-Vía de escape-
Capítulo 10. Es complicado
Tras escuchar la puerta cerrándose, Goten esperó de nuevo de pie en el salón de la casa de su hermano, impaciente por querer sonsacarle toda la información posible sobre la relación que mantenía con Videl.
Era muy extraño que una mujer visitara con tanta normalidad la casa de Gohan; básicamente porque él era un poco torpe socialmente y nunca había tenido demasiado contacto con el género femenino. Este hecho era algo que siempre le reprochaba su madre. Constantemente, se quejaba de que cuando tuviera nietos iba a ser demasiado mayor para cuidarlos o de que no iba a poder ver a sus hijos casándose. Por supuesto, todo exageraciones sin fundamento.
Gohan entró en la estancia mientras componía un gesto de hastío ante la sonrisa socarrona de su hermano pequeño, que no paraba de clavarle sus ojos negros con expectación.
–Venga pregunta ya lo que quieras, si lo estás deseando –dijo Gohan resignado, mientras se sentaba en un sillón y veía a su hermano sentándose a su lado.
El chico se quedó pensando unos minutos. Tenía tantas, pero tantísimas preguntas que no sabía bien por dónde comenzar. En cierto modo, le había molestado que no confiara lo suficiente en él como para contárselo, ya que Goten siempre le pedía consejo a su hermano mayor.
–¿Lleváis mucho tiempo juntos? –preguntó, ya poniéndose un poco más serio.
¿Realmente estaban juntos? ¿Realmente podía hablar de ella tan abiertamente sin tener en cuenta el hecho de que estaba casada con otro hombre?
–No, no mucho. Solo algunos meses.
–Me ha sorprendido mucho ver a Videl de nuevo, casi no la recordaba. Está realmente guapa –aseguró Goten.
En ese momento, Gohan se dio cuenta de que él sí la había recordado siempre. Un hueco de su mente siempre había estado reservado para Videl, aunque en todos los años de distanciamiento nunca hubiera sido consciente de eso. Ahora todos esos pensamientos se agolpaban en su mente, le taladraban el cerebro y le hacían darse cuenta de que aquella chica que conoció en el instituto había sido en el pasado y era en la actualidad alguien muy importante para él en todos los sentidos. Era como una especie de salvación; un puente que lo conectaba con la realidad.
–Me la encontré un día en el supermercado de casualidad. Si te soy sincero, yo tampoco creía que volvería a verla. Hacía tantos años que no estaba con ella… Pero llevas razón, está increíblemente guapa –añadió sonriendo y Goten se dio cuenta enseguida del brillo que su mirada irradiaba cuando se refería a Videl.
–¿Por qué no me lo has contado antes, Gohan? Yo te lo cuento todo, creía que confiabas más en mí, la verdad.
Gohan sopesó por un segundo qué contestarle a su hermano. Ciertamente, podría habérselo dicho, justo como hizo con el tema de Meg –bueno, a medias–, pero es que todo aquel asunto era tan complejo que no quería hacerlo partícipe de sus problemas, de todos los sentimientos encontrados que tenía y de sus embrollos mentales.
Obviamente, Gohan quería estar con Videl de manera oficial. Quería poder pasear con ella, que vivieran juntos o darle un beso mientras estaban en cualquier parte de la ciudad. Quería tanto con ella que no sabía si era correcto porque no podía olvidar su situación: Videl era una mujer casada. Y eso significaba que, de la misma forma que él la tocaba, la miraba y la besaba, su marido también lo hacía. No se paraba a pensarlo demasiado, pero, cuando lo hacía, sentía que el alma se le salía del cuerpo y se quedaba completamente vacío por dentro. Hasta ese punto había llegado; un punto sin retorno en el que ya no se veía capaz de estar sin su presencia cerca.
Sin embargo, no podía conocer los sentimientos de Videl a ciencia cierta, pues dentro de su corazón solo estaba ella. Cuando estaban juntos, sentía como si el mundo se redujese solo a ellos dos, pero la mujer de mirada clara seguía con su esposo y eso le hacía pensar que, en realidad, estaba enamorada de Hiro y que estar con él era un simple pasatiempo.
