-Vía de escape-

Capítulo 13. Lo inesperado


Paseando debajo de los cerezos en flor, Videl se dirigía con parsimonia a un parque cercano a su casa donde se había citado con Ireza. Necesitaba hablar con alguien y no había nadie que la comprendiera mejor que la que siempre había sido su mejor amiga.

Desde que la conocía, la mujer de cabello rubio había sido muy despreocupada, había estado centrada en coquetear con chicos y en asuntos de ese estilo, pero cuando Videl tenía un problema siempre recurría a ella. Porque nunca le fallaba.

Era de ese tipo de personas que piensas que viven en su propio mundo, alejadas de la realidad, pero que, en el fondo, dan consejos fundamentales, claros, verdaderos y con buena intención.

Y ante algo tan grande como lo que le estaba sucediendo a Videl en ese momento, era justo lo que necesitaba.

Se sentía bastante aturdida por todo.

No podía contarle algo así a nadie, a absolutamente nadie, pero sabía que con el paso del tiempo se acabaría descubriendo porque las evidencias, los cambios en su cuerpo, se producirían de forma inevitable.

Cuando llegó al lugar en el que se habían citado, vio que Ireza estaba sentada en un banco al lado de Riu, que hablaba con su madre animadamente.

Al ver la imagen, un sentimiento extraño, cálido, pero también de miedo, le revolvió el estómago. Se quedó quieta a algunos metros de distancia, sin atreverse a enfrentarse a esa conversación que tan necesaria era para ella, para liberar un poco a su alma.

Estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse a su casa, de encerrarse nuevamente en su soledad y tragarse todos sus problemas para que la pudrieran por dentro. Suerte que Ireza la vio en la lejanía, le sonrió y le hizo un gesto con la mano para saludarla.

Videl tragó saliva, meneó la cabeza ligeramente y se armó de valor. Necesitaba expresar todo lo que guardaba en su pecho, necesitaba materializar, verbalizar, todo lo que le estaba ocurriendo, el producto de las decisiones que había tomado en los últimos meses.

¿Cómo habría sido su vida si Gohan no se hubiese vuelto a cruzar en ella? No lo podría saber nunca, pero solo de imaginarlo le daba pánico. Probablemente, estaría mucho más apagada, más consumida por la amargura o incluso habría intentado hacer algo para acabar con su vida definitivamente. Esa sensación la había acosado en repetidas ocasiones antes del reencuentro con el semisaiyajin, pero había desaparecido desde que la luz se había colado en un resquicio de su alma para devorar la oscuridad que le suponía su existencia.

—¡Hola Videl! —exclamó Riu con simpatía al verla acercarse a ella y después le abrazó las piernas con cariño.

Videl le sonrió enternecida y le acarició la cabeza suavemente, pensando en cómo sería su futuro o si ese futuro era posible.

Después, se acercó al banco, se sentó junto a Ireza y vio a la niña irse a jugar muy cerca de donde ellas se encontraban.

La mujer rubia le dio un ligero abrazo y le sonrió. Videl le correspondió al gesto, pero lo hizo con tanta falsedad que su amiga se percató de que aquella sonrisa no era verdadera. Algo le preocupaba y al parecer bastante.

Desde que eran amigas —ya hacía muchísimos años—, siempre que la mujer de mirada azul tenía un problema acudía a ella. Lo hacía de forma muy sutil, sin contarlo explícitamente. Incluso en alguna que otra ocasión se lo había tenido que sacar casi a la fuerza, pero al final siempre se sinceraba, le contaba lo que le producía desasosiego.

Y sabía que la llamada que había recibido ese día no era casual porque conocía perfectamente a Videl.

—Hace un día bonito, ¿verdad?

Videl miró al cielo y asintió en silencio. Sí que lo hacía. La temperatura no era demasiado alta y el cielo estaba completamente despejado. Todo totalmente al contrario que la tormenta que se estaba desarrollando en sus pensamientos y en su interior.

Las lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos y se tapó el rostro con las manos para que Ireza no fuera testigo de su debilidad, para que no viera cómo era la nueva y patética Videl en la que la habían convertido su esposo y todos los acontecimientos que se habían desarrollado en su vida últimamente.

—Ey, ¿estás bien? —preguntó Ireza de forma amorosa mientras le posaba la mano en la espalda para darle algo de consuelo a través de la caricia.

