, Kagome ya estaba fuera de la cama ordenando algunas cosas dentro de esa enorme mochila amarilla. Solo puede refunfuñar en voz baja mientras la observa, perezoso. ¿Puede volverse a dormir? Él no tiene que ir a la escuela, ¿no? Los ojos se le cierran…
— Inuyasha, ¿quieres bañarte conmigo?
Sus ojos se abren al instante y al siguiente ya estaba fuera de la cama para seguirla. Joder, sí.
El baño les tomó algo de tiempo por culpa de Inuyasha. Que si bien Kagome también quería volver a estar con él, sin los condones no se lo perdonaría. Solo pudieron jugar un poco con la espuma y el agua caliente.
Aprovecha para recalentar más de la comida que su madre dejó para desayunar juntos, y como el tiempo iba en contra suya tuvo que pedirle a Inuyasha que la llevara. El aire frio en su cara no fue tan agradable… Fue en su espalda, como era de esperarse. La bufanda amarilla que llevaba no la protegía del todo bien. Inuyasha aterriza finalmente en la terraza y la baja con cuidado.
— Qué frio hace… —Se queja Kagome, subiéndose la bufanda hasta cubrirse un poco por debajo del puente de la nariz. Le da un abrazo rápido a Inuyasha. — Gracias por traerme, Inuyasha.
— Féh, no fue nada. Dijiste que comprarías cosas más tarde, ¿no? —Inuyasha regresa el abrazo, la chica parecía aprovecharse de su elevado calor corporal para protegerse un poco del frío. La siente temblar.
— S-Sí. —le chasquean los dientes un poco. Inuyasha la sujeta con algo más de firmeza y ella cierra sus ojos, relajándose de nuevo. Que cálido… — Me tardaré un poco. ¿Necesitas algo?
— Comida ninja.
— Yo me hago cargo. ¡Tengo que irme!
— Ah, sí.
Muy a su pesar, Kagome tiene que separarse de Inuyasha. Estaba a punto de abrir la puerta de la azotea para bajar pero regresa sobre sus pasos para sorpresa de Inuyasha. Con una mano se baja la bufanda y con la otra, le sujeta a Inuyasha un mechón de cabello para obligarlo a inclinarse y darle un corto beso en los labios.
— ¡Adiós!
Kagome se separa en menos de un segundo y se aleja corriendo y abrazándose. Inuyasha se quedó ahí por un rato en completo silencio, con las mejillas rojas y un agradable calor en sus labios.
Buyo mira ansiosamente hacia arriba, preparándose para otro gran salto. O eso piensa él, peor realmente eran saltos muy torpes debido a su peso. El movimiento del pescado es bastante motivador para sus instintos. Afila sus garras contra el suelo de madera por un momento y entonces…
— ¡Cerca! El gatito tendrá que esforzarse más si quiere conseguir su comida~
Un alegre Inuyasha era el culpable de su humillación. Buyo cayó al suelo tras si tercer intento de salto. Fastidiado, se da la vuelta para incorporarse y mira hacia arriba, maullando con enfado. Y nuevamente, la forma en que Inuyasha mantiene en alto al pez y lo mueve motiva su primitivo instinto de caza. Nuevamente se prepara, se inclina, afila sus garras y…
De pronto, la nariz de Inuyasha se arruga un poco y se detiene en seco para oler mejor el ambiente. Buyo salta y finalmente atrapa al pez de la mano del descuidado Inuyasha. Feliz, aterriza con torpeza en el suelo y se lleva el pescado a su lugar de almuerzos.
— ¡Tramposo, me descuidé! Tsk…
No parece molesto realmente. Inuyasha se lava las manos rápidamente, eloloroso pescado no es de su particular agrado. Y hablando de olores, lo que captó hace un momento…
Se siente nervioso. ¿Qué es lo que traerá Kagome? Dijo que era algo para ellos, ¿cierto? Algo para no tener bebés o algo así. Traga saliva. La olió hace un momento, ya se está acercando.
En cuestión de segundos ya escucha la puerta abrirse y la dulce voz de Kagome avisar desde la entrada:
— ¡Ya estoy en casa!
Sus orejas se tensan en lo alto de su cabeza, por alguna razón su corazón se aceleró demasiado. Se queda como tonto simplemente de pie en la cocina hasta que Kagome entra cargando con tres bolsas de una farmacia. Al verlo, deja las bolsas sobre la mesa y se baja un poco la bufanda para sonreírle al híbrido, tiene las mejillas y la nariz rojas por el frío de afuera.
— Bi… Bienvenida. —Dice Inuyasha por fin, tragando saliva. No puede evitar echarle un ojo a las bolsas, ¿qué será…? Se acerca a la mesa para ver más de cerca, logrando la sonrisa avergonzada de Kagome. — ¿Dónde está eso que dijiste?
Kagome se quita la bufanda y toma asiento frente a la mesa. Inuyasha inclusive ignoró las copas de ramen extra que compró Kagome para él solamente por intentar adivinar qué cosa eran los dichosos condones.
Había sido una mañana interesante. Sus amigas y Hoyo la recibieron con muchos ánimos luego de su… supuesta enfermedad. Y le regalaron algunas frutas también. Luego, en la salida, Kagome finalmente contó sus avances con su chico rebelde frente a sus amigas y aunque la noticia cayó mal al inicio, luego se alegraron mucho por ella y la ayudaron a ir a una clínica cercana. Todo fue tan vergonzoso pero lindo… Saber que puede contar con ellas le daba una sensación agradable. Kagome acerca una de las bolsas y toma uno de los paquetes de condones que consiguió gratis.
— Son estos.
Inuyasha toma la pequeña caja y los examina por fuera, le da la vuelta a la caja y entrecierra los ojos. No puede leer nada de esto, y de todas formas no sabe qué harán con una caja. Se la regresa a Kagome y se cruza de brazos, orgulloso nuevamente.
