-Vía de escape-
Capítulo 3. Malas noticias
A Videl no le gustaba demasiado vivir en aquella ciudad. Prefería infinitamente Ciudad Satán, donde creció. Cuando se casó, no le quedó más remedio que mudarse por el trabajo de su esposo. Su padre para estar cerca de ella se mudó también, dejando atrás la ciudad que lo había catapultado a la fama. Sin embargo, allí también era muy famoso. Nadie olvidaba que había salvado a todo el mundo.
Ese día, la Capital del Oeste se encontraba enterrada por la niebla. Pronto se acercaría un fuerte temporal. Desde distintos medios de comunicación se había recomendado que solo se saliese a la calle por asuntos de extrema necesidad. Sin duda, para Videl, el motivo de su salida era primordial.
Terminó de colocar sus objetos personales dentro de una gran maleta que tenía guardada en el trastero y la cerró. Revisó el apartamento completo, en busca de algo que se le hubiese olvidado.
Había decidido que se iba de una vez por todas del apartamento que compartía con su esposo. No aguantaba ni un segundo más allí. Se iría con su padre o ya averiguaría algo más adelante con unos ahorros que tenía en una cuenta corriente individual de la que su marido no tenía constancia.
Tras su corto encuentro con Gohan en el parque, Hiro la obligó a que se marchasen a casa. Todo el camino la llevó a rastras disimuladamente para que nadie lo notase, sujetando su antebrazo con fuerza; sabía que a la mínima oportunidad, Videl huiría. La mujer de ojos claros se dedicó a pedir en susurros que la soltara. Le imploró que no le hiciera nada, le dijo que no era su culpa, que había sido un encuentro fortuito y totalmente sin planear. A él le dio exactamente igual.
Cuando llegaron, la sacudió a golpes por todo el cuerpo, sin excluir la cara. En otras ocasiones, medía su fuerza y tenía cuidado de dejar el menor número de marcas posibles en zonas visibles. Sin embargo, esta vez una ira incontrolable invadió su ser y Videl recibió la peor paliza que le había propinado. No entendía por qué, pero sentía que ese hombre con el que se habían encontrado en el parque tenía una conexión especial con su esposa y los celos actuaron por él. No quería volver a sentir ese tipo de enlace entre un hombre y Videl en su vida.
Además, le reprochó que no le hubiese contado su encuentro en el supermercado. Ella argumentó que se habría enfadado, a lo que Hiro contestó con más golpes.
Después de eso, Videl tardó en recuperarse cinco días, en los que eran escasas las ocasiones en las que abandonaba la cama. En todos los días, su esposo no se acercó a ella ni llamó a un médico para que la viera.
Sentirse tan humillada y ultrajada había hecho que decidiera escapar de una vez por todas. Así de sencillo. Sin previo aviso y sin notas de despedida. Sabía que, si intentaba hablar con él, acabaría convenciéndola de que se quedase o, peor aún, volvería a pegarle. No estaba dispuesta a tener que sentir eso otra vez.
Con determinación, fue al dormitorio a por su maleta, volvió al salón, apagó las luces y abrió la puerta. Claro que la imagen que se encontró no estaba prevista en sus planes.
Ante ella estaba Hiro con semblante serio. Era mediodía y, normalmente, llegaba mucho más tarde, sobrepasadas las doce de la noche.
Se le cayeron las llaves al suelo y retrocedió involuntariamente dos pasos.
–¿Adónde vas? –espetó Hiro de forma seca. Su vista se posó en la maleta que sujetaba Videl.
–Ya no puedo más, Hiro. Me voy –Videl se atrevió a hablar y a plantarle cara, por fin, a la personificación de todos sus problemas.
El hombre la empujó suavemente, cerrando la puerta tras de sí. Sujetándola del brazo, la condujo al sillón y se sentaron allí juntos.
–Videl, si estás así por lo del otro día, lo siento. Es que haces unas cosas que me sacan de mis casillas y…
–Sí; y no volverá a suceder y cambiarás y es porque yo te he provocado, ¿verdad? –interrumpió repentinamente la mujer–. Me sé tu discurso de memoria, Hiro. Y sé que es todo mentira. No voy a aguantar eso otra vez, ¿lo entiendes?
