Cliché No. 20: El bar

Por: M. Mao

U.A y O.o.C

—No puede ser —se dijo a sí mismo, después de ver una figura conocida entrar al mismo lugar donde ellos iban.

—Muchachos lo siento, ahora si podemos entrar —habló la que faltaba.

—Eeeh, esperen...—las detuvo el muchacho— mejor vamos a otro lugar.

—Pero, ¿qué dices Miroku? —renegó Sango—. ¿Qué sucede?

—Nada, es sólo que… —dudó—. Acabo de recordar que hay otro lugar mejor, e-es nuevo que tal si…

—¿De qué estás hablando?, éste es el mejor club de la ciudad.

—Vamos... el lugar es lo de menos, el hecho es divertirnos, ¿no es así? —sonrió Kagome.

—Así es —se aunó Sango— finalmente logré que salieras con nosotros, así que allá vamos.

—Por supuesto.

—E-esperen...

—Vamos Miroku, estás actuando raro, espera… ¿acaso hay algo que nos ocultas? —intuyó Sango.

—Así que eso es, ¿eh? —se burló Kagome tomando la delantera e ingresando al lugar.

El club tenía una gran entrada iluminada con un amplio hall ocupado por los que salían esperando a que el valet llegara con su auto, o para aquellos que esperaban a sus acompañantes antes de ingresar. El atractivo principal del club era un lujoso y exclusivo bar, una gran barra con las mejores marcas de licor, salas privadas bien equipadas, vista privilegiada y una gran pista de baile; todo de primera y sólo personas con una muy buena posición económica podrían darse el gusto de pagar unos cuantos dólares por la experiencia, por supuesto que no habría mejor lugar en la ciudad. Los anfitriones y guardias le dieron la bienvenida; sabían perfectamente quien era, e inmediatamente ella pidió ser tratada como cualquier otra clienta, pues uno de los que venía con ella aun desconocía su misterio, y no es que no quisiera decirlo, es sólo que la situación se tornó compleja, afortunadamente podía "acceder" a estos lugares escudada en la posición ostentosa de las familias de sus amigos, sin necesidad de exponerse.

Conocía muy bien el lugar a pesar de no haberlo visitado desde un tiempo atrás, se detuvo a observar la pintura de un gran árbol tradicional japonés colgada en la parte céntrica del hall, siempre le gustó ese cuadro, desde niña cuando sus padres le contaban historias de lo mágico que era ese legendario árbol. Sin embargo, el significado era más profundo. Embelesada con la pintura, no prestó atención a nada más, cayendo en saco roto lo que Sango le dijo sobre esperarlos ahí un minuto, había olvidado su pase VIP en el auto de Miroku, obligándola a regresar por ello. Después de un momento, Kagome se sintió reconfortada, respiró profundo y giró. Al no encontrar a nadie interpretó que sus amigos se adelantaron, siguió el camino hacia la entrada al bar, pero una figura conocida enseguida capturó su completa atención.

—E… ¿es él? —murmuró para sí misma, llevando una mano a su pecho y estabilizando sus latidos. Abrió bien los ojos formándose una sonrisa sin su permiso. Empezó a caminar por inercia hacia él, estaba al fondo del pasillo, pero fácilmente logró distinguirlo; no había duda en su identidad, apresuró el paso y cada vez estaba más cerca. Estando a sólo unos metros, su emoción era incontenible, después de tanto tiempo de extrañarlo estaba ahí, era él, era…

—Inu… —Su voz quedó opacada por la de otra mujer, se detuvo de golpe al verla acercarse hacia él siendo recibida por un afectuoso abrazo, su primera reacción fue esconderse, como si estuviese haciendo algo malo.

—¿Q-quién es ella? —susurró, como si al decirlo bajo no lo haría real.