La mujer de mirada clara alzó el rostro y la miró con las lágrimas pendiendo de sus ojos, todavía sin soltarlas para que recorrieran libremente sus mejillas. Negó con la cabeza levemente, sin ser capaz de contestarle con palabras.

Ireza le sujetó el mentón para enderezar su cuerpo. Le sonrió con comprensión y le acarició la mejilla. Los ojos, más azules y trasparentes que nunca, le temblaban y le gritaban que la ayudara, que la sacara del abismo en el que estaba enterrada y del que no podía salir por sí misma. Y ella lo haría.

Sospechaba, desde que Videl cortó su relación por completo con ella, que Hiro la estaba coaccionando a hacerlo de alguna u otra forma. Sin embargo, la confirmación absoluta no la tenía y, por eso, debía tantear el terreno primero, debía indagar despacio, sin entrometerse demasiado en su privacidad para que fuera capaz de contárselo cuando realmente pudiera o se viera capaz.

—¿Qué te pasa?

Videl se quitó las lágrimas de los ojos antes de que cayeran, respiró profundamente y después se quedó unos minutos en silencio sin mirar a su amiga para que las palabras fluyeran correctamente. Solo eran dos palabras. No era tan difícil. Solo tenía que decirlas. Solo tenía que enfrentarlas. Solo tenía que volver a ser valiente.

—Estoy embarazada.

A pesar del ruido propio del espacio abierto en el que se encontraban, para Ireza se instaló el silencio más inestable de toda su vida.

—Cariño, pero esa es una noticia increíble —le dijo después de interminables minutos en silencio, sin saber realmente qué decir o cómo decirlo. Era una buena noticia, sí, pero el gesto de Videl le indicaba que para ella era totalmente lo contrario—. ¿Se lo has dicho ya a Gohan? —Al escuchar las palabras, el labio de la mujer morena tembló—. Porque es de él, ¿no?

—No lo sé… —musitó levemente, como en un suspiro de terror.

Y ese era el mayor de sus problemas. Las posibilidades de que aquel bebé hubiera sido creado por el más puro amor que Gohan y ella se profesaban eran ciertamente altas. Sin embargo, no podía obviar el hecho de que sus encuentros íntimos con su esposo —aunque se produjeron por obligación— habían seguido teniendo lugar. Sí, de forma mucho más esporádica que con el semisaiyajin, pero se habían producido y no podía escaparse de ese hecho.

—No puedes hacerte una idea de lo que he deseado que esto ocurra. No puedes —comenzó a hablar, a desahogarse e Ireza se calló por completo para escucharla con atención—. Pero pensaba que simplemente no podía tener hijos. Hiro y yo estuvimos intentándolo mucho tiempo y nada… Nunca nos hicimos pruebas de fertilidad porque él decía que el problema lo tenía yo, que dejó embarazada a una antigua novia, pero que no llegaron a tenerlo porque eran demasiado jóvenes. Yo… por eso no tomé medidas nunca más, ni con él ni con Gohan y no sé si esto ha llegado en buen momento… Yo…

Ireza le sostuvo las manos entre las suyas y cortó así su discurso. Videl la miró, por fin, a los ojos con sorpresa, con la calidez de las manos de su amiga envolviéndola por completo. Estaba seria y la miraba decidida.

—No digas eso. Llega en un buen momento. Solo tienes que decírselo a Gohan.

—¿Y si él no es el padre?

—¿Qué más da eso? Gohan te hace bien, te hace falta. Si no es el padre, entenderá tu situación, estará contigo. ¿Puedes decir lo mismo de tu esposo? ¿Te apoyará él incondicionalmente?

A Videl le calaron muy hondo esas palabras. Tenía razón. Gohan siempre estaría de su lado sin importar qué. Pero ¿era justo que cargara con algo así si finalmente resultaba que el bebé no era su hijo?

—¿Está bien hacer eso?

—Sí, está bien. Lo necesitas, necesitas a Gohan. Además, eventualmente podréis hacer una prueba de paternidad y salir de dudas. Solo tienes que dejar a tu esposo y contarle la verdad a Gohan. Él entenderá, de eso estoy completamente segura.

Entonces, Videl se derrumbó. No pudo contener más las lágrimas, que surcaron todo su rostro sin cesar. A veces, también es necesario sacar todo lo que escondemos en nuestro interior para sentir algo de paz. Incluso en situaciones complejas, siempre puede haber alguien que nos guíe y nos lleve hacia la luz.

