Uchiha equivocado
Por: Yuuki

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Resumen: Pasó gran parte de su adolescencia secretamente enamorada de su mejor amigo Sasuke, creyendo que él era el amor de su vida, sólo para darse cuenta de que estuvo años profesando amor al Uchiha equivocado.

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Capítulo II: ¡Ups! Error.

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Estaba sentada en el sofá, apoyando la cabeza en el hombro de Sasuke. Estaban en silencio, él sin observar nada en particular y ella permitiendo que las lágrimas se deslizaran libres por sus mejillas.

Había tenido un encuentro con Kiba, su primer exnovio, un encuentro solicitado por él con la intención de poder hablar acerca de las posibilidades de volver a intentar una relación. Desde el principio Sakura le aseguró que aquellas posibilidades eran inexistentes, no había chance para que aquello sucediese y se lo hizo saber desde aquel momento que la contactó por mensaje, pero siendo como era la muchacha, no pudo negarse a darle la oportunidad de hablar.

Se reunieron entonces, pero las cosas no salieron en absoluto como esperaba. Para empezar Kiba no estaba solo, no, estaba en compañía de Karin, una compañera del colegio que odiaba a Sakura. Literalmente, la odiaba, todos estaban enterados de que el rencor de la pelirroja hacia la Haruno era lo suficientemente grande para describirlo como simple y puro odio.

Desde que la vio en compañía de Inuzuka supo que algo andaba mal, pero intentando ignorar el sentimiento, decidió acercarse hacia ellos.

El lugar de reunión era un parque muy poco concurrido, pero aquello en un principio no le pareció raro, después de todo habían acordado juntarse al anochecer, porque hacerlo más temprano sería demasiado insoportable para cualquiera de las partes a causa del calor.

Nada estaba bajo control. No entendía que estaba pasando ni porqué estaba ahí la pelirroja, y aún así, completamente ignorante de las intenciones de aquellos dos, se acercó con una sonrisa en los labios.

Entonces Kiba le explico que realmente no era él quien quería hablar con ella, pero Karin sí tenía muchas cosas que decirle.

Y vaya que lo hizo.

Esa fue la oportunidad en la que Sakura por fin entendió porqué la pelirroja profesaba un odio tan profundo hacia su persona, y la razón no era ni más ni menos que Sasuke Uchiha.

Exacto, Karin llevaba tras Sasuke por, aparentemente, demasiado tiempo, sin embargo, el pelinegro jamás la había tomado en cuenta para nada, es decir, con suerte respondía a sus saludos, y según esta muchacha la culpable de aquello era Sakura.

Sus razones para creer aquello se limitaban a la cantidad de tiempo que pasaba con el Uchiha, al tipo de "amistad" que tenían, al amor que alguna vez había profesado Sakura por el joven y a un sinfín de cosas más que para la Haruno no tenían sentido alguno.

Una vez entendió de qué se trataba todo aquel asunto decidió dar un paso atrás y retirarse del lugar. No le correspondía escuchar estupideces, menos de una chica a la que apenas conocía. Dicho entonces, giró sobre sus talones, sin decir nada, para comenzar a caminar por el camino que había recorrido con anterioridad, sin embargo, Karin no iba a permitir que nadie, mucho menos la pelirrosa, la dejase con las palabras en la boca.

Al ver como la de largos cabellos le daba la espalda se apresuró a sostenerla por aquellos mismos largos cabellos rosados con una de sus manos.

Estaba furiosa y Sakura no imaginaba qué tanto lo estaba.

Ante el brusco tirón de cabello la joven se quejó de dolor y de paso soltó un par de maldiciones ante la inesperada acción. No entendía qué carajos estaba haciendo la otra, pero no le quedó duda alguna de lo que había hecho cuando escuchó el sonido de unas tijeras demasiado cerca de su persona.

Tiene que ser una broma. Pensó, deseando de todo corazón que efectivamente lo fuese.

Kiba se había mantenido alejado de la escena, pues realmente no le incumbía lo que su amiga pelirroja tuviese que decirle a su exnovia, pero no pudo evitar alertarse cuando escuchó el quejido de su ex.

En cuanto se percató de lo que estaba sucediendo no dudó en acercarse, pero ya era demasiado tarde.

