No estaba muerta, andaba de pachanga.
Hola gente bonita, aquí está el comienzo de una historia que lleva cociéndose más de lo que quiero admitir y terminó siendo un hiatus de varios años. Me entretuve bastante hilando la historia y espero que la disfruten tanto como yo.
Comenzaré por donde me gusta...por cualquier lado menos el principio.
o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o
Solo pedía que no subieran las escaleras antes de que pudiera esconderla. Subí lo más rápido que pude sin hacer ruido hasta la habitación elegida y la deje en el escondite que habíamos preparado, un espacio preparado en la esquina de la pared más sombría de la habitación a medio construir, las remodelaciones sin terminar dejaron una sección de la pared sin ladrillos que detrás ocultaba una segunda pared levantada en la otra habitación dando resultado un pequeño pasillo entre estos cuya pequeña entrada podía ser oculta tras varios sacos de cemento viejo y trozos de madera polvosa.
-No me quiero quedar sola- escuché en tono suplicante, sus ojos marrones se clavaron en los míos mientras yo la cubría con la manta menos sucia que encontré.
Acaricie un poco sus cabellos tratando de tranquilizarla, después de todo cualquier infante tiene miedo a quedarse solo en la oscuridad. No conseguiría esconder todo el miedo que me provocaba el dejarla pero de alguna forma logré sonar apenas nerviosa -Siempre volve- le susurré mientras alejaba mis manos de ella. Volví a empujar los costales de cemento y arena para que no quedasen indicios del escondrijo. Hasta que tuve la certeza que ella no podría verme deje la angustia brotar.
No tengo idea de cómo entraron, pero había cuatro humanos inmaduros en los pisos de abajo. Escuchaba sus voces riendo y sus pasos inspeccionando los cuartos. Sería difícil saber qué fue lo que atrajo su atención y en ese momento no me podía importar menos. El edificio donde vivíamos tenía años olvidado, un hotel cuya remodelación lenta e inconclusa cerró el negocio. Los primeros pisos estaban completos con un papel tapiz roto que cubría las paredes y una capa de polvo encima de todo lo demás, pedazos de madera cuyo fin se olvidó esparcidos aquí y allá. Conforme subías las escaleras dejabas de encontrar puertas en los cuartos o color en las paredes, y éstas pasaban a tener solo el color de los bloques con los que se elaboraron. Andamios y cubetas dejadas atrás era lo que podías ver conforme llegabas a los últimos pisos. Los cuartos eran solo las paredes que se levantaban con uno que otro agujero para las ventanas y puertas que nunca llegaron a poner, y el último piso eran solo dos grandes paredes dibujando una esquina al sureste con los bordes del edificio.
Baje con sigilo un par de pisos hasta que los escuche bajo mis patas, me coloque la capucha del suéter que traía y me asome de cabeza para verlos. En efecto, cuatro humanos jóvenes alumbraban cada rincón con curiosidad. Hablaban narrando y haciendo burlas sobre el coraje o la ausencia de este entre ellos. Volví a subir y tomé un pedazo de bloque que estaba cerca y lo deje caer en las escaleras junto al cuarto en el que ellos estaban. El bloque se partió y cayó por los escalones haciendo un sonido particular causando un par de gritos que pude escuchar claramente. Como era de suponerse salieron a asomarse rápidamente buscando el origen del ruido, me oculté en el cuarto pero dejé que mis pasos fueran audibles para ellos.
-¿O-Oyeron eso?- preguntó una voz temblorosa, supongo que fue uno de los que habían gritado antes.
-Se escuchan pasos arriba…- comenzó a narrar uno de ellos con algo de emoción en su tono.-...así que vamos a subir a averiguar-
-¿Qué tal si es un vagabundo loco o algo así?- escuché protestar a otro. A mi me parece un miedo razonable, los vagabundos tienden a ser una molestia especialmente si son muy obstinados.
-Esto va a tener millones de visitas, seremos famosos- añadió la cuarta voz incitando a los otros dos- a menos que quieran que todos vean lo cobardes que son- canturreo esa última sílaba pero dejó de interesarme lo que decían después de eso. Lo último que necesitaba era que más visitas vinieran. Tal vez si tendría que cambiar de escondite como me habían dicho las tortugas.