Su mente estaba alborotada, ¿por qué?, ¿qué significa esto?, ¿qué debía hacer ahora? Estaba en shock y se quedó aún más pasmada cuando pudo ver el rostro de esa mujer, era muy parecida a ella o más bien era ella la que se parecía a esa mujer, era alguien muy especial estaba claro. Sujetaba el brazo del causante de su tristeza, el que había desaparecido hace más de tres meses sin decirle nada. No le respondía los mensajes, no le devolvía las llamadas, no había señal de él. Simplemente de un día a otro se esfumó. Estuvo tan preocupada que se sumergió en sí misma; hasta ahora, que finalmente decidió salir y retomar la vida que tenía antes de conocerlo. Pero ahora él apareció frente a ella, y un sentimiento de felicidad surgió nuevamente, el mismo que fue opacado inmediatamente al verlo sonriente con otra que no era ella. Parada, avergonzada, triste, enojada, confundida sin saber qué hacer; sólo quería desaparecer, pero sus pies no le respondían.

«Que no se dé cuenta», pensó. «Debes irte, ¿qué esperas Ka…»

—Kagome... aquí estas, te estábamos buscando —llamó Miroku haciéndola reaccionar. Inuyasha escuchó el nombre y posó los ojos en su dueña, sin embargo, ni su actitud, ni su agarre cambiaron. Un segundo después giro su cabeza e invitó a su acompañante a pasar al bar de una forma tan gentil que causaba envidia.

—S-si —respondió quedamente—, será mejor que nos vayamos —dijo Sango percatándose de lo que pasaba.

—No es necesario —se recuperó rápidamente—, no tenemos por qué irnos, finalmente nunca hubo nada entre nosotros. Él es libre de estar donde y con quien quiera, ¿no crees? —sonrió torpemente.

—Pero Kagome —rogó Sango.

—Estaré bien, lo prometo —dijo.

«No permitiré que me vea de esta forma», pensó.

—Kagome, creo que Sango tiene razón.

—No se preocupen por mí, Miroku sé que es tu amigo, pero nuestra amistad no tiene por qué cambiar, ¿verdad?

—Por supuesto.

—¡Bien!, entonces entremos —volvió a tomar la delantera.

Entraron al bar en la misma dirección que el anterior. Kagome siempre fue una mujer fuerte, alegre y decidida, esta vez no veía motivo para ser diferente, estaba a punto de graduarse de una de las mejores universidades, en la cual estaba becada, demostrando que el dinero no lo era todo. No tenía planes de enamorarse, pero sucedió, ¡suficiente! ahora definitivamente haría lo que quisiera, después de todo, lo que alguna vez existió entre Inuyasha y ella fue por una simple condición, fue ella quien terminó malinterpretándolo.

—Una botella de whisky, por favor.

—¿Beberás? —preguntó Sango.

—Por supuesto —afirmó—. Necesito divertirme y claro olvidar.

—Kagome… —la consoló.

—No te preocupes, sólo será hoy, mañana volveré a ser la misma de siempre —sonrió tristemente.

—Eres un tonto —dijo Sango dándole un golpe en las costillas a su novio.

—Lo siento—se disculpó—. Traté de evitarlo, pero…

—Ya no importa.

—Te juro que no sabía nada de esto.

—Sí, claro eres su mejor amigo y no sabías —ironizó—. Qué raro...

—Desde hace tres meses no supe nada de él, lo sabes.

—Ya no importa, ahora lo importantes es cuidar a Kagome, ¿de acuerdo?

—Por supuesto, lo que tú digas —besó su mejilla.

Después de un tiempo de observar sigilosamente, no encontró al responsable de su enfado, asumió que ya se había ido, o simplemente estaba en una sala privada. Se permitió relajarse, en parte también gracias a todo el licor que había bebido; se divirtió con sus amigos, rechazó unas cuantas invitaciones a bailar y algunos tragos enviados por desconocidos admiradores que intentaban acercársele; algunas de las otras ofertas no lograron pasar los filtros de Sango y Miroku y, sin que se dieran cuenta, Kagome estaba tan borracha que no podía caminar sin tambalearse. Ella era de las personas que cuando estaban completamente ebrias eran típicamente alegres, tan infantiles y caprichosas como una niña.

