-Vía de escape-

Capítulo 5. El intento de algo más


–No entiendo dónde está la duda –soltó Goten con simpleza a su hermano, mirando con atención la foto que este le enseñaba de Meg–. Pero mírala, si es preciosa.

–Sí que lo es –afirmó Gohan de manera seca.

Cuando el semisaiyajin llegó a casa, decidió relajarse y llamar a su hermano pequeño para hablarle de Meg. Se sentía un poco confuso respecto a ella porque no podía negar que le gustaba, que era alguien interesante y que le parecía lindísima, pero no quería crearle expectativas ni ilusiones de ningún tipo. Después de todo, presentía que ella, con el tiempo, querría algo más serio, algo para lo que Gohan, en ese punto de su vida, no estaba preparado.

–¿Cuál es el problema entonces? Si ambos os gustáis, podéis pasar un buen rato –sugirió el pequeño mirando pícaramente a su hermano–, ya sabes…

Gohan puso los ojos en blanco. Ese chico no tenía remedio. Él lo tenía muy fácil, pues a esa edad se suele buscar sexo sin compromiso y nada más. Bueno y gente con su edad también lo hacía, pero a él le resultaba muy complejo e incómodo.

–Reduces todo a lo mismo, Goten. Eres un saco de hormonas con patas –ante la frase, el menor de los Son comenzó a reír–. No, ya en serio. No quiero hacerle daño. Es que tú no la conoces, es muy buena persona. Me haría sentir como un monstruo.

Y de verdad que lo haría. Sentía que, si llegaba a pasar algo entre ambos y ella quería subir un estadio más, él no podría corresponderla. Ya le había pasado anteriormente y sospechaba que era muy probable que le sucediera con Meg.

–Eres muy melodramático y prepotente. A lo mejor la chica solo quiere acostarse contigo y luego amigos y todos contentos.

–Quién sabe –y, aunque acababa de proferir esa frase, él sí lo sabía.

Y no era cuestión de creerse que él era más que nadie ni de hacer dramas injustificados. Es que era un presentimiento que tenía en el fondo de su pecho instalado. Y, por supuesto, también rondaba Videl por su cabeza con insistencia. Y no lo entendía. De verdad que no podía hacerlo. ¿Cómo alguien a quien has visto cinco minutos en los últimos quince años de tu vida puede ocupar tantas horas de tus pensamientos? Suspiró cansadamente, alargó la mano hacia el botellín de cerveza que había dejado en la mesa y se lo llevó a la boca.

El recuerdo de Goten mirando el teléfono embelesado y con sonrisa de idiota llegó a su mente y decidió preguntar, más que nada por molestarlo, como a su hermano pequeño tanto le gustaba hacer con él.

–Bueno, y tú ¿qué? –ante la pregunta, Goten ladeó la cabeza, dando a entender que no comprendía a lo que se refería el mayor de los dos–. No te hagas el tonto. El otro día te vi mirando muy insistentemente el móvil antes de irte. Bueno, de hecho, te fuiste a causa de eso. ¿No me vas a contar nada?

Goten, contrariamente a su personalidad extrovertida y abierta, bajó un poco la mirada y se sonrojó levemente. Ese gesto a Gohan le sorprendió, pues su hermano era la sinvergonzonería pura y llevaba sin ver el color en sus mejillas años, seguramente no lo veía desde que era bastante pequeño. Goten volvió a mirar a su hermano y carraspeó ligeramente.

–Estoy conociendo a alguien –hizo una pequeña pausa, visibilizando así su vergüenza–. Ya sabes, más en serio.

Vaya. Eso sí que no se lo esperaba. Pero no por nada, sino porque su hermano siempre había sido una persona muy libre, sin disposición a ataduras sentimentales ni enredos amorosos que tuvieran de por medio palabras como 'amor' o 'relación estable'. A su corta edad, ya le llevaba la delantera. Al menos su madre se pondría inmensamente feliz. Claro, después de hacer una exhaustiva radiografía de la chica en cuestión y de la situación económica de su familia. Gohan compuso una sonrisa tierna recordando las ocurrencias que solía tener su progenitora y que, estaba seguro, tendría siempre.