—No me puedo creer que haya llegado a esta situación… —susurró Videl entre sollozos mientras miraba a Ireza—. Soy tan poca cosa… No valgo nada…

Ireza, como respuesta, le soltó las manos y la abrazó con fuerza. Videl lloró más fuerte sobre su hombro. Cuando se calmó un poco, la mujer rubia se separó de ella y le volvió a hablar.

—Nunca, jamás, vuelvas a decir eso, ¿me has escuchado? Eres única, Videl. Siempre dejas huella en todo aquel que te conoce.

—Eso es mentira.

—No, no lo es —cortó directamente—. Sabes que a Sharpner le gustabas, ¿no? —Videl asintió, sin saber a qué venía eso exactamente—. No te puedes imaginar lo que le costó olvidarse de ti.

—¿Qué dices? —preguntó incrédula mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano—. Eso fue una tontería de adolescentes.

—No lo fue. Estaba enamorado de ti, incluso cuando empezó a salir conmigo. No te puedes imaginar el vacío que sus ojos transmitían las primeras veces que estuvimos juntos. Por eso te digo que eres especial y difícil de olvidar. No eres poca cosa; eres maravillosa. ¿En qué momento lo has olvidado?

Buena pregunta. Realmente, no podía contestarla y eso le dolía, porque significaba que se confirmaba a sí misma que no le quedaba ni una pizca de amor propio.

Videl le sonrió con ternura. A pesar de todo lo que su amiga le había dicho, ella no se sentía así.

—Lo siento.

—No lo sientas. Eso fue hace mucho tiempo y ahora lo tengo loquito. Mira, ahí está la prueba —dijo señalando hacia Riu, quien jugaba con una niña en la zona de los columpios.

Ireza recordó entonces que los primeros tiempos de su relación con Sharpner no fueron idílicos. Quería ayudarlo, salvarlo, pero él se lo ponía muy cuesta arriba. Sabía que amaba a Videl y que, cuando empezaron a estar juntos, el rubio lo hizo para olvidarse de la chica de ojos resplandecientemente azules; ojos que lo perseguían en la distancia, que lo acosaban sin detenerse.

Hizo todo lo que estuvo en su mano para que estuviera bien, para que fuera feliz, pero, al principio, no lo logró. Su relación se marchitó por completo y el contacto entre ambos se cortó de raíz.

Un par de años más tarde, cuando el corazón de Sharpner sanó, se dieron de nuevo la oportunidad. Y desde entonces no se habían vuelto a separar.

—Creo que debería irme a descansar —le dijo, ya mucho más tranquila, y, por primera vez, se posó la mano en el vientre, que todavía estaba plano, sintiéndose extraña, pero también con algo de esperanza.

—Deberías —aconsejó Ireza y después le dio un ligero beso en la mejilla—. Pero, por favor, haz lo que te he dicho. Habla con Gohan.

Videl sonrió convencida, decidida a hacerlo; a cambiar de una vez por todas su destino.

—Lo haré. Gracias por todo.

—No tienes que dármelas.

Se levantó del banco y esperó a hacer contacto visual con Riu para despedirse de ella con un gesto de su mano. Antes de irse, le pidió un favor a su amiga.

—No le cuentes a nadie, ¿vale?

Solo recibió un asentimiento como respuesta.

Videl se alejó camino a su casa, convencida de que lo que más quería era volver a ver a Gohan y contarle todo. Para que la ayudara, para que la sanara, para que la salvara del abismo, para que fuera su verdadera vía de escape.

Y, definitivamente, lo haría.


Mientras Chichi tarareaba una melodía antigua que solía entonar como canción de cuna a sus hijos cuando eran pequeños, Gohan sonreía melancólico.

Uno al lado del otro en la cocina de la residencia de los Son, se ayudaban con las tareas domésticas. Gohan fregaba los platos y se los pasaba a su madre para que los secara y los colocara, mientras un silencio rutinario y cómodo inundaba la habitación.

La partida de Videl lo había dejado destrozado, sí, pero delante de su familia le tocaba fingir, hacer como si su aburrida y tranquila vida de profesor e investigador de universidad continuara sin sobresaltos. Lo último que quería era que su madre o su hermano se preocuparan por él, así que decidió callar, a pesar de que Goten conocía algunos detalles de su relación.

Por otra parte, no podía negar que llevar una relación con una mujer casada podía tener ese tipo de consecuencias. Pero es que cuando estaba con Videl el mundo se esfumaba, le sobraba y se olvidaba por completo de que tenía marido.

