Especulaciones
Sesshomaru avanzó hacia donde Rin descansaba en el jardín de su hogar. Su joven esposa estaba confeccionando unas coronas con las flores que había creado la primavera y que, él supuso, había estado coleccionando en una cesta con ayuda de Jaken durante la tarde. Se detuvo un momento para contemplarla: a la luz del atardecer, con su vientre redondo y la sonrisa llena de felicidad y esperanza, Rin lucía preciosa. Quería preservar aquella imagen en su memoria y guardarla para siempre.
-Mi señor, ya está aquí- la joven le dirigió una pequeña sonrisa antes de intentar ponerse en pie.
-No te levantes- Sesshomaru se apresuró para sentarse a su lado y rodearla con un brazo, al tiempo que con su mano libre, acariciaba su barriga-, así es más agradable...
-¡Es verdad!
-¿Qué estás haciendo?- preguntó el demonio mirando las flores que aun estaban en su canasta.
-¡Coronas de flores para todos!- exclamó Rin entusiasmada- La morada es para usted, porque combina con la lunita de su frente- murmuró ella sonriendo antes de colocar la corona en la cabeza de su marido-; la roja es para el señor Jaken, porque el rojo y el verde son una linda combinación; la amarilla es para mí, porque es uno de mis colores favoritos y a las niñas les hice unas usando los tres colores, porque ellas van a traer mucha alegría a nuestra familia...
-¿Estás segura de que serán niñas?
-¡Claro que sí!- Rin miró a su esposo a los ojos con convicción- La anciana Kaede dice que por la forma de la barriga y el sonido del pulso, serán unas niñas y yo creo que es verdad ¡nunca se ha equivocado antes y esta vez no será la excepción!... Esto... ¿usted quería que su primer hijo fuera varón? Yo... si usted quiere tener un niño, prometo que me esforzaré mucho para dar a luz un varón antes de que las niñas tengan dos años...
-Rin, no es necesario- el demonio apoyó su frente sobre la de la joven-... yo... quiero tener hijos contigo y no me importa si son niños o niñas...
-¿De verdad no le importa?
-Me encanta la idea de que sean niñas...
Rin no pudo evitar suspirar aliviada.
-¡Menos mal!- exclamó la joven riendo un momento- No me imagino con otra barriga así de grande un año más, la verdad el embarazo cansa más de lo que había pensado al principio...
Sesshomaru asintió, aunque sabía que no era capaz de comprender en su totalidad lo mucho que se esforzaba Rin para llevar a término su embarazo: la veía caminar lentamente, cansarse un poco más seguido, evitar algunos alimentos y ubicarse de una manera especial para dormir. Había intentado estar presente en cada necesidad de la joven durante todo el proceso, pero era consciente de que el embarazo se experimentaba de forma diferente para ambos y que ella se estaba llevando la parte más difícil de todo.
-¿Cómo crees que serán?- preguntó Rin ubicando su pequeña mano por encima de la de su marido, la que reposaba cómodamente sobre su prominente vientre.
-Serán iguales a ti- afirmó Sesshomaru-: yo... sé que serán exactamente como mi adorable Rin.
-¡No es justo!- protestó la joven- Le recuerdo que usted también participó en la creación de nuestras niñas, así que deben parecerse a usted... aunque sea un poquito...
-Entonces me conformo con que hereden tu sonrisa y el brillo de tus ojos...
-Y yo quiero que sean tan bonitas como usted: quiero que tengan la forma de sus ojos y sean muy amables, como es usted... El señor Jaken, también dijo que quería que las niñas se parecieran a él, pero aunque intenté explicarle que era imposible que algo así sucediera, él está convencido de que las niñas heredarán algo suyo...
Sesshomaru intentó imaginar cómo serían unos cachorros parecidos a Jaken y llegó a la conclusión de que no era algo que quisiera ver en aquella vida.
-Rin, creo que si se parecen a Jaken, en realidad serán niñas muy feas...
-Es mejor que hereden la lealtad y el amor incondicional que Jaken siente por nosotros...- señaló Rin sonriendo después de pensarlo un momento- de esa forma serán muy lindas y buenas...
Sesshomaru asintió, conforme con aquella decisión. En verdad, antes de enamorarse profundamente de Rin, nunca antes se preocupó de su descendencia, pero ahora... ahora solo le preocupaba que Rin tuviera un buen parto, sin complicaciones y que sus cachorros fueran saludables, fuertes y estuvieran seguros.
-Presiento que van a nacer pronto...
-¿Por qué lo dices?- dices preguntó Sesshomaru mirando atento a su esposa.
-Porque se mueven más que de costumbre y creo que mi barriga no va a crecer más o voy a explotar... ¿Usted cree que tendré un buen parto?
-Lo tendrás, Rin- el demonio acarició suavemente la mejilla de la joven antes de besar su frente-. Eres una chica fuerte, haz tenido un embarazo muy saludable y estoy seguro de que todo va a salir bien...
-Si algo pasa, me gustaría que usted priorice las vidas de las niñas antes que la mía- Rin vio los ojos de su esposo mirarla con un profundo dolor-. Escúchame, por favor: mis niñas aún no conocen este mundo y no quiero, que su vida se ponga en duda por mi causa. Yo... he vivido momentos llenos de alegría y amor a su lado, he sido enormemente feliz y sé que una vez dijo que no había nada más valioso que mi vida... lo mismo quiero para mis hijas...- Sesshomaru asintió a pesar del profundo dolor que significaba para él imaginar un futuro sin Rin- ¿lo promete?
-Lo prometo...
A Sesshomaru, el parto de Rin le preocupaba no solo por la salud de la joven: dar a luz dos niños al mismo tiempo siempre es complejo y no quería ni imaginar que en el de su esposa, pudieran haber complicaciones. También le preocupaba la seguridad de las niñas una vez que hubieran nacido.
Aún no le hablaba de sus planes a Rin, pero eventualmente, tendría que hacerlo, aunque no sabía cómo hacerlo sin causar en ella sufrimiento: habían posibilidades de que sus planes no funcionaran, por muy meticuloso que fuese, siempre quedaba esa opción y Rin había perdido a su familia siendo tan pequeña, que quitarle la que había logrado formar junto a él, le hacía sentir realmente miserable. Ella estaba tan ilusionada, hablaba todo el día de lo muy felices que iban a ser una vez que las bebés nacieran, que no se atrevía a romper su burbuja de felicidad con el temor y el peligro que les acechaba.
Sesshomaru tenía ahora una gran responsabilidad sobre sus hombros: proteger lo único que realmente le importaba ahora, su amada familia...