Aunque tenía muchas ganas de molestarlo, de mofarse, de hacer todo lo que él siempre le hacía, decidió ser prudente. Podría ser que, por su inexperiencia y juventud, estuviera un poco abrumado o confuso por sentimientos que le eran ajenos y nuevos, así que no le pondría más presión sobre los hombros.

–Me alegro mucho por ti, Goten –dijo sinceramente–. Eso sí, te recomiendo que no la lleves de inmediato a casa. Mamá podría espantarla –finalizó, cortando así la tensión del ambiente con las risas que inundaron la habitación.

Después, estuvo un rato más dándole algunos consejos, metiéndose de lleno en el papel de hermano mayor. Como el maduro, el adulto. Y qué ironía. Él, que no sabía absolutamente nada del amor, dando lecciones sobre eso precisamente a Goten, quien probablemente en poco tiempo, adquiriese la suficiente experiencia sobre el tema si se terminaba afianzando la relación.

En el momento en el que su hermano menor se fue, Gohan escuchó la vibración del móvil y, cuando lo encendió, la sorpresa no pudo ser mayor. En la pantalla se veían algunas letras. En primer lugar, vio el nombre de Videl con letra más grande que la del mensaje y, en segundo, el cuerpo del texto, en el que decía: «¿Demasiado tarde para ese café?».

Si su cabeza no estaba ya hecha un embrollo lo suficiente, llegaba Videl para ponerle todo aún más patas arriba. Pero, como deseaba tanto el encuentro –si no, no le habría escrito él en primer lugar–, aceptó rápidamente y quedaron en verse en un par de horas en el parque de los almendros.

Parecía que aquel lugar iba a ser testigo de muchos de los últimos acontecimientos de la vida de Gohan.


Esa mañana, Videl se había levantado con un ánimo insuperable. Sentía que, incluso, volvía a ser la misma que había dejado de ser hacía muchos años. Se encargó de recoger toda la casa, de atender a su padre y de realizarle los ejercicios de rehabilitación que necesitaba, pues no podía moverse mucho de la cama y debía evitar que la movilidad de sus brazos y piernas se redujese.

La noche anterior le había costado mucho dormir. No obstante, había conseguido tomar una decisión: quería ver a Gohan y lo haría. Sin impedimentos de por medio, se sentía libre de hacer lo que quisiese.

Es por eso por lo que, por la tarde, habló con su padre. Le preguntó si no le importaba quedarse solo un par de horas, pues ella se quería encontrar con una vieja amistad, a lo que Satán, obviamente, contestó que se marchase sin problema.

Videl, a continuación, cogió el móvil, escribió un corto mensaje y esperó la respuesta, que no tardó demasiado en llegar. Cuando comprobó que era afirmativa, se dirigió a la habitación a prepararse. Eligió un vestido muy bonito de rayas amarillas y que hacía mucho tiempo que no se ponía. Se maquilló ligeramente y se perfumó.

Una vez lista, se despidió de su padre y salió de la casa. Todo el camino fue pensando en que hacía demasiado tiempo que no hacía lo que a ella realmente le apetecía. Pensó que estaba siendo demasiado idiota y que se estaba equivocando en las decisiones que tomaba últimamente. Menos en la de ver a Gohan.

Cuando llegó al parque, lo vio sentado en un banco, limpiando sus gafas amarillas y con dos cafés para llevar de una cafetería cercana posados en el banco. ¿Por qué estaba tan condenadamente guapo? En ese momento, se olvidó de la envidia, de su fracaso y de los pensamientos negativos que se habían establecido en su mente desde que se reencontró con él.

Gohan se levantó al verla y le dio un beso en la mejilla; beso que, por desconocidas razones, le molestó darle. Lo que realmente deseaba era dárselo mucho más cerca de los labios. Aunque eso era algo que su subconsciente no dejó escapar; no por el momento.

Pronto comenzó una conversación muy fluida y amena. Parecía que el tiempo se había detenido en la época en la que eran estudiantes. Y cómo le habría gustado a Videl que eso fuera realidad. Pero no. No eran los mismos en absoluto, en especial ella. Y no sabía si podría volver a serlo.