Estar con ella era ser libre, era ser considerado por alguien y no estar nunca más solo. Pero ahora esa soledad había llegado asestándole un duro golpe del que le sería difícil recomponerse.

—Gohan, estás bastante callado últimamente —comentó Chichi sin mirarlo una vez que dejó de tararear la canción.

—¿Tú crees? —le dijo él sonriendo forzada y nerviosamente.

—Sí. Y creo saber por qué es —Chichi dirigió sus ojos azabaches hasta la mirada de su hijo, que ahora había compuesto un gesto serio—. ¿Nos sentamos un momento a hablar?

Gohan le asintió con confianza, soltó los platos en el fregadero y así lo hicieron. Justo en la cocina, tenían una pequeña mesa con algunas sillas. Se acomodaron en el lugar y Chichi le sonrió a su hijo.

—¿Tienes novia?

—No, mamá. Claro que no.

Las palabras lo hirieron casi de muerte, mucho más que en las batallas en las que se volvió especialista durante su adolescencia.

—Bueno, a lo mejor no es tu novia, pero alguien hay. No me engañes. Si no, no habrías tenido la reacción del otro día con tu hermano.

Gohan le clavó la mirada a Chichi con insistencia. Su madre no se olvidaba fácilmente de las cosas, no se le escapaba un solo detalle y, obviamente, más tarde o más temprano tenía que sacar el tema a relucir.

Aquel mismo día le había contado a Goten que tenía una relación con una mujer casada, pero no estaba preparado para decírselo a su madre porque sabía que, con el pensamiento tan antiguo que tenía, la decepcionaría y mucho. De Goten tal vez podía esperárselo, pero el hijo perfecto no podía actuar así.

Algunas veces, que su familia tuviese las expectativas tan altas puestas en él lo agobiaba mucho. Gohan, el hijo perfecto, el hermano perfecto, el investigador perfecto, el guerrero perfecto, también era un hombre de carne y hueso que sufría, que lloraba, que amaba, que se equivocaba. Pero debía mantener la compostura para no quebrar esa idea para nadie, mucho menos para su madre, ya que lo idolatraba. Además, Chichi ya había sufrido bastante durante su vida, su padre le había dado demasiados dolores de cabeza, y no quería ser un motivo más de preocupación.

—Mamá, que no, que…

—Gohan, no me trates como si fuera idiota, por favor —dijo, cortando así la frase de su hijo, que iba a intentar negar lo evidente de nuevo.

El semisaiyajin se quedó muy serio y en silencio. Tenía las manos posadas en la mesa con los dedos entrelazados y Chichi, al apreciarlo, condujo las suyas hacia allí para acariciarlo maternalmente, para reconfortarlo, para darle aliento y ánimos y transmitirle que estaría a su lado y no lo jugaría, justamente de la misma forma en que Ireza lo había hecho con Videl.

Gohan le sonrió y ella se contagió con el gesto, formando una tenue sonrisa también en sus labios.

—No ha salido bien. Lo he intentado, mamá. Estaba ilusionado, pero no ha podido ser. No pasa nada.

Por razones más que obvias, Gohan no le contó los detalles que le parecerían más sórdidos e inapropiados. Pero sabía que con esas escuetas frases, su madre entendería, lo cobijaría en su regazo y se quedaría satisfecha sabiendo que había confiado en ella.

—Lo siento, cielo —expresó con comprensión mientras apretaba un poco el agarre de las manos—. ¿No tiene solución?

Gohan negó con la cabeza. No, no la tenía. Porque perfectamente podía buscarla de nuevo, podía luchar por que estuvieran juntos, pero esas acciones entrarían totalmente en contradicción con las palabras que le dijo en su último encuentro. La quería libre, le dijo que comprendería la decisión que tomara y que no la buscaría si ella lo quería así. Quería que eligiera estar con él, pero, por el contrario, Videl había rechazado esa posibilidad. ¿Con qué cara iba ahora a intentar recuperarla?

Una de las principales características de Gohan era ser coherente y, en esta ocasión, también lo sería.

—No te preocupes. Encontrarás a alguien, estoy segura. Porque alguien tan noble, atento y bueno como tú se lo merece —dijo Chichi de corazón—. Venga, a seguir, que esos platos no se van a limpiar solos.

La mujer se levantó y su hijo la siguió para continuar con la labor.