Le gritó a Karin, le cuestionó sus acciones y de inmediato la apartó de Sakura, permitiéndole a la pelirrosada voltearse para observar, con sus propios ojos, lo que aquella muchacha había hecho.

Sí, le había cortado el cabello en medio de su arrebato de ira. Quizás la mitad de sus rosados cabellos estaban en suelo, descansado desordenados, irregulares.

Se llevó una de sus manos a su cabello, queriendo averiguar qué tanto había cortado, pero se detuvo a medio camino, con miedo.

Soltó un suspiro y se acercó hacia los dos jóvenes. Kiba aún sostenía a la pelirroja por los brazos, evitando que en otro ataque de ira fuese a por Sakura de nuevo.

Soltó un largo suspiro y elevó la misma mano con la que antes había querido tocar su cabello, seguido a eso, la bajó rápido, seguro y sin dudar. Su palma fue a estamparse directamente en la mejilla izquierda de Karin, y una vez que abandonó su rostro, quedó una gran marca roja donde antes había golpeado con su mano.

No contuvo su fuerza, y se notó no sólo por el sonido del impacto ni la marca que había dejado, sino también por la expresión de la muchacha, quien ahora miraba hacia un lugar totalmente distinto al que había estado enfocando su mirada. Del golpe, Sakura volteó el rostro de la muchacha, que al instante después de recibirlo se quedó en silencio, para unos momentos después, comenzar a llorar.

El castaño contuvo el aliento al presenciar las acciones de su exnovia. Él sabía la fuerza que tenía Sakura, independiente de lo pequeña y delgada que pudiese lucir, y también sabía que ni si quiera había hecho un esfuerzo por contenerse, lo entendía, y era eso, junto con la sorpresa causada por su accionar, lo que le había paralizado.

Volvió a soltar un suspiró y esta vez sí pudo largarse del condenado parque. Nadie le siguió, nadie tiró de su cabello, nada, sólo escuchaba a lo lejos los sollozos y las pataletas que estaba armando Karin.

Le contó toda esa historia a Sasuke cuando fue por ella y en el camino hacia su casa, pero no fue hasta que estuvieron ambos sentados en el sofá que ella pudo relajar su cuerpo, apoyarse en el pelinegro y ponerse a llorar.

Aún ni si quiera se había detenido a ver qué tan dañado resultó su cabello porque le daba miedo.

En medio de sus sollozos sintió uno de los brazos de Sasuke rodearle la espalda, buscando reconfortarle, aunque fuese un poco.

Ninguno de los dos tenía noción de cuánto tiempo habrían estado así, ella intentando dejar de llorar por todos los medios y consiguiéndolo (apenas) después de un rato, y él repartiendo tiernas caricias en su espalda, dándole el tiempo que necesitase.

En el transcurso de esa rato Itachi había bajado de su habitación, sin embargo, fue directo a la cocina al observar aquella escena entre su hermano menor y la Haruno. Aún en contra de su voluntad, sintió un nudo en la garganta al imaginarse las mil posibilidades de cómo fue que esos dos llegaron a una situación que lucía tan íntima.

No se detuvo a saludar en el camino para no interrumpir lo que sea que ellos estuviesen haciendo.

Al llegar a la cocina sacó un vaso de uno de los muebles y lo llenó de agua. Sólo había ido a eso, así que podía volver a su habitación de inmediato, aún así, decidió permanecer otros instantes, quizás mentalizarse para la escena que vería, otra vez, le sirviese para no sentir tan intensamente la incomodidad que sintió al principio.

Se apoyó en el fregadero y acercó el vaso en su mano hacia sus labios; tenía la mirada fija en la puerta, como si estuviese esperando la aparición de cierta muchacha. Grande fue su decepción cuando la persona que ingresó resultó ser su hermano.

Soltó un suspiro perfectamente audible para Sasuke, quien dirigió su mirada hacia el mayor y no la despegó en todo su quehacer de llenar un vaso con agua.

Llevaba observando a su hermano mayor el tiempo suficiente para percatarse de que algo sucedía, y para aquel momento ya estaba prácticamente seguro de qué era eso que parecía afectar a Itachi.

—No te atrevas. — Le dijo, llamando su atención. — Es una cría, una cría frágil.

