«I wanna hold you
when I'm not supposed to,
when I'm lying close to someone else,
you're stuck in my head
and I can't get you out of it,
if I could do it all again
I know I'd go back to you.»
Back to you, Selena Gómez.
-Vía de escape-
Capítulo 9. Burbuja
–¿Cómo te imaginas tu vida dentro de diez o quince años?
Videl, quien mantenía sus ojos cerrados mientras el sol de media mañana le acariciaba el rostro, los abrió repentinamente, extrañada. Gohan era alguien bastante sencillo, pero inteligente y, a veces, le hacía unas preguntas que le resultaban raras en exceso. Eran dos chicos de dieciocho años que no vivían demasiado preocupados por un futuro tan lejano; al menos, ella no lo hacía y tampoco era frecuente que se detuviera demasiado a pensar en esas cosas. En cierto modo, la agobiaba un poco.
–Mmm… no sé. ¿A qué viene esa pregunta tan complicada? ¿No es mejor vivir en el presente? –cuestionó Videl y giró un poco su cabeza hacia el lado derecho para mirarlo.
Estaban tumbados en la hierba, dejándose llevar por la tranquilidad de la naturaleza, pasando las horas muertas juntos, después de haber entrenado un rato. Videl miró hacia abajo. Sus manos estaban a punto de rozarse, las separaban muy pocos centímetros de distancia y, por un momento, deseó ser valiente y mover sus dedos un poco para acariciar la mano del chico. Pero no lo era, por eso, aun sintiendo un gran impulso en su interior, la calidez de la extremidad de Gohan y su cercanía, nunca llegó a hacerlo.
–¿El presente existe acaso?
–¿Qué…? –musitó la chica, contrariada.
Gohan se incorporó un poco para sentarse. A lo lejos, estaba su casa, el lago donde solía pescar con su padre cuando este vivía, su hogar. Nunca antes había llevado a alguien a la montaña Paoz y se alegraba de que fuera Videl la primera persona en contemplar aquel espectáculo de la naturaleza.
En ese tiempo, el semisaiyajin no sabía gestionar sus emociones bien, pues nadie le había enseñado a hacerlo, y la herencia ingenua de su padre estaba ahí, pero lo que la chica de mirada clara provocaba en él era algo que distaba mucho de ser una amistad común. Aunque, por ese entonces, no llegó a darse cuenta.
Videl lo acompañó y se sentó a su lado, de nuevo sus cuerpos se separaban por muy poca distancia. Gohan le resultaba alguien demasiado extraño y enigmático y, precisamente, eso era lo que más le atraía de él. Quería conocerlo todo, absolutamente todo del joven aunque fuese aún alguien que le inquietaba por el aura misteriosa que lo cubría. A pesar de ello, nunca había hecho un movimiento que revelara lo que sentía o se lo había confesado abiertamente porque, en realidad, le daba demasiado miedo y angustia ser rechazada. ¿Qué pasaría si él no sentía nada y se alejaba para no lastimarla? No quería perder su amistad.
¿Por qué no lo dices?
¿Por qué…?
–¿Has pensado ya la respuesta? –preguntó tranquilo, mirándola de soslayo y sonriendo ligeramente.
Videl entrelazó sus dedos en un gesto inquieto.
–Supongo que… –dijo mientras ponía en orden sus pensamientos– me gustaría ser profesora de artes marciales. Incluso, tener mi propia escuela donde enseñarlas. Así que, supongo que me veo así dentro de quince años.
–Es interesante –respondió él, escueto pero con interés en lo que ella le contaba.
La chica se volvió hacia él y le sonrió con dulzura. Su rostro, repleto de quietud, la hacía sentirse como volando, como si el tiempo se detuviera y solo existiera el lago, la hierba, el cielo, el sol; ellos, juntos.
Pensar en sus sentimientos, de vez en cuando, le hacía daño. Pensar en que con unas sencillas palabras o un gesto inocente como un simple roce de manos la sacaría de la incertidumbre de saber si era correspondida o no, la hacía sufrir y mucho. Y se debía a que, sencillamente, no era capaz de hacerlo, no era capaz de confesar que, por primera vez en su vida, se había enamorado.