— Usémoslos.
— ¿A-Ahora?
— Sí. —Ha esperado por repetir por un largo tiempo, pero no hay casi ninguna oportunidad en su época. Ahora estaban solos, ¿no era el mejor momento?
A este punto las mejillas de Kagome no pueden enrojecer más. Pero su cara denota vergüenza igualmente. Aún así… La chica asiente con la cabeza suavemente. Ella también ha estado esperando por esto…
Inuyasha sonríe.
— Bien.
Contento con la respuesta, Inuyasha camina hasta ponerse detrás de Kagome y ni bien ella se pone de pie, la levanta en sus brazos con facilidad. Kagome se sorprende pero no dice nada y solo se deja cargar, amando la sensación de calor que el cuerpo del híbrido le da luego de el largo camino vuelta a casa con un clima tan fresquito.
Con la otra mano, Inuyasha se lleva las tres bolsas con ellos escaleras arriba hasta la habitación de la chica. Ahí, deja caer sin cuidado las bolsas y empuja la puerta con un pie hasta cerrarla.
Aprovecha que tiene ambas manos libres para sujetar bien los muslos de Kagome y baja el rostro para verla. La chica se había aferrado fuerte a su cuerpo desde que comenzaron a subir las escaleras. Al sentir su mirada, ella mira hacia arriba y sus miradas se encuentran. Es vergonzoso, ser cargada de esta forma con una falda puesta… sus medias se invierno se estaban rasgando por las garras de Inuyasha pero no le importaba ahora.
Ella es la primera en cerrar sus ojos, luego Inuyasha la imita mientras se inclina un poco al frente y sus labios se tocan por tercera o cuarta vez en el día. Inuyasha pone su rodilla en el borde de la cama y con cuidado deja que el cuerpo de Kagome se acomode sobre la cobija rosada. Cuando se separan Kagome no abre sus ojos por la vergüenza, sabe que Inuyasha la está viendo muy fijamente.
Su uniforme de invierno era interesante. El color era completamente diferente al verde al que está tan acostumbrado. Este era mas azul y de tela más gruesa, por el invierno. El chaleco y las medias también eran algo nuevo. Se hinca y se echa un poco para atrás para verla bien desde arriba. Sus manos recorren lentamente las piernas de Kagome, cubiertas por una delgada y resbaladiza tela. Las medias son curiosas… pellizca un poco y estira la tela, se pega a Kagome como si fuera una segunda piel. Para su sorpresa, la tela se rasgó muy fácilmente. El ruido de la tela rompiéndose lo pone alerta y cierra sus ojos con fuerza en espera del regaño.
Pero no llega. Es más, siente el cuerpo de Kagome temblar bajo su toque y la escucha contener la respiración. ¿En serio no le molesta? Abre lentamente sus ojos y la mira, la ve tan sonrojada… Traga saliva. Eso estuvo cerca.
Sus dedos se deslizan bajo la tela rota hasta su piel suave del muslo derecho. Su piel ahora no es tan cálida, más bien fresca. Pero su cuerpo sí que está caliente. Inuyasha exhala aire caliente y se inclina un poco.
— ¿Eh?
Kagome abre sus ojos cuando siente cómo algo se acomoda contra sus muslos. Para su vergüenza, era Inuyasha acomodando su cabeza entre sus muslos. Además tiene ambas manos en sus rodillas y la obliga a juntar sus piernas, apresándolo.
— ¿Inuyasha?
La sensación de las medias en sus mejillas es curiosa. Inuyasha se restriega un poco. Heh… es agradable. La vista hace que Kagome sonría, pero la sensación del aliento cálido de Inuyasha tan cerca de su entrepierna la hace estremecerse. Lo único que la cubre es la falda, que no es muy larga de por sí. Todavía no oscurece y la cortina es de un color tan claro que la luz del sol todavía alcanza a pasar. Esta vez es diferente a aquella… no era una cueva sino un sitio familiar y cómodo para ella, además de que había suficiente luz como para ver todo. Aprieta la cobija bajo su cuerpo y trata de separar sus piernas de nuevo, avergonzada.
— No juegues… —murmura a modo de reproche, cubriéndose la cara con ambas manos.
Las orejas de Inuyasha se sacuden. Sí la escuchó, pero no dice nada. ¿Qué tiene de malo? Siempre lleva los muslos al aire, pero pocas veces los tiene así de cerca. Echa un vistazo hacia arriba, pero con esa falda en medio no alcanza a ver mucho. Frunce las cejas. Esa falda es un estorbo… Ni siquiera levanta la vista cuando Kagome le agarra la cara a dos manos, pero sí cuando lo obliga a ir hacia ella para un beso más profundo y húmedo. Inuyasha gruñe en voz baja contra su pequeña lengua cuando toca sus labios. Kagome quiere jugar… Sus párpados caen, pesados de todo el deseo que comienza a sentir. Su corazón bombeaba sangre con tanta rapidez que sentía la consecuencia justo bajo el pantalón del pantalón de su haori.
Apoya su peso con un codo en el colchón, cerca de la cabeza de Kagome. Su otra mano, libre, recorre nuevamente la figura de Kagome. La tela del pequeño abrigo era una molestia así que tantea en busca del botón y al encontrarlo, solo estira al frente. Afortunadamente el botón no se rompe sino que se zafa y Kagome se mueve un poco para levantarse y terminar de quitárselo. Ahora, esta blusa era distinta a la de casi siempre. Esta no tiene el pañuelo rojo sino un pequeño lazo azul marino. Sin dejar de besarla, Inuyasha atrapa ese encantador lazo de un extremo y lo estira, eso fue suficiente para quitarlo del camino.