–Porque… es complicado, Goten. Es muy complicado –contó Gohan y después suspiró, llevándose las manos a la cabeza con hastío.
El pequeño de los Son se quedó mirando a su hermano. Tal vez, ellos no estaban establecidos oficialmente o Videl no quería nada serio con él o quién sabe qué. Decidió no seguir indagando porque suponía que el tema le hacía daño y lo último que quería era ver a Gohan sufrir.
Para él, siempre había sido su referente máximo, la persona que más admiraba en el mundo, quien lo crió junto a su madre cuando su padre no podía estar presente. Por ese motivo, quería ser su apoyo incondicional y estar ahí siempre que lo necesitara. Pero Goten, con los años, había aprendido a ser prudente y a saber cuándo es mejor callar y dejar a cada uno en su universo interno. Y muy probablemente, eso también se lo había enseñado Gohan.
–Bueno, ya está. Tus motivos tendrás. No pasa nada –dijo con comprensión y Gohan alzó la vista hacia su hermano y le sonrió con alivio.
La realidad era que no estaba preparado para un interrogatorio extensivo de esas características y le alegraba que Goten pudiera comprenderlo sin que se lo hubiese expresado explícitamente con palabras.
–En realidad había venido para decirte que mamá me ha llamado para que vayamos el domingo a casa a comer.
–Sí, tenía pensado ir. El lunes me voy a un congreso en otra ciudad y no volveré hasta dentro de dos semanas –informó Gohan, ya con el gesto un poco más aliviado.
–Verás que disgusto se va a llevar mamá cuando se entere de que su hijo predilecto se va dos semanas.
Ambos hermanos comenzaron a reír con fuerza, destensando por fin la situación completamente.
–¿Hijo predilecto? ¡Pero si el favorito eres tú!
Juntos pasaron el resto del día entre risas y anécdotas; Gohan intentando olvidarse un poco de su situación sentimental con Videl y Goten logrando que su hermano pasara un buen rato.
El domingo llegó más pronto de lo esperado y en la montaña Paoz se reunió la familia Son al completo. Los platos volaban, no tenían tiempo ni de charlar siquiera y Chichi miraba a sus tres hombres complacida, siendo consciente de que no era nunca igual de feliz que cuando toda su familia estaba reunida en casa.
Cuando terminaron de comer y mientras recogían entre todos, la mujer recordó la conversación que hacía poco había tenido con su hijo pequeño en la que le contó que estaba comenzando una relación con una chica que iba a la misma universidad que él.
–Bueno ¿y cuándo piensas traer a tu novia a casa, Goten? –preguntó Chichi con tono acusatorio.
–Mamá, no sé, no me agobies.
Goku se quedó parpadeando extrañado, como si se hubiese perdido algo. Siempre era el último en enterarse de lo que sucedía en su casa y, a pesar de su apariencia despreocupada, le importaba saber qué estaba pasando en la vida de sus hijos.
–¿Tienes novia, Goten? –cuestionó Goku, incrédulo.
Todos sabían que el chico no era de tener relaciones formales, así que al saiyajin le sorprendía que, por fin, su hijo pequeño hubiese decidido formalizar una relación.
–Más o menos.
–¿Cómo es eso de más o menos? –reprochó Chichi con tono de enfado–. ¡Estos jóvenes de hoy en día! Os tomáis la vida a la ligera, sin pensar en el futuro. Espero que al menos sea una chica que tenga una buena familia –dijo con tono amenazante, mirándolo directamente y señalándolo con el dedo.
–Mamá, los tiempos cambian –afirmó Gohan sonriendo, divertido por la conversación que estaba teniendo lugar entre los miembros de su familia.
–¡Y tanto que cambian! Con la edad de Goten, ya estábamos tu padre y yo casados y con la tuya habíais nacido los dos. Sois un desastre. Me voy a morir sin conocer a mis nietos.