Caminé frente a la ventana dejando que mi sombra se proyectara sobre la pared de las escaleras mientras subían, escuché que los dos más sensatos se asustaban más y todos los pasos deteniéndose momentáneamente. Salí por la siguiente ventana y me impulsé un poco para llegar por el borde a la cornisa del cuarto vecino, al que me escabullí rápidamente. Ellos no tardaron en llegar a donde yo había estado, y vi las luces bailar por el cuarto mientras me movía sigilosamente. La puerta estaba abierta hacia el pasillo, para poder correr hacia las escaleras la cerré de un portazo y luego subí las escaleras a saltos. No me preocupé por ser muy silenciosa pues los cuatro habían gritado escandalosamente después del inesperado golpe de la puerta contra el marco de madera.
Quería llegar al último piso, desde ahí podría usar un viejo elevador para ocultarme en alguno de los pisos de abajo que ya no tuviera nada de interesante para aquellos jóvenes. Tenía la esperanza de que ese pequeño espectáculo fuera suficiente para ahuyentar a los visitantes indeseados. Me quedé esperando, no quería arriesgarme a seguir subiendo por la sección de la escalera que pasaba frente al cuarto. Demoraron bastante en juntar el valor pero finalmente escuche el picaporte girar y la madera siendo sutilmente empujada. Se me hizo extraño pues no veía ninguna luz proveniente del cuarto, me iba a asomar justo cuando un haz de luz se proyectó por todo el pasillo. Por suerte no había sucumbido ante la curiosidad.
Me resigne a que tendría que usar las ventanas nuevamente, las de los últimos pisos no tenían cornisas pero era posible sujetarse al borde de la ventana. Me interne en el cuarto más cercano silenciosamente y me dirigí a la ventana. Tome un respiro profundo y saque la mitad del cuerpo por la ventana, efectivamente, no había cornisa pero había más separación de la que me hubiera gustado. Sin tiempo y escuchando los murmullos por las escaleras, me sujeté de la parte superior de la ventana, me apoyé en el delgado borde dando la espalda al exterior del edificio y me impulsé para saltar. Supongo que el golpe de adrenalina hizo que el salto fuera poco más que suficiente no solo para sujetarme si no para que mis dos brazos entrarán al siguiente piso. Las luces ya se veían salir por la ventana en la que hacía poco estaba, así que me alce lo más rápido que pude para internarme, si era lo suficientemente rápida podría subir las escaleras hasta el último piso antes de que ellos salieran de ese cuarto. Corrí sin preocuparme por el sigilo y subí por las escaleras a brincos y al llegar al borde entré en pánico.
La estructura del elevador ya no estaba.
Tendría que saltar el patio y alcanzar el techo del siguiente edificio. Yo nunca había saltado esa brecha antes, era él triple de distancia entre un edificio a otro y tenía miedo no lo negaré. Di unos pasos atrás para volver a tomar impulso. No me podía esconder y abandonar el lugar era la única opción a este punto. Escuchaba sus pasos aproximándose, me estaban buscando ya que mi paso por la escalera había sido demasiado obvio. Tome aire hasta donde mis pulmones me permitieron. Corrí, dejé que mis instintos tomaran el control por un momento y cuando salté del borde cerré los ojos. No fue mi mejor aterrizaje, de hecho no lo llamaría aterrizaje. Digamos que alcance a estrellarme en el tejado que quería, rodando un poco por el impulso que llevaba. La bufanda que usaba se soltó de mi cuello quedando colgada por mis hombros casi llegando a mis rodillas y la capucha de mi sudadera había caído por mis hombros en las vueltas que di.
Me tomó unos momentos recuperarme del golpe, todo mi cuerpo me reclamaba por el golpe pero sobre todo mi cabeza, pues necesité recuperarme y reconocer donde estaba y a donde me quería mover. Mire un momento hacia atrás como asegurándome de que lo había logrado y cuando vi pequeñas siluetas asomarse por el último piso me apresure a esconderme tras unos contenedores de agua. Respiraba agitadamente, me di cuenta que estaba apretando la mandíbula y que mis dedos temblaban. Oculte mi cola entre mis ropas nuevamente, enrede la bufanda alrededor de mi cuello y volví a colocarme la capucha de la sudadera para ocultar mis orejas. No podía hacer mucho salvo esperar así que me senté con las rodillas abrazadas a mi pecho y me quedé aguardando que las tortugas fueran de confianza.
o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o DONATELLO POV o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o
24 HORAS ANTES
Llevaba un rato mirando una silueta en el callejón, pero no terminaba de analizar si era uno de los ladrones que buscábamos. A pesar de que era de madrugada llamó mi atención una silueta que se asomaba desde el callejón en dirección a una pequeña que parecía estar pidiendo limosna en la entrada de una tienda. Cada cierto tiempo caminaba de nuevo hacia el callejón y mis ojos lo perdían en la oscuridad. Fuera o no alguno de los sujetos que buscábamos no creo que tuviera mejores intenciones.