Pudo sentir el acelerado latido del corazón de Kagome cuando su mano estuvo entre su pecho en ese momento. Oh cielos… ¿En serio merece tanto? Una mujer tan hermosa, y fuerte de personalidad que hasta lo ha enfrentado, temblando bajo su toque… ¿Lo hace bien? Se apoya de nuevo en sus rodillas y levanta su torso para verla desde arriba. Kagome abrió sus ojos en ese momento pero no pudo verlo a la cara. Eso era lindo… Estaba tan roja y acelerada. Sin darse cuenta, Inuyasha estaba sonriendo con un delicado y hermoso sentimiento en sus ojos. ¿Debería decir algo? Sus orejas se inclinan al frente, pero la suave y aterciopelada voz de Kagome se ganaron su atención.
— ¿Por qué me miras tanto? Es muy vergonzoso…
— Oye.
— ¿Qué?
Kagome frunce un poco el ceño, pero agarró valor para verlo directamente a los ojos y sostenerle la mirada. Sus labios estaban húmedos y apretados entre sí por la vergüenza.
— Quítate eso.
La chica pestañea un par de veces. ¿Deja vú? Luego abrió sus labios un poco para finalmente morderse el labio inferior. Alguna vez se lo dijo pero ahora mismo sabe exactamente a lo que se refiere. ¿No lo dice porque se parece a Kikyo, cierto? Era imposible a esta altura. Baja la mirada a su propio cuerpo. ¿Es por los botones? ¿Tal vez Inuyasha no quiere romper su blusa y parecer un salvaje.
Se sienta por un momento e Inuyasha hace lo mismo frente ella, sentado sobre sus muslos. Con manos temblorosas, Kagome mantiene su mirada baja por la vergüenza y lentamente comienza a desabotonarse la blusa.
El sujetador de hoy era bastante pulcro y sencillo. Blanco solamente, deportivo. Tal vez no era el adecuado pero se había acostumbrado a usar de estos por sus viajes. Aún así, para Inuyasha fue de lo más sensual. Sus ojos dorados brillaron en el momento en que Kagome se quita la blusa para quedar solo en sujetador y en esa falda. Falta que el mismo híbrido estiró hacia abajo para terminar por deslizarla por las largas piernas hasta el final. Dicho sea de paso, le quita los zapatos. Ahora Kagome estaba en ropa interior y esas medias tan lindas, la parte que rompió solo acentúa ese lado sexy.
¿Estorbaban? No realmente, es tan delgada que podría… Lleva una mano al vientre suave de Kagome, justo donde está el borde de las medias. La lycra es tan ligera y resbaladiza, Inuyasha solo puede comparar esta sensación con los elegantes accesorios que usaba su mamá sobre los hombros.
Teniendo cuidado especial por sus garras, Inuyasha toma el borde ajustado de la prenda y lo estira tan gentil como puede. Kagome levanta un poco la cintura, pensando en que Inuyasha querría bajarlas pero no pasó. Nerviosa, la chica trata de juntar sus piernas de nuevo pero el cuerpo de Inuyasha no se lo permite.
— Éstas se ven muy bien.
— Inuyasha, tú… ¿Tienes ese tipo de gustos?
Las orejas del híbrido se ponen tiesas en su cabeza, por alguna razón siente como si lo hubieran atrapado en medio de algo malo. Avergonzado, chista la lengua y levanta la vista para verla con vergüenza.
— ¿"Ese tipo de gustos"? Kagome, que-
Cierra la boca en cuanto Kagome acerca su pequeño pie derecho a su cara, ¿qué? Tiene el dedo mas grande del pie justo sobre sus labios. Qué suave… ¡Pero no! Inuyasha frunce las cejas y le sujeta el tobillo para quitarle el pie de la cara, intrigado y divertido. ¿Qué fue eso? Enarca su ceja y mira a Kagome con diversión, quien solo puede apretar los labios con vergüenza y estirar un poco su pierna buscando la libertad de su tobillo.
No la obtiene, Inuyasha aprovecha quela tiene a su merced de nuevo para inclinarse y besar su pantorilla. La tela no deja que sienta la piel de Kagome con libertad pero para ella, la sensación le genera cosquillas muy agradables que la hacen relajarse de nuevo y mirar con atención lo que el híbrido hace.
Lento, se hace un camino a besos hasta la parte de las medias que rompió anteriormente. La suavidad del muslo de Kagome se siente bien contra sus labios. Abre un poco la boca y asoma la punta de su lengua. No sabe a nada, una humana pulcra y hermosa. Mira hacia arriba mientras avanza hacia la zona más íntima de Kagome.
Su respiración se corta cuando nota su intención y esta vez, se obliga a mantener sus piernas separadas. ¿Será que volverá hacerle aquello de la última y primera vez? Su corazón se acelera otro poco más, si antes tenia frio ahora definitivamente no sentía nada más que calor y deseo. Kagome traga saliva y sin darse cuenta aprieta entre sus dedos la cobija rosa por segunda vez. Oh cielos…
Es entonces cuando Inuyasha decide tomar la fina tela de las medias justo en esa zona y romperla por la mitad. El sonido hace que Kagome se siente al instante.
— ¡Inuyasha…! —Susurra su queja, pero Inuyasha simplemente la ignora y pega su rostro directamente contra la entrepierna de Kagome.
Aún cubierta puede sentir su calidez. Cierra sus ojos. Empuja con sus manos el torso de Kagome para hacer que se recueste de nuevo y aprovecha la oportunidad para tocar su pecho a dos manos, justo bajo la ropa interior. Es tan suave y tan sensible. Los pezones se ponen firmes bajo sus dedos. Levanta un poco el rostro y gruñe suavemente. Kagome lo desea y el aroma comenzaba a llenar sus pensamientos de los pensamientos más indecentes de toda su vida.