Por un momento, se instaló entre los dos un silencio ligeramente incómodo, que Gohan quebró con una pregunta que no había hecho más que darle vueltas en la cabeza desde hacía días.

–¿Por qué no trabajas, Videl?

A la mujer le incomodó la pregunta. Pensó que era porque se estaba inmiscuyendo en su vida privada deliberadamente, pero, en realidad, se debía a que no podía contestarle con sinceridad.

–¿Tienes algo en contra de las amas de casa? –espetó de forma algo grosera.

–Claro que no. Cada uno elige lo que hace con su vida. Es respetable –Gohan hizo una pausa, intentando ordenar sus pensamientos y preguntándose si sería capaz de seguir con el tema–. Es solo que me sorprende viniendo de ti.

Y claro, ¿cómo no sorprenderle? Si ella nunca había sido así. Si había compartido sus sueños con él en su época adolescente y ninguno se asemejaba a lo que se dedicaba a hacer en la actualidad. Sí, ser ama de casa es respetable, siempre y cuando sea una decisión propia, pero ella no había elegido hacer eso, había sido algo impuesto. Algo que se llevó a cabo por la promesa de la escuela de artes marciales que nunca se llegó a cumplir.

–A lo mejor no me conoces tan bien como pensabas.

Gohan pensó que llevaba razón. No podía pretender llegar a la vida de alguien repentinamente y creer que sabía todo. La gente cambia con el tiempo. Decidió que, para relajar el ambiente, hablaría de algo que pudiera hacerla sentirse bien. Sin embargo, de manera inconsciente, no pudo haber escogido un tema más doloroso para Videl.

–¿Sabes? El otro día me encontré con Sharpner. ¡No ha cambiado casi! Podríamos vernos todos, también Ireza, para recordar viejos tiempos, ¿no crees? –sugirió con una gran sonrisa, pensando que aceptaría gustosa. Pero, una vez más, se equivocó.

–Yo… no lo veo probable. La verdad es que nos distanciamos hace tiempo. Sería raro.

Y, lo que Gohan no sabía era que Videl no quería verlos porque se le caería la cara de vergüenza. Porque, en varias ocasiones, se los había encontrado y había girado la cara o había tomado otro camino para no cruzarse con ellos. Porque el distanciamiento no había sido algo inevitable, sino algo intencionado por su parte. Y eso dolía demasiado.

Después de pronunciar esas palabras, Videl agachó la cabeza. Gohan pudo observar el gesto triste que se formó en la cara de la mujer y eso le apretó el pecho. No quería que estuviera así. Quería consolarla, reconfortarla. Que el poco tiempo que pasaran juntos fuese lo más feliz posible.

Guiado por ese sentir, colocó su mano sobre la de Videl, la cual estaba apoyada en la superficie del banco donde estaban sentados. Ella, sorprendida por el gesto, levantó la cabeza. Sentía que la calidez de la mano llegaba hasta lo más profundo de su ser y se colaba, incluso, en su alma.

En un impulso, Gohan acercó lenta y peligrosamente su cara a la de Videl y, cuando sus labios estaban a punto de hacer contacto, la mujer retiró el rostro violentamente.

–No sé quién te has creído que soy –le soltó con tono enfadado–. Estoy casada, por si todavía no te habías dado cuenta –se levantó velozmente, dispuesta a marcharse–. Será mejor que me vaya.

Y, de hecho, se fue. Gohan miró su silueta mientras se alejaba y suspiró pesadamente. No sabía muy bien qué había intentado hacer, solo sabía que había sido conducido por el instinto. Puso su cara sobre sus manos, arrepintiéndose, pero no de lo que había hecho, sino de lo que no había sucedido. Le ardían y cosquilleaban los labios y eso que no se habían llegado ni a rozar siquiera con los de Videl.

Al menos, algo positivo había visto: la Videl de carácter fuerte, la de siempre en definitiva, había vuelto y esperaba que hubiese venido para quedarse. Aunque, claro, la había cagado tanto que suponía que no querría saber nada de él durante un buen tiempo.