Un par de rateros con un pésimo juicio se levantaron muy temprano para robar la tienda de antigüedades de Abril en la madrugada. Habría sido sencillo atraparlos de no ser por que Miguel Ángel trató de perseguirlos en patineta, ¿el resultado?, los perdimos y Miguelon salió volando por una ventana logrando un esguince en el tobillo lo que equivalía a unos días de reposo. Con suerte también significaría un poco de paz para nosotros. Después de atender a Miguel Ángel e inmovilizar apropiadamente su tobillo salí a las calles a encontrar a Leo o Rafael. Aunque no ayude a encontrar a esos ladrones podría ayudar vigilando que no le hiciera nada a una pequeña sin hogar. Supuse que no descubriría nada más mirándolo desde donde estaba así que me dirigí al borde del tejado para encontrar camino hacia el callejón. Si no era uno de nuestros ladrones al menos evitaría su amenaza a un peatón despistado.
-Donatello- justo en ese momento me llamó Leonardo llegando al tejado donde me encontraba-Rafa y Casey encontraron a los sujetos por los muelles-dijo señalando por encima de su hombro-Vamos, llevaremos de regreso el dinero a la tienda- le sonreí, me alegraba que la situación de Abril se resolviera tan fácil.
-dame un momento, quisiera encargarme de esto también-dije señalando hacia abajo, Leo siguió mi dedo hasta el callejón que señalaba.
-¿Qué es lo que está haciendo?- Leonardo se acercó al borde poniéndose a mi lado, buscando mejor perspectiva.
-No lo sé, pero puedo averiguarlo- Saque mi nuevo invento. Modificando una arma de mano M6K, le coloque un tanque de hidrógeno presurizado para propulsar un gancho atado al extremo de una cuerda de cable de metal galvanizado y un sistema de retracción.
-¿Qué es eso Donatello? -
-Es un garfio con algunas mejoras, estaba esperando la oportunidad para probarlo- apunte hacia el tejado del edificio frente a nosotros.
Me preparé para lanzarme hacia el tejado pero en ese momento Leonardo soltó una exclamación y por inercia bajé la mirada para ver lo que él veía. La niña que había estado pidiendo limosnas iba caminando por la acera pero se le escaparon de las manos un par de cosas sin querer, entre ellas algunas latas que rodaron lejos de la acera. Ahora se atravesaba por la calle siguiendo la comida y un camión venía directo a ella sonando el claxon. No me quedé a escuchar lo que mi hermano pudiera objetar y me lance a la calle.
El conductor hizo una maniobra y el camión se giró quedando de costado permitiendo tomar a la niña sin que me viera. De inmediato accione el sistema de mi garfio y comenzamos a subir hasta el tejado del edificio que había apuntado antes. La pequeña no gritó pero siendo justos no sabría decir si ella sabía lo que estaba pasando. Hasta que estuvimos en el techo hizo el ademán de querer alzar la mirada. Me asomé a la orilla aun teniéndola en brazos, el camión se había volteado y la caja con su pesada carga se había estrellado justo donde habíamos estado un nanosegundo antes.
-¿Qué eres?- escuche su voz tímida e inocente
-Eehm… Hola- dije aun mirando a la calle, a pesar de estar en manos de una criatura verde estaba muy tranquila- Soy un amigo, no te haré daño- le sonreí
-¿Ambos están bien?-preguntó Leonardo que recién llegaba al tejado donde estábamos.
-Si, no parece tener ni un rasguño- contesté sonriéndole a mi hermano
-¿Son marcianos de la luna? - voltee a mirarla conteniendo mis ganas de corregir esa oración, después de todo era solo una niña.
-Me llamó Donatello.. - me presenté a la pequeña que no debía tener más d años y con un gesto de mi cabeza señalé a Leonardo-... Y él es mi hermano Leonardo-
-Hola, ¿cómo te… - Leonardo no terminó la pregunta por un sonido metálico que llamó nuestra atención.