Cuando Gohan estaba cerca de ella todas sus defensas caían, el muro de indiferencia que tantos años le había costado crear se derrumbaba y quedaba expuesta, nerviosa y asustada por lo que una sola persona podía influir en su carácter y comportamiento, sin darse cuenta de que, en realidad, Gohan no hacía otra cosa que sacar a la verdadera Videl; a la noble, simpática y cariñosa. Y allí ya no existía la Videl desconfiada, apática y fría, aquella que intentaba mostrar a todos constantemente. El semisaiyajin tuvo en esa época esa capacidad para con ella y muchos años después la seguiría teniendo.
Intentando alejar aquella tormenta de pensamientos que lo único que hacía era arrebatarle el sosiego, Videl decidió cambiar de tema de conversación.
–¿Te has dado cuenta de la mirada que me ha echado tu madre antes? –profirió, entre divertida y soberbia.
–Ah, discúlpala. Mi madre es muy buena, pero le cuesta mucho confiar en la gente.
–¿Y tu padre? ¿Cómo era?
Videl había preguntado eso de forma inocente, por simple curiosidad, pero vio a Gohan tensarse al lado de ella y, de inmediato, se arrepintió de haberlo hecho.
–No me apetece hablar de eso ahora –dijo mientras le sonreía con melancolía a Videl, una vez se hubo tranquilizado–. No te molesta, ¿verdad?
Las mejillas de la chica se cubrieron con un ligero tono carmesí y revolvió la cabeza con los nervios a flor de piel, sintiéndose culpable por haber provocado que se sintiera mal.
–Claro que no. Lo siento… –susurró avergonzada.
–No pasa nada.
Se quedaron unos instantes en silencio. Ese día había sido un revoltijo de emociones para Videl. No era la primera vez que entrenaba con Gohan, pero nunca había conocido a su madre, aunque sí a su hermano, un niño desconcertante –como toda la familia, al parecer– y muy enérgico, con un ritmo que era casi imposible de seguir.
Su corazón palpitaba fuerte porque las palabras luchaban para salir de entre sus labios. Era muy simple; solo debía decir algo como «me gustas». ¿Por qué demonios no podía?
–¿Sabes por qué te he hecho esa pregunta antes? –cuestionó suavemente el chico y Videl, en respuesta, negó con la cabeza–. Últimamente he estado pensando mucho en el futuro.
Videl alzó sus ojos, tan claros como el cielo despejado de aquel día, y los posó en las dos noches de Gohan, esperando que continuara hablando.
–He solicitado una beca de investigación en la Universidad de la Capital del Sur. Si todo va bien, me trasladaré allí el curso que viene. Quería que fueras tú la primera en enterarse. Ni siquiera se lo he dicho a mi madre y, de hecho, creo que se va a poner histérica –comentó alegre mientras se frotaba la nuca con la mano derecha.
La hija de Mr Satán abrió los labios, pero los cerró muy deprisa, sin encontrar las palabras adecuadas para contestar. Tenía que decírselo, debía decírselo, pero era algo superior a sus fuerzas. En cambio, fingió una sonrisa en su rostro y preparó una contestación artificial y digna de una mejor amiga.
–Eso es genial, Gohan.
Nunca se dio cuenta de que el joven la había elegido a ella para ser la primera en saberlo por un motivo concreto. Aunque, en realidad, ni siquiera él mismo era consciente de ese hecho y mucho menos de cuál era aquel motivo.
–Lo es –dijo con una amplia sonrisa en sus labios, contento de que su amiga lo apoyara.
Videl, instintivamente, se abrazó las piernas. Gohan se iría, pero la vida, aun sin él, seguiría. Sin embargo, en ese momento, sintió un gran vacío en el centro del pecho y una ligera falta de respiración.
¿Por qué no lo dices?
¿Por qué…?
No sabía si había sido un sueño o un recuerdo demasiado vívido, pero, en ese momento, Videl comenzó a despertarse. Ante sus ojos había una espalda masculina, ancha, fuerte. Llevaba años despertando con esa vista, sin embargo, esta vez no se trataba de la espalda de su esposo, sino de la de Gohan.
El destino es caprichoso y la vida da muchas vueltas y por eso mismo allí estaba Videl, con el cuerpo desnudo de Gohan enfrente suyo, habiéndose atrevido a tocarlo por fin, aun cuando fue incapaz de hacerlo muchos años atrás.