Y sin esperar respuesta alguna, se fue, dejando al mayor con mil palabras en la boca.

¿Qué se creía Sasuke? Él era el crío en aquella situación, suponiendo que él ni si quiera se hubiese cuestionado con anterioridad todo lo que parecía estar pasando con Sakura.

Dese el primer momento en el que notó cierto atractivo en la pelirrosa se cuestionó una y mil veces sus pensamientos, se regañó por cada pequeña indirecta que le enviaba a la chica y se arrepentía cada vez que dejaba que ella le coquetease de alguna forma, porque sí, aquella situación no era unilateral, en absoluto. Desde que Itachi soltó aquel comentario en el patio de su casa, cuando ambos estaban solos, se habían dado muchas oportunidades para soltar una que otra inocente indirecta que el otro no tardaba en corresponder.

Y si, el pelinegro llevaba semanas torturándose por ese accionar, pero cada vez que insistía en restringirse de hacerlo sentía más ganas de llevarlo a cabo, de ver hasta dónde llegarían o quien se rendiría primero en aquel juego de acciones indirectas, de discreción.

Molesto consigo mismo, y con su hermano, dirigió sus pasos a la salida de la cocina y de ahí directo a su habitación. Ni si quiera se molestó en dirigir su mirada hacia los jóvenes, no, fue directo a encerrarse.

—¿Está bien Itachi? — Cuestionó Sakura, al verle pasar con aquella expresión de molestia en su cara.

Sasuke simplemente asintió.

—Ve a mi habitación y descansa hasta que vuelva. — Le indicó el pelinegro, poniéndose de pie y ofreciendo una mano a su mejor amiga para que ella también lo hiciese.

La joven aceptó tomar su mano, aunque su expresión confundida le exigía a Sasuke una respuesta.

—Voy por Naruto, compraremos un par de cosas de camino, así que probablemente tardaremos.

Asintió y le dirigió una sonrisa.

Sasuke podría ser todo lo desagradable que quisiera, pero también era el mejor y más preocupado amigo que tenía. Sabía lo que ella necesitaba sin si quiera pedírselo.

Como respuesta a aquella sonrisa de matices tristes, el pelinegro dejó un casto beso sobre sus cabellos y aprovechó de limpiar, de forma más bien torpe, la humedad que había quedado en sus mejillas producto del llanto. Aún se podían observar sus verdes ojos vidriosos, luchando por contener las lágrimas, pero se le notaba mucho más calmada.

Sin decir más el joven Uchiha tomó las llaves del automóvil y aprovechó de acompañar a la Haruno hasta las escaleras.

—¿Estás seguro de querer ir en el auto? — Cuestionó ella, sabiendo de sobra que no debía manejar sin la presencia de un adulto en el vehículo.

—Estaré bien. — Fue su respuesta y sin más, se retiró.

La joven sólo negó con la cabeza y comenzó a subir los escalones, uno por uno, intentando no pensar en el desafortunado encuentro de aquella tarde, porque bastaba pensar en Kiba o Karin para que nuevamente las ganas de llorar le atacasen.

Cuando subió el último peldaño divisó a Itachi ingresando a una de las habitaciones. Ella parpadeó y se quedó de pie unos instantes. No había ido más que una vez al cuarto de Sasuke y eso había sido hace ya varios años, así que realmente no tenía claridad de cual de las dos puertas correspondía al cuarto de su amigo, sólo estaba segura de que era la puerta que estaba frente a la habitación de Itachi.

Se encogió de hombros entonces, e ingresó a dicha habitación, la que estaba justo en frente de la puerta por la que había ingresado el mayor de los Uchiha.

Cerró tras de sí y avanzó unos pasos en dirección hacia la cama. Ahora que lo pensaba, la verdad es que sí le vendría bien un descanso, sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando de pronto se abrió la puerta que ella misma había cerrado apenas unos instantes antes, dejando ver a un pelinegro alto ingresar a la habitación.

La cara de sorpresa que pusieron ambos simplemente no tuvo precio.

Aquella era la primera vez que estaban solos desde aquella noche en el patio, desde que iniciaron con aquel juego de disimulados coqueteos.

La primera en recomponerse fue Sakura, quien sorprendentemente logró articular una frase con la suficiente rapidez para intentar disimular su sorpresa.