Videl volvió a levantarse, alargó su mano hasta la maleta y se dirigió a la salida. Recogió las llaves que seguían en el suelo, las encajó en la cerradura y abrió.
–Sería una pena que algo le sucediese a Mr. Satán, el salvador del mundo, ¿no crees? –Videl paró en seco al escuchar esas palabras–. Además de que tiene ya una edad, los accidentes, robos y esas cosas no paran de suceder continuamente, más en una ciudad tan concurrida y ajetreada como esta.
Ante las palabras recién pronunciadas, Videl volvió a entrar en la casa. La amenaza no había sido explícita pero ella la había captado claramente. Si se iba de su lado le haría algo a su padre y eso era algo que no perdonaría nunca, pero no solo a él, sino a ella misma.
–Eres un miserable –susurró con desprecio y se dirigió a su habitación, cerrándola de un portazo con el que Hiro ni se inmutó.
El hombre compuso una sonrisa ladina en su rostro. Sabía que Videl no vacilaría en volver cuando mencionara la seguridad y el bienestar de su padre. Se levantó del sillón y se sirvió una copa de vino. La jugada le había salido perfecta y merecía celebrarlo.
–No olvidéis que en menos de dos meses los exámenes finales estarán ya aquí. Mi consejo es que os pongáis a estudiar ya, que luego no os da tiempo –Gohan miró la hora en su reloj de pulsera–. Bien. Ya ha acabado la clase. Gracias y hasta el próximo día, chicos.
Los alumnos empezaron a recoger sus pertenencias y a salir ordenadamente de la sala en la que el semisaiyajin impartía sus clases. Algunos iban riendo, otros comentando todo lo que tenían que estudiar para los exámenes finales y otros salían en silencio.
Gohan empezó a ordenar la montaña de papeles que tenía sobre el escritorio para llevársela a su despacho y allí trabajar en sus recientes investigaciones. Después de todo, el trabajo de profesor de universidad se basa en mucho más que en solo dar clase.
Sentado en la silla y echando un vistazo rápido a las hojas, sintió una voz que se dirigía a él.
–Profesor, ¿me recomienda algún manual para preparar el examen? –aunque la voz del que había interpretado que era su alumno le sonaba familiar, le restó importancia. No llevaba mucho tiempo impartiendo clase en esa universidad, pero era bueno reconociendo voces y caras.
Cuando alzó la vista para contestar y recomendar algunos manuales muy útiles, se encontró con un hombre de su edad más o menos. Una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro y su cabeza era adornada por una cabellera rubia larga, aunque esta era más corta que la que llevaba en su juventud. Esa sonrisa y el tono de voz familiar… Solo podía tratarse de una persona.
–¿Sharpner? –preguntó Gohan dudoso, temiendo meter la pata.
El rubio se acercó a la mesa, haciendo que Gohan se levantara y se dieron un fuerte abrazo. Llevaban demasiados años sin verse pero, en los últimos meses de su estancia en el instituto, habían consolidado una buena relación y la comodidad y familiaridad invadió la estancia rápidamente.
–No me lo puedo creer. ¡Estás igual! –dijo Sharpner con entusiasmo.
–Bueno, tú tampoco es que hayas cambiado mucho. Vamos a mi despacho a hablar con más tranquilidad.
Se instalaron alrededor del escritorio del despacho propio de Gohan y comenzaron a conversar animadamente. Quince años sin verse dieron para mucho rato de conversación y para muchos temas de los que hablar.
Gohan estuvo contándole las distintas investigaciones que había realizado en la universidad y su reciente traslado, sin entrar mucho en su vida personal, pues consideraba que no había mucho que decir.
En cambio, el rubio sí le comentó bastantes detalles de sus intimidades. Gohan se quedó a cuadros cuando Sharpner le enseñó una foto que llevaba en su cartera. En ella aparecían una niña pequeña –de unos tres o cuatro años– rubia, muy linda y su madre, una mujer de cabello corto y también rubio. Cuando Gohan se dio cuenta de que la mujer era su antigua compañera, Ireza, casi se le desploma la mandíbula al suelo de la sorpresa. No solo se había casado y había formado una familia –algo extraño pues siempre fue un rompecorazones– sino que lo había hecho con una de las que había sido su compañera y la mejor amiga de Videl.