Parecía que provenía del callejón junto a nosotros, alguien estaba sacudiendo las escaleras de incendios, muy enérgicamente. Los metales chocaban entre ellos y contra el concreto de la pared. Cada vez más rápido y cada vez más fuerte, algo se aproximaba y con mucha fuerza. Al siguiente minuto una silueta surgió del borde del edificio, deduzco que había estado subiendo a grandes saltos por las barandillas de la escalera, no por los escalones, estaba trepando por el lateral de las escaleras y de un salto paso del último barandal a estar frente a nosotros. De pronto diez metros me parecieron pocos pues teníamos frente a nosotros una furia hecha criatura. Respiraba agitadamente, probablemente por la carrera que hizo al trepar por las escaleras, se encorvaba hacia delante y detrás de ella una cola peluda se erizaba. No sé si era un vestigio de los instintos animales que me quedaban pero por un segundo sentí preocupación por mi posición en la cadena alimenticia. Se escuchaba claramente un gruñido gutural amenazante pero lo que me hacía querer salir corriendo eran sus ojos clavados en mi, dos orbes que brillaban de un amarillo intenso. Definitivamente habría colmillos debajo pero no quería confirmarlo si no era necesario.
Leonardo se puso frente a mí, desenfundo sus espadas. Me sentí apenado por un segundo por mis pensamientos pero para compensarlo también saque mi Bo con la mano libre que tenía. De pronto Leonardo se giró para mirarme, creí que me diría el plan pero no fue así.
-¿Eso es Shade?— Soltó de pronto
Yo solo me encogí de hombros -¿Qué¿cómo voy a….?‐
-No era para ti- dijo señalando a la pequeña con una de sus katanas.
-Bájame, quiero ir con Shade- la pequeña empezó a revolverse para escapar de mi agarre, y no sabía si era por la confusión pero juraría que no movió los labios.
-¿Donatello, qué haces?-
La pequeña apresuró sus pasitos hacia la amenazante figura, extendiendo los brazos incluso antes de llegar. La criatura, que dos segundos antes parecía lista para saltar y arrancarnos el caparazón a mordidas, la levantó en brazos delicadamente. Se tomó un minuto para observar el estado de la pequeña, nos volvió a mirar y se dió la vuelta dispuesta a salir corriendo. Sin embargo la pequeña se asomo por su hombro y nos señaló jalando un poco de la enorme sudadera sucia de su protector.
-¿tú entiendes lo que está pasando? — me susurró Leonardo guardando sus katanas.
-No tengo idea-
-Bien, creí que solo era yo-
-Gracias- Nos interrumpió una voz femenina y ambos volteamos a ver a la niñ no había sido ella. La silueta se acercó retirando la capucha de su cabeza y dos orejas ovaladas salieron de su escondite entre sus cabellos. Se retiró también la bufanda que cubría su rostro-Mi nombe…Shade-
Era una chica pero con rasgos particulares, vestía una sudadera que le quedaba extremadamente grande y llegaba a la mitad de sus muslos. Debajo salían unas patas grises cubiertas de pelaje que hacían una curva extraña, me recordaban a las de un perro cuando está erguido. Ella no era humana, sus ojos habían comenzado a ser de un dorado cálido, como el color que tiene el oro en la luz, resaltaron vívidamente en contraste con su esclerótica negra tras algunos mechones oscuros de cabello que caían rebeldes sobre su frente. Su piel gris que tenía cierto brillo platinado en su rostro donde la luna le iluminaba.
-Soy Leonardo y él es mi hermano Donatello-
-Hola- levante la mano para saludar
-mi nombre es Camy- Escuche la voz de la pequeña pero esta vez estaba seguro de que no había movido los labios. - me gusta tu color-
-Pensamos que eras alguien que amenazaba a la niña- le comenzaba a explicar Leonardo
-o que le iban a robar-continue
-Robar es malo, nosotras compartimos- Confirmé que la pequeña no movía los labios pero yo la escuchaba claramente
-¿Cómo haces eso? - pregunté inclinándome un poco, la niña se apegó más al cuerpo de Shade. A no ser que fuese una ventrílocua prodigio me interesaba saber la respuesta.