— Inuyasha…
Oh, ya suena mucho menos molesta que hace un momento. Encuentra este momento como el indicado para seguir desnudándola y eso hace. Primero, le acomoda las piernas a los costados de su propio cuerpo y se levanta sobre sus rodillas una vez más para quitarse la prenda roja de arriba rápidamente, lo mismo con el kosode de color claro. Ni siquiera semi desnudo siente ápice de frio ahora mismo. La mirada embobada de Kagome lo motiva a ponerse sobre ella una vez más para reclamar sus labios en un beso hambriento. El sujetador vuela en el aire cuando Kagome lo lanza con prisas.
Un par de golpes suaves en su hombro hacen que Inuyasha abra sus ojos. Kagome parece que quiere decir algo, así que termina por separarse un poco para verla a los ojos mientras respira por la boca. Sexy.
— Inuyasha, ponte abajo… Por-Por favor.
La petición de Kagome suena tan avergonzada pero también muy tentadora. ¿Qué pasará si se lo permite? No tiene demasiada experiencia así que Inuyasha solo asumió por todo este tiempo que el trabajo es solo para él, pero Kagome no está de acuerdo con eso.
En cuando Inuyasha se quita de encima, ella se sienta de nuevo. Con cuidado, Inuyasha ladea su cuerpo y cambia de posición junto a Kagome. Finalmente la chica termina sentada sobre su abdomen. Con los ojos dorados fijos sobre ella, Kagome traga saliva y cierra sus ojos. Era muy vergonzoso pero sus manos le cosquilleaban solo por pensar en tocarlo. Sus manos y otras zonas…
— ¿Para qué me quieres así? —Pregunta Inuyasha, que si bien la imagen de Kagome encima suya le encanta pero aún no lo comprende del todo. Por instinto, lleva sus dos manos a la cadera de la chica. Ya que tiene las piernas separadas puede ver mejor la parte que rasgó de las medias por la parte de la entrepierna. Sí que es grande… Alcanza a ver su ropa interior blanca y gran parte de sus muslos internos.
No estará enojada, ¿o sí?
Kagome no le responde. Pone sus pequeñas manos sobre el abdomen de Inuyasha y recorre con hambre cada centímetro de piel expuesta. Aquella vez en la cueva no pudo tomarse el tiempo suficiente de verlo bien pero ahora no había excusas, no quiere apagar la luz del cuarto. Enfrentará su vergüenza para cumplir su deseo. ¿Qué le dijo Yuka? Ella dijo que había leído que a los chicos les gustaba…
— Inuyasha, perdón… —Susurra pero al instante le tapa la boca con sus dos manos, rojísima de la vergüenza. — Por favor no digas nada.
— ¿…?
Todavía más confundido, Inuyasha siente cómo la chica se le va de las manos cuando se apoya en sus rodillas y lentamente se da la vuelta para darle la espalda, ¿o mejor dicho el trasero? Porque lo tiene tan cerca de su cara que le es imposible no mirar a otro lado. Santo cielo. Ahora el avergonzado es él. Las manos de Kagome van a su propia cadera y mete sus dedos tanto bajo las medias, como bajo sus bragas. Las estira un poco y lentamente las baja. En cuando Inuyasha se da cuenta sus orejas dan un tirón en su cabeza y su garganta se seca, incapaz de creer que está viendo algo así tan de cerca. Claro que el trasero de Kagome quedó expuesto, igual que la forma suave de su intimidad. Puede ver todo… Es un golpe que va directamente a su entrepierna, uno muy sensitivo.
— Kagome…
— ¡No digas nada! —Repite, su voz suena tan aguda ahora por la vergüenza. Cuando baja las prendas hasta sus rodillas piensa que es suficiente y se inclina al frente un poco. ¿Lo ve todo, cierto? Qué vergonzoso…
Muy lentamente, Kagome se inclina hacia atrás y acomoda su espalda. Inuyasha solo puede ver cómo lentamente la entrepierna de la chica se acerca hacia su cara hasta que en verdad, la tiene encima. Primero de su nariz y luego de su boca.
El aliento de Inuyasha la hace gemir en voz baja y temblar.
Sí, Kagome se sentó en su cara.
Temblando, Kagome intenta relajarse y suelta un suspiro lleno de nervios, pero tiene que admitir que por más nerviosa que esté esto se siente bien. La respiración de Inuyasha y su boca le hacen cosquillas. Es más seguro si ella está arriba, esos colmillos no la alcanzarán si solo usa su lengua, ¿cierto? Lentamente, comienza a mecer su cadera de adelante hacia atrás. Apenas lo hace las manos de Inuyasha van rápidamente a su cadera pero no la detienen. Él necesitaba aferrarse a algo.
Cuando Inuyasha trata de llamarla, sus labios se restriegan y Kagome se detiene en seco para echar su cabeza hacia atrás y gemir en voz más alta. Era la reacción correcta, por fin abre su boca y asoma su lengua para comenzar a lamerla. Los pliegues de la intimidad de Kagome son separados por su lengua juguetona, llegando hasta aquél punto que se obligó a memorizar. Aunque más temblorosa, Kagome intenta volver a mecerse pero se siente tan bien que apenas y tiene fuerza para mantenerse de rodillas y no aplastarlo. Está bien, Inuyasha se hará cargo de ella. Mueve su lengua de un lado a otro con rapidez y hambre, acariciando una y otra vez el firme clítoris. Su boca se llenó del sabor de Kagome, y sus orejas de los dulces gemidos que le daba como recompensa.
— Inuyasha… Mfh… A-Ah…
Él es un poco más duro que cuando era un humano, su lengua la trataba un poco más fuerte pero no por eso le gustaba menos. No puede dejar de temblar. En algún punto, las manos de Inuyasha terminaron por empujarla hacia abajo y ella no pudo evitar doblar sus piernas un poco. No quiere incomodarlo con su peso pero Inuyasha no protesta en lo absoluto. ¿Entonces estaba bien?