Aquel año, el clima en la Capital del Oeste estaba siendo algo raro. A pesar de ser primavera, las temperaturas habían descendido ligeramente, pero las noches habían refrescado de manera notable.

Gohan había salido a cenar con Meg a un lindo restaurante. Pero no era un plan amoroso, una cita o algo así. Al menos para él no. Se trataba de un encuentro entre compañeros de trabajo; no, más bien entre amigos. Por ese mismo motivo, por considerarla una buena amiga, la había invitado a pasar a su casa. Pero observaba que la chica se comportaba de manera muy nerviosa y le ofreció una copa de vino con el fin de calmarla.

Meg comenzó a recorrer la estancia, pretendiendo de esa forma tranquilizarse. No podía creer que estuviese en la casa de Gohan. Solos. Sentía que el corazón se iba a salir de su cuerpo en cualquier momento.

Se fijó en la amplia biblioteca que tenía, llena de libros científicos, sí, pero también de historia, gastronomía o literarios. Le parecía que era un hombre impresionante y admirable. Al lado se encontraba una pequeña foto de la que ella suponía que era su familia. En la fotografía aparecían cuatro personas en las afueras de una pequeña casa de campo. En primer lugar, se fijó en el propio Gohan, que se veía exactamente igual que en la actualidad, con el único detalle distinto de que ahora llevaba sus gafas amarillas. A su lado, había una pareja –sus padres probablemente–. El hombre sujetaba a la mujer por la cintura y tenía un peinado muy característico y extraño. La mujer, de una belleza notable, llevaba el pelo recogido en un moño. Al otro extremo, había un chico joven, muy parecido a Gohan. Todos con cabello y ojos oscuros. Se veían muy felices y unidos. Esperaba que, algún día, ella formase una familia tan hermosa como aquella.

Más relajada por esos pensamientos, se acercó con la copa de vino en la mano al sofá donde él estaba sentado. Gohan la esperaba con una sonrisa en los labios.

–Tienes una casa muy bonita, Gohan. Y muchísimos libros.

–Puedes llevarte alguno si te gusta –le sugirió él con simpatía.

Y ella lo miraba embelesada una vez más.

–He leído todas tus investigaciones. La verdad es que te admiro mucho –musitó ella muy tímidamente.

Gohan también la admiraba porque ella había entrado en la universidad con tan solo la edad de veintiocho años y eso era algo muy meritorio. Cuando abandonó sus pensamientos y enfocó la vista en la chica, se dio cuenta de que estaban muy cerca, demasiado cerca diría él.

No podía permitir un acercamiento. Porque ellos eran amigos, ¿no? Porque era obvio que ambos se atraían físicamente, pero no tenía por qué pasar nada. Porque eran amigos. Sí, podría aguantar sin que sucediese algo entre ellos. Podría. ¿Podría?

Y, repentinamente, sin darse cuenta de cómo sucedió, los labios de la chica se estaban posando sobre los suyos, esperando una respuesta. Y la obtuvo. Llevó sus manos a las mejillas femeninas y profundizó el beso. Supuso que ese atrevimiento por parte de Meg se había debido a la desinhibición que le podría haber provocado el poco alcohol que había tomado.

Antes de que las cosas se intensificaran y acabaran en el cuarto –porque estaba seguro de que, si continuaban así, el destino de ambos sería su cama– un rayo de cordura pasó por la mente de Gohan y cortó el contacto en un gesto directo. Vio en los ojos de la chica un claro sentimiento de decepción.

–No creo que esto esté bien, Meg… –intentó justificar su acción.

–Gohan –la chica respiró profundamente, cargando con valor las palabras para poder expresarlas–, esto no tiene por qué pasar de ser solo sexo –se mintió a sí misma porque era cierto que no estaba enamorada de Gohan, pero sentimientos profundos empezaban a colarse en su pecho. Se volvió a acercar peligrosamente–. ¿Es que no te gusto? –preguntó temerosa de la respuesta.

Qué absurdo. Pues claro que le gustaba. Pero, por alguna razón desconocida, sentía que, si sobrepasaba ese nivel, se acabaría arrepintiendo. Sin embargo, sintiendo a la chica tan predispuesta a algo que él realmente necesitaba y viéndola tan cerca y con los labios entreabiertos, rosados y ligeramente hinchados, no pudo resistirse y sucumbió a la tentación.