—Muchachos —los sujetó por el cuello— los quiero muchísimo.

—Y nosotros a ti —respondió Sango.

—Pero es suficiente —agregó Miroku—. Es hora de irnos.

—Quedémonos un poco más —pidió.

—Es tarde, te llevaremos a casa.

—¡No! —protestó—. Aún es temprano apenas son las… —miró su reloj— no sé cómo se lee esto, Miroku, ¿qué hora es?

—Kagome-chan es hora de ir a descansar.

—No quiero, no quiero, no quiero —se quejó—. Además, ese estúpido no está aquí, solo quiero divertirme.

—Qué tal si nos divertimos en mi departamento —ofreció Sango—. Tengo algunas botellas de vino.

—Voto por el vino —respondió emocionada.

—Entonces vámonos.

—Espera, quiero jugo.

—Lo sé, tengo algunos en el auto, vámonos.

—Te quiero tanto, amiga. Pero ¿sabes? —la abrazó por completo— soy una gran tonta, él solo se estaba divirtiendo conmigo.

—No merece la pena hablar de eso.

—Si él puede, ¿por qué yo no?

—Porque tú eres una buena persona —añadió Miroku.

—Es verdad, ¡lo soy!... por cierto—se dirigió a su amiga—, él es muy guapo, sería un buen novio para ti —dijo señalándolo.

—Sí, sí, lo que digas —suspiró—. Es hora de irnos estas tan borracha que no lo recuerdas.

—¿De qué hablas Sango?, sí sé quién es —sonrió triunfante.

—Pues, ¿quién es?

—Es… él es... —La miraron expectantes— ¿Quién eres? —le preguntó.

—Sí, estas demasiado borracha, iré por el auto —dijo el desconocido—. Salgan con cuidado, ¿de acuerdo?

—Miroku, espera... —detuvo Sango— Sé que ese idiota amigo tuyo nos estuvo observando, aunque lo vi salir hace una hora.

—Lo sé —sonrió—. Debo cerciorarme de que no esté.

—Sí, porque si lo veo lo mataré, Kagome no… —volteó a ver a su amiga, pero… —¿Kagome?, ¿dónde se metió estaba aquí hace un segundo?

—No lo sé, ayúdame a buscarla —ambos la buscaron, pero no había rastro de ella.

En uno de los pasillos, estaba tambaleándose la desaparecida. Quería un poco de jugo, cuando un sujeto la interceptó, y aprovechándose de su estado, la convenció en seguirlo tomándola de la cintura, haciendo que se apoyara en él. De cerca, un aura asesina se acercaba. Había visto todo, de hecho, estaba asechándola durante casi toda la noche, vigilando sus movimientos, y en ese preciso momento, los celos hicieron lo suyo, derribando aquel que osó tocarla.

—¿Cómo te atreves a tocarla? —encaró enfurecido.

—No es asunto tuyo, hazte a un lado o…

—¿O qué?, ¿estás tratando de amenazarme? —se jactó.

—Ya que insistes —empujó a Kagome haciéndola perder el equilibrio y se lanzó contra el otro.

—¿Cómo te atreves? —Inuyasha lo esquivó hábilmente y la sujeto antes que se diera contra el piso, al mismo tiempo propinó un golpe en las costillas de su oponente haciendo que pierda la respiración por unos instantes.

—Me las pagarás —se recuperó—. Tanto escándalo por una mujer.

—Deja de decir estupideces —lo pateó —, será mejor que te largues antes que te acabe.

—¡Kagome! —gritó Sango en cuanto la vio— Aléjate de ella.

—Inuyasha —habló Miroku—. ¿Qué sucedió?

—No es nada —Inuyasha cargó a Kagome, ella no había dicho ninguna palabra, posiblemente por el shock de la pelea anterior—. La llevaré a casa.

—Ni que fueras la última persona disponible.

—Ten cuidado —Miroku sujetó a Sango mientras Inuyasha se llevaba a Kagome en brazos.