En un momento que Inuyasha se tomó para tomar aire, Kagome consigue abrir sus ojos y ver una mancha de humedad en el pantalón de Inuyasha. Sabe lo que es… Con una renovada confianza, inclina su torso al frente y rápidamente usa sus manos para deshacer el nudo del frente. Es un nudo duro, pero lo consigue. Mira hacia abajo y descubre que Inuyasha la está viendo con solamente un ojo abierto. Qué vergüenza… Pero es muy tarde para echarse para atrás, ¿no? Si él puede hacerlo, ella también. Se moja los labios y mira al frente de nuevo.
Inuyasha levanta la cadera, adivinando fácilmente las intenciones de Kagome. En cuanto hace eso la chica empuja el pantalón hasta dejárselo a la mitad de los muslos. La gran erección rebota hacia el vientre de Inuyasha, pasando muy cerca de su mentón. Oh… De cerca era todavía más grande, ¿realmente entró esto en su cuerpo? Con razón se resintió al día siguiente. Era normal. Sin darse cuenta moja sus labios con su saliva. No se da cuenta de que Inuyasha se detuvo para observarla, aunque su vientre y sus pechos le estorbaban un poco por la posición puede ver la mandíbula de Kagome y su propia erección.
Kagome lo sujeta con una mano y él cierra los ojos. La sensación… es la primera vez que alguien más lo agarra, se siente extraño. Se siente un poco débil también. Pero su toque es muy gentil… Demasiado para su gusto. Tal vez funcionaba con una entrepierna delicada como la de Kagome, pero con él era diferente.
— Aprieta más. —hasta él se sorprendió por lo gruesa y profunda que sonó su voz al pedirle eso. Pero pudo sentir contra sus labios que Kagome reaccionó de una forma distinta a su sorpresa. ¿Le gustó el movimiento de sus labios? Se siente tentado a continuar con su lengua, pero también quiere que la chica continúe. Ya empezó, ¿o no? No puede dejarlo así de ansioso.
— Okay… —Kagome obedece y lo sujeta con un poco más de fuerza. — ¿Así está bien?
— Más fuerte.
— ¿En serio? No quiero lastimarte, yo- Nunca he hecho esto.
Claro que no, ¿cómo podría? Para su gusto, está apretando mucho un lugar que debería ser delicado, ¿no? Pero no era tan delicado como ella cree. Escuchar a tu pareja era el mejor consejo, ¿no? Con eso en mente, Kagome decide hacer caso y apretar un poco más. ¿Esto sería suficiente? Mueve su mano lentamente hacia arriba y espera una reacción. Y la obtiene.
— Unh…
Ahí está, su luz verde. Con más motivación, Kagome sonríe para sí misma y observa el movimiento de su mano. El presemen ya chorrea desde la punta. Eran hilos largos hasta casi la base. Esa mancha en el pantalón seguramente era de esto. Mh… ¿Cuánto mide? Está segura de que necesita un poco más que sus dos manos para abarcar todo el largo. ¿Es normal que se le haga agua en la boca? Como si fuera un aperitivo exquisito. ¿A qué sabrá?
— Mmmh…~
Kagome gime cuando Inuyasha decide retomar su propio oral y vuelve a sacar su lengua, haciendo que de nuevo ese delicioso cosquilleo llene de cosquillas su zona mas privada. ¿Esto le gusta? Su respiración se siente más irregular, siente latir su corazón hasta la lengua. Santo cielo… Esto era peligroso, cuando la vergüenza se va…
Se anima y asoma la punta de su lengua para probarlo, y para su sorpresa el presemen no sabe a nada. ¡Oh! Ahora su pecho está presionado contra el vientre de Inuyasha y por eso pudo sentir cómo se puso tenso en ese momento. ¿Cómo hacerlo? Es su primera vez haciendo un oral. ¿Debería dar lamidas largas? Comienza por lamer la punta, moviendo esos fluidos por todo el glande. ¿Cabrá en su boca? Antes de si quiera atreverse, baja un poco para lamer el tronco. Aquí sí que siente un sabor distinto, un poco más salado. Es piel a fin de cuentas.
— Fuh…
Los gemidos de Inuyasha son tal y como los recuerda. Tal vez sea inexperta por ser su primera vez en esto pero no es tonta, gracias a los sonidos de Inuyasha ya se está dando cuenta de los puntos sensibles en su eje. ¿Era justo aquí, no? Bajo el glande, cuando presiona con su lengua su respiración se agita y contiene sus gemidos. Si trata de meterlo a su boca, ¿podrá tocarlo con la lengua?
Pronto descubrió que no era tan fácil como parece. Cuando metió los primeros centímetros en su boca se dio cuenta de que Inuyasha realmente la llena, ¡no tiene espacio para jugar! No con la lengua, pero a Inuyasha parece gustarle de todas formas. El chico gruñó y se levantó un poco a modo de respuesta, antes de forzarse a recostarse de nuevo y atacar con más entusiasmo su chorreante vagina. Oh… Si lo hace con tanto entusiasmo ella no podrá concentrarse. Kagome cierra sus ojos y trata con todas sus fuerzas callar su gemido para no lastimarlo con sus dientes, eso seguramente no se siente bien, ¿no? Pero cuando lo aprieta con sus labios Inuyasha levanta la cadera a modo de reflejo y entró unos centímetros más en su boca.
¡Cielos! Kagome de inmediato retrocede y se cubre la boca con una mano, sentándose de lleno sobre la cara de Inuyasha. Casi… ¡Casi lo muerde! Entró muy profundo en su boca.
— ¿Kagome?
Inuyasha la sujeta de la cadera una vez más y como si no pesara nada, la levanta sin esfuerzo para asomarse y verla desde abajo.