Se acercó hacia él y le abrazó la cintura, colocándole la mano en el abdomen y acariciándolo justo después; gesto que hizo que el hombre comenzara a despertarse. Se dio la vuelta y las miradas de ambos se cruzaron. Se acercó hacia ella muy despacio y le dio un beso en los labios.
–Buenos días –saludó Videl con una sonrisa.
–Sí, hoy realmente son muy buenos días –le contestó con voz somnolienta.
Se quedaron así, callados, mirándose, y a Videl le dio la sensación de que, como cuando eran adolescentes, el tiempo se había congelado. Y en realidad no, sino que se encontraban hundidos, inmersos en una burbuja, en una especie de dimensión paralela en la que los dos podían ser uno solo, en la que no existía nadie más y eran felices. Pero las burbujas tienen una cualidad peligrosa: son vulnerables, frágiles y, por tanto, explotan con facilidad.
A la mente de Videl llegaron claramente los recuerdos de la noche anterior, de la fotografía de su padre –quien se suponía que estaba muerto– en el salón. Resucitar era algo completamente imposible, así que no entendía por qué Gohan la había engañado durante tanto tiempo. Aunque, si en realidad su progenitor nunca murió, ¿por qué se ponía tan triste con su sola mención en el pasado? Algo no cuadraba ahí y ella, por fin, lo averiguaría.
–Tenemos una conversación pendiente, ¿no crees?
–¿Sobre qué? –cuestionó Gohan, fingiendo que no lo recordaba.
–Lo sabes bien, Gohan. La foto en la que sale tu padre. Supuestamente murió, ¿no?
–De hecho, lo hizo.
Videl lo miró un poco enfadada. ¿Por qué le estaba mintiendo en la cara? Aquello no tenía sentido alguno. Mientras, Gohan también la miraba, debatiendo consigo mismo si debía contarle todo sobre él a la mujer, descifrando así para siempre el enigma que él le suponía.
Con determinación, decidió que sí, que Videl merecía conocer aquella realidad, su realidad, porque era alguien que le importaba, que había ocupado en otra época un lugar muy especial en su corazón y que ahora lo había logrado otra vez. Y, en esta ocasión, con mucha más fuerza.
Empezó, entonces, a contarle una historia surrealista sobre bolas mágicas que invocaban a un dragón que concedía deseos, una raza alienígena con colas de mono a la que su padre –y por tanto él y su hermano– pertenecía y una serie de villanos que había amenazado con destruir la Tierra en varias ocasiones, entre ellos el monstruo Cell, al que nunca derrotó su padre, el campeón del mundo, sino Gohan.
Videl quedó perpleja y aquel sentimiento se reflejó en su rostro. Su cerebro intentaba procesar toda la información que había recibido, pero no podía. ¿Es que acaso Gohan le estaba tomando el pelo?
–Es decir, me estás diciendo que tu padre vino en una nave espacial a la Tierra cuando era un bebé, que es un extraterrestre que tenía una cola de mono antes, que se transformaba en un mono gigante cuando miraba a la luna y que resucitó porque un dragón que sale de unas bolas mágicas le concedió ese deseo.
Al verbalizar las palabras, aquella historia le pareció aún más absurda, más inverosímil, si es que aquello era posible.
–No, eso fue la primera vez que murió. La segunda, resucitó porque una antigua deidad le dio su vida –contó como si fuera lo más normal del mundo.
–Ah, que se ha muerto dos veces.
–Sí.
Los dos, de lado, con los cuerpos desnudos únicamente tapados con una sábana, se miraban fijamente, sin saber ninguno qué decir, hasta que Videl quebró de nuevo el silencio.
–Gohan… ¿me estás tomando por imbécil? –reprochó ella, algo molesta.
–Claro que no. Mira –le dijo mientras se incorporaba para mostrarle la cicatriz redonda que se hallaba en la parte baja de su espalda–, esta es la cicatriz de mi cola. A mí también me la cortaron porque era peligroso.
Videl llevó hacia la zona sus dedos y acarició la cicatriz. El cerebro le iba a explotar de incredulidad. Todo aquello no era posible, escapaba a la razón por completo.