–¿Nietos? ¿Es que tu novia está embarazada, Goten?
Tras unos segundos de silencio y asombro, Gohan y Chichi empezaron a reír estrepitosamente por las ocurrencias del saiyajin, mientras Goten se sonrojaba furiosamente.
–¡Claro que no, papá! ¿De dónde sacas eso?
–No me estoy enterando de nada… –susurró Goku mientras se rascaba la nuca; típico gesto de inocencia inherente a su persona y que sus hijos habían heredado.
–Bueno, dejemos ya de hablar de mí. ¿Por qué no traes tú a tu novia a casa, Gohan?
Justo después de pronunciar aquellas palabras, Goten se dio cuenta de que se había equivocado. Vio a su hermano componer el mayor gesto de furia que había visto en él jamás, su ki se alteró con vehemencia e incluso el plato que sujetaba Gohan entre sus manos se rompió sin darse él casi cuenta.
–¿Qué estás diciendo, Goten? –masculló el mayor de los hermanos con ira mientras los demás lo miraban sorprendidos, pues llevaban muchos años sin ver esa faceta de Gohan.
–¿Gohan…? –preguntó Chichi preocupada.
–Perdona, mamá. Después recojo el plato, necesito que me dé el aire.
Gohan salió justamente después por la puerta trasera de la casa. Chichi, Goku y Goten se quedaron mirándose contrariados y, cuando la mujer de cabello oscuro se dirigió hacia la puerta para salir detrás de su hijo, Goten la paró sujetándola del antebrazo.
–Déjalo, mamá, yo hablo con él.
Goten salió por la misma puerta por la que lo había hecho su hermano segundos atrás y lo observó sentado en el pasto, mirando hacia el lago que se encontraba al lado de su casa. Se le veía ausente, como intentando descifrar algo con la mirada perdida en el cielo y el rostro cansado.
El chico se sentó a su lado y se quedó durante unos minutos en la misma posición que Gohan y en total silencio porque no quería perturbarlo más de lo que ya lo había hecho. Sabía que necesitaba su tiempo y que cuando lo necesitara, Gohan se desahogaría con él.
–Lo siento, Goten, pero no deberías haber dicho eso –explicó Gohan sin mirarlo.
–No, soy yo quien lo siente. Creía que Videl y tú, de una manera u otra, estabais juntos.
–No exactamente. Ya te dije que es complicado.
Gohan incorporó un poco el torso y después echó su cuerpo por completo en la hierba, sintiendo la frescura del viento acariciando todo su ser. Desde luego, aquella era una sensación que solo podía experimentar en aquel rincón del mundo en donde se había criado.
–¿Por qué? –se atrevió a preguntar Goten y giró un poco su cuerpo para poder mirar a su hermano directamente.
El mayor de los hermanos suspiró, intentando ordenar sus ideas y pensamientos. Necesitaba sacar aquello de su pecho, contárselo a alguien y, en realidad, no había nadie que fuera a comprenderlo mejor que el que fue en otros tiempos la copia exacta de Goku.
–Videl está casada, Goten –confesó, directo.
–Joder…
Durante un rato más, Goten se quedó sin habla. ¿Qué se suponía que debía responder a eso? Nunca imaginó que su hermano estaría envuelto en una relación adúltera, aunque fuera de forma indirecta. Conociendo su personalidad, si Gohan había accedido a sobrellevar eso, era por una sola razón.
–¿La quieres? –dijo, quebrando así el silencio imperante.
–Sí –afirmó sin titubear siquiera.
Claro, eso era. La quería y por eso su mente estaba siempre trabajando sin descanso, pensando en ella, queriendo hacerla feliz. Darse cuenta de aquel sentimiento, al contrario de lo que pensaba que le sucedería cuando se enamorara por primera vez, le produjo desasosiego. Realmente, todo era demasiado complicado. Pero suponía que por ese motivo seguía adelante con aquella pseudo-relación; porque la amaba con una intensidad que creía que nunca hubiera podido llegar a sentir.