La chica de ojos claros miro a la niña y luego a mi, señalo a la pequeña -eia…ammh…compite? o compate?…-
-¿compite?...- Leo estaba tan confundido como yo
La chica puso su mano sobre la cabeza de la niña y luego sobre la suya, repitiendo sus palabras.
-¡ah!...comparte- exclame, probablemente acerté porque de inmediato cesó y asintió con la cabeza.
Jugué un poco haciéndole caras a Camy para que saliera de su escondite. La hice reír un poco y con eso logré más de lo que esperaba. Me extendió los brazos y Shade un poco sorprendida la bajo para dejarla ir. La niña no parecía tener características como Shade, no había orejas entre sus castaños y lacios cabellos. No había cola y sus ojos tenían una tonalidad azul marino, casi opuestos a los de su acompañante. Aproveche para levantarla y con un poco de cosquillas pude ver sus dientes, un poco descuidados y con un leve tono amarillo pero completamente normales. Fue cuando presté atención a sus ropas, llevaba solo una camiseta también un poco grande para ella y un short azul con una franja blanca al costado. En sus pies unos tenis que pedían a gritos ser sustituidos y calcetines que, como la camiseta, en algún momento fueron blancos.
-¿Por qué no vienen con nosotros? - recién volví a prestar atención a Leonardo cuando hizo esa pregunta
-¿venen? ¡oh! ir...¿Dóde?- Shade
-en las alcantarillas…eeh, abajo -dije señalando hacia el suelo- ella miró el suelo y me miró como preguntando ¿aquí?, negué con la cabeza y me acerque a la orilla del tejado. Cuando ella me siguió señale la tapa de la alcantarilla en el callejón.
Shade frunció la nariz con disgusto, algo me dijo que estar allá abajo sería más duro para ella que para nosotros.
-podemos ir por la ciudad y usar la alcantarilla más cercana-me dijo Leo, asentí parecía la mejor opción.
Le hice seña a ella para que nos siguiera pero negó con la cabeza y tomó la mano a Camy. Me quedé muy sorprendido por esta reacción pero ella señaló al horizonte. El cielo se estaba aclarando.
-ya es hora de ir a casa- me compartió Camy.
-no alcanzaremos antes de que amanezca-dije preocupado a Leo
-eeh…No..nosotas..allá- señaló al otro lado.
-Vamos- dijo Leo decidido, lo mire cuestionando qué tan seguro estaba- nosotros podremos usar las alcantarillas para volver- me respondió y técnicamente tenía razón.
Shade tenía claras intenciones de irse sin esperar que nosotros termináramos de preguntar, pero por suerte la pequeña nos miraba con una sonrisa y luego de subirse a la espalda de su canina compañera fue ella quien nos hizo la seña para que las siguiéramos.
Sorprendentemente seguirle el paso a Shade costó más trabajo del que esperaba. A pesar de que usaba uno de sus brazos para sujetar a la pequeña en su espalda, era rápida y saltaba con agilidad. Pensé que con certeza esa era la trayectoria que recorría usualmente para volver a casa, no dudo ni una sola vez entre el entramado de tejados y callejones. Hasta que al fin llegamos a un edificio en construcción, el viejo hotel Dibago. El último piso no tenía tejado y se veía en el centro el inicio de unas escaleras que bajaban al edificio. Camy volvió a señalar el edificio con una sonrisa.
-aquí-
-si han estado aquí, es una suerte que nadie las haya encontrado- comenté sin mirar a Leonardo pero sabía que él pensaba igual.
-No es seguro- le dijo a Shade. Ella movió notablemente sus orejas y luego señaló su nariz. Lo que intérprete era que escuchaba y olfateaba para asegurarse.
Leonardo me dio unas palmadas en el caparazón -Donatello es nuestro experto en sistemas de seguridad- Shade me miró
-¿seguridad..es.. seguro?-repitió y yo asentí. Pareció agradarle la idea porque me miró con más interés.
-mañana, ustedes…-las señale-..vienen con nosotros-Shade me miró dudosa pero al final sonrió
-ben- la loba pasó a Camy de su espalda a sus brazos por encima de su hombro, la pequeña que me hizo un gesto de despedida con su manita- mañana- confirmó
-si- atiné decirle
Las chicas se alejaron dirigiéndose a la escalera de incendios por donde bajaron. Camy también se despedía de mi hermano y Shade me sonrió antes de irse.
o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o~o