–Eso es una simple cicatriz, no demuestra nada.
–¿Y esto? –preguntó el hombre mientras formaba una bola de luz en la palma de su mano, todavía sentado sobre la cama.
Videl respingó y se sentó a su lado, envolviendo la mano de Gohan entre las suyas, sintiendo el calor emanando de allí.
–¿Cómo haces eso? –preguntó, incrédula y emocionada.
–Es fácil, puedo enseñarte si quieres. La verdad es que, cuando entrenábamos juntos, pensé que te enseñaría a hacerlo, pero luego me fui por lo de la beca y no pude mostrártelo.
Videl se tumbó de nuevo en la cama, haciendo un ruido sordo producido por el choque de su peso contra el colchón. Se colocó el antebrazo sobre la frente, intentando aún procesar todo aquello. Parecía que estaba dentro de una película de fantasía o algo parecido, pero no, aquello no era ficción; aquello era la vida real.
Gohan se tumbó de lado de nuevo, mirando su gesto asombrado.
–¿No me crees? –indagó.
La mujer de mirada clara se quitó el brazo de encima y le dirigió la mirada hacia el rostro, girando un poco la cabeza. Se dio la vuelta para ponerse enfrente de él otra vez.
–Claro que sí –afirmó mientras sonreía, lo veía sonreír y le deslizaba las yemas de los dedos por el mentón para acariciarlo–. Eres increíble, Gohan. Siempre lo supe.
–Debí contártelo hace mucho tiempo, cuando íbamos juntos al instituto.
–Tal vez, pero eso ya está en el pasado –musitó Videl, recordando que también estaban en el pasado todos los sentimientos que nunca confesó y que aquello hizo que se alejaran el uno del otro.
–¿Sabes? Es gracioso porque en esa época yo era un desastre emocional. De hecho, creo que incluso me gustabas –comentó mientras se reía.
–¿Qué? –demandó Videl, borrando la sonrisa de su rostro y abriendo los ojos con estupor.
–Sí, que me gustabas –repitió sin darse cuenta del cambio en el gesto de la mujer.
De pronto, la sintió escondiendo el rostro en su pecho, abrazándolo con fuerza, desamparada, ida, triste. Sintió algunas lágrimas mojando aquella zona de su cuerpo y el cuerpo de Videl temblar entero mientras algunos sollozos tenues escapaban de sus labios.
¿Por qué no lo dijo? Todo hubiese sido tan fácil. Incluso hubiese estado dispuesta a mudarse de ciudad con él para empezar una nueva vida. En cambio, el destino le puso en el camino a Hiro, quien la había maltratado durante años, quien la hizo convertirse en alguien que verdaderamente detestaba, quien la hizo salirse de su propio ser. Si tan solo uno de los dos lo hubiese expresado, su vida habría sido totalmente diferente.
–¿Por qué no lo dijiste…? –la escuchó decir, temblorosa, con miedo genuino en la voz.
En realidad, no sabía si aquella pregunta estaba dirigida a Gohan o a ella misma, en un reproche por no haber sido honesta y haber tomado las riendas de su vida cuando debía, evitando así todo el sufrimiento que le conllevó su fallido matrimonio.
–Videl… –susurró Gohan sintiendo como las entrañas se le retorcían. Comprendió, entonces, que el dolor de Videl, ahora, era suyo también–. Lo siento, Videl –guió su mano hasta la barbilla femenina y le alzó el rostro, pero ella le apartó la mirada–. Mírame.
Y lo hizo. Allí estaba, Gohan estaba a su lado, era real, aquel era el ahora, su ahora, y debía aprovecharlo. Sin embargo, las lágrimas de culpa no paraban de salir de sus ojos azules.
El semisaiyajin le apartó las lágrimas de las mejillas y se quedó mirando sus iris, que eran mucho más azules ahora a causa del llanto. Podría estar así, junto a ella, mirándola para siempre. Así quería estar, con ella, juntos, para siempre.
–¿Te acuerdas de que una vez te pregunté si el presente existe? –Videl asintió, sintiéndose abrumada por la conexión de ambos, ya que, precisamente esa noche, ella había soñado con ese momento que compartieron hacía ya muchos años–. Tú me acababas de decir que era mejor vivir en el presente, pero yo quería hacerme el inteligente y decía idioteces. Y ahora me doy cuenta de que llevabas razón. Este es nuestro presente, Videl, tú y yo juntos, sin importar nada ni nadie más. Disfrutémoslo.