Kagome voltea hacia abajo y lo ve con dificultad cerca de su cadera. Oh. Su cara es tan sexy…
— No es tan fácil. —Se queja Kagome, a lo que Inuyasha alza las cejas.
— No tienes que hacerlo. —Dice de inmediato, pero Kagome niega con la cabeza. Entonces frunce un poco las cejas y desvía la mirada. — Eso que hiciste se sintió muy bien, me moví sin darme cuenta.
— Quiero intentarlo otra vez.
— ¿Estás segura?
Di que sí, di que sí, di que sí, di que sí.
— Sí, pero ahora de frente.
¡Sí!
— ¿Qué hago? —Pregunta, sonando tal vez más entusiasmado de lo que quería.
Por segunda vez, Kagome se le escapa de las manos. Kagome se sienta en la cama, y al juntar sus piernas se da cuenta de lo realmente húmeda que estaba. Oh cielos… Cuando junta sus muslos se siente bien, pero no era momento para pensar en eso. Inuyasha la había hecho sentir muy bien y ahora era su turno.
— Ponte de pie frente a mí.
La altura era adecuada. Y ella cree que será más sencillo así. El híbrido no tarda mucho en levantarse y hacer lo que su humana le pide. Una vez de pie, se acerca de frente y Kagome le sujeta con ambas manos la cadera. Su figura es tan hermosa, tan atractiva… pero la de Kagome también, y así sentada su cadera se acentuaba todavía más junto a sus piernas largas. Era una vista estimulante para ambos.
El pantalón es pateado lejos por el mismo Inuyasha, y al mismo tiempo Kagome termina por bajarse las bragas y las medias. Estaban listos para retomar.
— Volveré a intentarlo.
— Todo tuyo.
Demonios, sí.
Casi como si pensaran lo mismo. A Kagome le gustó escucharlo y a Inuyasha lo avergonzó. Pero a fin de cuentas era cierto, ¿no? Vuelve a sujetarlo con su mano y aprovecha la humedad que dejó antes para volver a masturbarlo solo con su mano.
Ahora Inuyasha está frente a ella, con las piernas algo abiertas a los lados de sus piernas cerradas. Como lo pensó, quedaba a la altura perfecta. Un par de gotas de presemen bajan desde el tronco hasta los testículos y luego caen hasta los preciosos pechos de Kagome, embelesando todavía más los ojos de Inuyasha. Atrevido…
Es cálido. ¿Le gusta? Ahora sí puede ver su rostro y le parece de lo más interesante. Él lo siente. Sí le gusta, ¿no? Por eso se muerde los labios y sus manos en la cadera parecen tensas. Se está conteniendo, tal vez para no moverse de nuevo y sorprenderla.
Muy bien, está lista para repetirlo con su boca. Sin dejar de sujetarlo, se ayuda para acercarse y lo cubre con sus labios muy lentamente. Primero por la punta y luego tanto como puede hasta que se siente un poco incómoda y retrocede.
Un sonido es contenido en la boca de Inuyasha. Eso le gustó, ¿a que sí? A ella también, le hace cosquillas en la lengua. Tratará de volver a hacerlo.
Cuando Kagome decide repetirlo, Inuyasha estaba ahí para verlo en primera persona. Sus largas pestañas y ese lindo cabello le daban a su cara un aspecto sumamente adorable peor oh, lo que hacia era de todo menos algo inocente. ¿Pero no fue así desde el inicio? Kagome tenia una cara encantadora pero vaya que siente el placer de una señorita. ¿Esto le gustará? Porque a él sí, sobretodo cuando su lengua juega con su glande cada vez que retrocede y se ayuda con su mano para tocar aquello que no alcanzaba a cubrir con su boca. Tal vez, algún día y con más práctica, pueda llevarlo más dentro.
— Kagome…
Una sensación extraña por un momento. Es el cabello de Kagome, se le fue por el frente de los hombros y ahora se estaba interponiendo. No se siente mal o doloroso, pero tampoco bien. Por instinto lleva su mano al rostro de Kagome y le aparta gentilmente el cabello. Lo sujetará por ella.
Kagome abre sus ojos por un momento y se detiene, pero cuando comprende que Inuyasha solo la ayudaba cierra sus ojos de nuevo y continúa, concentrada. Hey, comenzaba a tomar ritmo. La saliva se le escapaba por las comisuras de los labios para hacerle espacio a su gran eje. Sin darse cuenta Inuyasha estaba moviendo su cadera apenas un poco, movimientos contrarios. Eso se siente tan bien… Sobretodo cuando succiona. ¡Oh! Las succiones son exquisitas, su boca se estrella tan deliciosamente a su alrededor. ¿Así de bien se sentía Kagome con su lengua, o será distinto? Se lo hará toda la vida si hace falta.
— Oh, Kagome… quiero hundirme en ti…
Comenzaba a gemir cosas muy vergonzosas pero ni siquiera se daba cuenta. Pero sí avergonzaban mucho a Kagome. La chica junta sus piernas y de nuevo esa dulce sensación en su entrepierna cuando sus muslos se apretaron. Eso se siente bien… Lo vuelve a hacer y se remueve un poco en su sitio. Estaba perdiendo el control del acto, puede sentir cómo la mano de Inuyasha pasó de un toque gentil a uno más firme en su cabeza. La estaba empujando. ¿Se siente bien? Lo siente latir contra su lengua, un nuevo sabor estaba haciéndose presente. Era más amargo, no del todo agradable pero… Quiere más de eso, ¿lo obtendrá si succiona fuerte?
— ¡Kago-!