Gohan era un hombre de principios claros y fuertes. Nunca habría accedido a encontrarse en esa situación si no fuera porque su corazón había desarrollado aquellas emociones tan fuertes por Videl.
–¿Y por qué no estáis juntos? Que deje a su marido. No entiendo que siga con él si os queréis.
Y ese era el gran problema. ¿De verdad Videl lo quería? Si él hubiese estado en esa situación, no habría titubeado un segundo, habría cortado su relación anterior y habría empezado de cero, pero a ella no se la veía dispuesta a hacer eso.
–No es tan fácil como crees, Goten –aseguró Gohan y se volvió a incorporar, mirando directamente a su hermano esta vez–. Volvamos dentro.
Se levantó el silencio y Goten lo siguió. Después de aquel incidente, la tarde transcurrió entre una relativa tranquilidad.
Dos semanas sin ver a Gohan se le habían hecho eternas. Contaba los días, las horas, los minutos y hasta los segundos para volver a estar a su lado. Le parecía un auténtico martirio no poder escuchar su voz suave y pausada, no poder tocar sus manos o no poder besar sus labios.
Ese día hizo el camino a casa de Gohan mucho más rápido y alegre de lo normal, pesando en todas las cosas que tenía que contarle de aquellas dos semanas en las que no se habían podido ver a causa de su viaje por trabajo. Se sentía muy bien consigo misma por las mañanas cuando iba a la escuela, pero las tardes y noches en compañía de Hiro eran un infierno.
Su vida matrimonial se encontraba en una situación de calma tensa. Todo iba relativamente bien y Videl estaba convencida de que su marido lo hacía con un solo propósito: conseguir que se mudaran de ciudad. Pero no estaba dispuesta a hacerlo porque las razones que la ataban a la Capital del Oeste eran demasiado fuertes y eran lo que verdaderamente la seguía conectando a la vida. Antes de Gohan, estaba como ida, como fuera de sí y llegó a un punto en el que no le importaba siquiera vivir o morir.
Sin embargo, a pesar de lo ilusionada que estaba, notaba algo extraño. Entre el bullicio de gente a su alrededor, sentía una mirada clavándose en su espalda, pero, cuando se giraba, todo era normal; nadie estaba pendiente de ella.
Decidió apresurarse y comentárselo a Gohan en cuanto lo viera, pues le había contado que era capaz de sentir la energía vital de las personas.
En cuanto llegó, tocó a la puerta ansiosa y el semisaiyajin tardó solamente unos pocos segundos en abrir. Cuando lo hizo, salió al rellano y la recibió besándola con pasión, justo ahí, a la vista de todos porque ya le daba todo completamente igual. Que alguien los viera, que Videl se enfadara por ese repentino gesto, ¿qué más daba ya? Si lo único que necesitaba era sentirla tangible entre sus brazos, perderse en la suavidad de su cabello y sentir su aliento mezclándose con el suyo propio.
Videl abrió mucho los ojos porque aquella reacción era lo último que esperaba por su parte.
Sin separar sus labios, ambos se adentraron en la casa, cerrando la puerta tras de sí con torpeza, provocando un ruido sordo que inundó el pasillo.
No llegaron demasiado lejos, pues Gohan estaba más ansioso que nunca. Así que la llevó hacia el salón y la tumbó en el sofá, quitándole con rapidez los pantalones y la ropa interior, mientras se bajaba su ropa revelando su palpitante erección.
Entró de una vez sin razonar demasiado y Videl casi chilló de placer al sentirlo llenándola; al sentir que, por fin, volvían a ser uno. Se empezó a mover con mucha más fuerza y determinación que de costumbre, sintiendo que llevaba necesitando llevar a cabo esa unión durante años. Tal vez, su subconsciente le exigía que recuperase todo el tiempo perdido, todos los años que no pudieron estar juntos por el distanciamiento que el mismo trascurso de la vida les había impuesto.
Videl estaba muy sorprendida. Gohan normalmente era un chico muy dulce y atento, en el sexo también, pero esa vehemencia y pasión no es que le disgustara; al contrario, le fascinaba.