Videl se abalanzó sobre él de nuevo para abrazarlo. Besó su cuello, su mejilla, su mentón y después sus labios. Se tumbó bocarriba en la cama y lo instó a que se pusiera encima de ella.
Después de un largo rato de besos y caricias íntimas, Gohan entró en su interior. En cada embiste sentía a Videl más real, más tangible y más suya. Pero no más suya en el sentido de posesión, de verla como un objeto o un adorno que dependía o estaba supeditada a él, sino de sentir que no solo sus cuerpos, sino sus almas también, estaban unidas.
Juntos de nuevo, ambos explotaron al unísono. Gohan apoyó su frente sobre la de Videl mientras recuperaba el aliento y cuando se separaron, ella se quedó con una cierta sensación de desamparo. Necesitaba estar cerca de él la máxima cantidad de tiempo posible.
Lo vio levantándose y acercándose a un cajón para sacar de allí un pantalón de pijama y colocárselo. Mientras, Videl también salió de la cama y se topó con la camisa de Gohan tirada en el suelo. Le pareció gracioso y se la puso sin nada más debajo, como si estuvieran en una escena de una película romántica. Él la miró divertido.
–¿Me robas la ropa? –preguntó, jugando.
–¿No me queda bien? –le dijo ella fingiendo un tono ofendido.
–Estás preciosa –aseguró Gohan y le pareció ver un ligero sonrojo en las mejillas femeninas.
Se dirigieron hacia el pasillo, Videl se desvió hacia la cocina y él tomó otro rumbo.
–Voy al baño un momento, ahora te alcanzo –informó y después le dio un ligero beso.
Videl llegó a la estancia y se sirvió una taza de café. Sin embargo, mientras lo hacía, escuchó la cerradura de la puerta de la casa moviéndose y la puerta abriéndose. Miró hacia allí, alarmada. Vio entrar a un chico joven, moreno. Lo hizo con tanta naturalidad que incluso se sorprendió.
–Gohan, he venido a pedirte…
El habla de Goten se cortó cuando vio en la cocina de su hermano a una mujer solamente cubierta con una de sus camisas bebiendo algo de una taza.
La mujer se quedó mirándolo con curiosidad, sintiendo que ese rostro le resultaba familiar, hasta que llegó a sus ojos. Esa mirada, llena de bondad e inocencia, ese brillo nunca lo había visto en otra persona que no fuese el hermano pequeño de Gohan.
–¿Goten? –preguntó insegura– ¿Eres tú?
El chico abrió los ojos con sorpresa, preguntándose cómo era posible que aquella conquista de su hermano supiera su nombre.
–¿No te acuerdas de mí? –insistió–. Soy Videl, solía entrenar cerca de tu casa con Gohan cuando íbamos al instituto.
Entonces, Goten la reconoció. Era aquella chica desconfiada que vio en algunas ocasiones en la casa de sus padres cuando era un niño. Llevaba sin verla años y casi no se acordaba de su cara hasta antes de haberla visto de nuevo.
–¡Videl! –exclamó feliz–. Claro que te recuerdo.
–¡Qué bien! ¿Te apetece charlar un rato conmigo?
Goten se quedó mirando el atuendo de la mujer y desvió la mirada hacia el suelo, sonrojándose avergonzado.
–Me encantaría –dijo, deteniéndose nerviosamente–, pero ¿tal vez te gustaría ir a cambiarte antes?
Videl miró hacia abajo y recordó que solo llevaba puesta la camisa de Gohan. La vergüenza invadió todo su ser, apartó la mirada del chico y, sin decirle nada, se dirigió hacia la habitación para vestirse.
Mientras tanto, Gohan salió del baño, recién duchado y vestido, y se la cruzó en el pasillo.
–¿Dónde vas?
–Qué vergüenza he pasado, Gohan, tu hermano está en la cocina.
Gohan la miró un momento y luego explotó en carcajadas. Estaba completamente sonrojada y avergonzada y eso le hizo mucha gracia. Se acercó a su oído y le susurró:
–Es una pena, estabas muy guapa vestida así.