Sin darse cuenta, otra vez Videl estaba rondando sus pensamientos. Solo la había visto en dos ocasiones en un período de tiempo casi inexistente, pero, muy a menudo, se encontraba pensando en ella en los últimos tiempos.
Ambos hombres intercambiaron sus teléfonos, haciendo la promesa de retomar relaciones y de que Gohan se reencontrara con la mujer rubia, como en los viejos tiempos.
Cuando el semisaiyajin guardó el número de Sharpner, observó en su lista de contactos casi vacía el nombre de Videl. Una pregunta asaltó su mente y no pudo dejarla estancada en sus pensamientos. Sin más, brotó de sus labios.
–Oye, ¿y Videl? –soltó de pronto y notó cómo su acompañante se tensaba levemente.
–Bueno… hace mucho tiempo que no la vemos. Cuando se casó nos distanciamos un poco. La invitamos incluso a que conociera a la niña cuando nació, pero no llegó a aparecer. Supongo que esas cosas pasan; los distanciamientos y eso.
Al hombre moreno no le cuadraba ese relato en absoluto. No desconfiaba, evidentemente, de las palabras de Sharpner, pero encontraba sumamente extraña la actitud de Videl. En la época del instituto, ella e Ireza eran un dúo, prácticamente inseparables. ¿Qué había podido pasar para que perdieran el contacto viviendo, incluso, en la misma ciudad?
Después de un rato más de charla amena, se despidieron y Sharpner se marchó. Una hora más tarde acabó la jornada laboral de Gohan y también se fue a su casa.
Todo el camino no hacía más que darle vueltas a la extraña actitud y al cambio de comportamiento que Videl había desarrollado en los años que habían pasado sin verse. Algo tenía que haberle pasado sin duda y… ¡Demonios! Otra vez se encontró pensando en ella.
Aceleró el paso y decidió que tomaría un baño que lo alejara de esos pensamientos una vez que llegara a su hogar.
Sharpner llegó a su casa con el atardecer acariciando el cielo. Entró y vio a su esposa y a su hija en la cocina preparando galletas. Una visión tan simple y cotidiana como esa bastaba para hacerlo inmensamente feliz.
Se aproximó a ellas, acariciando la cabeza de la pequeña suavemente y depositando un cálido beso en la frente de Ireza.
Una vez que cenaron y acostaron a la pequeña, se sentaron cada uno en la silla que habían ocupado durante la cena. Ireza tomaba una copa de vino dulce con la mirada perdida en la pared. Él acercó la mano a la de su esposa y la pasó por encima, regalándole una sincera caricia.
Entendía su preocupación, por eso había decidido tomar cartas en el asunto. Hacía unas semanas, la rubia había visto a Videl en la calle desde lejos y había decidido acercarse a saludarla al menos, ya que hacía años que no tenía noticias de ella. En el momento en el que se posicionó enfrente de la mujer de cabello negro, observó gran cansancio y tristeza reflejados en sus ojos claros. Pudo apreciar un corte en el labio y una ligera hinchazón en su pómulo derecho, que Videl se había esmerado en tapar con maquillaje. Aunque para cualquiera hubiese pasado desapercibido, ella lo notó.
Videl la miró con incredulidad y se dio la vuelta sin dirigirle la palabra siquiera, haciendo como si no la conociese, y la preocupación aumentó en el pecho de la rubia al ver ese comportamiento en la que había sido su mejor amiga toda la vida.
Hacía poco tiempo que Sharpner se había enterado de la mudanza de Gohan a la ciudad y había ido a visitarlo porque le apetecía verlo, evidentemente, pero también porque sabía que él estaría interesado en saber de Videl. Y no se equivocó. Por eso se había preocupado de buscar su lugar de trabajo e ir a encontrarse con él.
–¿Qué tal ha ido? –se interesó Ireza con un tono de esperanza.
–Me ha preguntado por ella y, cuando ha sabido que hemos perdido el contacto, ha puesto una cara rara, como extrañado.
–Es algo –añadió en un susurro suave para luego apartar la mano delicadamente y tomar la copa de vino–. Tenías razón; se interesaría por Videl. Es inevitable –argumentó recordando la química que había entre esos dos en el pasado.
El plan era acercarse a Gohan y que él trajese a Videl de vuelta. Podía sonar egoísta pero la mujer rubia se había dado cuenta de que la vida de su amiga iba cuesta abajo y sin frenos y no estaban dispuestos a dejar que se estrellase.