—¿Necesitas algo del cuarto de Sasuke? — Cuestionó ella, amable como siempre, con aquel cálido tono de voz.

Él enarcó una de sus cejas y no pudo evitar enseñarle una sonrisa que resultaba entre una mezcla de diversión e insinuación.

—Sakura. — Dijo y ella dirigió sus verdes ojos aún vidriosos hacia el pelinegro. —Esta es mi habitación.

Ella no pudo más que enrojecer y quedarse en silencio.

Oh. Por. Dios.

Se había equivocado de habitación, y no contenta con ello, se había inmiscuido en la habitación de ese Uchiha.

Quería que la tierra se la tragara, que la tragara y la escupiera en cualquier lugar que no fuese aquel.

—¿Estás bien? —Cuestionó él, no por sus mejillas coloreadas de rojo, sino por aquella expresión de tristeza que vio en sus ojos hasta antes de confesarle que aquella era su habitación y no de su hermano.

Con calma recorrió la distancia que lo separaba de la menor, permitiéndose así observar más atentamente sus expresiones.

Como respuesta ella le enseñó una sonrisa que él interpretó como nerviosa.

Suavemente apoyó una de sus manos en la sonrojada mejilla de la pelirrosa, aprovechando de repartir suaves caricias con su pulgar.

—Es una larga historia. — Respondió después de unos instantes. No quería hablar de lo que le había sucedido, pero en su lugar tenía muchísimas ganas de cerrar sus ojos y disfrutar de aquella caricia que estaba entregándole el pelinegro.

En contra de sus mudos deseos de prolongar aquel contacto, él deslizó su mano hacia sus cabellos, donde con lentitud se dedicó a acariciar aquella larga melena de rosados cabellos, de principio a fin.

Bastaron un par de segundos para que él frunciera el entrecejo al percatarse de algo poco usual. Sí, era la primera vez que le acariciaba de aquella forma el cabello, pero estaba absolutamente seguro de que recordaba aquellas hebras mucho más largas de lo que las sentía.

Curioso liberó a la muchacha de todo contacto, para poder rodearla y toparse así con sus cabellos cortados irregularmente.

Ella soltó un suspiro y él no dijo nada, solo volvió a pararse frente a ella para observar su rostro. Nuevamente se encontró con aquella expresión de tristeza.

Entendía ahora lo íntima que le había lucido aquella escena que presenció rato antes entre ella y Sasuke. Probablemente habían estado hablando acerca de lo que sea que le sucedió a la Haruno.

Con una ternura que Sakura ignoraba poseía el mayor, tomó su rostro entre ambas manos y apoyó su frente en la de ella.

Inevitablemente aquella cercanía la puso nerviosa, pero a la vez ansiosa.

Fue ella misma quien cerró sus ojos y se aproximó hacia sus labios, dejándose llevar por la situación en la que estaban. Se alzó en las puntas de sus pies para poder cerrar la distancia que los separaba y poder así iniciar un suave beso.

Itachi correspondió al instante, sin dudarlo. Todas las dudas que hasta el momento había tenido en relación con lo que creía sentir por la pelirrosa, se disiparon en el mismo segundo que sus labios se unieron.

Con suavidad el mayor envolvió el cuerpo de la muchacha con sus brazos, como una muda invitación a acercarse más hacia sí. Ella no se resistió y en respuesta envolvió su cuello con sus brazos.

Podía sentir el cabello del pelinegro cosquilleándole el rostro, pues había tenido que inclinarse bastante para alcanzar la altura de la muchacha, además, se movían al mismo ritmo que se besaban, lento, suave, cosquilleante. Más tarde recordaría aquella diferencia de tamaños con diversión.

El pelinegro deseó no prolongar demasiado aquel contacto que le resultaba tan placentero, pues, corría el peligro de que se tornase demasiado placentero, y no era su intención, en absoluto, que las cosas tomaran aquel rumbo, pues poco confiaba en sus capacidades de autocontrol, después de todo había subido las escaleras asegurándose de borrar cualquier tipo de interés que pudiese sentir por la muchacha y ahí estaba, besándola y con el creciente deseo de continuar besándola por horas, días y semanas.

Con la misma suavidad que mantuvo y correspondió a aquel contacto se separó de sus labios, dedicándole una afectuosas sonrisa.