Videl, en respuesta, le propinó un codazo que él ni sintió y se adentró en el cuarto.
Cuando el semisaiyajin entró en la cocina, Goten le sonrió con picardía y él bufó algo fastidiado. Aguantar las bromas de su hermano le colmaba a veces la paciencia.
–Gohan, esta te la tenías bien guardada, ¿eh? –bromeó cuando lo vio.
–No le digas nada a nadie, ¿vale? –pidió Gohan, sabiendo que su hermano captaría el mensaje e interpretaría ese nadie como su madre.
–No, no. ¡Joder, es Videl! –Gohan asintió sonriendo–. Está guapísima, eh. ¡Qué mujer! Con razón te la estás…
–¡Goten! –interrumpió Gohan–. Cállate, que te va a oír –continuó reprendiéndolo.
Ambos hermanos se quedaron callados cuando Videl entró en la habitación ya con su ropa puesta.
–Goten, siento lo de antes.
–Oh, no, no, no te preocupes.
Después de aquel momento un tanto incómodo, se sentaron juntos los tres alrededor de la pequeña mesa de la cocina y comenzaron a charlar. Casi toda la conversación se centró en el pequeño de los Son, pues Videl se mostraba muy interesada en saber qué había sido de aquel niño inquieto, que de niño no tenía nada ya.
–¿Entonces tienes novia? –cuestionó Videl con curiosidad, habiendo observado que hablaba más de la cuenta de una chica en concreto.
–Supongo… no sé, me asusta un poco llamarlo así.
–Le tiene un poco de miedo al compromiso –contó Gohan riéndose entre dientes.
Videl y Gohan se miraron y Goten se dio cuenta entonces de la complicidad y la confianza que desprendían los dos juntos. Pensó que hacían muy buena pareja y se alegró por su hermano, quien se veía muy feliz, sin saber todo el embrollo que había formado con la situación de la mujer.
Al poco rato, Videl se disculpó porque tenía que irse. No podía quedarse más rato allí, pues su marido podría comenzar a sospechar y a indagar y no podía permitirse eso. No si quería continuar viendo a Gohan.
Primero, se despidió de Goten con un abrazo y después, Gohan la acompañó a la puerta y le dio varios besos antes de que se fuera, intentando alargar el momento lo máximo posible.
–Por cierto, Videl, estaré un par de semanas fuera de la ciudad por un congreso. Nos veremos cuando vuelva.
–Oh –exclamó con la mirada ensombrecida–. Está bien.
–No te preocupes, nos veremos en cuanto vuelva, ¿vale? –aseguró posando la mano en su nuca y depositándole un beso en la frente antes de que, definitivamente, se fuera.
–Claro –le dijo ella resignada, finalmente sonriendo, sintiendo como algo, un sentimiento muy especial y bonito, se apoderaba de todo su ser.
Mientras iba de camino a su casa, Videl se dio cuenta de que, al fin y al cabo, las mejores cosas solo suceden cuando te atreves a vivirlas.
Nota de la autora:
¡Feliz 2020! Espero que este año se cumplan todos vuestros deseos y, sinceramente, espero que a mí me vaya mejor que durante el final de 2019. Aunque, eso sí, siempre recordaré 2019 como el año en el que empecé a publicar mis historias (porque a escribir en realidad empecé a finales de 2018, pero tardé meses en atreverme a publicar).
Nuevo año, nuevo capítulo de Vía de escape. Me hace tan feliz escribir esta historia que quería empezar el año haciéndolo. Espero que os haya gustado este capítulo.
Ya sabéis, mis citas del principio y yo somos elementos inseparables. Creo que ese fragmento le queda bien a la historia porque Videl quiere estar junto a Gohan, pero por distintos factores adversos no puede y está con otro. La canción es bonita, si alguien no la ha escuchado, os invito a hacerlo.
Por cierto, me he creado una cuenta de Facebook, así que, quien quiera puede agregarme. Todavía no sé muy bien cómo funciona, pero lo lograré, xD. Me podéis buscar como Eme-ele Fanfiction.
En fin, como siempre, gracias infinitas por el apoyo, los comentarios, los favoritos, etc., por todo, vaya; ¡sois mi motor!
Nos leeremos en la próxima.