—Pero, ¿qué haces? —forcejeó— No me digas que estas de su lado.

—Por supuesto que no —la soltó Miroku—, pero aún no sabemos lo que tiene que decir, después de ver lo que pasó, ¿no crees que deberíamos escucharlo?

—No lo creo —se enfureció Sango.

—Entonces que tal esto —Miroku se cruzó de brazos—, piénsalo bien. Sabes cómo se pone Kagome cuando está borracha, ten por seguro que no le será nada fácil.

—¿Y, si le hace daño?

—Han estado muchas veces solos antes. Además, Inuyasha tiene mil defectos, pero no es ese tipo de persona —dijo Miroku.

—Pues…

Inuyasha la cargó hasta su auto, la sentó del lado del copiloto y le abrochó el cinturón. Cerró la puerta, y precisamente este sonido la trajo a la realidad. En la medida posible, reaccionó dándose cuenta de donde estaba, y ¿con quién estaba? La puerta del lado del piloto se abrió, revelando quien era.

—¿Qué hago aquí? —preguntó molesta, percatándose de quien la llevó ahí.

—Te llevaré a casa —dijo él serenamente.

—Estás de broma —enfureció— yo no iré contigo a ningún lado —Kagome trató de abrir la puerta del auto.

—Estás borracha.

—Déjame salir —forcejeó la puerta y el cinturón de seguridad. Lamentablemente para ella, el auto tenía seguro para niños.

—Te lastimarás, deja de hacer eso —dijo Inuyasha sujetando sus manos.

—¡No me toques! —Kagome se liberó.

—Está bien, como quieras.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó molesta.

—Ya te lo dije, te llevaré a casa —respondió serenamente.

—No es necesario, puedo irme sola.

—Ni siquiera puedes caminar. Estás borracha.

—¡Qué no estoy borracha! Deja de llamarme así —gritó Kagome.

—Entonces dime, ¿por qué te fuiste con ese sujeto?

—No es asunto tuyo.

—¡Por supuesto que lo es! —se exasperó.

—¡Sí, claro! —rio sarcásticamente— Tonterías.

—Todo lo relacionado contigo es asunto mío —confesó Inuyasha, sujetándola de los hombros.

—Ese no es mi problema. Déjame salir, además quería irme con ese tipo —le contestó Kagome.

—Ya veo —recuperó su tranquilidad— Entonces, ¿Cuál era su nombre?

—No te importa.

—Kagome —dijo Inuyasha.

Las mejillas sonrojadas de Kagome, sus movimientos torpes y sus labios sonrosados le pasaron la tentadora invitación de besarla. Cosa que Inuyasha hizo sin rodeo y con premura.

—¿Qué haces, idiota? —Kagome forcejeó de su agarre, y poco a poco, fue superada en fuerza.

Inuyasha devoró sus labios, después de todo, hace mucho no la besaba. Tenía un sabor a alcohol, pero esa mujer, atrapada en sus brazos, lo volvía loco. La necesidad de respirar lo obligó a separarse de ese adictivo momento. Ella se giró en el asiento, dándole la espalda, mirando por la ventanilla del auto. No se quejó más, él encendió el auto, puso la calefacción baja y el silencio reinó en el ambiente.

—Kagome, lo siento —Inuyasha empezó a hablar— yo no… no es lo que piensas —las palabras correctas parecían haberse escondido en el vocabulario de Inuyasha— te explicaré. Vamos, di algo —dijo con impaciencia.

—…

—¡Hey Kagome!, ¿me estás escuchando?, ¿estás bien? —se preocupó deteniendo el auto en una salida del camino— Kagome —se inclinó para verla, le tomó la mano y ella estaba dormida. Inuyasha suspiró y acomodó el asiento reclinable. —Descansa un poco.

Pasó unos minutos observándola, el vestido que llevaba encajaba perfecto en ella, un verde menta delicado con espalda escotada. Recordó el momento en que la vio por la noche. Sólo atinó a girarse, pues sentía su rostro caliente. De seguro estaba completamente sonrojado y no debían notarlo. Encendió nuevamente el auto, retomando su camino y haciendo ruido en el proceso.