Y ambos tenían la certeza de que el único que podía evitar que cayera por el abismo era Gohan.
La lucecita del móvil de Videl parpadeaba insistentemente tras haber vibrado el aparato con fuerza. La mujer encendió la pantalla del teléfono y, sin abrir la aplicación de mensajería instantánea, leyó un escueto mensaje: «¿Un café?».
Al observar el remitente del mensaje, frunció el ceño y su cara compuso un gesto de molestia. ¿Por qué se empeñaba Gohan en colarse en su vida continuamente? Ya le había causado demasiados problemas. De hecho, gracias a él se había llevado la golpiza más fuerte que había recibido alguna vez.
En ese momento se dio cuenta de que lo detestaba. Su vida perfecta, su apariencia impecable y su sonrisa genuina la ponían de los nervios. Y esto solo respondía a un sentimiento de profunda envidia.
Era obvio el motivo por el que no respondería al mensaje ni quedaría con él, pero, aunque pudiese, no lo haría porque el discurso de él estaría plagado de referencias a su éxito y solo haría que Videl recordara que era un fracaso como persona.
Arrojó el móvil sin cuidado al sofá del salón. No recordaba en qué momento se había convertido en lo que ahora era. Estaba llena de despecho y actitudes negativas. Suspiró pesadamente y se llevó la mano a la cara, restregándola con fuerza, como si ese gesto fuera a solucionar alguno de los cuantiosos problemas que tenía.
Hacía semanas que se encontraba bien; estaba parcialmente recuperada. Tenía algunas marcas pero no dolían y las amenazas sobre su padre no se habían cumplido, pues ella no había abandonado su domicilio.
El distanciamiento entre su esposo y ella había sido notable y se había producido por parte de ambos. Y cómo lo agradecía Videl. No se dirigían apenas la palabra y, para su fortuna, sus encuentros íntimos se habían reducido a cero.
De pronto, sintió la vibración del teléfono que había caído por una rendija del sofá. Lo desmontó casi completo para encontrarlo. Cuando halló el aparato, observó el larguísimo número del que recibía la llamada y dudó en contestar, mas acabó haciéndolo porque podía ser algo importante. Descolgó y se acercó el móvil al oído.
–¿Hablo con la señora Videl Satán?
–Sí –contestó ella con seguridad.
–Bien –oyó un suspiro del otro lado del teléfono–, su padre ha sufrido un infarto y ha sido trasladado al Hospital Central de la Capital del Oeste. Lo están tratando en estos instantes.
Videl no se preocupó en contestar o colgar. Cogió su bolso y metió dentro el móvil, saliendo inmediatamente después de su casa con el corazón al borde de salírsele del pecho por los acelerados latidos de nerviosismo y angustia. En ese momento, las amenazas de Hiro se colaron en su mente. Si se confirmaba que él había tenido algo que ver, se lo haría pagar muy caro.
Nota de la autora:
Siempre me imaginé que Sharpner e Ireza acabarían juntos. Era bastante evidente que al rubio le gustaba Videl pero me es bonito imaginar que Ireza le ayudó a olvidarla. Además, considero que son dos personajes que fueron totalmente dejados en el olvido por parte de Toriyama y quería darles algo de protagonismo. Ellos también serán importantes para que Videl salga adelante en esta historia.
Por cierto, Erasa, Ireza, Iresa, ¿cómo se llama esta chica? Bueno, como en la mayoría de fics que he leído la llaman Ireza, decidí dejarlo así.
Por otra parte, un resquicio de la Videl auténtica comienza a entreverse y ha sido capaz de enfrentarse a su esposo por fin. Y Gohan no para de pensar en ella. Veremos como estas dos situaciones se irán intensificando cada vez más.
Tampoco es que quiera que Videl aparezca como una mártir que atrae a las desgracias, pero necesito todo lo que está pasando y ya veréis por qué.
Para escribir siempre me inspira mucho la banda sonora de la película Your name. Si no la habéis visto, no dudéis en hacerlo porque merece mucho la pena y su música es maravillosa. Hay temas que realmente encogen el corazón.
Como siempre, muchísimas gracias por leer, comentar, añadir a favoritos o seguir esta historia.
¡Hasta el próximo capítulo!