–Gohan… –gimió contra sus labios cuando se separaron unos segundos para tomar aire.
El semisaiyajin llevó su mano hasta la blusa de Videl para levantarla un poco. Bajó el sostén negro que tapaba sus pechos y dejó expuesto uno para acariciárselo con la lengua, lo que provocó que la liberación de ambos llegara irremediablemente y antes de lo que les hubiera gustado.
Mientras respiraba agitado, Gohan llevó una de sus manos hasta el rostro de Videl. Primero acarició sus labios que, ligeramente hinchados, habían clamado su nombre hacía unos instantes, y después hizo lo mismo con su mejilla sonrosada.
–Te he echado mucho de menos –confesó como pudo, con el aire faltándole notablemente en los pulmones.
–Yo también –le dijo Videl, extasiada por el mar de sensaciones experimentadas en aquel corto lapso de tiempo.
Ya todo les daba igual a ambos. A Gohan, el hecho de que no entendía por qué Videl no abandonaba a su marido para estar con él o la incertidumbre que se apoderaba de su pecho cuando se preguntaba si sus sentimientos eran o no correspondidos; a Videl, que hubiese sentido a alguien siguiéndola apenas unos minutos atrás.
Porque, cuando estaban juntos, el universo por completo se contraía y se reducía solamente a ellos dos y nada más tenía sentido si no estaban juntos. Ni siquiera recordaban cómo eran sus vidas antes de aquel fortuito reencuentro en los pasillos de un supermercado cualquiera; cómo eran sus vidas antes de que lo significaran todo el uno para el otro.
Claro que, si Videl le hubiese contado aquella inquietud a Gohan, aquel presentimiento de que alguien iba tras sus pasos, tal vez hubiesen descubierto que un ki merodeaba en el exterior de la casa y que el beso que se habían dado en el portal había sido capturado por el flash de una cámara.
Nota de la autora:
He tenido tiempo, por fin, para ponerme con esta historia. Aunque el motivo por el que tengo tiempo no me gusta en absoluto. Debido a la expansión del Covid-19 en España, se ha establecido el estado de alarma, es decir, las clases se han cancelado y el país está medio paralizado, por tanto, debemos estar en casa el mayor tiempo posible y salir solo y exclusivamente para lo imprescindible. Así que, si eres español o española como yo y estás leyendo esto, quédate en casa. Solo frenaremos el virus si estamos unidos. Ya son más de 6000 casos y más de 200 muertes, así que está en nuestras manos parar esto. Aprovechad para leer, escribir, dibujar, ver pelis, reventar el catálogo de Netflix o pasar tiempo en familia. Hay que actuar con responsabilidad, por eso, no perdamos la cordura. Dejad las mascarillas para quien las necesite y no vayáis en masa al supermercado; hay que evitar las concentraciones de gente. Aunque la situación es compleja, juntos podremos con esto.
A los que seáis de otros países; tomad precauciones sin caer en la histeria.
Bueno, hablando de la historia, he tardado mucho, lo sé. Esta historia suele tener actualización mensual, pero necesitaba actualizar otras que estaban un poco más abandonadas. Y para qué mentir, un descanso de este fic era necesario para organizar las ideas e ir encaminando la historia hacia el final; no creo que queden más de seis o siete capítulos.
Algo que me ha llamado mucho la atención de algunos fics lemon de LDGV que he leído es que presentaba a Gohan un poco fuera de su papel durante el sexo, es decir, siendo más pasional y contundente, y me ha gustado tanto que quería desarrollarlo yo también, así que te tomo la idea Luis. Gracias por la inspiración.
Y nada, como siempre, gracias, gracias y más gracias. Escribir para mí es una de las cosas más importantes que ahora mismo tengo en la vida, así que pienso estar por aquí mucho tiempo más. Gracias de todo corazón por el apoyo, por leer y disfrutar con esta historia.
Besos, fuerza y nos leemos pronto.