—¿Dónde estoy? —se despertó Kagome frotando sus ojos.

—Estamos camino a tu departamento.

—¿Qué haces aquí? —se sorprendió por tercera vez en la noche.

—Ya lo habíamos conversado.

—Mientes.

—Por supuesto que no —le respondió tranquilamente— ¿Acaso no lo recuerdas?

—¡Claro que no! —negó rotundamente.

—¿Te sientes bien?, ¿Necesitas algo? —pregunto genuinamente preocupado Inuyasha.

—Estoy bien, no quiero nada de ti —respondió fríamente.

—Está bien, tomaremos la vía rápida entonces.

—Espera, ¿Tienes jugo? —Kagome se arrepintió rápidamente de su respuesta anterior.

—¿Eh? —se sorprendió Inuyasha— ¿Ju - go?

—Sí, tengo sed —admitió— Quiero un jugo.

—Compraremos uno cuando veamos una tienda.

—Eh, mira —Kagome señaló un lugar— allá hay una tienda.

—¿Dónde? —siguió con su mirada lo señalado.

—¡Allá! —Apuntó el lugar— Espera te estás pasando —sollozó— te pasaste —se quejó Kagome.

—No puedo aparcarme de ese lado, estamos en la vía rápida —le contestó Inuyasha.

—¡Eres un idiota!, sólo quiero un jugo.

—P-pero no puedo simplemente parar.

—¡Mira! Allí hay otra tienda —señaló Kagome— te volviste a pasar, ¿acaso me odias? —gimoteó.

—Pero, ¿qué dices?, saldremos de aquí y encontraremos una tienda.

—¡Allá hay otras! —volvió a señalar Kagome— por favor —hizo un puchero.

—Está bien, ya la vi. Déjame acercarme.

—¡Gracias! —sonrió Kagome genuinamente.

Inuyasha aparcó el auto cerca, puso el seguro contra niños otra vez y bajó a la despensería.

—Buenas noches —dijo Inuyasha—. Necesito un jugo.

—Lo sentimos —comentó la persona encargada— sólo tenemos bebidas gasificadas y agua.

—¿E-está segura?

—Así es, lo sentimos.

—¿Dónde puedo conseguir uno?

—Oh, por supuesto. Cruzando la calle hay otra tienda. Pruebe allí.

—Gracias —contestó Inuyasha. Salió a toda prisa, entró al comercio y pidió.

—Necesito un jugo.

—Si claro, los jugos están por aquel lado señor. En el segundo pasillo puede elegir el sabor que guste.

—¿S-sabor? —tragó saliva.

«¿Qué tan malo puede ser?, ¿cuántos tipos pueden haber?», pensó mientras caminaba al lugar indicado.

—¡Maldición! Y ahora, ¿cuál es? —trató de memorizar las variedades y sabores de jugo en su mente; en tanto iba a preguntar a la chica—: Sin azúcar, bajo en calorías, natural, orgánico, manzana, naranja, frutilla… —Inuyasha contaba en sus dedos hasta el auto, abrió la puerta del copiloto y…

—¿Me trajiste el jugo? —preguntó Kagome de inmediato, recorriendo con su vista las manos de Inuyasha.

—Hay varios —dijo Inuyasha. Volvió a tragar saliva, esa mujer tenía mal carácter cuando se enojaba, y presentía que sucedería eso por el color de su rostro y las muecas que se estaban comenzando a formar en el— ¿Cuál quieres?, hay sin azúcar, de mango, fresa… —decía Inuyasha, tratando de recordar lo memorizado segundos atrás.

—Sólo quiero jugo —respondió—. Olvídalo, no importa —entristeció— sólo quería un jugo, pero… —Kagome comenzó a sollozar quedamente.

—E-espera no llores, traeré tu jugo. —Inuyasha cerró la puerta tras él y voló de regreso a la tienda.