Al instante de abrir sus ojos se topó con aquellos preciosos ojos verdes.

Como el jade, pensó él.

Ella tenía las mejillas sonrojadas y una sonrisa dibujada en sus húmedos labios.

Ninguno de los dos sabía qué decir, quizás porque en el fondo ni él ni ella esperaba que aquello fuese más allá de un par de inocentes coqueteos y verse ahora enfrentados a una realidad que les decía totalmente lo opuesto los dejaba sin palabras.

—¿Confías en mí? — Cuestionó él de pronto, aprovechando de robarle un corto beso que la hizo sonreír.

—¿Depende? — Respondió curiosa. Él se encogió de hombros ante su respuesta, eso era suficiente.

—Vuelvo en unos minutos. — Dijo, dejando un último beso sobre su frente.

Liberó entonces a la pelirrosa del abrazo que la mantenía cautiva y se retiró de su habitación, dejando ahí a una Sakura sorprendentemente feliz y tranquila. Literalmente nada de lo que le había sucedido antes de llegar a esa casa le importaba.

Se sentía en una nube.

Tal y como había dicho, el mayor volvió en apenas unos minutos, trayendo consigo unas tijeras y una toalla. Sakura le miró interrogante.

—Confía en mí. — Fue todo lo dijo y la tomó de la mano para guiarla hacia el baño.

Aquel simple contacto hizo que Sakura volviese a dibujar una sonrisa en sus labios. Se sentía cálido, agradable. Empezaba a sorprenderse de la capacidad de Itachi para provocarle aquel cosquilleo en el estómago con acciones tan simples como sostenerle la mano.

Desconcentrada por aquella sensación le siguió hasta el baño de su habitación y se quedó ahí de pie cuando el Uchiha retornó al cuarto en busca de la silla de escritorio.

Le pidió que se sentara en ella y la muchacha obedeció, haciéndose ya una idea de lo que el pelinegro iba a hacer. Dejó que le envolviese el cuerpo con aquella toalla y observó, a través del espejo, como peinaba su disparejo cabello.

—Ten completa seguridad de que voy a asesinarte si me dejas peor de lo que estoy. — Dijo como advertencia, y aunque por su tono ligero parecía bromear, él tenía totalmente claro que había mucha verdad sus palabras.

—Confía en mí. — Repitió y antes de comenzar a cortar, depositó un beso en su mejilla.

Durante todo lo que tardó el Uchiha ella observaba con atención, nerviosa y tensa, pero sin preguntar qué era exactamente lo que haría o cómo le dejaría el cabello. Aquella experiencia le sirvió para recordar lo mucho que odiaba ir a una estética y entregar su precioso cabello a un extraño que, por lo general, siempre encontraba alguna forma de arruinarlo.

Suerte para ella que esta vez resultó totalmente diferente.

Cuando el mayor anunció que había acabado no tardó en quitarse aquella toalla que evitó que su ropa se llenase de cabello, y de inmediato se acercó al espejo para ver cómo había resuelto aquel problema el Uchiha.

Deslizó sus dedos una y otra vez por su cabello. Había una notable diferencia en el largo, y junto con ello, se percató también de que sus rosados cabellos ahora enmarcaban de una forma diferente su rostro, haciéndole lucir no como una niña pequeña, sino más madura.

El pelinegro observó atentamente cada uno de sus movimientos y sus expresiones, pero no logró concluir si le había agradado o, por el contrario, lo había odiado. Simplemente esperaba haber tomado la decisión correcta, que, en su opinión, así había sido.

Sakura, según sus ojos, lucía increíblemente bien con el cabello corto.

Bueno, no muy corto, de hecho, había cortado su cabello un par de dedos por debajo de los hombros, intentando salvar la mayor cantidad de centímetros que pudiese, después de todo, sabía cuánto apreciaba la muchacha su cabello, sin embargo, aquella melena quedaba perfectamente bien con sus rasgos, además le daba un toque de madurez que lo hacía sentir infinitamente mejor con respecto a sus diferencias de edades.

—Bueno, creo que te equivocaste de profesión. —Dijo, volteando a verle. — Deberías ser estilista.

Él negó brevemente con la cabeza y respondió con una sonrisa. Ahora sí podía asegurar que aquel cambio le había agradado lo suficiente como para no llevar a cabo su amenaza.