Volvieron a besarse, esta vez de forma mucho más hambrienta. Gohan la dirigió hacia su cuarto ya que el sofá le parecía algo muy incómodo. La desnudó y luego se desnudó a sí mismo. Después de unas cuantos besos y caricias íntimas, Gohan cogió un preservativo y se lo colocó. Se puso encima de ella y se introdujo en su cuerpo, comenzando los movimientos posteriormente. Se veía diminuta debajo de él. Lo agarraba de los brazos insistentemente. Miró hacia abajo y la vio; su pelo azul esparcido por la almohada, los ojos cerrados, las mejillas sonrosadas, la manera en la que se mordía el labio inferior de una forma tremendamente sensual. Pero, de un momento a otro, a quien visualizó en la cama debajo de él fue a Videl. Y ella no cerraba los ojos; lo miraba directamente. Y en su cara solo podía ver deseo, lujuria. Pero, ¿qué le pasaba? No había bebido tanto como para eso. Empujó más fuerte, sintiéndose frustrado por aquel pensamiento e intentando con aquel gesto un poco rudo sacar la imagen de su mente. Ante el movimiento, Meg soltó un gemido más agudo que no supo interpretar si era de dolor o placer.

Cuando todo acabó, miró la sonrisa que se había instalado en la cara de la chica y, sin salir de ella, le acarició la mejilla lentamente, arrepintiéndose no del acto en sí, pues lo había disfrutado y creía que ella también lo había hecho, sino de los pensamientos que lo habían asaltado durante el transcurso de este.

Gohan se dirigió al baño y, cuando regresó a la habitación, Meg se encontraba dormida, con los rizos azules adornando su cama. Se sentó a su lado y la cubrió con la sábana. Se llevó la cabeza entre sus manos. No podía sentirse peor y no podía alejar los flashes y retazos de Videl que había tenido durante el sexo con Meg. Se sentía la mayor mierda del mundo. Porque era una chica atenta, dulce, inteligente, hermosa. Y no merecía que él pensara en otra durante un acto que se notaba que había sido especial para ella. Se acostó y acabó durmiéndose después de mucho rato luchando contra sus remordimientos.

A la mañana siguiente, cuando Meg despertó, se fue rápidamente, aunque Gohan insistió en que se quedara a desayunar. Antes de salir, le plantó un beso a Gohan en los labios que lo dejó un poco descolocado. Se reflejaba en su mirada una chispa de ilusión.

Para colmo, mientras desayunaba en la cocina recibió un mensaje en su móvil. Temeroso, abrió la aplicación de mensajería instantánea y allí se encontró un mensaje de Videl, después de varias semanas sin contacto: «Perdona que me fuera así la última vez que nos vimos. Me gustaría que nos viéramos algún día de nuevo».

Perfecto. Las ganas de arrojar el móvil por la ventana ascendieron drásticamente, pero se contuvo. A este paso acabaría volviéndose completamente loco.


Nota de la autora:

Ay, casi... Bueno, no todo podía ser tan fácil, ¿no?

Si esto es un fic de Gohan y Videl, ¿por qué enrollo a Gohan con otra? Bueno, lo necesito (esta justificación pronto dejará de ser verosímil porque abuso mucho de ella, xD). Pero hay que quedarse con lo importante: Meg podría ser la indicada para Gohan siempre y cuando Videl no estuviera rondando en su cabeza, pero claro, lo está y con mucha fuerza además.

Quería disculparme por la tardanza, simplemente no me salían las palabras y me costó mucho terminar este capítulo. Por eso aquí estoy actualizando a las 3 y media de la mañana (soy muy trasnochadora) porque me dio un brote loco de inspiración y quise aprovecharlo.

Y nada, para acabar, gracias por todo como siempre. Sin vosotros esto no sería posible.

En fin, yo me despido porque ya me voy a dormir (que va siendo hora) y nos vemos en la próxima, que espero que no se tarde tanto.

¡Besos!