El problema, pensó Gohan, era que él no quería encontrar a alguien más; quería reencontrar —por segunda vez— a Videl. Y que en aquella ocasión no volviera a marcharse de su vida. Pero sabía que era imposible.


—¡Ya estamos en casa! —gritó ligeramente Ireza al llegar para que su esposo la escuchara.

—Bienvenidas —dijo Sharpner cuando salió de la cocina.

—Hola papi.

El hombre se agachó para sostener a Riu entre sus brazos. Empezaron a hablar del día que había pasado con su madre en el parque. La conexión entre Sharpner y la niña era impresionante e Ireza de vez en cuando se sentía algo celosa, pero también le gustaba ver que se llevaran tan bien.

El día transcurrió sin demasiados sobresaltos.

Cuando la cena terminó, recogieron todo y la pequeña se acostó, el matrimonio se quedó en el salón para charlar un poco. Era su momento íntimo, el único en el que podía estar a solas desde que se habían convertido en padres, y no lo desaprovechaban nunca.

—Me ha dicho Riu que hoy habéis visto a Videl. ¿Cómo está?

El cuerpo de la mujer rubia se tensó completo. Videl le había dicho que no le contara a nadie sobre su condición y sabía que, si Sharpner le insistía aunque fuera un poco, se lo acabaría diciendo.

—Bien. Genial.

El hombre arqueó una ceja con molestia y eso fue lo único que le hizo falta a Ireza para confesárselo absolutamente todo.

—No se lo digas a nadie, eh.

—No.

—Prométemelo —dijo seria mientras lo señalaba amenazante con el dedo.

—Que sí. No se lo digo a nadie. Te lo prometo.

Ireza suspiró ligeramente. No tenía remedio. Su marido ni siquiera le había insistido para que se lo contara y ya estaba rompiendo la promesa que le había hecho a Videl.

—Videl está embarazada.

—Joder —exclamó Sharpner con asombro, siendo consciente de la gravedad de la situación—. ¿Gohan lo sabe? —Ireza negó con la cabeza.

—Llegado el momento, la ayudaremos, pero ni se te ocurra meterte en sus asuntos.

—No, no.

—A nadie, Sharpner.

—Que no, joder, que no se lo voy a decir a nadie.

—Eso es. Vámonos a la cama. Estoy cansada.

Ireza se levantó y se dirigió hacia su cuarto. Poco rato después, Sharpner la siguió.

Esa noche no durmió casi, pensando en que no era justo que Gohan no supiera algo como eso. Poniéndose en la piel de su antiguo compañero de instituto, llegó a la conclusión de que a él le hubiese gustado que se lo dijeran.

A pesar de que le había prometido a Ireza no contarlo, sabía que, en el fondo, no podría dejar las cosas así y acabaría haciéndole una visita a Gohan.


Respuesta a los reviews anónimos:

Como he recibido algunos comentarios anónimos en esta historia últimamente, he decidido abrir esta sección para contestarlos. Qué menos que agradecer directamente el apoyo. A los que tenéis cuenta, ya sabéis que siempre os contesto en privado. Así lo seguiré haciendo.

Sandy: Oh, gracias por leerlo de nuevo. Me emociona mucho eso. Pues sí, estabas en lo cierto, xD.

Guest: Ay, por dios, muchísimas gracias por estas preciosas palabras. Aquí te dejo el capítulo. Espero que lo disfrutes.


Nota de la autora:

Conversaciones que eran necesarias, supongo.

Me habéis pillado, xD. Increíble. Sí, no soy nada buena para preparar sorpresas, qué le voy a hacer.

Después del anterior capítulo, que fue tan intenso, me costó un poco definir el rumbo de este. Creo que era necesario un poco de calma (ya sabéis, la calma antes de la tormenta).

Y, como absolutamente siempre digo, muchísimas gracias por todo. Sois verdaderamente increíbles. No podría haber encontrado gente mejor por aquí.

Para mis queridos amigos y amigas latinoamericanos (la mayoría por aquí), os mando especial fuerza por la situación tan compleja que estáis viviendo con todo esto del Covid. Todo pasará. Cuidaos mucho. Espero que al menos os podáis entretener un poquito leyendo este capítulo. Si necesitáis cualquier cosa, charlar un rato, me podéis contactar. Mi inbox está siempre abierto y estoy en Facebook y en Tumblr. Mi información de contacto la podéis encontrar en mi perfil. Mucho ánimo.

Nos seguimos leyendo.