—Ven, después me encargo de limpiar. — Comentó mientras dirigía sus pasos hacia la habitación. La joven le siguió y cerró la puerta del baño tras de sí. —¿Prefieres ir abajo? —Cuestionó él, sentándose en el borde de su cama.

La pelirrosa negó y se sentó a su lado, aprovechando de apoyar su cabeza en su hombro.

—De hecho, iba a descansar un rato cuando llegaste a decirme que me había equivocado de habitación.

—Torpe. —Dijo él, y Sakura no tenía cómo replicar aquello, después de todo sí fue un error muy torpe de su parte.

—Ups… —Fue todo lo que respondió.

El mayor llevó una de sus manos a acariciar sus cabellos y cuidadosamente se levantó, recibiendo una mirada curiosa. Sin decir nada encendió la lampara que se encontraba en la mesa de noche y luego apagó la luz que iluminaba todo el cuarto, dejándolo iluminado sólo por aquella tenue lámpara.

Volvió a acercarse a la cama, pero esta vez se recostó en ella e invitó a la muchacha a hacer lo mismo, quien le observó con cierta duda. Él entendía perfectamente de dónde nacía su inseguridad, después de todo, se conocía perfectamente bien y sabía qué era y no era capaz de hacer, y lo que ella temía era perfectamente capaz de llevarlo a cabo, pero no ahí, ni en ese momento.

Le dedicó una sonrisa a la muchacha mientras tomaba una de sus manos para atraerla hacia sí. Sakura se dejó hacer, encontrándose luego cómodamente recostada sobre el pecho de aquel pelinegro, quien la envolvía en un agradable abrazo.

Pronto cerró los ojos, dejándose llevar por las agradables caricias que repartía Itachi en su espalda, que además de relajarla, le provocaban esbozar aquella boba sonrisa que llevaba poniendo desde que compartieron aquel primer beso.

Para ese momento ninguno de los dos tenía dudas, respecto a nada, es más, se habían aclarado más que un par de cosas para ambos y en especial para Sakura.

Toda la adolescencia enamorada del Uchiha equivocado. Pensó ella, instantes antes de caer dormida producto de la comodidad y la calidez que le estaba envolviendo. Itachi le acompañó un rato después y es que no podía dejar de pensar en los recientes sucesos, además intentaba hacerse una idea de cómo les comunicaría a las dos personas que más amaba en la vida que Sakura era su novia, porque fueron precisamente esas dos personas las que le advirtieron sobre no llevar a cabo lo que sea que pretendiese.

Entendía que aquellas advertencias fueron hechas para proteger a la joven, pero él jamás se atrevería a dañarla, ni si quiera era capaz de pensar hacerlo, así que Sasuke y su madre tendrían que encontrar la manera de estar bien con la nueva noticia.

Con esos pensamientos fue que se quedó dormido, respirando el agradable aroma que emanaban los cabellos de ella.

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Sasuke y Naruto acaban de llegar a la casa Uchiha con una cantidad exagerada de comida y con un par de bebidas alcohólicas que fueron compradas por el padrino de Naruto, Jiraiya, debido a que ambos jóvenes eran aún menores de edad.

El pelinegro había dado indicaciones a Naruto de llevar las cosas al patio mientras él iba por la pelirrosa, así que en tanto el rubio trasladaba las cosas, él subió por las escaleras en dirección a su habitación para despertar a la joven que imaginaba estaba dormida.

Grande fue su sorpresa cuando al encender la luz no vio a la muchacha recostada en su cama como hubiese esperado. Extrañado cerró la puerta del cuarto y buscó el móvil en el bolsillo, esperando encontrar algún aviso por parte de la muchacha en caso de que esta se hubiese marchado.

Nada.

Encaminó sus pasos hacia la habitación de su hermano mayor para cuestionar acerca del paradero de la Haruno, quizás y le había dicho algo a él.

—Itachi, ¿Sabes dónde está Sakura? — Cuestionó al abrir la puerta, mientras guardaba el móvil en el pantalón.