Inuyasha retrocede y Kagome permanece con la boca abierta unos segundos, un grueso hilo de saliva se rompió entre sus labios y el glande cuando Inuyasha se separó. Lo hizo tan rápido que la asustó. Kagome se endereza y lo mira fijamente mientras Inuyasha respira agitado y se lleva una mano a la frente. No, no se corrió. Pero casi. Ese sabor que sintió hace un momento fueron las primeras gotas de su semen. Casi… Por Kami, ni siquiera estaba seguro de cómo logró apartarse.
— ¿Inuyasha?
Al darse cuenta, Inuyasha la mira con vergüenza. Tendrá que admitirlo.
— Yo- No quiero venirme aquí. —admite con vergüenza, por haberse dejado llevar por la sensación casi hace algo vergonzoso.
¿Venirse? ¡Cierto! Los condones. Busca con la mirada el paquete que Inuyasha había traído consigo hace rato desde la cocina. Los encuentra a su espalda. Kagome se deja caer en la cama y los agarra. Entonces vuelve a sentarse.
— Vamos a usarlos.
Para Inuyasha, sentir ese pedazo de látex no fue tan agradable. Como estaba tan húmedo era algo incómodo pero tiene el presentimiento de que Kagome no le dejará tomarla si no se pone esta cosa. Ella lo hizo con cuidado, presionando con dos dedos la punta y luego deslizando el resto hacia abajo. Apenas y alcanzó para todo… Es tan grande. ¿Acaso necesitará condones del extranjero?
— ¿Cómo lo sientes?
— Es extraño. —Gruñe Inuyasha, viéndose a sí mismo. Alza las comisuras de sus labios. También es algo gracioso. Es muy amarillo y es extraño. — ¿Con esto podemos hacerlo, Kagome? Porque joder, quiero meterme en ti y-
— Ya entendí. —Corta Kagome de inmediato, tan avergonzada por sus palabras. La chica cierra sus ojos y suspira de nuevo para quitarse los nervios. Era hora, se siente lista. Lista y ansiosa. Ella también lo quiere.
— Bien. —responde Inuyasha al instante, dándose cuenta de lo que casi dice en voz alta. ¡Diablos! Casi dice algo tan vergonzoso. Gruñe y sube una rodilla a la cama. Empuja con su cuerpo el de Kagome y caen juntos de nuevo al colchón. Puede que su boca sea todavía muy torpe para expresarse, pero le demostrará su deseo con su propio cuerpo. Se hace espacio entre las piernas de la chica y la mira por un momento a la cara para buscar su aprobación.
La tiene, Kagome pasa sus manos bajo los brazos de Inuyasha hasta abrazarlo por la espalda, y luego lo besa apenas se miran. Con una mano la sujeta por la cadera y con la otra toma su propia erección para tantear la vagina de Kagome. Pronto la encuentra y se restriega un poco por los húmedos pliegues. Ni bien empuja su clítoris Kagome se estremece y gime contra sus labios. Sus dedos presionaron débilmente la piel tostada del híbrido.
— Eso es. Gime para mí…
La guía un poco más abajo y cuando encuentra el hermoso punto húmedo empuja con confianza, sintió un ligero ardor en la espalda pero fue opacado -y por mucho- por el placer del interior de Kagome. Entró fácilmente otra vez, eso debe ser bueno. Ah, pero es tan estrecha… El condón le da una sensación extraña en la entrepierna, pero no era tan distinta de lo que sintió al desnudo. Tal vez menos caliente, pero no apretado.
Kagome lo toma desprevenido cuando ella misma comienza por mover su cadera, ¿y eso? Entró fácil, pero saber que no le dolió lo llena de un sentimiento cálido. Se separa del beso y comienza a besar algunas partes de su rostro mientras sigue sus movimientos con su propia cadera. Oh por todos los cielos… ¿Cuánto esperó por repetir esto? Valió la pena, hayan sido los días que hayan sido. Con cuidado, pasa una mano por debajo de la cabeza de Kagome y la levanta un poco para acomodarla entre las dos almohadas. Solo busca su comodidad, ya que estarán así un rato.
Kagome se deja, el cuidado que Inuyasha tiene al acomodarla era tan enternecedor. Y ella por otro lado le arañó la espalda… Cuando vuelve a acomodarse ella misma separa sus piernas y mantiene sus manos en sus muslos para mantenerse así. Con las piernas flexionadas se siente distinto, el vientre de Inuyasha choca con su estómago y su suave vello toca su entrepierna. Kagome se muerde el labio inferior y lo mira desde abajo con esos lindos ojos brillantes. El sudor del híbrido recorre desde la frente hasta su mentón y cae hasta su cuerpo, especialmente en sus pechos. Precisamente ese par que Inuyasha no puede dejar de ver. Rebotan tan hermoso. Kagome era hermosa. Cuando Kagome arquea su cuerpo por una deliciosa contracción Inuyasha tiene una vista todavía mejor de sus senos. Se relame los labios. Quiere besarlos… Se encorva y atrapa un pezón entre sus labios. Será cuidadoso con sus colmillos. Sí la siente tensarse pero debería confiar más en él. No la lastimaría.
— Inuyasha, eso se siente… bi-bien…~
La primera vez, para ser sincera, se tardó en sentirle gusto a tener algo dentro suyo moviéndose de esta forma. Pero esta vez era diferente, se sintió bien prácticamente desde el inicio. ¿Fue por la espera? ¿O la excitación? Todavia no tienen mucha experiencia pero todas las cosas que han hecho hasta ahora se sentían demasiado bien. Sujeta la cabeza de Inuyasha con ambas manos y lo presiona contra su pecho sin darse cuenta, arqueándose bajo sus labios calientes. La forma en que le pasa la lengua es tan dura y exquisita, ¿puede hacerlo más?
Como si leyera sus pensamientos, Inuyasha va subiendo con besos hasta su cuello. Kagome cierra sus ojos por el agradable cosquilleo, pero cuando siente algo mas húmedo y grande no puede evitar susurrar un pequeño más contra una de las orejas de Inuyasha. Su cuerpo tiembla con fuerza, pero no siente dolor alguno.