Fue mala idea preguntarle. Volvió casi de inmediato con varios frascos de jugos en unas cuantas bolsas. Abrió la puerta del copiloto, desabrochó el cinturón de seguridad de Kagome y la hizo voltear. Le alcanzó las bolsas con todos los frascos a su altura.

—Ten.

—¡Jugo! —exclamó tomando la primera botella que encontró, dejando a Inuyasha con la boca abierta.

—¿Ese es el que querías? —preguntó asombrado.

—¡Sí!, es jugo —Kagome señaló la etiqueta del frasco que efectivamente tenía un nombre tan básico como "jugo", coincidentemente de un solo sabor, no tenía mucha ciencia. Kagome trató de abrir el frasco— está duro —murmuró.

—Yo lo haré. —Inuyasha le quitó la botella y lo abrió— aquí —dijo alcanzándoselo.

—Delicioso.

—Disculpe, señor —lo llamó un tercero.

—Espera un momento, no salgas.

La vio asentir con la cabeza, mientras el abrió la maletera del auto, permitiendo que dejaran una cantidad de paquetes dentro.

—Gracias —Inuyasha agradeció y regresó a ver a su compañera, quien estaba profundamente dormida con la botella de jugo prácticamente vacía en sus manos.

Inuyasha acomodó a Kagome nuevamente y emprendió el camino hacia el departamento de la chica. Poco tiempo después llegó a su destino. Era un departamento simple, desde que su "acuerdo" pasó a segundo plano, había estado muchas veces allí y no precisamente para estudiar. Estaba tal cual lo recordaba, libros de medicina bien acomodados, la decoración entre tonos pasteles, sencillo. Tenía lo suficiente y él había sido más feliz en ese lugar tan pequeño, que en tantos otros lugares tan lujosos y amplios en dónde había vivido. Pero nada dura para siempre, había una gran brecha entre él y ella y no solamente la posición social.

Inuyasha recostó a Kagome en su cama, le aflojó el vestido para que descansara y se acostó a su lado. La había extrañado tanto y es que, lo que empezó como un juego, se volvió una realidad adictiva a la que no quería renunciar. Pensó sobre lo que tenía que hacer, y se quedó dormido envuelto por el aroma de ella que llenaba el lugar.

A la mañana siguiente, los rayos de sol se colaban por las cortinas, obligando a Kagome a abrir los ojos perezosamente. Buscó su celular, era casi mediodía. Se levantó de sobresalto y en cuanto pisó el suelo, recuerdos de la noche anterior le vinieron. Buscó al último que recordaba en el baño, en la sala, en la cocina y en el cuarto de servicio; sin éxito alguno.

Regresó a la cocina para beber agua y encontró unas cuantas cajas, todas llenas de jugos de diferentes sabores y varias presentaciones, podría decir que tenía una gran variedad de jugos.

«¿Qué fue lo que hice?», pensó.

«¡Demonios!»

Kagome maldijo imaginando que hizo el mismo berrinche que suele hacer cuando se emborracha, manía que sólo su amiga Sango y algunos otros, que tuvieron la desdicha de sufrirlo, conocían.

No había rastro alguno de Inuyasha. Se dio por vencida y con dolor de cabeza se volvió a tumbar en la cama, cuando de repente el timbre sonó. Caminó desganada a la puerta.

«¿Quién podrá ser?», pensó Kagome. Abrió y un muchacho la saludó y le entregó una bandeja con algunos contenedores de comida.

—El señor Taisho nos ordenó traerle esto, y entregarle esta nota —alcanzó el muchacho— que tenga buen día.

—E-espera, el pago —dijo Kagome.

—No se preocupe, ya está cancelado —dijo alejándose.

—G-gracias...

Kagome abrió la nota y leyó su contenido:

Te explicaré todo en tu graduación dentro de dos semanas, sólo espérame. ¡Te extrañé!

Pdt: no conocía esa faceta tuya, me aseguraré de conseguirte más jugo.