La espléndida cara de sorpresa que puso el Uchiha menor no tuvo precio, sin embargo, nadie estaba para presenciar aquella expresión, pues los ocupantes de la habitación se hallaban plácidamente dormidos, o al menos la pelirrosa sí lo estaba, pues Itachi no tardó en abrir sus ojos ante la irrupción en su cuarto. El joven era de muy fácil despertar.

Cuando enfocó el rostro de aquel que había osado a abrir la puerta sin si quiera tocar no pudo más que sonreír divertido. Sasuke le estaba mirando con una clara molestia reflejada en su rostro.

—¿Qué? — Cuestionó el mayor en un susurro, no deseaba despertar a la Haruno para que se viese descubierta de aquella forma por su nuevo cuñado.

—Naruto está abajo. —Espetó el Uchiha molesto. — Despierta a Sakura.

Y sin decir más, se retiró.

El pelinegro suspiró ante la conversación pendiente que tenía con Sasuke. Sí, sabía que en su momento tendría que contarle a su familia, pero no esperaba que ese momento llegase tan rápido.

Dirigió su mirada hacia la joven que descansaba imperturbable sobre su pecho.

Lo vale. Pensó antes de hablarle con suavidad para poder despertarla.

Después de un rato la muchacha se encontraba ya compartiendo alegremente con Naruto y con un molesto Uchiha, quien pese a sus esfuerzos no logró disimular el malhumor que le aquejaba y que se incrementó al ver a la joven tan feliz después de haberla visto llorando un par de horas antes.

Que no se malentienda, le otorgaba una paz increíble ver a la joven con su característica expresión alegre, pero le molestaba a niveles estratosféricos saber el motivo de aquella espontánea felicidad.

No le molestaba por celos, en absoluto, más bien era por temor. Temía por Sakura, pues sabía que él ya le había roto el corazón en alguna ocasión, cuando eran más niños, y no quería que su hermano mayor hiciese lo mismo, mucho menos ahora que cualquier ruptura amorosa importante sería mucho más difícil de ignorar.

Además, conocía a Itachi. En más de una ocasión le había hablado sus aventuras en el extranjero, y se negaba rotundamente a que Sakura, aquella cría que era como su hermana menor, fuese otra de las aventuras de su hermano. Amaba a su hermano, pero no iba a permitirle jugar con los sentimientos de la Haruno.

—Deja de comportarte como un crío. — Fue lo que le dijo su hermano, cuando se toparon al interior de la casa. Sakura y Naruto seguían afuera.

—Hmp.

Itachi rodó los ojos ante la respuesta de su hermano.

—Tienes dos opciones: Apoyas a tu mejor amiga y a tu hermano mayor en esto, o te vuelves un obstáculo para la felicidad de ambos.

Iba a replicar, iba a cuestionar todos los temores que tenía con respecto a aquello, sin embargo, ingresaron la pelirrosa y el rubio a la cocina, donde estaban Itachi y Sasuke.

El mayor de los Uchiha se acercó a Sakura y luego de apoyar una mano en su cintura y la otra en su mejilla, buscó sus labios con los propios para unirlos en un casto beso.

Ella no tardó en sonrojarse y ponerse completamente nerviosa a causa de los dos espectadores que observaban congelados la escena. Bueno, era Naruto quien se había paralizado, Sasuke simplemente había rodado los ojos.

—Voy en serio. — Fue todo lo que dijo antes de soltar a la muchacha.

En cuanto reaccionó, Naruto armó un escándalo lo suficientemente difícil de ignorar, incluso para Sasuke, quien no tardó en llevárselo de vuelta al patio para hacerlo callar, dejando a la pelirrosa sola con Itachi.

—¿Pasa algo? —Cuestionó ella, siguiendo con la mirada a Sasuke.

—Ya no.

Ante la ausencia de réplicas Itachi comprendió que, a regañadientes, su hermano menor intentaría no convertirse en un obstáculo para Sakura y él.

Aquello lo hizo sonreír.

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N/A:

Muchas gracias por los rvw que me dejaron, me alegra saber que hay personas que disfrutan de esta pareja y me renueva la confianza para escribir sobre ellos.

En fin, gracias y espero que les haya gustado este capítulo, me gustaría mucho leer sus rvw 3

Bueno, después de subir este capítulo pondré la historia como finalizada, sin embargo, planeo subir un epílogo durante la semana siguiente, así que espero que puedan estar atentos a esa actualización.