— ¿Más qué?
— Yo-
No lo sabe, ¿más qué? Más de todo. ¿Pero cómo decirlo? Las palabras se ahogaron en su boca cuando el chico la sujeta bien por ambos muslos y la atrae hacia sí en una embestida fuerte que la hace gritar y aferrarse a la cobija con fuerza.
— Más de eso. —Dice Kagome sin darse cuenta, mareada por la sensación.
— ¿De esto?
Mientras lo dice, Inuyasha sale un poco del interior de Kagome. Y ni bien termina de decirlo, vuelve a repetirlo. Esta vez el sonido de Kagome sonó más a una risa sensual que a un gemido. Sabe que le gustó por su mirada juguetona y la forma en que sus manos volvieron a apresar las cobijas entre sus dedos.
— ¿Te gusta, Inuyasha? A mi me gusta mucho.
¿De dónde encontró voz para decirlo sin titubear? La sensación era tan buena, Kagome no aguantó ni tres más de esas antes de sentir una incomodidad en su vientre bajo y una fuerte necesidad de liberarse. ¡Cuánto calor!
No iba a contestar eso, piensa que es bastante obvia la respuesta. Las embestidas no eran rudas, pero sí eran firmes y con confianza. Inuyasha era fuerte, era muy fuerte. Pero tan cuidadoso. Y sexy… cada gemido o gruñido que el chico le regalaba era música para Kagome. Lucía tan embobado y feliz al mismo tiempo, ni siquiera había dejado de sonreír. Le daba vergüenza que la viera hacer caras que seguramente eran vergonzosas pero es casi imposible no expresarse ahora mismo.
— Más, más…
Algo viene, algo que pocas veces había sentido. Aquella vez, con su boca y dedos. ¿Vivirá eso otra vez?
— Por favor, Inuyasha. —ruega ya, estira su mano para alcanzar uno de los mechones del frente y lo atrae de nuevo hacia sus labios. Inuyasha gruñe nuevamente contra sus labios, mostrando su aceptación a las respuestas de Kagome. Motivante. Un sonido seco comenzaba a interrumpir los gemidos de Kagome y de su unión. ¿Era la cama? Era molesto, pero a Kagome no parecía molestarle asi que él trataría de ignorarlo también.
— Fuh…
Inuyasha también siente calor, pocas veces suda tanto como ahora. Ni siquiera cuando combate. ¿Es que acaso no está en forma? No hace este tipo de movimientos muy seguido. Dejándose llevar en busca de su propio final, chupa los labios de Kagome y los lame con fuerza hasta que ella misma abre su boca para dejar que su lengua entre. Sus lenguas se restriegan, la saliva acumulada resbalaba por su mentón. Un par de esas embestidas fuertes y Kagome le encajó nuevamente las uñas en la piel, esta vez por la zona de los omoplatos. ¡Tiene fuerza! ¿Fue por el momento? Es la primera humana que le deja una marca con su propia fuerza física.
En cuanto Kagome tiene su orgasmo, la carne interna abraza su forma y lo estruja de una forma casi hasta dolorosa. Entonces fue su turno de venirse pero se sintió un poco extraño. ¿Qué es…?
Kagome cae de nuevo en el colchón respirando de forma bastante agitada. Cuando abre sus ojos, llorosos, y susurra su nombre la mente de Inuyasha se pone en blanco. Es… tan hermosa. Inuyasha apoya ambos codos en el colchón y junta su frente con la de Kagome, dejando que sus respiraciones se mezclen mientras ambos intentan regular sus respiraciones otra vez.
Naturalmente, Inuyasha es el primero. Cuando se siente listo, se apoya en sus rodillas y sale con cuidado del interior de Kagome al hacer su pelvis hacia atrás. Para su susto, ¡habia algo raro en la punta! Kagome junta sus piernas y también lo nota, pero ella ya lo sabía.
— Kagome, qué-
— Está bien, Inuyasha. Es tu semen.
— ¿Por qué está así? —Inuyasha lleva sus dos manos a su boca, ¡qué horror! ¿¡Qué le hizo esa cosa!? Estuvo a punto de arrancarlo pero las manos delicadas de Kagome lo detienen.
— Hay una forma de quitarlo. No te asustes, no te pasó nada. Tonto, —Kagome levanta las comisuras de sus labios en una sonrisa algo boba. Está bien que para ella sea obvio, solo no esperaba que Inuyasha reaccionara así. Al final del condón parecía haber un pequeño globo lleno de su semen, producto del vacío que creó Kagome hace rato cuando lo apretó. — La forma correcta era…
¿Apretar abajo y levantarlo con cuidado, no? Kagome se sienta sobre sus muslos y le da una mirada a Inuyasha antes de tocarlo. El cuerpo del híbrido tiembla pero no dice nada, solo se mantiene mirándola expectante. Kagome aprieta con dos dedos la parte debajo de la zona abultada y comienza a retirarlo lentamente.
— Huh…
Ambos ven con ojos decepcionados cómo el semen cae desde el interior del condón hasta su miembro nuevamente, deslizándose desde la punta había más abajo. Eso no… No se supone que debiera pasar. No lo hizo bien. Entonces se miran y Kagome sonríe de forma nerviosa. Si quieren hacerlo de nuevo van a tener qué limpiarlo. Pero era una buena excusa para irse al baño juntos, ¿no? Inuyasha se quedó con ganas de tomarla en la bañera desde la mañana.
— Vamos a limpiarte.
— ¿Limpiarme?
— Si queremos hacerlo de nuevo, tenemos que limpiarlo primero.
Eso sí, antes de salir del cuarto Kagome se llevó consigo la caja con los tres condones restantes. ¿Serán suficientes para su noche? Mh…
